REAL ALCÁZAR

Pocas ciudades europeas pueden presumir de conservar un palacio real habitado durante más de un milenio. El Real Alcázar de Sevilla no es únicamente un monumento excepcional: es una auténtica suma de épocas, culturas y estilos artísticos superpuestos a lo largo de los siglos. Desde sus orígenes islámicos en el siglo X hasta las intervenciones barrocas, románticas y contemporáneas, el Alcázar ha ido transformándose sin perder nunca su esencia palaciega. Esa continuidad histórica lo convierte en el palacio real en uso más antiguo de Europa y en una de las obras maestras de la arquitectura civil española.

Recorrer sus patios, jardines y salones es atravesar la historia de Sevilla y, en cierto modo, la historia misma de España. Por sus dependencias pasaron gobernadores musulmanes, reyes castellanos, emperadores, artistas y viajeros. Aquí vivieron figuras como al-Mutámid, Alfonso X el Sabio, Pedro I o Isabel la Católica. Además, ha cogido eventos históricos del calibre de la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en 1526.

En 1987, la UNESCO reconoció este valor universal excepcional declarando al Real Alcázar Patrimonio Mundial junto con la Catedral y el Archivo de Indias.

Historia del Alcázar de Sevilla

El origen del Alcázar se remonta a la Sevilla islámica. En torno al siglo X se levantó la llamada Dar al-Imara o Casa del Gobernador, construida en época omeya como residencia del poder político musulmán. De aquella primera etapa aún sobreviven algunos sectores de muralla y ciertos espacios profundamente transformados con el tiempo.

Durante el siglo XI, en tiempos de los reinos de taifas y bajo la dinastía abadí, el complejo fue ampliado hacia el sur y hacia el río, configurándose el palacio de al-Muwarak (“el Bendito”). La siguiente gran transformación llegó en época almohade, entre los siglos XII y comienzos del XIII. Sevilla se convirtió entonces en capital de al-Ándalus y el Alcázar creció notablemente. De este período se conservan algunos de los espacios más evocadores del conjunto, como el Patio del Yeso o el antiguo Jardín del Crucero, ejemplos excepcionales de la arquitectura almohade sevillana.

Tras la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248, el Alcázar pasó a convertirse en residencia de los monarcas castellanos. El rey santo habitó el palacio hasta su muerte, y su hijo Alfonso X impulsó una de las primeras grandes reformas cristianas con la construcción del llamado Palacio Gótico, levantado en estilo gótico medieval dentro del recinto islámico preexistente.

Sin embargo, la gran edad dorada del Alcázar llegó en el siglo XIV con Pedro I. Entre 1364 y 1366 el monarca mandó construir el extraordinario Palacio Mudéjar, obra culminante del arte mudéjar hispano. Para ello reunió a maestros musulmanes procedentes de Sevilla, Toledo y Granada, creando un edificio que fusiona tradición islámica y ceremonial cortesano cristiano en una síntesis artística única.

A partir del Renacimiento, el Alcázar siguió transformándose. Los Reyes Católicos ampliaron las dependencias privadas; Carlos V añadió las galerías superiores del Patio de las Doncellas y celebró aquí su boda con Isabel de Portugal. En el siglo XVII se reorganizaron accesos y patios, mientras que en el XVIII las reformas borbónicas y los daños provocados por el terremoto de Lisboa de 1755 obligaron a nuevas reconstrucciones.

El siglo XIX dejó una profunda huella romántica en el conjunto, especialmente durante las estancias de Isabel II. Ya en el siglo XX, arquitectos y conservadores como el marqués de la Vega-Inclán, Joaquín Romero Murube o Rafael Manzano dedicaron enormes esfuerzos a la restauración y conservación del monumento.

Arquitectura defensiva en el Alcázar: murallas, puertas y torres

Aunque hoy el Alcázar deslumbra por sus palacios y jardines, su origen fue esencialmente defensivo. El conjunto se articulaba mediante murallas, puertas fortificadas y torres que protegían la residencia del poder político.

La entrada principal sigue siendo la célebre Puerta del León, abierta en la muralla musulmana del siglo XI frente a la actual Plaza del Triunfo. Su nombre procede del león heráldico representado sobre la puerta, símbolo medieval de la monarquía. 

Tras franquear la puerta se accede al Patio del León, antigua explanada militar situada frente a los palacios musulmanes. En época moderna llegó incluso a albergar el gran Corral de la Montería, uno de los teatros más importantes de la Sevilla barroca.

Las murallas almohades, reforzadas mediante torres y almenas, delimitaban distintos recintos interiores y protegían los jardines y espacios residenciales. Parte de esas estructuras aún se integran en el paisaje del Alcázar, especialmente en las áreas cercanas a los jardines y al Patio de Banderas.

La organización defensiva también se percibe en ciertos recursos arquitectónicos interiores del Palacio de Pedro I. Sus corredores angulados y accesos indirectos, heredados de la tradición palatina islámica, evitaban las perspectivas directas desde el exterior y garantizaban la privacidad y seguridad del soberano.

El Palacio de Pedro I: la cumbre del arte mudéjar

El corazón artístico del Alcázar es el Palacio del Rey Don Pedro, construido entre 1364 y 1366. Su promotor, Pedro I de Castilla, quiso levantar una residencia comparable a los grandes palacios islámicos de la península, especialmente la Alhambra de Granada y los desaparecidos alcázares almohades sevillanos.

El resultado fue una obra maestra del arte mudéjar: un estilo genuinamente hispánico en el que conviven estructuras cristianas con decoración, técnicas y sensibilidad artística islámica.

La monumental fachada del palacio constituye una auténtica declaración de poder. En ella aparecen yeserías, inscripciones árabes, motivos geométricos, azulejería y referencias heráldicas castellanas que sintetizan visualmente la compleja identidad política del reino de Castilla en el siglo XIV. La inscripción fundacional aún recuerda que fue Pedro I quien “mandó facer estos Alcázares y estos Palacios”.

Tras el vestíbulo de entrada se despliega el magnífico Patio de las Doncellas, núcleo ceremonial del palacio. Sus arcos polilobulados, las columnas de mármol y la exquisita decoración de yeserías crean uno de los espacios más refinados de toda la arquitectura medieval europea. Aunque reformado parcialmente en época renacentista, el patio conserva intacta su esencia mudéjar.

Más íntimo y delicado resulta el Patio de las Muñecas, antigua zona privada del monarca. Su escala reducida, la sutileza de sus arcos y la riqueza ornamental hacen que muchos lo consideren una auténtica joya arquitectónica inspirada directamente en modelos granadinos.

La estancia más impresionante del conjunto es, sin duda, el Salón de Embajadores. Concebido como salón del trono. Algunos autores han señalado la posibilidad de que se encuentre en el mismo espacio que el antiguo salón taifa de al-Mutámid. Su gran cúpula de madera, realizada en 1427 por Diego Ruiz durante el reinado de Juan II, simboliza el universo celeste mediante complejas estrellas geométricas entrelazadas.

Todo en este salón transmite magnificencia: los arcos de herradura inspirados en Medina Azahara, las yeserías policromadas, los zócalos de azulejos y la galería de retratos de monarcas españoles pintada a finales del siglo XVI por Diego de Esquivel.

El Palacio de Pedro I no es solo un edificio excepcional; es también el mejor testimonio de cómo las tradiciones artísticas islámicas sobrevivieron y evolucionaron bajo dominio cristiano, dando lugar a uno de los lenguajes más originales del arte español.

El Palacio Gótico: la Sevilla medieval cristiana

Frente al refinamiento mudéjar del siglo XIV, el Palacio Gótico refleja la afirmación del poder castellano tras la conquista de Sevilla. Fue mandado construir por Alfonso X el Sabio a mediados del siglo XIII sobre antiguos espacios almohades.

Originalmente recibió el nombre de Cuarto del Caracol debido a las escaleras helicoidales situadas en sus torres. Aunque el edificio ha sufrido importantes transformaciones posteriores, aún conserva la robustez y monumentalidad propias del gótico medieval.

Sus grandes salas cubiertas con bóvedas de crucería fueron realizadas por canteros burgaleses y posteriormente enriquecidas en época renacentista con zócalos cerámicos y grandes ventanales abiertos hacia los jardines.

Entre sus espacios más conocidos destaca el Salón de Tapices, decorado con magníficos paños relacionados con la conquista de Túnez por Carlos V, y la capilla, con obras pictóricas barrocas.

Este palacio constituye el gran contrapunto cristiano dentro del Alcázar y muestra cómo el conjunto fue integrando estilos diversos sin perder coherencia.

Los jardines del Alcázar

Los jardines del Alcázar ocupan cerca de siete hectáreas y forman uno de los conjuntos paisajísticos más extraordinarios de Europa. Aunque conservan raíces islámicas, la mayor parte de su configuración actual es fruto de sucesivas transformaciones realizadas entre los siglos XVII y XX, especialmente bajo influencia manierista italiana.

El agua actúa aquí como elemento esencial: albercas, fuentes, surtidores ocultos y canales refrescan constantemente el ambiente y multiplican los reflejos de la arquitectura y la vegetación.

Uno de los espacios más emblemáticos es el Estanque de Mercurio, presidido por la estatua del dios romano realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel entre 1576 y 1577. A su lado se alza la espectacular Galería del Grutesco, diseñada por Vermondo Resta en el siglo XVII sobre la antigua muralla almohade.

El Jardín de la Danza conserva el espíritu lúdico del manierismo, con surtidores ocultos que sorprenden al visitante y caminos rodeados de arrayanes y naranjos.

Especialmente evocadores resultan los llamados Baños de Doña María de Padilla, enormes galerías abovedadas bajo el antiguo Jardín del Crucero almohade. La tradición popular vinculó este espacio a María de Padilla, compañera sentimental de Pedro I.

El Jardín de las Damas constituye quizá el mejor ejemplo del gran jardín manierista del Alcázar. Diseñado por Vermondo Resta entre 1606 y 1624 para una visita de Felipe IV, combinaba fuentes, galerías, esculturas mitológicas y complejos juegos de agua destinados a asombrar a los cortesanos.

A todo ello se suman jardines como el del Príncipe, el de Troya, el del Risco o el de la Galera, donde se mezclan aromas de azahar, palmeras, arrayanes y cipreses con restos arqueológicos, fuentes renacentistas y perspectivas palaciegas de enorme belleza.

ANTIGUO CASTILLO DE SAN JORGE

En el lugar en el que hoy se encuentra el Mercado de Triana se edificó en época almohade (XIII) un castillo que luego sería  conocido como castillo de San Jorge. Puede que se hiciera sobre construcciones anteriores, incluso romanas o visigodas, y que se refortificara tras la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). 

‘Annales d'Espagne et du Portugal’, 1741

Contaba con diez torreones que articulaban un robusto espacio fortificado de planta rectangular. Los cristianos fijarían allí la sede de la Inquisición en Sevilla en 1480, por lo que es seguro que fue el escenario de numerosos episodios de prisión y tormento a lo largo de su historia. De algunos de los sucesos ocurridos allí se han hecho narraciones tan geniales como la que ofrece Beethoven en su ópera “Fidelio”, que tiene por escenario este castillo.

Continuó siendo sede de la Inquisición hasta finales del siglo XVIII, cuando fue abandonado. Ya a principios del siglo XIX fue derribado y sobre su solar se levantó un mercado. Al fondo del actual mercado, en la parte que da hacia la calle Castilla, se pueden observar aún hoy algunos de los grandes muros que pertenecieron al primitivo castillo.

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CAÑOS DE CARMONA

Se conoce como Caños de Carmona al acueducto del siglo XII que conducía el agua desde la cercana localidad de Alcalá de Guadaira hasta la ciudad. El nombre 'de Carmona' viene porque el acueducto llegaba a la ciudad junto a la Puerta de Carmona. Desde allí, unas tuberías de arcilla que corrían por dentro de las murallas llevaban el agua hasta el Alcázar.

Parece que los caños se construyeron reaprovechando el trazado de un antiguo acueducto romano, en época almohade, durante el reinado de Yusuf. Originalmente tenían una longitud de unos 17 kilómetros y contarían con alrededor de 400 arcos, levantados sobre robustos pilares de ladrillo. Dependiendo del desnivel del terreno, en algunas zonas se dispuso una arcada simple y en otras fue necesario una doble. En la actualidad, solo quedan algunos fragmentos dispersos siguiendo el eje de la calle Luis Montoto. Es frecuente que los restos se identifique erróneamente con un acueducto romano.

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BAÑOS DE LA REINA MORA

Se trata de unos baños almohades del siglo XIII, que originalmente constituyeron unos de los baños públicos más grandes de los construidos en Al Ándalus. Tras la conquista cristiana de la ciudad, fueron cedidos por Alfonso X a su madrastra, la reina Juana de Ponthieu. Probablemente ese sería el origen del nombre. De 'Baños Moros de la Reina' se habría derivado 'Baños de la Reina Mora', ya que dada la ubicación del complejo, tan alejada del Alcázar, es muy improbable que fueran utilizados por las mujeres de los reyes o emires de la ciudad en época musulmana. 

Continuaron siendo usados como baños tras la conquista cristiana de la ciudad hasta el siglo XVI. Más tarde pasaría a asentarse allí una comunidad de monjas agustinas y ya en el siglo XIX se trasformaría en cuarte de la Comandancia de Ingenieros. El viejo cuartel sería derribado en 1976 durante los años ochenta se iniciaron las excavaciones arqueológicas.

Los baños se articulan en torno a un gran patio, rodeado de columnas con capiteles de mocárabe. Este patio estuvo originalmente cubierto por una bóveda esquifada y probablemente fue la sala templada. Los espacios porticados que se abre en torno al patio se cubre con bóvedas de cañón, en las que se abren unos lucernarios, con la forma estrellada tan característica de los baños árabes.

Al fondo del patio se abren dos estancias rectangulares contiguas que serían originalmente las salas caliente y fría.

En la actualidad, los Baños se hallan anexos a la Hermandad de la Veracruz, que es cotitular del inmueble y gestiona sus visitas.

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BAÑOS ÁRABES DEL BAR GIRALDA

En la Cervecería Bar Giralda se han conservado unos de los numerosos baños públicos con los que contó Isbiliya. En este caso tiene la particularidad de que fueran probablemente los más cercanos a la gran mezquita aljama.

Se han datado a principios del siglo XII, en época almorávide y son probablemente los mejor conservados de Sevilla. Están edificados en ladrillo y cuentan con un gran espacio central, cubierto por una bóveda esquifada asentada sobre trompas, que se sustentan sobre arcos de medio punto. Los arcos asientan a su vez sobre columnas toscanas, añadidas posteriormente en sustitución del soporte original, que con toda probabilidad serían pilares de ladrillo.

A ambos lados de este espacio central se sitúan dos de menores dimensiones, cubiertos por bóveda de cañón. Lo más probable es que el espacio central sirviera como sala templada y las de los lados fueran las salas fría y caliente.

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BAÑOS ÁRABES DEL MESÓN DEL MORO

En este espacio ocupado actualmente por un restaurante se han conservado los restos de uno de los numerosos baños públicos con los que contó la Sevilla islámica. 

Están datados en el siglo XII y han conservado parte de su estructura original en ladrillo, con bóvedas de medio punto asentadas sobre arcos, algunos de ellos de herradura. También podemos ver los lucernarios estrellados originales, tan característicos de los baños árabes.

En el inmueble que ocupan los baños se asentó el llamado Mesón del Moro, un lugar de hospedaje cuyo origen algunos autores remontan a la Edad Media. Al parecer, el nombre derivaría de una concesión de los Reyes Católicos según el cual todos los musulmanes que se hospedaran en la ciudad debían hacerlo en este establecimiento.

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PUERTA REAL O PUERTA DE GOLES

En este espacio se situaba una de las puertas del recinto amurallado de la ciudad. Hoy desaparecida, solo ha llegado hasta nosotros el lienzo de muralla que tenía anexo. Se la llamó Puerta de Goles al menos desde la conquista cristiana de la ciudad hasta el siglo XVI. Pasó a ser denominada Puerta Real a partir de una visita de Felipe II a Sevilla en 1570, siendo el primer rey en entrar a la ciudad por esta puerta. Hasta entonces, los monarcas entraban a la ciudad por la Puerta de la Macarena.

CC BY-SA 4.0

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MURALLA DE LA PLAZA DEL CABILDO

Podemos ver aquí un fragmento de unos 60 metros de muralla, levantada en el siglo XIII creando una alcazaba que se ubicó en esta zona como parte del complejo entramado defensivo que envolvió el Alcázar y la gran mezquita al final del periodo islámico. 

CC BY-SA 4.0

Está construida con tapial y conserva el adarve y las almenas. Hacia el norte, se ha conservado también un torreón, pero no es visible desde la parte del Cabildo al haber perdido su parte superior y quedar, por lo tanto, tapado tras la muralla.

En la salida desde la plaza hacia la calle Arfe, inserto entre el edificio de viviendas, se puede ver otro fragmento de muralla, con la misma datación y características.

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POSTIGO DEL ACEITE

Es una de las escasas puertas del recinto amurallado de la ciudad que han llegado hasta nuestros días. Su construcción original se ha datado en época almohade, probablemente en el siglo XII y se le ha identificado con la 'bab al-Qatai' o 'Puerta de los Barcos', que se menciona en las fuentes musulmanas. Este nombre vendría de la cercanía con las atarazanas almohades, levantadas también en el siglo XII.

El nombre actual aparece ya en época cristiana, en relación con el mercado y los almacenes de aceite que se ubicaron en las proximidades.

Su apariencia actual dista mucho de la original y se debe en su mayor parte a la reforma acometida por Benvenuto Tortello en el siglo XVI, enfocada a facilitar el tránsito rodado a través del postigo. 

También del siglo XVI parece ser el monumental escudo de Sevilla que se sitúa sobre el vano hacia el centro de la ciudad. Se ha atribuido al escultor renacentista Juan Bautista Vázquez el Viejo.

Junto al Postigo se sitúa la pequeña Capilla de la Pura y Limpia, edificada en el siglo XVIII. Allí se venera una pequeña imagen de la Inmaculada atribuida a Pedro Roldán.

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MURALLAS DEL ALCÁZAR

Las murallas que cierran el Alcázar de Sevilla por su lado norte, hacia la plaza del Triunfo, son las más monumentales y hermosas de entre las conservadas en la ciudad. A diferencia del resto de murallas sevillanas, aquí se levantaron utilizando unos enormes sillares de piedra, muchos de ellos provenientes de las antiguas murallas romanas, que estaban sin uso debido a las diferencias de cota y dimensiones entre la ciudad romana y la islámica.

La cronología exacta de este lienzo de murallas ha sido objeto de debate académico en numerosas ocasiones. Tradicionalmente se las ha identificado con las que protegieron el "Dar al Imara" o "Casa del Gobernador", un palacio fortificado que algunas fuentes mencionan que se construyó en Sevilla en época califal (siglo XX)

Sin embargo, las investigaciones arqueológicas y estudio de los materiales, dirigidos principalmente por el profesor Miguel Ángel Tabales Rodríguez, sitúan la construcción de esta muralla norte del Alcázar en época taifa, ya en el siglo XI.

Es cierto que el uso de sillares para construir defensas en las ciudades de Al Ándalus fue una práctica habitual sobre todo en época califal. Pero cuando se produjo la desintegración del Califato, los reinos de taifas resultantes "vieron en la construcción de grandes murallas imitando a las califales, un argumento de refuerzo de sus aspiraciones de dominio, mostrando en cada caso las limitaciones en el uso de la técnica característica de cada región ante la ausencia de programas  estatales  y  la  disminución  de  efectivos  y  recursos  propios  de  un  gran  estado,  ahora  reducidos  al  control  de  municipios  y  pequeños estados muy carenciales.

Este es el caso de Sevilla, ciudad con aspiraciones durante la dinastía abbadí, pero muy limitada por su tamaño y población, al menos  al  inicio  de  las  obras;  eso  sí,  con  la  enorme  ventaja  de  disponer como material de construcción de la magnífica cantera de  bloques,  ya  tallados,  como  era  la  muralla  romana  de  la  ciudad.  En  cualquier  caso,  los  sistemas  constructivos  y  de  puesta  en obra empleados eran de contrastada solvencia y recurrían a soluciones  ya  conocidas  desde  la  Antigüedad". (Tabales Rodríguez, M.A., Gurriarán Daza, P. "La construcción del Alcázar de Sevilla". Informes de la construcción, nº563, 2021) 

Insertos en la muralla, se han conservado una serie de siete torreones de planta rectangular y levantados también con sillares. Tanto en los torreones como en la muralla se puede ver en la parte superior el tramo recrecido posteriormente pero aún en época islámica, probablemente en el siglo XII. La parte superior, incluyendo todo el almenado rematado por piezas piramidales, parece ser una adición reciente, del siglo XIX.

En este lienzo de muralla encontramos dos puertas. La más cercana a la Plaza de la Alianza es la Puerta de la Herradura, hoy cegada. Debe su nombre a su forma de arco de herradura, enmarcado por un alfiz. Al parecer, originalmente daba acceso a un puesto de guardia o castillete. 

En la Plaza del Triunfo encontramos la Puerta del Patio de Banderas, abierta probablemente en época almohade (XII-XIII), como parecen atestiguar las dos columnas con capiteles de este período que la flanquean del lado del patio. Sin embargo, los materiales que conforman esta entrada en la actualidad parecen provenir de una reforma acometida a finales del siglo XVI.

En época almohade se construyó también el lienzo en el que hoy se sitúa la Puerta del León. Las torres que flanquean esta puerta son, por lo tanto, de épocas distintas. La del lado izquierdo, construida con sillares, es de época taifa (XI), mientras que la de la derecha se levantó en época almohade (XIII), mayoritariamente en ladrillo. Junto a esta segunda, y dando hacia la calle Miguel de Mañara, se puede observar la entrada original de acceso al Alcázar almohade, cegada cuando se reemplazó por la actual Puerta del León, abierta durante el reinado de Pedro I (XIV).