IGLESIA DE LA CONSOLACIÓN – LOS TERCEROS

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, conocida generalmente como "los Terceros", es un templo barroco del siglo XVII que se levanta en la calle Sol, en el barrio sevillano de Santa Catalina. Originalmente fue la iglesia del convento de la Orden Tercera de San Francisco que se levantaba en esta zona y de ahí procede su denominación popular. Cuenta con planta de cruz latina, con una sola nave y capillas laterales. Tiene una sola fachada al exterior, la de los pies, en la que destaca una exuberante portada barroca. Desde 1973 la iglesia es la sede de la Hermandad de la Cena, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia

Un grupo de monjes franciscanos pertenecientes a la Orden Tercera se trasladaron a Sevilla provenientes del desaparecido convento de San Juan de Morañina, en Bollullos Par del Condado. Tras llegar a la ciudad se asentaron en esta zona, en las proximidades de una antigua ermita dedicada a los santos Cosme y Damián. De su anterior convento en Bollullos, los monjes trajeron una imagen de la Virgen de la Consolación que ya contaba con gran devoción en su lugar de origen. La popularidad de la imagen continuó tras la llegada a Sevilla, siendo objeto de una creciente veneración entre los vecinos. Parece que ese fue el germen para que en 1648 se iniciara la construcción del convento y de su iglesia, dedicada lógicamente a la Virgen de la Consolación. 

La construcción del convento y su iglesia se prolongó hasta el siglo XVIII y los franciscanos lo estuvieron regentando hasta la ocupación francesa en 1810, cuando las tropas napoleónicas lo utilizaron como cuartel y procedieron al expolio de buena parte de su patrimonio. Al año siguiente fue entregado a las monjas Agustinas y en 1819 volvieron los franciscanos. Sin embargo, no sería por mucho tiempo, ya que en 1835 lo abandonaron definitivamente como consecuencia de la célebre desamortización de Mendizábal. Se inició entonces un periodo de abandono que tuvo como su peor consecuencia el derrumbe de las bóvedas de la iglesia en 1845. 

 

 

Imagen de la Virgen de la Consolación, antigua Virgen de Morañina. Imagen del artículo de Adrián Bizcocho Olarte sobre “Religiosidad popular..."

Un nuevo episodio de la historia de este convento se inicia en 1888 cuando se hacen cargo de él los Padres Escolapios, que desarrollaron una importante labor educativa en la ciudad. Lo estuvieron gestionando hasta 1973, año en el que se trasladan a Montequinto. Ese mismo año, el cardenal Bueno Monreal cedió el uso de la iglesia conventual a la Hermandad de la Cena, que desde entonces se ha encargado de su mantenimiento y ha afrontado las diversas restauraciones que han sido necesarias, como la renovación de las cubiertas en 1988.

El resto del convento sirve en la actualidad como sede de EMASESA, la empresa pública para la gestión del agua en la ciudad. Se conservan los dos claustros, el principal y uno secundario, además de una majestuosa escalera monumental diseñada por Fray Manuel Ramos a finales del siglo XVII.

Antiguo convento de los Terceros, hoy sede de EMASESA. Claustros y cúpula sobre la escalera. Imágenes del blog Siglos de Sevilla.

Exterior

La iglesia cuenta con una sola fachada, que se ubica a los pies del templo, en la calle Sol. Cuenta con una interesantísima portada realizada a principios del siglo XVIII en un estilo barroco que recuerda mucho al que se desarrolló por las mismas fechas en la América hispana. Se desconoce la autoría del diseño, aunque tradicionalmente se ha venido atribuyendo a fray Manuel Ramos, el artífice de la monumental escalera de la que hablamos al referirnos al área del convento.

La portada se dispone al modo de un retablo de tres calles, teniendo la calle central ocupada por el vano adintelado que es la entrada al templo en sí. La decoración se hizo a base de barro cocido y ladrillo visto, con determinadas características que, como decíamos, aluden directamente al barroco hispanoamericano: los elementos arquitectónicos adquieren formas curiosas e imaginativas y están repletos de una minuciosa decoración que recoge multitud de elementos simbólicos.

En las calles laterales se sitúan dos hornacinas con las tallas en barro cocido de San José de Calasanz a la izquierda y San Francisco a la derecha. Los dos santos aluden a las dos principales órdenes religiosas que se han sucedido en la gestión de este templo desde su creación: San Francisco a los religiosos de la Orden Tercera, fundadores del convento, y San José de Calasanz a los Escolapios, quienes lo gestionaron desde finales del siglo XIX. Esto nos indica que las esculturas no son las originales de la portada, sino que fueron añadidas muy posteriormente, con toda probabilidad ya en el siglo XX. Además, su tamaño es algo menor al que les correspondería de acuerdo con las hornacinas que ocupan.

En la parte superior de las calles laterales encontramos dos medallones con los bustos de dos santas vinculadas a los franciscanos, Santa Clara a la izquierda y Santa Rosa de Viterbo a la derecha. Sobre la puerta se sitúa un espacio a modo de frontón mixtilíneo en el centro del cual se coloca un escudo con símbolos franciscanos. En la parte superior izquierda aparecen las Cinco Llagas, símbolo principal de la orden, y a la derecha tres flores de lis. En la parte inferior, una mano señala un sol en el que puede leerse "FIDEI" (Fe). Sobre el escudo, una corona real abierta en cuya base se puede leer "POENITENTIA CORONAT". No poseemos más información sobre el escudo, aunque debió ser el que adoptó este convento como propio. En 2007 el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico acometió la restauración de un estandarte procesional hallado en San Telmo con el mismo escudo, por lo que con toda probabilidad era un estandarte de representación del convento en actos oficiales.

Sobre las cuatro pilastras que delimitan las calles de la portada se sitúan cuatro santos franciscanos: a la izquierda san Antonio de Padua y santa Isabel de Hungría, y a la derecha Santa Isabel de Portugal y San Ivo de Kermartin, patrón de los abogados.  Coronando la portada en su parte central, una hornacina acoge una imagen de la Virgen de la Consolación, reproduciendo la talla original que se encuentra en el interior. Sobre la Virgen aparece una paloma blanca con las alas abiertas, representando al Espíritu Santo, y coronando todo el conjunto se sitúa una talla de San Miguel. 

A la derecha de la portada se encuentra un retablo cerámico con la imagen de la Virgen del Subterráneo, titular mariana de la Hermandad de la Cena. Fue elaborado en 1959 en la fábrica de Nuestra Señora de la Piedad por Antonio Morilla Galea y Manuel García Ramírez.

La fachada cuenta con una torre a la derecha, rematada por una espadaña de dos cuerpos con dos vanos para campanas en el inferior y un solo cuerpo en el superior, rematado por un frontón curvo. 

Interior

Lo primero que llama la atención al entrar en la iglesia de la Consolación son sus grandes dimensiones y monumentalidad, constituyendo uno de los ejemplos más interesantes entre las iglesias conventuales del Barroco sevillano. Consta de una sola nave de gran anchura y forma de cruz latina. A los lados de la nave se sitúan una serie de capillas laterales a las que se accede a través de arcos de medio punto cerrados por rejas. A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, asentado sobre una bóveda escarzana con profusa decoración. En un lateral del coro se sitúa un órgano, original de la primera mitad del siglo XVIII, que según Álvaro Cabezas García puede ser atribuido al retablista José Fernando de Medinilla. La cubrición original de la iglesia se hizo mediante una gran bóveda de cañón que se prolongaba durante toda la nave. Sin embargo, esta bóveda se vino abajo a mediados del siglo XIX y en la actualidad encontramos una techumbre plana. La bóveda de cañón se conserva solo sobre el coro, a los pies de la iglesia, y sobre el área del presbiterio, en la cabecera. Sobre el crucero se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con yeserías que reproducen elementos arquitectónicos, decoración vegetal, roleos, cabezas de ángeles y otros motivos característicos del barroco. 

Este tipo de decoración a base de yeserías debió extenderse originalmente por toda la bóveda de la iglesia. Es especialmente rica la que decora la bóveda que sostiene el coro y en ella destacan los curiosos racimos de frutas diversas, en una composición articulada mediante lacería y motivos vegetales, en la que se entremezclan angelitos y símbolos marianos. Recuerda claramente a las yeserías que encontramos en Santa María la Blanca, realizadas también en el siglo XVIII.

Presbiterio

En el presbiterio, el retablo mayor es un espléndido conjunto barroco realizado por Francisco Dionisio de Ribas en 1669, reformado con posterioridad en varias ocasiones. Se le puede considerar uno de los mejores ejemplos de la retablística sevillana del siglo XVII. Consta de dos cuerpos y tres calles, delimitadas por unas hermosas columnas salomónicas con fustes delicadamente esculpidos con motivos vegetales. La disposición del espacio central del retablo se modificó para acoger el grupo escultórico de la Última Cena tras establecerse la hermandad en este templo. En el centro aparece la figura de Jesús en el momento de la celebración eucarística. Fue tallado por Sebastián Santos Rojas en 1955 y su rostro es de tal belleza que hay autores que lo señalan como la imagen de Cristo más hermosa de entre las realizadas para la Semana Santa de Sevilla en el siglo XX. Los apóstoles son obra del escultor gaditano Luis Ortega Bru, una de las figuras más originales y destacadas de la imaginería española contemporánea. Fueron su última obra, ya que se estrenaron en la Semana Santa de 1983, un año después de la muerte del escultor. Cuando el conjunto se halla en el retablo, solo once apóstoles acompañan al Señor, ya que se excluye a Judas Iscariote, que sí forma parte del paso el día de la procesión.

Sobre el grupo de la Sagrada Cena, se sitúa una hornacina de formas ondulantes añadida al retablo en 1700 para acoger a la Virgen de la Consolación, titular de este templo. Se trata de una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, que originalmente tenía la advocación de Nuestra Señora de Morañina cuando recibía culto en el convento que la Orden Tercera regentaba en Bollullos Par del Condado antes de su traslado a Sevilla. La imagen tiene su origen en el siglo XIV, pero fue profundamente renovada para adaptarla a la estética barroca, probablemente ya en el siglo XVIII.

Siguiendo en el primer cuerpo, en la calle de la izquierda encontramos a san Ivo de Bretaña y a san Elizario, mientras que en la de la derecha se ubican san Conrado y san Luis de Francia. Ya en el segundo cuerpo, en el centro se ubica un relieve con "San Francisco aprobando las reglas de la Orden Tercera". El relieve aparece flanqueado por santa Isabel de Portugal a la izquierda y santa Isabel de Hungría a la derecha.

Crucero

El presbiterio se halla flanqueado por otros dos retablos de menor tamaño que se ubican en los brazos del crucero. Ambos son del primer tercio del siglo XVIII y acogen una imagen de la Virgen con el Niño el de la izquierda y un Jesús Nazareno el de la derecha. Originalmente los retablos estaban dedicados a dos imágenes de buena calidad de san Miguel y san Rafael que en la actualidad suelen ubicarse en la capilla sacramental.

En la cabecera izquierda del crucero se encuentra un retablo de principios del siglo XVIII que acoge la imagen de Nuestra Señora del Subterráneo, Reina de Cielos y Tierra, titular de la Hermandad de la Cena. La imagen es una dolorosa de vestir que tradicionalmente se ha atribuido al escultor decimonónico Juan de Astorga, aunque debido a sus rasgos estilísticos no se puede descartar que sea una imagen de mayor antigüedad, probablemente del siglo XVII. El retablo en el que se encuentra perteneció en su día a la Hermandad del Amor, que tuvo su sede en esta iglesia. De hecho, tras la Virgen es visible la forma de cruz que acogió en su día al Cristo del Amor. Cabe recordar que en esta iglesia se fundó también la Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén y que fue aquí donde se fusionaron ambas para dar paso a la Hermandad del Amor que conocemos hoy con sede en la iglesia de El Salvador. De hecho, en el ático del retablo se ubica un relieve en el que se representa precisamente la escena de la Entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de la célebre "borriquita".

Frente al retablo de la Virgen del Subterráneo, en la cabecera derecha del crucero, se sitúa un retablo de formas muy dinámicas tallado por Fernando de Medinilla en 1727. Lo preside la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia, que es también titular de la Hermandad de la Cena, participando también en la procesión sobre su paso. La imagen fue realizada en el siglo XVI, por lo que es una de las más antiguas de la Semana Santa de Sevilla, y tiene la particularidad de estar realizado no en madera sino a base de telas encoladas. Representa a Cristo sentado sobre una roca junto en el momento previo a la crucifixión, apoyando su cabeza sobre su mano derecha en actitud reflexiva. Esta iconografía tiene unas profundas raíces en la religiosidad sevillana desde que se realizaran las primeras tallas a partir de un grabado de Durero de 1511. 

Capillas

En el lado del Evangelio (izquierda) de la iglesia se sitúa la Capilla Sacramental, de planta rectangular y cubierta por bóveda de cañón con lunetos. Tanto los muros como las bóvedas se hallan profusamente decorados con ornamentación barroca de comienzos del siglo XVIII. Se encuentra presidida por un retablo neoclásico del siglo XIX presidido por una Inmaculada. La flanquean las tallas de santa María Egipciaca y san Antonio de Padua, y en el ático se ubica un Crucificado. Todas las tallas son aproximadamente de principios del XIX, salvo la Inmaculada que es del siglo XVII. A ambos lados de la capilla se sitúan sendos retablos, también neoclásicos, que albergan las imágenes de principios del siglo XVIII de san Miguel y san Rafael. También en esta capilla se encuentra una imagen de vestir de san Francisco del siglo XVII que al parecer llegó a salir en procesión por las calles del barrio. También hay un crucificado con la advocación de Cristo de la Buena Muerte, con una calidad notable, que ha sido datado a principios del XVIII.

Frente a la capilla sacramental, en el lado de la Epístola (derecha) se ubica la capilla de Nuestra Señora de la Encarnación. Está presidida por un retablo neoclásico que acoge la imagen de la Virgen que es titular de gloria de la Hermandad de la Cena. Se trata de una talla del siglo XVII atribuida a Juan de Mesa, aunque profundamente reformada con posterioridad. La capilla permaneció cerrada durante mucho tiempo tras sufrir un derrumbe pero puede ser devuelta al culto tras su restauración en 2019.

CAPILLA DEL MAYOR DOLOR

La capilla del Mayor Dolor es un pequeño templo del siglo XVIII que se ubica en la plaza de Molviedro, por lo que en ocasiones es conocida como capilla de Molviedro. En la actualidad es la sede de la Hermandad de Jesús Despojado, que procesiona el Domingo de Ramos.

El área en la que se encuentra la capilla era conocida desde la Edad Media como la Laguna o Compás de la Laguna, ya que era un área no edificada dentro del recinto amurallado en la que se formaba una extensión de agua de este tipo. Era también la zona en la que históricamente se ubicaba la mancebía, muy cerca del puerto, como es habitual. Esta mancebía estaba separada del resto de la ciudad por una tapia, por lo que la zona del Compás quedaba encajada entre la muralla de la ciudad y esta tapia.

Muy cerca de la actual capilla se ubicaba una ermita, más modesta, donde radicaba una hermandad dedicada a la Santísima Cruz y a Nuestra Señora del Mayor Dolor. La cruz de forja sobre columna de mármol que hoy se encuentra en la plaza recuerda el emplazamiento de esta primitiva ermita. 

La capilla que ha llegado hasta nuestros días se construyó en la segunda mitad del siglo XVIII, en el marco de la urbanización general que se produjo en este área de la ciudad. Manuel Prudencio de Molviedro, un comerciante de Viana asentado en Sevilla, se hizo con gran parte del barrio e inició su reurbanización durante el mandato de Pablo de Olavide (1767-1776). Dentro de esta transformación, Manuel Prudencio promovió y financió la construcción de la capilla, que sería consagrada en 1779. Desde 1856 la antigua plaza del Compás de la Laguna se renombró como Plaza de Molviedro en honor de este benefactor navarro.

En 1956, la capilla fue cedida a la Congregación de los Claretianos, quienes a su vez la cedieron a la Hermandad de Jesús Despojado en 1982.

 

Exterior

La capilla presenta planta rectangular con una sola nave. Solo cuenta con una fachada al exterior, la de los pies, que se abre a la plaza. Es de una composición muy sencilla. Un gran vano adintelado, enmarcado por pilastras y cubierto por frontón triangular partido. En el centro del frontón se dispone un segundo cuerpo, esta vez rematado por frontón curvo, enmarcando una ventana. En la parte superior de la fachada se ubica una sencilla pero elegante espadaña, de una sola campana y rematada también por frontón curvo. A ambos lados de la portada se ubican los retablos cerámicos dedicados a Jesús Despojado y a la Virgen de los Dolores y Misericordia, titulares de la hermandad que tiene su sede en la capilla. Fueron realizados en 2007 en el taller cerámico de José Jaén de Mairena del Alcor.

 

Interior

El interior se halla dividido en dos tramos mediante pilastras: el presbiterio y la nave propiamente dicha, cada uno cubierto por bóvedas vaídas. El retablo es el original barroco de la segunda mitad del siglo XVIII. En la actualidad se halla presidido por la imagen de Jesús Despojado de sus vestiduras, tallada por Antonio Perea Sánchez en 1939. 

Se da la circunstancia de que fue realizada en la prisión provincial de Sevilla, ya que el escultor se hallaba preso, acusado de haber auxiliado a la resistencia cuando las tropas franquistas tomaron Sevilla en 1936. La talla fue intervenida en 1974 por Antonio Eslava Rubio, quien rehizo por completo el cuerpo, manteniendo la cabeza.

En la hornacina de la izquierda recibe culto la imagen de la Virgen de los Dolores y Misericordia, realizada en 1962 también por Eslava Rubio. A la derecha se ubica la imagen de San Juan Evangelista realizada por Juan González Ventura en 1981. Esta talla acompaña a la de la Virgen en su paso de palio durante su salida procesional cada Domingo de Ramos.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se dispone un grupo escultórico con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen niña. A la derecha se ubica Santa Basilisca (identificada por José Gestoso como Santa Gertrudis) y a la izquierda encontramos a San Miguel. Todas ellas son tallas anónimas realizadas en el siglo XVIII, formando parte de la decoración escultórica original del retablo.

Del mismo siglo es la imagen que preside el pequeño retablo que se ubica en el muro derecho de la nave. Se trata de Nuestra Señora del Mayor Dolor, imagen titular del templo. Es una escultura también anónima que representa a la Virgen arrodillada a los pies de la Cruz.

En los muros reciben culto las imágenes de San José con el Niño, San Fernando y Santa Genoveva Torres, además de dos lienzos con copias de Murillo, uno con la "Sagrada Familia" y otro con "San Antonio y el Niño".

CAPILLA DE LA CARRETERÍA

La capilla de la Carretería es un pequeño templo del siglo XVIII ubicado en el barrio del Arenal de Sevilla. Se trata de una de las capillas más pequeñas de Sevilla, con menos de 100 metros cuadrados. Tal y como indica su nombre, es la sede de la hermandad de la Carretería, que procesiona la tarde del Viernes Santo.

La ubicación del templo responde a un hecho milagroso que la tradición señala en este lugar. Al parecer, a mediados del siglo XVI, un miembro del gremio de toneleros encontró una imagen de la Virgen oculta tras un muro en esta zona. La imagen desprendía una luz brillantísima, por lo que recibió la advocación de Nuestra Señora de la Luz. Tras este acontecimiento, se decidió fundar la hermandad, cuyo germen sería el mencionado gremio de toneleros (1550).

La capilla actual fue construida entre 1753 y 1761 a partir de los planos de Juan Núñez. Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de arista, salvo en el presbiterio, donde la bóveda es vaída. A finales del siglo XX se añadió a la derecha una nueva capilla para albergar la imagen de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad.

La fachada es de estilo neoclásico y muy sencilla. Dos pilastras enmarcan la entrada y sostienen un frontón partido, en cuyo centro se abre una hornacina, rematada por frontón triangular. En el centro de la parte superior se ubica una espadaña de un solo vano con la campana.

En el interior de la capilla reciben culto los titulares de la hermandad de la Carretería. El Cristo de la Salud es una extraordinaria talla de autor anónimo que se ha datado a principios del siglo XVII. Aunque no se conserva documentación, atendiendo a su estilo, se ha señalado a Francisco de Ocampo como su posible autor. Lo acompañan la Virgen de la Luz y San Juan, obras del taller de Pedro Roldán de hacia 1677. 

En la capilla lateral se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Originalmente, era la imagen de María que acompañaba al Crucificado en el paso de misterio, aunque desde 1885 procesiona en su propio paso de palio. Está atribuida a  Alonso Álvarez Albarrán y se ha datado en 1629.

También encontramos una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, con la advocación de Nuestra Señora de la Luz (de gloria), que comparte con la ya mencionada. Tradicionalmente se la ha identificado con la imagen aparecida milagrosamente en este lugar hacia 1550. Sin embargo, un análisis estilístico deja claro que la imagen fue realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. Cabe la posibilidad de que la imagen actual se hiciera a partir de los restos de la original o que, por algún motivo y en algún momento que desconocemos, se decidiera su sustitución. 

CAPILLA DE LA PIEDAD DEL BARATILLO

La capilla de la Piedad del Baratillo es un pequeño templo de estilo barroco que se ubica en el barrio del Arenal de Sevilla. Es la sede de la Hermandad del Baratillo, que procesiona el Miércoles Santo por la tarde con dos pasos, la Piedad y la Virgen de la Caridad. 

Desde mediados del siglo XVII, en el lugar en el que hoy se encuentra la capilla se ubicaba un pequeño montículo sobre el que se alzaba una cruz de hierro. En ese mismo lugar habían sido enterradas algunas de las víctimas de la epidemia de 1649, que en Sevilla acabó con la vida de más de la mitad de la población. En torno a 60.000 personas murieron de "peste" en la ciudad ese año.

La Cruz de Baratillo fue despertando una devoción cada vez mayor y en 1693 se funda una hermandad en torno a ella y se decide la construcción de una capilla. 

Sus obras concluyeron en 1696 bajo la dirección de Bernardo Bustamante, aunque a mediados del siglo XVIII se produjo una ampliación dirigida por Marcos Sancho.

La capilla presenta planta de cruz latina, con el crucero levemente destacado, y una sola nave. Esta se cubre con bóveda de cañón y sobre el presbiterio se alza una cúpula ochavada sobre pechinas. Al exterior, la cúpula se halla coronada por una cruz metálica, que tradicionalmente se considera la primitiva que se alzó sobre el monte del Baratillo en el siglo XVII.

La fachada exterior es de una gran sencillez. Cuenta con una portada con dos cuerpos. En el inferior, el vano de entrada se enmarca bajo un frontón partido, en cuyo centro se ubica un segundo cuerpo, de menor tamaño. Está flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular y en su centro se abre una vidriera contemporánea, donada a la hermandad por el pabellón de Austria tras la Expo 92. Remata la fachada una espadaña bajo frontón curvo y con un solo vano que alberga la campana.

En el interior se encuentran las imágenes titulares de la Hermandad del Baratillo. En el retablo principal, original de finales del XVII, recibe culto la Virgen de la Piedad, obra de Manuel José Rodríguez Fernández-Andes de 1945. En su regazo acoge al Cristo de la Misericordia, realizado por el escultor de San Roque Luis Ortega Bru en 1951. En un retablo del lado derecho se encuentra la imagen de la Virgen de la Caridad en su Soledad, realizada por el mismo escultor que la Piedad, Rodríguez Fernández Andes, en 1931.

En un retablo del lado izquierdo se encuentra la talla de San José con el Niño, que también es titular de la hermandad. Se ha fechado en la segunda mitad del siglo XVIII y, aunque es de autor anónimo, algunos autores la atribuyen a José Montes de Oca. Fue donada en 1794 por el torero Pepe Hillo. La hermandad ha estado históricamente muy vinculada al mundo de la tauromaquia, con muchos toreros ligados a la misma, "ya sea como hermanos o por sentir una profunda devoción". Cabe recordar que el templo se encuentra a solo unos metros de la plaza de toros de la Maestranza.

ALMACENES DE MADERAS DEL REY

El llamado Almacén del Rey es un antiguo edificio construido originalmente hacia 1735. Tenía como finalidad albergar la madera que llegaba a la ciudad bajando el Guadalquivir desde la Sierra del Segura (Jaén). Su aspecto actual dista mucho del original, ya que entre 1950 y 1960 se acometieron importantes reformas: se añadió una planta de uso residencial y se transformó la planta baja para un uso comercial. Los arquitectos Alberto Balbontín de Orta y Antonio Delgado Roig fueron los artífices de estas transformaciones, tras las cuales se puede considerar que del edificio original solo queda parte de la fachada. 

El inmueble cuenta con planta rectangular. Hacia el exterior, se abren en tres de sus lados “arcos de medio punto algo rebajados, rematando la construcción con torres a modo de garitas y por vanos abuhardillados en el centro de cada lado. En el frente principal entre dos de los citados vanos se sitúa un escudo real”.

FUENTE DE CALÍOPE

En el centro de la plaza de la Magdalena se ubica una fuente de mármol desde 1844, coronada por una escultura del siglo XVIII que representa a la musa Calíope. La fuente está formada por un gran vaso poligonal, en cuyo centro se ubica un vástago-fuste dividido en dos cuerpos por un segundo vaso, esta vez circular.

El primer cuerpo del fuste aparece decorado en su base con veneras, coronas reales, el símbolo de la ciudad (NO8DO) y la mencionada fecha de creación de la fuente. En su parte cilíndrica se disponen varias figuras mitológicas masculinas vinculadas con el mundo acuático (tritones). El vaso circular que sostiene este primer cuerpo se halla gallonado y rodeado por cuatro máscaras surtidores por las que cae el agua hasta el mar de la fuente.

Coronando el conjunto, encontramos una escultura femenina que sostiene una corona de laurel en su mano derecha. Podría tratarse de la musa Calíope, protectora de la poesía épica y la elocuencia.

La plaza en la que se ubica la fuente estuvo ocupada por la primitiva parroquia de la Magdalena, que hoy se encuentra unos metros más al oeste. Esta iglesia fue derribada en 1810, durante la ocupación francesa de la ciudad. Tras la expulsión de los franceses, se intentó la reconstrucción del templo, pero finalmente se optó por abrir una plaza en su lugar, momento en el que se instaló la fuente.

Para su realización se utilizaron elementos provenientes de fuentes anteriores. El vaso principal proviene de una fuente que se encontraba frente al Hospital de la Misericordia, en la actual plaza Zurbarán.  Probablemente es de origen italiano y se remonta al Renacimiento.

Por su parte, el primer cuerpo del fuste central y el vaso circular proceden de una fuente manierista que se ubicó en la Alameda en el siglo XVI. Por último, la escultura femenina que culmina el conjunto proviene de la colección de escultura del siglo XVIII que atesoraba el Palacio Arzobispal de Umbrete. Buena parte de las esculturas de esta colección se encuentran hoy decorando el Jardín de las Delicias, al sur de la ciudad.

Esta conjunción de orígenes le da a la fuente un carácter bastante ecléctico, mezclando el clasicismo del Renacimiento y del siglo XVIII con el romanticismo decimonónico del momento en el que fue recompuesta.

“Según la Teogonía de Hesíodo, era la primera de las nueve musas; más tarde se la llamó patrona de la poesía épica. Por orden de Zeus, el rey de los dioses, juzgó la disputa entre las diosas Afrodita y Perséfone por Adonis. En la mayoría de los relatos, ella y el rey Eagro de Tracia eran los padres de Orfeo, el héroe que tocaba la lira. También era amada por el dios Apolo, con quien tuvo dos hijos, Himeneo y Jalemo. Otras versiones la presentan como la madre de Reso, rey de Tracia y víctima de la guerra de Troya; o como la madre de Lino el músico, inventor de la melodía y el ritmo. Su imagen aparece en el Vaso François, realizado por el alfarero Ergotimos alrededor del 570 a. C.”

Britannica, The Editors of Encyclopaedia. "Calliope". Encyclopedia Britannica, 1 Dec. 2023, https://www.britannica.com/topic/Calliope-Greek-Muse

 

* Wikimedia Commons

FUENTE DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN

En la Plaza de la Encarnación se encuentra una fuente de mármol original del siglo XVIII, considerada la más antigua de entre las conservadas en Sevilla. Está formada por un gran vaso de sección circular, en cuyo centro se alza un fuste-surtidor de formas barrocas. A su mitad se sitúan una especie de máscaras zoomórficas que vierten el agua, representando probablemente los cuatro ríos míticos que regaban el Paraíso original. Coronando la fuente, cuatro angelitos sostienen un escudo con cuatro caras en el que se ubican inscripciones narrando los diversos avatares en la historia del monumento.

En la plaza donde se encuentra hoy, se ubicaba el antiguo Convento de las Agustinas de la Encarnación desde finales del siglo XVI. La fuente se situó hacia 1720 en una pequeña plazoleta a la entrada de este convento. Tenía una función práctica, ya que era uno de los puntos por los que se dispensaba el agua que llegaba a la ciudad a través de los Caños de Carmona.

En 1811, durante la ocupación francesa, el convento se derriba y, años más tarde, se decide la construcción de un Mercado de Abastos en el mismo lugar. La fuente pasa entonces a ocupar un espacio junto al nuevo mercado. Un siglo más tarde, hacia 1948, se produce una remodelación urbanística de la zona y la fuente se traslada al lugar que ocupa en la actualidad.

La fuente fue realizada en estilo barroco, pero, tal y como ha llegado hasta nosotros, incluye algunos elementos de carácter neoclásico, probablemente añadidos en una restauración en 1861.

 

* Diario de Sevilla

FUENTE DE MERCURIO

Situada en un extremo de la Plaza de San Francisco, frente a la fachada principal del Banco de España, encontramos una fuente dedicada al dios Mercurio. Cuenta con un pilón circular elevado sobre cuatro gradas, en cuyo centro se ubica un pilar con decoración neobarroca. En cada uno de sus lados se sitúan "máscaras" que vierten chorros de agua sobre el mar de la fuente. 

La estatua de bronce que corona la fuente representa a Mercurio, el dios romano del comercio, heredero del griego Hermes. En concreto, por su iconografía, se puede decir que es un "Hermes Argifonte", ya que sostiene en una mano la espada u en otra el caduceo, recordando el encargo que recibió de Zeus de matar al gigante de múltiples ojos Argos Panoptes, que estaba vigilando a la ninfa Ío en el santuario de Hera.

La fuente que encontramos en la actualidad es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo por el arquitecto Rafael Manzano en 1974. Para su diseño siguió el modelo de una fuente previa que se encontraba en el mismo lugar, obra de Juan Fernández Iglesias. A esta fuente del siglo XVIII perteneció la estatua de Mercurio que podemos contemplar aún hoy.

Hubo incluso una fuente anterior en el mismo lugar y con el mismo tema, construida hacia 1576 y en cuyo diseño participaron Asensio de Maeda como arquitecto y Diego de Pesquera como autor de Mercurio. La escultura sería fundida en bronce por Bartolomé Morel, que fue también el fundidor del "Giraldillo", la monumental veleta que corona la Giralda. Esta primitiva fuente fue destruida durante unos altercados en 1712. 

Al parecer, en esta zona hubo una fuente al menos desde tiempos medievales. Con toda probabilidad no era una fuente monumental sino que estaba destinada al abastecimiento de agua de los vecinos.

La elección de Mercurio como tema de la fuente está relacionado con el esplendor comercial en el que vivía Sevilla, principalmente tras el Descubrimiento de América, cuando la ciudad se convirtió en "puerta y puerto de América", al ser su puerto el único autorizado para los intercambios comerciales entre España y los territorios americanos.

De hecho, no es la única fuente dedicada a Mercurio en la ciudad. Existe otra en los Jardines del Alcázar. Fue realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel hacia 1576.

 

* Wikimedia Commons

IGLESIA DE LA MAGDALENA

La iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla es un imponente templo barroco construido en la transición entre los siglos XVII y XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo de Figueroa. Se trata de una de las iglesias más destacadas de la ciudad por sus dimensiones, monumentalidad, riqueza decorativa y calidad de las obras de arte que atesora. No en vano, es posible encontrar en su interior obras de algunos de los más destacados autores de la historia del arte en la ciudad, como Jerónimo Hernández, Valdés Leal, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

HISTORIA

El edificio que acoge actualmente a la parroquia de la Magdalena fue originalmente la iglesia del convento de San Pablo el Real. Este centro monástico pertenecía a la orden de los dominicos y fue fundado en este lugar, cercano a la Puerta de Triana, poco después de la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Los terrenos fueron cedidos por el rey Fernando III y el convento contó desde sus inicios con el apoyo de la Corona. De ahí el apelativo de real y las numerosas referencias a la monarquía que se encuentran en su decoración.

El convento de San Pablo fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como la fundación de la Inquisición española. El 6 de febrero de 1481 se celebró en sus dependencias el primer auto de Fe de nuestra historia, en el que fueron condenadas a muerte seis personas. 

Más tarde, el convento tendría un importante papel en el proceso de evangelización de la América hispana, ya que de aquí partirían muchos de los religiosos encargados de esta tarea. Un ejemplo lo encontramos en una placa de mármol cercana a la entrada en la que puede leerse la siguiente inscripción:

"En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo.”

El templo actual no es el primitivo del convento. En el mismo lugar existía anteriormente una iglesia mudéjar de la que persisten algunos elementos en el actual edificio. Esta se encontraba en estado de ruina a finales del siglo XVII y hubo de ser demolida en 1691.

Fue entonces cuando Leonardo de Figueroa se encargó del proyecto para levantar la iglesia actual. Las obras se prolongaron hasta 1724 y en la ornamentación del templo trabajaron algunos de los mejores artistas de la ciudad en ese momento. Las pinturas al fresco son principalmente de Lucas Valdés, que trabajó junto con un numeroso grupo de pintores. Los retablos son prácticamente todos del siglo XVIII, de los mejores retablistas del momento. En su decoración escultórica intervienen nombres de la talla de Jerónimo Hernández, Francisco de Ocampo, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

Las turbulencias políticas y sociales del siglo XIX hicieron que la iglesia conventual acabara como parroquia de la Magdalena. Con las desamortizaciones de la década de 1830, el convento es expropiado y los monjes tienen que marcharse. Por otro lado, la anterior iglesia de la Magdalena fue demolida por orden de los franceses durante la ocupación napoleónica de la ciudad. Se encontraba justo en la actual plaza de la Magdalena y en ella fue enterrado el genial Juan Martínez Montañés. Es posible que los restos del escultor descansen aún hoy bajo la plaza, tal y como conmemora una placa que se puede leer en el lugar.

Tras la expulsión de los franceses, se inició la reconstrucción de la iglesia en el lugar original. Sin embargo, cuando las obras se encontraban bastante avanzadas, se decidió abandonar el proyecto y demoler lo construido para dejar la plaza. La solución para la parroquia fue el traslado en 1842 a la iglesia conventual de San Pablo, que se encontraba vacía tras el abandono forzoso de sus monjes. El templo cambió así de advocación y pasó a ser la iglesia de la Magdalena, aunque persisten numerosas referencias simbólicas aludiendo a su anterior titular.

Tal y como señala Santiago Montoto en “Parroquias de Sevilla”, «en este templo, entre otros sevillanos ilustres, están enterrados el presidente de la Junta de Defensa contra los franceses, don Francisco Arias de Saavedra, luego Regente de la nación, varón insigne que bien merece una extensa y completa monografía, y el desventurado conde del Águila. 

En la pila bautismal de la parroquia recibieron las aguas regeneradoras el inmortal pintor Bartolomé Esteban Murillo y el insigne poeta don Juan de Jáuregui. En el Archivo se conserva la partida de casamiento de Juan Martínez Montañés y la de su entierro».

En la actualidad, tienen su sede en esta iglesia un total de cuatro hermandades:

- Hermandad Sacramental de la Magdalena, fundada en 1575. Procesiona el día del Corpus con una magnífica custodia del siglo XVIII, una Inmaculada de Benito de Hita y Castillo y un Niño Jesús de Jerónimo Hernández.

- Hermandad de Nuestra Señora del Amparo, fundada en el siglo XVI y refundada en el XVIII. Tiene como titular una talla de la Virgen con el Niño realizada por Roque Balduque en 1535. La imagen está considerada la patrona del barrio de la Magdalena y procesiona cada segundo domingo de noviembre, día del Patrocinio de la Virgen.

- Hermandad de la Quinta Angustia, resultado de la fusión de dos hermandades fundadas en el siglo XVI, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Descendimiento. Hace estación de penitencia el Jueves Santo.

- Hermandad del Calvario, fundada en el siglo XIX en la iglesia de San Ildefonso y trasladada a esta parroquia en 1916. Procesiona la madrugada del Viernes Santo con un imponente Cristo realizado por Francisco de Ocampo en el siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

La iglesia presenta planta de cruz latina con tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. En la cabecera del templo se sitúa un profundo presbiterio poligonal, además de otras cuatro capillas de planta rectangular, dos a cada lado. Además, la planta se ve alterada por otras cuatro capillas: dos a los pies y dos en el lado de la derecha, la capilla sacramental y la de la Quinta Angustia.

Cuenta con cuatro accesos desde el exterior, uno a los pies y tres en el muro derecho. El que se encuentra a los pies sería por lógica el principal, pero lo cierto es que en la actualidad se encuentra en desuso, ya que esa zona se acabó configurando como el coro alto y bajo. 

La cubrición se hace mediante bóveda de cañón con lunetos en la nave central y las naves del crucero, y con bóveda de arista en las laterales. El centro del crucero se cubre por una gran cúpula semiesférica sobre tambor, una de las más espectaculares de la ciudad.

Exterior

La iglesia cuenta con varias portadas al exterior para enmarcar sus accesos, todas ellas de comienzos del siglo XVIII. A los pies se sitúa la principal, en la calle Cristo del Calvario, aunque como comentábamos está prácticamente en desuso en la actualidad. Se trata de una sencilla entrada adintelada rematada por un frontón partido. En el centro del frontón, una ornamentada hornacina acoge un relieve con la representación en medio cuerpo de Santo Tomás de Aquino sosteniendo un ostensorio con la Eucaristía. El santo dominico que vivió en el siglo XIII es una de las figuras más destacadas de la filosofía y teología cristiana durante la Edad Media.

A gran distancia sobre la portada se ubica un gran óvulo enmarcado por una recargada moldura barroca. En ella se distinguen una serie de pequeñas esferas que simbolizan las cuentas del Rosario. A ambos lados, encontramos dos relojes de sol.

En la parte superior, la fachada está coronada triple espadaña. A ambos lados, se ubican dos cuerpos que albergan tres vanos con campanas cada uno, mientras que en el del centro se abre una pequeña portada a modo de balcón. En este cuerpo central se ubican dos pequeños bustos con San Pedro y San Pablo y probablemente esté inconcluso en su parte superior. La ornamentación se focaliza en esta zona de la fachada, donde encontramos columnas salomónicas y decoración geométrica a base de cerámica vidriada azul.

En el lateral derecho del templo, encontramos otras tres entradas. La más cercana a los pies carece de decoración y es la que sirve de acceso autónomo a la capilla de la Quinta Angustia, que cuenta además con conexión directa al resto de la iglesia.

La portada central es la de mayor tamaño y la utilizada normalmente para acceder a la iglesia. Tiene una estructura muy clásica, con un arco de medio punto flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular decorado con rocalla barroca. En la parte superior, se ubica una cornisa sostenida por ménsulas y sobre ellas una hornacina con el emblema de la orden dominica. Rematando el conjunto, encontramos el busto de San Fernando, con orbe y espada, recordando la fundación regia del convento.

A la derecha se sitúa otra portada, de menor tamaño, por la que se accede directamente al extremo del brazo derecho del crucero. Al igual que ocurre con la portada de los pies, permanece habitualmente cerrada. Se trata de una portada adintelada, con frontón curvo partido en el centro del que se abre una hornacina con Santo Domingo. Sobre los lados del frontón, encontramos recostados dos perros que sostienen antorchas con la boca, símbolos del santo y de la orden:

«La Leyenda (primera biografía de Santo Domingo) narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa "del Señor". De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando "el perro del Señor" o el vigilante de la viña del Señor».

Además, en la decoración aparecen también otros símbolos relacionados con la orden dominica, como las estrellas o las azucenas.

A pesar de la dificultad para contemplarla desde las proximidades, el elemento más característico del templo desde el exterior es su magnífica cúpula. Fue la primera levantada en Sevilla sobre tambor, siendo seguida en esta característica por las de El Salvador y San Luis de los Franceses, proyectadas también por Leonardo de Figueroa. En concreto, se trata de un tambor octogonal, sobre el que se levanta la semiesfera rematada por una gran linterna, también de planta octogonal. Como remate se coloca una enorme corona real de hierro forjado, recordando la fundación del convento por la iniciativa regia de Fernando III y su fuerte vinculación histórica con la Corona.

Es la primera cúpula levantada por Leonardo de Figueroa y en ella deja ya claros algunos de los elementos definitorios de su estilo, como la rotundidad de la linterna o la riqueza de elementos decorativos, que además muestran una notable variedad cromática. Estos elementos decorativos tienen una clara lectura iconográfica vinculada con la labor evangelizadora de la orden en América. Para hacer alusión a ello, se incluyen una serie de elementos escultóricos inspirados en representaciones artísticas de algunas de las culturas prehispánicas, reinterpretados de una forma pintoresca.

Así, por ejemplo, la linterna se halla rodeada por una serie de amerindios que ejercen como telamones, es decir, que sostienen sobre sus cabezas la cornisa. Además, en las antefijas aparecen máscaras de rasgos negroides muy enfatizados, que portan unos curiosos tocados de plumas en varios colores. Otros personajes semi-fantásticos aparecen en otras partes de la fachada como en las pilastras, inspirados en el arte prehispánico pero de una manera muy deformada.

En la fachada exterior, la iglesia cuenta con dos retablos cerámicos. A los pies, en la fachada de la calle Cristo del Calvario, encontramos uno dedicado a la Virgen del Amparo, patrona de la parroquia. Fue realizado en la década de 1940 por Antonio Muñoz Ruiz para la fábrica de Mensaque y está protegido por un pequeño tejaroz iluminado por dos hermosos faroles de forja.

Hacia la calle San Pablo se ubica otro retablo cerámico, dedicado en este caso al Cristo del Calvario. Fue pintado en 1942 por Alfonso Córdoba en la trianera fábrica de Pedro Navía. También se halla protegido por un tejaroz, en este caso de grandes dimensiones. Se halla cubierto por tejas vidriadas y sostenido por dos ménsulas de forja que imitan formas vegetales.

Además, encontramos al exterior diversas placas conmemorativas, como la que mencionamos anteriormente en referencia a Bartolomé de las Casas. La más hermosa es una pieza de mármol elíptica rodeada por una impresionante moldura barroca de formas curvas. Procede del antiguo convento de San Francisco, que se encontraba en la actual Plaza Nueva, y fue trasladada a esta parroquia tras su demolición en el siglo XIX. Probablemente fuera originalmente una lápida sepulcral, tal y como se desprende de la emotiva inscripción, extraída de una texto de San Bernardo de Claraval:

«NIHIL DULCIUS MIHI QUAM TECUM MURI, ET NIHIL AMARIUS QUAM VIVERE PORT MORTEM TUAM, JESU FILI MI. TU MIHI PATER, TU MIHI SPONSUS, TU MIHI FIUIUS, TU MIHI IMNIA ERAS. NUNO ORROR PATRE VIDUOR SPONSO DESOLOR PROLE, OMNIA PEDRO FILI MI, QUID ULTRA PACIAM?» 

«Nada más dulce para mí que morir contigo y nada más amargo que vivir después de tu muerte. Jesús, hijo mío. Tú eres para mí, padre. Tú eras para mí, esposo. Tú para mí, hijo. Tú para mí lo eras todo. Ahora sin mi padre estoy huérfana. Sin mi esposo, viuda. Sin mi hijo, sola. Todo lo pierdo, hijo mío. ¿Qué haré en adelante?»

Otra placa alude a la fundación regia del convento de la mano del mismo San Fernando:

«San Fernando III Rey de Castilla  y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla»

Una última placa se refiere a la concesión de indulgencias extraordinarias con motivo de la consagración del templo en 1724:

«N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren».

Interior

 

Decoración pictórica

La primera sensación al acceder a la iglesia es la de grandiosidad, debido a sus elevadas dimensiones y a su profusión decorativa. Los muros se hallan intensamente ornamentados, con decoración escultórica que se concentra sobre todo en las cornisas y el perfil de los arcos, reproduciendo formas vegetales y rocalla barroca. 

Estos mismos elementos se repiten en la decoración pictórica, que cubre los muros prácticamente por completo, en un complejo programa iconográfico dirigido por Lucas Valdés. En los pilares que separan las naves laterales de la central se dispone la representación de los apóstoles (con la excepción de Judas Iscariote) y San Pablo. La mayor parte fueron ejecutados por Clemente Torres, aunque también intervinieron otros artistas como Alonso Miguel de Tovar, Germán Lorente y el propio Lucas Valdés. 

En los machones que delimitan el espacio del crucero, se representan así mismo una serie de dieciséis santos y beatos dominicos: Benedicto XI, Gonzalo de Amarante, Pedro Mártir, Antonino, Juan Martín de Coloma, Agustín Gaz Otto, Pío V, Alberto Magno, Jacinto, Jacobo de Meranía, Raimundo de Peñafort, Pedro González Telmo, Luis Beltrán, Enrique Susón, Vicente Ferrer y Ambrosio Sacedonio. Según el profesor Enrique Valdivieso, “todos ellos muestran las características del estilo de Lucas Valdés”. 

A Lucas Valdés se deben también las grandes composiciones que se disponen en torno al presbiterio:

- “El Triunfo de la Fe”, en la bóveda sobre el altar mayor. La figura alegórica de la fe aparece enmarcada por un aparatoso marco de arquitectura fingida que imita la sensación de profundidad. Aparece escoltada por San Miguel, San Rafael y toda una corte de ángeles que revolotean y tocan instrumentos musicales.

- “La Entrada triunfal de san Fernando en Sevilla”, en la parte superior del extremo izquierdo del crucero. El rey aparece acompañado de figuras de la orden, como el propio santo Domingo. Participan en una procesión de la Virgen de los Reyes junto con numerosos prelados. A ambos lados, se representan las figuras alegóricas de la fortaleza y la templanza. Se muestran sobre escudos reales y las acompañan representaciones de musulmanes maniatados que simbolizan a los vencidos en la conquista. En la parte superior de este mismo muro, dos hornacinas acogen a dos de los padres de la Iglesia: san Ambrosio de Milán y san Gregorio Magno.

- “Auto de fe”, situado justo enfrente del anterior, en el extremo derecho del crucero. Se ha querido identificar con el proceso celebrado en 1703 en el que fue condenado el mercader de Osuna, Diego Duro. Enrique Valdivieso nos dice que “esta pintura fue en fechas posteriores destruida parcialmente, en la figura del condenado para evitar su identificación, en torno a 1750, quizás a instancias de los descendientes del reo. En esta pintura de la orden dominica se vuelve a hacer apología de sus méritos como defensora de la fe y de la ortodoxia, pues son precisamente religiosos dominicos los que acompañan al reo que va a lomos de un asno hacia el cadalso”. A ambos lados se sitúan dos nuevas figuras alegóricas, esta vez representando a la Religión y a la Justicia aplastando la herejía, ambas respaldadas por escudos de la orden dominica. De nuevo, en la parte superior del muro, encontramos a los otros dos padres de la Iglesia: San Agustín de Hipona y San Jerónimo de Estridón.

- La decoración pictórica del interior de la cúpula es también obra de Lucas Valdés y está centrada en la exaltación de la Virgen María. El interior de la cúpula está decorado por pinturas al fresco de Lucas Valdés. En cada uno de los gajos, una pareja de ángeles sostienen una letra dorada profusamente ornamentada. En conjunto forman la inscripción AVE MARÍA.

En el interior de la linterna, en el punto más elevado de todo el espacio, aparece un esplendoroso sol dorado sobre un fondo azul oscuro, en torno al que puede leerse la inscripción latina ET CAEPISSE EST ALQUID, SED FINIS FACTA. Es decir, haber empezado es algo, pero el final debe alcanzarse. 

- En los muros laterales del presbiterio se ubican dos grandes lienzos  que tienen como tema “David ante el Arca de la Alianza” y la “Ofrenda del Sumo Sacerdote Melquisedec”, ambos con escenas de connotaciones eucarísticas. 

Por último, en el muro derecho de la iglesia, junto al acceso principal, encontramos una de las pinturas más interesantes de la iglesia. Fue realizada por Lucas Valdés hacia 1710 y representa la Batalla de Lepanto. Más concretamente, "La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la batalla de Lepanto". Según la tradición la Virgen del Rosario intercedió en favor de las tropas cristianas el 7 de octubre de 1571 tras la oración del papa Pío V, que más tarde establecería este día como el día del Santo Rosario.

Capilla de la Quinta Angustia 

Tras acceder a la iglesia por la puerta principal, se encuentra a la derecha una gran capilla que es en la actualidad la sede de la Hermandad de la Quinta Angustia. Es el resultado de la unión de tres capillas funerarias anteriores, que pertenecieron a las familias de los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. De ellas se conservan algunos elementos, como las tres preciosas bóvedas ochavadas con decoración de lacería mudéjar que cubren los distintos tramos de la capilla. Se construyeron alrededor del 1400, por lo que son parte sobreviviente del primitivo templo gótico mudéjar anterior al actual. 

El altar de la capilla se halla presidido por el misterio del Señor del Descendimiento, titular de la hermandad. Se trata de un grupo con obras de diversos autores y cronología. El Cristo es obra de Pedro Roldán de hacia 1660 y el resto de las figuras fueron talladas en su taller por alguno de sus discípulos. La excepción es la Virgen de la Quinta Angustia, obra contemporánea de Vicente Rodríguez Caso (1934).

Delante del misterio del Descendimiento, encontramos un magistral Niño Jesús realizado por el escultor renacentista Jerónimo Hernández hacia 1580. Podría considerarse un antecedente del famoso Niño Jesús que Martínez Montañés haría para la iglesia del Sagrario en 1606. 

Del mismo autor, conserva la hermandad un Cristo Resucitado con unas proporciones, calidad y serenidad en su anatomía que lo hacen una de las esculturas más señeras del Renacimiento sevillano. Se conoce la fecha exacta de su encargo, 1582.

Posee también la capilla una excepcional colección pictórica. Se trata de una serie de lienzos pintados por Valdés Leal hacia 1660 y que originalmente formaban parte del retablo mayor y dos retablos laterales de la iglesia de San Benito de Calatrava, que se encontraba en un desaparecido convento que esta orden tenía muy cerca de la antigua puerta de la Barqueta. Los retablos laterales estaban compuestos por una sola pintura cada uno, con el “Calvario” y la “Inmaculada”. El retablo mayor constaba de dos cuerpos y ático. En el centro del primer cuerpo había una representación de “La Virgen con san Bernardo y san Benito” que no se ha conservado. A los lados se ubicaban "San Juan Bautista", "San Andrés", "Santa Catalina" y "San Sebastián". En el centro del segundo cuerpo se situaba el “San Miguel”, flanqueado por "San Antonio de Padua" y "San Antonio Abad". En el ático se situaba una representación de “Dios Padre”, que se ha perdido también. 

Todas las obras estuvieron en el Museo del Prado en 1991 participando en la exposición monográfica sobre su autor.

Presbiterio

El presbiterio se halla presidido por un magnífico retablo diseñado por Pedro Duque Cornejo a principios del siglo XVIII. Con dieciséis metros de altura, es el segundo mayor de la ciudad, tras el de la catedral. Está dividido en tres calles separadas por columnas salomónicas, que se articulan a su vez horizontalmente en banco, dos cuerpos y ático. Las esculturas son todas obras del propio Duque Cornejo, con excepción de las que representan a la Magdalena y a San Pablo en las hornacinas centrales.

En la hornacina central del primer cuerpo se sitúa la titular del templo, Santa María Magdalena, con una notable talla realizada por Felipe Malo de Molina en 1704. Está flanqueada por Santo Domingo y San Francisco de Asís en las calles laterales. En el centro del segundo cuerpo encontramos una talla anónima del siglo XVII representando a San Pablo, que, cabe recordar, era el primitivo titular de esta iglesia. Tiene a ambos lados a los papas dominicos Benedicto XI y Pío V.

En el ático volvemos a encontrar a San Pablo, esta vez en un relieve que reproduce la escena de su Conversión. A los lados, se sitúan dos santas dominicas, Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima.

A ambos lados del presbiterio, bajo los dos grandes lienzos de Lucas Valdés ya mencionados, se ubican sendas portadas de mármol, enmarcadas por columnas salomónicas y rematadas por las esculturas alegóricas de la Fe y la Caridad. 

Coro 

Se ubica a los pies del templo, separado del resto de la iglesia por una pequeña verja. El soto coro se halla cubierto por bóveda de cañón rebajada con lunetos que sujeta el coro alto. Está ricamente decorada con ocho frescos de Lucas Valdés con escenas del Antiguo Testamento. 

Sobre los arcos formeros contiguos al coro alto, se sitúan dos espacios a modo de balcón sobre los que se sitúan dos órganos. El del lado del Evangelio es de caja barroca y “de autor desconocido, solo queda la caja y tubos exteriores, no está en uso. El órgano situado en el lado de la epístola fue construido por Juan Debono en 1795, este si funciona”. (Ayarra Jarne, J., Órganos en la provincia de Sevilla, Consejería de Cultura, Centro de Documentación Musical de Andalucía, [Granada], 1998, fecha de consulta 13 marzo 2019)

 

 

Capillas y retablos del lado del Evangelio (izquierda)

Hagamos un recorrido por la iglesia empezando por los pies de la nave del Evangelio en el sentido de las agujas del reloj.

 

· Capilla de la Virgen del Rosario, situada a los pies de la nave del Evangelio, junto al coro. Posee un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por una talla de vestir, obra de Cristóbal Ramos en el siglo XVIII. La flanquean dos pequeñas tallas barrocas, con toda probabilidad provenientes de un retablo anterior, que representan a san Francisco de Paula y a santa Catalina de Siena.

 

· Junto a la Capilla del Rosario, a los pies del lado de la derecha, se ubica un retablo barroco del siglo XVIII que en la actualidad se halla presidido por una imagen moderna de la Virgen de la Medalla Milagrosa. En los lados se ubican dos tallas de santos monjes que han perdido alguno de los atributos que los identificaban. Por su vinculación con los dominicos, podría tratarse de santo Tomás y santo Domingo. En el centro del ático, un relieve representa “La Aparición de la Virgen a Santo Domingo”. El retablo se articula mediante una serie de hermosas columnas salomónicas fajadas, muy características del momento en el que fue construido. 

· Siguiendo por el muro de la izquierda, nos encontramos con un retablo marco que alberga un lienzo que representa “Las Ánimas del Purgatorio”. En él, un grupo de ángeles interceden por las almas que arden en el Purgatorio, en presencia de la Santísima Trinidad, que preside el lienzo en la parte superior. Fue realizado hacia 1775 por Vicente Alanís Espinosa.

 

· El siguiente retablo es también del siglo XVIII y en la actualidad se halla presidido por una imagen de la Virgen del Buen Consejo, tallada por Sebastián Santos Rojas hacia 1950. En las calles laterales, encontramos dos hermosas esculturas de Santa Catalina y Santa Bárbara. En el ático, un relieve parece representar el sueño de la beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo. La escena tiene como contexto un curioso marco arquitectónico en el que se finge la profundidad. A ambos lados se ubican dos santas dominicas, probablemente Santa Catalina de Ricci y Santa Inés de Montepulciano.

 

· Junto al retablo de la Virgen del Buen Consejo se encuentra una curiosa pintura sobre la pared que constituye un trampantojo o ilusión óptica. Fue pintada en 1996 y reproduce el acceso al antiguo claustro del convento, que se encontraba justo en esa dirección, en el lugar que hoy ocupa el Hotel Colón. El convento estaba siendo utilizado como sede del Gobierno Civil en Sevilla cuando fue destruido por un incendio en 1906.

· En los brazos del crucero encontramos varios retablos. El primero de ellos data de principios del siglo XVIII y está atribuido a Cristóbal de Guadix. Lo preside el llamado Nazareno de las Fatigas, una imagen de Jesús sujetando la cruz tallada por el escultor Gaspar del Águila y policromado por el pintor Antonio de Arfián en 1587. Fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila en 2009. La cruz es la original y está hecha de carey ribeteado en plata. En las calles laterales, entre hermosas columnas salomónicas policromadas en verde y dorado, se ubican San Antón Abad y San Alberto. En el centro del ático se sitúa San Miguel matando al dragón, flanqueado por dos santos dominicos.

· Junto a la entrada a la sacristía, en el extremo izquierdo del crucero, se ubica un altar barroco con la magnífica talla renacentista de la Virgen de las Fiebres. Es una imagen de la Virgen con el Niño, obra del escultor salmantino Juan Bautista Vázquez "el Viejo" de hacia 1565, considerada una de las más destacadas muestras de la escultura de este período en la ciudad. El apelativo "de las Fiebres" viene porque a ella se encomendaban las mujeres que habían dado a luz recientemente para evitar las temibles "calenturas", causa histórica de una gran mortandad. La imagen sustituyó a una anterior con la misma advocación que se perdió durante un derrumbe. 

Según la tradición, la madre del rey Pedro I rezó fervorosamente ante la imagen anterior pidiendo la salvación de su hijo, por entonces gravemente enfermo. Al sanar el rey, la madre entregó a la iglesia como agradecimiento una talla en plata del monarca orando ante la Virgen. Al parecer, la efigie del rey fue retirada al perder este el trono en la guerra con su hermanastro Enrique de Trastámara.

 

· Al otro lado de la entrada a la sacristía, un retablo alberga un conjunto escultórico con San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña. La composición original contaba solo con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y su autor es probablemente Francisco Antonio Ruiz Gijón hacia 1675. La imagen de San Joaquín que aparece al fondo es obra del siglo XVIII de Cristóbal Ramos y procede de otro retablo, como atestigua la diferencia en el tamaño.

· La siguiente capilla, ya paralela al presbiterio, está dedicada a Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores. Se trata de una obra temprana de Pedro Roldán (h. 1650) que se acerca más a los modelos castellanos que a los habituales en Sevilla: María aparece arrodillada al pie de la cruz y con la mirada dirigida al cielo. Además, es una talla completa y no de vestir, como suele ser habitual en la ciudad. La imagen era titular de una hermandad que llegó a ser enormemente popular. Tenía su sede en la actual Capilla de Montserrat y a ella pertenecía también como titular el actual Cristo de la Salud de la hermandad de la Candelaria.

El retablo en el que se ubica es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a San Pablo, como muestran los dos relieves de las calles laterales, que muestran su “Decapitación” y una “Apoteosis” del santo, en la que unos ángeles lo elevan hacia el Cielo.

 

· En el pilar que separa la capilla de la Antigua de la siguiente, encontramos un retablillo con una imagen de vestir de Santa Rosa de Lima, religiosa dominica nacida en el Virreinato del Perú que fue la primera americana canonizada en la historia de la iglesia.

· La siguiente capilla, ya junto al presbiterio, es la dedicada a la Virgen del Amparo, una magnífica talla renacentista realizada por el escultor flamenco Roque Balduque en 1555. Es una de las imágenes más hermosas de la iglesia y está considerada la patrona del barrio, por cuyas calles procesiona cada segundo domingo de noviembre.

El retablo es una obra de principios del siglo XVIII y parece que acogió originalmente al Cristo del Gonfalón, del que hablaremos más tarde. En las calles laterales se ubican San José con el Niño y San Hermenegildo, mientras que en el centro del ático se representa la Anunciación, flanqueada por San Joaquín y Santa Ana.

Capillas y retablos del lado de la Epístola (derecha):

 

· Junto al presbiterio, a la derecha, la primera capilla es la del Santísimo Cristo del Calvario, sede de la hermandad que lo tiene como titular. El Cristo es una magnífica obra de Francisco de Ocampo, realizada en 1611 siguiendo el modelo del Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. A ambos lados, las imágenes de la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista, ambas de Juan de Astorga del siglo XIX. El retablo es del siglo XVIII y posee en el centro del ático una escena con la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo y Santa Catalina de Siena.

· En el pilar que separa esta capilla de la siguiente, se ubica un retablillo con una imagen de Santa Mónica del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldán.

 

· La siguiente capilla está dedicada a San Antonio de Padua, con una imagen del santo anónima del siglo XVII. El retablo es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a Santa Catalina de Siena, tal y como se puede leer en la reja que cierra la capilla. De hecho, en el ático conserva un relieve con "La Estigmatización de Santa Catalina".

· En el extremo derecho del crucero se ubican dos retablos, a cada uno de los lados de un cajón de acceso a la iglesia que permanece siempre cerrado. El primero está dedicado a la Virgen del Carmen, con una hermosa imagen de vestir anónima del siglo XVIII. El de la derecha está dedicado a San José, con una espléndida talla atribuida a Juan Martínez Montañés y datada hacia 1610. Tradicionalmente han existido dudas sobre su autoría, pero tras la última gran exposición sobre el maestro, se estableció su autoría debido a su similitud con otro San José que se conserva en el convento de las Teresas y por lo parecido que es el Niño al que porta el San Cristóbal de la iglesia del Salvador.

· Haciendo esquina junto al retablo de San José, encontramos un retablo del siglo XVIII que se halla presidido en la actualidad por una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. Lo acompañan en las naves laterales San Francisco y Santo Domingo, originales del retablo. En el ático encontramos un Santo Tomás orando de rodillas.

 

· Siguiendo por el muro derecho, junto a la Capilla Sacramental, se ubica un retablo presidido por el relieve de la Asunción de la Virgen, obra de Juan de Mesa de 1619. A pesar de algunas dudas expresadas sobre su autoría, se ha conservado el contrato en el que se le encarga al artista, donde se especifica que cuatro ángeles “la van subiendo a los cielos, con un trono de serafines a sus pies y sus nubes alrededor (…) con más dos niños por remate; más de medio relieve y los niños redondos”. En el ático, otro relieve muestra la Coronación de la Virgen.

· A la mitad del muro de la Epístola se abre la capilla sacramental, un espacio de planta rectangular ubicado junto al acceso principal a la iglesia. Justo frente a la entrada, una vitrina acoge una espléndida custodia procesional de plata con más de dos metros de altura. Se realizó en distintas fases entre finales del siglo XVII. “Es la obra realizada por tres artistas plateros del siglo XVII, pero siguiendo el diseño del que la inició, Diego de León, en 1678. La continuó en 1679 el platero Cristóbal Sánchez de la Rosa, y la finalizó Juan Laureano de Pina en 1692”. (Arzobispado de Sevilla)

El retablo es de estilo neoclásico, realizado en 1817. Alberga en su hornacina central una Inmaculada del siglo XVIII atribuida a Benito Hita del Castillo, que procesiona el día del Corpus acompañando a la Custodia junto con el Niño Jesús de Jerónimo Hernández. En las calles laterales del retablo encontramos las tallas de San Miguel y San Rafael, realizadas por Duque Cornejo también en el siglo XVIII. En el ático, una pintura de la época del retablo representa a la Santísima Trinidad. 

La Capilla alberga el sepulcro de Francisco Arias de Saavedra, ministro de Carlos III y dos lienzos de Zurbarán de hacia 1626. El primero  muestra la "Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans" y el segundo "Santo Domingo en Soriano". Odile Delenda, en su catálogo de la obra de Zurbarán, lo describe así: 

«La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el Monasterio de Soriano es un tema grato de la Contrarreforma, que tuvo un éxito considerable en toda la Europa católica del siglo XVII. Cada Orden religiosa quería representar a sus santos con su ‘vera effigies’. Un fraile dominico del Convento de Soriano en Calabria, muy devoto al fundador, deseaba saber cómo serían sus verdaderos rasgos. En el año 1530, haciendo oración, se le apareció la Virgen, junto con las santas Catalina y Magdalena quienes le ofrecieron un retrato de Santo Domingo. Dicho milagroso retrato lo representa de pie, frontalmente, llevando el lirio y un libro de su regla. El supuesto retrato está conservado en la Iglesia de San Romano de Lucca y muchas copias y grabados circularon por los conventos de la Orden».

· En el mismo muro derecho, al otro lado del acceso principal a la iglesia, encontramos un marco-dosel barroco que alberga un relieve del siglo XVIII con “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”.

 

· A continuación, siguiendo hacia los pies, se ubica un retablo también del XVIII presidido en la actualidad por la imagen de Santa Rita de Casia, de gran devoción en el mundo católico como intercesora en causas difíciles. En las calles laterales se ubican San Juan Nepomuceno y San Alberto, mientras que en el ático, un relieve representa la “Liberación de San Pedro”, flanqueado por dos santos dominicos. 

· A los pies de la nave de la Epístola se ubica la Capilla Bautismal, que conserva la pila en la que fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618, tal y como recuerda una placa de mármol en uno de los muros. La capilla se halla presidida hoy por un interesante crucificado del siglo XVI conocido como Cristo de Confalón o Gonfalón. Presenta rasgos bastante arcaizantes que lo acercan a la escultura gótica y transmiten un conmovedor patetismo. 

Originalmente fue titular de una cofradía que se dedicaba a las obras de misericordia, siguiendo el ejemplo de una hermandad con la misma advocación asentada en Roma. Se ha atribuido la imagen a Nicolás de León, ya que en la iglesia de la Victoria en Écija existe un crucificado muy similar de este autor que además tiene la misma advocación, siendo en la actualidad una de las imágenes más destacadas de la Semana Santa astigitana.

El crucificado se encuentra acompañado por una Dolorosa y un San Juan, formando un Calvario. Son de una cronología similar al Cristo y podría tratarse de obras del mismo autor.

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO

La iglesia de San Ildefonso es un imponente templo neoclásico que se levanta justo frente al convento de San Leandro, en el barrio de la Alfalfa. Su construcción se inició a finales del siglo XVIII y, desde el exterior, es una de las iglesias más llamativas de Sevilla por diversas razones. En primer lugar, son muy escasas las iglesias neoclásicas en la ciudad. Además, posee dos altas torres gemelas que flanquean su entrada y está cubierta completamente por los colores por antonomasia de Sevilla: el albero y la almagra.

Historia

El templo actual comenzó a construirse a finales del siglo XVIII, en sustitución de uno anterior que quedó maltrecho tras el Terremoto de Lisboa en 1755. Nos consta que San Ildefonso fue una de las 24 parroquias en las que quedó dividida la ciudad tras la conquista cristiana, por lo que es muy probable que el templo anterior fuera una construcción medieval, probablemente del estilo gótico mudéjar tan característico en Sevilla.

Sin embargo, existe una tradición que trata de remontar los orígenes de la parroquia a tiempos visigodos. Se basa en una supuesta lápida sepulcral que se conservaba en la antigua iglesia y que hacía alusión a un presbítero llamado Saturnino que habría sido enterrado en este lugar en el 657. Diego Ortiz de Zúñiga, célebre historiador sevillano del siglo XVII, lo describe así en el Libro II de sus famosos “Anales eclesiásticos y seculares”:

"...aun de primitiva Iglesia de Cristianos tiene singulares señas la Parroquia de San Ildefonso, atestiguadas con la piedra del sepulcro de San Saturnino, que dentro de ella se hallaba hasta el año 1649, que en la peste que padeció esta ciudad con la fuga de abrir sepulturas, se perdió o soterró. Viola allí Ambrosio de Morales, Don Pablo de Espinosa y otros, cuyo epitafio decía: (…) Saturnino, Presbítero, siervo de Dios, vivió, poco más o menos, 53 años. Partió de esta vida en paz en el día 2 de los Idus de Noviembre (es el día 12) en la Era de 657, que es año de Cristo de 619. Llámalo la piedad San Saturnino; pero el epitafio solo lo advierte sacerdote cristiano, contemporáneo de nuestro Arzobispo y Patrón San Isidoro. Estaba esta sepultura delante de un altar de nuestra Señora, cuya efigie en pintura muestra grande antigüedad, intitulada del Coral, y venerada con profunda devoción." 

Es de destacar la mención a la Virgen del Coral, una pintura mural que afortunadamente se conserva aún hoy en la iglesia. Fueron también frecuentes los intentos por remontar el origen de esta venerada imagen a tiempos preislámicos, aunque en la actualidad se tiene por segura su datación hacia el siglo XIV, más o menos coetánea a la Virgen de la Antigua.

En cualquier caso, las obras para la construcción del templo del que tratamos hoy se iniciaron en 1794 bajo la dirección de José de Echamorro y de acuerdo con el proyecto neoclásico de Julián Barcenilla. La monumentalidad del edificio hizo que las obras se prolongaran durante casi cincuenta años. La iglesia se inauguró en 1816, pero solo con la nave izquierda concluida, por lo que se oficiaba en un altar presidido por la Virgen del Coral. La terminación completa de la iglesia no tendría lugar hasta 1841.

 

DESCRIPCIÓN

Como hemos apuntado en la introducción, la iglesia de San Ildefonso es un templo neoclásico que se ajusta perfectamente a la tendencia estética academicista imperante en el país desde el siglo XVIII y durante el XIX. Cuenta con planta rectangular, dividida en tres naves, con la central y el crucero más anchos. De la planta sobresale un profundo presbiterio semicircular en la cabecera y dos grandes torres de planta cuadrada a los pies.

 

Exterior

Posiblemente lo primero que llama la atención desde el exterior son los brillantes colores albero y almagra con los que está pintada la iglesia. En la fachada principal destacan las dos torres que se adelantan con respecto a la línea de la portada, creando un pequeño atrio frente a la entrada principal. 

Las torres son de una gran altura y cuentan con cuatro cuerpos de tamaño decreciente. Los dos primeros son de planta cuadrada, el tercero de planta octogonal y el último es circular. Están decoradas con elementos de piedra blanca que destacan sobre el fondo albero y almagra, como las columnas, las balaustradas y los jarrones. 

La portada cuenta con dos cuerpos y una estructura muy clásica. El primero, enmarcado por pares columnas jónicas, acoge el arco escarzano que constituye la entrada principal. Sobre ella, una hornacina acoge una pequeña escultura pétrea de San Ildefonso, enmarcada también por columnas a los lados, en este caso de estilo compuesto. Remata la hornacina un frontón curvo en el centro del cual se representa el escudo episcopal del santo titular.

En el lado izquierdo, en la calle Rodríguez Marín, se abre una segunda portada de acceso al templo, de características similares a la anterior pero más sencilla. En este caso, dos pares de sencillas columnas toscanas enmarcan la entrada. Sirven también para sostener el entablamento sobre el que se ubica una sencilla hornacina rematada por frontón triangular. 

En esta hornacina vemos a dos angelitos sosteniendo una inscripción en mármol en la que se lee: “O ILDEPHONSE PER TE VIVIT DOMINA MEA QUE COELI CULMINA TENET”. Se trata de una frase que la tradición atribuye a Santa Leocadia. Al parecer, cierto día se encontraba el obispo Ildefonso rezando ante el sepulcro de la santa, cuando está se le apareció y pronunció la frase que se puede traducir como “Oh Ildefonso, mi Señora, quien sostiene las cumbres del cielo, vive a través de ti”. De esta forma, la aparición reconocía la importante labor de San Ildefonso como defensor de la Virgen María y promotor de la devoción hacia ella.

A la derecha de esta portada lateral, una moldura de estructura clásica pero de decoración barroca alberga el retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli. Se trata de una imagen de gran devoción que se venera en el interior del templo y de la que hablaremos más adelante. El azulejo lo realizó el gran pintor ceramista Antonio Kierman Flores en la trianera fábrica de Santa Ana (1955).

Interior

Al interior, la iglesia se encuentra dividida en tres naves por ocho pilares cruciformes. En la nave central y en la del crucero, las bóvedas son de cañón con lunetos y cuentan con arcos fajones. En las naves laterales, algo más estrechas, están cubiertas por bóveda de arista, excepto en las capillas que se encuentran a la cabecera de cada nave, que están cubiertas por bóvedas semiesféricas. Sobre el crucero se dispone una gran cúpula, levantada sobre un elevado tambor circular y rematada por una linterna. Tanto el tambor como la linterna cuentan con vanos semicirculares que le aportan luminosidad al interior.

El área del presbiterio es bastante singular en el contexto de las iglesias sevillanas, ya que no cuenta con retablo, siguiendo los dictados de la estética academicista a la que se ciñe el templo. En su lugar, encontramos un templete de estilo clásico realizado por José Barrado en 1841. Seis columnas de jaspe negro sostienen una cúpula semiesférica sobre la que se ubica una pequeña alegoría pétrea de la Fe. El templete alberga una clásica Inmaculada del siglo XVIII de autor desconocido.

Sobre el arco toral que enmarca el presbiterio, se encuentran tres hornacinas entre columnas corintias que albergan las esculturas de San Ildefonso, en el medio, flanqueado a los lados por San Pedro y San Pablo. Se trata de unas tallas realizadas por Felipe de Ribas hacia 1637 que pertenecían al retablo de la iglesia anterior a la actual. Juan de Astorga las intervino en el siglo XIX para adaptarlas al nuevo templo, con lo que alteró por completo su policromía barroca original.

Los retablos de la iglesia son todos del siglo XIX, acordes con la estética neoclásica imperante en la época y sin demasiado interés artístico. Sin embargo, la iglesia posee una serie que sería necesario destacar por su interés artístico e histórico.

En el lado de la Epístola (a la derecha):

- Relieve de las “Dos Trinidades”, realizado por Martínez Montañés hacia 1609. Se encuentra en la Capilla Bautismal, a los pies de la nave de la Epístola (derecha). Se trata de un precioso relieve en el que el maestro aúna la representación de la Trinidad formada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con esa otra trinidad que formarían el propio Jesús, junto con San José y la Virgen María. La Sagrada Familia se ubica en un plano inferior, y sobre ellos el Espíritu Santo y Dios Padre. En el centro, la figura de Jesús, todavía niño y delante de una Cruz, sirve de unión y nexo entre los dos planos.

- Conjunto escultórico de “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”, en una de las capillas del lado derecho. Se ha datado en el siglo XVIII y probablemente sea de Cristóbal Ramos.

- La Virgen de la Soledad preside otro de los retablos del lado derecho. Se trata de una magnífica dolorosa de vestir realizada hacia 1844 por Juan de Astorga, probablemente el escultor más destacado del siglo XIX en Sevilla.

- Conjunto escultórico de “La entrega de la casulla a San Ildefonso”, que se ubica en un retablo marmóreo en la cabecera de la nave. Se trata de un grupo bastante interesante datado a finales del XVIII o en el XIX, pero del que se desconoce la autoría.

En la nave del Evangelio (lado izquierdo):

- A los pies de la nave, junto a la entrada, una vitrina a modo de templete acoge una hermosa Piedad de pequeño formato. Se trata de una imagen del siglo XVIII, con toda probabilidad obra del escultor Cristóbal Ramos.

- También en el lado del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen de los Reyes, también llamada “de los Sastres”, por ser este gremio el que encargó originalmente la imagen. Tradicionalmente se ha considerado a la imagen como de las llamadas “fernandinas”, es decir, original de los primeros tiempos tras la conquista cristiana (siglo XIII). Hoy se tiende a pensar que la imagen es obra del siglo XVI, con notables transformaciones barrocas, como el propio Niño, que se añadió en el XVII. 

La imagen es titular de la Hermandad de los Sastres, que tiene su origen en el antiguo hospital de San Marcos, que se ubicaba en la zona de la Alfalfa. Esta es la razón por la que encontramos una pequeña talla de San Marcos en el ático del retablo. En las calles laterales, encontramos a San Fernando y San Hermenegildo, patrones de la monarquía española. Son tallas de Pedro Roldán datadas hacia 1674.

- En el extremo izquierdo del crucero se ubica el retablo del Cautivo, que alberga la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, llamado también de Medinaceli por reproducir la iconografía de la imagen que se encuentra en Madrid con la misma advocación. Se trata de una imagen anónima del siglo XVIII que representa a Jesús justo en el momento anterior a iniciar el camino del Calvario. Se trata de una talla de vestir que hace uso del pelo natural, recurso que fue muy común durante el barroco como forma de dotar a las imágenes de mayor realismo y dramatismo.

Esta iconografía fue muy promovida por la orden de los Trinitarios, que se dedicaban a recoger limosnas para el rescate de cautivos cristianos en territorio musulmán. Fueron los monjes de esta orden los que trajeron la devoción a Sevilla. La imagen estuvo originalmente en la iglesia de su convento, que se encontraba junto a la plaza del Cristo de Burgos. Al desaparecer el convento durante la desamortización, la talla pasó a la iglesia de San Hermenegildo y desde allí fue trasladada a su emplazamiento actual a principios del siglo XX. En la actualidad cuenta con una gran devoción en la ciudad, acercándose numerosos devotos cada viernes ante su altar, especialmente durante los viernes de cuaresma.

- En la cabecera de la nave del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen del Coral. La imagen central es una interesantísima representación de la Virgen con el Niño, de autor anónimo, pero perteneciente al llamado estilo internacional de finales del siglo XIV. Sería, por lo tanto, contemporánea a la Virgen de la Antigua que se venera en la Catedral. José Francisco Haldón Reina hace una interesante descripción de la imagen en la web de la parroquia:

“Se trata de una pintura mural que sigue el denominado estilo internacional, fechable en el último cuarto del siglo XIV. La advocación del Coral se debe al fragmento que pende del collar que adorna el cuello del Niño. El color rojo del coral aparece aquí como prefiguración de la Eucaristía y de la Pasión de Cristo. La Virgen aparece representada como «Hodegetria» (Portadora o Conductora). Va ataviada con túnica y manto de color púrpura, decorados con losanges, bandas y motivos vegetales dorados. La Virgen orla su cabeza con un nimbo dorado con estrellas. La cabeza del Niño también presenta nimbo dorado. Ambas efigies están rodeadas por resplandores de oro. María porta al Niño sobre el brazo derecho, mostrando en su mano izquierda una granada, símbolo de la Iglesia”.

* : Leyendas de Sevilla   │   º : Wikimedia Commons