CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

CAPILLA DE SANTA MARÍA DE JESÚS (MAESE RODRIGO)

Esta capilla de Puerta de Jerez es el único vestigio que nos queda de la primitiva Universidad de Sevilla, que fue fundada por Maese Rodrigo de Santaella en 1506. 

El resto de las dependencias de esta primera universidad fueron demolidas a principios del siglo XX para trazar la actual Avenida de la Constitución, dentro del proceso de remodelación urbanística que experimentó la ciudad en los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929. La portada original del edificio fue desmontada y en la actualidad se conserva en el compás del convento de Santa Clara. En el retablo mayor de esta capilla puede contemplarse una representación del desaparecido edificio.

La capilla que ha llegado hasta nosotros es de una sola nave y se adscribe estilísticamente al gótico-mudéjar tardío. Fue consagrada en 1506, aún sin terminar. 

Al exterior, cuenta con tres fachadas. La trasera fue reformada en el siglo XX y muestra una pequeña ventana mudéjar, hecha en ladrillo y con un arco polilobulado. En la fachada lateral destaca una hermosa ventana gótica con arquivoltas, decoración vegetal y tracerías en la parte superior, formando tres óculos. En esta misma fachada se ubica una lápida de mármol que hace alusión a la fundación en caracteres góticos.

A los pies se ubica la fachada principal, que originalmente no daba a la calle sino a un patio interior de la universidad. Cuenta con una sencilla portada en forma de arco conopial compuesto por ladrillos bicromos y enmarcado por alfiz. A pesar de la sencillez es de una gran armonía y destaca por lo inhabitual de este tipo de arcos en la arquitectura gótica sevillana. En el lado derecho de la capilla, justo entre la nave y el presbiterio, se ubica una sencilla espadaña, también a base de ladrillos bicromos y rematada por almenas escalonadas.

En el interior, la única nave de la iglesia se divide claramente en dos ámbitos, diferenciados por su cubrición. El cuerpo de la nave se cubre por un alfarje de madera, mientras que el presbiterio se cubre por bóveda de crucería gótica de treceletes. Como transición entre ambos espacios se dispone un gran arco toral, apuntado y decorado con cardinas. 

Aunque la solería original del templo se sustituyó en el siglo XX por la actual de mármol, sí que se han conservado los zócalos de azulejo en las paredes, realizados con una bella policromía utilizando la técnica de cuerda seca. Con la misma técnica se realizó el frontal del altar, pero en este caso incluyendo reflejos dorados, elemento muy poco frecuente en la decoración cerámica de este tipo en Sevilla.

El retablo mayor es una pieza de enorme interés artístico, realizada por el pintor de origen alemán Alejo Fernández hacia 1520. Su estructura es claramente gótica, aunque sus pinturas muestran ya cierta influencia renacentista. La temática está vinculada a la exaltación de la sabiduría, en relación con la finalidad original del templo como capilla del Colegio.

Se estructura de abajo a arriba en banco y dos cuerpos. En el centro del banco se ubica el sagrario, a cuyos lados se disponen seis tablas, tres con representaciones de obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño de estilo bizantino. De ella se afirma que fue traída desde Italia por el propio Maese Rodrigo.

El primer cuerpo se halla presidido por una reproducción de la Virgen de la Antigua, cuyo original se encuentra en una de las capillas de la Catedral de Sevilla. A sus pies, aparece en escala menor Maese Rodrigo, que hace entrega a la Virgen de una maqueta que representa el Colegio fundado por él. A ambos lados, los cuatro doctores de la iglesia: San Agustín de Hipona, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Jerónimo.

En el centro del segundo cuerpo se ubica la representación de "Pentecostés". Es en esta pintura donde más se puede apreciar la influencia renacentista de la que hemos hablado en la obra de Alejo Fernández. Flanqueándola, de izquierda a derecha, vemos a San Pedro, San Gabriel, San Miguel y San Pablo.

REAL ALCÁZAR

El Alcázar de Sevilla es una de las residencias reales más fascinantes de España. Esto es debido a que no responde a un único proyecto acometido en un momento determinado, sino que es el resultado de numerosas fases constructivas, que se han ido sucediendo en su historia.

Ha tenido un uso continuado como palacio real desde sus orígenes musulmanes, allá por el siglo X u XI, hasta el día de hoy, en el que sigue siendo el palacio real en uso más antiguo de España y de Europa. A lo largo de su historia, los distintos monarcas que aquí han habitado, han ido adaptando los distintos palacios, patios y jardines a los gustos de cada época, hasta configurar el maravilloso y diverso conjunto por el que podemos pasear hoy en día.

Aunque su origen es un conjunto de palacios musulmanes, nos ha quedado muy poco de esta primera época del Alcázar. La mayor parte de los palacios que vamos a ver se corresponden con las reformas acometidas en época cristiana por:

- Alfonso X el Sabio, que construyó el llamado Palacio Gótico en el siglo XIII.

- Pedro I, llamado por unos el Cruel y por otros el Justiciero, que construyó el maravilloso que es el verdadero corazón del Alcázar. Fue edificado a mediados del siglo XIV y constituye la cumbre del estilo mudéjar.

- En el reinado de los Reyes Católicos se construyó la llamada Casa de Contratación, de la que también veremos algunas estancias a este lado, destinada a centralizar y organizar el comercio con las Indias, tras el descubrimiento de América en 1492.

Todo ello se halla rodeado por un magnífico conjunto de patios y jardines, que se han ido añadiendo y reformando hasta épocas muy recientes. Hay que recordar que una parte del Palacio de Pedro I, concretamente la planta superior, sigue habilitada como residencia de los reyes de España cuando se encuentran en Sevilla.

Gracias a todo esto, a su larga historia, a su belleza y a su arquitectura, el Real Alcázar de Sevilla fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1987, junto con las cercanas catedral y Archivo de Indias.

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CONVENTO DE SAN AGUSTÍN (ANTIGUO)

El Convento de San Agustín fue uno de los grandes conventos sevillanos durante la Edad Media y Moderna, fundado según Ortiz de Zúñiga ya en el siglo XIII, poco después de la conquista cristiana de la ciudad. Parece que se los religiosos se asentaron aquí ya a finales del mismo siglo y aquí permaneció la comunidad agustina hasta 1835, año en el que fueron exclaustrados.

Tras la expropiación del convento, el inmueble ha ido pasando por diversos usos y viendo reducidas poco a poco sus dimensiones originales. Han desaparecido la iglesia y uno de los claustros y hoy solo quedan algunas dependencias en torno al que fue claustro principal, todo en un estado ruinoso.

Aunque el convento tuvo una larga historia constructiva entre los siglos XIII y XIX, los restos del claustro que han llegado hasta nuestros días datan de finales del siglo XVI o principios del XVII. Se trata de un enorme claustro porticado, con arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo en el primer piso y arcos carpaneles sobre columnas pareadas en el segundo. ´

En el centro del patio se encuentran los restos pétreos de lo que parece ser una gran puerta o arco triunfal, depositados allí tras ser desmontados de su emplazamiento original. Probablemente se trate de acceso al compás del convento que fue diseñado por el gran arquitecto del Renacimiento sevillano Hernán Ruiz II.

En la actualidad hay un proyecto para construir un hotel sobre los que queda del antiguo convento manteniendo las fachadas del claustro.

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CONVENTO MADRE DE DIOS

Convento de monjas dominicas fundado a finales del siglo XV, cuando la reina Isabel la Católica cedió a las religiosas una amplia parcela de la antigua judería de Sevilla. Algunos autores sostienen que el convento se asentó en parte sobre una de las antiguas sinagogas del barrio, pero ese dato no se ha podido confirmar. La edificación que ha llegado hasta nuestros días data de la segunda mitad del siglo XVI.

En esa fecha son datables los principales elementos del convento: la iglesia, un pequeño patio que actúa como claustro y otro de mayor tamaño que se usa como jardín.

El templo es una de las iglesias conventuales de mayor tamaño de las que encontramos en Sevilla y en su construcción intervinieron los arquitectos Juan de Simancas y Pedro Díaz Palacios. Tiene planta rectangular, con una cabecera cuadrada y coros alto y bajo a los pies.

La fachada está en el lado del Evangelio, accediendose por una portada tardo renacentista. En el dintel aparece el escudo real, flanqueado por el de los dominicos, símbolo del patronazgo de la Corona. En la hornacina central, vemos un relieve de Juan de Oviedo con una hermosa representación de la Virgen con el Niño entregando un rosario a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden. Junto a él aparece el elemento iconográfico que lo identifica tradicionalmente: un perro sosteniendo una antorcha en la boca. En el ático se ubica una imagen de Dios Padre en actitud de bendecir. 

En el interior, un gran artesonado de madera cubre la nave, mientras que una magnífica bóveda ochavada sobre trompas, también de madera, cubre el área el presbiterio. La nave y el presbiterio se separan por un gran arco toral ricamente policromado, elemento muy característico también de las iglesias conventuales sevillanas.

En la iglesia se encuentran más de veinte enterramientos, entre los que destacan los de la mujer de Hernán Cortes, Juana de Zúñiga, y dos de sus hijas, que se encuentran a los lados del presbiterio.

El retablo mayor es obra de Francisco de Barahona de principios del XVIII, realizado en sustitución de uno anterior del XVI. Del original se preservaron algunas imágenes de Jerónimo Hernández, como la Virgen del Rosario de la hornacina central, llamada también Madre de Dios de la Piedad.

A cada lado del presbiterio se sitúan dos valiosos altares laterales renacentistas de la segunda mitad del siglo XVI. Como es habitual en las iglesias conventuales sevillanas, están dedicados a los 'Santos Juanes', es decir, a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista, ambos obra del escultor y retablista Miguel Adán. Sin embargo, fue Jerónimo Hernández quien talló la imagen de  San Juan Evangelista, al que representa al final de su vida, en Patmos, lugar en el que escribió el Apocalipsis. El dedicado a San Juan Bautista se halla justo enfrente y tiene una estructura muy similar al anterior. En su hornacina central, Miguel Adán representó la escena del Bautismo de Cristo.

No son los únicos retablos renacentistas con los que cuenta la iglesia. 

El que se encuentra junto al del Evangelista enmarca una preciosa pintura sobre tabla con un Entierro de Cristo de inspiración flamenca.

Del lado opuesto encontramos el retablo de la Virgen del Rosario, anónimo del siglo XVI y de gran calidad. La imagen de la Virgen, en el centro, aparece flanqueada por Santo Domingo y Santo Tomás, mientras que por el resto del retablo se disponen una serie de relieves con distintas escenas de la vida de Cristo y de la Virgen.

En el espacio del coro alto y bajo de la iglesia, las religiosas han habilitado un espacio museístico en el que se exponen una serie de piezas artísticas de gran calidad, principalmente esculturas de los siglos XVI y XVII. Por citar solo algunas de ellas, podemos mencionar la Virgen con el Niño de Mercadante de Bretaña, un Resucitado de Jerónimo Hernández o un Calvario de Cristóbal Ramos. 

Con la entrada al museo se colabora con los cuantiosos gastos que el convento tiene que afrontar para el mantenimiento del inmueble y de su valioso patrimonio artístico.

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CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

1. Giralda, 2. Puerta de Palos, 3. Capilla Real,

4. Puerta de Campanillas, 5. Sala Capitular, 6. Sacristía Mayor,

7. Sacristía de los Cálices, 8. Puerta del Príncipe,

9. Sepulcro de Cristóbal Colón, 10. Altar Mayor, 11. Coro,

12. Puerta de San Miguel, 13. Puerta de la Asunción,

14. Puerta del Bautismo, 15. Parroquia del Sagrario,

16. Puerta del Perdón, 17. Patio de los Naranjos.

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ANTIGUO CASTILLO DE SAN JORGE

En el lugar en el que hoy se encuentra el Mercado de Triana se edificó en época almohade (XIII) un castillo que luego sería  conocido como castillo de San Jorge. Puede que se hiciera sobre construcciones anteriores, incluso romanas o visigodas, y que se refortificara tras la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). 

‘Annales d'Espagne et du Portugal’, 1741

Contaba con diez torreones que articulaban un robusto espacio fortificado de planta rectangular. Los cristianos fijarían allí la sede de la Inquisición en Sevilla en 1480, por lo que es seguro que fue el escenario de numerosos episodios de prisión y tormento a lo largo de su historia. De algunos de los sucesos ocurridos allí se han hecho narraciones tan geniales como la que ofrece Beethoven en su ópera “Fidelio”, que tiene por escenario este castillo.

Continuó siendo sede de la Inquisición hasta finales del siglo XVIII, cuando fue abandonado. Ya a principios del siglo XIX fue derribado y sobre su solar se levantó un mercado. Al fondo del actual mercado, en la parte que da hacia la calle Castilla, se pueden observar aún hoy algunos de los grandes muros que pertenecieron al primitivo castillo.

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CASA PALACIO DE LA CALLE GUZMÁN EL BUENO 4

Estamos ante una casa palacio del siglo XVI, de la que no conocemos documentalmente su origen. Sin embargo, está claro que ha sido objeto de sucesivas reformas a lo largo de los siglos posteriores, principalmente en el XVII y en el XIX, tal y como queda reflejado en la inscripción del dintel sobre la puerta principal: 1560, 1654 y 1856.

CC BY-SA 4.0

La fachada principal ha conservado una hermosa portada renacentista del siglo XVI, enmarcada por columnas jónicas con decoración vegetal en los fustes. Sostienen un dintel sobre el que aparecen una serie de ménsulas que sostienen a su vez el balcón central.

En el interior, se reproduce fielmente el modelo de casa sevillana, con las estancias repartidas en torno a un patio porticado en sus cuatro lados. En el piso de abajo los arcos son de medio punto y asientan sobre columnas de mármol con capiteles de moñas o castañuelas. Los arcos tienen la clásica decoración plateresca sevillana, con vegetación y ‘candelieri’. Entre ellos, una serie de pilastras sostienen un friso corrido, todo con el mismo motivo decorativo.

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ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

El gran edificio renacentista que conocemos hoy como Archivo de Indias fue originalmente concebido como Lonja de Mercaderes, para albergar y organizar parte de la actividad comercial llegada a la ciudad durante el siglo XVI. Hasta su construcción, los mercaderes utilizaban los espacios alrededor de la Catedral como mercado, especialmente la zona conocida como ‘las gradas’, hacia la calle Alemanes. El Cabildo de la Catedral estaba molesto con esa situación y solicitaron del rey una solución.

Felipe II atendería la petición y encargaría a Juan de Herrera, el famoso arquitecto del Escorial, el diseño del nuevo edificio en 1572. Las obras se iniciaron en 1584 dirigidas por Juan de Minjares siguiendo los planos de Herrera. Parece que el edificio estaba listo para su uso en 1598, aunque hay constancia de que las obras siguieron durante el siglo XVII.

 Al trasladarse el centro del comercio a Cádiz, en el siglo XVIII, fue cuando el edificio se readaptó para albergar toda la documentación generada por la Casa de Contratación. A raíz de esta nueva circunstancia se acometerían nuevas obras en el inmueble con el fin de adaptarlo al nuevo uso. Sería entonces, por ejemplo, cuando se construyó la monumental escalera principal de acceso a la planta superior.

Alberga toda la documentación relativa a la administración española de los territorios americanos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, junto con la Catedral y el Alcázar, por los grandes valores históricos y artísticos del conjunto.

El edificio es una magnífica muestra el Renacimiento en la ciudad, con un aire más sobrio e italianizante de lo que es habitual aquí. Presenta planta cuadrada, con dos pisos de altura, articulados en torno a un monumental patio central, porticado con columnas dóricas, muy similar al patio de los Evangelistas en El Escorial.  

En la fachada se introdujo una bicromía entre los paneles de ladrillo rojizo y las pilastras de piedra claras. Ese juego de dos colores tuvo un enorme éxito en Sevilla y lo veremos reproducido en numerosos edificios de la ciudad durante los siglos posteriores.

En el interior, las naves en torno al patio se cubren con bóvedas vaídas, con casetones y decoración vegetal. Prácticamente la totalidad de los muros están cubiertas por estanterías de magnífica calidad, hechas con maderas de caoba y cedro macho traídas expresamente desde Cuba. Estas estanterías se añadieron en el siglo XVIII, al transformarse la antigua Lonja en Archivo.

Fue entonces también cuando Lucas Cintora diseñó la monumental escalera tras el acceso principal desde la avenida de la Constitución. Está cubierta de jaspes rojos y negro grisáceo y sobre ella se alza una bóveda esquifada con una linterna central que le aporta luminosidad.

El Archivo contiene documentos de incalculable valor. Manuscritos de personajes como Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes, Felipe II, Felipe IV o el propio George Washington, primer presidente de Estados Unidos. Además, reúne una magnífica colección de grabados, dibujos y mapas, auténticas joyas para el estudio de la historia de América hasta el siglo XIX.