YUÇAF DE ÉCIJA

(siglo XIV)

Su nombre fue Joseph ben Ephraim ha-Levi Benveniste, aunque es conocido como Yuçaf o Jusaph de Écija por haber nacido en esta ciudad de la provincia de Sevilla a finales del siglo XIII. Ocupó el cargo de almojarife y consejero del rey Alfonso XI, ocupándose principalmente de asuntos financieros. Este monarca centró su reinado en la lucha contra los musulmanes del área del Estrecho y de Granada, por lo que su corte se asentó principalmente en Sevilla. 

El infante don Felipe de Castilla, hijo de Sancho IV, recomendó a Beneviste a su sobrino Alfonso XI, ya que estaba cautivado por las grandes dotes de Benveniste, sus modales agradables y su talento para la música. El rey, no menos encantado que su tío, nombró a Benveniste almojarife, cargo que conllevaba las funciones de un ministro de hacienda. Además, estaba considerado el consejero de confianza del rey (privado), por lo que su posición era muy influyente. Viajaba en un carruaje de estado, lo escoltaban caballeros en sus viajes y los grandes cenaban a su mesa. Esta grandeza no podía dejar de excitar envidias y Benveniste tuvo que luchar contra las conspiraciones de sus enemigos, bajo cuyos ataques finalmente cayó.

Representación artística de la batalla del Salado, para la que Yuçaf de Écija y otros notables judíos aportaron fondos en apoyo del rey cristiano Alfonso XI. La imagen pertenece a un óleo sobre lienzo del siglo XVIII realizado por Salvador Maella. El original se conserva en la Casita del Príncipe del Monasterio de El Escorial.

Como muestra de su confianza, Alfonso lo envió a Valladolid para traer a su hermana, doña Leonor, a Toledo (1328). En esta ciudad, una turba de gente instigada por los enemigos de Benveniste intentó matarlo a él y a sus asistentes. La infanta le salvó la vida al acogerlo en el Alcázar de esa ciudad y negarse a entregarlo a los alborotadores. 

Habiendo fracasado el complot, los enemigos de Benveniste recurrieron a la calumnia. Se presentaron muchas quejas contra su administración ante las Cortes de Valladolid; y el rey, fatigado al final por estas constantes quejas, destituyó a Benveniste del consejo y del puesto de almojarife.

Al parecer Yuçaf conservó una buena relación con la Corona incluso tras su destitución. A él se debió la creación de una nueva sinagoga en Sevilla. Se conserva la misiva del rey Alfonso XI al papa Clemente VI solicitando el permiso para reconocer esta nueva sinagoga como tal. El documento es muy interesante porque el monarca no duda en ensalzar la labor de la comunidad judía de Sevilla a su servicio.

Luciano Serrano Pineda, en un artículo del CSIC titulado “Alfonso XI y el Papa Clemente VI durante el cerco de Algeciras”, nos dice sobre Yuçaf:

Este Ministro de Hacienda había sido alma del Consejo Real en la guerra contra Granada de 1328 a 1332; pero derrocado de la privanza por émulos de su misma religión, debió abandonar la casa del Rey, no obstante la protección que éste le dispensaba. Además, si no interpretamos mal la instancia del Monarca á Clemente VI, Jusaph de Écija no se limitó a adelantarle dineros y tomar parte personal en la guerra susodicha; continuó dando su apoyo para la batalla del Salado (1340) y en la preparación del asedio de Algeciras. Se sabe que en este asedio hubo personalidades judías acompañando al rey y que ellos fueron los encargados de adelantar el dinero de la contribución especial que los reinos debieron dar en 1343 al soberano castellano. Estos méritos de Jusaph y los que el Rey atribuía a los hebreos en general, y en especial los de Sevilla en razón de contribuir con grandes contingentes al presupuesto municipal y aun de formar parte de las mesnadas concejiles contra moros, invocó Coronel en nombre del Monarca para conseguir del papa reconocimiento oficial de la sinagoga que Jusaph había construido en Sevilla «para aumento de los de su raza».

En sus últimos tiempos, Benveniste se vio envuelto en una red de envidias y conspiraciones que en última instancia acabarían con su vida. Samuel ibn Wakar, el médico de Alfonso, gozaba de un alto favor real. Alfonso le encomendó la gestión de los ingresos derivados de la importación de mercancías del reino de Granada. Benveniste, celoso de la influencia de su correligionario, ofreció una suma mayor por el derecho de gestión de los impuestos de importación. Samuel, para vengarse, persuadió en privado al rey para que detuviera las exportaciones de los moros, a pesar de los tratados existentes. A esto siguió una guerra con los moros. Agotada la tesorería de Alfonso, Gonzalo Martínez, que había servido a las órdenes de Benveniste y se había vuelto influyente por su recomendación, propuso comprar al rey diez de los principales judíos, por los que pagaría 800 libras de plata. El rey, obligado por su necesidad de dinero, consintió. Martínez se apresuró a apresar a su antiguo benefactor y a enviarlo a la cárcel, donde murió.

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