CASA DE SALINAS

La Casa de Salinas es un ejemplo del tipo de casa palacio sevillana del siglo XVI, caracterizado por sintetizar las aportaciones del Renacimiento con la tradición gótico mudéjar de la ciudad. Fue mandada construir por Baltasar de Jaén y Roelas a partir de 1577. 

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Durante el siglo XIX, la Casa pasó por diversos usos. Según su web, llegó incluso a albergar una logia masónica, 'que cuando se fue dejó una extensa estela de rumores sobre prácticas de muerte y cadáveres enterrados en la casa y nadie quería vivir en ella. De estos rumores se pasó al convencimiento de que los masones habían dejado un tesoro escondido. El rumor fue tan fuerte que se pusieron a agujerear toda la casa. La búsqueda terminó cuando equivocadamente pincharon en una fosa séptica con desagradables consecuencias para todos los que estaban cavando en ese momento'.

A finales del siglo XIX la vivienda sería adquirida por Eduardo Ybarra, que acometería una profunda reforma a la que debemos en parte el aspecto actual. Se enriquecería con elementos como la azulejería de la Casa Mensaque de Triana, un mosaico de Baco proveniente de Itálica y datado en el siglo II, una escultura marmórea de la Virgen de los Remedios proveniente del antiguo Convento de los Remedios y una serie de vidrieras de la fábrica de Pickman para el comedor superior y el patio principal.

En 1930 la vivienda sería adquirida por Manuel Salinas de Malagamba y sería entoces cuando tomaría el apelativo actual de Casa de Salinas.

Arquitectónicamente, la casa se articula en torno a un patio de doble galería, con arcos de medio punto en la planta baja y carpaneles en la alta. Asientan sobre columnas de mármol y están enriquecidos con una profusa decoración 'a candelieri', muy característica del plateresco.

En la actualidad, la Casa de Salinas es de propiedad privada pero está abierta a la visita cultural y también se puede alquilar para la celebración de eventos.

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Patio principal con Jano bifronte

CASA PILATOS

La Casa de Pilatos es uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil del siglo XVI en Andalucía, constituyendo una hermosa síntesis del arte renacentista italiano y el estilo mudéjar sevillano. 

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Su construcción se inició a finales del siglo XV por parte del Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez y de su esposa, Catalina de Ribera, aunque el grueso de su obra se acometió en tiempos del hijo de ambos, Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa.

Este llevó a cabo una peregrinación a Tierra Santa en 1518, recorriendo gran parte de Italia tanto a su ida como a a su vuelta, hecho que marcaría en gran medida la fisonomía del palacio. Pudo admirar grandes obras del renacimiento italiano en ciudades como Venecia, Milán, Roma o Génova. En esta última ciudad encargaría al escultor Antonio María Aprile, la magnífica portada que constituye el acceso principal a su palacio. Está realizada en mármol blanco y reproduce la forma de un arco triunfal romano, con pilastras de orden corintio enmarcando un arco de medio punto. En las enjutas se sitúan dos medallones clásicos con las efigies de Julio César y Trajano, ambos muy vinculados a la ciudad. En el friso, entre los escudos de la familia, aparece una gran inscripción con caracteres de metal insertos en mármol, alusiva a la construcción del palacio y de esta portada. 

La fachada está rematada por una crestería de estilo gótico, que al parecer procede de un palacio anterior que la familia poseía en Bornos. En la parte central de esta balaustrada, se disponen tres pilares, cada uno de ellos con una cruz de Jerusalén y la inscripción “4 DÍAS DE AGOSTO DE 1519. ENTRÓ EN HIERUSALEM”, alusiva a la peregrinación de don Fadrique a Tierra Santa.

De esta peregrinación, que al parecer marcó profundamente al marqués de Tarifa, proviene con toda probabilidad el nombre de Casa de Pilatos con el que el palacio es conocido generalmente. Durante mucho tiempo existió la leyenda que el marqués había reproducido en su vivienda las trazas del palacio del pretorio romano Poncio Pilatos en Jerusalén y que de ahí vendría el nombre. De hecho, al pórtico que da hacia el exterior en el primer piso junto a esta fachada se lo menciona a veces como el balcón del “Ecce Homo”, ya que supuestamente reproduciría el espacio donde Jesús fue mostrado al pueblo en el célebre pasaje bíblico.

El más mínimo análisis formal y estilístico del palacio deja claro que esta teoría no es más que una leyenda. Lo que sí parece más probable es la relación del nombre popular del palacio con el famoso Vía Crucis que parte desde él y que llega hasta el templete de la Cruz del Campo, que todavía se conserva en la actual calle Luis Montoto.

Según la tradición, el marqués de Tarifa, en su peregrinación a Jerusalén, habría medido la distancia exacta que iba desde el palacio del pretorio donde fue juzgado Jesús hasta el monte del Calvario donde fue crucificado. Esta distancia coincidiría con la que hay entre la fachada del palacio y el mencionado templete. 

A esta circunstancia hace alusión la hornacina con una cruz que se encuentra a la izquierda de la portada principal, realizada ya en el siglo XVII con vistosos mármoles de distintos colores. Esta cruz marcaría la primera estación del citado vía crucis, tal y como puede leerse en las inscripciones que aparecen a los lados.

En el interior, el espacio del palacio se articula alrededor de una serie de patios y jardines, generando una planta muy compleja. 

La peculiar diversidad estilística de este espacio que reúne armónicamente elementos góticos, mudéjares, renacentistas y románticos, es producto de sucesivas intervenciones sobre un patio rectangular, con eje en la capilla y porticado únicamente en sus lados cortos, construido a fines del s. XV por Pedro Enríquez y Catalina de Ribera. Su hijo Fadrique, el peregrino a Jerusalén, inició su transformación renacentista: amplió sus dimensiones haciéndolo cuadriforme, abrió galerías en sus cuatro costados, sustituyó los pilares de ladrillo por columnas genovesas y colocó en su centro la fuente marmórea adquirida también en Génova. A Fadrique, le hereda, en 1539, su sobrino Per Afán, quien además de enriquecer sus esquinas con las cuatro piezas principales de su colección escultórica (véase nº 4), dispuso en su derredor una galería de bustos de personajes de la Antigüedad que, a modo de espejo histórico, reforzase la idea de continuidad entre la fundación de Roma y el nuevo imperio de Carlos V. Ya en el s. XIX, se introducen novedades al gusto romántico, como la apertura de un acceso en su centro, la sustitución del suelo de barro por mármol y la colocación de nuevos ajimeces pseudo-nazaritas.

El elemento central y más emblemático del palacio es el patio central. Tiene un marcado aire renacentista, a pesar de la profusa decoración mudéjar y de la presencia también de elementos góticos. Esto se debe a la profusa utilización del mármol en columnas y solerías, y a la espléndida colección de piezas romanas que se exhiben en el patio. Por ejemplo, en cada una de las esquinas se sitúan cuatro esculturas femeninas romanas, todas ellas originales de los siglos I y II. Representan a Pallas Pacifera, a Pallas como guerrera, a Copa Syrisca y a Faustina la Menor divinizada como Fortuna. En el centro del patio, una fuente de mármol con un busto de Jano Bifronte, original también del siglo I. Además, los muros del patio están recorridos por una serie de hornacinas en las que se expone una magnífica colección de bustos de emperadores originales, una de las mejores colecciones privadas que existen de esta materia.

Estas obras son solo una parte de la magnífica colección escultórica que puede admirarse en la visita al palacio. El  núcleo principal del conjunto fue conformado por Per Afán de Ribera, I Duque de Alcalá, principalmente con obras provenientes del virreinato de Nápoles, donde llegó incluso a financiar excavaciones. Las piezas se hayan expuestas por varias de las estancias del palacio y muchas de ellas junto al llamado Jardín Chico, uno de los dos preciosos espacios ajardinados que flanquean el palacio.

Las estancias interiores adoptan en general nombres relacionados con la mencionada identificación del palacio con la casa de Pilatos. De esta forma, tenemos el Salón del Pretorio, la Capilla de la Flagelación o el Gabinete de Pilatos.

El Salón del Pretorio, entre el patio principal y el Jardín Chico, conserva todos sus elementos originales del siglo XVI, incluyendo el magnífico artesonado de madera y la cubrición de azulejos de cuenca y arista de los muros.

La Capilla de la Flagelación, situada en un lado del patio principal, se considera la estancia más antigua del palacio, construida en un estilo gótico mudéjar. En su centro se ubica una columna, que la tradición identifica con la utilizada en la flagelación de Jesús y de ahí el nombre de la capilla. Sobre el altar se expone una escultura paleocristiana del siglo IV que representa a Jesús como el Buen Pastor. Quizás sea esta la imagen de Jesús más antigua de entre las que se pueden ver en Sevilla.

El Gabinete de Pilatos, situado bajo el torreón, cuenta con una planta cuadrada y una fuente octogonal en su centro, elementos que lo relacionan con las 'qubbas' de la arquitectura mudéjar. Está cubierta por un imponente artesonado adintelado de madera. Está hecho de lacería 'a calle y cuerda' compuesto por ruedas de diez lados que tienen como centro una estrella de diez puntas, formando una composición que alude simbólicamente a la bóveda celeste.

Por su parte, la planta alta fue mandada construir por Fadrique Enríquez de Ribera en el siglo XVI y se decoró con una serie de personajes ilustres de la Antigüedad y con una composición alegórica sobre el Triunfo de las Cuatro Estaciones. Con posterioridad, Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, pintó los techos con una serie de temas mitológicos. En la actualidad, se exhiben en estos espacios una serie de piezas de la colección Medinaceli, que incluyen no solo mobiliario y tapices, sino también pinturas de autores de la talla de Goya, Lucas Jordán o Carreño Miranda.

En detalle: La portada renacentista de la Casa Pilatos

 

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CASA DE OLEA

Estamos ante una casa palacio que fue erigida originalmente en el siglo XIV, pero que ha experimentado numerosas modificaciones a lo largo de su historia, especialmente en los siglos XVI, XVIII y XIX. A este último periodo corresponde la fachada principal, de estilo neoclásico. En la actualidad, sirve de sede al colegio San José de la Montaña.

En el interior, la casa se articula en torno a un patio porticado, con arcos peraltados con decoración plateresca, que descansan sobre columnas de mármol. En la esquina, como suele ser habitual en las casas palacio sevillanas, una espléndida escalera da acceso a la segunda planta.

De las estancias del palacio medieval se han conservado algunas, como la llamada 'habitación de las niñas' y un salón de planta cuadrada utilizado hoy como capilla. Allí se conservan los elementos de mayor valor artístico, como los zócalos de alicatado con ruelas de lazo, similares a los del Alcázar, o las hermosas yeserías con decoración de ataurique, inscripciones cúficas y veneras. La bóveda de madera ochavada que cubría originalmente el espacio se perdió y hoy en día cuenta con una cubierta contemporánea que reproduce la forma de la original.

Los pisos superiores son fruto de la reforma del siglo XIX y poseen salones decorados en estilo inglés.

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CASA DE LOS PINELO

Espléndida casa palacio sevillana de comienzos del siglo XVI que mezcla en su estilo elementos góticos, mudéjares y renacentistas.

Debe su nombre a que fue erigida por la familia de los Pinelo, comerciantes de origen genovés. En 1524 sería donada por la familia al cabildo de la Catedral, que ostentaría su propiedad hasta el siglo XIX. Por entonces, fruto de la desamortización volvería a manos privados, pasando por diversos titulares y usos. En los años 60 del siglo XX fue adquirido por el Ayuntamiento, que acabó cediendo el inmueble a la Dirección General de Bellas Artes en 1972. Se inició entonces una profunda reforma dirigida por Rafael Manzano Martos. En la actualidad es sede de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

La fachada principal es bastante sencilla y en ella se pueden distinguir perfectamente los distintos pisos, con la planta baja levantada con sillares y el primer piso con ladrillo. En la planta superior se abre una galería mirador de arcos de medio punto sobre columnas de mármol, asentadas a su vez sobre una balaustrada de estilo gótico.

El interior del edificio se articula en torno a dos patios. El primero, más pequeño, hacía las funciones de apeadero y se encuentra porticado con arcos carpaneles sobre columnas de mármol. El segundo es un magnífico patio renacentista, también porticado, pero en esta ocasión con arcos de medio punto que asientan sobre columnas de castañuelas. Los arcos se hallan ricamente decorados con relieves platerescos. En las enjutas aparecen una serie de medallones con personajes de la época, entre los que se encuentran los propietarios originales del palacio. Los arcos del piso superior asientan igualmente sobre columnas de mármol y están decorados de forma similar, aunque en este caso son arcos rebajados.

Entre las estancias que rodean el patio se han conservado una buena parte de los artesonados de madera originales del siglo XVI. También es de destacar el hermoso jardín al fondo de la vivienda, muy reformado en la restauración de Manzano en los 70.

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CASA DE CONTRATACIÓN DE INDIAS

La Casa de Contratación fue una institución fundada en 1503 por orden de Isabel la Católica, encargada de gestionar todo lo relacionado con la navegación y explotación comercial de los nuevos territorios de la Corona en ultramar.

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Inicialmente se asentó en un espacio de las antiguas Atarazanas, pero ante las constantes crecidas del río, se trasladó pronto al emplazamiento que ocuparía en el interior del Alcázar. Allí ocuparía el espacio de uno de los antiguos palacios musulmanes, al Oeste del palacio de Pedro I, espacio que ya venía siendo utilizado por el llamado Cuarto de los Almirantes. A principios del siglo XVI se inició una reforma completa de las instalaciones y se abrió una nueva fachada hacia la actual plaza de la Contratación. Sin embargo, el edificio que hoy podemos ver allí, propiedad de la Junta de Andalucía, se construyó en los años 70 del siglo XX. Fue entonces cuando se reconstruyó el antiguo patio del palacio musulmán, a partir de los escasos restos arqueológicos hallados.

De la Casa de Contratación del siglo XVI se conservaron algunas estancias y patios que hoy son visitables desde el interior del Alcázar. Entre ellas, se pueden destacar el Salón del Almirante y la Sala de Audiencias.

El Salón del Almirante es una amplio espacio de planta rectangular cubierto por un techo de madera, con vigas horizontales que descansan en ménsulas con un diseño inspirado en la obra de Sebastiano Serlio. Datado a finales del siglo XVI, este techo se adscribe al maestro carpintero del Alcázar, Martín Infante. Los muros se hallan decorados con pinturas de los siglos XIX y XX pertenecientes a Patrimonio Nacional, el Museo del Prado y la colección de la Familia Real. Particularmente interesantes son los retratos pintados por el alemán Winterhalter de El rey y la reina de Francia, Luis Felipe y Amelia, con sus hijos, y los de Don Antonio y doña Luisa Fernanda, duques de Montpensier.

Enfrente, cuelga una gran pintura titulada  Las postrimerías de Fernando III el Santo, firmada y datada en Sevilla por el pintor local Virgilio Mattoni en 1887. Es una obra propiedad del Museo del Prado, aunque se encuentra depositada en el Alcázar por la gran vinculación de la obra con este lugar, ya que el hecho que narra, la muerte de Fernando III, sucedió aquí, en el Alcázar. En el muro del fondo, en el lugar central de la sala, podemos ver el óleo titulado La inauguración de la Exposición Iberoamericana, pintado por Alfonso Grosso en 1929.

Por su parte, la Sala de Audiencias debe su nombre a que fue sede del Tribunal del Almirantazgo de Castilla. Se trata de una sala de planta cuadrada, cuyo artesonado de madera del siglo XVI, ricamente dorado, presenta trazas que recuerdan al viejo estilo mudéjar. 

En los muros aparecen los escudos de armas de varios almirantes célebres en la historia naval de España, entre los que se encuentra el de Cristóbal Colón, justo en el centro del muro de la izquierda.

En la parte central de la habitación vemos el retablo de Nuestra Señora de los Navegantes, realizado por Alejo Fernández en 1535. Es la primera pintura en Europa que tiene como tema el descubrimiento de América. No podemos identificar a las figuras que aparecen con claridad, pero sabemos que están Cristóbal Colón, en el emperador Carlos, Fernando el Católico, Sancho de Matienzo (primer tesorero de la Casa de Contratación), Americo Vespuccio, Juan de la Cosa y varios indígenas, de las tierras recientemente descubiertas. Todos ellos cubiertos bajo el manto de la Virgen de los Buenos Aires. En la parte inferior aparecen varios de los tipos de embarcaciones que hacía la carrera de Indias, por lo que la obra en su conjunto ofrece un testimonio de incalculable valor.

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IGLESIA DE SAN GREGORIO MAGNO

La Iglesia de San Gregorio Magno, también llamada Capilla del Santo Sepulcro, perteneció originalmente al colegio inglés fundado por los jesuitas en la ciudad a finales del siglo XVI. En la actualidad, tiene su sede en la iglesia la hermandad del Santo Entierro.

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Cuando la Orden Jesuíta fue proscrita en España en 1767, las dependencias de la iglesia y el colegio pasaron a depender del Estado, que las ha destinado a diversos usos desde entonces. Un siglo más tarde, en 1867, se asienta aquí la hermandad del Santo Entierro y desde los años 40 del siglo XX acoge una fraternidad mercedaria.

El templo es de planta rectangular con tres naves, separadas por columnas toscanas que sustentan arcos formeros de medio punto. Tanto la nave central como las laterales se cubre por bóvedas arquitrabadas.

La decoración del templo es muy sencilla. Al exterior, apenas encontramos algún detalle neogótico añadido en el siglo XIX, como la moldura que enmarca la entrada, un sencillo arco deprimido rectilíneo.

En el interior, el retablo mayor es una modesta obra decimonónica neoclásica de imitación de mármoles rojizos. En su centro, una urna realizada también en el siglo XIX por Lucas de Prada acoge la imagen del Santísimo Cristo Yacente, titular de la hermandad del Santo Entierro. 

Esta hermandad hace su estación de penitencia el Sábado Santo con tres pasos, el Santo Entierro, el Triunfo de la Santa Cruz y la Virgen de Villaviciosa.

No se conoce con exactitud la fecha de fundación de la hermandad. Existe una narración del siglo XVIII en la que se asegura que fue fundada por el propio Fernando III tras su conquista de la ciudad en 1248 y que el propio monarca habría sido su primer hermano mayor. Sin embargo, no hay ninguna prueba documental de tal relato. 

Con seguridad se sabe que la hermandad ya existía hacia 1570 con sede en el convento de San Laureano. Tras el cierre del convento en 1810, fue pasando por distintas ubicaciones hasta que se asentaron en esta iglesia de San Gregorio en 1867. Sin embargo, no salieron en procesión con regularidad hasta que empezaron a hacerlo en la Semana Santa de 1956.

El primero de los pasos de la hermandad es el Triunfo de la Santa Cruz, uno de los más curiosos de la Semana Santa Sevillana. Representa el triunfo de la Cruz sobre la muerte, que aparece representada por un esqueleto meditabundo, por lo que el paso es conocido popularmente como 'la Canina'. Es una obra de finales del siglo XVII atribuida a Cardoso Quirós.

El Cristo Yacente es una magnífica tallada no documentada, pero que ha sido atribuida a Juan de Mesa y datada en torno a 1620. Desfila en una imponente urna acristalada de estilo neogótico realizada en 1880.

En el último paso desfila la Virgen de Villaviciosa, imagen también de Cardoso Quirós de finales del XVII, que aparece confortada por San Juan, las tres Marías y los santos varones, obras decimonónicas de Juan de Astorga.

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CAPILLA DEL ROSARIO DE MONTE-SION

En esta capilla de la calle Feria tiene su hermandad la Hermandad de Monte-Sion, que hace su estación de penitencia cada Jueves Santo con dos pasos, el Señor de la Oración en el Huerto y la Virgen del Rosario.

La Hermandad fue fundada en 1560, fruto de la unión de dos hermandades anteriores. Hacia 1576 se iniciaron las obras de construcción de su actual capilla, en una pequeña parcela cedida por el antiguo convento dominico de Nuestra Señora de Montesión.

El exterior de la capilla es muy sencillo, con una gran puerta adintelada sobre la que destaca la inscripción 'REGINA SACRATISSIMI ROSARII' (REINA DEL SANTÍSIMO ROSARIO). Como curiosidad, se puede señalar que la puerta no es la original, sino que fue engrandecida en 1915 para permitir la salida de los pasos por ella. A ambos lados se pueden ver los retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad, obras ambas de Alfonso Chaves de 1960. La gran puerta que se encuentra anexa a la fachada de la capilla es el antiguo acceso al desaparecido convento dominico que hemos mencionado.

Al interior, la capilla es de planta rectangular con una sola nave. Destaca la techumbre de madera, una armadura realizada siguiendo la técnica de par y nudillo original de finales del siglo XVI.

El retablo mayor de la capilla es contemporáneo, ya que el templo fue asaltado en 1936, durante los primeros días de la Guerra Civil, perdiendo parte de su patrimonio. 

Artísticamente destacan los titulares de la Hermandad. La Virgen del Rosario es una dolorosa anónima de finales del XVI o principios del XVII, una de las imágenes marianas más antiguas de entre las que procesionan en la Semana Santa de Sevilla. Por su parte, el Señor de la Oración en el huerto fue realizado por Pedro Roldán hacia 1675. 

En un retablo del lado del Evangelio se venera al Cristo de la Salud, también titular de la Hermandad aunque no procesiona. Fue realizado por Luis Ortega Bru en 1954 en sustitución de uno anterior perdido durante el incendio de 1936. A pesar de ser una obra relativamente reciente, es un crucificado de una gran calidad artística, ya que su escultor, Ortega Bru, es uno de los de más calidad y originalidad de entre los que trabajaron en Sevilla durante el siglo XX.

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AYUNTAMIENTO DE SEVILLA

El ayuntamiento sevillano tiene su sede en un magnífico edificio del siglo XVI, que conserva en buena parte de su fachada las trazas del exquisito estilo renacentista plateresco en el que fue construido. 

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El edificio se levantó originalmente anexo al convento Casa Grande de San Francisco, que ocupó originalmente todo el área de Plaza Nueva y sus manzanas adyacentes. Las obras se iniciaron alrededor de 1527, coincidiendo con la estancia del emperador Carlos V en la ciudad para la celebración de su matrimonio con Isabel de Portugal. A lo largo del siglo, se sucedieron distintos arquitectos en la dirección de las obras, como Diego de Riaño, Juan Sánchez, Hernán Ruiz II o Benvenuto Tortello.

En el siglo XIX, a raíz de la desaparición del convento de San Francisco, el inmueble se ampliará notablemente. Fue entonces cuando se construyó la fachada neoclásica que da a Plaza Nueva, obra de Balbino Marrón (1861) y la  prolongación de la fachada hacia la plaza de San Francisco, dirigida por Demetrio de los Ríos (1868).

Hacia el exterior, destaca la exquisita decoración plateresca de la parte construida en el siglo XVI. Podemos ver un complejo programa iconográfico, lleno de personajes mitológicos y referencias a la antigüedad romana, mezcladas con los emblemas de Carlos V. De esta forma, se pretendía enaltecer el pasado de la ciudad, poniéndolo en relación con la glorificación de la figura del emperador. Se perseguía así consolidar a Sevilla como la ciudad más importante de ese gran imperio que se fue conformando durante el siglo XVI.

A ambos lados del arco que originalmente daba acceso al Convento de San Francisco vemos dos hornacinas con las figuras de Hércules y de Julio César. Ambos personajes son considerados como los fundadores mitológico e histórico de la ciudad. Las esculturas fueron añadidas en 1854 una de las profundas restauraciones acometidas en la fachada del edificio. Son obra de Vicente Hernández Couquet.

En detalle → Los "fundadores" de Sevilla en la fachada del Ayuntamiento

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REAL AUDIENCIA DE SEVILLA

La Real Audiencia fue la máxima institución judicial en la ciudad y se asentó en este espacio desde principios del siglo XVI, cuando se trasladó desde su anterior sede en la Casa de Pilatos. El edificio actual se construiría en estilo renacentista a finales del mismo siglo por orden de Felipe II.

Sin embargo, el inmueble que podemos ver hoy en día dista mucho del original, debido a las numerosas vicisitudes históricas por las que ha atravesado.

En 1918 se produjo un gran incendio que lo destruyó en gran parte y obligo al traslado de los juzgado a la calle Almirante Apocada, al lugar en el que hoy se encuentra el Archivo General de Andalucía.

Tras el incendio, Aníbal González se encargó de la remodelación del inmueble, dotándolo de su aspecto actual. En los años 70 experimentó otra importante transformación con el objetivo de hacerlo sede de la antigua Caja de San Fernando. Hoy alberga la sede de la Fundación CajaSol.

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POSTIGO DEL ACEITE

Es una de las escasas puertas del recinto amurallado de la ciudad que han llegado hasta nuestros días. Su construcción original se ha datado en época almohade, probablemente en el siglo XII y se le ha identificado con la 'bab al-Qatai' o 'Puerta de los Barcos', que se menciona en las fuentes musulmanas. Este nombre vendría de la cercanía con las atarazanas almohades, levantadas también en el siglo XII.

El nombre actual aparece ya en época cristiana, en relación con el mercado y los almacenes de aceite que se ubicaron en las proximidades.

Su apariencia actual dista mucho de la original y se debe en su mayor parte a la reforma acometida por Benvenuto Tortello en el siglo XVI, enfocada a facilitar el tránsito rodado a través del postigo. 

También del siglo XVI parece ser el monumental escudo de Sevilla que se sitúa sobre el vano hacia el centro de la ciudad. Se ha atribuido al escultor renacentista Juan Bautista Vázquez el Viejo.

Junto al Postigo se sitúa la pequeña Capilla de la Pura y Limpia, edificada en el siglo XVIII. Allí se venera una pequeña imagen de la Inmaculada atribuida a Pedro Roldán.

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