SUSANA BEN SUSÓN (LA SUSONA)

SUSANA BEN SUSÓN (LA SUSONA)

(siglo XV)

La conocida popularmente como "la Susona" es probablemente el personaje más célebre de la antigua judería entre los sevillanos. Vivió en la calle que hoy lleva su nombre a finales del siglo XV y era hija de Diego ben Susón. 

Sabemos que los hechos que la hicieron célebre ocurrieron hacia 1481, momento en el que los miembros de la Inquisición enviados a Sevilla se empleaban a fondo para garantizar que aquellos judíos que adoptaban la fe cristiana lo hacían de manera sincera. A lo largo del siglo XV, una gran parte de los judíos sefardíes decidieron convertirse al cristianismo como forma de evitar los terribles y crecientes condicionantes que acarreaba la fe mosaica en los reinos peninsulares.

Según la versión más extendida de la historia, el padre de Susona era uno de estos "nuevos cristianos" que habían cambiado de religión más por pragmatismo que por convicción. Cuando la Inquisición empezó a ordenar arrestos y a apresar a los conversos sospechosos, el temor se hizo creciente entre los miembros de esta comunidad, hasta el punto de que algunos de ellos se plantearon organizar una revuelta que acabara con la vida de los inquisidores. Al parecer, Diego ben Susón era uno de los cabecillas de esta revuelta.

A partir de ahí, las versiones de la historia difieren bastante. Vamos a atenernos aquí a la expuesta por Mario Méndez Bejarano en su "Historia de la Judería de Sevilla" (1914):

Susan [Diego ben Susón] tenía una hija de sorprendente belleza; se la llamaba “la fermosa fembra” y vulgarmente Susona; ésta denunció la conjura a los inquisidores pero lo más probable es que no fuese ella misma la delatora, ya que recibía en su casa a un galán cristiano que, en su celo religioso, debió dar cuenta al Santo Oficio de las confidencias que ella le hacía. Sea lo que fuese, los conjurados fueron sorprendidos con armas en casa de Benedeva por un centenar de hombres y fueron encerrados en las mazmorras de la Inquisición. Los principales conjurados: el viejo Susan, el docto Abolafia, el venerable anciano Benedeva y los ricos Sauli y Torralba fueron quemados el 6 de febrero de 1481. Se cuenta que cuando Susan iba a la hoguera, la soga que llevaba al cuello arrastraba por los suelos. Conservando hasta el último momento su gracejo andaluz, dijo a los que lo acompañaban: “Quitadme de encima esta toca tunecí". 

Reginaldo Romero, obispo de Tiberiades, hizo todo lo posible para obligar a Susona a profesar, pero los placeres sensuales de la judía se adaptaban poco a la disciplina del claustro y saliendo del convento antes de profesar vivió con diversos amantes, de condición cada vez más baja, para acabar entre los brazos de un especiero. En su testamento, la “bella judía” expresaba el deseo de que se colocara su cabeza en la puerta de su casa “donde había vivido mal, para ejemplo y castigo de sus pecados”. 

Según la tradición, la calavera de Susana estuvo expuesta en la fachada de su casa durante siglos. Con el paso del tiempo, se empezó llamar el lugar la "calle de la Muerte", dada la lógica asociación entre este concepto  y el cráneo. Así se llamó hasta 1845, año en el que se renombró con el actual "calle de la Susona". No se sabe con exactitud el lugar en el que se encontraba la casa ni dónde estuvo expuesta la calavera. En la "Relación histórica de la judería de Sevilla" (José María de Espinosa, 1820) se cita un manuscrito en el que aparecería esta referencia: 

Está su calavera en una pared, frontero a la calle del Agua a la salida de lo angosto que va al Alcázar por donde le va el agua.

Representación de la Susona en la decoración cerámica de la glorieta de Mas y Prat, en el Parque de María Luisa. Fue elaborada por Enrique Orce en la Fábrica de Manuel Ramos Rejano, tomando como modelo una pintura José García Ramos.

Azulejo en la fachada de una vivienda de la calle Susona, marcando el lugar en el que según la tradición estuvo expuesta la calavera de la "fermosa fembra".

Imagen del videojuego "Blasphemous II", de la desarrolladora The Game Kitchen, donde se puede ver al personaje de "Svsona, fermosa fembra".

El barrio de Santa Cruz fue profundamente remozado en las primeras décadas del siglo XX, por lo que se hace difícil ubicar el lugar de los hechos. En general, la tradición sitúa la casa de la Susona en el número 10 de su calle, donde se puede contemplar un pequeño azulejo que recuerda la historia.

De cualquier forma, el personaje de la Susona forma parte del acervo popular de Sevilla. Se pueden encontrar versiones de su historia en ensayos sobre la ciudad y novelas. Además existe una ópera llamada "La Bella Susona", del compositor Alberto Carretero, y la historia aparece también en uno de los capítulos de la serie histórica "Isabel" (RTVE). La joven sevillana ha llegado incluso a inspirar uno de los personajes centrales de un videojuego. Se trata de "Blasphemous II", de la desarrolladora The Game Kitchen. En este juego, "Svsona, Fermosa Fembra" es uno de los jefes a derrotar.

MOSSE IBN ZARZAL

MOSSE IBN ZARZAL

(siglo XIV-XV)

Médico y poeta nacido en Sevilla, ciudad en la que su padre, también médico, se había asentado recientemente. Se desconoce su fecha exacta de nacimiento, pero vivió entre los siglos XIV y XV. Llegó a tener una gran reputación como médico, llegando a ocuparse personalmente de la salud del rey Pedro I y, años más tarde, de Enrique III.

De su faceta de poeta, se conserva un poema que compuso en 1405 con motivo del príncipe heredero, el futuro Juan II. Forma parte de la célebre colección de poemas conocida como "Cancionero de Baena". Lo antecede una pequeña introducción que dice: Este dezir fizo Don Mossé çurgiano del Rey don Enrique quando nasçio el Rey nuestro señor en la çibdat de Toro. Recogemos aquí el poema completo:

Página en la que se encuentra el poema de Mosse ibn Zarzal, cuyo primer verso es Una estrella es nascida. Se encuentra en el folio 74.v del "Cancionero de Baena", cuyo original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia

Una estrella es nascida

en Castilla reluciente:

con placer toda la gente

roguemos por la su vida.

De Dios fué mui venturoso

aquel dia sin dubdanza

en cobrar tal alegranza

deste rei tan poderoso:

por merced del pavoroso

este gran señor cobraste,

Castilla, que deseaste

noble rei é generoso.

De reyes de tal natura

cïerto en toda partida,

de realeza complida

non nasció tal criatura.

Con beldad é fermosura

non es visto en lo poblado,

nin tan bien aventurado.

¡Dios le dé buena ventura!

N’ Aragon i Catalueña

tenderá la su espada,

con la su real mesnada:

Navarra con la Gascueña

tremerá con gran vergüeña

el reino de Portugal

é Granada otro que tal

fasta allende la Cerdeña.

SALOMÓN BEN ABRAHAM

SALOMÓN BEN ABRAHAM

(siglo XIV)

Rabino, astrónomo y médico sevillano cuya existencia conocemos a través de una lápida sepulcral conservada en el Museo Sefardí de Toledo. Está realizada aprovechando medio cipo romano de color blanco, actualmente partido en tres trozos. Consta de una inscripción hebrea distribuida en ocho líneas y media en la que se recuerda a R. Selomó, hijo de Abraham ben Yáis. Al parecer, la lápida fue reutilizada cuando se emprendió la construcción de la catedral en el siglo XV. 

A pesar de que la inscripción se halla deteriorada en alguna de sus partes, se ha podido interpretar en gran medida. Esta es la transcripción de Francisco Cantera Burgos:

Quien ve ¿en conjura? a los que...contra mi/ abriose el ojo de...mi suerte;/ a causa de...sobre mis párpados/ yo... con entusiasmo?...mi calzado./ Quien aplasta (pisotea o veja) a un hombre..../ en medio de su red atrajo mi pie. / Testigo sea este majano y testigo esta estela, en calidad de señal y de recuerdo. He ahí escrito que/ aquí fue sepultado un museo de todo objeto precioso acerca de la Ley y el Testimonio, y en la ciencia de/ los astros habló maravillas, y con él fue escondido un libro de medicina. Árbol del saber,/ médico experto, piadoso, recto y veraz: R. Selomó hijo de R. Abraham ben Ya`is -descanse en gloria- reunióse a su pueblo, caminando en su integridad, en el mes de Siwán del año cinco/ mil ciento cinco de la Creación.

La fecha (Siván, 5105) está comprendida entre el 3 de mayo y el 1 de junio de 1345. Hay que señalar que este epitafio es la única información que tenemos sobre este personaje, ya que no se cita en las bibliotecas rabínicas ni aparece en ninguna otra fuente. Sin embargo, la calidad y extensión de su inscripción mortuoria es excepcional en el contexto del judaísmo peninsular, por lo Rabí Salomón bien merece una mención al hablar de la judería sevillana.

Lápida de rabí Salomón conservada en el Museo Sefardí de Toledo. La imagen en blanco y negro está extraía del artículo de Fidel Fita Colomé titulado "El cementerio hebreo de Sevilla. Epitafio de un rabino célebre"

HABITANTES ILUSTRES DE LA JUDERÍA DE SEVILLA

Recogemos en esta web una selección de los más destacados habitantes de la judería sevillana durante la Edad Media. La información que poseemos sobre los miembros de la comunidad hebrea en Sevilla es muy escasa, tanto en el período islámico como en el cristiano. Las fuentes solo se refieren a ellos de manera indirecta, por lo que es necesaria una intensa labor historiográfica solo para tratar de reconstruir cómo era el día a día entre los judíos durante la Edad Media y su relación con el resto de habitantes de la ciudad.

La mayoría de los nombres que podemos citar estuvieron ligados a la administración, ocupando diversas posiciones al servicio de la Corona, lo que ha permitido que quede testimonio de su existencia o actividad. Algunos otros desarrollaron una labor intelectual, principalmente como talmudistas y estudiosos de los textos sagrados, médicos o astrónomos. Muchas de sus obras se publicaron en tiempos posteriores a la expulsión de 1492 y en el contexto de las comunidades sefardíes de diversas ciudades norteafricanas y europeas. Gracias a estas ediciones se ha preservado su memoria y podemos hoy incluirlos en esta selección de ilustres judíos sevillanos.

Grupo de judíos representados en las "Cántigas de Santa María" de Alfonso X el Sabio. El Códice en el que se encuentra la ilustración se custodia en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial y fue elaborado en Sevilla hacia 1282. Patrimonio Nacional.

JUDAH IBN VERGA

JUDAH IBN VERGA

(siglo XV) Su nombre se transcribe también como Yehudá Ibn Verga. Fue un matemático, astrónomo y cabalista judío nacido en Sevilla. Se supone que fue antepasado o pariente de Salomón ibn Verga, autor del «Shebeṭ Yehudah» («La vara de Yehudá»), ... Leer Más
SAMUEL HA LEVI

SAMUEL HA LEVI

(siglo XIV) Destacado financiero y político judío que llegó a ser tesorero mayor y miembro del Consejo Real durante el reinado de Pedro I. Nació en Toledo, ciudad a la que estuvo siempre vinculado. Sin embargo, la corte de don ... Leer Más
YUÇAF DE ÉCIJA

YUÇAF DE ÉCIJA

(siglo XIV) Su nombre fue Joseph ben Ephraim ha-Levi Benveniste, aunque es conocido como Yuçaf o Jusaph de Écija por haber nacido en esta ciudad de la provincia de Sevilla a finales del siglo XIII. Ocupó el cargo de almojarife ... Leer Más
DAVID ABUDARHAM

DAVID ABUDARHAM

(siglo XIV) Conocido también como David ben Joseph, fue un «rishon» o rabino principal que vivió en Sevilla en el siglo XIV. Fue conocido principalmente por su comentario sobre el Sidur, libro de oraciones diarias de la religión judía. Se ... Leer Más
YOM TOV BEN ABRAHAM ISHBILI

YOM TOV BEN ABRAHAM ISHBILI

(c. 1250 – c. 1330) Fue un prestigioso talmudista, jurista y tratadista que vivió entre los siglos XIII y XIV. Estaba dotado de una mente clara y aguda, y se sabe que fue alumno de Aaron ha-Levi y Solomon Adret ... Leer Más
IBN SAHL AL-ISRA'ILI

IBN SAHL AL-ISRA’ILI

(c. 1206 – c. 1246) Conocido también como Ibn Sahl de Sevilla, fue un poeta sevillano de origen judío, enormemente admirado en su tiempo y hoy en día como una de las figuras más destacadas de la poesía andalusí. Al ... Leer Más
JOHANNES HISPALENSIS

JOHANNES HISPALENSIS

(siglo XII) Castellanizado como Juan Hispalense, fue un traductor del árabe que desarrolló su carrera principalmente entre 1135 y 1153. Fue un judío converso al cristianismo y se desconoce su nombre original, aunque tradicionalmente se le ha atribuido el de ... Leer Más
BARUCH BEN ISAAC ALBALIA

BARUCH BEN ISAAC ALBALIA

(1077-1126) Juez y director de una yeshivá (academia para el estudio de las escrituras) en Córdoba. Nació en Sevilla, hijo de Isaac Albalia. Cuando tenía solo 17 años, se trasladó a Lucena tras la muerte de su padre, siguiendo el ... Leer Más
ISAAC BEN BARUCH ALBALIA

ISAAC BEN BARUCH ALBALIA

(1035-1094) Astrónomo y talmudista que llegó a formar parte de la corte del rey Al-Mu’tamid de Sevilla como astrólogo. Isaac nació en Córdoba y, según Ibn Daud, en su juventud tuvo como maestro al erudito francés rabí Perigors. Tuvo también ... Leer Más
JOSEPH IBN MIGASH

JOSEPH IBN MIGASH

(1077-1141) Rabino y talmudista nacido en Sevilla que llegó a ser la cabeza de la escuela de Lucena, ciudad en la que se vivió un auténtico esplendor de la cultura judía entre los siglos IX y XII. Su familia era ... Leer Más

JOSÉ PICHÓN

JOSÉ PICHÓN

(siglo XIV)

Su nombre se transcribe también como Yuçaf Picho. Fue almojarife y contador mayor de la ciudad y del arzobispado de Sevilla. Fue nombrado en 1369 por Enrique II de Castilla, que lo estimaba mucho por su honestidad e inteligencia. Pero, a raíz de las acusaciones presentadas por unos correligionarios ricos que también habían sido admitidos en la corte, Pichón fue encarcelado por orden del rey y condenado a pagar 40.000 doblones. Tras pagar esta gran suma en el plazo de veinte días, fue puesto en libertad y restituido en su cargo; a su vez, presentó una grave acusación contra sus enemigos, ya fuera en venganza o en justificación propia.

Entretanto, Enrique había muerto y su hijo, Juan I, fue su sucesor. Muchos judíos ricos e influyentes se habían reunido desde diferentes partes del país para la subasta de los impuestos reales en Burgos, donde tuvo lugar la coronación de Juan. Estos judíos conspiraron contra la vida de Pichón, que era muy popular entre los cristianos y que había recibido notables atenciones de los cortesanos. No se sabe si se le puede culpar en algún grado del impuesto extraordinario de 20.000 doblones que Enrique había impuesto a los judíos de Toledo; pero, sea como fuere, algunos judíos prominentes, representantes de varias comunidades, fueron al rey el día de la coronación y, explicándole que había entre ellos un "malsin", es decir, un informante y traidor que merecía la muerte según las leyes de su religión, le pidieron que autorizara a los oficiales reales a ejecutar al ofensor. 

Se dice que algunos secuaces del rey, sobornados por los judíos, indujeron a Juan a dar la orden. La delegación llevó entonces esta orden, junto con una carta de varios judíos que eran los líderes de la comunidad, a Fernán Martín, el verdugo del rey. Este último no dudó en cumplir la orden real. El 21 de agosto de 1379, a primera hora de la mañana, acudió con don Zulema (Salomón) y don Zag (Isaac) a la residencia de Pichón, que aún dormía. Pichón fue despertado con el pretexto de que iban a apoderarse de algunas de sus mulas; y, en cuanto apareció en la puerta, Fernán lo agarró y, sin decir palabra, lo decapitó.

Planta de la casa de José Pichón en la judería de Sevilla, de acuerdo con los hallazgos arqueológicos en el marco de la rehabilitación del palacio de Altamira. Según podemos encontrar en "La restauración del palacio de Altamira" (Junta de Andalucía, 2005): La casa construida sobre la parcela C, de casi 1 .000 m² de superficie, estaba distribuida en dos terrazas paralelas con un desnivel de un metro entre ambas, determinando dos áreas diferenciadas por su uso cada una de 500 m². La mas elevada destinada a huerta-jardín y la otra a superficie útil construida. La entrada con fachada al callejón de Dos Hermanas daba acceso a zonas de servicio siguiendo al fondo las habitaciones nobles con el gran espacio al aire libre de recreo.

La ejecución de Pichón, cuyo nombre se había ocultado al rey, creó una sensación desagradable. El monarca estaba sumamente enojado porque lo habían engañado para que firmara la sentencia de muerte de un hombre respetado y popular que había servido fielmente a su padre durante muchos años. Hizo decapitar a Zulema, a Zag y al rabino jefe de Burgos, que estaba en el complot; y Martín debía haber corrido la misma suerte, pero se salvó gracias a la intercesión de algunos caballeros. Sin embargo, pagó por su precipitación en el asunto con la pérdida de su mano derecha. Como consecuencia de la ejecución de Pichón, las Cortes privaron a los rabinos y a los tribunales judíos del país del derecho a decidir causas criminales. El asunto tuvo las consecuencias más desastrosas para los judíos de España, estimulando el odio de la población contra ellos y contribuyendo a la gran matanza del año 1391.

Joseph tenía su residencia en Sevilla en una lujosa casa que se encontraba donde se halla en la actualidad el palacio de Altamira, en la zona más céntrica de la judería sevillana.  En la excavación arqueológica que tuvo lugar a finales del siglo XX en el marco de la rehabilitación del palacio, se pudo vislumbrar la estructura de esta casa y su rica decoración mudéjar.

SAMUEL ABRAVANEL

SAMUEL ABRAVANEL - JUAN SÁNCHEZ DE SEVILLA

(siglo XIV)

Samuel Abravanel fue un financiero y administrador judío del que se desconoce su fecha de nacimiento pero que desarrolló su trayectoria en la segunda mitad del siglo XIV. Aunque tampoco hay certeza de su lugar de nacimiento, se sabe que era hijo de Judá Abravanel, que ocupó el puesto de almojarife mayor en tiempos de Fernando IV de Castilla. El clima antijudío que se desató durante la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastámara forzaron a Samuel a adoptar la fe cristiana, tomando el nombre de Juan Sánchez de Sevilla. 

Samuel Abravanel fue un financiero y administrador judío del que se desconoce su fecha de nacimiento pero que desarrolló su trayectoria en la segunda mitad del siglo XIV. Aunque tampoco hay certeza de su lugar de nacimiento, se sabe que era hijo de Judá Abravanel, que ocupó el puesto de almojarife mayor en tiempos de Fernando IV de Castilla. El clima antijudío que se desató durante la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastámara forzaron a Samuel a adoptar la fe cristiana, tomando el nombre de Juan Sánchez de Sevilla. 

Fuente decorada con alicatado mudéjar hallada en la excavación arqueológica que tuvo lugar en el Palacio de Altamira. Se cree que perteneció a la casa en la que vivieron sucesivamente José Pichón y Samuel Abravanel.

Menahem b. Zerah escribió sobre él que era inteligente, amaba a los sabios, se hacía amigo de ellos, era bueno con ellos y estaba ansioso por estudiar siempre que el estrés del tiempo lo permitía. Él y su familia aparentemente huyeron más tarde a Portugal, donde volvieron al judaísmo y ocuparon importantes puestos gubernamentales. Su hijo, Judah estuvo al servicio financiero del infante Fernando de Portugal.

JUDERÍA DE SEVILLA

Se conoce como Judería de Sevilla al área en la que residió la comunidad hebrea de la ciudad durante la Baja Edad Media. Se extiende por una amplia zona del sur y sureste del casco histórico, que se corresponde en líneas generales con los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé.

Aunque la presencia de una comunidad judía en Sevilla se puede remontar hasta época romana, lo cierto es que la decisión de asentar a esta población en el área que hoy conocemos como judería se tomó tras la conquista cristiana de la ciudad en 1248. No fue Fernando III, rey artífice de la conquista, el encargado de esta fundación, sino su hijo y sucesor, Alfonso X el Sabio, probablemente al poco tiempo de ser coronado en 1252. Sabemos que sus habitantes iniciales serían los judíos llegados a la ciudad tras la toma por los cristianos, ya que la intransigencia religiosa de los almohades había provocado que no quedaran judíos ni cristianos viviendo en Sevilla en los últimos tiempos de la dominación musulmana. 

El rey Alfonso dispuso que la judería se situara en un lugar destacado de la ciudad, anexo al alcázar y muy cercano a la catedral. Estaba rodeada por una muralla de tapial con diversas puertas y postigos que se cerraban cada día al anochecer. Esta circunstancia fue común en otras juderías españolas y se debía tanto al interés por limitar el contacto entre cristianos y judíos, como al propósito de intentar evitar posibles ataques en momentos de desorden o tumulto. De esta muralla se conserva en la actualidad apenas un fragmento de unos diez metros, testimonio de aquellos convulsos momentos históricos.

Área aproximada de la antigua judería de Sevilla sobre la litografía aérea de Alfred Guesdon (c. 1854)

Se conoce también que contaron con al menos tres sinagogas desde los primeros momentos, ya que el rey les cedió las tres antiguas mezquitas que se encontraban en esta zona para que fueran transformadas y dedicadas al culto hebreo. Las tres acabarían siendo iglesias cristianas tras la expulsión de los judíos y de ellas conservamos solo una en la actualidad. Se trata de Santa María la Blanca, una joya medieval completamente reformulada durante el Barroco que se encuentra en el corazón del barrio de Santa Cruz. Algunos autores han señalado la posibilidad de que el rey les concediera una cuarta mezquita, que habría estado donde se encuentra en la actualidad el convento de Madre de Dios, pero no se puede afirmar con certeza. También se han conservado varios relatos del siglo XIV que hablan de más de veinte sinagogas en Sevilla, aunque con toda seguridad eran lugares de oración más pequeños y modestos que los mencionados.

También se encontraba en la judería la sede de la aljama. Este término servía para denominar tanto a la comunidad hebrea residente en una ciudad, como a las instituciones a través de las que se organizaba. Tenían su propio ordenamiento jurídico conocido como “tacanot” y un entramado institucional con funciones políticas, culturales y religiosas. Había un rabino principal, a veces denominado “nasí” o príncipe, que se encargaba de la más alta representación de la aljama ante las autoridades y cuyo cargo dependía del nombramiento real. Además, había consejos dedicados a cuestiones específicas, como las fiscales o las relativas a la fe. Estaban compuestos por jueces o “dayanim”, a los que los cristianos llamaban también rabinos.

Imagen del rey Alfonso X dictando a un escribano en el folio 65 del "Libro de los juegos de Ajedrez, Dados y Tablas". Sevilla, 1283.

La aljama sevillana era la segunda más grande del reino, solo después de la de Toledo. Con unas 16 hectáreas de extensión, contaba con numerosos espacios productivos, como tiendas, mercados o mataderos. También hubo en ella un grupo de judíos ricos, dedicados al comercio del dinero como banqueros, prestamistas y arrendadores de impuestos reales y municipales (...). Otras profesiones típicas, más o menos lucrativas fueron las de médico, sastre, tejedor, platero, sedero, algunos mercaderes y artesanos de diverso tipo (Ladero Quesada, “Historia de Sevilla. La ciudad medieval”).

Al este se situaba el cementerio, fuera del recinto amurallado de la ciudad y muy cerca de la puerta conocida como de “Minjoar” o de la Carne. Fue probablemente la mayor necrópolis judía de la España medieval, con unas cuatrocientas tumbas excavadas en distintas campañas arqueológicas hasta la fecha. La mayoría de los cuerpos aparecieron inhumados en ataúdes de madera, con el lugar de enterramiento cubierto por una sencilla tumba formada por una bóveda de cañón de ladrillo.

Escena de una botica judía (c. 1285). "Cántigas de Santa María. Códice Rico". Cántiga 108 (folio 155). Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Tiene una gran relevancia el hecho de que los judíos optaran por este tipo de cementerio extramuros, a diferencia de los enterramientos en las iglesias y sus entornos que se daban entre los cristianos. En los momentos en los que la ciudad atravesaba una crisis epidémica, la propagación de la enfermedad solía ser más rápida entre los cristianos que entre los judíos, lo que acabará despertando el recelo de la comunidad mayoritaria. No tenían los conocimientos científicos que poseemos en la actualidad y no eran capaces de entender lo que estaba sucediendo, atribuyendo los contagios entre cristianos a malas prácticas por parte del “pueblo deicida”.

La apariencia actual de la antigua judería sevillana dista mucho de la medieval. Es cierto que el barrio ha preservado buena parte de su estructura medieval, con sus características callejuelas, estrechas y angulosas, y sus placitas irregulares. Son comunes los adarves o calles sin salida, en un entramado urbano de apariencia laberíntica. Se trata de la huella de la ciudad islámica de Isbiliya, que perdura en la actualidad en una atmósfera de la que sentimos ecos en ciudades como Tánger o Marrakech. Sin embargo, han pasado más de cinco siglos desde que los judíos fueron empujados al exilio en 1492. Desde entonces, el barrio ha sido habitado por gentes de la más variada posición social y económica que han ido modificando su fisonomía y generando el complejo mosaico cronológico que ha llegado hasta nuestros días. 

Las callejuelas estrechas y angulosas son las más comunes en el antiguo barrio judío, herederas del urbanismo de la ciudad islámica de Isbiliya.

En este proceso de cambio, un momento decisivo fueron las primeras décadas del siglo XX, cuando la ciudad ponía sus miras en la que sería la Exposición Iberoamericana de 1929. Las autoridades locales contaron con el concurso del Gobierno para organizar un gran evento internacional que sirviera para transformar el panorama urbano y las infraestructuras de Sevilla. Centrándonos en el barrio de Santa Cruz, la idea era remozarlo por completo y recrear el ambiente de un “pueblo andaluz”. Fue entonces cuando se diseñaron sus rincones más icónicos, como la plaza de Doña Elvira, la de la Alianza o la de Santa Cruz. Se produjo una transformación romántica de la judería que, unida a la estructura urbana medieval, está en la base del pintoresco y hermoso paisaje que podemos disfrutar actualmente en el barrio.

Si estás en Sevilla y quieres conocer los escenarios de la historia judía en nuestra ciudad, la mejor manera de hacerlo (y casi la única) es a través de un guía oficial. Te llevará a los espacios más significativos de la antigua judería poniéndolos en el contexto de la historia del pueblo sefardí. Yo mismo llevo años enseñando el barrio judío a viajeros de todo el mundo interesados por la historia y el arte. Y siempre en grupos pequeños, ya que en @sevillaxm2 apostamos por un modelo de turismo respetuoso con el bienestar de los habitantes del barrio. 

En esta misma web puedes consultar precios y contratar un tour, pero si tienes cualquier duda, no dudes en contactar por la vía que prefieras. 

La calle del Agua es una de las más emblemáticas de la judería, cerrada en uno de sus lados por un lienzo de la muralla islámica del siglo XII.

TOUR JUDERÍA DE SEVILLA

1h 30m - Grupos privados de hasta 10 personas - Hora de comienzo flexible

La opción ideal para conocer los rincones más interesantes del barrio de Santa Cruz en relación con la historia de la comunidad judía en la ciudad. En este tour se recorren algunas de las plazas y callejuelas más hermosas de Sevilla, que sirven de escenario para un viaje por algunos de los episodios más destacados de nuestra historia.

Guía: Manuel Hellín, graduado en Historia y guía oficial de turismo de Andalucía.

 

IGLESIA DE LA MAGDALENA

La iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla es un imponente templo barroco construido en la transición entre los siglos XVII y XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo de Figueroa. Se trata de una de las iglesias más destacadas de la ciudad por sus dimensiones, monumentalidad, riqueza decorativa y calidad de las obras de arte que atesora. No en vano, es posible encontrar en su interior obras de algunos de los más destacados autores de la historia del arte en la ciudad, como Jerónimo Hernández, Valdés Leal, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

HISTORIA

El edificio que acoge actualmente a la parroquia de la Magdalena fue originalmente la iglesia del convento de San Pablo el Real. Este centro monástico pertenecía a la orden de los dominicos y fue fundado en este lugar, cercano a la Puerta de Triana, poco después de la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Los terrenos fueron cedidos por el rey Fernando III y el convento contó desde sus inicios con el apoyo de la Corona. De ahí el apelativo de real y las numerosas referencias a la monarquía que se encuentran en su decoración.

El convento de San Pablo fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como la fundación de la Inquisición española. El 6 de febrero de 1481 se celebró en sus dependencias el primer auto de Fe de nuestra historia, en el que fueron condenadas a muerte seis personas. 

Más tarde, el convento tendría un importante papel en el proceso de evangelización de la América hispana, ya que de aquí partirían muchos de los religiosos encargados de esta tarea. Un ejemplo lo encontramos en una placa de mármol cercana a la entrada en la que puede leerse la siguiente inscripción:

"En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo.”

El templo actual no es el primitivo del convento. En el mismo lugar existía anteriormente una iglesia mudéjar de la que persisten algunos elementos en el actual edificio. Esta se encontraba en estado de ruina a finales del siglo XVII y hubo de ser demolida en 1691.

Fue entonces cuando Leonardo de Figueroa se encargó del proyecto para levantar la iglesia actual. Las obras se prolongaron hasta 1724 y en la ornamentación del templo trabajaron algunos de los mejores artistas de la ciudad en ese momento. Las pinturas al fresco son principalmente de Lucas Valdés, que trabajó junto con un numeroso grupo de pintores. Los retablos son prácticamente todos del siglo XVIII, de los mejores retablistas del momento. En su decoración escultórica intervienen nombres de la talla de Jerónimo Hernández, Francisco de Ocampo, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

Las turbulencias políticas y sociales del siglo XIX hicieron que la iglesia conventual acabara como parroquia de la Magdalena. Con las desamortizaciones de la década de 1830, el convento es expropiado y los monjes tienen que marcharse. Por otro lado, la anterior iglesia de la Magdalena fue demolida por orden de los franceses durante la ocupación napoleónica de la ciudad. Se encontraba justo en la actual plaza de la Magdalena y en ella fue enterrado el genial Juan Martínez Montañés. Es posible que los restos del escultor descansen aún hoy bajo la plaza, tal y como conmemora una placa que se puede leer en el lugar.

Tras la expulsión de los franceses, se inició la reconstrucción de la iglesia en el lugar original. Sin embargo, cuando las obras se encontraban bastante avanzadas, se decidió abandonar el proyecto y demoler lo construido para dejar la plaza. La solución para la parroquia fue el traslado en 1842 a la iglesia conventual de San Pablo, que se encontraba vacía tras el abandono forzoso de sus monjes. El templo cambió así de advocación y pasó a ser la iglesia de la Magdalena, aunque persisten numerosas referencias simbólicas aludiendo a su anterior titular.

Tal y como señala Santiago Montoto en “Parroquias de Sevilla”, «en este templo, entre otros sevillanos ilustres, están enterrados el presidente de la Junta de Defensa contra los franceses, don Francisco Arias de Saavedra, luego Regente de la nación, varón insigne que bien merece una extensa y completa monografía, y el desventurado conde del Águila. 

En la pila bautismal de la parroquia recibieron las aguas regeneradoras el inmortal pintor Bartolomé Esteban Murillo y el insigne poeta don Juan de Jáuregui. En el Archivo se conserva la partida de casamiento de Juan Martínez Montañés y la de su entierro».

En la actualidad, tienen su sede en esta iglesia un total de cuatro hermandades:

- Hermandad Sacramental de la Magdalena, fundada en 1575. Procesiona el día del Corpus con una magnífica custodia del siglo XVIII, una Inmaculada de Benito de Hita y Castillo y un Niño Jesús de Jerónimo Hernández.

- Hermandad de Nuestra Señora del Amparo, fundada en el siglo XVI y refundada en el XVIII. Tiene como titular una talla de la Virgen con el Niño realizada por Roque Balduque en 1535. La imagen está considerada la patrona del barrio de la Magdalena y procesiona cada segundo domingo de noviembre, día del Patrocinio de la Virgen.

- Hermandad de la Quinta Angustia, resultado de la fusión de dos hermandades fundadas en el siglo XVI, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Descendimiento. Hace estación de penitencia el Jueves Santo.

- Hermandad del Calvario, fundada en el siglo XIX en la iglesia de San Ildefonso y trasladada a esta parroquia en 1916. Procesiona la madrugada del Viernes Santo con un imponente Cristo realizado por Francisco de Ocampo en el siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

La iglesia presenta planta de cruz latina con tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. En la cabecera del templo se sitúa un profundo presbiterio poligonal, además de otras cuatro capillas de planta rectangular, dos a cada lado. Además, la planta se ve alterada por otras cuatro capillas: dos a los pies y dos en el lado de la derecha, la capilla sacramental y la de la Quinta Angustia.

Cuenta con cuatro accesos desde el exterior, uno a los pies y tres en el muro derecho. El que se encuentra a los pies sería por lógica el principal, pero lo cierto es que en la actualidad se encuentra en desuso, ya que esa zona se acabó configurando como el coro alto y bajo. 

La cubrición se hace mediante bóveda de cañón con lunetos en la nave central y las naves del crucero, y con bóveda de arista en las laterales. El centro del crucero se cubre por una gran cúpula semiesférica sobre tambor, una de las más espectaculares de la ciudad.

Exterior

La iglesia cuenta con varias portadas al exterior para enmarcar sus accesos, todas ellas de comienzos del siglo XVIII. A los pies se sitúa la principal, en la calle Cristo del Calvario, aunque como comentábamos está prácticamente en desuso en la actualidad. Se trata de una sencilla entrada adintelada rematada por un frontón partido. En el centro del frontón, una ornamentada hornacina acoge un relieve con la representación en medio cuerpo de Santo Tomás de Aquino sosteniendo un ostensorio con la Eucaristía. El santo dominico que vivió en el siglo XIII es una de las figuras más destacadas de la filosofía y teología cristiana durante la Edad Media.

A gran distancia sobre la portada se ubica un gran óvulo enmarcado por una recargada moldura barroca. En ella se distinguen una serie de pequeñas esferas que simbolizan las cuentas del Rosario. A ambos lados, encontramos dos relojes de sol.

En la parte superior, la fachada está coronada triple espadaña. A ambos lados, se ubican dos cuerpos que albergan tres vanos con campanas cada uno, mientras que en el del centro se abre una pequeña portada a modo de balcón. En este cuerpo central se ubican dos pequeños bustos con San Pedro y San Pablo y probablemente esté inconcluso en su parte superior. La ornamentación se focaliza en esta zona de la fachada, donde encontramos columnas salomónicas y decoración geométrica a base de cerámica vidriada azul.

En el lateral derecho del templo, encontramos otras tres entradas. La más cercana a los pies carece de decoración y es la que sirve de acceso autónomo a la capilla de la Quinta Angustia, que cuenta además con conexión directa al resto de la iglesia.

La portada central es la de mayor tamaño y la utilizada normalmente para acceder a la iglesia. Tiene una estructura muy clásica, con un arco de medio punto flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular decorado con rocalla barroca. En la parte superior, se ubica una cornisa sostenida por ménsulas y sobre ellas una hornacina con el emblema de la orden dominica. Rematando el conjunto, encontramos el busto de San Fernando, con orbe y espada, recordando la fundación regia del convento.

A la derecha se sitúa otra portada, de menor tamaño, por la que se accede directamente al extremo del brazo derecho del crucero. Al igual que ocurre con la portada de los pies, permanece habitualmente cerrada. Se trata de una portada adintelada, con frontón curvo partido en el centro del que se abre una hornacina con Santo Domingo. Sobre los lados del frontón, encontramos recostados dos perros que sostienen antorchas con la boca, símbolos del santo y de la orden:

«La Leyenda (primera biografía de Santo Domingo) narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa "del Señor". De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando "el perro del Señor" o el vigilante de la viña del Señor».

Además, en la decoración aparecen también otros símbolos relacionados con la orden dominica, como las estrellas o las azucenas.

A pesar de la dificultad para contemplarla desde las proximidades, el elemento más característico del templo desde el exterior es su magnífica cúpula. Fue la primera levantada en Sevilla sobre tambor, siendo seguida en esta característica por las de El Salvador y San Luis de los Franceses, proyectadas también por Leonardo de Figueroa. En concreto, se trata de un tambor octogonal, sobre el que se levanta la semiesfera rematada por una gran linterna, también de planta octogonal. Como remate se coloca una enorme corona real de hierro forjado, recordando la fundación del convento por la iniciativa regia de Fernando III y su fuerte vinculación histórica con la Corona.

Es la primera cúpula levantada por Leonardo de Figueroa y en ella deja ya claros algunos de los elementos definitorios de su estilo, como la rotundidad de la linterna o la riqueza de elementos decorativos, que además muestran una notable variedad cromática. Estos elementos decorativos tienen una clara lectura iconográfica vinculada con la labor evangelizadora de la orden en América. Para hacer alusión a ello, se incluyen una serie de elementos escultóricos inspirados en representaciones artísticas de algunas de las culturas prehispánicas, reinterpretados de una forma pintoresca.

Así, por ejemplo, la linterna se halla rodeada por una serie de amerindios que ejercen como telamones, es decir, que sostienen sobre sus cabezas la cornisa. Además, en las antefijas aparecen máscaras de rasgos negroides muy enfatizados, que portan unos curiosos tocados de plumas en varios colores. Otros personajes semi-fantásticos aparecen en otras partes de la fachada como en las pilastras, inspirados en el arte prehispánico pero de una manera muy deformada.

En la fachada exterior, la iglesia cuenta con dos retablos cerámicos. A los pies, en la fachada de la calle Cristo del Calvario, encontramos uno dedicado a la Virgen del Amparo, patrona de la parroquia. Fue realizado en la década de 1940 por Antonio Muñoz Ruiz para la fábrica de Mensaque y está protegido por un pequeño tejaroz iluminado por dos hermosos faroles de forja.

Hacia la calle San Pablo se ubica otro retablo cerámico, dedicado en este caso al Cristo del Calvario. Fue pintado en 1942 por Alfonso Córdoba en la trianera fábrica de Pedro Navía. También se halla protegido por un tejaroz, en este caso de grandes dimensiones. Se halla cubierto por tejas vidriadas y sostenido por dos ménsulas de forja que imitan formas vegetales.

Además, encontramos al exterior diversas placas conmemorativas, como la que mencionamos anteriormente en referencia a Bartolomé de las Casas. La más hermosa es una pieza de mármol elíptica rodeada por una impresionante moldura barroca de formas curvas. Procede del antiguo convento de San Francisco, que se encontraba en la actual Plaza Nueva, y fue trasladada a esta parroquia tras su demolición en el siglo XIX. Probablemente fuera originalmente una lápida sepulcral, tal y como se desprende de la emotiva inscripción, extraída de una texto de San Bernardo de Claraval:

«NIHIL DULCIUS MIHI QUAM TECUM MURI, ET NIHIL AMARIUS QUAM VIVERE PORT MORTEM TUAM, JESU FILI MI. TU MIHI PATER, TU MIHI SPONSUS, TU MIHI FIUIUS, TU MIHI IMNIA ERAS. NUNO ORROR PATRE VIDUOR SPONSO DESOLOR PROLE, OMNIA PEDRO FILI MI, QUID ULTRA PACIAM?» 

«Nada más dulce para mí que morir contigo y nada más amargo que vivir después de tu muerte. Jesús, hijo mío. Tú eres para mí, padre. Tú eras para mí, esposo. Tú para mí, hijo. Tú para mí lo eras todo. Ahora sin mi padre estoy huérfana. Sin mi esposo, viuda. Sin mi hijo, sola. Todo lo pierdo, hijo mío. ¿Qué haré en adelante?»

Otra placa alude a la fundación regia del convento de la mano del mismo San Fernando:

«San Fernando III Rey de Castilla  y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla»

Una última placa se refiere a la concesión de indulgencias extraordinarias con motivo de la consagración del templo en 1724:

«N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren».

Interior

 

Decoración pictórica

La primera sensación al acceder a la iglesia es la de grandiosidad, debido a sus elevadas dimensiones y a su profusión decorativa. Los muros se hallan intensamente ornamentados, con decoración escultórica que se concentra sobre todo en las cornisas y el perfil de los arcos, reproduciendo formas vegetales y rocalla barroca. 

Estos mismos elementos se repiten en la decoración pictórica, que cubre los muros prácticamente por completo, en un complejo programa iconográfico dirigido por Lucas Valdés. En los pilares que separan las naves laterales de la central se dispone la representación de los apóstoles (con la excepción de Judas Iscariote) y San Pablo. La mayor parte fueron ejecutados por Clemente Torres, aunque también intervinieron otros artistas como Alonso Miguel de Tovar, Germán Lorente y el propio Lucas Valdés. 

En los machones que delimitan el espacio del crucero, se representan así mismo una serie de dieciséis santos y beatos dominicos: Benedicto XI, Gonzalo de Amarante, Pedro Mártir, Antonino, Juan Martín de Coloma, Agustín Gaz Otto, Pío V, Alberto Magno, Jacinto, Jacobo de Meranía, Raimundo de Peñafort, Pedro González Telmo, Luis Beltrán, Enrique Susón, Vicente Ferrer y Ambrosio Sacedonio. Según el profesor Enrique Valdivieso, “todos ellos muestran las características del estilo de Lucas Valdés”. 

A Lucas Valdés se deben también las grandes composiciones que se disponen en torno al presbiterio:

- “El Triunfo de la Fe”, en la bóveda sobre el altar mayor. La figura alegórica de la fe aparece enmarcada por un aparatoso marco de arquitectura fingida que imita la sensación de profundidad. Aparece escoltada por San Miguel, San Rafael y toda una corte de ángeles que revolotean y tocan instrumentos musicales.

- “La Entrada triunfal de san Fernando en Sevilla”, en la parte superior del extremo izquierdo del crucero. El rey aparece acompañado de figuras de la orden, como el propio santo Domingo. Participan en una procesión de la Virgen de los Reyes junto con numerosos prelados. A ambos lados, se representan las figuras alegóricas de la fortaleza y la templanza. Se muestran sobre escudos reales y las acompañan representaciones de musulmanes maniatados que simbolizan a los vencidos en la conquista. En la parte superior de este mismo muro, dos hornacinas acogen a dos de los padres de la Iglesia: san Ambrosio de Milán y san Gregorio Magno.

- “Auto de fe”, situado justo enfrente del anterior, en el extremo derecho del crucero. Se ha querido identificar con el proceso celebrado en 1703 en el que fue condenado el mercader de Osuna, Diego Duro. Enrique Valdivieso nos dice que “esta pintura fue en fechas posteriores destruida parcialmente, en la figura del condenado para evitar su identificación, en torno a 1750, quizás a instancias de los descendientes del reo. En esta pintura de la orden dominica se vuelve a hacer apología de sus méritos como defensora de la fe y de la ortodoxia, pues son precisamente religiosos dominicos los que acompañan al reo que va a lomos de un asno hacia el cadalso”. A ambos lados se sitúan dos nuevas figuras alegóricas, esta vez representando a la Religión y a la Justicia aplastando la herejía, ambas respaldadas por escudos de la orden dominica. De nuevo, en la parte superior del muro, encontramos a los otros dos padres de la Iglesia: San Agustín de Hipona y San Jerónimo de Estridón.

- La decoración pictórica del interior de la cúpula es también obra de Lucas Valdés y está centrada en la exaltación de la Virgen María. El interior de la cúpula está decorado por pinturas al fresco de Lucas Valdés. En cada uno de los gajos, una pareja de ángeles sostienen una letra dorada profusamente ornamentada. En conjunto forman la inscripción AVE MARÍA.

En el interior de la linterna, en el punto más elevado de todo el espacio, aparece un esplendoroso sol dorado sobre un fondo azul oscuro, en torno al que puede leerse la inscripción latina ET CAEPISSE EST ALQUID, SED FINIS FACTA. Es decir, haber empezado es algo, pero el final debe alcanzarse. 

- En los muros laterales del presbiterio se ubican dos grandes lienzos  que tienen como tema “David ante el Arca de la Alianza” y la “Ofrenda del Sumo Sacerdote Melquisedec”, ambos con escenas de connotaciones eucarísticas. 

Por último, en el muro derecho de la iglesia, junto al acceso principal, encontramos una de las pinturas más interesantes de la iglesia. Fue realizada por Lucas Valdés hacia 1710 y representa la Batalla de Lepanto. Más concretamente, "La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la batalla de Lepanto". Según la tradición la Virgen del Rosario intercedió en favor de las tropas cristianas el 7 de octubre de 1571 tras la oración del papa Pío V, que más tarde establecería este día como el día del Santo Rosario.

Capilla de la Quinta Angustia 

Tras acceder a la iglesia por la puerta principal, se encuentra a la derecha una gran capilla que es en la actualidad la sede de la Hermandad de la Quinta Angustia. Es el resultado de la unión de tres capillas funerarias anteriores, que pertenecieron a las familias de los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. De ellas se conservan algunos elementos, como las tres preciosas bóvedas ochavadas con decoración de lacería mudéjar que cubren los distintos tramos de la capilla. Se construyeron alrededor del 1400, por lo que son parte sobreviviente del primitivo templo gótico mudéjar anterior al actual. 

El altar de la capilla se halla presidido por el misterio del Señor del Descendimiento, titular de la hermandad. Se trata de un grupo con obras de diversos autores y cronología. El Cristo es obra de Pedro Roldán de hacia 1660 y el resto de las figuras fueron talladas en su taller por alguno de sus discípulos. La excepción es la Virgen de la Quinta Angustia, obra contemporánea de Vicente Rodríguez Caso (1934).

Delante del misterio del Descendimiento, encontramos un magistral Niño Jesús realizado por el escultor renacentista Jerónimo Hernández hacia 1580. Podría considerarse un antecedente del famoso Niño Jesús que Martínez Montañés haría para la iglesia del Sagrario en 1606. 

Del mismo autor, conserva la hermandad un Cristo Resucitado con unas proporciones, calidad y serenidad en su anatomía que lo hacen una de las esculturas más señeras del Renacimiento sevillano. Se conoce la fecha exacta de su encargo, 1582.

Posee también la capilla una excepcional colección pictórica. Se trata de una serie de lienzos pintados por Valdés Leal hacia 1660 y que originalmente formaban parte del retablo mayor y dos retablos laterales de la iglesia de San Benito de Calatrava, que se encontraba en un desaparecido convento que esta orden tenía muy cerca de la antigua puerta de la Barqueta. Los retablos laterales estaban compuestos por una sola pintura cada uno, con el “Calvario” y la “Inmaculada”. El retablo mayor constaba de dos cuerpos y ático. En el centro del primer cuerpo había una representación de “La Virgen con san Bernardo y san Benito” que no se ha conservado. A los lados se ubicaban "San Juan Bautista", "San Andrés", "Santa Catalina" y "San Sebastián". En el centro del segundo cuerpo se situaba el “San Miguel”, flanqueado por "San Antonio de Padua" y "San Antonio Abad". En el ático se situaba una representación de “Dios Padre”, que se ha perdido también. 

Todas las obras estuvieron en el Museo del Prado en 1991 participando en la exposición monográfica sobre su autor.

Presbiterio

El presbiterio se halla presidido por un magnífico retablo diseñado por Pedro Duque Cornejo a principios del siglo XVIII. Con dieciséis metros de altura, es el segundo mayor de la ciudad, tras el de la catedral. Está dividido en tres calles separadas por columnas salomónicas, que se articulan a su vez horizontalmente en banco, dos cuerpos y ático. Las esculturas son todas obras del propio Duque Cornejo, con excepción de las que representan a la Magdalena y a San Pablo en las hornacinas centrales.

En la hornacina central del primer cuerpo se sitúa la titular del templo, Santa María Magdalena, con una notable talla realizada por Felipe Malo de Molina en 1704. Está flanqueada por Santo Domingo y San Francisco de Asís en las calles laterales. En el centro del segundo cuerpo encontramos una talla anónima del siglo XVII representando a San Pablo, que, cabe recordar, era el primitivo titular de esta iglesia. Tiene a ambos lados a los papas dominicos Benedicto XI y Pío V.

En el ático volvemos a encontrar a San Pablo, esta vez en un relieve que reproduce la escena de su Conversión. A los lados, se sitúan dos santas dominicas, Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima.

A ambos lados del presbiterio, bajo los dos grandes lienzos de Lucas Valdés ya mencionados, se ubican sendas portadas de mármol, enmarcadas por columnas salomónicas y rematadas por las esculturas alegóricas de la Fe y la Caridad. 

Coro 

Se ubica a los pies del templo, separado del resto de la iglesia por una pequeña verja. El soto coro se halla cubierto por bóveda de cañón rebajada con lunetos que sujeta el coro alto. Está ricamente decorada con ocho frescos de Lucas Valdés con escenas del Antiguo Testamento. 

Sobre los arcos formeros contiguos al coro alto, se sitúan dos espacios a modo de balcón sobre los que se sitúan dos órganos. El del lado del Evangelio es de caja barroca y “de autor desconocido, solo queda la caja y tubos exteriores, no está en uso. El órgano situado en el lado de la epístola fue construido por Juan Debono en 1795, este si funciona”. (Ayarra Jarne, J., Órganos en la provincia de Sevilla, Consejería de Cultura, Centro de Documentación Musical de Andalucía, [Granada], 1998, fecha de consulta 13 marzo 2019)

 

 

Capillas y retablos del lado del Evangelio (izquierda)

Hagamos un recorrido por la iglesia empezando por los pies de la nave del Evangelio en el sentido de las agujas del reloj.

 

· Capilla de la Virgen del Rosario, situada a los pies de la nave del Evangelio, junto al coro. Posee un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por una talla de vestir, obra de Cristóbal Ramos en el siglo XVIII. La flanquean dos pequeñas tallas barrocas, con toda probabilidad provenientes de un retablo anterior, que representan a san Francisco de Paula y a santa Catalina de Siena.

 

· Junto a la Capilla del Rosario, a los pies del lado de la derecha, se ubica un retablo barroco del siglo XVIII que en la actualidad se halla presidido por una imagen moderna de la Virgen de la Medalla Milagrosa. En los lados se ubican dos tallas de santos monjes que han perdido alguno de los atributos que los identificaban. Por su vinculación con los dominicos, podría tratarse de santo Tomás y santo Domingo. En el centro del ático, un relieve representa “La Aparición de la Virgen a Santo Domingo”. El retablo se articula mediante una serie de hermosas columnas salomónicas fajadas, muy características del momento en el que fue construido. 

· Siguiendo por el muro de la izquierda, nos encontramos con un retablo marco que alberga un lienzo que representa “Las Ánimas del Purgatorio”. En él, un grupo de ángeles interceden por las almas que arden en el Purgatorio, en presencia de la Santísima Trinidad, que preside el lienzo en la parte superior. Fue realizado hacia 1775 por Vicente Alanís Espinosa.

 

· El siguiente retablo es también del siglo XVIII y en la actualidad se halla presidido por una imagen de la Virgen del Buen Consejo, tallada por Sebastián Santos Rojas hacia 1950. En las calles laterales, encontramos dos hermosas esculturas de Santa Catalina y Santa Bárbara. En el ático, un relieve parece representar el sueño de la beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo. La escena tiene como contexto un curioso marco arquitectónico en el que se finge la profundidad. A ambos lados se ubican dos santas dominicas, probablemente Santa Catalina de Ricci y Santa Inés de Montepulciano.

 

· Junto al retablo de la Virgen del Buen Consejo se encuentra una curiosa pintura sobre la pared que constituye un trampantojo o ilusión óptica. Fue pintada en 1996 y reproduce el acceso al antiguo claustro del convento, que se encontraba justo en esa dirección, en el lugar que hoy ocupa el Hotel Colón. El convento estaba siendo utilizado como sede del Gobierno Civil en Sevilla cuando fue destruido por un incendio en 1906.

· En los brazos del crucero encontramos varios retablos. El primero de ellos data de principios del siglo XVIII y está atribuido a Cristóbal de Guadix. Lo preside el llamado Nazareno de las Fatigas, una imagen de Jesús sujetando la cruz tallada por el escultor Gaspar del Águila y policromado por el pintor Antonio de Arfián en 1587. Fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila en 2009. La cruz es la original y está hecha de carey ribeteado en plata. En las calles laterales, entre hermosas columnas salomónicas policromadas en verde y dorado, se ubican San Antón Abad y San Alberto. En el centro del ático se sitúa San Miguel matando al dragón, flanqueado por dos santos dominicos.

· Junto a la entrada a la sacristía, en el extremo izquierdo del crucero, se ubica un altar barroco con la magnífica talla renacentista de la Virgen de las Fiebres. Es una imagen de la Virgen con el Niño, obra del escultor salmantino Juan Bautista Vázquez "el Viejo" de hacia 1565, considerada una de las más destacadas muestras de la escultura de este período en la ciudad. El apelativo "de las Fiebres" viene porque a ella se encomendaban las mujeres que habían dado a luz recientemente para evitar las temibles "calenturas", causa histórica de una gran mortandad. La imagen sustituyó a una anterior con la misma advocación que se perdió durante un derrumbe. 

Según la tradición, la madre del rey Pedro I rezó fervorosamente ante la imagen anterior pidiendo la salvación de su hijo, por entonces gravemente enfermo. Al sanar el rey, la madre entregó a la iglesia como agradecimiento una talla en plata del monarca orando ante la Virgen. Al parecer, la efigie del rey fue retirada al perder este el trono en la guerra con su hermanastro Enrique de Trastámara.

 

· Al otro lado de la entrada a la sacristía, un retablo alberga un conjunto escultórico con San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña. La composición original contaba solo con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y su autor es probablemente Francisco Antonio Ruiz Gijón hacia 1675. La imagen de San Joaquín que aparece al fondo es obra del siglo XVIII de Cristóbal Ramos y procede de otro retablo, como atestigua la diferencia en el tamaño.

· La siguiente capilla, ya paralela al presbiterio, está dedicada a Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores. Se trata de una obra temprana de Pedro Roldán (h. 1650) que se acerca más a los modelos castellanos que a los habituales en Sevilla: María aparece arrodillada al pie de la cruz y con la mirada dirigida al cielo. Además, es una talla completa y no de vestir, como suele ser habitual en la ciudad. La imagen era titular de una hermandad que llegó a ser enormemente popular. Tenía su sede en la actual Capilla de Montserrat y a ella pertenecía también como titular el actual Cristo de la Salud de la hermandad de la Candelaria.

El retablo en el que se ubica es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a San Pablo, como muestran los dos relieves de las calles laterales, que muestran su “Decapitación” y una “Apoteosis” del santo, en la que unos ángeles lo elevan hacia el Cielo.

 

· En el pilar que separa la capilla de la Antigua de la siguiente, encontramos un retablillo con una imagen de vestir de Santa Rosa de Lima, religiosa dominica nacida en el Virreinato del Perú que fue la primera americana canonizada en la historia de la iglesia.

· La siguiente capilla, ya junto al presbiterio, es la dedicada a la Virgen del Amparo, una magnífica talla renacentista realizada por el escultor flamenco Roque Balduque en 1555. Es una de las imágenes más hermosas de la iglesia y está considerada la patrona del barrio, por cuyas calles procesiona cada segundo domingo de noviembre.

El retablo es una obra de principios del siglo XVIII y parece que acogió originalmente al Cristo del Gonfalón, del que hablaremos más tarde. En las calles laterales se ubican San José con el Niño y San Hermenegildo, mientras que en el centro del ático se representa la Anunciación, flanqueada por San Joaquín y Santa Ana.

Capillas y retablos del lado de la Epístola (derecha):

 

· Junto al presbiterio, a la derecha, la primera capilla es la del Santísimo Cristo del Calvario, sede de la hermandad que lo tiene como titular. El Cristo es una magnífica obra de Francisco de Ocampo, realizada en 1611 siguiendo el modelo del Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. A ambos lados, las imágenes de la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista, ambas de Juan de Astorga del siglo XIX. El retablo es del siglo XVIII y posee en el centro del ático una escena con la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo y Santa Catalina de Siena.

· En el pilar que separa esta capilla de la siguiente, se ubica un retablillo con una imagen de Santa Mónica del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldán.

 

· La siguiente capilla está dedicada a San Antonio de Padua, con una imagen del santo anónima del siglo XVII. El retablo es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a Santa Catalina de Siena, tal y como se puede leer en la reja que cierra la capilla. De hecho, en el ático conserva un relieve con "La Estigmatización de Santa Catalina".

· En el extremo derecho del crucero se ubican dos retablos, a cada uno de los lados de un cajón de acceso a la iglesia que permanece siempre cerrado. El primero está dedicado a la Virgen del Carmen, con una hermosa imagen de vestir anónima del siglo XVIII. El de la derecha está dedicado a San José, con una espléndida talla atribuida a Juan Martínez Montañés y datada hacia 1610. Tradicionalmente han existido dudas sobre su autoría, pero tras la última gran exposición sobre el maestro, se estableció su autoría debido a su similitud con otro San José que se conserva en el convento de las Teresas y por lo parecido que es el Niño al que porta el San Cristóbal de la iglesia del Salvador.

· Haciendo esquina junto al retablo de San José, encontramos un retablo del siglo XVIII que se halla presidido en la actualidad por una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. Lo acompañan en las naves laterales San Francisco y Santo Domingo, originales del retablo. En el ático encontramos un Santo Tomás orando de rodillas.

 

· Siguiendo por el muro derecho, junto a la Capilla Sacramental, se ubica un retablo presidido por el relieve de la Asunción de la Virgen, obra de Juan de Mesa de 1619. A pesar de algunas dudas expresadas sobre su autoría, se ha conservado el contrato en el que se le encarga al artista, donde se especifica que cuatro ángeles “la van subiendo a los cielos, con un trono de serafines a sus pies y sus nubes alrededor (…) con más dos niños por remate; más de medio relieve y los niños redondos”. En el ático, otro relieve muestra la Coronación de la Virgen.

· A la mitad del muro de la Epístola se abre la capilla sacramental, un espacio de planta rectangular ubicado junto al acceso principal a la iglesia. Justo frente a la entrada, una vitrina acoge una espléndida custodia procesional de plata con más de dos metros de altura. Se realizó en distintas fases entre finales del siglo XVII. “Es la obra realizada por tres artistas plateros del siglo XVII, pero siguiendo el diseño del que la inició, Diego de León, en 1678. La continuó en 1679 el platero Cristóbal Sánchez de la Rosa, y la finalizó Juan Laureano de Pina en 1692”. (Arzobispado de Sevilla)

El retablo es de estilo neoclásico, realizado en 1817. Alberga en su hornacina central una Inmaculada del siglo XVIII atribuida a Benito Hita del Castillo, que procesiona el día del Corpus acompañando a la Custodia junto con el Niño Jesús de Jerónimo Hernández. En las calles laterales del retablo encontramos las tallas de San Miguel y San Rafael, realizadas por Duque Cornejo también en el siglo XVIII. En el ático, una pintura de la época del retablo representa a la Santísima Trinidad. 

La Capilla alberga el sepulcro de Francisco Arias de Saavedra, ministro de Carlos III y dos lienzos de Zurbarán de hacia 1626. El primero  muestra la "Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans" y el segundo "Santo Domingo en Soriano". Odile Delenda, en su catálogo de la obra de Zurbarán, lo describe así: 

«La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el Monasterio de Soriano es un tema grato de la Contrarreforma, que tuvo un éxito considerable en toda la Europa católica del siglo XVII. Cada Orden religiosa quería representar a sus santos con su ‘vera effigies’. Un fraile dominico del Convento de Soriano en Calabria, muy devoto al fundador, deseaba saber cómo serían sus verdaderos rasgos. En el año 1530, haciendo oración, se le apareció la Virgen, junto con las santas Catalina y Magdalena quienes le ofrecieron un retrato de Santo Domingo. Dicho milagroso retrato lo representa de pie, frontalmente, llevando el lirio y un libro de su regla. El supuesto retrato está conservado en la Iglesia de San Romano de Lucca y muchas copias y grabados circularon por los conventos de la Orden».

· En el mismo muro derecho, al otro lado del acceso principal a la iglesia, encontramos un marco-dosel barroco que alberga un relieve del siglo XVIII con “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”.

 

· A continuación, siguiendo hacia los pies, se ubica un retablo también del XVIII presidido en la actualidad por la imagen de Santa Rita de Casia, de gran devoción en el mundo católico como intercesora en causas difíciles. En las calles laterales se ubican San Juan Nepomuceno y San Alberto, mientras que en el ático, un relieve representa la “Liberación de San Pedro”, flanqueado por dos santos dominicos. 

· A los pies de la nave de la Epístola se ubica la Capilla Bautismal, que conserva la pila en la que fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618, tal y como recuerda una placa de mármol en uno de los muros. La capilla se halla presidida hoy por un interesante crucificado del siglo XVI conocido como Cristo de Confalón o Gonfalón. Presenta rasgos bastante arcaizantes que lo acercan a la escultura gótica y transmiten un conmovedor patetismo. 

Originalmente fue titular de una cofradía que se dedicaba a las obras de misericordia, siguiendo el ejemplo de una hermandad con la misma advocación asentada en Roma. Se ha atribuido la imagen a Nicolás de León, ya que en la iglesia de la Victoria en Écija existe un crucificado muy similar de este autor que además tiene la misma advocación, siendo en la actualidad una de las imágenes más destacadas de la Semana Santa astigitana.

El crucificado se encuentra acompañado por una Dolorosa y un San Juan, formando un Calvario. Son de una cronología similar al Cristo y podría tratarse de obras del mismo autor.

IGLESIA DE SAN ALBERTO

La iglesia de San Alberto es el templo del convento del mismo nombre, que en la actualidad acoge a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (padres filipenses). Se trata de una iglesia de una sola nave levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero con profundas reformas en los siglos posteriores.

Historia

El convento perteneció originalmente a la orden de los Carmelitas, que fundaron el convento de San Alberto en 1602 como centro de estudios superiores. La iglesia no se consagró hasta 1626 y las obras continuaron algunos años más, con la finalización de la capilla mayor en 1640.

El convento y la iglesia sufrieron considerablemente durante la ocupación francesa (1810-1812), cuando el conjunto fue transformado en un cuartel para las tropas napoleónicas. Se perdió entonces buena parte de su patrimonio artístico.

Tras la guerra, los carmelitas volverían al convento, aunque no sería por mucho tiempo. Tras la Desamortización de Mendizábal (1636) fueron obligados a abandonarlo. Desde ese momento pasó por diversos usos, como sede de la Real Academia de Buenas Letras o colegio de segundas enseñanzas. Finalmente, fue adquirido por los padres filipenses a finales del siglo XIX.

Se inició entonces una disputa con los carmelitas, antiguos titulares del inmueble, que defendían su derecho a volver al mismo. Finalmente, por intermediación del Cardenal Spínola, los carmelitas se asentaron en el antiguo hospital del Buen Suceso, donde permanecen en la actualidad. Para sellar la paz, los filipenses tuvieron que entregarles algunas obras artísticas de especial relevancia que se encontraban originalmente en esta iglesia y que hoy se encuentran en el Buen Suceso. Podemos citar la magnífica “Santa Ana presentando a la Virgen en el Templo”, de Martínez Montañés, o las tallas de “San Alberto” y “Santa Teresa”, de Alonso Cano.

Descripción

La iglesia responde a un modelo tardo-manierista que encontramos en otras ocasiones en Sevilla. Cuenta con planta rectangular y una sola nave, de gran amplitud. Se divide en cinco tramos mediante grandes contrafuertes. Entre ellos se abren una serie de capillas-hornacinas laterales, sobre las que corre una tribuna.

La cubrición se hace mediante bóvedas rebajadas con lunetos y arcos fajones. Especialmente interesante es la cúpula elíptica que cubre el crucero. Se asienta sobre pechinas y en ella se abren ocho óculos que le aportan luminosidad.

El presbiterio se encuentra ligeramente elevado con respecto al resto de la iglesia y a los pies del templo se ubica el coro alto, asentado también sobre una bóveda rebajada con lunetos.

Exterior

El acceso a la iglesia se hace por una sencilla manierista abierta a los pies del muro derecho. Se trata de una obra de líneas muy sencillas que se ha relacionado con el arquitecto Diego López Bueno. Sobre la puerta se ubica un frontón partido con una hornacina en el centro. La escultura representa a San Alberto y fue tallada en 1626 por Alonso Álvares de Albarrán, discípulo de Martínez Montañés. Presenta algún resto de policromía, pero probablemente procede de alguna restauración en el siglo XIX.

En un curioso chaflán al lado izquierdo de la portada se encuentra una capilla abierta con dos cuerpos. El primero y más grande está dedicado a la Virgen del Carmen, mientras que el superior alberga un azulejo de la Virgen del Perpetuo Socorro. A la derecha de la portada encontramos otro retablo cerámico, esta vez reproduciendo la talla de San Felipe Neri que se encuentra en el interior de la iglesia. Lo pintó Fernando Orce para la trianera fábrica de Pedro Navia hacia 1955.

Aunque es difícil de ver desde la fachada, la iglesia cuenta con una torre campanario visible desde las calles aledañas. Presenta la habitual decoración de azulejería de las torres campanario sevillanas y está datada en 1739. Es muy probable que la torre sea anterior y que esta fecha se corresponda a una gran reforma que se tuvo que acometer después de que en 1736 quedara muy dañada al caerle un rayo.

Interior

El retablo mayor es de estilo neoclásico y se hizo en sustitución de uno anterior de estilo barroco destruido durante la ocupación francesa. En su gran hornacina central, se ubica un Crucificado que reproduce al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Fue realizado en 1791 por un escultor llamado Ángel Iglesias del que no se conocen otras obras.

A los pies de la Cruz se ubica una Dolorosa de vestir, anónima del siglo XVIII. Es de una calidad notable y se ha señalado que podría ser la primitiva dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, “Iglesias de Sevilla”). 

En las calles laterales se sitúan Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca, interesantes obras de Duque Cornejo (XVIII). En el ático encontramos esculturas anónimas datadas en la misma época que el retablo. En el centro, un conjunto representa “La Apoteosis de San Alberto”, y a los lados se sitúan San Elías y Santa Teresa.

En el área del presbiterio, son también interesantes los ángeles lampareros, realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, uno de los escultores más destacados de esta centuria en Sevilla.

El resto de retablos son neoclásicos, del siglo XIX, y no son de una calidad considerable. Se pueden mencionar algunos de ellos por poseer algún aspecto de interés:

- Retablo de la Virgen de Valvanera. En su hornacina central alberga una interesante imagen de principios del XIX que reproduce a la Virgen de Valvanera, patrona de la Rioja. La flanquean en las calles laterales los beatos Antonio Gassi y Juan de Ávila. En el ático se ubica una pintura con “La Lactación de San Bernardo”, anónimo del XVIII, que refleja la tradición medieval según la cual la Virgen María se apareció al santo para otorgarle el don de la elocuencia dándole de beber su propia leche materna. A ambos lados se ubican dos santos, presumiblemente carmelitas, pero no identificados.

- Retablo de San José. Situado junto al anterior en el lado izquierdo de la iglesia. Lo único reseñable es la talla central que representa a San José con el niño Jesús en los brazos. San José ha sido tradicionalmente una de las devociones predilectas de los carmelitas. Aquí lo encontramos en una talla realizada por el escultor sevillano Cristóbal Ramos hacia 1782. Es de destacar la conmovedora delicadeza con la que San José apoya la mejilla sobre la cabeza del Niño. 

- Retablo de San Antonio. Se ubica en una de las hornacinas del lado del Evangelio (izquierdo). El retablo y la talla central no presentan demasiado interés desde el punto de vista artístico, pero sí que cabe destacar las cinco pinturas que lo decoran. Representan a los Cuatro Evangelistas en las calles laterales y “La Coronación de la Virgen” en el ático.  Históricamente se atribuyeron a Francisco Pacheco, pero hoy se consideran obras de Juan del Castillo de hacia 1632.

- Retablo de San Felipe Neri. Situado en el lado derecho del crucero, enfrente del retablo de la Virgen de Valvanera. Su interés radica en la talla del santo que ocupa la hornacina central. Se trata de una obra de gran calidad que en ocasiones se vinculó a la producción de Pedro Roldán. Hoy en día se la considera más bien una obra de Duque Cornejo, a partir de una atribución hecha por Manuel García Luque, que sitúa su datación a principios del siglo XVIII. 

- Retablo de la Natividad. Se sitúa junto al de San Felipe Neri, en el lado de la Epístola. Destaca sobre todo el conjunto escultórico de la Natividad que se ubica en la hornacina central, datado en el siglo XVIII. A los lados se sitúan San Joaquín y Santa Ana. Ambos parecen del siglo XVII, aunque al parecer no se realizaron de manera conjunta, ya que la figura de san Joaquín es algo menor.

El resto de retablos son interesantes por el valor devocional más que por el artístico. Están dedicados a advocaciones tan populares como el Sagrado Corazón, la Virgen del Perpetuo Socorro o San José.

Fachada trasera del Costurero de la Reina en Sevilla

EL COSTURERO DE LA REINA

El Costurero de la Reina, que data de 1893, es el primer edificio de estilo neomudéjar con el que contó Sevilla. Fue encargado por la infanta María Luisa, duquesa de Montpensier, para que sirviera como alojamiento para los guardas de los jardines de su palacio de San Telmo.

Juan Talavera y de la Vega fue su arquitecto y concibió el proyecto como un pequeño y romántico castillo, con torreones en los extremos. En sus fachadas se van alternando el color albero y almagra, en una disposición en franjas a la que el arquitecto recurriría también unos años después en otra de sus obras más célebres, la Casa Mensaque de la calle San Jacinto, actual sede del distrito de Triana.

Elementos como los arcos que enmarcan puertas y ventanas, o las preciosas almenas que rematan todo el conjunto, evocan directamente al pasado islámico de la ciudad, siguiendo la tendencia historicista que tiene tanto peso en la arquitectura regionalista sevillana.

El nombre de Costurero de la Reina le viene porque la tradición sitúa allí a María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier, cosiendo durantes las tardes mientras que aguardaba la visita de su enamorado, el joven rey Alfonso XII, que vendría a cortejarla desde el cercano Alcázar. Ambos eran primos hermanos y a pesar de la oposición de la madre del rey y de parte del Gobierno, acabaron casándose en la Basílica de Atocha de Madrid cuando Mercedes contaba sólo con 17 años. La historia de amor tuvo pronto un final trágico, ya que la joven reina murió apenas cinco meses después de su matrimonio, enferma de tifus. 

El romance de Mercedes y Alfonso gozó de una gran popularidad, llegando a inspirar canciones infantiles, coplas y hasta un par de películas. Sin embargo, parece claro que el edificio que tratamos hoy no sirvió en realidad como escenario para aquella historia de amor. Mercedes murió en Madrid en 1878, quince años antes de que se construyera el Costurero. En una ciudad tan dada a la leyenda como Sevilla, a veces es difícil separar la historia del romance.