La Iglesia mantuvo una posición muy firme contra los judíos y los falsos conversos, con numerosos predicadores recorriendo el país clamando contra la fe hebraica, destacando entre ellos el célebre Vicente Ferrer. En el mismo sentido, por iniciativa papal, se organizó la llamada disputa de Tortosa, un largo debate interreligioso que tuvo lugar principalmente en esta ciudad de Tarragona a principios del siglo XV. En ella participaron representantes cristianos conversos y judíos. El objetivo principal era refutar cualquier tesis de los judíos y promover su bautismo, en ocasiones incluso en masa. Además, no faltaron las disposiciones legales anti-judías, como las promulgadas en Castilla en 1412. De acuerdo con ellas, los judíos debían dejarse crecer el pelo y la barba para diferenciarse de los cristianos y se les prohibía trabajar como recaudadores de impuestos o desempeñar cualquier otro cargo público. Entre otras muchas limitaciones, se les prohibió también tratar como médicos a pacientes cristianos y dedicarse al préstamo con interés.
Pese a todo, en la segunda mitad del siglo XV parece que se da una tímida normalización de la situación y de nuevo encontramos judíos ocupando importantes posiciones en la administración, principalmente durante los reinados de Enrique IV de Castilla y Juan II de Aragón.
"Predicación de san Vicente Ferrer" (Alonso Cano, 1645). Este predicador valenciano perteneciente a la orden de los dominicos fue uno de los más decididos impulsores de medidas anti-judías a principios del siglo XV. Fundación Banco Santander.
Sin embargo, el camino hacia el final de las juderías españolas era ya inexorable. El tradicional clima de tolerancia de los reinos hispánicos en siglos anteriores dio lugar a un tiempo tensión constante en el que la mera presencia de comunidades judías era cada vez aceptada con más dificultad por el resto de la población, incentivada en muchas ocasiones por disposiciones en el mismo sentido de las autoridades eclesiásticas y seculares.
En ese contexto general, en 1474 llega al trono Isabel I, casada con Fernando de Aragón, proclamado rey de su propio reino apenas cinco años después. Se iniciaba de esa forma un período de gobierno conjunto de las dos principales coronas peninsulares, sentando el germen de lo que sería España a partir del siglo XVI. En esos momentos se está dejando atrás la Edad Media, mientras que se sientan las bases legales e institucionales de lo que es un Estado moderno, gobernado por una monarquía centralizada. La uniformidad religiosa era entendida como un requisito indispensable para ese nuevo modelo de gobierno y esta uniformidad pasaba por la imposición de la fe mayoritaria que era la cristiana.
Además, es necesario señalar que la decisión de expulsar a los judíos no fue exclusiva de España. De hecho, nuestro país fue uno de los últimos territorios europeos en adoptar esta medida. Como ejemplo, podemos citar a Inglaterra, donde los judíos fueron expulsados en 1290, o Francia, donde se decretaron hasta cuatro expulsiones entre 1182 y 1394. Era, por lo tanto, una corriente ideológica que recorrió Europa a lo largo de la Baja Edad Media.
En el caso de los Reyes Católicos, si atendemos al contenido del Edicto en el que se decreta la expulsión, parece que la principal motivación fue la relacionada con la problemática de los conversos. Como decíamos anteriormente, miles de judíos optaron por abrazar la fe cristiana durante el siglo XV y, según señalan diversas fuentes, no todos lo hicieron de manera sincera. Para garantizar la ortodoxia en la fe de los nuevos cristianos fue instituida la Inquisición española en 1478, directamente bajo el control de la Corona. Dos años más tarde, los Reyes Católicos decretan la separación estricta de las aljamas en barrios especiales para garantizar que no existía contacto entre los nuevos cristianos y los judíos, ya que se entendía que este contacto era el escollo más importante que impedía las conversiones sinceras. Finalmente, el 31 de marzo de 1492 se decreta el célebre Edicto de Granada en el que se ordena la expulsión de los reinos hispánicos. Nada más comenzar su exposición de motivos, en el edicto queda clara su motivación: “Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y cristianos”.
"Expulsión de los judíos de España" (Emilio Sala, 1889). El pintor recrea una supuesta audiencia que los Reyes Católicos concedieron a un representante de la comunidad judía para defender sus argumentos. Del otro lado, se puede ver al inquisidor general, Tomás de Torquemada, defendiendo vehementemente la expulsión. Museo del Prado.
El edicto permitía quedarse a los judíos que estuvieran dispuestos a aceptar el cristianismo, pero ordenaba la expulsión de todos los demás, sin importar su edad
Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.
No hay forma de saber cuántas personas fueron forzadas a abandonar el país. El historiador y teólogo Juan de Mariana hablaba de 800.000, pero esa cifra se considera en la actualidad totalmente descabellada. Con base en varios estudios locales, los historiadores actuales sitúan la cifra de expulsados alrededor de las 200.000 personas.
En mayo comenzó el éxodo, la mayoría de los exiliados –unas 100.000 personas– encontraron refugio temporal en Portugal (de donde fueron expulsados los judíos en 1497), mientras que el resto se dirigió al norte de África y Turquía, el único país importante que les abrió sus puertas. Algunos encontraron hogares provisionales en el pequeño reino de Navarra, donde todavía existía una antigua comunidad judía, pero allí también su estancia fue breve, ya que los judíos fueron expulsados en 1498. Un número considerable de judíos españoles, incluido el rabino principal Abraham Seneor y la mayoría de los miembros de las familias influyentes, prefirieron el bautismo al exilio, sumándose a los miles de conversos que habían elegido este camino en una fecha anterior. El 31 de julio de 1492, el último judío abandonó España.
Sin embargo, el judaísmo sefardí no había desaparecido en absoluto, ya que casi en todas partes los refugiados reconstruyeron sus comunidades, aferrándose a su antigua lengua y cultura. En la mayoría de las áreas, especialmente en el norte de África, se encontraron con descendientes de refugiados de las persecuciones de 1391. En Israel les habían precedido varios grupos de judíos españoles que habían llegado allí como resultado de los diversos movimientos mesiánicos que habían sacudido al judaísmo español.
Oficialmente, no quedaban judíos en España. Sólo quedaban los conversos, un gran número de los cuales se mantuvieron fieles a su fe original. Algunos cayeron más tarde víctimas de la Inquisición; otros lograron huir de España y regresar abiertamente al judaísmo en las comunidades sefardíes de Oriente y Europa.
Andrés Bernáldez, conocido como el cura de los Palacios, dejó una dramática descripción de los momentos de la expulsión en su obra "Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel" (c.1513):
…y propuesta la gloria de todo esto, y confiando en las vanas esperanzas de su ceguedad, se metieron al trabajo del camino, y salieron de las tierras de sus nacimientos, chicos é grandes, viejos é niños, á pié y caballeros en asnos y otras bestias, y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno á los puertos que habían de ir; é iban por los caminos y campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había christiano que no oviese dolor de ellos, y siempre por do iban los convidaban al baptismo, y algunos con la cuita se convertían é quedaban, pero muy pocos, y los Rabíes los iban esforzando, y facian cantar á las mujeres y mancebos, y tañer panderos y adufos para alegrar la gente, y asi salieron fuera de Castilla y llegaron á los puertos, donde embarcaron unos, y los otros a Portugal…






