EDIFICIO DE LA ASOCIACIÓN SEVILLANA DE CARIDAD

En la confluencia de la calle Arjona con Reyes Católicos se levanta este edificio regionalista diseñado por Aníbal González. Es conocido por el nombre de la organización que encargó su construcción, la Asociación Sevillana de Caridad. Fue construido entre 1912 y 1914 y originalmente contaba con una sola planta. En 1937, el arquitecto Aurelio Gómez Millán se encargó de la construcción de la planta superior, respetando lo máximo posible la composición original.

Desde el exterior, en todas las fachadas el gran protagonista es el ladrillo visto, cuyo uso abundante es uno de los elementos más característicos de la arquitectura regionalista. En su parte superior, los elementos decorativos cerámicos ayudan a romper la monocromía del conjunto. 

Las dos entradas principales se enmarcan por estructuras muy clásicas. La que da hacia Reyes Católicos está flanqueada por pilastras y rematada por un frontón triangular decorado con cerámica vidriada. Por su parte, la entrada de la calle Segura está enmarcada por columnas, formadas también con ladrillo, que sostienen un entablamento con frontón curvo, también con decoración cerámica.

En la actualidad, el edificio acoge un restaurante y una escuela de hostelería, ambos conocidos como “Casa Aníbal”, en referencia al arquitecto autor del proyecto original.

CASA DE LAS MOSCAS

El edificio de viviendas y bajos comerciales que se encuentra en la esquina de las calles Adriano y Pastor y Landero constituye uno de los escasos ejemplos de la arquitectura modernista en Sevilla. Su diseño se debe al arquitecto sevillano Antonio Gómez Millán y es popularmente conocido como “Casa de las Moscas” debido a su decoración cerámica en la que aparecen algunos insectos.

Su diseño planteó el reto de tener que ajustarse a las características de una parcela totalmente triangular, con dos lados formando fachada al exterior y un tercero colindante con el edificio de al lado. Todo el espacio se articula en torno a un patio central, también con forma rectangular, con los lados que tienen fachada más amplios que el de la medianera. La esquina en la que confluyen las calles está resaltada de una forma armoniosa con un sencillo chaflán que sobresale de la planta triangular.

En la fachada destacan la horizontalidad y la superposición de vanos de medio punto y adintelados, que también se encuentra en otras obras del mismo autor. Sus imaginativos elementos decorativos hacen que se pueda catalogar al inmueble como modernista. Como decíamos, este estilo es bastante poco frecuente en la ciudad, ya que en la época en la que este estilo se desarrolló en otras ciudades europeas (principios del siglo XX), Sevilla apostó decididamente por el Regionalismo.

Entre los elementos modernistas se puede destacar la decoración de azulejos. Sobre un fondo amarillo muy habitual en los talleres sevillanos, se disponen estilizados elementos naturales, que, por el contrario, no son nada comunes en la ciudad. De esta forma, en las enjutas y sobre los dinteles se disponen estilizados y hermosos diseños a base de elementos naturales como hojas, flores, libélulas, mariposas y abejas.

MERCADO DEL POSTIGO

El Mercado del Postigo es un interesante edificio de estilo regionalista diseñado por Juan Talavera y Heredia hacia 1926. En la actualidad acoge el Mercado de Artesanía El Postigo, en el que una veintena de talleres artesanos locales ponen a la venta sus productos. 

El edificio ocupa una pequeña manzana entre calles, por lo que adopta una forma triangular con los vértices achaflanados. Cuenta con dos plantas, además del semisótano, que se disponen alrededor de un espacio central cubierto por lucernarios que permiten el paso de la luz. 

 

Al exterior, encontramos ladrillo visto prensado y sobre su segundo piso se dispone una balaustrada de hormigón que rodea la terraza. Su fachada principal es la que da hacia el Norte (calle Arfe). Al ser la de menor longitud, el arquitecto enfatiza su importancia levantando sobre ella una sencilla torre mirador de planta cuadrada, rematada también por balaustrada.  

* : Wikimedia

PILA DEL PATO

Ubicada en la plaza de San Leandro, esta fuente es conocida como pila del Pato por el surtidor de bronce con la forma de esta ave que la corona. Está formada por tres vasos de tamaño decreciente, todos ellos de sección circular. El segundo y el tercer plato están sostenidos por fustes con forma de balaustres. En el vaso central se ubican cuatro máscaras zoomorfas que sirven para verter el agua.

La fuente se encuentra en su actual ubicación desde mediados del siglo XX, pero no es el lugar para el que fue concebida. De hecho, ha ocupado diversas localizaciones en varios puntos de la ciudad. 

En 1850 se ubicó en la plaza de San Francisco, en el lugar en el que hoy se encuentra la fuente de Mercurio. Allí permaneció solo unos años, ya que en 1855 se trasladó al extremo norte de la Alameda de Hércules, cerca de donde se encuentra el monumento a la Niña de los Peines. Desde allí se trasladó a las cercanías del Prado de San Sebastián, próxima al edificio de los Juzgados. Su siguiente emplazamiento sería la Plaza de las Mercedarias, en el barrio de San Bartolomé, desde donde se trasladó a su actual ubicación en 1965.

Es probable que para la realización de la fuente en 1850 se utilizaran algunos elementos provenientes de la anterior fuente de Mercurio a la que sustituyó. Esta fue diseñada por Juan Fernández Iglesias a principios del siglo XVIII.

 

* Wikimedia Commons

Pintura de hacia 1850 donde se puede ver la Pila del Pato en su ubicación original, en uno de los extremos de la plaza de San Francisco

JARDINES DE MURILLO

Los jardines de Murillo y el paseo Catalina de Ribera conforman una de las zonas ajardinadas de mayor interés histórico, artístico, paisajístico y medioambiental de las existentes en la ciudad de Sevilla. Participando plenamente en la vida de la urbe, conservan interesantes especies botánicas así como muestras arquitectónicas, escultóricas y de elementos de mobiliario urbano originales del momento de su formalización en el primer cuarto del siglo XX.

Juan Talavera y Heredia, notorio representante del historicismo regionalista, diseñó los Jardines de Murillo en 1911 sobre unos terrenos cedidos por la Corona, ya que anteriormente habían formado parte de la Huerta del Retiro del Alcázar.  Tienen una disposición más recogida y un aire más recoleto, en contraposición con la disposición longitudinal del paseo de Catalina de Ribera.

La composición de este espacio está basada en caminos en retícula formados mediante setos y pavimentos que, en sus encuentros, crean glorietas de planta octogonal en las que se disponen fuentes centrales y bancos de fábrica recubiertos de azulejería. Los parterres resultantes están ocupados por densas masas de vegetación que otorgan al recinto un ambiente íntimo. 

Entre los espacios abiertos destaca la glorieta dedicada al pintor José García Ramos que queda delimitada por arcos de entrada y muretes en los que existen paños de azulejos que recrean obras famosas de dicho artista, ejecutados por otros pintores del entorno del maestro como Miguel del Pino, Santiago Martínez, Alfonso Grosso, Manuel Vigil, y Diego López. 

En sus proximidades se encuentra una construcción de estilo regionalista dedicada a vivienda. En estos jardines puede hallarse una gran variedad de especies vegetales, sobresaliendo, por su edad y desarrollo, ejemplares de Magnolia Grandiflora, Cupresus Sempervivens Estricta, Ficus Magnoloides Religiosa, Platanus Hibrida, etc.

Texto de la declaración BIC, 12-03-2002.

! Los Jardines de Murillo aparecen por error como "Jardín de las Tres Fuentes" en Google Maps, mientras que donde se puede leer "Jardines de Murillo" es en realidad el Paseo Catalina de Ribera.

PASEO DE CATALINA DE RIBERA

El paseo de Catalina de Ribera y los jardines de Murillo conforman una de las zonas ajardinadas de mayor interés histórico, artístico, paisajístico y medioambiental de las existentes en la ciudad de Sevilla. Participando plenamente en la vida de la urbe, conservan interesantes especies botánicas así como muestras arquitectónicas, escultóricas y de elementos de mobiliario urbano originales del momento de su formalización en el primer cuarto del siglo XX.

El actual paseo de Catalina de Ribera tiene su origen remoto en la cesión, en 1862, de parte de la Huerta del Retiro del Alcázar. Ese nuevo espacio público, que venía a atenuar la estrechez de la trama urbana de los barrios colindantes, no contaba aún con una ordenación especial. A fines del siglo XIX se acometió un primer proyecto de ajardinamiento y amueblamiento del denominado en esos momentos «Paseo de los Lutos» y, en 1920, con motivo de las intervenciones realizadas con vistas a la Exposición Iberoamericana, el arquitecto Juan Talavera y Heredia, formaliza las trazas conservadas en la actualidad. 

Este mismo arquitecto, notorio representante del historicismo regionalista, había diseñado pocos años antes los contiguos jardines de Murillo, fruto también de una cesión (1911) de otra porción, situada al noroeste, de la Huerta del Retiro del Alcázar.  El trazado en planta del paseo de Catalina de Ribera presenta una clara disposición longitudinal, concebida para el tránsito, mientras que el de los jardines de Murillo responde, por su ubicación y diseño, a un recinto más recoleto. 

El paseo se estructura mediante un eje central y dos ejes secundarios, paralelos a aquél y dispuestos a ambos lados, que se configuran por parterres delimitados por pretiles de fábrica y azulejería. El eje central es interrumpido en su punto medio por un amplio espacio circular centrado por una fuente, también circular, sobre la que se alzan, encima de un pedestal con bustos de Colón y los Reyes Católicos, dos columnas que soportan un entablamento coronado por la figura de un león y, a medio fuste, las proas de las carabelas. 

El monumento, que aporta el elemento vertical de compensación compositiva al paseo, fue diseñado por el arquitecto Talavera y ejecutado por el escultor Lorenzo Coullaut-Varela, y está dedicado a Cristóbal Colón, en consonancia con los eventos de la Exposición Iberoamericana de 1929, momento en que se realizó. 

Muy cercana a la fuente monumental está la fuente parietal, adosada al muro de cerramiento de los jardines del Alcázar, dedicada a Catalina de Ribera, benefactora de la ciudad con la fundación del Hospital de las Cinco Llagas. Cuenta con una estructura arquitectónica de estilo neomanierista diseñada por el mismo Talavera y Heredia con pinturas alusivas a la dama, más los restos de otra fuente del siglo XVI. 

Texto de la declaración BIC, 12-03-2002.

FUENTE DE LA GLORIETA DE SAN DIEGO

En la glorieta de San Diego, en el extremo norte del Parque de María Luisa, se conserva una estructura en forma de arco de triunfo con tres vanos que albergan las figuras alegóricas de España, en el centro, y de la ciudad de Sevilla en su dimensión material y espiritual, a ambos lados. Las esculturas fueron realizadas por Enrique Pérez Comendador y Manuel Delgado Brackenbury. En la parte central del zócalo se ubica una fuente, cuyo surtidor, bajo el pedestal de la escultura central, es un personaje barbado que arroja el agua por la boca.

Era el eje central de la principal entrada al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929 y fue diseñado por el arquitecto Vicente Través. La entrada contaba en realidad con cuatro puertas, que daban a las avenidas de Portugal y de Isabel la Católica a la izquierda, y a la avenida de María Luisa y hacia el Pabellón de Sevilla a la derecha.

Este arco triunfal se concibió como el centro de la entrada monumental al recinto de la exposición. De esta manera, se colocaron las mencionadas alegorías de España y de Sevilla, simbolizando de alguna manera la bienvenida ofrecida por la ciudad y la nación en su conjunto. 

Para la realización de las esculturas laterales se eligió Enrique Pérez Comendador, un joven escultor cacereño que por entonces apenas contaba con 28 años. La obra de este escultor fue bastante prolífica durante toda su vida, especializado sobre todo en monumentos públicos, ya que su estilo encajaba muy bien con la finalidad de ensalzar a los personajes representados, al conjugar un realismo de formas muy clásicas con la simplificación de los volúmenes y una renuncia al detalle, que se consideraba que eran propios del estilo “moderno”. Fue siempre bastante fiel a los dictámenes académicos del momento en la ejecución de sus obras y mostró una especial habilidad para desarrollar temas alegóricos y de engrandecimiento de personajes heroicos, tan del gusto del arte oficial durante el franquismo. 

El artista llamó a las dos esculturas “La riqueza espiritual y material de Sevilla”, aunque fueron rebautizadas en un artículo escrito por el poeta Alejandro Collantes de Terán como “El cielo y la tierra de Sevilla”. Se trata de dos figuras femeninas de claras reminiscencias clásicas, vestidas con unas túnicas que muestran de manera muy clara el efecto de paños mojados, por lo que las rotundas formas de los cuerpos son perfectamente visibles.

La figura situada a la izquierda del espectador es la riqueza material de Sevilla. Sus formas son más redondeadas y tiene más soltura en su postura. Sostiene elevada una naranja en su mano derecha y en la izquierda sujeta un racimo de uvas y un manojo de espigas de trigo, como símbolos de la fertilidad de la tierra. Su rostro tiene una expresión entre pícara y amable, enmarcado por una cabellera semirecogida con un cierto aire andaluz, como muestran los mechones sueltos que forman caracolillos en torno a la cara.

La otra figura es la que representa la riqueza espiritual de Sevilla. Su principal atributo es una pequeña Inmaculada de rasgos montañesinos que sujeta en su mano derecha. Con ella se hace referencia a la férrea defensa que la ciudad hizo siempre del dogma de la Inmaculada Concepción y en general a su su profundo carácter mariano. En este caso, la figura alegórica muestra una postura algo forzada, con rasgos más rígidos y menos naturalismo, probablemente buscando una mayor solemnidad. En el rostro recuerda a las esculturas del período arcaico del arte griego, por la falta de expresividad y por esa característica media sonrisa congelada. Aunque también deja ver algunos caracolillos de pelo en torno a la frente, la mayor parte de la cabellera aparece cubierta, seguramente como signo de respeto ante la imagen que porta y lo que simboliza.

Ambas imágenes flanquean una majestuosa alegoría de España, obra del escultor sevillano Manuel Delgado Brackenbury. Sus rasgos son más naturalistas y clásicos que en las de Pérez Comendador, aunque ambos coinciden en el uso de algunos recursos estilísticos, como el uso de la técnica de los paños mojados para dejar entrever las formas del cuerpo. La figura aparece de pie, con una pierna levemente adelantada, en una postura que le aporta gran solemnidad. Viste una túnica ceñida bajo el pecho y sobre su cabellera recogida porta una corona real abierta, símbolo de la monarquía española. Apoya su brazo derecho sobre un gran escudo de España y el derecho sobre un león, que posa a su vez su pata sobre un globo terráqueo, símbolo de la soberanía española. Hay que recordar que el león y no el toro ha sido el animal que más ha simbolizado a nuestro país a lo largo de su historia, apareciendo profusamente desde la Edad Media en multitud de soportes, como monedas, representaciones pictóricas o elementos arquitectónicos. 

 

En detalle: El Cielo y la Tierra de Sevilla

MONUMENTO AL CID CAMPEADOR

Situado en el centro de la Avenida del Cid, se trata de una estatua ecuestre obra de la artista americana Anne Hyatt Vaugh. Fue un regalo de la Hispanic Society neoyorquina a la ciudad de Sevilla con motivo de la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. De hecho, se decidió colocarla justo enfrente a lo que fue la entrada principal del recinto, entre el Pabellón de Portugal y la antigua Fábrica de Tabacos.

Su autora se destacó sobre todo por la escultura monumental en bronce, representando con frecuencia a personajes históricos y especializándose sobre todo en la recreación de animales. En este terreno alcanzó una gran maestría, sobre todo con la figura del caballo, de la que Huntington era una auténtica enamorada.

Estas cualidades quedan claras en el ejemplar de su estatua para Sevilla. El caballo del Cid es representado con un gran realismo anatómico y transmitiendo una fuerte sensación de movimiento, que dota a toda la obra de un gran dinamismo que no le resta solemnidad. 

A este dinamismo contribuye la postura de la figura de Rodrigo, girada hacia un lado con respecto al eje del caballo. Viste malla de guerrero y alza un brazo sosteniendo una lanza, en actitud de arengar a las tropas. En el otro brazo porta un escudo y su espada.

Se trata de un magnífico ejemplo de la escultura ecuestre del siglo XX, que contó desde el principio con el reconocimiento y la admiración tanto de los sevillanos como de los círculos artísticos de la época. El boceto original de la obra se realizó el mismo año de 1927 y se encuentra hoy en los Brookgreen Gardens en Carolina del Sur. El éxito del monumento sevillano hizo que se realizaran diversas copias que se hallan repartidas por varios puntos de la geografía española y americana, como Nueva York, Buenos Aires, San Francisco o Valencia.

El Cid es el apelativo con el que se conoció a Rodrigo Díaz de Vivar, un caballero castellano que vivió durante el siglo XI y que acabó siendo uno de los personajes más célebres de la Edad Media española. Fue primero vasallo del rey Sancho II y, tras la muerte de éste, de su hermano, Alfonso VI. 

Por orden de este rey, el Cid viajó a Sevilla en 1079 para cobrar las parias al rey Al Mutamid. Durante la estancia de Rodrigo en Sevilla, el reino sufrió un ataque por orden del rey granadino Abdalá ibn Buluggin. El Campeador colaboró con Al Mutamid en su lucha contra los granadinos, que fueron derrotados en la batalla de Cabra. A este hecho se hace alusión en la inscripción que se encuentra en el pedestal del monumento: “Sevilla, morada y corte del Rey poeta Motamid, hospedó a Mio Cid, embajador de Alfonso VI, y le vio volver victorioso del Rey de Granada”. Al  otro lado del pedestal puede leerse: “El Campeador, firme calamidad para el Islam, fue por la viril firmeza de su carácter y por su heroica energía, uno de los grandes milagros del Creador. Ben Bassam.”

En detalle : El Cid en Sevilla

CASA DE LA MAESTRANZA

La sede de la Real Maestranza de Caballería se encuentra junto a la Plaza de Toros, de la que esta institución es propietaria. Se trata de un edificio regionalista de estilo neobarroco, diseñado por Aníbal González en 1929.

Sin embargo, el inmueble experimentaría sucesivas reformas y ampliaciones en las décadas siguientes. En 1956 se inauguró la capilla, cuya construcción fue dirigida sucesivamente por Gómez Millán, Medina y Barquín Barrón. Posee planta de cruz latina, con una sola nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos. El espacio central del crucero se haya cubierto por cúpula rebajada con tambor y linterna, asentada sobre pechinas.

El retablo mayor está recompuesto tomando partes del primitivo retablo que ocupaba la capilla que la Maestranza tenía en la iglesia del desaparecido convento de Regina Angelorum. Fue elaborado originalmente bajo la dirección de Francisco Dionisio de Ribas en 1668 y sus esculturas son obra de Pedro Roldán. En su hornacina central se venera una imagen de vestir de la Virgen del Rosario, obra de Cristóbal Ramos del siglo XVIII, considerada la patrona oficial de la corporación.

CASETA DE ELECTRICIDAD DEL PARQUE 1929

Esta pequeña caseta de electricidad, con su estilo neobarroco, es el único resto que ha llegado hasta nuestros días del gran parque de atracciones que se construyó para la Exposición Iberoamericana de 1929. Ocupaba una extensión de casi 43.000 metros cuadrados entre las avenidas de la raza y de la Palmera y en su momento se consideró en calidad a la altura de los mejores del mundo. Desafortunadamente, a pesar de los planes iniciales en mantenerlo, el parque fue finalmente desmontado y vendido. Algunas partes de sus atracciones se conservan aún hoy en el histórico parque de atracciones del Monte Igueldo, en Bilbao.

CC BY-SA 4.0

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