IGLESIA DE SAN JULIÁN

La iglesia de San Julián es un templo gótico mudéjar, edificado en su mayor parte en el siglo XIV, aunque con importantes modificaciones posteriores. Es la sede de la Hermandad de la Hiniesta, que procesiona el Domingo de Ramos.

Cuenta con planta rectangular y tres naves, separadas por arcos apuntados que descansan sobre pilares. De la planta sobresale la cabecera poligonal en la que se encuentra el presbiterio. 

Tal y como ha llegado hasta nuestros días, la iglesia es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo a mediados del siglo XX, ya que fue destruida casi por completo en un incendio intencionado en 1932. A finales de ese mismo siglo el templo fue intervenido por completo para sustituir sus cubiertas que se encontraban en estado ruinoso.

Historia

La iglesia es una de las parroquias del grupo de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas, erigidas principalmente en el área norte del casco histórico entre los siglos XIII y XV. Todas comparten una estructura y estilo muy similares y conforman un conjunto tipológico de extraordinario interés y belleza.

En el caso de San Julián, se sabe que se edificó en la primera mitad del siglo XIV, dedicada a este santo que sufrió el martirio a principios del siglo IV junto con su esposa Basilisca, probablemente en Antinóopolis (Egipto).

El templo ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de su historia. En el siglo XVII se añadió la torre campanario y la capilla del lado izquierdo que ocupa la Hermandad de la Hiniesta. Los momentos más complicados acontecieron en abril de 1932, cuando la iglesia sufrió un incendió intencionado que la destruyó casi por completo. Se perdieron todas sus cubiertas y la mayor parte de su patrimonio mueble, incluyendo las imágenes titulares de la Hermandad. En 1989 hubo de ser cerrada de nuevo hasta 1994, dado el mal estado en el que se encontraban sus cubiertas.

 

Exterior

San Julián cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado izquierdo, si bien esta segunda está inconclusa y ha llegado hasta nuestros días flanqueada por una estructura de ladrillo que habría de servir de soporte a una portada que nunca se hizo. La portada principal es la de los pies y muestra la clásica forma ojival, abocinada, enmarcada por un alfiz que resalta con respecto al resto de la fachada. Presenta una decoración escultórica muy sencilla y algo tosca, aunque el alto grado de erosión de la piedra hace difícil valorar su apariencia original. El arco se halla decorado en su exterior por una moldura con motivos zigzagueantes y otra con puntas de diamante. Los capiteles de las columnillas de ambos lados cuentan con decoración vegetal de hojas de parra, que continúa hacia el exterior bajo la línea de imposta. Alrededor del arco de entrada se ubican tres pequeñas esculturas bajo doseletes góticos. Según el historiador del arte Rafael Cómez, la que se encuentra en la cúspide representa a Cristo como juez, la de la izquierda a San Julián obispo y la de la derecha a San Julián el hospitalario. Las confusiones entre santos han sido comunes a lo largo de la historia y a menudo se han atribuido elementos de santos distintos a otros con el mismo nombre o sus características han sido distintas dependiendo del territorio (Rafael Cómez Ramos, "Iconología de la arquitectura religiosa bajomedieval en Sevilla: la iglesia de San Julián").

En la parte superior aparecen una serie de modillones decorados con cabezas de león, entre los que se disponen una serie de arcos de herradura grabados en la piedra. Los leones simbolizaban, entre otras cosas, la autoridad real, y los encontramos en otras portadas sevillanas de la misma época, como en San Esteban o en Santa Ana de Triana.

Sobre la portada se disponen tres óculos con moldura de punta de diamante, uno más grande en la parte superior y dos, algo menores, uno a cada lado. 

Completan la decoración de esta fachada dos retablos cerámicos dedicados a los titulares de la Hermandad de la Hiniesta, que se ubican a ambos lados de la portada. A la izquierda se encuentra el de la Virgen, realizado por Antonio Kierman Flores en la fábrica de Santa Ana en 1962. En el de la derecha encontramos al Cristo de la Buena Muerte y fue realizado en 1994 por Emilio Sánchez Palacios en su taller familiar, Cerámica Macarena.

En la fachada de la derecha, hacia la calle Duque Cornejo, encontramos otro retablo cerámico con la misma autoría y datación que el del Cristo. En esta ocasión está dedicado a la Virgen del Rosario, titular de su propia hermandad, también con sede en este templo.

Desde este mismo lado es visible la torre campanario que se erige junto a la cabecera de la iglesia. Es de planta cuadrada, con el cuerpo de campanas decorado por sencillas pilastras, y se encuentra rematada por un chapitel hexagonal con decoración cerámica en blanco y azul.

Interior

La imagen interior del templo en la actualidad es el resultado de las reconstrucciones que tuvieron que llevarse a cabo durante el siglo XX, si bien se procuró recrear en lo posible la apariencia original. Las naves están cubiertas por artesonados de madera del siglo XX, en estilo neomudéjar, mientras que sobre la cabecera la cubrición es mediante una bóveda de nervadura que sigue el modelo gótico. Esta diferencia en el tipo de cubrición entre las naves y el presbiterio es muy habitual en las iglesias gótico mudéjares sevillanas. Los muros están recorridos por zócalos de azulejos de motivos geométricos, siguiendo también modelos que vienen desde la Edad Media. 

En el área del presbiterio, el retablo actual es el resultado de una reconstrucción a partir de fragmentos de retablos del siglo XVII y XVIII. Esto se debe a que el anterior se perdió en el incendio de 1932. En la hornacina central recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Gloriosa, una imagen realizada en 1945 por Antonio Castillo Lastrucci en sustitución de la original gótica, destruida también en el incendio. Esta advocación de la Hiniesta tiene un interesantísimo origen y está profundamente arraigada en la ciudad, hasta el punto de que es oficialmente la patrona del Ayuntamiento de Sevilla. El profesor Francisco S. Ros González cuenta la leyenda así:

…el caballero catalán mosén Per de Tous se encontraba cazando en los montes de su tierra un día de finales del siglo XIV cuando su azor quedó paralizado ante las retamas en las que se habían refugiado las perdices que perseguía. Extrañado por el comportamiento del ave, el caballero se apeó de su caballo, miró dentro del matorral y descubrió una imagen de la Virgen con el Niño en brazos con una inscripción a sus pies que, en la versión latina de Ortiz de Zúñiga, decía: «Sum Hispalis de sacello ad portam quæ ducit ad Corduvam» («Soy de Sevilla, de una capilla junto a la puerta que encamina a Córdoba»). Del texto se deducía que la imagen era una de aquéllas que en tiempos de la invasión musulmana habían sido escondidas para evitar su profanación y que milagrosamente se había conservado intacta a través de los siglos a pesar de encontrarse a la intemperie. Per de Tous condujo la imagen a Sevilla y la depositó en la iglesia parroquial de San Julián, por ser el templo en aquel entonces más próximo a la puerta abierta en las murallas de la ciudad que conducía a Córdoba. El hecho de haberse encontrado la imagen de la Virgen oculta en unas retamas o hiniestas motivó que se titulara Santa María de la Hiniesta.

(Francisco S. Ros Gonzáles, “La Virgen de la Hiniesta de Sevilla y el movimiento concepcionista”. Universidad de Sevilla, 2005)

A ambos lados encontramos dos lienzos anónimos del siglo XVIII, el de la izquierda con la Inmaculada Concepción y el de la derecha con Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción. Sobre los lienzos, dos hornacinas acogen tallas de pequeño tamaño. La de la izquierda representa a San Bernardo de Claraval, mientras que la de la derecha podría ser Santa Teresa de Lisieux. Sobre la hornacina central, en la parte superior del retablo, encontramos otro lienzo anónimo del XVIII con San Francisco Solano. Sobre él, un pequeño relieve con la Inmaculada (siglo XVII).

También en el área del presbiterio, destacan dos curiosos lampareros de hacia 1672. Afortunadamente se salvaron del incendio de 1932 y de ellos cuelga una espléndida colección de ocho lámparas de plata de los siglos XVI y XVII.

 

Nave del Evangelio

Si empezamos a describir los muros de la iglesia por los pies de la nave izquierda, lo primero que encontramos es una talla de San José con el Niño, obra anónima del siglo XVIII. Muy cerca se ubica un panel cerámico en tonos azules con la representación del Bautismo de Cristo. Es una recreación del excepcional lienzo con el mismo tema que Murillo pintó para la capilla de San Antonio de la catedral de Sevilla. El retablo cerámico fue realizado por Rafael Cantanero Mesón en la Fábrica de Mensaque de Triana hacia 1920.

Continuando hacia la cabecera encontramos un curioso retablo - peana de estilo neobarroco, formado por motivos vegetales. Alberga una hermosa talla de Santa Ángela de la Cruz, obra contemporánea de Ricardo Rivera. 

El siguiente retablo es también contemporáneo y está realizado en escayola dorada. Alberga una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, realizada por Castillo Lastrucci hacia 1945.

Continuando hacia la cabecera, el siguiente retablo es también moderno y muy sobrio, pero alberga una de las grandes joyas artísticas de este templo. Se trata de una talla de la Inmaculada Concepción, realizada en el primer tercio del siglo XVII y atribuida a Alonso Cano. Presenta notables similitudes con obras de Martínez Montañés y, de hecho, en ocasiones se le ha atribuido, dado su parecido con esculturas como la famosa "Cieguita" de la catedral de Sevilla. Hay que Alonso Cano estuvo formándose junto con el maestro Montañés y es normal que reprodujera sus modelos.

Finalmente, en la cabecera de la nave del Evangelio encontramos un retablo neogótico con la imagen de vestir de la Virgen del Rosario. La imagen es titular de su propia hermandad de gloria y fue realizada en 1937 por José Rodríguez Fernández-Andes. 

Nave de la Epístola

En la cabecera de la nave derecha se ubica la capilla sacramental, en la que recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Dolorosa, titular de la Hermandad de la Hiniesta. Es la tercera imagen con esta finalidad que posee la Hermandad. La primera era una dolorosa barroca del siglo XVII, atribuida a Martínez Montañés, que se perdió en el incendio de 1932. Para sustituirla, Castillo Lastrucci realizó una nueva Virgen de la Hiniesta, que fue destruida en el incendio de San Marcos de 1936, ya que por entonces la Hermandad estaba asentada en esta parroquia. La actual fue realizada también por Castillo en 1937 para sustituir a la desaparecida talla que él mismo había realizado.

Junto a la capilla sacramental, en el muro de la epístola, un sencillo arcosolio acoge al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, también titular de la Hiniesta. Es un imponente crucificado de 1.76 m. realizado también por Castillo Lastrucci en 1938 en sustitución del original de Felipe de Ribas desaparecido en el incendio.

Continuando un poco hacia los pies, sobre un pedestal se ubica la talla de la Magdalena que Castillo realizó en 1944 y que acompaña al Cristo en su paso cuando procesiona.

Este escultor tan estrechamente ligado a la Hermandad se halla precisamente enterrado en esta iglesia. Encontramos su monumento funerario en esta misma nave de la epístola. Sobre él se ubica el conjunto escultórico de la Piedad, que el escultor realizó en 1949. En la placa a los pies del túmulo se puede leer “Aquí bajo sus más queridísimas imágenes descansa el ilustrísimo señor don Antonio Castillo Lastrucci 1882-1967”.

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