CAPILLA DE SAN JOSÉ

Esta pequeña iglesia se construyó por iniciativa del gremio de carpinteros de la ciudad, y de ahí su advocación a San José, patrón de los trabajadores de la madera. Se conoce que los carpinteros tenían ya un templo en esta zona en el siglo XVI, pero su estado ruinoso hizo que tuviera que ser demolido. El templo actual fue construido en dos fases durante el siglo XVIII.

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La primera de ellas fue dirigida por Pedro Romero y concluyó en 1717 con la construcción de la única nave de la capilla. La segunda se completó en 1766 bajo la dirección de Esteban Paredes, completándose la capilla mayor y el exterior del templo. La iglesia llegó al siglo XX en estado de práctica ruina y en 1931 sufrió un incendio en el que perdió la techumbre y parte de sus pinturas murales. Afortunadamente, pudo ser rehabilitada y devuelta al culto.

Como decíamos, se trata de una iglesia de reducidas dimensiones, con una sola nave y crucero ligeramente marcado en planta. Cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado del Evangelio.

La portada principal está hecha en ladrillo con un vistoso estilo barroco que logra transmitir la sensación de monumentalidad a pesar de las reducidas dimensiones. Dos pilastras soportan un frontón curvo partido, en el centro del cual se abre una hornacina con la imagen de San José, diseñado por Lucas Valdés en 1716. A ambos lados, dos medallones ricamente enmarcados con los bustos de San Fernando y San Hermenegildo, y sobre la hornacina central, un tercer medallón con una representación de San Juan Bautista en edad juvenil.

A ambos lados de la puerta, dos hornacinas albergaban las imágenes de San Joaquín y otro santo, identificado como San Jasón o San Teodoro de Amasea. Para evitar daños, ambas se conservan en la actualidad en la sacristía de la iglesia, siendo sustituidas por dos imágenes realizadas en resina del escultor contemporáneo Jesús Curquejo Murillo. Una de ellas es copia del anterior San Joaquín, mientras que la otra es una tierna representación de Santa Ana con la Virgen niña.

La portada lateral puede datarse en la misma época que la principal y su elemento central es un hermoso relieve que representa los Desposorios de la Virgen y San José, atribuido al gran escultor dieciochesco Cristóbal Ramos. Sobre la moldura que enmarca esta escena, se posan graciosamente cuatro imágenes de gran calidad a pesar de su profundo deterioro. En un primer nivel, San Pedro (hoy sin cabeza) y San Pablo, y sobre la escena principal, dos figuras alegóricas que representan virtudes atribuidas a San José: la Mansedumbre, que sujeta un corderito, y la Castidad.

En el interior, la única nave del templo se cubre con bóveda de cañón que descansa sobre arcos fajones, y sobre el crucero se levanta una cúpula elíptica con linterna ciega. La profusa decoración escultórica y pictórica del templo hacen de la Capilla de San José una exquisita pequeña joya del barroco sevillano.

El retablo mayor fue diseñado por el escultor de origen portugués Cayetano de Acosta, una de las figuras artísticas más destacadas del siglo XVIII en la ciudad. Sobre el banco, el cuerpo principal se divide en tres calles mediante estípites, aunque la profusa decoración que recubre prácticamente cada centímetro hace difícil distinguir esta estructura. En la hornacina central se ubica el titular del templo, San José, en una escultura del círculo de Pedro Roldán. En las estípites que enmarcan esta hornacina se ubican las figuras de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, atribuidos a Pedro Duque Cornejo, otro de los grandes escultores del siglo XVIII sevillano.

Sobre el Sagrario, se ubica una imagen de la Inmaculada, y a ambos lados, en las calles laterales del retablo, encontramos a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, bajo dos medallones con alto relieves de San Sebastián y San Roque.

En la parte superior del retablo, una serie de ángeles niños y jóvenes completan la composición, y en el centro del ático se sitúa la imagen de Dios Padre en actitud de bendecir.

A ambos lados del crucero se sitúan dos retablos, con la misma cronología que el principal y también con una profusa decoración. El de la derecha da acceso a la sacristía y el de la izquierda se haya presidido por un grupo escultórico con la Coronación de la Virgen.

En los lados de la nave, enmarcados bajo arcos de medio punto se sitúan otros dos retablos. Ambos se han datado en el siglo XVIII. El de la derecha tiene en su centro un hermoso conjunto con Los Desposorios de la Virgen sobre un interesante y clásico fondo arquitectónico, mientras que el de la izquierda está presidido por una imagen de Santa Ana.

Las pinturas que decoran las bóvedas y arcos se han datado en el último tercio del siglo XVIII, siglo al que pertenecen también los diversos lienzos sobre los muros del lienzo. Como excepción, encontramos una hermosa pintura del siglo XVII que representa el Descanso en la huída a Egipto. Es de un autor anónimo que parece seguir en el estilo la obra del italiano Paolo Veronese.

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IGLESIA DEL ANTIGUO HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

El hospital de Nuestra Señora de la Paz es una fundación asistencial perteneciente a la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, asentados en Sevilla desde 1543 y en el emplazamiento que ocupan actualmente desde 1574. Se fundó como un centro para la atención de los enfermos con pocos recursos y más tarde pasó a ocuparse también de antiguos militares convalecientes. Con la Desamortización, el Hospital fue expropiado en 1836 pero los hermanos hospitalarios volvieron a su antigua casa en 1880. Desde entonces, la orden se sigue encargando del Hospital, que en la actualidad funciona como una residencia de ancianos.

La parte artísticamente más interesante, y la única abierta al público general, es la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, que da a la plaza del Salvador. Se trata de un templo edificado inicialmente en la primera mitad del siglo XVII, aunque profundamente reformado durante el XVIII.

Se trata de una iglesia de tres naves, con crucero no marcado en planta y una cabecera plana. 

Al exterior, su única fachada a los pies cuenta con un diseño que se ha atribuido en sus orígenes al arquitecto tardorenacentista Vedmondo Resta. Se divide en tres niveles 

En el primero, cuatro columnas dóricas sustentan un friso de metopas y triglifos. Entre las laterales se abren dos óculos y entre las centrales, el arco de medio punto rebajado que da acceso al templo.

En el centro del segundo nivel, de nuevo cuatro columnas, pero esta vez rodeadas de profusa decoración con motivos vegetales, rocallas y ángeles niños, elementos añadidos probablemente en el siglo XVIII. Enmarcan tres hornacinas que albergan las imágenes de San Agustín, la Virgen con el Niño y San Juan de Dios. Las hornacinas laterales se hallan profusamente decoradas, mientras que la central es de una gran sencillez. Además, los rasgos estilísticos de la imagen central de la Virgen son claramente distintos a los de las imágenes laterales, lo que indica que este espacio central fue reformulado con posterioridad al resto de la portada. Enmarcan todo el conjunto dos pilastras, también con abundante ornamento

En el tercer nivel, la portada se completa con una hornacina enmarcando una vidriera moderna, flanqueada por una abundante y minuciosa decoración escultórica. Sobre la vidriera, dos ángeles sostienen una corona sobre el símbolo de los hermanos de San Juan de Dios, una granada, que recuerda la fundación de esta orden en la ciudad andaluza del mismo nombre en 1572.

Sobre el conjunto, se eleva un frontón curvo y partido en el centro del que se abre un óculo. A ambos lados de la fachada, encontramos dos torres campanarios rematadas por unos estilizados chapiteles revestidos de azulejo.

Al interior, encontramos las tres naves de la iglesia divididas por arcos de medio punto sobre columnas de mármol, con la central notablemente más alta que las laterales. Las naves laterales se cubren con bóvedas de cañón, al igual que la central, que además incluye lunetos. A los pies del templo, se ubica un coro alto ornado con abundante decoración de yeserías de estilo rococó. Sobre el crucero, se levanta una cúpula con linterna, decorada con yeserías de motivos geométricos, originales dle siglo XVII.

Es especialmente interesante por su originalidad en Sevilla el zócalo de azulejo que recorre los muros del templo. Se ha datado en 1771 y presenta una hermosa decoración ‘a candelieri’ en azul y blanco, con algunos motivos en amarillo en las zonas destacadas.

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado hacia 1800, cuando sustituyó a uno anterior de estilo barroco. En la hornacina central se venera una imagen de vestir de la Virgen de la Paz, titular del templo, flanqueada por San Juan de Dios y San Juan Grande, esculturas todas de la misma época que el retablo.

En las cabeceras de ambas naves laterales se ubican dos de las imágenes de mayor interés artístico en el templo. Se trata de las representaciones de San Rafael y San Juan de Dios, atribuidas ambas por su gran calidad al gran Martínez Montañés.

En los muros de la iglesia se distribuyen una serie de ocho retablos barrocos, datados en los siglos XVII y XVIII, que albergan un interesante conjunto escultórico. Entre las imágenes religiosas, podríamos destacar por su interés las siguientes:

- Una imagen de San Andrés del siglo XVII atribuida a Francisco de Ocampo, proveniente del anterior retablo mayor de la iglesia, hoy desaparecido.

- San Carlos Borromeo, tallado por Juan de Mesa en 1618.

- Una imagen del Cristo de la Humildad, datado hacia el 1600, que reproduce la iconografía de Cristo apenado en los momentos previos a la Crucifixión. Esta representación tiene su origen en un grabado de Durero y está muy extendida en las iglesias sevillanas.

- Una Inmaculada del escultor valenciano Blas Molner, de finales del XVIII o principios del XIX. Por su gran dinamismo y originalidad, podría ser identificada también como una Asunción de la Virgen.

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IGLESIA DEL DIVINO SALVADOR

La iglesia del Divino Salvador de Sevilla es el segundo templo más grande de la ciudad, sólo después de la Catedral. Es una de las grandes joyas arquitectónicas de la ciudad y en su interior alberga una magnífica colección escultórica, con obras de los más destacados autores del barroco sevillano.  Como resultado de su larga y compleja historia, se ha configurado un enorme y majestuoso templo con tres naves. El crucero sobresale notablemente en altura sobre el resto, aunque no es perceptible en la planta del edificio, que es de las llamadas de salón. 

Historia

Sabemos que en el espacio que hoy ocupa estuvo la llamada mezquita de Ibn Adabbas, creada hacia el 830 como mezquita aljama o principal de la ciudad. Ostentó este rango hasta que en el siglo XII se construyó la nueva gran mezquita, en el lugar que hoy ocupa la Catedral.

De la mezquita que se ubicaba en el Salvador se han conservado algunos elementos, como parte de su patio y el arranque de su alminar, que se corresponde con la parte baja de la torre que encontramos en el extremo norte, en la calle Córdoba.

Una vez conquistada la ciudad por los cristianos en 1248, la mezquita pasó a utilizarse como iglesia, aunque manteniendo lo esencial de su estructura. Así permaneció durante siglos, con las características arquitectónicas de un templo islámico pero sirviendo para el culto cristiano, como sigue ocurriendo hoy, por ejemplo, con la Mezquita-Catedral de Córdoba. 

Sin embargo, ya llegado el siglo XVII, parece que su estado era bastante ruinoso y se decidió la construcción de un nuevo templo. Las obras comenzaron hacia 1674, pero cuando se estaba acometiendo el cierre de las bóvedas, se produjo un estrepitoso derrumbe que obligó a replantearse buena parte del proyecto. 

De la dirección de las obras se acabó por encargar Leonardo de Figueroa, el mejor arquitecto del barroco sevillano, que intervino también en otros proyectos como San Luis de los Franceses o La Magdalena. En este caso, Figueroa se encargó de cerrar las bóvedas, construir la gran cúpula y terminar el interior del edificio. Las obras no concluyeron hasta 1712.

Exterior

Patio y torre

Se pueden observar hoy algunos restos de la antigua mezquita en el actual Patio de los Naranjos, en el que se conservan in situ algunas de las columnas que rodearon el primitivo patio de abluciones. Algunas de ellas tienen un origen romano y visigodo, y su profundidad deja claro que la cota de la mezquita era mucho más baja que la de la actual iglesia.

La base de la torre campanario, entre el patio y la calle Córdoba, fue también el minarete original de la mezquita, completamente alterado en sus pisos superiores por sucesivas reformas. La parte superior que podemos observar en la actualidad fue añadida por Leonardo de Figueroa a finales del siglo XVII.

Capilla de los Desamparados

En el extremo occidental del patio se ubica la Capilla del Cristo de los Desamparados, un pequeño templo de planta rectangular que fue levantado a mediados del siglo XVIII, bajo la dirección de uno de los hijos de Leonardo Figueroa, Matías o Ambrosio. Las fuentes difieren a este respecto.

El interior se cubre por dos bóvedas elípticas, estando la más cercana al altar mayor coronada por una linterna. Sus muros se decoran profusamente con pinturas murales barrocas y a los lados se abren una serie de hornacinas a modo de altares laterales. En una de ellas se ubica la Virgen del Prado, una imagen de vestir realizada por el imaginero Sebastián Santos en 1949 que es titular de su propia hermandad de gloria.

El retablo mayor lo ocupa la imagen del Cristo de los Desamparados, titular de la capilla, un crucificado de autor anónimo que se ha venido datando en el siglo XVI.

Fachada de la iglesia

En cuanto a la iglesia propiamente dicha, la fachada principal tiene unas líneas barrocas muy clásicas y de influencia italiana, cercanas a las formas renacentistas. La sucesión de pilastras de piedra y paños de ladrillo rojizo consiguen la clásica bicromía que es tan característica de muchos edificios sevillanos desde que en el siglo XVI se construyera la Lonja, hoy Archivo de Indias. 

A pesar de su monumentalidad, la fachada del Salvador destaca por su escasa decoración, que contrasta sobremanera con el interior. 

Se organiza en tres calles separadas por pares de pilastras, que se corresponden con las tres naves del templo. En el primer cuerpo se abren tres portadas, con la central de mayores dimensiones que las laterales. Están enmarcadas de una forma muy clásica, con pilastras sosteniendo un dintel sobre el que se abre un segundo cuerpo, mucho menor. Dos ángeles en cada dintel sostienen un escudo con la representación del "Agnus Dei". Sobre la portada principal, un globo terráqueo coronado por una cruz simboliza al "Salvador", mientras que las portadas laterales están coronadas por las efigies de San Pedro y San Pablo.

La decoración de aire plateresco que recorre las pilastras y algunas de las molduras es relativamente reciente, de finales del siglo XIX. Sobre las portadas laterales se abren dos óculos enmarcados por moldura cuadrada.

En el segundo cuerpo, encontramos sólo la prolongación de la calle central, enmarcada de nuevo por pilastras, y con un gran óculo central como única decoración. A cada uno de los lados, se ubican dos aletones decorados por roleos, elementos muy frecuentes en la arquitectura religiosa europea desde el Renacimiento. Tienen la función de dulcificar la transición entre la gran anchura del primer cuerpo y la mucho menor del segundo. 

Tras estos espacios avolutados se esconden dos arbotantes que parecen servir para sostener el peso de los muros de la nave central. Cabe resaltar que estos elementos se vinculan tradicionalmente a la arquitectura gótica y no a la barroca. En el caso de El Salvador son especialmente interesantes ya que al parecer no cumplen función estructural alguna debido a su posición. Se ha señalado por varios autores que la inclusión de los arbotantes se debería simplemente a un interés simbólico, el de resaltar la importancia de la iglesia como templo colegial introduciendo este tipo de elementos tradicionalmente vinculados a un tipo de arquitectura "catedralicia". Así lo explica José María Medianero Hernández en un artículo dedicado a la pervivencia de los arbotantes en la arquitectura bajo andaluza:

“El papel compositivo general no se desvela afortunado dada su composición de retranqueo respecto a los mencionados aditamentos laterales terminados en volutas y su única funcionalidad parece establecerse en la misión de conducción de la vertida de aguas. Desde luego este problema nimio se hubiese podido resolver de otra manera más simple. Quizás la explicación más plausible sea la recurrencia a un motivo emblemático de un templo colegial con aspiraciones catedralicias, ansias y pretensiones que trascienden arquitectónicamente al empaque y prestancia del edificio”.

Cúpula

La cúpula es el elemento más reconocible de la iglesia de El Salvador, sobre todo cuando se observa el templo desde una cierta distancia. Se levantó en 1709-1710 siguiendo el diseño y la dirección de Leonardo de Figueroa, arquitecto que realizó otras cúpulas magistrales en Sevilla, entre las que destacan las de la Magdalena y San Luis de los Franceses.

En el caso de El Salvador, se trata de una cúpula semiesférica sobre tambor octogonal. Tiene una altura de más de 40 metros y un ancho de más de 10 metros. El elevado tambor sirve para destacar la cúpula por encima del resto de cubiertas de la iglesia y en sus lados se abren ocho ventanales, coronados por frontones alternos, curvos y rectos. 

Se han señalado como antecedentes las cúpulas de la iglesia de El Escorial y de la Clerecía de Salamanca, ambas deudoras de la cúpula diseñada por Bernini para la iglesia de Castelgandolfo.

Interior

La iglesia presenta una planta rectangular o de salón, al no formar la clásica forma de cruz latina tan habitual en las iglesias cristianas. Se divide en tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. Aunque la iglesia no cuenta con capillas laterales, sino con altares, al cuerpo principal de la planta se adosan algunos espacios, como la antigua capilla bautismal, la capilla sacramental y la sacristía. 

Las bóvedas se sostienen a través de colosales pilares cuadrados a los que se adosan columnas de orden compuesto y fustes ricamente esculpidos. La cubrición se hace con bóveda de cañón en la nave central y el crucero, y bóveda de arista en las naves laterales. 

La decoración escultórica recorre las partes en piedra del interior del templo, como en los fustes de las columnas o en las enjutas de los arcos. Se trata en su mayoría de decoración vegetal, roleos y otros motivos barrocos. Vemos también con frecuencia el escudo real, sobre todo en las claves de los arcos fajones, elemento que tenía la finalidad de enfatizar ante el cabildo de la Catedral el hecho de que la iglesia era una colegial de fundación real. También encontramos decoración en las pechinas que sostienen la cúpula, en las que se ubican los bustos de los cuatro evangelistas en unos medallones rodeados de profusa ornamentación.

Retablo mayor 

La iglesia se halla presidida por un imponente retablo barroco, realizado entre 1770 y 1779 por el escultor portugués Cayetano de Acosta. Se trata de una obra cumbre de la retablística sevillana al que a veces se ha denominado "el último gran retablo del Barroco español". La profusión decorativa hace difícil distinguir la estructura arquitectónica del retablo. En su centro se representa la escena de la Transfiguración del Señor, el momento en el que Cristo se hace presente después de la Resurrección en el monte Tabor. Lo acompañan Moisés y Elías, como representantes del Antiguo Testamento y, en un nivel inferior, se postran admirados los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. La figura central de Cristo adopta una postura que se ha relacionado con el colosal Longinos que Bernini esculpió para San Pedro del Vaticano y está enmarcado por una gran venera. El resto del retablo se presenta abigarrado con incontables figuras de querubines, ángeles y arcángeles. En el banco se disponen relieves con representaciones de los Padres de la Iglesia y en el centro encontramos un Sagrario-Manifestador, coronado por una Inmaculada. En el ático, la figura de Dios Padre preside todo el conjunto, enfatizada por unos grandes destellos dorados a su espalda.

La bóveda semiesférica sobre el presbiterio se encuentra decorada por las pinturas al temple que Juan de Espinal realizó a finales del siglo XVIII. Representa la gloria celestial, con el Espíritu Santo en el centro, y a través de efectos ópticos como una balaustrada fingida consigue dar la sensación de que se trata de una bóveda más alta de lo que es en realidad.

Órgano

Sobre la entrada principal a la iglesia, se ubica hoy un imponente órgano en madera, realizado por Juan de Bono y Manuel Barrera a finales del siglo XVIII. Este órgano estuvo ubicado en el centro del templo, en el área del coro que se abría frente al Altar Mayor. Las iglesias colegiales tenían obligación de poseer su propio coro, como ocurre con las catedrales. En este templo se desarrolló una brillante trayectoria musical desde el siglo XVI, con figuras tan destacadas como el organista Correa de Arauxo, llamado "el Bach español". En 1861 se suprimió el carácter colegial de la iglesia, se eliminó la zona del coro y el órgano se trasladó a su ubicación actual. Aún hoy, está considerado uno de los mejores órganos de Andalucía y se encuentra inmerso en un proceso de restauración.

También magnífico es el retablo de la Virgen de las Aguas, en el lado derecho del crucero, una obra de José Maestre de 1731 presidida por esta imagen mariana de las llamadas “fernandinas”, datada hacia en el siglo XIII pero muy remodelada posteriormente. Son sólo dos ejemplos de la gran colección de retablos que alberga esta iglesia. 

Y es que la representación en el templo de grandes maestros de la escultura es excepcional. Con toda probabilidad, las dos grandes figuras del barroco sevillano son Juan Martínez Montañés y su discípulo Juan de Mesa. 

Del primero, conserva El Salvador una colosal escultura de San Cristóbal, con reminiscencias de Miguel Ángel por su monumentalidad y belleza. Pero la obra más destacada de este autor en El Salvador es con seguridad Nuestro Padre Jesús de la Pasión, una conmovedora imagen del Señor con la cruz a cuestas, que muestra de forma maravillosa el clasicismo del barroco de Montañés, al lograr transmitir todo el sentimiento y la emoción del momento, pero de una forma contenida, elegante y solemne. Preside el retablo de plata de la Capilla Sacramental y sale en procesión cada Jueves Santo. No exageramos al decir que es una de las representaciones de Jesús Nazareno más logradas del barroco español. 

Del otro gran maestro del barroco sevillano, Juan de Mesa, encontramos al Cristo del Amor, que también procesiona desde este templo en Semana Santa, en esta ocasión durante el Domingo de Ramos. Se trata de una excepcional talla de crucificado, ya muerto, con un magistral tratamiento en la anatomía, los cabellos y los paño. Una obra excepcional dentro de la producción de su autor, que parece que tuvo en cuenta para su realización el modelo que su maestro Montañés realizó unos años antes con el Cristo de la Clemencia que encontramos en la Catedral.

Junto a estos maestros, es casi innumerable la nómina de grandes artistas con obras en esta iglesia del Salvador. Podríamos citar, por ejemplo, a Duque Cornejo, José Montes de Oca o Antonio Quirós. Pero por ahora terminamos aquí este pequeño esbozo sobre el auténtico museo vivo del barroco sevillano que es la antigua colegial del Salvador. Contaremos más en próximas entregas.

Y recuerda que si estás interesado en realizar una visita guiada para no perderte ninguno de los detalles, puedes ponerte en contacto por la vía que prefieras desde esta misma web.

PALACIO ARZOBISPAL

El Palacio Arzobispal de Sevilla se levanta sobre los terrenos que ha ocupado la residencia del obispo desde la conquista cristiana de la ciudad en el siglo XIII. Sin embargo, del primitivo palacio no ha llegado nada hasta la actualidad y los restos más antiguos conservados son del siglo XVI. 

De la primera mitad de este siglo se conservan elementos de la capilla, como la techumbre de madera y el friso de azulejos, además de una galería con columnas de mármol datada hacia 1530.

Sin embargo, se puede considerar que la configuración del palacio tal y como ha llegado hasta nosotros se corresponde con la reedificación acometida bajo la dirección de Vedmondo Resta entre finales del siglo XVI y el siglo XVII. Fue entonces cuando se configuró la distribución de las distintas salas y estancias en torno a dos patios principales.

La magnífica portada barroca que da hacia la Plaza Virgen de los Reyes fue labrada por Lorenzo Fernández de Iglesias en torno a 1704. Destaca por su gran dinamismo y riqueza decorativa, constituyendo uno de los mejores ejemplos de este estilo en Sevilla. 

En el patio principal se ubica una fuente presidida por una escultura representando a ‘Hércules con el León de Nemea’. En el mismo patio, una hermosa portada barroca datada en 1666 da acceso al Archivo Arzobispal, que alberga unos valiosos fondos documentales.

Desde el punto de vista artístico, las estancias más interesantes se ubican en la planta alta en torno al segundo patio. A ellas se accede por una escalera monumental, de un solo tiro y con tres tramos, que se halla coronada por una cúpula con el escudo del arzobispo Antonio Paino. La decoración pictórica de la escalera corrió a cargo de Juan de Espinal, con la excepción de las pinturas de las pechinas y las áreas semicirculares, que fueron elaboradas ya en el siglo XX.

El salón principal del palacio se cubre con un techo compartimentado en sesenta recuadros con una serie de pinturas del Antiguo Testamento entremezcladas con emblemas y escudos. Fueron realizadas a principios del siglo XVII por dos autores que no han sido identificados. En su conjunto, conforman un mensaje moralizante, sobre los valores y virtudes que deben poseer los prelados.

Además de las pinturas del techo, en el salón se expone una interesantísima colección de pinturas de diversos autores. Encontramos, por ejemplo, un apostolado atribuido a Sebastián Llanos Valdés, una serie de dieciséis pinturas de tema bíblico de Juan de Zamora y otras diez sobre la Pasión de Cristo de Juan de Espinal. A ellas hay que sumar una serie de pinturas de santos del taller de Zurbarán, una obra de Murillo representando a ‘La Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo’ y un ‘San Juan Bautista degollado’ de Mattia Pretti.

También de gran valor son las obras de la llamada Galería del Prelado, presidida por una de las obras más antiguas del Palacio, una Inmaculada de finales del XVI de Cristóbal Gómez. Junto a ella, se exponen una serie de pinturas de talleres venecianos y copias de varios autores italianos fechadas en torno a 1600. Representan alegorías de los elementos y las estaciones, además de episodios de la historia de Noé.

Merece también mención por su valor histórico la colección de retratos de arzobispos sevillanos, con la representación de más de setenta arzobispos desde el siglo XVII hasta la actualidad.

En otras dependencias menores se distribuye una larga colección de pintura sevillana, con obras de autores como Herrera el Viejo, Juan de Espinal, Francisco Pacheco o Murillo. Se entremezclan con obras de varios autores extranjeros, como los holandeses Abraham Willaert o Carel Van Savoy, que realizaron una serie sobre la vida de David. 

La capilla mayor del palacio esta presidida por un retablo mayor del siglo XVIII realizado por el gran escultor de origen portugués Cayetano de Acosta. Lo preside una bellísima imagen de la Inmaculada realizada por el mismo autor, que llevó a cabo también los cuatro retablos laterales de la capilla, dedicados a San Pedro, San Pablo, San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Además de la capilla mayor, el palacio cuenta con un oratorio diseñado por Pedro Sánchez Falconete a mediados del XVII. En él destacan sobre todo la bóveda, decorada con yeserías atribuidas a Pedro de Borja.

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IGLESIA DEL SAGRARIO

La iglesia del Sagrario se levantó anexa a la Catedral entre 1618 y 1662, siguiendo las trazas de los arquitectos Miguel de Zumárraga, Alonso de Vandelvira y Cristóbal de Rojas. Es un imponente templo barroco de una sola nave con capillas laterales, sobre las que se sitúan tribunas entre contrafuertes. En ellas se sitúan una serie de ocho colosales esculturas pétreas de evangelistas y doctores de la iglesia, realizadas por José de Arce. Cuenta con un ancho crucero que no es perceptible desde el exterior, cubierto por una gran cúpula con linterna. El resto de la nave se cubre con bóvedas vaídas, tan características del Barroco.

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En el exterior, la fachada se articula en tres pisos decorados con pilastras adosadas en los tres órdenes clásicos: dóricas en el primer piso, jónicas en el segundo y corintias en el tercero. La decoración, al margen de estas pilastras, es prácticamente inexistente, con excepción del antepecho que remata todo el edificio, sobre el que se disponen una serie de llamativos flameros. Cuenta con tres accesos principales, uno desde el Patio de los Naranjos, otro desde la Catedral a los pies y otro desde la avenida de la Constitución, en el lado del Evangelio, que es el usado generalmente para acceder en la iglesia. Esta última cuenta con una portada clásica muy sencilla, con dos pares de columnas toscanas sosteniendo un frontón. En su centro se sitúa el escudo del Cabildo Catedralicio, con la Giralda entre jarrones de azucenas. Sobre él, aparecen recostadas las alegorías de la Fe y la Caridad.

También muy clásica pero más monumental es la portada por la que se accede desde la catedral. La diseñó Pedro Sánchez Falconete y en su hornacina central vemos a San Fernando, enmarcado por las Santas Justa y Rufina y los hermanos obispos San Isidoro y San Leandro.

En el interior, la decoración escultórica de las bóvedas fue realizada en torno a 1655 por los hermanos Miguel y Pedro de Borja, quien realizó también el relieve con la Alegoría de la Fe que se ubica sobre la entrada de los pies.

El retablo mayor procede de la Capilla de los Vizcaínos del desaparecido Convento Casa Grande de San Francisco, que se ubicaba en la actual Plaza Nueva. La estructura fue realizada por Dionisio de Ribas y las esculturas por Pedro Roldán, que consiguió aquí una de sus obras maestras. En el centro, dispone la escena del Descendimiento, con el cuerpo de Jesús posado ya en el regazo de su Madre. A ambos lados, se sitúan dos hermosos ángeles jóvenes, llenos de dinamismo, y en el ático una Verónica muestra el paño con la Santa Faz, acompañada también por ángeles. Remata el conjunto una representación de San Clemente, que es el titular oficial del templo. Esta imagen de San Clemente procede del retablo original que precedió al actual. Al parecer se trataba de un espectacular conjunto realizado a principios del siglo XVIII. Con la expansión del gusto neoclasicista en el siglo XIX y una cierta fobia a lo que se consideraba la ornamentación excesiva, se decidió su destrucción en 1824. El retablo actual se ubicaría en este emplazamiento en 1840.

A ambos lados del crucero se ubican dos grandes retablos de mármoles rojizos realizados a mediados del siglo XVIII. El del lado izquierdo lo preside un Cristo en la Cruz de principios del siglo XVII, realizado por el escultor de escuela madrileña Manuel Pereira. La Dolorosa que se encuentra a sus pies es obra del genial escultor del siglo XVIII Cayetano de Acosta, que realizó también las esculturas que decoran el retablo del otro lado del crucero. En este caso, vemos en la hornacina central una bellísima Virgen con el Niño.

En cuanto a las capillas laterales, desde el presbiterio hacia los pies y en el lado del Evangelio, encontramos las siguientes:

- Capilla del Cristo de la Corona, con un retablo neoclásico del siglo XVIII, presidido por un Nazareno con la advocación de Cristo de la Corona. Se trata de una emotiva imagen del siglo XVI que es titular de su propia Hermandad, procesionando el Viernes de Dolores por el entorno de la parroquia.

- Capilla de San Millán, con un retablo del XVIII, en el que aparecen, además de San Millán, Santa Catalina, la Inmaculada, San Roque y Santa Gertrudis.

- Capilla de San José. Cuenta con un retablo de finales del siglo XVII, presidido por una imagen de San José de Pedro Roldán o su círculo.

- Capilla de las Santas Justa y Rufina, con un retablo del siglo XVIII presidido por una imagen del Sagrado Corazón de 1948, flanqueado por las imágenes de las Santas, de la misma época que el retablo.

También desde el presbiterio a los pies, pero en el lado de la Epístola, encontramos:

- Capilla de la Virgen del Rosario, presidida por una imagen realizada por Manuel Pereira a principios del siglo XVII, aunque re-policromada en el XVIII.

- Capilla de San Antonio, con un retablo fechado en 1667 y realizado por Bernardo Simón de Pineda, uno de los retablistas más destacados del Barroco sevillano. Sobre el altar se ubica un Crucificado de marfil del siglo XVII procedente de Filipinas.

- Capilla de la Inmaculada. En ella se ubica una bellísima imagen de la Inmaculada, anónima de principios del siglo XVIII. La capilla es sede también de la Hermandad Sacramental y en ella encontramos el magnífico niño Jesús realizado por Martínez Montañés hacia 1606. Esta escultura sentaría el patrón para la representación más extendida del Niño Jesús durante el Barroco. Son innumerables las representaciones que se han producido en la ciudad desde el siglo XVII y que hoy se encuentran repartidas por las iglesias, conventos y colecciones particulares de la ciudad, teniendo todas ellas como punto de partida esta magistral obra de Martínez Montañés para el Sagrario. La imagen desfila cada año en la procesión del Corpus que sale desde la Catedral.

- Capilla de Santa Bárbara, con retablo barroco de hacia 1680 presidido por la titular de la capilla, flanqueada por Santa Teresa y Santa Elena.

En la parte superior de los muros se dispone una buena colección de lienzos barrocos, entre los que resaltan los nueve realizados por Matías de Arteaga hacia 1690. El pintor era miembro de la Hermandad Sacramental y los cuadros representan temas del Antiguo Testamento relacionados de una manera simbólica con la Eucaristía, como 'La parábola de los invitados a la boda' o 'La adoración del Cordero Místico'.

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CONVENTO DE LAS TERESAS (SAN JOSÉ DEL CARMEN)

Esta comunidad de carmelitas descalzas se asentó en Sevilla en 1575 de la mano de la propia Santa Teresa, que viajó a la ciudad para supervisar la fundación. Se asentaron primero en unas casas de la calle Alfonso XII y más tarde en la calle Zaragoza, hasta que en 1586 se trasladan al emplazamiento donde las encontramos hoy, en pleno corazón del Barrio de Santa Cruz. En este traslado de las religiosas a su nueva ubicación participó el propio San Juan de la Cruz, que estuvo en la ciudad supervisando la operación.

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Se decidió comprar la vivienda de un banquero sevillano llamado Pedro de Morga. La suya era una clásica casa palacio sevillana del siglo XVI por lo que se decidió aprovechar el patio de la casa como claustro del nuevo convento. 

De esta forma, el claustro del convento de las Teresas es un patio porticado de estilo renacentista en torno al que se articulan todas las estancias de la clausura. El patio tiene planta rectangular y presenta arcos sobre columnas de mármol, de medio punto en la galería inferior y rebajados en la superior, característica bastante frecuente en otros palacios sevillanos.

Al exterior, se encuentran anexas las fachadas de acceso a la iglesia y la de acceso al convento, las dos con entradas adinteladas y muy sencillas. Sobre la que da acceso al convento vemos una pequeña pintura mural como única decoración, representando el escudo de la orden flanqueado por dor querubines.

En cuanto a la fachada de la iglesia, resalta el enorme tejaroz que cubre la entrada, sujeto por tornapuntas de forja. En su parte interior se han conservado unas pinturas originales del siglo XVII, con representación de diversos símbolos y santos alusivos a la orden carmelita. 

Artísticamente, la parte más interesante del convento es su iglesia, datada a principios del siglo XVII, con un diseño atribuido al arquitecto tardo-renacentista Vedmondo Resta. Tiene planta rectangular con una sola nave y cabecera cuadrada. La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos y el presbiterio con una bóveda semiesférica. A los laterales se abren unas grandes hornacinas en las que se encuentran encajados retablos a modo de capillas laterales.

El retablo mayor es obra del ensamblador Jerónimo Velázquez de hacia 1630 y aúna pinturas sobre lienzo y esculturas en una composición tardorenacentista bastante clásica, inspirada en modelos tan notables como los de Martínez Montañés o Alonso Cano.

En la hornacina central se venera una hermosa representación de San José con el Niño, obra de Juan de Mesa. Se sigue aquí la iconografía en la que el Niño Jesús conduce e indica el camino a San José. A ambos lados, los santos principales de la orden, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de la Cruz, en dos esculturas anónimas del siglo XVII. Las pinturas sobre lienzo que completa el retablo son anónimas y tratan temas relacionados también con las carmelitas.

También de Juan de Mesa es la magnífica Inmaculada que ocupa el centro de uno de los retablos laterales. La Virgen aparece con la clásica disposición de su iconografía pero ataviada con el hábito carmelita. La flanquean San Juan Bautista y el Profeta Elías, y en el ático se sitúa un relieve con los Desposorios místicos de Santa Teresa. Con excepción de la Inmaculada de Juan de Mesa, el resto de esculturas del retablo son anónimas, aunque se consideran muy cercanas al estilo de Pedro Roldán.

En el resto de retablos se distribuye una buena colección de pintura y escultura sevillana, principalmente de los siglos XVII XVIII. 

Desafortunadamente, la visita libre a la iglesia conventual es muy restringida y prácticamente solo es posible hacerlo en horario de misas. 

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CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

1. Giralda, 2. Puerta de Palos, 3. Capilla Real,

4. Puerta de Campanillas, 5. Sala Capitular, 6. Sacristía Mayor,

7. Sacristía de los Cálices, 8. Puerta del Príncipe,

9. Sepulcro de Cristóbal Colón, 10. Altar Mayor, 11. Coro,

12. Puerta de San Miguel, 13. Puerta de la Asunción,

14. Puerta del Bautismo, 15. Parroquia del Sagrario,

16. Puerta del Perdón, 17. Patio de los Naranjos.

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IGLESIA DE SAN GREGORIO MAGNO

La Iglesia de San Gregorio Magno, también llamada Capilla del Santo Sepulcro, perteneció originalmente al colegio inglés fundado por los jesuitas en la ciudad a finales del siglo XVI. En la actualidad, tiene su sede en la iglesia la hermandad del Santo Entierro.

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Cuando la Orden Jesuíta fue proscrita en España en 1767, las dependencias de la iglesia y el colegio pasaron a depender del Estado, que las ha destinado a diversos usos desde entonces. Un siglo más tarde, en 1867, se asienta aquí la hermandad del Santo Entierro y desde los años 40 del siglo XX acoge una fraternidad mercedaria.

El templo es de planta rectangular con tres naves, separadas por columnas toscanas que sustentan arcos formeros de medio punto. Tanto la nave central como las laterales se cubre por bóvedas arquitrabadas.

La decoración del templo es muy sencilla. Al exterior, apenas encontramos algún detalle neogótico añadido en el siglo XIX, como la moldura que enmarca la entrada, un sencillo arco deprimido rectilíneo.

En el interior, el retablo mayor es una modesta obra decimonónica neoclásica de imitación de mármoles rojizos. En su centro, una urna realizada también en el siglo XIX por Lucas de Prada acoge la imagen del Santísimo Cristo Yacente, titular de la hermandad del Santo Entierro. 

Esta hermandad hace su estación de penitencia el Sábado Santo con tres pasos, el Santo Entierro, el Triunfo de la Santa Cruz y la Virgen de Villaviciosa.

No se conoce con exactitud la fecha de fundación de la hermandad. Existe una narración del siglo XVIII en la que se asegura que fue fundada por el propio Fernando III tras su conquista de la ciudad en 1248 y que el propio monarca habría sido su primer hermano mayor. Sin embargo, no hay ninguna prueba documental de tal relato. 

Con seguridad se sabe que la hermandad ya existía hacia 1570 con sede en el convento de San Laureano. Tras el cierre del convento en 1810, fue pasando por distintas ubicaciones hasta que se asentaron en esta iglesia de San Gregorio en 1867. Sin embargo, no salieron en procesión con regularidad hasta que empezaron a hacerlo en la Semana Santa de 1956.

El primero de los pasos de la hermandad es el Triunfo de la Santa Cruz, uno de los más curiosos de la Semana Santa Sevillana. Representa el triunfo de la Cruz sobre la muerte, que aparece representada por un esqueleto meditabundo, por lo que el paso es conocido popularmente como 'la Canina'. Es una obra de finales del siglo XVII atribuida a Cardoso Quirós.

El Cristo Yacente es una magnífica tallada no documentada, pero que ha sido atribuida a Juan de Mesa y datada en torno a 1620. Desfila en una imponente urna acristalada de estilo neogótico realizada en 1880.

En el último paso desfila la Virgen de Villaviciosa, imagen también de Cardoso Quirós de finales del XVII, que aparece confortada por San Juan, las tres Marías y los santos varones, obras decimonónicas de Juan de Astorga.

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CAPILLA DE SAN ONOFRE

Esta pequeña capilla formó parte originalmente de la desaparecida Casa Grande de San Francisco, un enorme convento franciscano que se ubicó hasta el siglo XIX en lo que hoy es Plaza Nueva y sus áreas colindantes. De hecho, se puede considerar que es el único vestigio que ha llegado a nuestros días del desaparecido convento.

Al exterior, la capilla no cuenta con fachada, ya que quedó inserta en uno de los edificios que rodean Plaza Nueva. Al interior, vemos que tiene planta rectangular con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos.

El retablo mayor fue realizado por Bernardo Simón de Pineda en torno a 1680 y las esculturas que en él aparecen se han vinculado al taller de Pedro Roldán. En la hornacina central aparece una Inmaculada, flanqueada a ambos lados por San Fernando y San Hermenegildo. 

La capilla cuenta con otros retablos, de entre los que destaca el dedicado a San Onofre, en el inicio del lado del Evangelio, realizado a principios del siglo XVII. Su parte escultórica fue elaborada por el gran Martínes Montañés, mientras que de las pinturas se encargó Francisco Pacheco, suegro de Velázquez. La imagen del San Onofre es de Pedro Díaz de la Cueva de 1599.

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CAPILLA DEL ROSARIO DE MONTE-SION

En esta capilla de la calle Feria tiene su hermandad la Hermandad de Monte-Sion, que hace su estación de penitencia cada Jueves Santo con dos pasos, el Señor de la Oración en el Huerto y la Virgen del Rosario.

La Hermandad fue fundada en 1560, fruto de la unión de dos hermandades anteriores. Hacia 1576 se iniciaron las obras de construcción de su actual capilla, en una pequeña parcela cedida por el antiguo convento dominico de Nuestra Señora de Montesión.

El exterior de la capilla es muy sencillo, con una gran puerta adintelada sobre la que destaca la inscripción 'REGINA SACRATISSIMI ROSARII' (REINA DEL SANTÍSIMO ROSARIO). Como curiosidad, se puede señalar que la puerta no es la original, sino que fue engrandecida en 1915 para permitir la salida de los pasos por ella. A ambos lados se pueden ver los retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad, obras ambas de Alfonso Chaves de 1960. La gran puerta que se encuentra anexa a la fachada de la capilla es el antiguo acceso al desaparecido convento dominico que hemos mencionado.

Al interior, la capilla es de planta rectangular con una sola nave. Destaca la techumbre de madera, una armadura realizada siguiendo la técnica de par y nudillo original de finales del siglo XVI.

El retablo mayor de la capilla es contemporáneo, ya que el templo fue asaltado en 1936, durante los primeros días de la Guerra Civil, perdiendo parte de su patrimonio. 

Artísticamente destacan los titulares de la Hermandad. La Virgen del Rosario es una dolorosa anónima de finales del XVI o principios del XVII, una de las imágenes marianas más antiguas de entre las que procesionan en la Semana Santa de Sevilla. Por su parte, el Señor de la Oración en el huerto fue realizado por Pedro Roldán hacia 1675. 

En un retablo del lado del Evangelio se venera al Cristo de la Salud, también titular de la Hermandad aunque no procesiona. Fue realizado por Luis Ortega Bru en 1954 en sustitución de uno anterior perdido durante el incendio de 1936. A pesar de ser una obra relativamente reciente, es un crucificado de una gran calidad artística, ya que su escultor, Ortega Bru, es uno de los de más calidad y originalidad de entre los que trabajaron en Sevilla durante el siglo XX.

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