IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

La iglesia de San Sebastián es un templo gótico mudéjar levantado originalmente entre los siglos XV y XVI como una ermita a las afueras de la ciudad. Ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de su historia, sobre todo durante los siglos XIX y XX, en relación con la aparición del barrio del Porvenir a su alrededor. Cuenta con planta rectangular dividida en tres naves mediante arcos apuntados. De la planta sobresalen el área del presbiterio y la capilla sacramental, en la cabecera de la nave de la Epístola. La iglesia es la sede de la Hermandad de la Paz, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia 

El origen de la iglesia es una ermita que se levantó en este lugar a finales de la Edad Media en honor de San Sebastián, santo al que se pedía intercesión en caso de epidemias. En el siglo XIX se construyó en las inmediaciones de la ermita el primer cementerio extramuros de la ciudad. Hay que recordar que durante la mayor parte de nuestra historia, los enterramientos se producían en las iglesias o en sus áreas aledañas, con los consiguientes problemas de salubridad que esta práctica acarreaba. Existen dos dibujos del viajero inglés Richard Ford realizados en 1831 en los que aparece el cementerio y la primitiva ermita. El cementerio de San Sebastián fue perdiendo importancia tras la construcción del municipal de San Fernando en 1852 y diez años más tarde se iniciaría su demolición, tras y como recuerda una inscripción a los pies de una cruz que se ubica en la actualidad frente a la iglesia como monumento conmemorativo. Tras la desaparición del cementerio se acometió una reforma de la antigua ermita. Fue probablemente en esta época, a mediados del XIX, cuando se añadió al actual presbiterio, ya que se sabe que originalmente existía uno de estilo gótico y el actual está cubierto por cúpula semiesférica al estilo barroco.

Desde comienzos del siglo XX, de la mano de los preparativos para la Exposición Iberoamericana de 1929, se aceleró la creación del barrio del Porvenir en el entorno de la antigua ermita, con lo que el templo fue varias veces reformado, a medida que cobraba importancia como auxiliar de la parroquia de San Bernardo. 

En 1939 se funda la Hermandad de la Paz con sede en esta iglesia, lo que conlleva nuevas reformas, como la apertura de la portada sur para la salida de los pasos o la construcción de la casa-hermandad, levantada bajo la dirección de Rafael Arévalo y Carrasco en 1941. En 1956 la iglesia se constituye definitivamente como parroquia y ha llegado hasta nuestros días consolidada como el centro de la religiosidad del barrio.

Exterior

Al exterior, la iglesia se halla rodeada de construcciones anexas, permaneciendo exentas únicamente las fachadas sur y este. En la que da al sur se observan los contrafuertes de sujeción de los muros y cuenta con una sencilla portada en el área más cercana a la cabecera. Se abrió en 1940 para permitir la salida de los pasos y está compuesta por un sencillo arco de medio punto enmarcado por una moldura de ladrillo visto. A la derecha de la puerta se encuentra un hermoso retablo cerámico con el Cristo de la Victoria, realizado por Alfonso Magüesín de la Rosa en 1989. Al fondo aparece un paisaje en el que se distingue la silueta de la plaza de España. El retablo cerámico dedicado a la Virgen se encuentra muy cercano, junto a la entrada al área cercada en torno a la iglesia. Fue realizado por Antonio Morilla Galea en 1977 y en él destaca el hermoso contraste entre la blancura de la figura de la Virgen y el fondo negro.

La fachada principal es la que da al este, en los pies de la iglesia. En su centro encontramos una magnífica portada mudéjar realizada probablemente en el siglo XV. Está formada por un arco ojival, enmarcado por una estructura que sobresale del resto de la fachada, construida a base de hileras de ladrillos que alternan dos tonos. Es de una gran belleza a pesar de su sencillez y está claramente emparentada con otras portadas similares que encontramos en Sevilla, como la de la iglesia del convento de Santa Paula o la de la capilla de Santa María de Jesús. Sobre la portada encontramos el escudo de la Catedral, la Giralda entre dos jarras de azucenas, símbolo del patronazgo del cabildo catedralicio. Este emblema no aparece en el dibujo de Richard Ford de 1831, por lo que debió añadirse con posterioridad.

En la parte superior de la fachada se sitúan tres óculos, uno en el centro y dos a los lados, que sirven de iluminación a cada una de las naves. A la izquierda se levanta una sencilla espadaña, con una sola campana y rematada por frontón curvo.

Interior

En el interior encontramos el espacio dividido en tres naves, con la central más amplia y alta que las laterales. Separando las naves aparecen grandes arcos apuntados que descansan sobre pilares cruciformes. Otro gran arco apuntado separa la nave central del presbiterio a modo de arco triunfal. La mayor parte de los muros se hallan enfoscados en blanco, con la zona de los pilares imitando sillería y dejando en los arcos el ladrillo visto. Un  zócalo de azulejos del siglo XX con formas geométricas recorre todo el interior. La cubrición se hace mediante artesonados de madera de estilo neomudéjar, de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. 

Del espacio rectangular que forman las naves sobresalen tres espacios en la cabecera. En el centro se ubica el presbiterio, la sacristía en la cabecera de la nave derecha y la capilla que ocupa la Hermandad de la Paz en la cabecera de la nave del Evangelio. 

El presbiterio es un espacio cuadrangular cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas que no es visible desde el exterior del templo. Con toda probabilidad, originalmente estuvo cubierto por una bóveda ojival, como ocurre en la mayoría de las iglesias gótico mudéjares de la ciudad. La actual cúpula se debió construir durante las reformas acometidas en el siglo XIX. Los muros se hallan decorados con pinturas contemporáneas con motivos geométricos, vegetales, arquitecturas fingidas y ángeles. Las pechinas siguen la tradición de servir como soporte para acoger a los Evangelistas, que aparecen representados por sus símbolos. 

El retablo es de estilo neobarroco, realizado en el siglo XX. Está dividido en tres calles y dos cuerpos horizontales. En la hornacina principal encontramos una magnífica talla de la Virgen con el Niño conocida como la Virgen del Prado. Fue realizada por Jerónimo Hernández hacia 1577 y es una destacada muestra de la escultura renacentista en la ciudad. El Niño Jesús aparece bendiciendo con un dulce gesto mientras que la Virgen sostiene una pera en su mano derecha. Hay que recordar que esta imagen ejercía como patrona y protectora de los hortelanos y gentes del campo en esta zona de Sevilla.

En las calles laterales se sitúan las esculturas de San Pedro y San Roque. En el centro del segundo cuerpo se sitúa San Sebastián, santo titular del templo, flanqueado por San Jacinto y Santo Domingo de Guzmán. Todas las tallas parecen originales del siglo XVIII, aunque probablemente se volvieron a policromar con posterioridad.

En los muros de las naves se disponen otras esculturas y lienzos. Se puede destacar una talla de la Inmaculada del siglo XVIII que preside un retablo de estuco y estilo neoclásico. También nos podemos encontrar con algunas tallas del siglo XX, como el Sagrado Corazón que preside un retablo de estilo neobarroco. Entre los lienzos, encontramos varias copias de originales de Murillo y algunos otros barrocos, como el "Martirio de Santa Lucía" (Francisco Varela, c. 1637), la "Anunciación" o los "Desposorios de la Virgen". De la misma época se encuentran representaciones de varios santos, como San Lorenzo, Santa Inés o San Sebastián, y una interesante "Virgen de Guadalupe", copia del original mexicano realizada por Antonio Torres en 1740.

Como decíamos, en la cabecera de la nave izquierda se ubica la capilla sacramental, en la que reciben culto las imágenes titulares de la Hermandad de la Paz. La capilla se halla cubierta por una bóveda de arista con linterna en el centro y presidida por un retablo neobarroco. En el centro encontramos a Nuestro Padre Jesús de la Victoria, una talla realizada por Antonio Illanes Rodríguez en 1940. Forma parte de un paso en el que se ve a Jesús tomando la cruz para cargar con ella camino del Calvario, aunque cuando está en su capilla la imagen se muestra lógicamente sin la cruz. A la izquierda se sitúa la imagen de María Santísima de la Paz, realizada en 1939 también por Antonio Illanes, de quien se dice que se inspiró para el rostro de la imagen en los rasgos faciales de su esposa, Isabel Salcedo. A la hora de procesionar, la imagen destaca por los tonos blancos y plateados de su paso, tanto en el palio como en la figura de la Virgen en sí. Esta blancura es un claro signo de la advocación de la Paz y configura una estampa muy singular e icónica en la Semana Santa de Sevilla. El mismo autor realizó también la talla de San Juan que ocupa la hornacina de la derecha en el retablo.

IGLESIA DE SAN ESTEBAN

La iglesia de San Esteban se ubica en el barrio de la Alfalfa, junto a que ha sido históricamente el principal eje de acceso a la ciudad desde el Este. Se trata de un templo gótico mudéjar construido en la segunda mitad del siglo XIV, aunque sus portadas exteriores son algo posteriores. Con el paso del tiempo, vinieron otras reformas y ampliaciones, como la construcción de la torre, que es ya del siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

Se trata de un templo de tres naves de tamaño irregular, ya que la central es más grande que las laterales y entre las laterales, la de la derecha es más estrecha que la de la izquierda. Tiene planta rectangular de la que sobresale el profundo testero irregular que alberga el presbiterio. También sobresalen de la planta, la capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, en el testero del lado derecho, y la capilla sacramental, junto a la nave izquierda.  

 

Exterior

Al exterior, la iglesia con dos portadas. La principal se abre a los pies de la iglesia hacia la calle Medinaceli y es un hermoso ejemplo de las portadas gótico mudéjares sevillanas. Está datada a principios del siglo XV y se la considera una de las de más calidad en este grupo. El vano es un arco ojival abocinado, con una arquivolta formada por ocho arquillos de tamaño decreciente. En las impostas se puede admirar una delicada decoración vegetal, en la que parecen distinguirse hojas de higuera y parra. El límite exterior de la arquivolta se decora con las clásicas puntas de diamante, elemento también muy característico del gótico sevillano.

Sobre la puerta se ubica un hermoso friso formado por una serie de columnas que sostienen una arquería decorada con la tradicional sebka, de tan profunda tradición en la ciudad al menos desde época almohade. Algo más arriba, dieciséis canecillos con forma de cabeza de león sostienen la cornisa superior. 

A ambos lados de la portada, sobre la línea de imposta, se ubican dos columnillas con capiteles decorados nuevamente con cabezas de león. Sobre la de la derecha encontramos a San Lorenzo, sosteniendo la parrilla símbolo de su martirio. A la izquierda se ubica San Esteban, el santo titular del templo, vestido con su dalmática de diácono. Por último, sobre la cúspide del arco se ubica una representación de Cristo como Salvador. Las tres pequeñas esculturas se disponen bajo doseletes, elemento enormemente habitual en la arquitectura gótica.

En el lado izquierdo, hacia la calle San Esteban, se abre una segunda portada, muy similar en su estructura a la anterior, pero más sencilla en su decoración. Sobre la cúspide de la arquivolta se abre una hornacina en la que encontramos de nuevo al santo al que se dedica la iglesia, esta vez en una escultura datada por una inscripción en 1618, siendo, por lo tanto, mucho posterior a la portada misma.

Una característica de esta portada muy conocida en el mundo cofrade sevillano es que las puntas de diamante decoran la arquivolta no solo en su parte exterior sino también en la interior. Esta circunstancia dificulta y añade emoción a la salida del paso de palio de la Virgen de los Desamparados cada Martes Santo.

También al exterior, destaca el robusto ábside en la cabecera del templo. Lo sujetan seis enormes contrafuertes entre las que se abren alargadas ventanas góticas. En la parte superior está coronado por almenas escalonadas, muy comunes en Sevilla desde la Edad Media.

Junto al ábside se ubica la torre campanario, una sencilla estructura de planta cuadrada añadida en el siglo XVIII. En el último cuerpo presenta decoración neoclásica, con pilastras enmarcando los vanos de medio punto que albergan las campanas. Remata el conjunto un chapitel hexagonal decorado con azulejería en azul y blanco. 

Interior

Ya en el interior del templo, lo primero que llama la atención es que los muros carecen de cualquier tipo de enfoscado o revestimiento, por lo que el ladrillo, que fue el material básico en la construcción de la iglesia, es visible por doquier. 

Las naves se dividen mediante airosos arcos ojivales sostenidos por pilares cruciformes. En la nave central sostienen un interesante artesonado mudéjar de tres paños, probablemente del siglo XV. En cambio, las naves laterales se cubren con bóvedas de colgadizo.

El área del presbiterio está singularizada al cubrirse con una bóveda pétrea de nervadura gótica. Esta diferenciación de sistemas de cubrición fue muy habitual en las iglesias de la época y aún en las de los siglos posteriores.

A los pies de la iglesia, sobre el cancel de entrada, se sitúa un coro alto conformado por una estructura realizada completamente en madera.

Retablo mayor

Se trata de un retablo barroco encargado a Luis de Figueroa en 1629. Cuenta con dos cuerpos y ático, divididos en tres calles. Tiene la particularidad de que está decorado completamente con pinturas y no con esculturas, como suele ser habitual en Sevilla. 

Las pinturas de la calle central están atribuidas a los hermanos Miguel y Francisco Polanco. De abajo a arriba encontramos: “La lapidación del protomártir San Esteban”, “La adoración de los pastores” y un “Cristo crucificado”. 

Las pinturas de las calles laterales son de Francisco de Zurbarán, pintor extremeño que desarrolló su carrera en Sevilla y que es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca en España. En la calle izquierda, de abajo a arriba, se sitúan San Pedro, San Hermenegildo y la Dolorosa. En la calle de la derecha, San Pablo, San Fernando y San Juan Evangelista.

En el banco se ubican otras dos pinturas, de menor tamaño, cuya autoría no está clara. A la izquierda se sitúa “La visión de los animales impuros de San Pedro” y a la derecha “La conversión de San Pablo”.

En el área del presbiterio, se puede destacar también el altar, ya que en su parte frontal se encuentra decorado por un alicatado mudéjar que fue hallado en la iglesia. Presenta decoración geométrica con la clásica “sebka” como motivo.

Haciendo un recorrido por el resto de la iglesia, desde un punto de vista artístico, se pueden destacar los siguientes elementos:

En el muro derecho o de la Epístola:

- A los pies se sitúa un pequeño retablo dedicado a “Santa Ana enseñando a leer a la Virgen”, conjunto anónimo del siglo XIX. En el ático se encuentra una pequeña imagen de vestir de la Virgen del Carmen. 

- Muy cerca se ubica un cuadro del siglo XVII reproduciendo a la Virgen de la Antigua, original del siglo XIV que se conserva en la Catedral. Este tipo de cuadros, hechos en distintas épocas, se encuentran con frecuencia en las iglesias sevillanas, reflejo de la gran devoción popular que despertó siempre la Virgen de la Antigua en la ciudad.

- Retablo de la Virgen de los Desamparados, hermosa dolorosa de vestir realizada en 1923 por Manuel Galiano, que es titular de la Hermandad de San Esteban. El retablo es de estilo neobarroco y fue estrenado en 2022, tallado por Pedro Benítez Carrión y dorado por Enrique Castellanos. 

- Capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, ubicada en el testero de la nave de la Epístola. Se trata de una pequeña capilla de planta cuadrada, cubierta por bóveda de arista. Un pequeño retablo acoge la imagen del Cristo, que recibe culto en este lugar al menos desde el siglo XVIII. El Señor aparece sentado con los atributos característicos de un Ecce Homo: corona de espinas, manto púrpura y caña como cetro real. La obra está compuesta por un busto original en barro cocido del siglo XVI, al que se añadió el cuerpo en madera policromada en el siglo XVIII. 

En el lado exterior de la capilla se abre una pequeña ventana, por lo que el Cristo se ve desde la calle, circunstancia que está relacionada con la advocación del Cristo. Hay que tener en cuenta que la iglesia se encuentra junto al eje de las calles Águilas y San Esteban, que era la vía más directa para dejar la ciudad en dirección al Este, a Andalucía oriental. Por lo visto, era común que los viajeros se pararan unos instantes a rezar ante el Cristo solicitando su protección en sus desplazamientos. Es por esto por lo que se pensó en “Salud y Buen Viaje” cuando se decidió sobre la advocación de la imagen, al fundarse la hermandad de San Esteban en torno a ella en 1926. 

En la nave del Evangelio (izquierda):

- En el testero de la nave izquierda se sitúa el retablo neobarroco con la imagen de Nuestra Señora de la Luz, una talla de vestir anónima, del siglo XVIII, que es titular de su propia hermandad. En las calles laterales se sitúan San Lorenzo y San Esteban, mientras que en el ático encontramos a “San Miguel matando al dragón”.

- Capilla sacramental, ubicada junto a la nave izquierda o del Evangelio. Se accede a ella a través de una puerta custodiada por una reja de madera de la segunda mitad del XVII. Este tipo de rejas fueron bastante comunes, pero su conservación es obviamente mucho más problemática que en el caso de las metálicas. La entrada está enmarcada por una portada neobarroca, con una hornacina sobre el vano en la que se ubica un lienzo que representa a San Pedro de Ribera, nacido en la feligresía de esta parroquia. Lo realizó el pintor sevillano Alfonso Grosso hacia 1960.

Al interior, la capilla presenta planta cuadrada y está cubierta por una cúpula rebajada, asentada sobre pechinas. Destaca la exuberante decoración pictórica y de yeserías, de estilo similar a las que se pueden encontrar en Santa María la Blanca, por lo que ha relacionado su autoría con los hermanos Borja. También es muy llamativo el espléndido zócalo de azulejos, datado en el siglo XVIII y en el que se disponen unos curiosos motivos geométricos. Se trata de un ejemplar bastante notable en el contexto de la azulejería sevillana.

El retablo de la capilla alberga una Inmaculada en su hornacina central, mientras que podemos encontrar a San José y a San Juan Bautista en las laterales. El retablo y tallas son también del siglo XVII.

En un lateral de la capilla se ubica una pequeña escultura en madera policromada del Sagrado Corazón de Jesús. Al parecer se trata de una obra de juventud de Sebastián Santos Rojas, uno de los más notables imagineros del siglo XX en Sevilla.

- En el muro junto al acceso a la capilla se puede contemplar un lienzo con “La decapitación de San Juan Bautista”, es del siglo XVII y de autor anónimo, aunque se ha señalado su posible procedencia italiana.

- Por último, a los pies de la nave, se encuentra un retablo rococó de hacia 1780 dedicado a San José, que es representado con el Niño en la hornacina central. Lo acompañan San Antonio de Padua y San Bartolomé en las calles laterales, y San Blas en el ático.

CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

1. Giralda, 2. Puerta de Palos, 3. Capilla Real,

4. Puerta de Campanillas, 5. Sala Capitular, 6. Sacristía Mayor,

7. Sacristía de los Cálices, 8. Puerta del Príncipe,

9. Sepulcro de Cristóbal Colón, 10. Altar Mayor, 11. Coro,

12. Puerta de San Miguel, 13. Puerta de la Asunción,

14. Puerta del Bautismo, 15. Parroquia del Sagrario,

16. Puerta del Perdón, 17. Patio de los Naranjos.

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CASA DEL REY MORO

La Casa del Rey Moro es una construcción datada en el siglo XV, lo que la hace una de las viviendas más antiguas de entre las que podemos encontrar en Sevilla. En la actualidad es la sede de la Fundación Blas Infante.

No se conoce prácticamente nada de la historia de esta casa, por lo que no sabemos de donde procede el apelativo con el que es conocida. El investigador Celestino López Martínez apuntó en su día a que podría hacer referencia al 'Rey de Niebla y del Algarve D. Abenmafor, a mediados del siglo XIII'. Sin embargo, no se encuentra ningún resto en la vivienda anterior al siglo XV, por lo que la hipótesis más extendida hoy es que la decoración mudéjar, 'arabesca', de la casa hiciera que los vecinos la empezaran a identificar espontáneamente como Casa del Moro.

La vivienda tiene una planta rectangular, con una fachada principal a la calle Sol y otra lateral por la que se accedía originalmente al huerto. Las estancias se distribuyen en torno a un patio, que es el espacio mejor conservado y de mayor interés. Está porticado en dos de sus lados en la planta baja y en tres en la alta. Los arcos son de ladrillo visto, peraltados en la planta baja y rebajados en la alta, y asientan sobre pilares de ladrillo. Cabe resaltar que originalmente la mayoría de las casas de tradición mudéjar en Sevilla solían usar este tipo de pilares, pero son muy pocos los que han llegado a nuestros días. Esto se debe a que, con la llegada a la ciudad del gusto renacentista, la mayoría de estos pilares de ladrillo fueron sustituidos por columnas de mármol, muchas veces traídas directamente de Italia. Además, los pilares de esta casa son especialmente interesantes porque adoptan una gran variedad de secciones, incluyendo en la planta superior algunos de tipo 'salomónico', con el cuerpo retorcido en espiral.

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Patio principal con Jano bifronte

CASA PILATOS

La Casa de Pilatos es uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil del siglo XVI en Andalucía, constituyendo una hermosa síntesis del arte renacentista italiano y el estilo mudéjar sevillano. 

CC BY-SA 4.0

Su construcción se inició a finales del siglo XV por parte del Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez y de su esposa, Catalina de Ribera, aunque el grueso de su obra se acometió en tiempos del hijo de ambos, Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa.

Este llevó a cabo una peregrinación a Tierra Santa en 1518, recorriendo gran parte de Italia tanto a su ida como a a su vuelta, hecho que marcaría en gran medida la fisonomía del palacio. Pudo admirar grandes obras del renacimiento italiano en ciudades como Venecia, Milán, Roma o Génova. En esta última ciudad encargaría al escultor Antonio María Aprile, la magnífica portada que constituye el acceso principal a su palacio. Está realizada en mármol blanco y reproduce la forma de un arco triunfal romano, con pilastras de orden corintio enmarcando un arco de medio punto. En las enjutas se sitúan dos medallones clásicos con las efigies de Julio César y Trajano, ambos muy vinculados a la ciudad. En el friso, entre los escudos de la familia, aparece una gran inscripción con caracteres de metal insertos en mármol, alusiva a la construcción del palacio y de esta portada. 

La fachada está rematada por una crestería de estilo gótico, que al parecer procede de un palacio anterior que la familia poseía en Bornos. En la parte central de esta balaustrada, se disponen tres pilares, cada uno de ellos con una cruz de Jerusalén y la inscripción “4 DÍAS DE AGOSTO DE 1519. ENTRÓ EN HIERUSALEM”, alusiva a la peregrinación de don Fadrique a Tierra Santa.

De esta peregrinación, que al parecer marcó profundamente al marqués de Tarifa, proviene con toda probabilidad el nombre de Casa de Pilatos con el que el palacio es conocido generalmente. Durante mucho tiempo existió la leyenda que el marqués había reproducido en su vivienda las trazas del palacio del pretorio romano Poncio Pilatos en Jerusalén y que de ahí vendría el nombre. De hecho, al pórtico que da hacia el exterior en el primer piso junto a esta fachada se lo menciona a veces como el balcón del “Ecce Homo”, ya que supuestamente reproduciría el espacio donde Jesús fue mostrado al pueblo en el célebre pasaje bíblico.

El más mínimo análisis formal y estilístico del palacio deja claro que esta teoría no es más que una leyenda. Lo que sí parece más probable es la relación del nombre popular del palacio con el famoso Vía Crucis que parte desde él y que llega hasta el templete de la Cruz del Campo, que todavía se conserva en la actual calle Luis Montoto.

Según la tradición, el marqués de Tarifa, en su peregrinación a Jerusalén, habría medido la distancia exacta que iba desde el palacio del pretorio donde fue juzgado Jesús hasta el monte del Calvario donde fue crucificado. Esta distancia coincidiría con la que hay entre la fachada del palacio y el mencionado templete. 

A esta circunstancia hace alusión la hornacina con una cruz que se encuentra a la izquierda de la portada principal, realizada ya en el siglo XVII con vistosos mármoles de distintos colores. Esta cruz marcaría la primera estación del citado vía crucis, tal y como puede leerse en las inscripciones que aparecen a los lados.

En el interior, el espacio del palacio se articula alrededor de una serie de patios y jardines, generando una planta muy compleja. 

La peculiar diversidad estilística de este espacio que reúne armónicamente elementos góticos, mudéjares, renacentistas y románticos, es producto de sucesivas intervenciones sobre un patio rectangular, con eje en la capilla y porticado únicamente en sus lados cortos, construido a fines del s. XV por Pedro Enríquez y Catalina de Ribera. Su hijo Fadrique, el peregrino a Jerusalén, inició su transformación renacentista: amplió sus dimensiones haciéndolo cuadriforme, abrió galerías en sus cuatro costados, sustituyó los pilares de ladrillo por columnas genovesas y colocó en su centro la fuente marmórea adquirida también en Génova. A Fadrique, le hereda, en 1539, su sobrino Per Afán, quien además de enriquecer sus esquinas con las cuatro piezas principales de su colección escultórica (véase nº 4), dispuso en su derredor una galería de bustos de personajes de la Antigüedad que, a modo de espejo histórico, reforzase la idea de continuidad entre la fundación de Roma y el nuevo imperio de Carlos V. Ya en el s. XIX, se introducen novedades al gusto romántico, como la apertura de un acceso en su centro, la sustitución del suelo de barro por mármol y la colocación de nuevos ajimeces pseudo-nazaritas.

El elemento central y más emblemático del palacio es el patio central. Tiene un marcado aire renacentista, a pesar de la profusa decoración mudéjar y de la presencia también de elementos góticos. Esto se debe a la profusa utilización del mármol en columnas y solerías, y a la espléndida colección de piezas romanas que se exhiben en el patio. Por ejemplo, en cada una de las esquinas se sitúan cuatro esculturas femeninas romanas, todas ellas originales de los siglos I y II. Representan a Pallas Pacifera, a Pallas como guerrera, a Copa Syrisca y a Faustina la Menor divinizada como Fortuna. En el centro del patio, una fuente de mármol con un busto de Jano Bifronte, original también del siglo I. Además, los muros del patio están recorridos por una serie de hornacinas en las que se expone una magnífica colección de bustos de emperadores originales, una de las mejores colecciones privadas que existen de esta materia.

Estas obras son solo una parte de la magnífica colección escultórica que puede admirarse en la visita al palacio. El  núcleo principal del conjunto fue conformado por Per Afán de Ribera, I Duque de Alcalá, principalmente con obras provenientes del virreinato de Nápoles, donde llegó incluso a financiar excavaciones. Las piezas se hayan expuestas por varias de las estancias del palacio y muchas de ellas junto al llamado Jardín Chico, uno de los dos preciosos espacios ajardinados que flanquean el palacio.

Las estancias interiores adoptan en general nombres relacionados con la mencionada identificación del palacio con la casa de Pilatos. De esta forma, tenemos el Salón del Pretorio, la Capilla de la Flagelación o el Gabinete de Pilatos.

El Salón del Pretorio, entre el patio principal y el Jardín Chico, conserva todos sus elementos originales del siglo XVI, incluyendo el magnífico artesonado de madera y la cubrición de azulejos de cuenca y arista de los muros.

La Capilla de la Flagelación, situada en un lado del patio principal, se considera la estancia más antigua del palacio, construida en un estilo gótico mudéjar. En su centro se ubica una columna, que la tradición identifica con la utilizada en la flagelación de Jesús y de ahí el nombre de la capilla. Sobre el altar se expone una escultura paleocristiana del siglo IV que representa a Jesús como el Buen Pastor. Quizás sea esta la imagen de Jesús más antigua de entre las que se pueden ver en Sevilla.

El Gabinete de Pilatos, situado bajo el torreón, cuenta con una planta cuadrada y una fuente octogonal en su centro, elementos que lo relacionan con las 'qubbas' de la arquitectura mudéjar. Está cubierta por un imponente artesonado adintelado de madera. Está hecho de lacería 'a calle y cuerda' compuesto por ruedas de diez lados que tienen como centro una estrella de diez puntas, formando una composición que alude simbólicamente a la bóveda celeste.

Por su parte, la planta alta fue mandada construir por Fadrique Enríquez de Ribera en el siglo XVI y se decoró con una serie de personajes ilustres de la Antigüedad y con una composición alegórica sobre el Triunfo de las Cuatro Estaciones. Con posterioridad, Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, pintó los techos con una serie de temas mitológicos. En la actualidad, se exhiben en estos espacios una serie de piezas de la colección Medinaceli, que incluyen no solo mobiliario y tapices, sino también pinturas de autores de la talla de Goya, Lucas Jordán o Carreño Miranda.

En detalle: La portada renacentista de la Casa Pilatos

 

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