IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

La iglesia de San Sebastián es un templo gótico mudéjar levantado originalmente entre los siglos XV y XVI como una ermita a las afueras de la ciudad. Ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de su historia, sobre todo durante los siglos XIX y XX, en relación con la aparición del barrio del Porvenir a su alrededor. Cuenta con planta rectangular dividida en tres naves mediante arcos apuntados. De la planta sobresalen el área del presbiterio y la capilla sacramental, en la cabecera de la nave de la Epístola. La iglesia es la sede de la Hermandad de la Paz, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia 

El origen de la iglesia es una ermita que se levantó en este lugar a finales de la Edad Media en honor de San Sebastián, santo al que se pedía intercesión en caso de epidemias. En el siglo XIX se construyó en las inmediaciones de la ermita el primer cementerio extramuros de la ciudad. Hay que recordar que durante la mayor parte de nuestra historia, los enterramientos se producían en las iglesias o en sus áreas aledañas, con los consiguientes problemas de salubridad que esta práctica acarreaba. Existen dos dibujos del viajero inglés Richard Ford realizados en 1831 en los que aparece el cementerio y la primitiva ermita. El cementerio de San Sebastián fue perdiendo importancia tras la construcción del municipal de San Fernando en 1852 y diez años más tarde se iniciaría su demolición, tras y como recuerda una inscripción a los pies de una cruz que se ubica en la actualidad frente a la iglesia como monumento conmemorativo. Tras la desaparición del cementerio se acometió una reforma de la antigua ermita. Fue probablemente en esta época, a mediados del XIX, cuando se añadió al actual presbiterio, ya que se sabe que originalmente existía uno de estilo gótico y el actual está cubierto por cúpula semiesférica al estilo barroco.

Desde comienzos del siglo XX, de la mano de los preparativos para la Exposición Iberoamericana de 1929, se aceleró la creación del barrio del Porvenir en el entorno de la antigua ermita, con lo que el templo fue varias veces reformado, a medida que cobraba importancia como auxiliar de la parroquia de San Bernardo. 

En 1939 se funda la Hermandad de la Paz con sede en esta iglesia, lo que conlleva nuevas reformas, como la apertura de la portada sur para la salida de los pasos o la construcción de la casa-hermandad, levantada bajo la dirección de Rafael Arévalo y Carrasco en 1941. En 1956 la iglesia se constituye definitivamente como parroquia y ha llegado hasta nuestros días consolidada como el centro de la religiosidad del barrio.

Exterior

Al exterior, la iglesia se halla rodeada de construcciones anexas, permaneciendo exentas únicamente las fachadas sur y este. En la que da al sur se observan los contrafuertes de sujeción de los muros y cuenta con una sencilla portada en el área más cercana a la cabecera. Se abrió en 1940 para permitir la salida de los pasos y está compuesta por un sencillo arco de medio punto enmarcado por una moldura de ladrillo visto. A la derecha de la puerta se encuentra un hermoso retablo cerámico con el Cristo de la Victoria, realizado por Alfonso Magüesín de la Rosa en 1989. Al fondo aparece un paisaje en el que se distingue la silueta de la plaza de España. El retablo cerámico dedicado a la Virgen se encuentra muy cercano, junto a la entrada al área cercada en torno a la iglesia. Fue realizado por Antonio Morilla Galea en 1977 y en él destaca el hermoso contraste entre la blancura de la figura de la Virgen y el fondo negro.

La fachada principal es la que da al este, en los pies de la iglesia. En su centro encontramos una magnífica portada mudéjar realizada probablemente en el siglo XV. Está formada por un arco ojival, enmarcado por una estructura que sobresale del resto de la fachada, construida a base de hileras de ladrillos que alternan dos tonos. Es de una gran belleza a pesar de su sencillez y está claramente emparentada con otras portadas similares que encontramos en Sevilla, como la de la iglesia del convento de Santa Paula o la de la capilla de Santa María de Jesús. Sobre la portada encontramos el escudo de la Catedral, la Giralda entre dos jarras de azucenas, símbolo del patronazgo del cabildo catedralicio. Este emblema no aparece en el dibujo de Richard Ford de 1831, por lo que debió añadirse con posterioridad.

En la parte superior de la fachada se sitúan tres óculos, uno en el centro y dos a los lados, que sirven de iluminación a cada una de las naves. A la izquierda se levanta una sencilla espadaña, con una sola campana y rematada por frontón curvo.

Interior

En el interior encontramos el espacio dividido en tres naves, con la central más amplia y alta que las laterales. Separando las naves aparecen grandes arcos apuntados que descansan sobre pilares cruciformes. Otro gran arco apuntado separa la nave central del presbiterio a modo de arco triunfal. La mayor parte de los muros se hallan enfoscados en blanco, con la zona de los pilares imitando sillería y dejando en los arcos el ladrillo visto. Un  zócalo de azulejos del siglo XX con formas geométricas recorre todo el interior. La cubrición se hace mediante artesonados de madera de estilo neomudéjar, de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. 

Del espacio rectangular que forman las naves sobresalen tres espacios en la cabecera. En el centro se ubica el presbiterio, la sacristía en la cabecera de la nave derecha y la capilla que ocupa la Hermandad de la Paz en la cabecera de la nave del Evangelio. 

El presbiterio es un espacio cuadrangular cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas que no es visible desde el exterior del templo. Con toda probabilidad, originalmente estuvo cubierto por una bóveda ojival, como ocurre en la mayoría de las iglesias gótico mudéjares de la ciudad. La actual cúpula se debió construir durante las reformas acometidas en el siglo XIX. Los muros se hallan decorados con pinturas contemporáneas con motivos geométricos, vegetales, arquitecturas fingidas y ángeles. Las pechinas siguen la tradición de servir como soporte para acoger a los Evangelistas, que aparecen representados por sus símbolos. 

El retablo es de estilo neobarroco, realizado en el siglo XX. Está dividido en tres calles y dos cuerpos horizontales. En la hornacina principal encontramos una magnífica talla de la Virgen con el Niño conocida como la Virgen del Prado. Fue realizada por Jerónimo Hernández hacia 1577 y es una destacada muestra de la escultura renacentista en la ciudad. El Niño Jesús aparece bendiciendo con un dulce gesto mientras que la Virgen sostiene una pera en su mano derecha. Hay que recordar que esta imagen ejercía como patrona y protectora de los hortelanos y gentes del campo en esta zona de Sevilla.

En las calles laterales se sitúan las esculturas de San Pedro y San Roque. En el centro del segundo cuerpo se sitúa San Sebastián, santo titular del templo, flanqueado por San Jacinto y Santo Domingo de Guzmán. Todas las tallas parecen originales del siglo XVIII, aunque probablemente se volvieron a policromar con posterioridad.

En los muros de las naves se disponen otras esculturas y lienzos. Se puede destacar una talla de la Inmaculada del siglo XVIII que preside un retablo de estuco y estilo neoclásico. También nos podemos encontrar con algunas tallas del siglo XX, como el Sagrado Corazón que preside un retablo de estilo neobarroco. Entre los lienzos, encontramos varias copias de originales de Murillo y algunos otros barrocos, como el "Martirio de Santa Lucía" (Francisco Varela, c. 1637), la "Anunciación" o los "Desposorios de la Virgen". De la misma época se encuentran representaciones de varios santos, como San Lorenzo, Santa Inés o San Sebastián, y una interesante "Virgen de Guadalupe", copia del original mexicano realizada por Antonio Torres en 1740.

Como decíamos, en la cabecera de la nave izquierda se ubica la capilla sacramental, en la que reciben culto las imágenes titulares de la Hermandad de la Paz. La capilla se halla cubierta por una bóveda de arista con linterna en el centro y presidida por un retablo neobarroco. En el centro encontramos a Nuestro Padre Jesús de la Victoria, una talla realizada por Antonio Illanes Rodríguez en 1940. Forma parte de un paso en el que se ve a Jesús tomando la cruz para cargar con ella camino del Calvario, aunque cuando está en su capilla la imagen se muestra lógicamente sin la cruz. A la izquierda se sitúa la imagen de María Santísima de la Paz, realizada en 1939 también por Antonio Illanes, de quien se dice que se inspiró para el rostro de la imagen en los rasgos faciales de su esposa, Isabel Salcedo. A la hora de procesionar, la imagen destaca por los tonos blancos y plateados de su paso, tanto en el palio como en la figura de la Virgen en sí. Esta blancura es un claro signo de la advocación de la Paz y configura una estampa muy singular e icónica en la Semana Santa de Sevilla. El mismo autor realizó también la talla de San Juan que ocupa la hornacina de la derecha en el retablo.

IGLESIA DE SAN JULIÁN

La iglesia de San Julián es un templo gótico mudéjar, edificado en su mayor parte en el siglo XIV, aunque con importantes modificaciones posteriores. Es la sede de la Hermandad de la Hiniesta, que procesiona el Domingo de Ramos.

Cuenta con planta rectangular y tres naves, separadas por arcos apuntados que descansan sobre pilares. De la planta sobresale la cabecera poligonal en la que se encuentra el presbiterio. 

Tal y como ha llegado hasta nuestros días, la iglesia es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo a mediados del siglo XX, ya que fue destruida casi por completo en un incendio intencionado en 1932. A finales de ese mismo siglo el templo fue intervenido por completo para sustituir sus cubiertas que se encontraban en estado ruinoso.

Historia

La iglesia es una de las parroquias del grupo de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas, erigidas principalmente en el área norte del casco histórico entre los siglos XIII y XV. Todas comparten una estructura y estilo muy similares y conforman un conjunto tipológico de extraordinario interés y belleza.

En el caso de San Julián, se sabe que se edificó en la primera mitad del siglo XIV, dedicada a este santo que sufrió el martirio a principios del siglo IV junto con su esposa Basilisca, probablemente en Antinóopolis (Egipto).

El templo ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de su historia. En el siglo XVII se añadió la torre campanario y la capilla del lado izquierdo que ocupa la Hermandad de la Hiniesta. Los momentos más complicados acontecieron en abril de 1932, cuando la iglesia sufrió un incendió intencionado que la destruyó casi por completo. Se perdieron todas sus cubiertas y la mayor parte de su patrimonio mueble, incluyendo las imágenes titulares de la Hermandad. En 1989 hubo de ser cerrada de nuevo hasta 1994, dado el mal estado en el que se encontraban sus cubiertas.

 

Exterior

San Julián cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado izquierdo, si bien esta segunda está inconclusa y ha llegado hasta nuestros días flanqueada por una estructura de ladrillo que habría de servir de soporte a una portada que nunca se hizo. La portada principal es la de los pies y muestra la clásica forma ojival, abocinada, enmarcada por un alfiz que resalta con respecto al resto de la fachada. Presenta una decoración escultórica muy sencilla y algo tosca, aunque el alto grado de erosión de la piedra hace difícil valorar su apariencia original. El arco se halla decorado en su exterior por una moldura con motivos zigzagueantes y otra con puntas de diamante. Los capiteles de las columnillas de ambos lados cuentan con decoración vegetal de hojas de parra, que continúa hacia el exterior bajo la línea de imposta. Alrededor del arco de entrada se ubican tres pequeñas esculturas bajo doseletes góticos. Según el historiador del arte Rafael Cómez, la que se encuentra en la cúspide representa a Cristo como juez, la de la izquierda a San Julián obispo y la de la derecha a San Julián el hospitalario. Las confusiones entre santos han sido comunes a lo largo de la historia y a menudo se han atribuido elementos de santos distintos a otros con el mismo nombre o sus características han sido distintas dependiendo del territorio (Rafael Cómez Ramos, "Iconología de la arquitectura religiosa bajomedieval en Sevilla: la iglesia de San Julián").

En la parte superior aparecen una serie de modillones decorados con cabezas de león, entre los que se disponen una serie de arcos de herradura grabados en la piedra. Los leones simbolizaban, entre otras cosas, la autoridad real, y los encontramos en otras portadas sevillanas de la misma época, como en San Esteban o en Santa Ana de Triana.

Sobre la portada se disponen tres óculos con moldura de punta de diamante, uno más grande en la parte superior y dos, algo menores, uno a cada lado. 

Completan la decoración de esta fachada dos retablos cerámicos dedicados a los titulares de la Hermandad de la Hiniesta, que se ubican a ambos lados de la portada. A la izquierda se encuentra el de la Virgen, realizado por Antonio Kierman Flores en la fábrica de Santa Ana en 1962. En el de la derecha encontramos al Cristo de la Buena Muerte y fue realizado en 1994 por Emilio Sánchez Palacios en su taller familiar, Cerámica Macarena.

En la fachada de la derecha, hacia la calle Duque Cornejo, encontramos otro retablo cerámico con la misma autoría y datación que el del Cristo. En esta ocasión está dedicado a la Virgen del Rosario, titular de su propia hermandad, también con sede en este templo.

Desde este mismo lado es visible la torre campanario que se erige junto a la cabecera de la iglesia. Es de planta cuadrada, con el cuerpo de campanas decorado por sencillas pilastras, y se encuentra rematada por un chapitel hexagonal con decoración cerámica en blanco y azul.

Interior

La imagen interior del templo en la actualidad es el resultado de las reconstrucciones que tuvieron que llevarse a cabo durante el siglo XX, si bien se procuró recrear en lo posible la apariencia original. Las naves están cubiertas por artesonados de madera del siglo XX, en estilo neomudéjar, mientras que sobre la cabecera la cubrición es mediante una bóveda de nervadura que sigue el modelo gótico. Esta diferencia en el tipo de cubrición entre las naves y el presbiterio es muy habitual en las iglesias gótico mudéjares sevillanas. Los muros están recorridos por zócalos de azulejos de motivos geométricos, siguiendo también modelos que vienen desde la Edad Media. 

En el área del presbiterio, el retablo actual es el resultado de una reconstrucción a partir de fragmentos de retablos del siglo XVII y XVIII. Esto se debe a que el anterior se perdió en el incendio de 1932. En la hornacina central recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Gloriosa, una imagen realizada en 1945 por Antonio Castillo Lastrucci en sustitución de la original gótica, destruida también en el incendio. Esta advocación de la Hiniesta tiene un interesantísimo origen y está profundamente arraigada en la ciudad, hasta el punto de que es oficialmente la patrona del Ayuntamiento de Sevilla. El profesor Francisco S. Ros González cuenta la leyenda así:

…el caballero catalán mosén Per de Tous se encontraba cazando en los montes de su tierra un día de finales del siglo XIV cuando su azor quedó paralizado ante las retamas en las que se habían refugiado las perdices que perseguía. Extrañado por el comportamiento del ave, el caballero se apeó de su caballo, miró dentro del matorral y descubrió una imagen de la Virgen con el Niño en brazos con una inscripción a sus pies que, en la versión latina de Ortiz de Zúñiga, decía: «Sum Hispalis de sacello ad portam quæ ducit ad Corduvam» («Soy de Sevilla, de una capilla junto a la puerta que encamina a Córdoba»). Del texto se deducía que la imagen era una de aquéllas que en tiempos de la invasión musulmana habían sido escondidas para evitar su profanación y que milagrosamente se había conservado intacta a través de los siglos a pesar de encontrarse a la intemperie. Per de Tous condujo la imagen a Sevilla y la depositó en la iglesia parroquial de San Julián, por ser el templo en aquel entonces más próximo a la puerta abierta en las murallas de la ciudad que conducía a Córdoba. El hecho de haberse encontrado la imagen de la Virgen oculta en unas retamas o hiniestas motivó que se titulara Santa María de la Hiniesta.

(Francisco S. Ros Gonzáles, “La Virgen de la Hiniesta de Sevilla y el movimiento concepcionista”. Universidad de Sevilla, 2005)

A ambos lados encontramos dos lienzos anónimos del siglo XVIII, el de la izquierda con la Inmaculada Concepción y el de la derecha con Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción. Sobre los lienzos, dos hornacinas acogen tallas de pequeño tamaño. La de la izquierda representa a San Bernardo de Claraval, mientras que la de la derecha podría ser Santa Teresa de Lisieux. Sobre la hornacina central, en la parte superior del retablo, encontramos otro lienzo anónimo del XVIII con San Francisco Solano. Sobre él, un pequeño relieve con la Inmaculada (siglo XVII).

También en el área del presbiterio, destacan dos curiosos lampareros de hacia 1672. Afortunadamente se salvaron del incendio de 1932 y de ellos cuelga una espléndida colección de ocho lámparas de plata de los siglos XVI y XVII.

 

Nave del Evangelio

Si empezamos a describir los muros de la iglesia por los pies de la nave izquierda, lo primero que encontramos es una talla de San José con el Niño, obra anónima del siglo XVIII. Muy cerca se ubica un panel cerámico en tonos azules con la representación del Bautismo de Cristo. Es una recreación del excepcional lienzo con el mismo tema que Murillo pintó para la capilla de San Antonio de la catedral de Sevilla. El retablo cerámico fue realizado por Rafael Cantanero Mesón en la Fábrica de Mensaque de Triana hacia 1920.

Continuando hacia la cabecera encontramos un curioso retablo - peana de estilo neobarroco, formado por motivos vegetales. Alberga una hermosa talla de Santa Ángela de la Cruz, obra contemporánea de Ricardo Rivera. 

El siguiente retablo es también contemporáneo y está realizado en escayola dorada. Alberga una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, realizada por Castillo Lastrucci hacia 1945.

Continuando hacia la cabecera, el siguiente retablo es también moderno y muy sobrio, pero alberga una de las grandes joyas artísticas de este templo. Se trata de una talla de la Inmaculada Concepción, realizada en el primer tercio del siglo XVII y atribuida a Alonso Cano. Presenta notables similitudes con obras de Martínez Montañés y, de hecho, en ocasiones se le ha atribuido, dado su parecido con esculturas como la famosa "Cieguita" de la catedral de Sevilla. Hay que Alonso Cano estuvo formándose junto con el maestro Montañés y es normal que reprodujera sus modelos.

Finalmente, en la cabecera de la nave del Evangelio encontramos un retablo neogótico con la imagen de vestir de la Virgen del Rosario. La imagen es titular de su propia hermandad de gloria y fue realizada en 1937 por José Rodríguez Fernández-Andes. 

Nave de la Epístola

En la cabecera de la nave derecha se ubica la capilla sacramental, en la que recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Dolorosa, titular de la Hermandad de la Hiniesta. Es la tercera imagen con esta finalidad que posee la Hermandad. La primera era una dolorosa barroca del siglo XVII, atribuida a Martínez Montañés, que se perdió en el incendio de 1932. Para sustituirla, Castillo Lastrucci realizó una nueva Virgen de la Hiniesta, que fue destruida en el incendio de San Marcos de 1936, ya que por entonces la Hermandad estaba asentada en esta parroquia. La actual fue realizada también por Castillo en 1937 para sustituir a la desaparecida talla que él mismo había realizado.

Junto a la capilla sacramental, en el muro de la epístola, un sencillo arcosolio acoge al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, también titular de la Hiniesta. Es un imponente crucificado de 1.76 m. realizado también por Castillo Lastrucci en 1938 en sustitución del original de Felipe de Ribas desaparecido en el incendio.

Continuando un poco hacia los pies, sobre un pedestal se ubica la talla de la Magdalena que Castillo realizó en 1944 y que acompaña al Cristo en su paso cuando procesiona.

Este escultor tan estrechamente ligado a la Hermandad se halla precisamente enterrado en esta iglesia. Encontramos su monumento funerario en esta misma nave de la epístola. Sobre él se ubica el conjunto escultórico de la Piedad, que el escultor realizó en 1949. En la placa a los pies del túmulo se puede leer “Aquí bajo sus más queridísimas imágenes descansa el ilustrísimo señor don Antonio Castillo Lastrucci 1882-1967”.

REALES ATARAZANAS – MAESTRANZA DE ARTILLERÍA

Las Atarazanas Reales fueron un gran astillero que se construyó en el área del puerto de Sevilla por orden de Alfonso X el Sabio (1252), llegando a conformar la base naval más importante en la historia de la Corona de Castilla. En la actualidad, solo se conservan algunas de sus naves originales, inmersas en un proceso integral de rehabilitación para destinarlas a un uso cultural y museístico. El autor del proyecto es el arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra.

El edificio original ocupaba una gran superficie que rondaba las dos hectáreas y estaba formado por diecisiete naves, separadas por líneas de monumentales arcos sobre pilares, todo de ladrillo. Estos servían no solo para sostener la cubierta sino también para canalizar el agua que recogían los techos, al modo de acueductos. 

“Los arcos son ligeramente apuntados y las pilastras son de sección rectangular de 2,50 m. por 1,80 m., salvando una luz de 8,5 m., con una altura hasta el arranque de los arcos de 5 m. Cada hilera de estas pilastras descansa sobre una cimentación de zapata corrida, cuyo firme se alcanza a 2 m. bajo la cota del suelo originario.”

En su parte Este, la construcción se apoyaba sobre la muralla exterior de Sevilla, mientras que en el lado sur se apoyaba sobre una parte del tramo de muralla que unía el Alcázar y la Torre del Oro. Este tipo de muralla, construida para unir una fortificación principal con un punto exterior, se conoce como coracha. 

Las naves se disponían de forma perpendicular al río, para facilitar la entrada y salida de barcos desde el mismo. 

A lo largo de la historia, a medida que los astilleros de Sevilla fueron perdiendo relevancia, un buen número de sus naves fueron destinadas a otros usos:

- Hacia 1580 se instaló la Aduana en las naves 13, 14 y 15, empezando desde la calle Dos de Mayo hacia la calle Santander.

- A mediados del siglo XVII se derribaron las naves de la 8 a la 12 para construir el Hospital de la Caridad, siguiendo las trazas de Sánchez Falconete y Leonardo de Figueroa.

- Durante varias fases a lo largo del siglo XVIII, lo que restaba del edificio experimentó una profunda reforma para albergar la Maestranza de Artillería, destinada a la fabricación y reparación de piezas de armamento y munición. En 1762 se inicia una gran reforma que incluye la construcción de la fachada actual hacia la calle Temprado, siguiendo una composición academicista.

- En 1945 se demolieron las cinco naves que restaban al sur, incluyendo aquellas que se habían transformado en aduana en el siglo XVI, para construir el actual edificio de la Delegación de Hacienda.

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

SANTA MARÍA LA BLANCA

La iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio de San Bartolomé, es una preciosa joya del barroco sevillano. Se sabe que en este mismo lugar se asentó una mezquita durante el período islámico y algunos autores han señalado que esta mezquita pudo construirse a su vez sobre una iglesia cristiana previa de época visigoda. De este primitivo templo visigodo provendrían las columnas que hoy enmarcan la pequeña portada lateral de la iglesia hace la calle Archeros, aunque esta posibilidad no ha podido ser constatada arqueológicamente.

Lo que sí se sabe con certeza es que la mezquita fue transformada en sinagoga tras la conquista cristiana de la ciudad. Por orden de Alfonso X se constituyó una judería en esta zona de la ciudad, que ocupaba aproximadamente el área de los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. En Santa María Blanca se encontraría una de las tres o cuatro sinagogas principales de la judería.

Durante mucho tiempo se pensó que el templo actual fue levantado por completo en el siglo XVII, sin que se conservara nada de la fábrica anterior. Sin embargo, diversos trabajos arqueológicos y de restauración en el edificio en las últimas décadas han desmentido esta afirmación. Al parecer, aunque la reforma barroca de la que hemos hablado enmascaró por completo cualquier aspecto decorativo del primitivo templo, lo cierto es que la planta de la actual iglesia y la de la sinagoga sobre la que se asienta coinciden en lo esencial. Y al parecer también corresponden a la obra primitiva buena parte de los muros y los arcos de la actual iglesia, aunque intensamente alterados en su estética por la reforma barroca. Así lo explica el arquitecto Óscar Gil Delgado en “Una sinagoga desvelada en Sevilla: estudio arquitectónico” (2011):

“Estas prescripciones implican claramente que no se demolieron los muros de las naves de la iglesia y que, por ese motivo, se encuentran hoy los arcos ciegos mudéjares en la coronación de dichos muros. Sobre las nuevas columnas de «jaspe colorado» no se voltearon nuevos arcos, simplemente se apearon los arcos de la nave central, se retiraron las columnas antiguas, que no tenían relación estilística con la obra nueva, y se colocaron las nuevas. Con toda seguridad los arcos de la nave son los mismos antiguos de la sinagoga «mudéjar», recortados, redondeados y revestidos con molduras de yeso, según el nuevo gusto”.

La sinagoga se transformaría en iglesia cristiana a finales del siglo XIV, tras el violento asalto a la judería de 1391. Sería en esta época cuando se añadiría la portada gótica por la que aún se accede en la actualidad. Sin embargo, la iglesia que ha llegado hasta nosotros responde en su mayor parte al proyecto para su remodelación impulsado por el canónigo Justino de Neve. Las obras se iniciaron en 1662 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete, que que abordó la remodelación completa de la que resultó el templo barroco que podemos contemplar hoy. 

Se trata de una iglesia de tres naves divididas por diez columnas toscanas que soportan arcos formeros de medio punto. A ella se accede por una entrada torre que se abre a los pies de la nave central y cuenta con una planta rectangular. Esta se ve alterada por un testero sobresaliente, en el que se sitúa el altar mayor, y por tres capillas laterales: la bautismal a los pies del templo, la sacramental en el lado de la epístola, y la de San Juan Nepomuceno en el lado del evangelio de la cabecera.

La fachada principal de la iglesia está ocupada en su primer nivel por una portada gótica, con las características clásicas que este tipo presenta en las iglesias sevillanas: arquivoltas y decoración de puntas de diamante. Sobre este cuerpo, se puede leer la inscripción latina "HAC EST DOMUS DEI ET PORTA COELI 1741" (Esta es la Casa de Dios y la Puerta del Cielo). El año 1741 hace referencia a la fecha de ciertas reformas menores acometidas en la iglesia, cuando se embelleció también la fachada y se añadió la inscripción.

Sobre este primer nivel, en un segundo cuerpo se abren dos ventanales alargados rematados por arcos de medio punto. Sobre ellos se ubica una clásica espadaña de dos niveles y tras vanos para las campanas.

La iglesia cuenta con una portada mucho más sencilla hacia la calle Archeros. Se trata de un sencillo arco de medio punto sostenido por dos columnas pétreas con capiteles tardoantiguos, claramente de acarreo y probablemente utilizados sucesivamente en la mezquita y en la sinagoga precedentes.

En el interior, lo que más nos llama la atención es su intenso programa decorativo, en el que se cubre hasta el último rincón con una combinación de yeserías, pintura y escultura, hasta configurar un espacio que en su conjunto se muestra como la más clara definición del célebre "horror vacui" del barroco. 

Justino de Neve encargó la decoración pictórica al propio Murillo y la elaboración de las yeserías a los hermanos Pedro y Borja Roldán. La obra se inicia muy poco después de que se promulgara el Breve Pontificio de Alejandro VII de 1661, en el que se reafirmaba la devoción y el culto a la Inmaculada Concepción. 

De esta forma, el programa iconográfico es en su conjunto una exaltación a la Eucaristía y a la Virgen Inmaculada, tal y como puede verse nada más entrar en el arco que sostiene el coro, donde se lee Sin pecado original en el primer instante de su ser. Murillo intervino con la realización de cinco lienzos, de los cuales solo se conserva en la iglesia el más antiguo, "La Santa Cena". Los otros venían a completar el programa iconográfico del que venimos hablando, con la "Inmaculada", "El Triunfo de la Fe" y dos lienzos que narraban la historia de la fundación en Roma de la basílica de Santa María de las Nieves, advocación a la que está dedicada también nuestra iglesia.

Hoy en día se pueden contemplar in situ magníficas copias de los originales, que desgraciadamente fueron objeto del salvaje expolio sufrido por la ciudad con la llegada de las tropas napoleónicas en 1810. Entre las obras sustraídas se encontraban las cuatro que sustrajo de Santa María la Blanca. La mayor parte de lo expoliado nunca regresó a la ciudad y se encuentra hoy disperso por museos de todo el mundo.

El retablo mayor de la iglesia es barroco y se ha datado hacia 1690. Su elemento arquitectónico principal son dos grandes columnas salomónicas, tan características de los retablos sevillanos del XVII. En la hornacina central se ubica la imagen titular del templo, Nuestra Señora de las Nieves, una imagen de vestir realizada por Juan de Astorga a principios del XIX. 

En los extremos laterales se ubican sobre ménsulas las tallas dieciochescas de las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad. En el centro del ático se abre otra hornacina que en la actualidad alberga una rica cruz dorada, en cuyo pie se puede apreciar una representación de la Giralda.

En la cabecera del lado de la derecha encontramos un retablo barroco de mediados del siglo XVIII presidido por la imagen de "San Pedro en la Cátedra". Vemos al santo con todos los atributos que lo identifican como primer pontífice de la Iglesia, enmarcado por dos ángeles niños que sostienen dos de sus atributos: la cruz patriarcal de los papas y las llaves de la Iglesia.

En el muro de este mismo lado derecho se ubica un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por un imponente conjunto de la Trinidad. Es obra del escultor de origen valenciano Blas Molner. En el banco se ubica una interesante Piedad de pequeño formato datada en el siglo XVIII.

También a la derecha se abre la capilla sacramental, presidida por un retablo del siglo XVIII que generalmente tiene en su hornacina central una imagen de San José anterior, del siglo XVII. Am ambos lados y a una escala menor, encontramos las imágenes de Santa Ana y San Joaquín. El banco del retablo acoge un enternecedor "Nacimiento" elaborado en terracota, atribuido a Cristóbal Ramos. 

En la misma capilla se ubica un retablo formado por piezas de un retablo anterior readaptado. Alberga las imágenes que pertenecieron originalmente a la antigua hermandad del Sagrado Lavatorio, que desapareció en 1672 al fusionarse con la Sacramental de esta iglesia. En el centro, el Cristo del Mandato, una obra en pasta de madera, realizada por Diego García de Santa Ana a finales del siglo XVI. A ambos lados, Nuestra Señora del Pópulo y San Juan, ambas imágenes anónimas del siglo XVII.

En el centro del muro de la nave izquierda (o del Evangelio) encontramos un valioso retablo original del siglo XVI, aunque bastante reformado en el XVIII. Enmarca un gran lienzo con la representación de "La Piedad", aunque también se ha identificado a veces como un "Descendimiento". Se trata de una de las piezas artísticas más destacadas de la iglesia, la última obra conocida de Luis de Vargas, uno de los pintores más destacados del Renacimiento en Sevilla. Está fechado en 1564 y en el retablo lo enmarcan las pinturas de San Juan Bautista y San Francisco, obras también de Luis de Vargas. A los pies del retablo se puede observar la lápida de la familia que lo financió.

En el mismo muro se encuentra la única obra de Murillo que se ha conservado en la iglesia: "La Santa Cena", fechada en 1650. Es posible que los franceses no se la llevaran porque lo cierto es que la obra se aleja bastante del tradicional estilo del pintor. Murillo utiliza aquí un potente claroscuro, que hacen del lienzo una pintura tenebrista, con la luz de las velas como única iluminación sobre los rostros.

En el mismo muro encontramos otro retablo con un Sagrado Corazón moderno y al fondo de esta nave del Evangelio se abre una pequeña capilla tras una reja. En ella se ubica un retablo barroco del siglo XVII, con una imagen central de San Juan Nepomuceno de la misma época. En los muros de la capilla se ubica un interesante "Ecce Homo" del siglo XVI, realizado por seguidor anónimo de Luis de Morales. Frente a él, una "Anunciación" de Domingo Martínez del primer tercio del XVIII.

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REAL ALCÁZAR

El Alcázar de Sevilla es una de las residencias reales más fascinantes de España. Esto es debido a que no responde a un único proyecto acometido en un momento determinado, sino que es el resultado de numerosas fases constructivas, que se han ido sucediendo en su historia.

Ha tenido un uso continuado como palacio real desde sus orígenes musulmanes, allá por el siglo X u XI, hasta el día de hoy, en el que sigue siendo el palacio real en uso más antiguo de España y de Europa. A lo largo de su historia, los distintos monarcas que aquí han habitado, han ido adaptando los distintos palacios, patios y jardines a los gustos de cada época, hasta configurar el maravilloso y diverso conjunto por el que podemos pasear hoy en día.

Aunque su origen es un conjunto de palacios musulmanes, nos ha quedado muy poco de esta primera época del Alcázar. La mayor parte de los palacios que vamos a ver se corresponden con las reformas acometidas en época cristiana por:

- Alfonso X el Sabio, que construyó el llamado Palacio Gótico en el siglo XIII.

- Pedro I, llamado por unos el Cruel y por otros el Justiciero, que construyó el maravilloso que es el verdadero corazón del Alcázar. Fue edificado a mediados del siglo XIV y constituye la cumbre del estilo mudéjar.

- En el reinado de los Reyes Católicos se construyó la llamada Casa de Contratación, de la que también veremos algunas estancias a este lado, destinada a centralizar y organizar el comercio con las Indias, tras el descubrimiento de América en 1492.

Todo ello se halla rodeado por un magnífico conjunto de patios y jardines, que se han ido añadiendo y reformando hasta épocas muy recientes. Hay que recordar que una parte del Palacio de Pedro I, concretamente la planta superior, sigue habilitada como residencia de los reyes de España cuando se encuentran en Sevilla.

Gracias a todo esto, a su larga historia, a su belleza y a su arquitectura, el Real Alcázar de Sevilla fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1987, junto con las cercanas catedral y Archivo de Indias.

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CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

1. Giralda, 2. Puerta de Palos, 3. Capilla Real,

4. Puerta de Campanillas, 5. Sala Capitular, 6. Sacristía Mayor,

7. Sacristía de los Cálices, 8. Puerta del Príncipe,

9. Sepulcro de Cristóbal Colón, 10. Altar Mayor, 11. Coro,

12. Puerta de San Miguel, 13. Puerta de la Asunción,

14. Puerta del Bautismo, 15. Parroquia del Sagrario,

16. Puerta del Perdón, 17. Patio de los Naranjos.

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ANTIGUO CASTILLO DE SAN JORGE

En el lugar en el que hoy se encuentra el Mercado de Triana se edificó en época almohade (XIII) un castillo que luego sería  conocido como castillo de San Jorge. Puede que se hiciera sobre construcciones anteriores, incluso romanas o visigodas, y que se refortificara tras la derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). 

‘Annales d'Espagne et du Portugal’, 1741

Contaba con diez torreones que articulaban un robusto espacio fortificado de planta rectangular. Los cristianos fijarían allí la sede de la Inquisición en Sevilla en 1480, por lo que es seguro que fue el escenario de numerosos episodios de prisión y tormento a lo largo de su historia. De algunos de los sucesos ocurridos allí se han hecho narraciones tan geniales como la que ofrece Beethoven en su ópera “Fidelio”, que tiene por escenario este castillo.

Continuó siendo sede de la Inquisición hasta finales del siglo XVIII, cuando fue abandonado. Ya a principios del siglo XIX fue derribado y sobre su solar se levantó un mercado. Al fondo del actual mercado, en la parte que da hacia la calle Castilla, se pueden observar aún hoy algunos de los grandes muros que pertenecieron al primitivo castillo.

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CASA DEL REY MORO

La Casa del Rey Moro es una construcción datada en el siglo XV, lo que la hace una de las viviendas más antiguas de entre las que podemos encontrar en Sevilla. En la actualidad es la sede de la Fundación Blas Infante.

No se conoce prácticamente nada de la historia de esta casa, por lo que no sabemos de donde procede el apelativo con el que es conocida. El investigador Celestino López Martínez apuntó en su día a que podría hacer referencia al 'Rey de Niebla y del Algarve D. Abenmafor, a mediados del siglo XIII'. Sin embargo, no se encuentra ningún resto en la vivienda anterior al siglo XV, por lo que la hipótesis más extendida hoy es que la decoración mudéjar, 'arabesca', de la casa hiciera que los vecinos la empezaran a identificar espontáneamente como Casa del Moro.

La vivienda tiene una planta rectangular, con una fachada principal a la calle Sol y otra lateral por la que se accedía originalmente al huerto. Las estancias se distribuyen en torno a un patio, que es el espacio mejor conservado y de mayor interés. Está porticado en dos de sus lados en la planta baja y en tres en la alta. Los arcos son de ladrillo visto, peraltados en la planta baja y rebajados en la alta, y asientan sobre pilares de ladrillo. Cabe resaltar que originalmente la mayoría de las casas de tradición mudéjar en Sevilla solían usar este tipo de pilares, pero son muy pocos los que han llegado a nuestros días. Esto se debe a que, con la llegada a la ciudad del gusto renacentista, la mayoría de estos pilares de ladrillo fueron sustituidos por columnas de mármol, muchas veces traídas directamente de Italia. Además, los pilares de esta casa son especialmente interesantes porque adoptan una gran variedad de secciones, incluyendo en la planta superior algunos de tipo 'salomónico', con el cuerpo retorcido en espiral.

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CAÑOS DE CARMONA

Se conoce como Caños de Carmona al acueducto del siglo XII que conducía el agua desde la cercana localidad de Alcalá de Guadaira hasta la ciudad. El nombre 'de Carmona' viene porque el acueducto llegaba a la ciudad junto a la Puerta de Carmona. Desde allí, unas tuberías de arcilla que corrían por dentro de las murallas llevaban el agua hasta el Alcázar.

Parece que los caños se construyeron reaprovechando el trazado de un antiguo acueducto romano, en época almohade, durante el reinado de Yusuf. Originalmente tenían una longitud de unos 17 kilómetros y contarían con alrededor de 400 arcos, levantados sobre robustos pilares de ladrillo. Dependiendo del desnivel del terreno, en algunas zonas se dispuso una arcada simple y en otras fue necesario una doble. En la actualidad, solo quedan algunos fragmentos dispersos siguiendo el eje de la calle Luis Montoto. Es frecuente que los restos se identifique erróneamente con un acueducto romano.

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