FUENTE DE CALÍOPE

En el centro de la plaza de la Magdalena se ubica una fuente de mármol desde 1844, coronada por una escultura del siglo XVIII que representa a la musa Calíope. La fuente está formada por un gran vaso poligonal, en cuyo centro se ubica un vástago-fuste dividido en dos cuerpos por un segundo vaso, esta vez circular.

El primer cuerpo del fuste aparece decorado en su base con veneras, coronas reales, el símbolo de la ciudad (NO8DO) y la mencionada fecha de creación de la fuente. En su parte cilíndrica se disponen varias figuras mitológicas masculinas vinculadas con el mundo acuático (tritones). El vaso circular que sostiene este primer cuerpo se halla gallonado y rodeado por cuatro máscaras surtidores por las que cae el agua hasta el mar de la fuente.

Coronando el conjunto, encontramos una escultura femenina que sostiene una corona de laurel en su mano derecha. Podría tratarse de la musa Calíope, protectora de la poesía épica y la elocuencia.

La plaza en la que se ubica la fuente estuvo ocupada por la primitiva parroquia de la Magdalena, que hoy se encuentra unos metros más al oeste. Esta iglesia fue derribada en 1810, durante la ocupación francesa de la ciudad. Tras la expulsión de los franceses, se intentó la reconstrucción del templo, pero finalmente se optó por abrir una plaza en su lugar, momento en el que se instaló la fuente.

Para su realización se utilizaron elementos provenientes de fuentes anteriores. El vaso principal proviene de una fuente que se encontraba frente al Hospital de la Misericordia, en la actual plaza Zurbarán.  Probablemente es de origen italiano y se remonta al Renacimiento.

Por su parte, el primer cuerpo del fuste central y el vaso circular proceden de una fuente manierista que se ubicó en la Alameda en el siglo XVI. Por último, la escultura femenina que culmina el conjunto proviene de la colección de escultura del siglo XVIII que atesoraba el Palacio Arzobispal de Umbrete. Buena parte de las esculturas de esta colección se encuentran hoy decorando el Jardín de las Delicias, al sur de la ciudad.

Esta conjunción de orígenes le da a la fuente un carácter bastante ecléctico, mezclando el clasicismo del Renacimiento y del siglo XVIII con el romanticismo decimonónico del momento en el que fue recompuesta.

“Según la Teogonía de Hesíodo, era la primera de las nueve musas; más tarde se la llamó patrona de la poesía épica. Por orden de Zeus, el rey de los dioses, juzgó la disputa entre las diosas Afrodita y Perséfone por Adonis. En la mayoría de los relatos, ella y el rey Eagro de Tracia eran los padres de Orfeo, el héroe que tocaba la lira. También era amada por el dios Apolo, con quien tuvo dos hijos, Himeneo y Jalemo. Otras versiones la presentan como la madre de Reso, rey de Tracia y víctima de la guerra de Troya; o como la madre de Lino el músico, inventor de la melodía y el ritmo. Su imagen aparece en el Vaso François, realizado por el alfarero Ergotimos alrededor del 570 a. C.”

Britannica, The Editors of Encyclopaedia. "Calliope". Encyclopedia Britannica, 1 Dec. 2023, https://www.britannica.com/topic/Calliope-Greek-Muse

 

* Wikimedia Commons

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

REAL ALCÁZAR

Pocas ciudades europeas pueden presumir de conservar un palacio real habitado durante más de un milenio. El Real Alcázar de Sevilla no es únicamente un monumento excepcional: es una auténtica suma de épocas, culturas y estilos artísticos superpuestos a lo largo de los siglos. Desde sus orígenes islámicos en el siglo X hasta las intervenciones barrocas, románticas y contemporáneas, el Alcázar ha ido transformándose sin perder nunca su esencia palaciega. Esa continuidad histórica lo convierte en el palacio real en uso más antiguo de Europa y en una de las obras maestras de la arquitectura civil española.

Recorrer sus patios, jardines y salones es atravesar la historia de Sevilla y, en cierto modo, la historia misma de España. Por sus dependencias pasaron gobernadores musulmanes, reyes castellanos, emperadores, artistas y viajeros. Aquí vivieron figuras como al-Mutámid, Alfonso X el Sabio, Pedro I o Isabel la Católica. Además, ha cogido eventos históricos del calibre de la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal en 1526.

En 1987, la UNESCO reconoció este valor universal excepcional declarando al Real Alcázar Patrimonio Mundial junto con la Catedral y el Archivo de Indias.

Historia del Alcázar de Sevilla

El origen del Alcázar se remonta a la Sevilla islámica. En torno al siglo X se levantó la llamada Dar al-Imara o Casa del Gobernador, construida en época omeya como residencia del poder político musulmán. De aquella primera etapa aún sobreviven algunos sectores de muralla y ciertos espacios profundamente transformados con el tiempo.

Durante el siglo XI, en tiempos de los reinos de taifas y bajo la dinastía abadí, el complejo fue ampliado hacia el sur y hacia el río, configurándose el palacio de al-Muwarak (“el Bendito”). La siguiente gran transformación llegó en época almohade, entre los siglos XII y comienzos del XIII. Sevilla se convirtió entonces en capital de al-Ándalus y el Alcázar creció notablemente. De este período se conservan algunos de los espacios más evocadores del conjunto, como el Patio del Yeso o el antiguo Jardín del Crucero, ejemplos excepcionales de la arquitectura almohade sevillana.

Tras la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248, el Alcázar pasó a convertirse en residencia de los monarcas castellanos. El rey santo habitó el palacio hasta su muerte, y su hijo Alfonso X impulsó una de las primeras grandes reformas cristianas con la construcción del llamado Palacio Gótico, levantado en estilo gótico medieval dentro del recinto islámico preexistente.

Sin embargo, la gran edad dorada del Alcázar llegó en el siglo XIV con Pedro I. Entre 1364 y 1366 el monarca mandó construir el extraordinario Palacio Mudéjar, obra culminante del arte mudéjar hispano. Para ello reunió a maestros musulmanes procedentes de Sevilla, Toledo y Granada, creando un edificio que fusiona tradición islámica y ceremonial cortesano cristiano en una síntesis artística única.

A partir del Renacimiento, el Alcázar siguió transformándose. Los Reyes Católicos ampliaron las dependencias privadas; Carlos V añadió las galerías superiores del Patio de las Doncellas y celebró aquí su boda con Isabel de Portugal. En el siglo XVII se reorganizaron accesos y patios, mientras que en el XVIII las reformas borbónicas y los daños provocados por el terremoto de Lisboa de 1755 obligaron a nuevas reconstrucciones.

El siglo XIX dejó una profunda huella romántica en el conjunto, especialmente durante las estancias de Isabel II. Ya en el siglo XX, arquitectos y conservadores como el marqués de la Vega-Inclán, Joaquín Romero Murube o Rafael Manzano dedicaron enormes esfuerzos a la restauración y conservación del monumento.

Arquitectura defensiva en el Alcázar: murallas, puertas y torres

Aunque hoy el Alcázar deslumbra por sus palacios y jardines, su origen fue esencialmente defensivo. El conjunto se articulaba mediante murallas, puertas fortificadas y torres que protegían la residencia del poder político.

La entrada principal sigue siendo la célebre Puerta del León, abierta en la muralla musulmana del siglo XI frente a la actual Plaza del Triunfo. Su nombre procede del león heráldico representado sobre la puerta, símbolo medieval de la monarquía. 

Tras franquear la puerta se accede al Patio del León, antigua explanada militar situada frente a los palacios musulmanes. En época moderna llegó incluso a albergar el gran Corral de la Montería, uno de los teatros más importantes de la Sevilla barroca.

Las murallas almohades, reforzadas mediante torres y almenas, delimitaban distintos recintos interiores y protegían los jardines y espacios residenciales. Parte de esas estructuras aún se integran en el paisaje del Alcázar, especialmente en las áreas cercanas a los jardines y al Patio de Banderas.

La organización defensiva también se percibe en ciertos recursos arquitectónicos interiores del Palacio de Pedro I. Sus corredores angulados y accesos indirectos, heredados de la tradición palatina islámica, evitaban las perspectivas directas desde el exterior y garantizaban la privacidad y seguridad del soberano.

El Palacio de Pedro I: la cumbre del arte mudéjar

El corazón artístico del Alcázar es el Palacio del Rey Don Pedro, construido entre 1364 y 1366. Su promotor, Pedro I de Castilla, quiso levantar una residencia comparable a los grandes palacios islámicos de la península, especialmente la Alhambra de Granada y los desaparecidos alcázares almohades sevillanos.

El resultado fue una obra maestra del arte mudéjar: un estilo genuinamente hispánico en el que conviven estructuras cristianas con decoración, técnicas y sensibilidad artística islámica.

La monumental fachada del palacio constituye una auténtica declaración de poder. En ella aparecen yeserías, inscripciones árabes, motivos geométricos, azulejería y referencias heráldicas castellanas que sintetizan visualmente la compleja identidad política del reino de Castilla en el siglo XIV. La inscripción fundacional aún recuerda que fue Pedro I quien “mandó facer estos Alcázares y estos Palacios”.

Tras el vestíbulo de entrada se despliega el magnífico Patio de las Doncellas, núcleo ceremonial del palacio. Sus arcos polilobulados, las columnas de mármol y la exquisita decoración de yeserías crean uno de los espacios más refinados de toda la arquitectura medieval europea. Aunque reformado parcialmente en época renacentista, el patio conserva intacta su esencia mudéjar.

Más íntimo y delicado resulta el Patio de las Muñecas, antigua zona privada del monarca. Su escala reducida, la sutileza de sus arcos y la riqueza ornamental hacen que muchos lo consideren una auténtica joya arquitectónica inspirada directamente en modelos granadinos.

La estancia más impresionante del conjunto es, sin duda, el Salón de Embajadores. Concebido como salón del trono. Algunos autores han señalado la posibilidad de que se encuentre en el mismo espacio que el antiguo salón taifa de al-Mutámid. Su gran cúpula de madera, realizada en 1427 por Diego Ruiz durante el reinado de Juan II, simboliza el universo celeste mediante complejas estrellas geométricas entrelazadas.

Todo en este salón transmite magnificencia: los arcos de herradura inspirados en Medina Azahara, las yeserías policromadas, los zócalos de azulejos y la galería de retratos de monarcas españoles pintada a finales del siglo XVI por Diego de Esquivel.

El Palacio de Pedro I no es solo un edificio excepcional; es también el mejor testimonio de cómo las tradiciones artísticas islámicas sobrevivieron y evolucionaron bajo dominio cristiano, dando lugar a uno de los lenguajes más originales del arte español.

El Palacio Gótico: la Sevilla medieval cristiana

Frente al refinamiento mudéjar del siglo XIV, el Palacio Gótico refleja la afirmación del poder castellano tras la conquista de Sevilla. Fue mandado construir por Alfonso X el Sabio a mediados del siglo XIII sobre antiguos espacios almohades.

Originalmente recibió el nombre de Cuarto del Caracol debido a las escaleras helicoidales situadas en sus torres. Aunque el edificio ha sufrido importantes transformaciones posteriores, aún conserva la robustez y monumentalidad propias del gótico medieval.

Sus grandes salas cubiertas con bóvedas de crucería fueron realizadas por canteros burgaleses y posteriormente enriquecidas en época renacentista con zócalos cerámicos y grandes ventanales abiertos hacia los jardines.

Entre sus espacios más conocidos destaca el Salón de Tapices, decorado con magníficos paños relacionados con la conquista de Túnez por Carlos V, y la capilla, con obras pictóricas barrocas.

Este palacio constituye el gran contrapunto cristiano dentro del Alcázar y muestra cómo el conjunto fue integrando estilos diversos sin perder coherencia.

Los jardines del Alcázar

Los jardines del Alcázar ocupan cerca de siete hectáreas y forman uno de los conjuntos paisajísticos más extraordinarios de Europa. Aunque conservan raíces islámicas, la mayor parte de su configuración actual es fruto de sucesivas transformaciones realizadas entre los siglos XVII y XX, especialmente bajo influencia manierista italiana.

El agua actúa aquí como elemento esencial: albercas, fuentes, surtidores ocultos y canales refrescan constantemente el ambiente y multiplican los reflejos de la arquitectura y la vegetación.

Uno de los espacios más emblemáticos es el Estanque de Mercurio, presidido por la estatua del dios romano realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel entre 1576 y 1577. A su lado se alza la espectacular Galería del Grutesco, diseñada por Vermondo Resta en el siglo XVII sobre la antigua muralla almohade.

El Jardín de la Danza conserva el espíritu lúdico del manierismo, con surtidores ocultos que sorprenden al visitante y caminos rodeados de arrayanes y naranjos.

Especialmente evocadores resultan los llamados Baños de Doña María de Padilla, enormes galerías abovedadas bajo el antiguo Jardín del Crucero almohade. La tradición popular vinculó este espacio a María de Padilla, compañera sentimental de Pedro I.

El Jardín de las Damas constituye quizá el mejor ejemplo del gran jardín manierista del Alcázar. Diseñado por Vermondo Resta entre 1606 y 1624 para una visita de Felipe IV, combinaba fuentes, galerías, esculturas mitológicas y complejos juegos de agua destinados a asombrar a los cortesanos.

A todo ello se suman jardines como el del Príncipe, el de Troya, el del Risco o el de la Galera, donde se mezclan aromas de azahar, palmeras, arrayanes y cipreses con restos arqueológicos, fuentes renacentistas y perspectivas palaciegas de enorme belleza.

CONVENTO DE SAN AGUSTÍN (ANTIGUO)

El Convento de San Agustín fue uno de los grandes conventos sevillanos durante la Edad Media y Moderna, fundado según Ortiz de Zúñiga ya en el siglo XIII, poco después de la conquista cristiana de la ciudad. Parece que se los religiosos se asentaron aquí ya a finales del mismo siglo y aquí permaneció la comunidad agustina hasta 1835, año en el que fueron exclaustrados.

Tras la expropiación del convento, el inmueble ha ido pasando por diversos usos y viendo reducidas poco a poco sus dimensiones originales. Han desaparecido la iglesia y uno de los claustros y hoy solo quedan algunas dependencias en torno al que fue claustro principal, todo en un estado ruinoso.

Aunque el convento tuvo una larga historia constructiva entre los siglos XIII y XIX, los restos del claustro que han llegado hasta nuestros días datan de finales del siglo XVI o principios del XVII. Se trata de un enorme claustro porticado, con arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo en el primer piso y arcos carpaneles sobre columnas pareadas en el segundo. ´

En el centro del patio se encuentran los restos pétreos de lo que parece ser una gran puerta o arco triunfal, depositados allí tras ser desmontados de su emplazamiento original. Probablemente se trate de acceso al compás del convento que fue diseñado por el gran arquitecto del Renacimiento sevillano Hernán Ruiz II.

En la actualidad hay un proyecto para construir un hotel sobre los que queda del antiguo convento manteniendo las fachadas del claustro.

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CONVENTO MADRE DE DIOS

Convento de monjas dominicas fundado a finales del siglo XV, cuando la reina Isabel la Católica cedió a las religiosas una amplia parcela de la antigua judería de Sevilla. Algunos autores sostienen que el convento se asentó en parte sobre una de las antiguas sinagogas del barrio, pero ese dato no se ha podido confirmar. La edificación que ha llegado hasta nuestros días data de la segunda mitad del siglo XVI.

En esa fecha son datables los principales elementos del convento: la iglesia, un pequeño patio que actúa como claustro y otro de mayor tamaño que se usa como jardín.

El templo es una de las iglesias conventuales de mayor tamaño de las que encontramos en Sevilla y en su construcción intervinieron los arquitectos Juan de Simancas y Pedro Díaz Palacios. Tiene planta rectangular, con una cabecera cuadrada y coros alto y bajo a los pies.

La fachada está en el lado del Evangelio, accediendose por una portada tardo renacentista. En el dintel aparece el escudo real, flanqueado por el de los dominicos, símbolo del patronazgo de la Corona. En la hornacina central, vemos un relieve de Juan de Oviedo con una hermosa representación de la Virgen con el Niño entregando un rosario a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden. Junto a él aparece el elemento iconográfico que lo identifica tradicionalmente: un perro sosteniendo una antorcha en la boca. En el ático se ubica una imagen de Dios Padre en actitud de bendecir. 

En el interior, un gran artesonado de madera cubre la nave, mientras que una magnífica bóveda ochavada sobre trompas, también de madera, cubre el área el presbiterio. La nave y el presbiterio se separan por un gran arco toral ricamente policromado, elemento muy característico también de las iglesias conventuales sevillanas.

En la iglesia se encuentran más de veinte enterramientos, entre los que destacan los de la mujer de Hernán Cortes, Juana de Zúñiga, y dos de sus hijas, que se encuentran a los lados del presbiterio.

El retablo mayor es obra de Francisco de Barahona de principios del XVIII, realizado en sustitución de uno anterior del XVI. Del original se preservaron algunas imágenes de Jerónimo Hernández, como la Virgen del Rosario de la hornacina central, llamada también Madre de Dios de la Piedad.

A cada lado del presbiterio se sitúan dos valiosos altares laterales renacentistas de la segunda mitad del siglo XVI. Como es habitual en las iglesias conventuales sevillanas, están dedicados a los 'Santos Juanes', es decir, a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista, ambos obra del escultor y retablista Miguel Adán. Sin embargo, fue Jerónimo Hernández quien talló la imagen de  San Juan Evangelista, al que representa al final de su vida, en Patmos, lugar en el que escribió el Apocalipsis. El dedicado a San Juan Bautista se halla justo enfrente y tiene una estructura muy similar al anterior. En su hornacina central, Miguel Adán representó la escena del Bautismo de Cristo.

No son los únicos retablos renacentistas con los que cuenta la iglesia. 

El que se encuentra junto al del Evangelista enmarca una preciosa pintura sobre tabla con un Entierro de Cristo de inspiración flamenca.

Del lado opuesto encontramos el retablo de la Virgen del Rosario, anónimo del siglo XVI y de gran calidad. La imagen de la Virgen, en el centro, aparece flanqueada por Santo Domingo y Santo Tomás, mientras que por el resto del retablo se disponen una serie de relieves con distintas escenas de la vida de Cristo y de la Virgen.

En el espacio del coro alto y bajo de la iglesia, las religiosas han habilitado un espacio museístico en el que se exponen una serie de piezas artísticas de gran calidad, principalmente esculturas de los siglos XVI y XVII. Por citar solo algunas de ellas, podemos mencionar la Virgen con el Niño de Mercadante de Bretaña, un Resucitado de Jerónimo Hernández o un Calvario de Cristóbal Ramos. 

Con la entrada al museo se colabora con los cuantiosos gastos que el convento tiene que afrontar para el mantenimiento del inmueble y de su valioso patrimonio artístico.

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CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

1. Giralda, 2. Puerta de Palos, 3. Capilla Real,

4. Puerta de Campanillas, 5. Sala Capitular, 6. Sacristía Mayor,

7. Sacristía de los Cálices, 8. Puerta del Príncipe,

9. Sepulcro de Cristóbal Colón, 10. Altar Mayor, 11. Coro,

12. Puerta de San Miguel, 13. Puerta de la Asunción,

14. Puerta del Bautismo, 15. Parroquia del Sagrario,

16. Puerta del Perdón, 17. Patio de los Naranjos.

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CASA PALACIO DE LA CALLE GUZMÁN EL BUENO 4

Estamos ante una casa palacio del siglo XVI, de la que no conocemos documentalmente su origen. Sin embargo, está claro que ha sido objeto de sucesivas reformas a lo largo de los siglos posteriores, principalmente en el XVII y en el XIX, tal y como queda reflejado en la inscripción del dintel sobre la puerta principal: 1560, 1654 y 1856.

CC BY-SA 4.0

La fachada principal ha conservado una hermosa portada renacentista del siglo XVI, enmarcada por columnas jónicas con decoración vegetal en los fustes. Sostienen un dintel sobre el que aparecen una serie de ménsulas que sostienen a su vez el balcón central.

En el interior, se reproduce fielmente el modelo de casa sevillana, con las estancias repartidas en torno a un patio porticado en sus cuatro lados. En el piso de abajo los arcos son de medio punto y asientan sobre columnas de mármol con capiteles de moñas o castañuelas. Los arcos tienen la clásica decoración plateresca sevillana, con vegetación y ‘candelieri’. Entre ellos, una serie de pilastras sostienen un friso corrido, todo con el mismo motivo decorativo.

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ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

El gran edificio renacentista que conocemos hoy como Archivo de Indias fue originalmente concebido como Lonja de Mercaderes, para albergar y organizar parte de la actividad comercial llegada a la ciudad durante el siglo XVI. Hasta su construcción, los mercaderes utilizaban los espacios alrededor de la Catedral como mercado, especialmente la zona conocida como ‘las gradas’, hacia la calle Alemanes. El Cabildo de la Catedral estaba molesto con esa situación y solicitaron del rey una solución.

Felipe II atendería la petición y encargaría a Juan de Herrera, el famoso arquitecto del Escorial, el diseño del nuevo edificio en 1572. Las obras se iniciaron en 1584 dirigidas por Juan de Minjares siguiendo los planos de Herrera. Parece que el edificio estaba listo para su uso en 1598, aunque hay constancia de que las obras siguieron durante el siglo XVII.

 Al trasladarse el centro del comercio a Cádiz, en el siglo XVIII, fue cuando el edificio se readaptó para albergar toda la documentación generada por la Casa de Contratación. A raíz de esta nueva circunstancia se acometerían nuevas obras en el inmueble con el fin de adaptarlo al nuevo uso. Sería entonces, por ejemplo, cuando se construyó la monumental escalera principal de acceso a la planta superior.

Alberga toda la documentación relativa a la administración española de los territorios americanos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, junto con la Catedral y el Alcázar, por los grandes valores históricos y artísticos del conjunto.

El edificio es una magnífica muestra el Renacimiento en la ciudad, con un aire más sobrio e italianizante de lo que es habitual aquí. Presenta planta cuadrada, con dos pisos de altura, articulados en torno a un monumental patio central, porticado con columnas dóricas, muy similar al patio de los Evangelistas en El Escorial.  

En la fachada se introdujo una bicromía entre los paneles de ladrillo rojizo y las pilastras de piedra claras. Ese juego de dos colores tuvo un enorme éxito en Sevilla y lo veremos reproducido en numerosos edificios de la ciudad durante los siglos posteriores.

En el interior, las naves en torno al patio se cubren con bóvedas vaídas, con casetones y decoración vegetal. Prácticamente la totalidad de los muros están cubiertas por estanterías de magnífica calidad, hechas con maderas de caoba y cedro macho traídas expresamente desde Cuba. Estas estanterías se añadieron en el siglo XVIII, al transformarse la antigua Lonja en Archivo.

Fue entonces también cuando Lucas Cintora diseñó la monumental escalera tras el acceso principal desde la avenida de la Constitución. Está cubierta de jaspes rojos y negro grisáceo y sobre ella se alza una bóveda esquifada con una linterna central que le aporta luminosidad.

El Archivo contiene documentos de incalculable valor. Manuscritos de personajes como Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes, Felipe II, Felipe IV o el propio George Washington, primer presidente de Estados Unidos. Además, reúne una magnífica colección de grabados, dibujos y mapas, auténticas joyas para el estudio de la historia de América hasta el siglo XIX.

CASA GRANDE DEL CARMEN

Este enorme inmueble, que hoy ocupa el Conservatorio Superior de Música y la Escuela Superior de Arte Dramático, fue originalmente un convento carmelita fundado en 1358 y conocido como Casa Grande del Carmen. En el siglo XIX pasó a servir como cuartel y permaneció con ese uso hasta fechas relativamente recientes. Esto hace que su arquitectura sea compleja y difícil de analizar, con dos momentos constructivos principales: el siglo XVI y XVII, cuando se configuró como convento, y el siglo XIX, cuando se transformó en cuartel.

CC BY-SA 4.0

Del antiguo convento queda la iglesia, de planta rectangular y con una cúpula sobre el presbiterio, aunque también quedó muy modificada en el siglo XIX. También se ha conservado la torre, datada en el siglo XVII, aunque desmochada. 

El claustro principal es original, de la transición del siglo XVI al XVII, de estilo tardo-renacentista o manierista. Se halla porticado en su planta inferior, con arcos de medio punto que asientan sobre pilares, decorados con pilastras toscanas. En la planta superior, la moldura de los ventanales se remata con un frontón partido de clara tradición manierista.

La fachada principal constituye la aportación artística más importante de la reforma decimonónica. Tiene un marcado carácter neoclásico, con una portada central diseñada según los modelos academicistas imperantes en la época, que determinan el remate del conjunto por un entablamento clásico con su característico frontón triangular.

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CASA DE SANTA TERESA

Esta casa palacio de la calle Zaragoza es conocida como Casa de Santa Teresa porque en ella se asentó la primera fundación de carmelitas descalzas en la ciudad, de la mano de seis religiosas que acompañaron a Sevilla a la propia Santa Teresa. Su hermano, Lorenzo de Cepeda, compró la casa para ellas en 1576 y se ha conservado una carta de Santa Teresa al clérigo García Álvarez en la que la describe con grandes elogios:

'Dice el teniente que no hay mejor casa en Sevilla ni mejor puesto. Paréceme no se ha de sentir el calor en ella. Ahora todos están en el patio, que en una sala se dice misa hasta hacer la iglesia, y ven toda la casa, que en el patio de más adentro hay buenos aposentos. El huerto es muy gracioso, las vistas extremadas'.

Allí estarían las carmelitas unos diez años hasta que se trasladaron a un nuevo convento en el Barrio de Santa Cruz, el convento de San José o de las Teresas, que sigue activo como convento carmelita en la actualidad.

La casa original sufrió importantes modificaciones en 1882, cuando fue sometida a una profunda reforma para adaptarla al gusto imperante en la época. En 1924 fue comprada por Armando de Soto, que quiso devolverla en lo posible al aspecto original del siglo XVI, época en la que fue habitada por Santa Teresa. La reforma fue encargada al gran arquitecto del regionalismo sevillano Vicente Traver, que restituyó la fachada al aspecto original a partir de un dibujo que el cardenal Lluch, arzobispo de Sevilla, mandó hacer antes de la reforma de 1882. El arquitecto recuperó también en el interior todos los elementos que pudo de la casa primigenia. 

En su interior, se reproduce el esquema tradicional de la casa palacio sevillana, con un zaguán tras la entrada a través del que se accede a un patio porticado en torno al que se distribuye la vivienda. La escalera de acceso a las plantas superiores se ubica en uno de los ángulos del patio, siguiendo también en esto la tradición de las casas sevillanas.

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