Pórtico y arcos califales del Patio del yeso del Alcázar de Sevilla

EL PATIO DEL YESO DEL ALCÁZAR

El Alcázar de Sevilla está considerado el palacio real en uso más antiguo de Europa y es uno de los principales conjuntos monumentales de la ciudad de Sevilla, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1987, junto con la catedral y el Alcázar.

Más que un palacio en sí, es un conjunto de palacios y jardines que se han ido edificando a lo largo de la historia desde un núcleo original medieval islámico. Sin embargo, se ha perdido casi todo de los palacios musulmanes, ya que el espacio fue reformulado por completo a partir de la llegada de los cristianos, con nuevos palacios en estilos mudéjar y gótico, con reformas y ampliaciones de los espacios ajardinados con aportaciones renacentistas, manieristas y barrocas.

No conocemos las características exactas del alcázar islámico, pero es seguro que fue sometido  también a sucesivas ampliaciones, especialmente durante los siglos XI y XII, para configurarse como un conjunto de diversas estancias palaciegas intercaladas por patios y jardines, al igual que ocurriría más tarde en época cristiana.

Las excavaciones arqueológicas han demostrado que el núcleo principal del conjunto se articulaba en torno a un área que iría entre los actuales patios de Banderas y del León. En este contexto se enmarca el llamado Patio del Yeso, el único resto de entidad de este primitivo palacio musulmán que ha llegado hasta nosotros, además de buena parte de las murallas que rodean el Alcázar, que son en gran medida también de época islámica.

El patio permanecía oculto entre las viviendas que se habían construido en la zona y fue redescubierto a finales del siglo XIX por el político e historiador del arte Francisco María Urbino. Se ha datado en el siglo XII y supone una pequeña joya de la arquitectura almohade en la ciudad. Tras su descubrimiento, fue profundamente restaurado en varios momentos del siglo XX, hasta alcanzar la configuración que ha llegado hasta nosotros.

 

Tiene una planta rectangular hacia la que se abre un pórtico con arcos polilobulados. Uno central, más ancho y alto, y otros tres a cada uno de los lados, sostenidos por pilastras y cuatro columnas de mármol. Hay que decir que la estructura del pórtico es en realidad adintelada, por lo que los arcos no tienen función estructural, así que cumplen una función decorativa. Esto permitió que se pudieran horadar profundamente en su ornamentación, utilizando la labor conocida como sebka, tan característica del arte almohade y que alcanza su máxima expresión sevillana en la decoración de la Giralda.

Frente a este pórtico, al otro lado del aljibe que ocupa el patio, se ubicaría con toda seguridad otro hoy desaparecido. Lo que sí se han conservado son tres arcos de herradura hoy cegados, que darían acceso a las estancias tras ellos. Son de unos rasgos más cercanos a la tradición califal, enmarcados por alfices y soportados por columnas de mármol. 

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