LA SERLIANA DE LA MACARENA

La Basílica de la Macarena, sede de la hermandad del mismo nombre, es el tercer monumento más visitado de Sevilla, por detrás sólo de la Catedral y el Alcázar. Recibe cada año a casi un millón de visitantes, movidos por la devoción que despierta la imagen de la Esperanza Macarena, una dolorosa anónima del siglo XVII, que es probablemente la advocación mariana más popular de la ciudad y una de las más destacadas tanto dentro como fuera de Andalucía.

El templo fue construido durante los años 40 del siglo XX, según el proyecto de Aurelio Gómez Millán. Siguiendo las directrices de la hermandad, se levantó en un estilo neobarroco, que encaja perfectamente en el carácter historicista que caracteriza la mayor parte de la obra de este arquitecto. 

Tiene una planta basilical, con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos, cuatro capillas laterales y un testero muy pronunciado, en el que se sitúa el altar mayor con la imagen de la Virgen.

En cuanto a su fachada, el elemento más característico es el atrio, con un vano central cubierto por arco de medio punto y sendos vanos adintelados a cada lado, sostenidos por seis pares de columnas de mármol. Sobre él, una hornacina cubierta por frontón curvo partido alberga una escultura que representa a la virtud teologal de la esperanza. En un segundo plano, se levanta una airosa espadaña, que originalmente contaba con un solo cuerpo de tres campanas al que se añadió en 1992 un segundo cuerpo con una campana más, esta vez rematado por frontón curvo.

Como es habitual en la arquitectura regionalista e historicista de la que es un gran exponente Aurelio Gómez Millán, no se duda en hacer uso de formas y recursos arquitectónicos clásicos, que han formado parte de forma habitual de la tradición arquitectónica occidental. En este caso, el atrio del que hablamos es formalmente una serliana o arco serliano, llamado así por quedar definido en el tratado Tutte l'opere d'architettura et prospettiva, de Sebastiano Serlio, publicado a mediados del siglo XVI.

Con anterioridad, otros artistas del Renacimiento habían hecho uso de esta forma que combina el arco de medio punto con los vanos adintelados. Así, por ejemplo, lo vemos en la Capilla Pazzi de Florencia, ideada por Brunelleschi en 1429, y posteriormente en numerosas obras de Andrea Palladio, que fue probablemente el arquitecto que más contribuyó a su difusión.

Como la mayoría de los recursos arquitectónicos renacentistas, la serliana tiene una raíz en la antigüedad clásica y lo encontramos en templos como el de Adriano en Éfeso, del siglo II d.C.

En el caso de Sevilla, lo vemos de forma muy temprana en el cuerpo de campanas de la Giralda, añadido por Hernán Ruiz el Joven a mediados del siglo XVI. En este caso el arquitecto, que fue uno de los grandes introductores del Renacimiento en España, añadió un vano adintelado más a cada lado, hasta formar un total de cinco contando con el central. La belleza del conjunto resultante hizo que este recurso arquitectónico se difundiera ampliamente, de tal forma que hoy podemos verlo, por influencia de la Giralda, en numerosas espadañas y campanarios sevillanos.

Pero en el caso de la Basílica de la Macarena, además de adoptar esta forma serliana, parece tener una clara referencia en otro monumento sevillano menos conocido. Se trata del pórtico lateral de entrada a la iglesia del convento de Santa Clara. Fue añadido al templo en una reforma de principios del siglo XVII, en un estilo de transición entre el manierismo y el barroco, siguiendo el diseño de Juan de Oviedo y Miguel de Zumárraga. En este caso no se trata de un arco serliano propiamente dicho, sino que los tres espacios están cubiertos por arcos de medio punto. Sin embargo, el resultado final es en su forma y proporciones el precedente sevillano más claro para el atrio de la Macarena.

Como conclusión, se puede señalar cómo el historicismo que inspiró la construcción de la basílica hace que fijándonos en algunos de sus elementos podamos evocar algunas de las formas y rasgos que han definido históricamente la arquitectura occidental. Un templo de menos de un siglo de existencia puede servir como un hermoso marco para toda una lección de historia del arte.

 

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