IGLESIA DEL SAGRARIO

La iglesia del Sagrario se levantó anexa a la Catedral entre 1618 y 1662, siguiendo las trazas de los arquitectos Miguel de Zumárraga, Alonso de Vandelvira y Cristóbal de Rojas. Es un imponente templo barroco de una sola nave con capillas laterales, sobre las que se sitúan tribunas entre contrafuertes. En ellas se sitúan una serie de ocho colosales esculturas pétreas de evangelistas y doctores de la iglesia, realizadas por José de Arce. Cuenta con un ancho crucero que no es perceptible desde el exterior, cubierto por una gran cúpula con linterna. El resto de la nave se cubre con bóvedas vaídas, tan características del Barroco.

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En el exterior, la fachada se articula en tres pisos decorados con pilastras adosadas en los tres órdenes clásicos: dóricas en el primer piso, jónicas en el segundo y corintias en el tercero. La decoración, al margen de estas pilastras, es prácticamente inexistente, con excepción del antepecho que remata todo el edificio, sobre el que se disponen una serie de llamativos flameros. Cuenta con tres accesos principales, uno desde el Patio de los Naranjos, otro desde la Catedral a los pies y otro desde la avenida de la Constitución, en el lado del Evangelio, que es el usado generalmente para acceder en la iglesia. Esta última cuenta con una portada clásica muy sencilla, con dos pares de columnas toscanas sosteniendo un frontón. En su centro se sitúa el escudo del Cabildo Catedralicio, con la Giralda entre jarrones de azucenas. Sobre él, aparecen recostadas las alegorías de la Fe y la Caridad.

También muy clásica pero más monumental es la portada por la que se accede desde la catedral. La diseñó Pedro Sánchez Falconete y en su hornacina central vemos a San Fernando, enmarcado por las Santas Justa y Rufina y los hermanos obispos San Isidoro y San Leandro.

En el interior, la decoración escultórica de las bóvedas fue realizada en torno a 1655 por los hermanos Miguel y Pedro de Borja, quien realizó también el relieve con la Alegoría de la Fe que se ubica sobre la entrada de los pies.

El retablo mayor procede de la Capilla de los Vizcaínos del desaparecido Convento Casa Grande de San Francisco, que se ubicaba en la actual Plaza Nueva. La estructura fue realizada por Dionisio de Ribas y las esculturas por Pedro Roldán, que consiguió aquí una de sus obras maestras. En el centro, dispone la escena del Descendimiento, con el cuerpo de Jesús posado ya en el regazo de su Madre. A ambos lados, se sitúan dos hermosos ángeles jóvenes, llenos de dinamismo, y en el ático una Verónica muestra el paño con la Santa Faz, acompañada también por ángeles. Remata el conjunto una representación de San Clemente, que es el titular oficial del templo. Esta imagen de San Clemente procede del retablo original que precedió al actual. Al parecer se trataba de un espectacular conjunto realizado a principios del siglo XVIII. Con la expansión del gusto neoclasicista en el siglo XIX y una cierta fobia a lo que se consideraba la ornamentación excesiva, se decidió su destrucción en 1824. El retablo actual se ubicaría en este emplazamiento en 1840.

A ambos lados del crucero se ubican dos grandes retablos de mármoles rojizos realizados a mediados del siglo XVIII. El del lado izquierdo lo preside un Cristo en la Cruz de principios del siglo XVII, realizado por el escultor de escuela madrileña Manuel Pereira. La Dolorosa que se encuentra a sus pies es obra del genial escultor del siglo XVIII Cayetano de Acosta, que realizó también las esculturas que decoran el retablo del otro lado del crucero. En este caso, vemos en la hornacina central una bellísima Virgen con el Niño.

En cuanto a las capillas laterales, desde el presbiterio hacia los pies y en el lado del Evangelio, encontramos las siguientes:

- Capilla del Cristo de la Corona, con un retablo neoclásico del siglo XVIII, presidido por un Nazareno con la advocación de Cristo de la Corona. Se trata de una emotiva imagen del siglo XVI que es titular de su propia Hermandad, procesionando el Viernes de Dolores por el entorno de la parroquia.

- Capilla de San Millán, con un retablo del XVIII, en el que aparecen, además de San Millán, Santa Catalina, la Inmaculada, San Roque y Santa Gertrudis.

- Capilla de San José. Cuenta con un retablo de finales del siglo XVII, presidido por una imagen de San José de Pedro Roldán o su círculo.

- Capilla de las Santas Justa y Rufina, con un retablo del siglo XVIII presidido por una imagen del Sagrado Corazón de 1948, flanqueado por las imágenes de las Santas, de la misma época que el retablo.

También desde el presbiterio a los pies, pero en el lado de la Epístola, encontramos:

- Capilla de la Virgen del Rosario, presidida por una imagen realizada por Manuel Pereira a principios del siglo XVII, aunque re-policromada en el XVIII.

- Capilla de San Antonio, con un retablo fechado en 1667 y realizado por Bernardo Simón de Pineda, uno de los retablistas más destacados del Barroco sevillano. Sobre el altar se ubica un Crucificado de marfil del siglo XVII procedente de Filipinas.

- Capilla de la Inmaculada. En ella se ubica una bellísima imagen de la Inmaculada, anónima de principios del siglo XVIII. La capilla es sede también de la Hermandad Sacramental y en ella encontramos el magnífico niño Jesús realizado por Martínez Montañés hacia 1606. Esta escultura sentaría el patrón para la representación más extendida del Niño Jesús durante el Barroco. Son innumerables las representaciones que se han producido en la ciudad desde el siglo XVII y que hoy se encuentran repartidas por las iglesias, conventos y colecciones particulares de la ciudad, teniendo todas ellas como punto de partida esta magistral obra de Martínez Montañés para el Sagrario. La imagen desfila cada año en la procesión del Corpus que sale desde la Catedral.

- Capilla de Santa Bárbara, con retablo barroco de hacia 1680 presidido por la titular de la capilla, flanqueada por Santa Teresa y Santa Elena.

En la parte superior de los muros se dispone una buena colección de lienzos barrocos, entre los que resaltan los nueve realizados por Matías de Arteaga hacia 1690. El pintor era miembro de la Hermandad Sacramental y los cuadros representan temas del Antiguo Testamento relacionados de una manera simbólica con la Eucaristía, como 'La parábola de los invitados a la boda' o 'La adoración del Cordero Místico'.

CONVENTO DE LAS TERESAS (SAN JOSÉ DEL CARMEN)

Esta comunidad de carmelitas descalzas se asentó en Sevilla en 1575 de la mano de la propia Santa Teresa, que viajó a la ciudad para supervisar la fundación. Se asentaron primero en unas casas de la calle Alfonso XII y más tarde en la calle Zaragoza, hasta que en 1586 se trasladan al emplazamiento donde las encontramos hoy, en pleno corazón del Barrio de Santa Cruz. En este traslado de las religiosas a su nueva ubicación participó el propio San Juan de la Cruz, que estuvo en la ciudad supervisando la operación.

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Se decidió comprar la vivienda de un banquero sevillano llamado Pedro de Morga. La suya era una clásica casa palacio sevillana del siglo XVI por lo que se decidió aprovechar el patio de la casa como claustro del nuevo convento. 

De esta forma, el claustro del convento de las Teresas es un patio porticado de estilo renacentista en torno al que se articulan todas las estancias de la clausura. El patio tiene planta rectangular y presenta arcos sobre columnas de mármol, de medio punto en la galería inferior y rebajados en la superior, característica bastante frecuente en otros palacios sevillanos.

Al exterior, se encuentran anexas las fachadas de acceso a la iglesia y la de acceso al convento, las dos con entradas adinteladas y muy sencillas. Sobre la que da acceso al convento vemos una pequeña pintura mural como única decoración, representando el escudo de la orden flanqueado por dor querubines.

En cuanto a la fachada de la iglesia, resalta el enorme tejaroz que cubre la entrada, sujeto por tornapuntas de forja. En su parte interior se han conservado unas pinturas originales del siglo XVII, con representación de diversos símbolos y santos alusivos a la orden carmelita. 

Artísticamente, la parte más interesante del convento es su iglesia, datada a principios del siglo XVII, con un diseño atribuido al arquitecto tardo-renacentista Vedmondo Resta. Tiene planta rectangular con una sola nave y cabecera cuadrada. La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos y el presbiterio con una bóveda semiesférica. A los laterales se abren unas grandes hornacinas en las que se encuentran encajados retablos a modo de capillas laterales.

El retablo mayor es obra del ensamblador Jerónimo Velázquez de hacia 1630 y aúna pinturas sobre lienzo y esculturas en una composición tardorenacentista bastante clásica, inspirada en modelos tan notables como los de Martínez Montañés o Alonso Cano.

En la hornacina central se venera una hermosa representación de San José con el Niño, obra de Juan de Mesa. Se sigue aquí la iconografía en la que el Niño Jesús conduce e indica el camino a San José. A ambos lados, los santos principales de la orden, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de la Cruz, en dos esculturas anónimas del siglo XVII. Las pinturas sobre lienzo que completa el retablo son anónimas y tratan temas relacionados también con las carmelitas.

También de Juan de Mesa es la magnífica Inmaculada que ocupa el centro de uno de los retablos laterales. La Virgen aparece con la clásica disposición de su iconografía pero ataviada con el hábito carmelita. La flanquean San Juan Bautista y el Profeta Elías, y en el ático se sitúa un relieve con los Desposorios místicos de Santa Teresa. Con excepción de la Inmaculada de Juan de Mesa, el resto de esculturas del retablo son anónimas, aunque se consideran muy cercanas al estilo de Pedro Roldán.

En el resto de retablos se distribuye una buena colección de pintura y escultura sevillana, principalmente de los siglos XVII XVIII. 

Desafortunadamente, la visita libre a la iglesia conventual es muy restringida y prácticamente solo es posible hacerlo en horario de misas. 

CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

En detalle: Catedral de Sevilla

 

 

IGLESIA DE SAN GREGORIO MAGNO

La Iglesia de San Gregorio Magno, también llamada Capilla del Santo Sepulcro, perteneció originalmente al colegio inglés fundado por los jesuitas en la ciudad a finales del siglo XVI. En la actualidad, tiene su sede en la iglesia la hermandad del Santo Entierro.

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Cuando la Orden Jesuíta fue proscrita en España en 1767, las dependencias de la iglesia y el colegio pasaron a depender del Estado, que las ha destinado a diversos usos desde entonces. Un siglo más tarde, en 1867, se asienta aquí la hermandad del Santo Entierro y desde los años 40 del siglo XX acoge una fraternidad mercedaria.

El templo es de planta rectangular con tres naves, separadas por columnas toscanas que sustentan arcos formeros de medio punto. Tanto la nave central como las laterales se cubre por bóvedas arquitrabadas.

La decoración del templo es muy sencilla. Al exterior, apenas encontramos algún detalle neogótico añadido en el siglo XIX, como la moldura que enmarca la entrada, un sencillo arco deprimido rectilíneo.

En el interior, el retablo mayor es una modesta obra decimonónica neoclásica de imitación de mármoles rojizos. En su centro, una urna realizada también en el siglo XIX por Lucas de Prada acoge la imagen del Santísimo Cristo Yacente, titular de la hermandad del Santo Entierro. 

Esta hermandad hace su estación de penitencia el Sábado Santo con tres pasos, el Santo Entierro, el Triunfo de la Santa Cruz y la Virgen de Villaviciosa.

No se conoce con exactitud la fecha de fundación de la hermandad. Existe una narración del siglo XVIII en la que se asegura que fue fundada por el propio Fernando III tras su conquista de la ciudad en 1248 y que el propio monarca habría sido su primer hermano mayor. Sin embargo, no hay ninguna prueba documental de tal relato. 

Con seguridad se sabe que la hermandad ya existía hacia 1570 con sede en el convento de San Laureano. Tras el cierre del convento en 1810, fue pasando por distintas ubicaciones hasta que se asentaron en esta iglesia de San Gregorio en 1867. Sin embargo, no salieron en procesión con regularidad hasta que empezaron a hacerlo en la Semana Santa de 1956.

El primero de los pasos de la hermandad es el Triunfo de la Santa Cruz, uno de los más curiosos de la Semana Santa Sevillana. Representa el triunfo de la Cruz sobre la muerte, que aparece representada por un esqueleto meditabundo, por lo que el paso es conocido popularmente como 'la Canina'. Es una obra de finales del siglo XVII atribuida a Cardoso Quirós.

El Cristo Yacente es una magnífica tallada no documentada, pero que ha sido atribuida a Juan de Mesa y datada en torno a 1620. Desfila en una imponente urna acristalada de estilo neogótico realizada en 1880.

En el último paso desfila la Virgen de Villaviciosa, imagen también de Cardoso Quirós de finales del XVII, que aparece confortada por San Juan, las tres Marías y los santos varones, obras decimonónicas de Juan de Astorga.

CAPILLA DE SAN ONOFRE

Esta pequeña capilla formó parte originalmente de la desaparecida Casa Grande de San Francisco, un enorme convento franciscano que se ubicó hasta el siglo XIX en lo que hoy es Plaza Nueva y sus áreas colindantes. De hecho, se puede considerar que es el único vestigio que ha llegado a nuestros días del desaparecido convento.

Al exterior, la capilla no cuenta con fachada, ya que quedó inserta en uno de los edificios que rodean Plaza Nueva. Al interior, vemos que tiene planta rectangular con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos.

El retablo mayor fue realizado por Bernardo Simón de Pineda en torno a 1680 y las esculturas que en él aparecen se han vinculado al taller de Pedro Roldán. En la hornacina central aparece una Inmaculada, flanqueada a ambos lados por San Fernando y San Hermenegildo. 

La capilla cuenta con otros retablos, de entre los que destaca el dedicado a San Onofre, en el inicio del lado del Evangelio, realizado a principios del siglo XVII. Su parte escultórica fue elaborada por el gran Martínes Montañés, mientras que de las pinturas se encargó Francisco Pacheco, suegro de Velázquez. La imagen del San Onofre es de Pedro Díaz de la Cueva de 1599.

CAPILLA DEL ROSARIO DE MONTE-SION

En esta capilla de la calle Feria tiene su hermandad la Hermandad de Monte-Sion, que hace su estación de penitencia cada Jueves Santo con dos pasos, el Señor de la Oración en el Huerto y la Virgen del Rosario.

La Hermandad fue fundada en 1560, fruto de la unión de dos hermandades anteriores. Hacia 1576 se iniciaron las obras de construcción de su actual capilla, en una pequeña parcela cedida por el antiguo convento dominico de Nuestra Señora de Montesión.

El exterior de la capilla es muy sencillo, con una gran puerta adintelada sobre la que destaca la inscripción 'REGINA SACRATISSIMI ROSARII' (REINA DEL SANTÍSIMO ROSARIO). Como curiosidad, se puede señalar que la puerta no es la original, sino que fue engrandecida en 1915 para permitir la salida de los pasos por ella. A ambos lados se pueden ver los retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad, obras ambas de Alfonso Chaves de 1960. La gran puerta que se encuentra anexa a la fachada de la capilla es el antiguo acceso al desaparecido convento dominico que hemos mencionado.

Al interior, la capilla es de planta rectangular con una sola nave. Destaca la techumbre de madera, una armadura realizada siguiendo la técnica de par y nudillo original de finales del siglo XVI.

El retablo mayor de la capilla es contemporáneo, ya que el templo fue asaltado en 1936, durante los primeros días de la Guerra Civil, perdiendo parte de su patrimonio. 

Artísticamente destacan los titulares de la Hermandad. La Virgen del Rosario es una dolorosa anónima de finales del XVI o principios del XVII, una de las imágenes marianas más antiguas de entre las que procesionan en la Semana Santa de Sevilla. Por su parte, el Señor de la Oración en el huerto fue realizado por Pedro Roldán hacia 1675. 

En un retablo del lado del Evangelio se venera al Cristo de la Salud, también titular de la Hermandad aunque no procesiona. Fue realizado por Luis Ortega Bru en 1954 en sustitución de uno anterior perdido durante el incendio de 1936. A pesar de ser una obra relativamente reciente, es un crucificado de una gran calidad artística, ya que su escultor, Ortega Bru, es uno de los de más calidad y originalidad de entre los que trabajaron en Sevilla durante el siglo XX.

GLORIETA DE HAITÍ

Esta glorieta ha conservado su aspecto original desde su disposición en el Jardín de las Delicias hacia 1864. Se formó con una serie de esculturas y pedestales del siglo XVIII provenientes del Palacio Arzobispal de Umbrete. Tiene una forma elíptica y delimitando su contorno se dispuso un banco corrido de mármol con respaldo metálico. Los pedestales son de estilo rococó y se realizaron por el escultor dieciochesco de origen portugués Cayetano de Acosta. Los bustos son réplica de los originales italianos que estuvieron aquí durante más de un siglo y que en el año 2006 se devolvieron a Umbrete. Representan a una serie de personajes romanos representados en un hermoso estilo barroco. En el centro de la glorieta se sitúa una fuente marmórea de vaso octogonal. El surtidor es réplica del original del siglo XVIII que hoy se encuentra en la Fuente del Estanque, en este mismo jardín.

ESCULTURA DEL DIOS PAN

Pan era el dios griego de los pastores y los rebaños, especialmente venerado en la región de Arcadia. Se identificó con Fauno en la mitología romana. Se le representaba mezclando características humanas y animales, con patas, cola y cuernos de carnero. Aquí lo vemos apoyado sobre un tronco, con unas llamativas pezuñas como pies, en una escultura italiana del siglo XVIII proveniente del Palacio Arzobispal de Umbrete. Está realizado en mármol y mide 1,60 m aproximadamente. Se asienta sobre un pedestal realizado también en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, de unos 2 m de altura y estilo rococó.

ESCULTURAS DE LA AVENIDA DEL LÍBANO

Se conoce como Avenida del Líbano al camino dentro de Jardín de las Delicias que conduce hacia Plaza de América. Está enmarcado por una serie de pedestales rococós realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta para el palacio Arzobispal de Umbrete. Sobre ellos se levantan una serie de esculturas de personajes romanos, réplicas de los originales italianos del siglo XVIII que se encontraban en el mismo Palacio de Umbrete. Las réplicas se realizaron en 2006 cuando los originales fueron devueltos a Umbrete para su mejor conservación.

SALÓN ALTO DEL JARDÍN DE LAS DELICIAS

Este conjunto está formado por un basamento rectangular de suelo enchinado que se eleva mediante una grada de tres escalones. En las esquinas se sitúan una serie de cuatro pedestales rococós elaborados por Cayetano de Acosta en el siglo XVIII. Sobre ellos vemos cuatro jarrones realizados en piedra artificial. Son réplicas de los elaborados para los Jardines de Cristina, frente al Palacio de San Telmo. Se dispusieron aquí durante la remodelación del jardín acometida en 2007. Originalmente, sobre los pedestales se ubicaban una serie de esculturas que representaban a los dioses griegos Apolo, Zeus, Ares y Hera, todas ellas hoy desaparecidas.