REAL ALCÁZAR

El Alcázar de Sevilla es una de las residencias reales más fascinantes de España. Esto es debido a que no responde a un único proyecto acometido en un momento determinado, sino que es el resultado de numerosas fases constructivas, que se han ido sucediendo en su historia.

Ha tenido un uso continuado como palacio real desde sus orígenes musulmanes, allá por el siglo X u XI, hasta el día de hoy, en el que sigue siendo el palacio real en uso más antiguo de España y de Europa. A lo largo de su historia, los distintos monarcas que aquí han habitado, han ido adaptando los distintos palacios, patios y jardines a los gustos de cada época, hasta configurar el maravilloso y diverso conjunto por el que podemos pasear hoy en día.

Aunque su origen es un conjunto de palacios musulmanes, nos ha quedado muy poco de esta primera época del Alcázar. La mayor parte de los palacios que vamos a ver se corresponden con las reformas acometidas en época cristiana por:

- Alfonso X el Sabio, que construyó el llamado Palacio Gótico en el siglo XIII.

- Pedro I, llamado por unos el Cruel y por otros el Justiciero, que construyó el maravilloso que es el verdadero corazón del Alcázar. Fue edificado a mediados del siglo XIV y constituye la cumbre del estilo mudéjar.

- En el reinado de los Reyes Católicos se construyó la llamada Casa de Contratación, de la que también veremos algunas estancias a este lado, destinada a centralizar y organizar el comercio con las Indias, tras el descubrimiento de América en 1492.

Todo ello se halla rodeado por un magnífico conjunto de patios y jardines, que se han ido añadiendo y reformando hasta épocas muy recientes. Hay que recordar que una parte del Palacio de Pedro I, concretamente la planta superior, sigue habilitada como residencia de los reyes de España cuando se encuentran en Sevilla.

Gracias a todo esto, a su larga historia, a su belleza y a su arquitectura, el Real Alcázar de Sevilla fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1987, junto con las cercanas catedral y Archivo de Indias.

CONVENTO MADRE DE DIOS

Convento de monjas dominicas fundado a finales del siglo XV, cuando la reina Isabel la Católica cedió a las religiosas una amplia parcela de la antigua judería de Sevilla. Algunos autores sostienen que el convento se asentó en parte sobre una de las antiguas sinagogas del barrio, pero ese dato no se ha podido confirmar. La edificación que ha llegado hasta nuestros días data de la segunda mitad del siglo XVI.

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En esa fecha son datables los principales elementos del convento: la iglesia, un pequeño patio que actúa como claustro y otro de mayor tamaño que se usa como jardín.

El templo es una de las iglesias conventuales de mayor tamaño de las que encontramos en Sevilla y en su construcción intervinieron los arquitectos Juan de Simancas y Pedro Díaz Palacios. Tiene planta rectangular, con una cabecera cuadrada y coros alto y bajo a los pies.

La fachada está en el lado del Evangelio, accediendose por una portada tardo renacentista. En el dintel aparece el escudo real, flanqueado por el de los dominicos, símbolo del patronazgo de la Corona. En la hornacina central, vemos un relieve de Juan de Oviedo con una hermosa representación de la Virgen con el Niño entregando un rosario a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden. Junto a él aparece el elemento iconográfico que lo identifica tradicionalmente: un perro sosteniendo una antorcha en la boca. En el ático se ubica una imagen de Dios Padre en actitud de bendecir. 

En el interior, un gran artesonado de madera cubre la nave, mientras que una magnífica bóveda ochavada sobre trompas, también de madera, cubre el área el presbiterio. La nave y el presbiterio se separan por un gran arco toral ricamente policromado, elemento muy característico también de las iglesias conventuales sevillanas.

En la iglesia se encuentran más de veinte enterramientos, entre los que destacan los de la mujer de Hernán Cortes, Juana de Zúñiga, y dos de sus hijas, que se encuentran a los lados del presbiterio.

El retablo mayor es obra de Francisco de Barahona de principios del XVIII, realizado en sustitución de uno anterior del XVI. Del original se preservaron algunas imágenes de Jerónimo Hernández, como la Virgen del Rosario de la hornacina central, llamada también Madre de Dios de la Piedad.

A cada lado del presbiterio se sitúan dos valiosos altares laterales renacentistas de la segunda mitad del siglo XVI. Como es habitual en las iglesias conventuales sevillanas, están dedicados a los 'Santos Juanes', es decir, a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista, ambos obra del escultor y retablista Miguel Adán. Sin embargo, fue Jerónimo Hernández quien talló la imagen de  San Juan Evangelista, al que representa al final de su vida, en Patmos, lugar en el que escribió el Apocalipsis. El dedicado a San Juan Bautista se halla justo enfrente y tiene una estructura muy similar al anterior. En su hornacina central, Miguel Adán representó la escena del Bautismo de Cristo.

No son los únicos retablos renacentistas con los que cuenta la iglesia. 

El que se encuentra junto al del Evangelista enmarca una preciosa pintura sobre tabla con un Entierro de Cristo de inspiración flamenca.

Del lado opuesto encontramos el retablo de la Virgen del Rosario, anónimo del siglo XVI y de gran calidad. La imagen de la Virgen, en el centro, aparece flanqueada por Santo Domingo y Santo Tomás, mientras que por el resto del retablo se disponen una serie de relieves con distintas escenas de la vida de Cristo y de la Virgen.

En el espacio del coro alto y bajo de la iglesia, las religiosas han habilitado un espacio museístico en el que se exponen una serie de piezas artísticas de gran calidad, principalmente esculturas de los siglos XVI y XVII. Por citar solo algunas de ellas, podemos mencionar la Virgen con el Niño de Mercadante de Bretaña, un Resucitado de Jerónimo Hernández o un Calvario de Cristóbal Ramos. 

Con la entrada al museo se colabora con los cuantiosos gastos que el convento tiene que afrontar para el mantenimiento del inmueble y de su valioso patrimonio artístico.

 

CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN

Este convento fue levantado a finales del siglo XIV como Hospital de Santa Marta, denominación con la que aún lo conocen muchos sevillanos. A finales del siglo XIX pasó a constituirse como convento, al trasladarse aquí la comunidad de monjas agustinas que ocupaban el primigenio convento de la Encarnación, que estaba ubicado en la plaza del mismo nombre ('las Setas').

Del Hospital queda la que fue capilla, que pasó a ser iglesia conventual tras la llegada de las religiosas. Es de una sola nave y en ella destaca su presbiterio, que tiene la tradicional forma cuadrada de las 'qubbas' islámicas y mudéjares, cubierta por una bóveda de ocho paños sobre trompas. El resto de la iglesia se cubre con una bóveda gótica de nervadura, apoyada sobre cuatro interesantes ménsulas con los símbolos de los evangelistas.

Con el reacondicionamiento del siglo XIX se harían algunas reformas en el antiguo hospital. Fue entonces cuando se abrió la puerta que da hacia la plaza Virgen de los Reyes, se construyeron los coros y se dotó de linterna a la bóveda.

El retablo mayor se formó con esculturas provenientes del desaparecido convento, realizado hacia 1675 y de autor anónimo. De allí provienen el grupo de la Encarnación o Anunciación que se ubica en la hornacina central y los dos 'Santos Juanes' de los lados (San Juan Evangelista y San Juan Bautista). La presencia de estos dos santos en las iglesias conventuales de la ciudad fue una constante durante toda la Edad Moderna. En el ático se ubica una pequeña imagen de Santa Marta, de autoría distinta y que probablemente ya estaría en la iglesia antes de la llegada de las agustinas.

A los lados del altar mayor se ubican dos retablos neoclásicos del siglo XIX, no de gran calidad artística. En ellos y por el resto de la iglesia se distribuyen una serie de santos de los siglos XVIII y XIX.

CATEDRAL DE SEVILLA

La Catedral de Sevilla es probablemente el monumento más emblemático de la ciudad. La Unesco la declaró en 1987 Patrimonio de la Humanidad, junto con el Alcázar y el Archivo de Indias. Está considerada el mayor templo gótico del mundo.

La mayor parte de su factura se realizó en estilo gótico tardío durante el siglo XV, aunque conserva elementos de la mezquita almohade del siglo XII sobre la que se asienta, como el Patio de los Naranjos o la Giralda. Además, en el siglo XVI se añadirían en estilo renacentista la Capilla Real, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor. Más tarde, durante el Barroco y prácticamente hasta nuestros días, se irían añadiendo y remodelando diversos elementos de la catedral, hasta convertirla en un auténtico compendio de la historia del arte en la ciudad.

Su planta es de las llamadas de salón, con cabecera plana y cinco naves, siendo la central más alta y ancha que el resto. Cuenta con numerosas capillas laterales ubicadas entre los contrafuertes. 

Los soportes son unos enormes pilares de sección romboidal, realizados en ladrillo y mampostería y revestidos de sillares. Sobre ellos se asientan bóvedas de nervadura, tan características del gótico. Son sexpartitas en las capillas, cuatripartitas en las naves y estrelladas las correspondientes al crucero, en la parte central del templo.

Sobre las capillas laterales y en los ejes principales se abre una estrecha galería a modo de triforio.

Su construcción fue aprobada por el cabildo catedralicio en 1401. La leyenda cuenta que el proyecto estaría inspirado por la frase «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos» y según el acta capitular de aquel día la nueva obra debía ser «una tal y tan buena, que no haya otra su igual».

En detalle: Catedral de Sevilla

 

 

CASA DEL REY MORO

La Casa del Rey Moro es una construcción datada en el siglo XV, lo que la hace una de las viviendas más antiguas de entre las que podemos encontrar en Sevilla. En la actualidad es la sede de la Fundación Blas Infante.

No se conoce prácticamente nada de la historia de esta casa, por lo que no sabemos de donde procede el apelativo con el que es conocida. El investigador Celestino López Martínez apuntó en su día a que podría hacer referencia al 'Rey de Niebla y del Algarve D. Abenmafor, a mediados del siglo XIII'. Sin embargo, no se encuentra ningún resto en la vivienda anterior al siglo XV, por lo que la hipótesis más extendida hoy es que la decoración mudéjar, 'arabesca', de la casa hiciera que los vecinos la empezaran a identificar espontáneamente como Casa del Moro.

La vivienda tiene una planta rectangular, con una fachada principal a la calle Sol y otra lateral por la que se accedía originalmente al huerto. Las estancias se distribuyen en torno a un patio, que es el espacio mejor conservado y de mayor interés. Está porticado en dos de sus lados en la planta baja y en tres en la alta. Los arcos son de ladrillo visto, peraltados en la planta baja y rebajados en la alta, y asientan sobre pilares de ladrillo. Cabe resaltar que originalmente la mayoría de las casas de tradición mudéjar en Sevilla solían usar este tipo de pilares, pero son muy pocos los que han llegado a nuestros días. Esto se debe a que, con la llegada a la ciudad del gusto renacentista, la mayoría de estos pilares de ladrillo fueron sustituidos por columnas de mármol, muchas veces traídas directamente de Italia. Además, los pilares de esta casa son especialmente interesantes porque adoptan una gran variedad de secciones, incluyendo en la planta superior algunos de tipo 'salomónico', con el cuerpo retorcido en espiral.

CASA DE SALINAS

La Casa de Salinas es un ejemplo del tipo de casa palacio sevillana del siglo XVI, caracterizado por sintetizar las aportaciones del Renacimiento con la tradición gótico mudéjar de la ciudad. Fue mandada construir por Baltasar de Jaén y Roelas a partir de 1577. 

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Durante el siglo XIX, la Casa pasó por diversos usos. Según su web, llegó incluso a albergar una logia masónica, 'que cuando se fue dejó una extensa estela de rumores sobre prácticas de muerte y cadáveres enterrados en la casa y nadie quería vivir en ella. De estos rumores se pasó al convencimiento de que los masones habían dejado un tesoro escondido. El rumor fue tan fuerte que se pusieron a agujerear toda la casa. La búsqueda terminó cuando equivocadamente pincharon en una fosa séptica con desagradables consecuencias para todos los que estaban cavando en ese momento'.

A finales del siglo XIX la vivienda sería adquirida por Eduardo Ybarra, que acometería una profunda reforma a la que debemos en parte el aspecto actual. Se enriquecería con elementos como la azulejería de la Casa Mensaque de Triana, un mosaico de Baco proveniente de Itálica y datado en el siglo II, una escultura marmórea de la Virgen de los Remedios proveniente del antiguo Convento de los Remedios y una serie de vidrieras de la fábrica de Pickman para el comedor superior y el patio principal.

En 1930 la vivienda sería adquirida por Manuel Salinas de Malagamba y sería entoces cuando tomaría el apelativo actual de Casa de Salinas.

Arquitectónicamente, la casa se articula en torno a un patio de doble galería, con arcos de medio punto en la planta baja y carpaneles en la alta. Asientan sobre columnas de mármol y están enriquecidos con una profusa decoración 'a candelieri', muy característica del plateresco.

En la actualidad, la Casa de Salinas es de propiedad privada pero está abierta a la visita cultural y también se puede alquilar para la celebración de eventos.

CASA PILATOS

La Casa de Pilatos es uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil del siglo XVI en Andalucía, constituyendo una hermosa síntesis del arte renacentista italiano y el estilo mudéjar sevillano. 

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Su construcción se inició a finales del siglo XV por parte del Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez y de su esposa, Catalina de Ribera, aunque el grueso de su obra se acometió en tiempos del hijo de ambos, Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa.

Este llevó a cabo una peregrinación a Tierra Santa en 1518, recorriendo gran parte de Italia tanto a su ida como a a su vuelta, hecho que marcaría en gran medida la fisonomía del palacio. Pudo admirar grandes obras del renacimiento italiano en ciudades como Venecia, Milán, Roma o Génova. En esta última ciudad encargaría al escultor Antonio María Aprile, la magnífica portada que constituye el acceso principal a su palacio. Está realizada en mármol blanco y reproduce la forma de un arco triunfal romano, con pilastras de orden corintio enmarcando un arco de medio punto. En las enjutas se sitúan dos medallones clásicos con las efigies de Julio César y Trajano, ambos muy vinculados a la ciudad. En el friso, entre los escudos de la familia, aparece una gran inscripción con caracteres de metal insertos en mármol, alusiva a la construcción del palacio y de esta portada. 

La fachada está rematada por una crestería de estilo gótico, que al parecer procede de un palacio anterior que la familia poseía en Bornos. En la parte central de esta balaustrada, se disponen tres pilares, cada uno de ellos con una cruz de Jerusalén y la inscripción “4 DÍAS DE AGOSTO DE 1519. ENTRÓ EN HIERUSALEM”, alusiva a la peregrinación de don Fadrique a Tierra Santa.

De esta peregrinación, que al parecer marcó profundamente al marqués de Tarifa, proviene con toda probabilidad el nombre de Casa de Pilatos con el que el palacio es conocido generalmente. Durante mucho tiempo existió la leyenda que el marqués había reproducido en su vivienda las trazas del palacio del pretorio romano Poncio Pilatos en Jerusalén y que de ahí vendría el nombre. De hecho, al pórtico que da hacia el exterior en el primer piso junto a esta fachada se lo menciona a veces como el balcón del “Ecce Homo”, ya que supuestamente reproduciría el espacio donde Jesús fue mostrado al pueblo en el célebre pasaje bíblico.

El más mínimo análisis formal y estilístico del palacio deja claro que esta teoría no es más que una leyenda. Lo que sí parece más probable es la relación del nombre popular del palacio con el famoso Vía Crucis que parte desde él y que llega hasta el templete de la Cruz del Campo, que todavía se conserva en la actual calle Luis Montoto.

Según la tradición, el marqués de Tarifa, en su peregrinación a Jerusalén, habría medido la distancia exacta que iba desde el palacio del pretorio donde fue juzgado Jesús hasta el monte del Calvario donde fue crucificado. Esta distancia coincidiría con la que hay entre la fachada del palacio y el mencionado templete. 

A esta circunstancia hace alusión la hornacina con una cruz que se encuentra a la izquierda de la portada principal, realizada ya en el siglo XVII con vistosos mármoles de distintos colores. Esta cruz marcaría la primera estación del citado vía crucis, tal y como puede leerse en las inscripciones que aparecen a los lados.

En el interior, el espacio del palacio se articula alrededor de una serie de patios y jardines, generando una planta muy compleja. 

La peculiar diversidad estilística de este espacio que reúne armónicamente elementos góticos, mudéjares, renacentistas y románticos, es producto de sucesivas intervenciones sobre un patio rectangular, con eje en la capilla y porticado únicamente en sus lados cortos, construido a fines del s. XV por Pedro Enríquez y Catalina de Ribera. Su hijo Fadrique, el peregrino a Jerusalén, inició su transformación renacentista: amplió sus dimensiones haciéndolo cuadriforme, abrió galerías en sus cuatro costados, sustituyó los pilares de ladrillo por columnas genovesas y colocó en su centro la fuente marmórea adquirida también en Génova. A Fadrique, le hereda, en 1539, su sobrino Per Afán, quien además de enriquecer sus esquinas con las cuatro piezas principales de su colección escultórica (véase nº 4), dispuso en su derredor una galería de bustos de personajes de la Antigüedad que, a modo de espejo histórico, reforzase la idea de continuidad entre la fundación de Roma y el nuevo imperio de Carlos V. Ya en el s. XIX, se introducen novedades al gusto romántico, como la apertura de un acceso en su centro, la sustitución del suelo de barro por mármol y la colocación de nuevos ajimeces pseudo-nazaritas.

El elemento central y más emblemático del palacio es el patio central. Tiene un marcado aire renacentista, a pesar de la profusa decoración mudéjar y de la presencia también de elementos góticos. Esto se debe a la profusa utilización del mármol en columnas y solerías, y a la espléndida colección de piezas romanas que se exhiben en el patio. Por ejemplo, en cada una de las esquinas se sitúan cuatro esculturas femeninas romanas, todas ellas originales de los siglos I y II. Representan a Pallas Pacifera, a Pallas como guerrera, a Copa Syrisca y a Faustina la Menor divinizada como Fortuna. En el centro del patio, una fuente de mármol con un busto de Jano Bifronte, original también del siglo I. Además, los muros del patio están recorridos por una serie de hornacinas en las que se expone una magnífica colección de bustos de emperadores originales, una de las mejores colecciones privadas que existen de esta materia.

Estas obras son solo una parte de la magnífica colección escultórica que puede admirarse en la visita al palacio. El  núcleo principal del conjunto fue conformado por Per Afán de Ribera, I Duque de Alcalá, principalmente con obras provenientes del virreinato de Nápoles, donde llegó incluso a financiar excavaciones. Las piezas se hayan expuestas por varias de las estancias del palacio y muchas de ellas junto al llamado Jardín Chico, uno de los dos preciosos espacios ajardinados que flanquean el palacio.

Las estancias interiores adoptan en general nombres relacionados con la mencionada identificación del palacio con la casa de Pilatos. De esta forma, tenemos el Salón del Pretorio, la Capilla de la Flagelación o el Gabinete de Pilatos.

El Salón del Pretorio, entre el patio principal y el Jardín Chico, conserva todos sus elementos originales del siglo XVI, incluyendo el magnífico artesonado de madera y la cubrición de azulejos de cuenca y arista de los muros.

La Capilla de la Flagelación, situada en un lado del patio principal, se considera la estancia más antigua del palacio, construida en un estilo gótico mudéjar. En su centro se ubica una columna, que la tradición identifica con la utilizada en la flagelación de Jesús y de ahí el nombre de la capilla. Sobre el altar se expone una escultura paleocristiana del siglo IV que representa a Jesús como el Buen Pastor. Quizás sea esta la imagen de Jesús más antigua de entre las que se pueden ver en Sevilla.

El Gabinete de Pilatos, situado bajo el torreón, cuenta con una planta cuadrada y una fuente octogonal en su centro, elementos que lo relacionan con las 'qubbas' de la arquitectura mudéjar. Está cubierta por un imponente artesonado adintelado de madera. Está hecho de lacería 'a calle y cuerda' compuesto por ruedas de diez lados que tienen como centro una estrella de diez puntas, formando una composición que alude simbólicamente a la bóveda celeste.

Por su parte, la planta alta fue mandada construir por Fadrique Enríquez de Ribera en el siglo XVI y se decoró con una serie de personajes ilustres de la Antigüedad y con una composición alegórica sobre el Triunfo de las Cuatro Estaciones. Con posterioridad, Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, pintó los techos con una serie de temas mitológicos. En la actualidad, se exhiben en estos espacios una serie de piezas de la colección Medinaceli, que incluyen no solo mobiliario y tapices, sino también pinturas de autores de la talla de Goya, Lucas Jordán o Carreño Miranda.

En detalle: La portada renacentista de la Casa Pilatos

 

CASA DE OLEA

Estamos ante una casa palacio que fue erigida originalmente en el siglo XIV, pero que ha experimentado numerosas modificaciones a lo largo de su historia, especialmente en los siglos XVI, XVIII y XIX. A este último periodo corresponde la fachada principal, de estilo neoclásico. En la actualidad, sirve de sede al colegio San José de la Montaña.

En el interior, la casa se articula en torno a un patio porticado, con arcos peraltados con decoración plateresca, que descansan sobre columnas de mármol. En la esquina, como suele ser habitual en las casas palacio sevillanas, una espléndida escalera da acceso a la segunda planta.

De las estancias del palacio medieval se han conservado algunas, como la llamada 'habitación de las niñas' y un salón de planta cuadrada utilizado hoy como capilla. Allí se conservan los elementos de mayor valor artístico, como los zócalos de alicatado con ruelas de lazo, similares a los del Alcázar, o las hermosas yeserías con decoración de ataurique, inscripciones cúficas y veneras. La bóveda de madera ochavada que cubría originalmente el espacio se perdió y hoy en día cuenta con una cubierta contemporánea que reproduce la forma de la original.

Los pisos superiores son fruto de la reforma del siglo XIX y poseen salones decorados en estilo inglés.

CASA DE LOS PINELO

Espléndida casa palacio sevillana de comienzos del siglo XVI que mezcla en su estilo elementos góticos, mudéjares y renacentistas.

Debe su nombre a que fue erigida por la familia de los Pinelo, comerciantes de origen genovés. En 1524 sería donada por la familia al cabildo de la Catedral, que ostentaría su propiedad hasta el siglo XIX. Por entonces, fruto de la desamortización volvería a manos privados, pasando por diversos titulares y usos. En los años 60 del siglo XX fue adquirido por el Ayuntamiento, que acabó cediendo el inmueble a la Dirección General de Bellas Artes en 1972. Se inició entonces una profunda reforma dirigida por Rafael Manzano Martos. En la actualidad es sede de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

La fachada principal es bastante sencilla y en ella se pueden distinguir perfectamente los distintos pisos, con la planta baja levantada con sillares y el primer piso con ladrillo. En la planta superior se abre una galería mirador de arcos de medio punto sobre columnas de mármol, asentadas a su vez sobre una balaustrada de estilo gótico.

El interior del edificio se articula en torno a dos patios. El primero, más pequeño, hacía las funciones de apeadero y se encuentra porticado con arcos carpaneles sobre columnas de mármol. El segundo es un magnífico patio renacentista, también porticado, pero en esta ocasión con arcos de medio punto que asientan sobre columnas de castañuelas. Los arcos se hallan ricamente decorados con relieves platerescos. En las enjutas aparecen una serie de medallones con personajes de la época, entre los que se encuentran los propietarios originales del palacio. Los arcos del piso superior asientan igualmente sobre columnas de mármol y están decorados de forma similar, aunque en este caso son arcos rebajados.

Entre las estancias que rodean el patio se han conservado una buena parte de los artesonados de madera originales del siglo XVI. También es de destacar el hermoso jardín al fondo de la vivienda, muy reformado en la restauración de Manzano en los 70.

CAPILLA DE SANTA MARÍA DE JESÚS

También llamada Capilla de Maese Rodrigo. Esta pequeña capilla es un hermoso ejemplo del Gótico-mudéjar sevillano. Fue construida a principios del siglo XVI y es el único resto que queda del antiguo Colegio de Santa María de Jesús, que fue el germen de lo que luego sería la Universidad de Sevilla. Las dependencias del antiguo colegio, que estaban anexas a la Capilla, fueron derribadas a principios del siglo XX para abrir la actual avenida de la Constitución. 

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El impulsor de la creación de este primitivo colegio fue Rodrigo Fernández de Santaella. De ahí que en ocasiones se la identifique como Capilla de Maese Rodrigo.

En la fachada principal podemos ver un hermoso arco conopial, poco común en las iglesias sevillanas, construido con ladrillos bicromos, al igual que la hermosa espadaña. En la fachada latera podemos ver una hermosa ventana gótica ricamente decorada, mientras que en la fachada latera se abre una sencilla ventana mudéjar con un arco polilobulado y hecha de ladrillo.

El interior es de una sola nave dividida en dos tramos. El primero, a los pies, se cubre por un alfarje de madera de clara tradición mudéjar. El segundo, en la cabecera, se halla cubierto por bóvedas de crucería gótica de terceletes. Entre ambas partes, un gran arco apuntado dispuesto al modo de un arco triunfal. Se han conservado los zócalos de azulejo originales, hechos siguiendo la técnica de cuerda seca. 

Artísticamente cabe destacar el retablo mayor, una magnífica obra del pintor Alejo Fernández, realizada hacia 1520, en un estilo de transición entre el Gótico y el Renacimiento. En la hornacina central hay una imagen de estilo bizantino de la Virgen con el Niño, probablemente elaborada en Italia.