tORRE DE DON FADRIQUE Sevilla

LA TORRE DE DON FADRIQUE

La torre de Don Fadrique, dentro del Espacio Santa Clara, es uno de los primeros monumentos de época cristiana que conserva Sevilla, ya que fue construida muy poco tiempo después de la conquista de la ciudad en 1248. Concretamente, según la inscripción de mármol que se encuentra sobre su entrada, fue mandada construir en 1252 por el infante don Fadrique.

Se trata de una hermosa torre exenta de planta cuadrada, con unas dimensiones de 7,75 m. de lado y unos 65 metros de altura, que se dividen en tres plantas, rematada la última por un airoso cuerpo de almenas. Está construida en su mayor parte en ladrillo, aunque combinado con sillares de piedra en algunas de sus partes, como en la mitad inferior de la planta baja y en las esquinas y partes centrales del resto de plantas.

Como hemos dicho, el primer cuerpo está construido con sillares en su mitad inferior y en la superior se pueden ver unas sencillas saeteras. En su lado septentrional se abre una hermosa portada en estilo románico, con dos arquivoltas de medio punto sobre columnas que enmarcan un vano polilobulado. Tanto la arquivolta central como los capiteles cuentan con decoración vegetal y posiblemente existía también decoración escultórica en el tímpano, como puede verse por los fragmentos de figuras que se han conservado en ambos lados. Sobre esta entrada se encuentra la mencionada inscripción en mármol, en la que, de acuerdo con la transcripción de Gestoso en su Sevilla monumental y artística, puede leerse:

FABRICA: MAGNIFICA: TURRIS: FUIT: HEC: FREDERICI: ARTIS: ET: ARTIFICI: POTERIT: LAVS: MAXIMA: DICI: GRATA: BEATRICI: PROLES: FVIT: HIC: GENETRICI: REGIS: ET: HESPERICI: FERNANDI: LEGIS: AMICI: ERE: SISVBICI: CUPIS: ANNOS: AUT: REMINISCI: IN: NONAGENA: BISCENTVM: MILLE: SERENA DIVICIIS: PLENA: IAM: STABAT: TVRRIS: AMENA:

Esta torre es fabrica del magnífico Fadrique, podrá llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y cincuenta y dos (1252) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas.

En el segundo piso se abren a cada uno de los lados unas sencillas ventanas abocinadas románicas, con arcos de medio punto sobre columnas, igual que en la puerta. En la última planta, sin embargo, las ventanas, también una a cada lado, presentan ya unas formas claramente góticas. Cuenta con una serie de arquivoltas ojivales, que enmarcan un vano central con una hermosa forma polilobulada. Son de mayor tamaño que las ventanas de la planta inferior y cuentan con decoración escultórica tanto en los capiteles como en la arquivolta más externa.

La cornisa que remata este último cuerpo es de mayor anchura que las que separan el resto de plantas y cuenta con gárgolas en cada una de sus esquinas, aunque hoy se encuentran muy deterioradas.

 

 

La torre formaba originalmente parte de la residencia del infante don Fadrique, hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia, que levantó su palacio sobre uno anterior de época almohade. Esta zona se encontraba dentro del recinto amurallado de la ciudad, por lo que la torre no tendría una finalidad defensiva hacia el exterior demasiado destacada. Lo más probable es que su motivación principal fuera de prestigio, queriendo mostrar el poderío y la importancia del personaje titular del palacio.

El infante tuvo una vida bastante tumultuosa, ya que al parecer tenía cierta tendencia a la conspiración. Participó en varias conjuras contra su hermano y finalmente fue ajusticiado en Burgos en 1277 por orden de este. Las circunstancias que envuelven este hecho no están del todo claras, ya que existen distintas versiones tanto sobre su ejecución como de las razones que la motivaron.

En una de las explicaciones para la enemistad entre el rey Alfonso y don Fadrique, tiene un papel destacado la torre de la que hablamos hoy. Existe un relato, con un carácter más bien legendario, que cuenta que existieron amoríos entre el infante y su madrastra, Juana de Ponthieu, segunda esposa de su padre, el rey Fernando III. La reina y su hijastro apenas se llevaban unos años de edad y, al parecer, por Sevilla corrieron habladurías sobre su relación, situando en esta torre los encuentros amorosos entre ambos. Al llegar estas noticias a oídos de Alfonso X, este habría ordenado el destierro de Juana a Francia e iniciado un proceso contra su hermano Fadrique por atentar contra el decoro real, al haber mantenido relaciones con la viuda de su padre.

Como decíamos, aunque muy difundida, esta historia tiene todos los visos de ser sólo una leyenda. Sea como fuere, una vez muerto Fadrique, sus posesiones en Sevilla volvieron a pertenecer a la Corona y en 1289 fueron cedidas por el rey Sancho IV para la fundación del convento de Santa Clara. Las monjas fueron progresivamente transformando todos los espacios de la residencia del infante para el uso monástico, pero respetaron la torre, lo que ha permitido que llegue hasta nuestros días en un magnífico estado.

A su indiscutible valor histórico se suma su excepcional trascendencia artística, ya que supone uno de los escasísimos ejemplos de arte románico que encontramos en Sevilla y probablemente la primera manifestación del arte gótico en la ciudad. Además, el hecho de que en un mismo edificio se sucedan ambos estilos se muestra como una bellísima analogía de la transición entre el mundo del románico y el del gótico. En su solemne sencillez, la torre de Don Fadrique es una de las grandes joyas artísticas de Sevilla.

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