Situado en el centro de la Avenida del Cid, se trata de una estatua ecuestre obra de la artista americana Anne Hyatt Vaugh. Fue un regalo de la Hispanic Society neoyorquina a la ciudad de Sevilla con motivo de la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. De hecho, se decidió colocarla justo enfrente a lo que fue la entrada principal del recinto, entre el Pabellón de Portugal y la antigua Fábrica de Tabacos.
Su autora se destacó sobre todo por la escultura monumental en bronce, representando con frecuencia a personajes históricos y especializándose sobre todo en la recreación de animales. En este terreno alcanzó una gran maestría, sobre todo con la figura del caballo, de la que Huntington era una auténtica enamorada.
Estas cualidades quedan claras en el ejemplar de su estatua para Sevilla. El caballo del Cid es representado con un gran realismo anatómico y transmitiendo una fuerte sensación de movimiento, que dota a toda la obra de un gran dinamismo que no le resta solemnidad.
A este dinamismo contribuye la postura de la figura de Rodrigo, girada hacia un lado con respecto al eje del caballo. Viste malla de guerrero y alza un brazo sosteniendo una lanza, en actitud de arengar a las tropas. En el otro brazo porta un escudo y su espada.
Se trata de un magnífico ejemplo de la escultura ecuestre del siglo XX, que contó desde el principio con el reconocimiento y la admiración tanto de los sevillanos como de los círculos artísticos de la época. El boceto original de la obra se realizó el mismo año de 1927 y se encuentra hoy en los Brookgreen Gardens en Carolina del Sur. El éxito del monumento sevillano hizo que se realizaran diversas copias que se hallan repartidas por varios puntos de la geografía española y americana, como Nueva York, Buenos Aires, San Francisco o Valencia.
El Cid es el apelativo con el que se conoció a Rodrigo Díaz de Vivar, un caballero castellano que vivió durante el siglo XI y que acabó siendo uno de los personajes más célebres de la Edad Media española. Fue primero vasallo del rey Sancho II y, tras la muerte de éste, de su hermano, Alfonso VI.
Por orden de este rey, el Cid viajó a Sevilla en 1079 para cobrar las parias al rey Al Mutamid. Durante la estancia de Rodrigo en Sevilla, el reino sufrió un ataque por orden del rey granadino Abdalá ibn Buluggin. El Campeador colaboró con Al Mutamid en su lucha contra los granadinos, que fueron derrotados en la batalla de Cabra. A este hecho se hace alusión en la inscripción que se encuentra en el pedestal del monumento: “Sevilla, morada y corte del Rey poeta Motamid, hospedó a Mio Cid, embajador de Alfonso VI, y le vio volver victorioso del Rey de Granada”. Al otro lado del pedestal puede leerse: “El Campeador, firme calamidad para el Islam, fue por la viril firmeza de su carácter y por su heroica energía, uno de los grandes milagros del Creador. Ben Bassam.”
En detalle : El Cid en Sevilla





