Las murallas que cierran el Alcázar de Sevilla por su lado norte, hacia la plaza del Triunfo, son las más monumentales y hermosas de entre las conservadas en la ciudad. A diferencia del resto de murallas sevillanas, aquí se levantaron utilizando unos enormes sillares de piedra, muchos de ellos provenientes de las antiguas murallas romanas, que estaban sin uso debido a las diferencias de cota y dimensiones entre la ciudad romana y la islámica.
La cronología exacta de este lienzo de murallas ha sido objeto de debate académico en numerosas ocasiones. Tradicionalmente se las ha identificado con las que protegieron el "Dar al Imara" o "Casa del Gobernador", un palacio fortificado que algunas fuentes mencionan que se construyó en Sevilla en época califal (siglo XX)
Sin embargo, las investigaciones arqueológicas y estudio de los materiales, dirigidos principalmente por el profesor Miguel Ángel Tabales Rodríguez, sitúan la construcción de esta muralla norte del Alcázar en época taifa, ya en el siglo XI.
Es cierto que el uso de sillares para construir defensas en las ciudades de Al Ándalus fue una práctica habitual sobre todo en época califal. Pero cuando se produjo la desintegración del Califato, los reinos de taifas resultantes "vieron en la construcción de grandes murallas imitando a las califales, un argumento de refuerzo de sus aspiraciones de dominio, mostrando en cada caso las limitaciones en el uso de la técnica característica de cada región ante la ausencia de programas estatales y la disminución de efectivos y recursos propios de un gran estado, ahora reducidos al control de municipios y pequeños estados muy carenciales.
Este es el caso de Sevilla, ciudad con aspiraciones durante la dinastía abbadí, pero muy limitada por su tamaño y población, al menos al inicio de las obras; eso sí, con la enorme ventaja de disponer como material de construcción de la magnífica cantera de bloques, ya tallados, como era la muralla romana de la ciudad. En cualquier caso, los sistemas constructivos y de puesta en obra empleados eran de contrastada solvencia y recurrían a soluciones ya conocidas desde la Antigüedad". (Tabales Rodríguez, M.A., Gurriarán Daza, P. "La construcción del Alcázar de Sevilla". Informes de la construcción, nº563, 2021)
Insertos en la muralla, se han conservado una serie de siete torreones de planta rectangular y levantados también con sillares. Tanto en los torreones como en la muralla se puede ver en la parte superior el tramo recrecido posteriormente pero aún en época islámica, probablemente en el siglo XII. La parte superior, incluyendo todo el almenado rematado por piezas piramidales, parece ser una adición reciente, del siglo XIX.
En este lienzo de muralla encontramos dos puertas. La más cercana a la Plaza de la Alianza es la Puerta de la Herradura, hoy cegada. Debe su nombre a su forma de arco de herradura, enmarcado por un alfiz. Al parecer, originalmente daba acceso a un puesto de guardia o castillete.
En la Plaza del Triunfo encontramos la Puerta del Patio de Banderas, abierta probablemente en época almohade (XII-XIII), como parecen atestiguar las dos columnas con capiteles de este período que la flanquean del lado del patio. Sin embargo, los materiales que conforman esta entrada en la actualidad parecen provenir de una reforma acometida a finales del siglo XVI.
En época almohade se construyó también el lienzo en el que hoy se sitúa la Puerta del León. Las torres que flanquean esta puerta son, por lo tanto, de épocas distintas. La del lado izquierdo, construida con sillares, es de época taifa (XI), mientras que la de la derecha se levantó en época almohade (XIII), mayoritariamente en ladrillo. Junto a esta segunda, y dando hacia la calle Miguel de Mañara, se puede observar la entrada original de acceso al Alcázar almohade, cegada cuando se reemplazó por la actual Puerta del León, abierta durante el reinado de Pedro I (XIV).



