Fachada de la casa de Pilatos de Sevilla

LA PORTADA RENACENTISTA DE LA CASA DE PILATOS

La Casa de Pilatos es uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil del siglo XVI en Andalucía, constituyendo una hermosa síntesis del arte renacentista italiano y el estilo mudéjar sevillano. 

Su construcción se inició a finales del siglo XV por parte del Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez y de su esposa, Catalina de Ribera, aunque el grueso de su obra se acometió en tiempos del hijo de ambos, Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa.

Este llevó a cabo una peregrinación a Tierra Santa en 1518, recorriendo gran parte de Italia tanto a su ida como a a su vuelta, hecho que marcaría en gran medida la fisonomía del palacio. Pudo admirar grandes obras del renacimiento italiano en ciudades como Venecia, Milán, Roma o Génova. En esta última ciudad encargaría al escultor Antonio María Aprile, los sepulcros de sus padres que se encuentran en el Monasterio de la Cartuja y que serían la primera obra de escultura renacentista que pudo ser contemplada en la ciudad. 

A este mismo escultor la magnífica portada que constituye el acceso principal a su palacio. Está realizada en mármol blanco y reproduce la forma de un arco triunfal romano, con pilastras de orden corintio enmarcando un arco de medio punto. En las enjutas se sitúan dos medallones clásicos con las efigies de Julio César y Trajano, ambos muy vinculados a la ciudad. En el friso, entre los escudos de la familia, aparece una gran inscripción con caracteres de metal insertos en mármol, alusiva a la construcción del palacio y de esta portada en concreto:

NISI DOMINUS EDIFICAVERITT DOMUN IN VANUM ABORAVERUNT QUI EDIFICANT EAM. SVB UMBRA ALARVM TUVARUM PROTEGE NOS ESTA CASA MANDARON HACER LOS YLUSTRES SEÑORES DON PEDRO ENRIQUEZ ADELANTADO AYOR DEL ANDALUZIA Y DOÑA CATALINA DE RIBERA SV MUGER Y ESTA PORTADA MANDO HAZER SU HIJO DON FADRIQUE ENRIQUEZ DE RIBERA PRIMER MARQUÉS DE TARIFA ASSI MESMO ADELANTADO AÑO DE 1533

 

La fachada está rematada por una crestería de estilo gótico, que al parecer procede de un palacio anterior que la familia poseía en Bornos. En la parte central de esta balaustrada, se disponen tres pilares, cada uno de ellos con una cruz de Jerusalén y la inscripción “4 DÍAS DE AGOSTO DE 1519. ENTRÓ EN HIERUSALEM”, alusiva a la peregrinación de don Fadrique a Tierra Santa.

De esta peregrinación, que al parecer marcó profundamente al marqués de Tarifa, proviene con toda probabilidad el nombre de Casa de Pilatos con el que el palacio es conocido generalmente. Durante mucho tiempo existió la leyenda que el marqués había reproducido en su vivienda las trazas del palacio del pretorio romano Poncio Pilatos en Jerusalén y que de ahí vendría el nombre. De hecho, al pórtico que da hacia el exterior en el primer piso junto a esta fachada se lo menciona a veces como el balcón del “Ecce Homo”, ya que supuestamente reproduciría el espacio donde Jesús fue mostrado al pueblo en el célebre pasaje bíblico.

El más mínimo análisis formal y estilístico del palacio deja claro que esta teoría no es más que una leyenda. Lo que sí parece más probable es la relación del nombre popular del palacio con el famoso Vía Crucis que parte desde él y que llega hasta el templete de la Cruz del Campo, que todavía se conserva en la actual calle Luis Montoto.

Según la tradición, el marqués de Tarifa, en su peregrinación a Jerusalén, habría medido la distancia exacta que iba desde el palacio del pretorio donde fue juzgado Jesús hasta el monte del Calvario donde fue crucificado. Esta distancia coincidiría con la que hay entre la fachada del palacio y el mencionado templete. 

A esta circunstancia hace alusión la hornacina que se encuentra a la izquierda de la portada principal, realizada ya en el siglo XVII con vistosos mármoles de distintos colores. Alberga una cruz, también de mármol, a cuyos lados se sitúan dos óvalos en los que puede leerse:

Desta Santa Cruz comienza la Estación y en la del Campo se gana jubileo pleníssimo, indulgencia plenaria de todos los pecados concedido a todas las personas que confessados y comulgados hicieren oración devotamente delante de la Cruz del Campo los Viernes de Cuaresma. An de tener la Bula de la Santa Cruzada deste año

El Excmo. Sr. Don Fernando Afan de Ribera y Enríquez Duque de Alcalá, siendo Embaxador Extrahordin. A dar la obediencia a la Santidad de Urbano VIII le concedió este jubileo y siendo Virrey y Capitán General del Reino de Nápoles mandó dedicar en este sitio esta Santa Cruz para dar principio a la Estación en el Año de MDCXXX

El recorrido entre esta cruz y el humilladero de la Cruz del Campo estuvo jalonado por cruces con peanas que señalaban las catorce estaciones del Vía Crucis. La popularidad de este recorrido reproduciendo el camino del Señor hasta el Calvario fue tal que algunos autores lo han relacionado con el origen de la Semana Santa de Sevilla, señalando que es posible que este fuera el itinerario de las primeras “procesiones” que se dieron en la ciudad.

En la actualidad, la Casa de Pilatos pertenece a la Casa de Medinaceli, y sigue constituyendo una de las visitas de mayor interés artístico e histórico de entre las que se pueden realizar en la ciudad de sevilla, ya que afortunadamente el palacio se ha conservado como una magnífica síntesis artística, de la que esta espléndida portada, en un puro estilo renacentista italiano, es sólo un hermoso ejemplo.

Capilla del Carmen en Triana, Sevilla, Aníbal González

LA CAPILLA DEL CARMEN DE TRIANA

La capilla del Carmen de Triana se levanta como un pequeño faro junto al puente, constituyendo uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles y apreciados del barrio.

Es una de las últimas obras de Aníbal González, quien la concluyó en 1928, tan sólo un año antes de su muerte. Este arquitecto es probablemente el que más ha influido en la fisonomía de la Sevilla que ha llegado hasta nosotros. Tras unas obras iniciales con un cierto carácter modernista, a partir de 1909 se vuelca en el historicismo y pasa a conformarse como el principal ejemplo de la arquitectura regionalista, que marcará la estética imperante en la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX.

Sus obras más reconocibles y célebres son las realizadas para la Exposición Iberoamericana de 1929, como las actuales sedes de los museos Arqueológico y de Costumbres Populares, el Pabellón Real y, sobre todo, el Pabellón y la Plaza de España. Este último conjunto, en un espectacular estilo neobarroco que combina el uso de elementos como el ladrillo, la cerámica o la forja, ha llegado a constituirse en uno de los iconos arquitectónicos indiscutibles de la ciudad, a pesar de que cuenta con menos de un siglo de existencia.

El Ayuntamiento le encargó al arquitecto esta capilla para sustituir una anterior con la misma advocación que existía en las inmediaciones, donde hoy están las escaleras de acceso al Mercado de Triana. Se trataba de un edificio, también de reducidas dimensiones, construido en el siglo XIX para albergar un pequeño lienzo anónimo que representa a la Virgen del Carmen. Cuando se acometió en ensanche de la plataforma del puente, se ensanchó también la calzada por el Altozano y para ello se optó por derribar la antigua capilla en 1918. Para preservar la devoción del barrio a esta imagen de la Virgen del Carmen, se construyó el pequeño templo que ha llegado hasta nuestros días. En él se da culto a ese lienzo de la Virgen que ya era objeto de devoción en la capilla desaparecida.

El templo actual cuenta con dos elementos principales. En primer lugar, la capilla en sí, cubierta por cúpula semiesférica, que a su vez se remata por un pequeño templete que alberga las imágenes de las Santas Justa y Rufina sosteniendo la Giralda entre ambas. Por otro lado, se sitúa un pequeño campanario de planta octogonal. Entre ambos, sirve como conexión un espacio rectangular que, al igual que el espacio cilíndrico principal, cuenta con un acceso propio.

Todo el conjunto está realizado en ladrillo visto, que algunas partes se dispone formando motivos decorativos geométricos que recuerdan a los paños de sebka de la torre de la catedral. Tanto la cúpula, como los remates del templete y de la torre se hallan alicatados con cerámica trianera, con una rica decoración que incluye el escudo de la orden carmelitana, entre motivos vegetales y roleos. En esta labor colaboró el ceramista trianero Emilio García García, al igual que haría con la obra de Aníbal González en la plaza de España.

En la obra de Víctor Pérez Escolano dedicada a Aníbal González en 2017, el autor describe nuestra capilla así: Esta tercera obra de carácter religioso del arquitecto es una obra muy interesante. De diminutas dimensiones, es casi un ideograma, cúpula y torre, idea de espacio sacro e idea de llamada y elevación; estamos ante unos símbolos espaciales pero extraídos de su auténtica potencia, de su espacio real en definitiva. La Capilla del Altozano, más que una capilla es una cruz de término, un humilladero, un recuerdo religioso al paso del viandante que cruza de Triana a Sevilla.

Como comentábamos, la capilla alberga de manera habitual el lienzo de la Virgen del Carmen, obra anónima del siglo XVIII, que había recibido culto anteriormente en la iglesia de Santa Ana y en la desaparecida capilla del Altozano. El cuerpo principal del templo de Aníbal González cuenta con una amplia entrada que deja ver siempre el cuadro desde el exterior. Todavía hoy persiste la costumbre de muchos sevillanos de santiguarse ante ella cada vez que pasan por el puente de Triana.

Dibujo del Laboratorio Municipal de Sevilla, con los nombres de algunos científicos que aparecen en su fachada, como Jenner, Pasteur o Ferrán

EL LABORATORIO MUNICIPAL Y LOS PIONEROS DE LA VACUNACIÓN

El Laboratorio Municipal de Sevilla tiene su sede principal en la calle María Auxiliadora, que forma parte de la llamada “ronda histórica” de la ciudad. Se trata de un edificio inaugurado en 1912, obra del arquitecto Antonio Arévalo Martínez.

Está construido en un estilo ecléctico muy original y resalta entre los edificios de su entorno por su monumentalidad y rica decoración. En ella encontramos elementos de clara influencia modernista, como la crestería en forma ondulada que recorre la parte superior del cuerpo central o el “frontón” semicircular superior sobre la balconada central, con una curiosa decoración a base de círculos. Aparecen también elementos historicistas, sobre todo de tipo neoplateresco, que por la época era el estilo preferido por el Ayuntamiento para las construcciones públicas. Vemos su influencia, por ejemplo, en los grandes flameros que aparecen sobre la cornisa superior, o en las columnas “abalaustradas” y ricamente ornamentadas que enmarcan los vanos principales del piso superior.

El Laboratorio fue creado en 1883 con la finalidad de velar por la salubridad de la ciudad de Sevilla, llevando a cabo funciones relacionadas con la higiene y la alimentación. Se trataba de poner freno a través de análisis de laboratorio a las crecientes adulteraciones y falsificaciones en productos alimentarios que se venían detectando y que acarreaban importantes problemas de salud. Al análisis de aguas y alimentos, se añaden entre las funciones del Laboratorio la del control de plagas, la recogida de animales abandonados o la lucha contra la rabia.

En la actualidad, este edificio de María Auxiliadora sigue siendo la sede de algunas secciones del Laboratorio, como la administración, o la de Análisis Clínico y Epidemiología y la de Análisis de Garantía y Calidad. Además, cuenta con una sede más reciente en la carretera de Málaga, el Centro Municipal Zoosanitario. Allí se ubican las secciones relacionadas con la protección animal y el control de plagas.

La fachada de la sede histórica está recorrida por una serie de once cartelas que recogen el nombre de once científicos, destacados por su aportación en el terreno de la salud pública y la lucha contra las enfermedades infecciosas. Entre ellos, se encuentran algunos de los nombres imprescindibles para el desarrollo y aplicación de las vacunas desde el siglo XVIII. 

Es el caso del inglés Edward Jenner (1749-1823), que basándose en trabajos y prácticas anteriores, fue el primero en aplicar de forma sistemática una vacuna contra la viruela en humanos, basada en la inoculación del virus de la viruela bovina, una versión menos grave de la enfermedad. Jenner hizo su descubrimiento a raíz de observar que las ordeñadoras que padecían por contacto la versión bovina de la enfermedad, eran luego inmunes a la variante humana.

Casi un siglo después, el francés Louis Pasteur (1822-1895), creó una vacuna contra la cólera en las aves basada en el debilitamiento previo de la bacteria que provoca la enfermedad. Además, decidió llamarla “vacuna” en honor a Jenner, que publicó una descripción inicial de sus hallazgos en una obra llamada An Inquiry intro the Causes and Effects of the Variolæ Vaccinæ (Una introducción a la investigación de las causas y efectos de la viruela vacuna o bovina). Años más tarde, Pasteur aplicó el mismo principio para debilitar el principio patógeno que provoca la rabia, en este caso un virus. Desarrolló así la primera vacuna contra la rabia en 1885. En estas investigaciones contó con la colaboración del médico e investigador Émile Roux (1853-1933), que es otro de los científicos cuyo nombre aparece en la fachada del Laboratorio.

El español Jaime Ferrán (1851-1929) es otro de los homenajeados en la fachada. En este caso, a partir de unos recursos muy limitados y siguiendo muy de cerca las investigaciones de Pasteur, Ferrán desarrolló la primera vacuna contra el cólera, a partir del debilitamiento de la bacteria que lo provoca, siendo además la primera vacuna de bacteria aplicada en humanos. 

Además de estos cuatro científicos, especialmente destacados en el terreno de la inmunología, en las cartelas aparecen los nombres de otros siete, con importantes contribuciones en el terreno global de la mejora de la salud pública. Por orden cronológico, podemos mencionar a:

- Antoine Lavoisier (1743-1794), químico y biólogo francés, considerado el “padre de la química moderna”. Su aportación científica es ingente y abordó materias tan diversas como la respiración animal, la fotosíntesis o la oxidación de los cuerpos. Enunció la llamada “Ley de conservación de la materia” o “ley Lomonósov-Lavoisier”: la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

- El químico sueco Jöns Jacob Berzelius (1779-1848) es considerado también como uno de los “padres” de la química moderna. Diseñó el moderno sistema de notación química y descubrió tres elementos: el torio, el cerio y el selenio. 

- El francés Marcellin Berthelot (1827-1907) es una de las figuras más relevantes en los orígenes de la química orgánica, al conseguir sintetizar en el laboratorio numerosos compuestos orgánicos, como el el metano, el acetileno y el benceno. También se puede destacar su importante labor en los comienzos de la termodinámica, ya que fue el primero en describir la diferencia entre reacciones exotérmicas y endotérmicas.

- Robert Koch (1843-1910) fue un médico y microbiólogo alemán, Premio Nobel de Medicina en 1905. Descubrió el bacilo de la tuberculosis y el del cólera y estableció la relación directa entre la infección por un microorganismo y el desarrollo de una enfermedad. 

- Al año siguiente que el de Koch, el Premio Nobel de Medicina sería para el español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), considerado por muchos “padre de la neurociencia”. Destacó sobre todo por su estudio de las células nerviosas o neuronas, describiendo por primera vez su morfología y procesos conectivos.

- El médico y bacteriólogo alemán Paul Ehrlich (1854-1915) destacó sobre todo por crear el primer tratamiento eficaz contra la sífilis, para lo cual definió por primera vez el concepto de quimioterapia. 

- Pierre Curie (1859-1906) fue un físico francés, pionero en el estudio de la radiactividad, junto con su esposa, Marie Curie. Entre sus aplicaciones prácticas, existen algunas muy importantes en el terreno de la medicina, como la ayuda para el diagnóstico, al permitir la obtención de imágenes del interior del cuerpo, o el tratamiento de determinadas enfermedades tumorales mediante la aplicación de radiación.

En definitiva, los nombres de la fachada del Laboratorio Municipal de Sevilla nos sirven para hacer una pequeña historia de la medicina entre mediados del siglo XVIII y principios del XX, además de servir como merecido homenaje a quienes, con su labor, han ayudado a salvar tantas vidas.

Dibujo de la iglesia de san juan de la palma de Sevilla, portada principal

SAN JUAN DE LA PALMA

La iglesia de San Juan Bautista de Sevilla, conocida generalmente como San Juan de la Palma, está ubicada al comienzo de la emblemática calle Feria. Es uno de los templos de la ciudad que cuentan con un origen medieval y todavía es posible vislumbrar algunos de sus elementos mudéjares, aunque hoy en día conserva muy poco de su fisonomía original.

Es probable que se ubique en el solar de una antigua mezquita y que durante los primeros siglos de dominación cristiana se siguiera utilizando el edificio islámico, adaptado a las necesidades del nuevo culto. Aunque arquitectónicamente la iglesia no conserva ningún resto de esa teórica mezquita anterior, sí que existen algunos indicios que nos llevan a pensar en que efectivamente existió.

El más notable es una inscripción, en árabe y escritura cúfica, datada hacia el año 1100, que se encontraba hasta finales del siglo XIX en la torre de la iglesia y que hoy se conserva en el Museo Arqueológico. Se trata de una placa conmemorativa que recuerda la construcción del alminar de la mezquita. Dice así:

Basmala. Tasliyya. Ha ordenado la gran señora Umm Rasid Abu-l-Husayn Ubayd Allah, hijo de al-Mu´tamid `alá Allah, al-Mu`ayyad bi-nasri-llah, Abu-l-Qasim Muhammad b. ´Abbad (que Dios le ayude asistiéndole y apoyándole, e ilumine a ambos), la erección de este alminar en su mezquita (Dios le guarde), buscando una generosa recompensa. Se terminó, con la ayuda de Dios, bajo la dirección del visir y secretario Abu-l-Qasim b. Hayyay (Dios le favorezca) en el mes de sa`ban del 478. 

[OLIVA ALONSO, Diego; GÁLVEZ MÁRQUEZ, Eugenia; VALENCIA RODRÍGUEZ, Rafael. Fondos epigráficos del Museo Arqueológico de Sevilla. Al-Qantara. 1985, 6 (1-2), p. 451 pp. 462-463, nº 9, lám. V.]

Además, en una excavación arqueológica en la cercana calle Jerónimo Hernández aparecieron unos restos datados hacia el siglo XI e identificados como parte de un palacio de época taifa, concretamente se propuso que podría tratarse del mítico al-Mukarram, que aparece mencionado en las fuentes como una de las residencias del rey Al Mutamid.

Así que es posible que la hipotética mezquita previa a San Juan de la Palma estuviera vinculada a este palacio y que esta zona en concreto fuera un entorno de cierta monumentalidad como foco de poder dentro de la Isbiliya musulmana.

En cualquier caso, como ya decíamos, nada queda de esa primitiva mezquita. Los restos más antiguos que se conservan pertenecen ya a la iglesia mudéjar, que se construiría entre los siglos XIV y XV. En concreto, de aquella época apenas se conserva parcialmente la portada principal, hacia la calle Feria, el cuerpo inferior de la torre y la bóveda de la capilla sacramental. El resto del edificio se corresponde con sucesivas modificaciones posteriores, sobre todo en época barroca.

Presenta planta de tres naves, separadas por cinco arcos fajones de medio punto, que asientan sobre pilares de ladrillo de sección cruciforme. Las cubiertas son de madera, siguiendo el modelo mudéjar, a excepción de la cabecera, que además de encontrarse algo elevada con respecto al resto del templo, se cubre con una cúpula barroca sobre pechinas. Tanto las pilastras como los muros de las naves están recorridos por un zócalo de azulejos de Triana, ya contemporánea. Cuenta con tres capillas que sobresalen del resto del edificio, dos de las cuales, anexas entre sí formando la Capilla Sacramental, se ubican en el lado de la nave del evangelio, conservando una de ellas la bóveda mudéjar original, aunque bastante modificada. La otra capilla está dedicada a San José y se encuentra en la cabecera de esta misma nave.

Cuenta con dos portadas. La principal, a los pies, da hacia la calle Feria y de ella conocemos la fecha en la que se encargó, 1420. Es una puerta gótica, de forma ojival y abocinada. Presenta decoración escultórica en los capiteles corridos de los baquetones, con las figuras de dos leones en la parte de las impostas más cercana a las entradas. La figura del león aparece repetida en los canecillos que sujetan la cornisa de la fachada. Sobre cada lado del arco de entrada encontramos una hornacina, de forma polilobulada de reminiscencias mudéjares, enmarcadas ambas por doseletes góticos. En el centro de la fachada, sobre la clave, una tercera hornacina, esta vez con forma de medio punto. Todas ellas vacías en la actualidad. A ambos lados de la entrada, recorren la mitad superior de la fachada, sendas columnas adosadas, profusamente decoradas y que asientan sobre cabezas de animales, una sobre la de un león y la otra sobre la de un toro.

La portada lateral, hacia la calle San Juan de la Palma, es mucho posterior, en un estilo barroco muy cercano al neoclasicismo. Cuenta con un cuerpo superior en forma de espadaña, que sirve para albergar un panel cerámico en el que puede leerse en latín una cita bíblica a la figura del titular de la iglesia. En concreto:

NON SURREXIT INTER NATOS MULIERUN MAIOR IOANNE BAPTISTA. MATH XI 11.

(No ha surgido de entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista. Mt 11 11)

La iglesia fue pasto de las llamas en los acontecimientos de julio de 1936, cuando perdió gran parte de la decoración y los enseres que fue atesorando. El retablo mayor, por ejemplo, es una obra rococó del siglo XVIII, pero fue trasladado y adaptado aquí desde la iglesia de San Felipe de Carmona, ya en 1959. Su hornacina central alberga la imagen de la Virgen de la Amargura acompañada por San Juan Evangelista, obras ambas de Benito de Hita y Castillo de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque el rostro de la Virgen es anterior, probablemente de comienzos del mismo siglo, y de autor anónimo.

A ambos lados se sitúan dos imágenes del Niño Jesús y de San Juan Bautista, también como niño. Ambas son imágenes de gran calidad, sobre todo la primera, obra de 1644 de Francisco Dionisio Ribas, mientras que la segunda está atribuida a su taller. En el atrio del retablo se sitúa de nuevo una imagen del Bautista, del siglo XVIII, esta vez ya representado en edad adulta y con sus atributos clásicos.

La iglesia cuenta con un importante número de obras artístico de valor, sobre todo barrocas, tanto escultóricas como pictóricas. Entre ellas, podemos destacar una preciosa Inmaculada anónima del siglo XVIII, que preside un retablo en la Capilla Sacramental. Tiene la particularidad de ser originalmente un altorelieve, siendo modificada posteriormente como escultura de bulto redondo.

Otra imagen que podríamos destacar es la de Nuestro Padre Jesús del Silencio, que preside el altar principal de la misma capilla. Es una obra atribuida a Pedro Roldán de finales del siglo XVII y es cotitular de la Hermandad de la Amargura. 

Esta Hermandad es una de las más emblemáticas de Sevilla y tiene su sede en esta iglesia desde 1724, siendo fundada en 1696 en San Julián. A ella hacen referencia algunos de los retablos cerámicos que decoran el exterior de San Juan de la Palma. En concreto, el ubicado en la Calle Feria, dedicado a Nuestro Padre Jesús del Silencio, es obra de Alfonso Orce Villar y fue colocado en 1996 en conmemoración del III centenario de la presencia de la hermandad en el templo. En dirección hacia la calle Regina se ubica otro precioso retablo cerámico, bajo un contundente tejaroz. En este caso aparece la Virgen de la Amargura acompañada de San Juan, obra de Manuel de la Lastra y Liendo de 1918.

Para terminar esta breve reseña, nos parece imprescindible hacer alusión al nombre con el que generalmente es denominado el templo. Si la iglesia está dedicada a San Juan Bautista, por qué todo el mundo la conoce como San Juan de la Palma. La respuesta nos la da Diego Ortiz de Zúñiga, un historiador sevillano del siglo XVII, que en sus Anales sobre la ciudad nos cuenta que este nombre le viene de una palma o palmera que se encontraba junto a ella.

Nuestro autor profundiza más e incluye la narración de un milagro, acaecido en torno a esta palma, que respaldaría su inclusión en el apelativo de la iglesia. El marco histórico para el suceso sería el de los tiempos de la Contrarreforma, cuando tanto la jerarquía católica como la de la Monarquía estaban muy empeñadas en sofocar cualquier foco de protestantismo, de herejía o de desviación del canon oficial. 

Por lo visto, en ese ambiente de persecución religiosa, una persona de ideas distintas se atrevió a proclamar frente a la citada palma que María no había permanecido virgen después del parto, contraviniendo así el dogma oficial de la Iglesia. Resulta que esta palmera junto a la iglesia se hallaba en la época en medio del cementerio que rodeaba por aquel entonces el templo.

Aunque el protagonista del relato se creía absolutamente solo en ese cementerio al proferir su opinión sobre la Virgen, al día siguiente un anciano se presentó ante las autoridades de la Inquisición para denunciarlo.

Los agentes del Tribunal fueron más tarde a la dirección que el denunciante había dado como señas, pero solo encontraron viviendo allí a un joven. Por las descripciones, el muchacho cayó en la cuenta de que el acusador era su abuelo, a pesar de que este hacía años que había muerto, encontrándose sus restos enterrados al pie de la palmera de San Juan.

La conclusión que extrajeron fue que este señor se levantó de entre los muertos y fue a denunciar ante la Inquisición la afrenta que se había producido sobre el honor de la Virgen María. Ante la evidencia del milagro, el acusado no tuvo más remedio que reconocer los hechos, lo que no le libró de ser condenado y ajusticiado por hereje.

El propio Ortiz de Zúñiga lo narra así:

En el cimenterio desta Iglesia, á donde al presente esta la Cruz, antiguamente estaba una palma, al pie de la qual están enterradas muchas personas que en años de pestes se han sepultado allí, donde pasó el milagro siguiente: En años pasados quando hubo en Sevilla muchos hereges, predicó en esta Iglesia un Frayle de la Orden de San Francisco , ei qual dixo que nadie delinquiese contra la Fe, porque las paredes tenían ojos y oidos i la noche siguiente en punto de las doce un Herege que oyó este sermon , haciendo burla de lo que el Predicador había dicho , se llegó á la palma y le dixo: Palma, la Madre de Dios no quedó virgen despues del parto. Otro día por la mañana fué á la Inquisición un hombre anciano, y denuncio contra este Herege, el qual Herege prendieron los Señores Inquisidores, y le tomáron su confesion, y negó: envío la Inquisición en casa del denunciador para que se ratificase, y yendo á buscarlo á su casa dixo un nieto del denunciador, que ese hombre que buscaban había ochenta años que era muerto, y que estaba sepultado al pie de la palma del cementerio de San Juan  con lo qual volvieron á la Inquisición, y dixeron ai Herege lo que pasaba, el qual dixo que era verdad, y que Dios habia permitido que aquel muerto se levantase porque castigaran su pecado, y los Señores lo penitenciáron; Este milagro está escrito en la Santa Inquisición de esta Ciudad.

 

Dibujo de la fachada principal de la Universidad de Sevilla, antigua fábrica de Tabacos. Sebastián Van der Borcht

LA PORTADA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

El edificio de la Real Fábrica de Tabacos es en la actualidad la sede central de la Universidad de Sevilla, donde se ubica su Rectorado y algunas de sus facultades.

Se trata de una enorme construcción de planta rectangular, de 185 por 147 metros de lado, constituyendo una de las principales edificaciones de carácter industrial que se realizaron en toda Europa durante el siglo XVIII. Fue, además, el segundo edificio más grande de España en su época, sólo por detrás de El Escorial.

Hacia 1620 se había fundado en Sevilla la primera fábrica de tabacos del mundo, que se encontraba frente a la iglesia de San Pedro, en la zona de la actual plaza del Cristo de Burgos. Era propiedad de la Corona y con ella se centralizaba la producción de tabaco que se hallaba hasta entonces dispersa en numerosos talleres por la ciudad. 

Con el auge en el consumo y exportación del tabaco, las instalaciones de la antigua fábrica quedan claramente insuficientes y se decide la construcción de un nuevo edificio, dentro de la idea general llegada con la Ilustración de impulsar en cierta medida la industria mediante el establecimiento de grandes centros de manufactura bajo el patrocinio real.

En el caso de Sevilla, se proyectó un edificio colosal, en cuyo diseño y construcción intervinieron sucesivamente varios arquitectos, ya que sus obras se prolongaron durante varias décadas desde 1728. Las trazas originales son de Ignacio Sala y posteriormente intervienen Diego Bordick y Sebastián Van der Borcht, a quien se debe principalmente la mayor marte de la obra. 

La planta del edificio resultante sería la de un enorme rectángulo, con los ángulos algo resaltados con respecto al resto de la fachada, y con su espacio interior articulado a través de una serie de patios en torno a los cuales se van distribuyendo las distintas estancias. En su alzado hacia el exterior se recurre a formas claramente clásicas, que recuerdan a precedentes renacentistas de tipo herreriano, como la antigua Lonja en la propia Sevilla. A pesar de los enorme dimensiones, la disposición de las fachadas recuerda más a una construcción palaciega que a un edificio con una finalidad fabril. 

Al conjunto se sumaban dos pequeñas construcciones en cada uno de los extremos de la fachada principal, que servían como capilla y como cárcel propia, y estaba rodeado por un enorme foso en tres de sus lados, con el que se intentaba evitar que se pudiera sacar tabaco de contrabando de la fábrica.

La portada principal, que da hacia la calle San Fernando, responde en sus trazas al diseño de Van der Borcht, mientras que su decoración escultórica corrió a cargo de Cayetano de Acosta. Este escultor portugués es uno de los grandes maestros del barroco en Sevilla durante el siglo XVIII, especializado sobre todo en la realización de retablos, como muestran los extraordinarios ejemplos de El Salvador, Santa Rosalía o San Luis de los Franceses.

 

En torno a la puerta principal se colocaron una serie de relieves alusivos a la conquista de América como precedente histórico indispensable para el desarrollo en Sevilla de la industria tabaquera. De esta forma, en cada una de las jambas aparecen representados los molinos que se utilizaban para triturar la hoja del tabaco, y dos indios, uno con arco y flechas y el otro fumando en pipa. En la arquivolta pueden verse dos naves y los bustos de Cortés a la izquierda y de Colón a la derecha. Sobre la clave, una enorme moldura de roleos y decoración vegetal enmarca el rótulo “FÁBRICA REAL DE TABACOS”.

En el siguiente cuerpo se abre un balcón sobre el que se lee la inscripción “DEL REYNADO DE FERNANDO VI. AÑO MDCCLVII” (1757) y, ocupando casi todo el frontón triangular de la portada, un enorme escudo con las armas reales. 

Remata todo el conjunto el que probablemente es el elemento más reconocible de la fachada: una escultura de la “Fama”, obra del propio Cayetano de Acosta. La representa airosa, posada sobre una nube, con unas hermosas alas de cobre abiertas y tocando una trompeta, también de cobre. 

En general, en la mitología clásica, la “Fama” era la diosa responsable de la expansión de los hechos y los rumores, causante en muchos casos de disputas y malentendidos. De hecho, normalmente se la ha representado artísticamente portando dos trompetas, la de la verdad y la de la mentira, como símbolo de que expandía las informaciones sin importarle que fueran ciertas o no.

En el caso de la “Fama” de Acosta, porta una sola trompeta, ya que en este caso tiene más bien un sentido de celebridad. De alguna manera, vendría a simbolizar el prestigio y la reputación histórica de la Monarquía española, bajo cuya autoridad se realiza el enorme edificio de la Fábrica de Tabacos.

En cualquier caso, es un bello colofón para una excepcional portada barroca, hasta el punto de que la Universidad de Sevilla, que ocupa el edificio desde 1954, la incluyó en su logotipo y desde entonces es su emblema más reconocible.

Dibujo de la fachada principal de la iglesia de Omnium Sanctorum en Sevilla

OMNIUM SANCTORUM

Omnium Sanctorum es una de las iglesias más antiguas de Sevilla, ya que fue fundada poco después de la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Sin embargo, se vio muy afectada por el gran terremoto de 1356, por lo que tuvo que ser levantada de nuevo en gran parte, quedando de la obra original solo la fachada principal hacia la calle Feria. Esto ha hecho que se la clasifique dentro del llamado “grupo de iglesias de 1356”, junto con San Andrés y San Esteban, todas ellas con profundas reconstrucciones costeadas por Pedro I.

Está construida en estilo gótico mudéjar, tiene planta rectangular con una cabecera poligonal muy marcada y cuenta con tres naves, separadas por arcos apuntados que apoyan sobre pilastras cruciformes. El ábside se halla cubierto por bóvedas de nervadura góticas, mientras que el resto de la iglesia cuenta con cubiertas de madera, que siguen el estilo mudéjar, aunque están construidas en el siglo XX, dentro de la profunda reconstrucción que se acometió tras el incendio de la iglesia en 1936.

Cuenta con una magnífica torre a los pies cuya datación ha generado diversas interpretaciones. Hay autores que señalan que sería parte de la obra original del siglo XIII, aunque la opción más probable es que se construyera ya en el siglo XV, con un último cuerpo añadido en el XVII. Lo que parece totalmente descartado es que fuera un antiguo alminar reaprovechado como campanario, ya que, a pesar de la creencia popular de que las iglesias mudéjares sevillanas se asientan sobre antiguas mezquitas, lo cierto es que las distintas excavaciones arqueológicas han ido demostrando que se trata de templos construidos ya en época cristiana.

 

Lo que sí es cierto es que hace uso de recursos presentes en el arte almohade, como la característica decoración con paños de sebka a cada uno de los lados, siguiendo el modelo de la Giralda, repetido también en otras torres cercanas, como las de San Marcos o Santa Marina.

A la izquierda de la portada principal se sitúa una cruz de forja conocida como “Cruz del Garfio” o “de los Carboneros”. Proviene de la cercana calle Peris Mencheta y al parecer contaba con un gancho en el que se colocaba una romana o balanza donde los vendedores de carbón pesaban su mercancía. 

A la derecha encontramos un retablo cerámico de Antonio Kierman realizado en 1929 que representa a la Virgen de Todos los Santos, obra de Roque Balduque del siglo XVI que es la titular del templo, cuyo altar mayor preside bajo un templete neobarroco ubicado en el centro del ábside gótico.

Dibujo del edificio de la Sombrarería Maquedano en la calle Sierpes de Sevilla

LA SOMBRERERÍA MAQUEDANO

La sombrerería Maquedano se encuentra en la emblemática calle Sierpes, haciendo esquina con Rioja. La firma fue fundada en 1896 y el edificio en el que se ubica es una obra del arquitecto José Gómez Millán de 1910. 

Se trata, por lo tanto, de uno de los negocios más antiguos dentro del que probablemente sea el eje comercial más característico de Sevilla. Además, la familia titular ha sabido mantener a lo largo del tiempo su estilo y espíritu original, por lo que acercarse a la sombrerería es como hacer un pequeño viaje a la Sevilla de principios del siglo XX.

De aquella época son algunas de las joyas modernistas que conserva la ciudad y en concreto este inmueble muestra muchos de los rasgos de este estilo. Lo vemos, por ejemplo, en la decoración de las pilastras que enmarcan sus escaparates y en las formas redondeadas de los “frontones” de madera sobre cada uno de ellos.

Pero este hermoso edificio modernista está hecho justo en la época en la que se empezaba a transitar entre este estilo y el regionalismo, en el que se construyeron muchas de las obras maestras de la arquitectura sevillana del siglo XX.

Ambos estilos comparten en gran medida su espíritu original, como por ejemplo su fuerte esteticismo, que se manifiesta sobre todo en la riqueza ornamental de las fachadas, o su reacción al corsé que suponían el academicismo e historicismo imperantes en el XIX.

La diferencia estriba en que mientras que el modernismo se muestra más abierto a la innovación en cuanto a materiales, técnicas y formas decorativas, el regionalismo postula la mirada al pasado, a la tradición arquitectónica considerada vernácula de Andalucía, como principal fuente de inspiración para las nuevas construcciones.

Así parece entreverse en el tercer cuerpo de esta obra, en el que las formas sinuosas de la decoración modernista se combinan con una pequeña galería de arcos de medio punto sobre columnas de mármol, uno de los elementos más presentes en la arquitectura sevillana y occidental a lo largo del tiempo.

En definitiva, se trata de un magnífico ejemplo de un determinado momento de la historia del arte en la ciudad, que afortunadamente ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días.

Fachada del palacio de Pedro I en el Alcázar de Sevilla, dibujo

LA FACHADA DEL PALACIO DE PEDRO I

El Palacio de Pedro I es el corazón del Alcázar de Sevilla. Su núcleo original es del siglo XIV, aunque se ha ido remodelando a lo largo de la historia, adaptándolo a los gustos y tendencias artísticas de las distintas épocas, ya que su uso como residencia real ha continuado desde sus orígenes hasta la actualidad. Constituye uno de los máximos exponentes de la historia del mudéjar y uno de los palacios artísticamente más singulares y destacados de toda España.

Su gran impulsor, Pedro I de Castilla, reinó entre 1350 y 1366 y estuvo muy vinculado a Sevilla, residiendo en la ciudad durante largos períodos. De hecho, se halla enterrado en la Capilla Real de la Catedral, junto a la que fue su gran amor, doña María de Padilla, a la que hizo reconocer como esposa del rey de Castilla una vez que esta falleció. Tuvo un reinado muy tumultuoso, debido en gran parte a lo iracundo de su carácter, y a su interés por fortalecer el poder real frente a la nobleza y frente a cualquier tipo de detractor, actuando en ocasiones de manera bastante cruel. Aunque era el único hijo legítimo de su padre Alfonso XI, tenía varios hermanastros, que acabaron por sublevarse entorno al mayor de ellos, Enrique, que le disputaría el trono en una larga guerra civil. 

En la Sala de la Justicia, junto al Patio del Yeso del Alcázar, sería asesinado uno de los hermanos, el infante Fadrique Alfonso, por orden del rey, y en 1369 el propio Pedro moriría a manos de su hermano Enrique, que le sucedería en el trono como Enrique III, dando inicio a la dinastía de los Trastámara. En definitiva, un rey llamado el Cruel o el Justiciero según quien cuente su historia, pero un gran amante de la ciudad de Sevilla, ciudad en la que aún hoy perduran multitud de leyendas protagonizadas por este rey.

El palacio fue construido entre 1364 y 1366, emulando palacios musulmanes como la Alhambra en Granada, los califales de Córdoba o los desaparecidos almohades de Sevilla. A los elementos islámicos se les añaden rasgos propios de la arquitectura cristiana, conformando el llamado estilo mudéjar. Es la muestra más rica y perfecta de este estilo, ya que lo reúne en todas sus manifestaciones, tanto en su estructura, como en su decoración cerámica, en los trabajos con la madera y en sus yeserías.

Aunque no conocemos el nombre de la persona que dirigió la obra, es sabido que vinieron artistas, albañiles y artesanos de Toledo y Granada, además de los que ya se encontraban en Sevilla. 

Está compuesto de dos áreas principales:

- Un área más formal y con un carácter más oficial y público, en torno al Patio de las Doncellas.

- La otra con un carácter más privado e íntimo, en torno al Patio de las Muñecas.

El Palacio experimenta numerosas modificaciones a lo largo de su historia, adaptándose al cambio de necesidades y también al cambio de reglas protocolarias y gustos de cada época.

Por ejemplo, en la fachada, corresponde a la época original todo el cuerpo central y los arcos laterales inferiores. Sin embargo, las galerías superiores son posteriores, probablemente del reinado de los Reyes Católicos, entre los siglos XV y XVI. Vemos que están hechas en estuco, y no en piedra como las centrales, y que muestran una fuerte influencia de los palacios nazaríes de Granada.

La parte central de la fachada es enormemente bella y se despliega verticalmente como un tapiz de una gran solemnidad, delimitado a los lados por pilastras de ladrillo que descansan sobre pequeñas columnas de mármol. Sobre ella se levanta un magnífico alero de madera, originalmente completamente coloreado, que sabemos que es obra de maestros toledanos.

También parecen deberse a maestros toledanos las dovelas del dintel sobre la puerta, con su característica decoración con motivos de sarmiento. Los arcos ciegos polilobulados que enmarcan la puerta parecen seguir modelos sevillanos almohades, como podemos ver su por semejanza a los del Patio del Yeso. Lo mismo ocurre con los arquillos que vemos en la parte superior.

La influencia granadina queda clara en el dintel de azulejos blancos y azules que vemos en la parte superior. En él se puede leer cuatro veces, de izquierda a derecha, y cuatro veces de derecha a izquierda, en caracteres cúficos, repetido el lema nazarí “no hay más vencedor que Allah”, wa-lā gālib illà Allāh. La presencia castellana queda clara en la inscripción que aparece en la moldura, que dice “El mui alto y mui noble y mui poderoso y mui conqueridor don Pedro por la gracia de Dios Rey de Castiella et de Leon mando fazer estos Alcazares y estos Palacios y estas portadas que fue fecho en la era de mill et quatrocientos y dos” (1364). La fecha de la inscripción se corresponde con la era hispánica, que comienza el 38 a.C., por lo que coincide con el 1364 del calendario gregoriano común.

En su estructura original, si tenemos en cuenta que las galerías superiores a ambos lados son posteriores, la fachada se parecería mucho a la del Palacio o Torre de Comares en la Alhambra, construido más o menos por la misma época, quizás algo anterior.

Sevilla, por lo tanto, cuenta entre su enorme patrimonio, con una de las grandes joyas de la arquitectura palaciega en Europa, uno de los maravillosos tesoros que el arte mudéjar dejó en la ciudad.

 

LA PUERTA DEL PERDÓN DE LA CATEDRAL

LA PUERTA DE CÓRDOBA

VISITA GUIADA: ALCÁZAR DE SEVILLA

Fachada trasera del Costurero de la Reina en Sevilla

EL COSTURERO DE LA REINA

El Costurero de la Reina, que data de 1893, es el primer edificio de estilo neomudéjar con el que contó Sevilla. Fue encargado por la infanta María Luisa, duquesa de Montpensier, para que sirviera como alojamiento para los guardas de los jardines de su palacio de San Telmo.

Juan Talavera y de la Vega fue su arquitecto y concibió el proyecto como un pequeño y romántico castillo, con torreones en los extremos. En sus fachadas se van alternando el color albero y almagra, en una disposición en franjas a la que el arquitecto recurriría también unos años después en otra de sus obras más célebres, la Casa Mensaque de la calle San Jacinto, actual sede del distrito de Triana.

Elementos como los arcos que enmarcan puertas y ventanas, o las preciosas almenas que rematan todo el conjunto, evocan directamente al pasado islámico de la ciudad, siguiendo la tendencia historicista que tiene tanto peso en la arquitectura regionalista sevillana.

El nombre de Costurero de la Reina le viene porque la tradición sitúa allí a María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier, cosiendo durantes las tardes mientras que aguardaba la visita de su enamorado, el joven rey Alfonso XII, que vendría a cortejarla desde el cercano Alcázar. Ambos eran primos hermanos y a pesar de la oposición de la madre del rey y de parte del Gobierno, acabaron casándose en la Basílica de Atocha de Madrid cuando Mercedes contaba sólo con 17 años. La historia de amor tuvo pronto un final trágico, ya que la joven reina murió apenas cinco meses después de su matrimonio, enferma de tifus. 

El romance de Mercedes y Alfonso gozó de una gran popularidad, llegando a inspirar canciones infantiles, coplas y hasta un par de películas. Sin embargo, parece claro que el edificio que tratamos hoy no sirvió en realidad como escenario para aquella historia de amor. Mercedes murió en Madrid en 1878, quince años antes de que se construyera el Costurero. En una ciudad tan dada a la leyenda como Sevilla, a veces es difícil separar la historia del romance.

LA PUERTA DE LA ASUNCIÓN

La Puerta de la Asunción, en la avenida de la Constitución, es la entrada principal a la Catedral de Sevilla. Sin embargo, su terminación no se abordó hasta bien entrado el siglo XIX, por iniciativa del cardenal Cienfuegos Jovellanos. En una primera fase, entre 1827 y 1831, se construyó la portada según un proyecto del arquitecto Fernando de Rosales. Se hizo en un estilo neogótico, con el objetivo de que casara bien con el resto de la catedral y en concreto con las puertas que están a cada lado, la del Bautismo y la de San Miguel, que sí que son góticas del siglo XV.

La falta de presupuesto para continuar las obras hizo que para la decoración escultórica hubiera que esperar aún cincuenta años más. Fue encargada a Ricardo Bellver, uno de los escultores con más prestigio en el país en aquel momento, autor de “El Ángel Caído” que se encuentra en El Retiro de Madrid.

En 1885 terminó la decoración escultórica del tímpano, para el que realizó el conjunto de la Asunción de la Virgen, y en los años posteriores iría realizando la serie de esculturas de apóstoles y santos ubicados en las hornacinas a los lados de la puerta. Se le encargaron un total de 40, pero sólo llegó a realizar 39, ya que, una vez más, el presupuesto se volvió a agotar.

El conjunto del tímpano fue realizado en piedra de Monóvar y presenta el tema de la Asunción de la Virgen siguiendo unos esquemas bastante clásicos, con el objetivo de no desentonar con la decoración entre gótica y renacentista del resto de puertas de la Catedral. Representa a la Virgen en el centro de la composición, enmarcada en una mandorla, en actitud de ascender sostenida por ángeles, que la elevan desde el sepulcro abierto a sus pies hasta la figura de Dios Padre, que aparece en el vértice. A ambos lados, entre nubes, aparecen una serie de ángeles, algunos de ellos tocando instrumentos musicales.

En el extremo de la derecha desde el punto de vista del espectador, aparece uno de los aspectos más entrañables de la composición. El ángel femenino que aparece tocando un órgano portátil es la representación de la mujer del escultor, Pilar Ferrant, que falleció en 1880 con tan sólo 23 años, coincidiendo en el tiempo esta circunstancia con la realización de los bocetos preparatorios de la obra. Al año siguiente, fallece también el hijo primogénito de ambos, Luis Bellver, con muy corta edad. El escultor decide representarlo también como un pequeño ángel en la composición definitiva. Y así aparecen madre e hijo, mirándose entre sí, representados como ángeles junto a la Virgen, en la portada principal de la Catedral de Sevilla.

Como ya mencionábamos, en los años siguientes, entre 1885 y 1899, el escultor iría realizando la serie de santos ubicados a ambos lados de la puerta. La realización de estas esculturas no estuvo exenta de polémica, más que por su estilo, por el material en el que fueron realizadas. Los fondos de los que disponía el Cabildo de la Catedral para la realización de las obras eran limitados, así que encargó al artista que en lugar de la piedra utilizara para su elaboración el cemento Portland, mucho más económico. 

Nada más ser colocadas las primeras esculturas, empezaron a difundirse la críticas entre artistas y eruditos de la ciudad, que consideraban este material indigno de utilizarse para la ornamentación de la portada de una catedral. Se argumentó que si no era posible realizar las obras en piedra, al menos se debería haber optado por el barro cocido, material que se escogió para la decoración de las puertas de la catedral de los siglos XV y XVI. El tema llegó hasta la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que finalmente respaldó la buena labor del artista, aunque lamentando que el material no fuera de una dignidad más adecuada al monumento.

Independientemente de los materiales impuestos por las circunstancias, hay que decir que la calidad del escultor queda patente en su obra para Sevilla. No hay que olvidar que existía otro importante condicionante: el marco gótico en el que debían encuadrarse las obras y con el que no podían desentonar. Esta circunstancia restó sin duda libertad creativa al autor y lo hizo tener que adaptarse a unos esquemas compositivos muy rígidos. Sin embargo, las esculturas están realizadas con gran detalle y muy documentadas en cuanto a los símbolos o atributos que porta cada santo. A pesar del color oscuro al que tiende el cemento, es posible apreciar la calidad escultórica tanto en el tratamiento de los ropajes como en la cuidada y contenida expresión de los rostros. 

La idea inicial para la portada incluía muchas más esculturas, con la idea de llenar también los doseletes de las arquivoltas, pero finalmente el proyecto se detuvo y el conjunto ha llegado inconcluso hasta nuestros días.  Sin embargo, con la conjunción del estilo neogótico y la labor escultórica de Bellver se consiguió dar una solución bastante digna a la cuestión, consiguiendo que la portada principal se muestre en la actualidad como un elemento en armonía con el resto de la Catedral Hispalense.