EL ARCO DE LA MACARENA

El arco o puerta de la Macarena es una de las pocas entradas de las murallas de Sevilla que han llegado hasta nosotros, junto con la Puerta de Córdoba y el Postigo del Aceite. Se encuentra anexa al lienzo de muralla más largo de entre los pocos conservados en la ciudad.

Se construcción se enmarcó en la ampliación del recinto amurallado que se acometió en el siglo XII, bajo dominio almorávide. Fue construida por orden del emir Alí ibn Yúsuf e inicialmente tendría una disposición acodada, al igual que sabemos que tuvieron la mayor parte de las puertas Sevilla en época islámica. Esta forma facilitaba la defensa de la ciudad, ya que los atacantes tenían que superar varias puertas sucesivas colocadas en ángulo una tras la otra, mientras que podían ser hostigados desde la parte superior de las murallas. Al ir completándose la conquista cristiana de la Península, estas defensas se hicieron cada vez más innecesarias y fueron sustituidas por accesos rectos, como el que vemos hoy. Así se facilitaban los accesos a la ciudad, sobre todo para el creciente uso de coches tirados por caballos, que tenían muy difícil la entrada por las antiguas puertas acodadas.

No existe certeza sobre el origen del nombre de la puerta y hay teorías a que apuntan a un remoto pasado romano o incluso anterior. Sin embargo, lo más probable es que el nombre provenga también de época islámica, cuando sería llamada “bab Maqarana”. Al parecer, Maqarana sería el nombre de un terrateniente que tenía grandes propiedades al norte de la ciudad y a las que se llegaba por el camino que partía de esta puerta. De ahí le habría venido el nombre.

Ya en época cristiana, sabemos que fue durante mucho tiempo la vía de entrada principal de los reyes cuando visitaban Sevilla. Luego seguían la llamada Calle Real hacia el centro, coincidiendo con el trazado de la actual calle San Luis. En estas ocasiones, junto a la puerta se montaba una especie de altar en el que el monarca juraba respetar los privilegios, usos y costumbres de la ciudad antes de hacer entrada en ella. Por citar a algunos de los que entraron a Sevilla por esta Puerta, podemos mencionar a Isabel la Católica, el emperador Carlos V o Felipe IV.

El aspecto con el que la puerta ha llegado hasta nosotros se corresponde en su mayor parte a la remodelación a la que fue sometida en el siglo XVIII, cuando se simplificó su estructura y se le añadieron los elementos decorativos que coronan su parte superior. Ya en 1923 se añadió el magnífico retablo cerámico de la Esperanza Macarena que ocupa el centro del frontón. Es una obra realizada en la trianera Fábrica Manuel Rodríguez Pérez de Tudela. A los pies de la imagen de la Virgen puede leerse “ELLA ES TABERNÁCULO DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO”. Con esta obra se resalta la histórica vinculación del arco con la Hermandad de la Macarena, que tiene su Basílica a escasos metros. La escena de la Macarena atravesando el arco de regreso a su templo en la mañana del Viernes Santo es una de las más emblemáticas de la Semana Santa sevillana.

Desde hace unas décadas, el Arco se presenta en general pintado de un color albero muy intenso, combinado con los detalles y las cornisas en blanco. Actualmente se está efectuando una profunda restauración por iniciativa del Ayuntamiento y entre los objetivos marcados está el de recuperar una policromía más acorde con su aspecto original. De esta forma, es posible que en unos meses podamos contemplar esta histórica entrada de Sevilla con un aspecto renovado. ¡Habrá que esperar un poco!

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