IGLESIA DE SAN ALBERTO

La iglesia de San Alberto es el templo del convento del mismo nombre, que en la actualidad acoge a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (padres filipenses). Se trata de una iglesia de una sola nave levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero con profundas reformas en los siglos posteriores.

Historia

El convento perteneció originalmente a la orden de los Carmelitas, que fundaron el convento de San Alberto en 1602 como centro de estudios superiores. La iglesia no se consagró hasta 1626 y las obras continuaron algunos años más, con la finalización de la capilla mayor en 1640.

El convento y la iglesia sufrieron considerablemente durante la ocupación francesa (1810-1812), cuando el conjunto fue transformado en un cuartel para las tropas napoleónicas. Se perdió entonces buena parte de su patrimonio artístico.

Tras la guerra, los carmelitas volverían al convento, aunque no sería por mucho tiempo. Tras la Desamortización de Mendizábal (1636) fueron obligados a abandonarlo. Desde ese momento pasó por diversos usos, como sede de la Real Academia de Buenas Letras o colegio de segundas enseñanzas. Finalmente, fue adquirido por los padres filipenses a finales del siglo XIX.

Se inició entonces una disputa con los carmelitas, antiguos titulares del inmueble, que defendían su derecho a volver al mismo. Finalmente, por intermediación del Cardenal Spínola, los carmelitas se asentaron en el antiguo hospital del Buen Suceso, donde permanecen en la actualidad. Para sellar la paz, los filipenses tuvieron que entregarles algunas obras artísticas de especial relevancia que se encontraban originalmente en esta iglesia y que hoy se encuentran en el Buen Suceso. Podemos citar la magnífica “Santa Ana presentando a la Virgen en el Templo”, de Martínez Montañés, o las tallas de “San Alberto” y “Santa Teresa”, de Alonso Cano.

Descripción

La iglesia responde a un modelo tardo-manierista que encontramos en otras ocasiones en Sevilla. Cuenta con planta rectangular y una sola nave, de gran amplitud. Se divide en cinco tramos mediante grandes contrafuertes. Entre ellos se abren una serie de capillas-hornacinas laterales, sobre las que corre una tribuna.

La cubrición se hace mediante bóvedas rebajadas con lunetos y arcos fajones. Especialmente interesante es la cúpula elíptica que cubre el crucero. Se asienta sobre pechinas y en ella se abren ocho óculos que le aportan luminosidad.

El presbiterio se encuentra ligeramente elevado con respecto al resto de la iglesia y a los pies del templo se ubica el coro alto, asentado también sobre una bóveda rebajada con lunetos.

Exterior

El acceso a la iglesia se hace por una sencilla manierista abierta a los pies del muro derecho. Se trata de una obra de líneas muy sencillas que se ha relacionado con el arquitecto Diego López Bueno. Sobre la puerta se ubica un frontón partido con una hornacina en el centro. La escultura representa a San Alberto y fue tallada en 1626 por Alonso Álvares de Albarrán, discípulo de Martínez Montañés. Presenta algún resto de policromía, pero probablemente procede de alguna restauración en el siglo XIX.

En un curioso chaflán al lado izquierdo de la portada se encuentra una capilla abierta con dos cuerpos. El primero y más grande está dedicado a la Virgen del Carmen, mientras que el superior alberga un azulejo de la Virgen del Perpetuo Socorro. A la derecha de la portada encontramos otro retablo cerámico, esta vez reproduciendo la talla de San Felipe Neri que se encuentra en el interior de la iglesia. Lo pintó Fernando Orce para la trianera fábrica de Pedro Navia hacia 1955.

Aunque es difícil de ver desde la fachada, la iglesia cuenta con una torre campanario visible desde las calles aledañas. Presenta la habitual decoración de azulejería de las torres campanario sevillanas y está datada en 1739. Es muy probable que la torre sea anterior y que esta fecha se corresponda a una gran reforma que se tuvo que acometer después de que en 1736 quedara muy dañada al caerle un rayo.

Interior

El retablo mayor es de estilo neoclásico y se hizo en sustitución de uno anterior de estilo barroco destruido durante la ocupación francesa. En su gran hornacina central, se ubica un Crucificado que reproduce al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Fue realizado en 1791 por un escultor llamado Ángel Iglesias del que no se conocen otras obras.

A los pies de la Cruz se ubica una Dolorosa de vestir, anónima del siglo XVIII. Es de una calidad notable y se ha señalado que podría ser la primitiva dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, “Iglesias de Sevilla”). 

En las calles laterales se sitúan Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca, interesantes obras de Duque Cornejo (XVIII). En el ático encontramos esculturas anónimas datadas en la misma época que el retablo. En el centro, un conjunto representa “La Apoteosis de San Alberto”, y a los lados se sitúan San Elías y Santa Teresa.

En el área del presbiterio, son también interesantes los ángeles lampareros, realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, uno de los escultores más destacados de esta centuria en Sevilla.

El resto de retablos son neoclásicos, del siglo XIX, y no son de una calidad considerable. Se pueden mencionar algunos de ellos por poseer algún aspecto de interés:

- Retablo de la Virgen de Valvanera. En su hornacina central alberga una interesante imagen de principios del XIX que reproduce a la Virgen de Valvanera, patrona de la Rioja. La flanquean en las calles laterales los beatos Antonio Gassi y Juan de Ávila. En el ático se ubica una pintura con “La Lactación de San Bernardo”, anónimo del XVIII, que refleja la tradición medieval según la cual la Virgen María se apareció al santo para otorgarle el don de la elocuencia dándole de beber su propia leche materna. A ambos lados se ubican dos santos, presumiblemente carmelitas, pero no identificados.

- Retablo de San José. Situado junto al anterior en el lado izquierdo de la iglesia. Lo único reseñable es la talla central que representa a San José con el niño Jesús en los brazos. San José ha sido tradicionalmente una de las devociones predilectas de los carmelitas. Aquí lo encontramos en una talla realizada por el escultor sevillano Cristóbal Ramos hacia 1782. Es de destacar la conmovedora delicadeza con la que San José apoya la mejilla sobre la cabeza del Niño. 

- Retablo de San Antonio. Se ubica en una de las hornacinas del lado del Evangelio (izquierdo). El retablo y la talla central no presentan demasiado interés desde el punto de vista artístico, pero sí que cabe destacar las cinco pinturas que lo decoran. Representan a los Cuatro Evangelistas en las calles laterales y “La Coronación de la Virgen” en el ático.  Históricamente se atribuyeron a Francisco Pacheco, pero hoy se consideran obras de Juan del Castillo de hacia 1632.

- Retablo de San Felipe Neri. Situado en el lado derecho del crucero, enfrente del retablo de la Virgen de Valvanera. Su interés radica en la talla del santo que ocupa la hornacina central. Se trata de una obra de gran calidad que en ocasiones se vinculó a la producción de Pedro Roldán. Hoy en día se la considera más bien una obra de Duque Cornejo, a partir de una atribución hecha por Manuel García Luque, que sitúa su datación a principios del siglo XVIII. 

- Retablo de la Natividad. Se sitúa junto al de San Felipe Neri, en el lado de la Epístola. Destaca sobre todo el conjunto escultórico de la Natividad que se ubica en la hornacina central, datado en el siglo XVIII. A los lados se sitúan San Joaquín y Santa Ana. Ambos parecen del siglo XVII, aunque al parecer no se realizaron de manera conjunta, ya que la figura de san Joaquín es algo menor.

El resto de retablos son interesantes por el valor devocional más que por el artístico. Están dedicados a advocaciones tan populares como el Sagrado Corazón, la Virgen del Perpetuo Socorro o San José.

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