ANTIGUA CILLA DEL CABILDO

La Antigua Cilla del Cabildo Eclesiástico es un edificio del siglo XVIII que se levanta en la calle Santo Tomás de Sevilla. A lo largo de su historia ha sufrido diversas remodelaciones en relación con los distintos usos que ha acogido. En la actualidad es  la sede del Archivo General de Indias, condición que comparte con la Antigua Lonja de Mercaderes, que se levanta justo al otro lado de la calle.

Su construcción tuvo lugar en 1770 para servir como almacén de grano del Cabildo de la Catedral. Al parecer, el lugar que venían utilizando con este propósito quedó gravemente dañado en el Terremoto de 1755, por lo que fue necesario acometer este proyecto. No existe certeza sobre el arquitecto que dirigió la obra. Algunos autores apuntan a Pedro de Silva, que era el arquitecto mayor del Arzobispado. Sin embargo, también se apunta al navarro Lucas Cintora, que sería más tarde el responsable principal de las transformaciones en el edificio de la Lonja para adaptarlo al nuevo uso como Archivo.

Para la construcción de la fachada se aprovechó un fragmento del lienzo de la muralla que unía el Alcázar con la Torre del Oro. De hecho, aún en la actualidad encontramos una de las torres adosadas a la fachada del edificio. Se trata de una sencilla torre de planta cuadrada, datada a finales del siglo XII o principios del XIII.

La Cilla perdió su uso como almacén en el siglo XX y durante un corto período fue la sede de la Real Compañía Asturiana de Minas. En 1972 se decidió reformar completamente el inmueble para hacerlo sede del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. El arquitecto gaditano Rafael Manzano Martos fue el encargado de dirigir las obras en esta ocasión.

Una nueva etapa en la historia de la antigua cilla se iniciaría hacia el año 2000, cuando se inició el proceso para incorporarla como sede complementaria para el Archivo General de Indias. Las obras finalizaron en 2005 y el edificio quedó configurado entonces con sus características actuales.

La Cilla fue diseñada en origen como un edificio de planta rectangular con dos plantas. La cubrición de las naves se realiza mediante bóvedas vaídas sostenidas por pilares rectangulares y columnas de mármol. En la actualidad cuenta con dos plantas más, una en el sótano y otra bajo la cubierta, añadidas en las sucesivas transformaciones para adaptar el inmueble a museo y, más tarde, a archivo.

La fachada repite el esquema compositivo del edificio de la Lonja que se encuentra justo enfrente. La Lonja responde al diseño del gran arquitecto renacentista Juan de Herrera e introdujo en su fachada una bicromía que fue enormemente exitosa en Sevilla. 

Vemos esa bicromía repetida en la fachada de la cilla, con las áreas de piedra en tonos más claros y las paramentos en ladrillo con un color más rojizo. Las dos plantas del edificio quedan divididas en siete módulos iguales divididos por pilastras. En el módulo central de la primera planta se abre una sencilla portada adintelada. Justo sobre ella, ya en la segunda planta, se encuentra esculpido el emblema del Cabildo catedralicio, la Giralda entre dos jarras de azucenas. Sobre el emblema se ubica un sencillo óculo que sirve para singularizar este módulo central, ya que en todos los demás se abren ventanales rectangulares enmarcados por sencillas molduras en piedra.

La antigua Cilla del Cabildo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985 y en la actualidad es sede del Departamento de Referencias, la Biblioteca, una sala de conferencia, la sala de investigación y otros servicios del Archivo General de Indias.

SAN LUIS DE LOS FRANCESES

La iglesia de San Luis de los Franceses constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano, con una clara influencia de las grandes obras de la arquitectura religiosa en Roma del siglo XVII. 

Presenta una planta de central con forma de cruz griega, precedida junto a la entrada por un atrio en el que se ubica el coro. Los brazos de la cruz de la planta se rematan en forma de exedra y en el centro del conjunto se levanta una imponente cúpula sobre tambor circular.

Historia

Es la iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Sus obras se iniciaron en 1699 y se prolongaron hasta su consagración en 1731. Leonardo de Figueroa fue el arquitecto encargado, aunque parece que la planta del proyecto, de marcado carácter italiano, vino impuesta por la Compañía. Se ha señalado su similitud con la planta de Santa Agnese de Roma, obra de los arquitectos Girolamo y Carlo Raimaldi unos cincuenta años anterior. También intervinieron en su construcción otros arquitectos, como Matías de Figueroa, hijo de Leonardo, o Diego Antonio Díaz, al que se atribuye el remate de las torres.

 

Exterior

La fachada exterior cuenta con dos cuerpos horizontales divididos por cinco módulos verticales, con el central acentuado por su mayor profusión decorativa. Además, se remata por un frontón trilobulado sobre el que aparecen las figuras de los tres arcángeles. El conjunto de la fachada muestra la tradicional bicromía del barroco sevillano, con los paramentos en ladrillo avitolado y las pilastras en piedra y elementos decorativos en piedra.

En los extremos de la fachada se sitúan dos robustas torres campanario de sección octogonal, decoradas con esculturas de los Evangelistas. Ambas flaquean la monumental cúpula semiesférica, asentada sobre tambor, cubierta con tejas vidriadas y coronada por linterna.

 

Interior

El interior del templo transmite de forma inigualable la sensación de exuberancia y profusión decorativa del barroco, con una perfecta simbiosis entre arquitectura, escultura y pintura. A los machones que sostienen la cúpula se adosan una monumentales columnas salomónicas con dorados capiteles compuestos que acentúan la sensación de dinamismo del espacio.

El retablo mayor es obra de Pedro Duque Cornejo y está fechado hacia 1730. Es un verdadero compendio de elementos barrocos, con pinturas, esculturas, reliquias y elementos arquitectónicos dispuestos formando un abigarrado conjunto, sin ninguna estructura ordenada. En la parte superior, se cubre por un gran dosel que cobija el conjunto como un baldaquino, coronado por una gran corona real. 

También se deben a Duque Cornejo los dos retablos de los brazos laterales, dedicados a San Francisco de Borja y San Estanislao de Kostka. Ambos constan de idéntica estructura, con banco, cuerpo central dividido en tres calles, y ático. En las hornacinas centrales se ubican las esculturas de los titulares y a los lados una serie de lienzos que les hace alusión, obra de Domingo Martínez.

En los cuatro machones que sostienen la cúpula se abren cuatro retablos de menor tamaño, pero de estructura y exuberancia decorativa semejantes. Están dedicados San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola, San Juan Francisco de Regis y San Luis Gonzaga.

 

Capilla doméstica

Además de la iglesia, dentro de las dependencias de San Luis de los Franceses se encuentra otro espacio de enorme valor artístico denominado "capilla doméstica". Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que el área del presbítero se haya cubierta por una bóveda elíptica. El retablo es obra también de Duque Cornejo, de hacia 1730, e incluye una profusión de santos jesuitas. Entre las numerosas esculturas, cabe destacar una Inmaculada que se erige sobre el Sagrario con un estilo muy cercano al de Gregorio Fernández.

Toda la capilla se halla profusamente decorada. Sobre los muros se disponen una serie de pinturas de los apóstoles, intercaladas con relicarios y un conjunto de bronces flamencos sobre la vida de la Virgen. Igualmente rica es la decoración pictórica del presbiterio y las bóvedas, obras de Domingo Martínez y su taller.

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

PLAZA DE TOROS DE LA MAESTRANZA

La Plaza de la Maestranza de Sevilla se encuentra entre las más antiguas de España y es la de mayor importancia para el mundo del toro, junto con Las Ventas en Madrid. Tiene una capacidad para 12.000 personas y su construcción se prolongó en distintas fases durante más de un siglo, entre 1761 y 1880, fecha de la terminación definitiva de las obras.

Se sabe que en este mismo barrio de Arenal se levantó ya una plaza de toros anterior, principalmente en madera y cuadrada, que fue demolida para la construcción de la actual. El proyecto inicial es obra del arquitecto Vicente San Martín, y el resultado fue un hermoso conjunto en un estilo barroco tardío con un aire muy clásico. 

Una de las características más curiosas de la Maestranza es que su planta no es completamente circular, sino que se encuentra "achatada" en uno de sus lados. Esta circunstancia se debe al desarrollo de las obras en distintas fases que ya mencionamos y a que el espacio entre el caserío del Arenal se fue abriendo paulatinamente, a medida que estas avanzaban.

La fachada principal se construyó en la primera fase y ya estaba concluida en 1787. La célebre Puerta del Príncipe es un arco de medio punto flanqueado por columnas de mármol, que sostienen un balcón central. El vano del balcón se halla a su vez enmarcado por pilastras y bajo un frontón triangular.

A ambos lados, la fachada se extiende dando la sensación de contar con dos anchas torres como marco a la entrada principal. En la parte baja, dos puertas menores flanquean a la principal, coronadas por dos frontones mixtilíneos de curiosa forma. Sobre ellos se abren dos grandes óculos. Rematando cada lado de la fachada, se disponen cubiertas de teja a cuatro aguas.

También a la primera fase constructiva del edificio se corresponde el Palco Real o del Príncipe. Consta de dos cuerpos. En el primero encontramos un arco de medio punto rebajado enmarcado por dos columnas jónicas que sostienen el palco en sí. En el nivel superior, el arco central es escarzano y posee un curioso perfil ondulante. Está flanqueado por dos columnas corintias, que sostienen un frontón curvo partido. 

En su centro se ubica el escudo real, realizado por Cayetano de Acosta, que esculpió también las dos figuras alegóricas que se encuentran a ambos lados. Se trata de las alegorías de los ríos Po y Guadalquivir, que aparecen representados como hombres barbados y recostados. No está clara la alusión al río italiano, pero probablemente sea una referencia al pueblo celta-ligur de los taurinos, que se asentaban en el valle superior del Po. Su capital se llamaba Tauro, nombre del que deriva el de la actual Turín, que aún hoy tiene un toro como símbolo.

Los tendidos de la plaza se dividen en dos niveles, bajo y alto. Las gradas del alto e cubren por un tejado de teja a dos aguas que rodea toda la plaza y que se sostiene por arcos de medio punto posados sobre columnas de mármol toscanas.

Los niveles inferiores fueron objeto de una profunda restauración en 1977, dirigida por Barquín Barón, que acondicionó también diversos espacios auxiliares para la instalación del museo taurino.

Iglesia de San Bartolomé Sevilla

IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ

La iglesia de San Bartolomé se asienta sobre uno de los lugares de la ciudad en los que está constatado el culto sucesivo como mezquita, sinagoga y templo cristiano a lo largo de la historia. Allí se asentó  originalmente una mezquita, que fue reconvertida en sinagoga cuando se creó la judería de Sevilla por orden de Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII. 

 

Tras el pogromo de 1391, la sinagoga aquí ubicada fue la única que subsistió, ya que las que se ubicaban en Santa María la Blanca y en la actual plaza de Santa Cruz pasaron a ser iglesias cristianas.

Al decretarse la expulsión de los judíos en 1492, esta sinagoga corrió la misma suerte y aquí se trasladó la parroquia de San Bartolomé desde un emplazamiento cercano que no conocemos con exactitud. 

El primitivo edificio estuvo utilizándose como templo cristiano durante varios siglos, hasta que en 1779, ante su estado ruinoso, se decidió su demolición y la construcción del templo que ha llegado hasta nuestros días. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre en Santa María la Blanca, nada queda en la actual iglesia de San Bartolomé de la sinagoga que ocupó este mismo lugar.

Las obras se extendieron hasta los primeros años del siglo XIX y estuvieron dirigidas por José Echamorro, arquitecto municipal del ayuntamiento de Sevilla. Se trata de un templo de estilo neoclásico, con planta de cruz latina, tres naves y capillas y dependencias laterales.

El acceso principal a la iglesia se hace mediante el lateral izquierdo, a través de una sencilla portada neoclásica, con pilastras toscanas sosteniendo un entablamento, con friso de metopas y triglifos y frontón triangular recto. Justo al otro lado del templo, en el lado de la epístola, se encuentra otra portada muy similar a la principal en la estructura pero hecha de ladrillo.

A los pies de lado izquierdo se sitúa la esbelta torre campanario. Dividida en dos cuerpos, sus elementos denotan también su carácter neoclásico, quizás enmascarado por sus colores albero y almagra, tan característicos de la arquitectura sevillana. El cuerpo de campanas lo cierran cuatro columnas jónicas en las esquinas. Se da la circunstancia de que este nivel de la torre es exactamente igual en el diseño a los que podemos encontrar en las torres de San Ildefonso, templo que se levantó por la misma época que el de San Bartolomé y bajo la dirección del mismo arquitecto.

Al contemplar la torre, salta a la vista que falta algún tipo de remate en su parte superior. Efectivamente, estuvo originalmente cubierta por una pequeña cúpula de perfil contracurvo, que sufrió derrumbamientos en dos ocasiones. En la última restauración de la torre se barajó su restitución pero finalmente se descartó por razones técnicas.

Ya en el interior del templo, el aire neoclásico se ve enfatizado por la ausencia de decoración y el color blanco de los muros y bóvedas. Las amplias naves se separan por arcos sobre pilares. La nave central, notablemente más alta, se cubre con bóveda de cañón con lunetos, que permiten la iluminación del templo mediante los ventanales que se abren a su altura. Por su parte, las naves laterales están cubiertas por bóvedas de arista.

A los pies del templo se encuentra el coro alto con su órgano, dispuesto sobre un gran arco de medio punto rebajado. 

Sobre el crucero, destaca la amplia cúpula gallonada, con un tambor octogonal en el que se abren cuatro ventanales que contribuyen a la sensación de claridad del templo. La cúpula se asienta sobre pechinas, en las que aparecen representados cuatro Doctores de la Iglesia: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. 

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado a principios del siglo XIX. Lo preside una imagen de San Bartolomé, titular del templo, acompañado a ambos lados por San Juan Nepomuceno y San Cayetano. Se trata de tallas barrocas de autor anónimo, datadas en el siglo XVII y por tanto anteriores al retablo. De la misma época es la imagen de la Virgen con el Niño que se ubica en el pequeño templete sobre el Sagrario. En el ático se ubica una teatral representación de la Trinidad flanqueada por ángeles.

A la izquierda del presbiterio, en la cabecera de la nave del evangelio, se ubica la Capilla de la Virgen de la Alegría, con un vistoso altar en plata de estilo neoclásico. La imagen de la Virgen que lo preside cuenta con una leyenda que hace remontar sus orígenes nada menos que al siglo II, aunque lo cierto es que ha sido atribuida al escultor del siglo XVI Roque Balduque. Fue profundamente remodelada en el siglo XVIII y en la actualidad cuenta con una gran devoción entre los vecinos del barrio. La flanquean en el altar las esculturas decimonónicas de sus padres, San Joaquín y Santa Ana. 

Al otro lado del presbiterio, en la cabecera de la nave de la epístola, se ubica la Capilla Sacramental, cerrada por una interesante reja de forja en la que resaltan las figuras en dorado. Es del siglo XVII y, por lo tanto, anterior a la iglesia. La capilla cuenta con un retablo de hacia 1650 que, de forma muy poco común en Sevilla, se encuentra sin dorar, por lo que muestra el oscuro color de su madera. También es poco común en Sevilla el estilo de la "Piedad" que encontramos en el centro. Es de autor anónimo y se ha datado en el siglo XVI, aunque claramente está influenciada en el estilo por modelos góticos del norte de Europa. La acompañan en el retablo las esculturas del siglo XVII que representan a San Franciso de Asís, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y San Antonio de Padua.

Entre los restantes retablos de la iglesia, se puede destacar el del Cristo de las Ánimas, en el lado derecho. Se trata de un retablo datado hacia 1740 estructurado mediante estípites, elemento muy característico de los retablos sevillanos del XVIII. El Crucificado que lo preside es una obra conmovedora y de gran calidad que representa a Cristo ya muerto en la Cruz. Fue realizado a finales del siglo XVI por Fernando de Uceda. 

A sus pies encontramos una Dolorosa realizada por Cristóbal Ramos en 1772. Al parecer, fue concebida originalmente para estar de rodillas, hasta que en el siglo XIX Juan de Astorga la reformó a su posición actual. Tradicionalmente se ha resaltado el parecido de esta imagen con la Virgen de la Estrella, a pesar de que la imagen de Triana es un siglo anterior. Esta circunstancia ha provocado que en ocasiones se la llame cariñosamente la "Estrellita" de San Bartolomé.

IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE BARI

El actual templo de San Nicolás de Bari se levantó en el siglo XVIII en el lugar que ocupaba una iglesia anterior del siglo XVI, que a su vez sustituyó a una anterior medieval. La iglesia se ubica junto a lo que fue una de las entradas a la judería durante los siglos XIII y XIV. Se trata de un emplazamiento vinculado a numerosas tradiciones sin confirmación arqueológica. Se cuenta, por ejemplo, que en este mismo lugar se ubicó ya una iglesia visigoda y que incluso pudo pervivir como templo mozárabe durante el período islámico.

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En cualquier caso, sabemos que la iglesia actual fue bendecida en 1758 y que buena parte de sus obras fueron costeadas por un mecenas del barrio, Juan de Castañeda.

Se trata de un templo de cinco naves, el único que encontramos en Sevilla con esta distribución con la excepción de la catedral. 

Al exterior, cuenta con dos accesos. El principal, a los pies, está enmarcado por una sencilla portada en un estilo barroco de aire muy clásico. Dos pilastras de estilo toscano sostienen un frontón partido, en cuyo centro se ubica una hornacina con la imagen de San Nicolás , titular del templo. A ambos lados, los retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad de la Candelaria son prácticamente los únicos motivos decorativos de la fachada.

En cuanto a la portada lateral, en el lado izquierdo, presente características muy similares a la principal pero a menor escala. En este caso, en la hornacina central podemos contemplar una imagen pétrea de la Virgen del Subterráneo, que se venera en el interior de la iglesia.

En el interior, las cinco naves se separan por arcos de medio punto que descansan sobre 18 columnas de mármol rojizo de origen genovés. Las naves se cubren con bóvedas de medio punto con arcos fajones y a los pies de la iglesia se ubica un coro alto, que conserva la sillería y dos órganos originales del siglo XVIII. 

El retablo mayor es de estilo barroco, de mediados del siglo XVIII, atribuido a Felipe Fernández del Castillo. En él se venera, sobre el manifestador, la Virgen del Subterráneo. Se trata de una pequeña talla de autor anónimo y datada en el siglo XV, aunque reformada en diversas ocasiones, como durante el siglo XVIII, cuando se le añadieron la corona y la ráfaga de plata.

La tradición cuenta que esta imagen se encontró en una cueva bajo la iglesia al realizarse obras en ella hacia 1492. De esta circunstancia provendría su advocación como Virgen del Subterráneo. Comparte este apelativo con la Dolorosa de la Hermandad de la Cena, actualmente en la iglesia de los Terceros, ya que al parecer esta hermandad tuvo sede en esta parroquia durante el siglo XVI.

Siguiendo con el retablo mayor, en la hornacina central se ubica la imagen de San Nicolás de Bari, titular del templo, con San Pedro y San Pablo en las calles laterales. En el ático se abre otra hornacina, menor que la principal, con un Cristo en la Cruz. Remata el conjunto una gran corona real sobre un telón encolado, un elemento utilizado en el barroco tardío enfatizando la teatralidad. Las pinturas murales en el presbiterio son originales del XVIII y reproducen escenas de la vida del San Nicolás.

En el lado izquierdo de la iglesia se abre la Capilla Sacramental, que en un retablo neobarroco del siglo XX alberga las imágenes titulares de la Hermandad de la Candelaria. En el centro, nuestro Padre Jesús de la Salud, una obra de talla completa y tamaño algo menor al natural, atribuida a Francisco de Ocampo hacia 1615. A su derecha, la Virgen de la Candelaria, una imagen de vestir realizada por Manuel Galiano Delgado en 1924 y remodelada en 1967 por Antonio Dubé de Luque. A la izquierda, se ubica un San Juan de José Ruíz Escamilla de 1926.

En los muros de la Capilla se ubican algunos lienzos interesantes, como el que representa a la Virgen de Guadalupe, obra del pintor mexicano Juan Correa de 1704, o el de "San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán", obra de Juan de Espinal de 1750.

Volviendo a la nave, podemos observar como la práctica totalidad de los muros de la iglesia se halla cubierta por una serie de retablos, en su mayoría barrocos del siglo XVIII, que dan al templo una atmósfera de gran monumentalidad y exhuberancia decorativa. 

En la cabecera de las naves de la izquierda se sitúan dos retablos del siglo XVIII dedicados a la Virgen del Patrocinio y a la Virgen de los Dolores o "del Camino", imagen que probablemente proviene de la antigua cofradía del "Ecce Homo", desaparecida en el siglo XVIII.

Al otro lado del presbiterio, en la cabecera de las naves de la derecha, se sitúan dos retablos datados también a mediados del XVIII. El primero de ellos está dedicado a San José, y lo preside una hermosa talla del santo realizada en 1678 por Francisco Ruiz Gijón, célebre por ser autor del Cristo de la Expiración, el "Cachorro" de Triana. En las pinturas murales junto al retablo encontramos dos pasajes de la vida de San José realizados por Pedro Tortorelo en 1760.

El otro retablo está dedicado a San Carlos Borromeo y en sus muros aledaños se pueden contemplar escenas con la vida del santo, realizadas por Vicente Alanís en 1760. El mismo autor pintó la bóveda con una representación de la Trinidad entre ángeles.

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IGLESIA DE SANTA CRUZ

El templo actual de la calle Mateos Gago fue originalmente la iglesia del convento del Espíritu Santo, de la congregación de Clérigos Menores. La primitiva iglesia de Santa Cruz se asentaba en la actual plaza del mismo nombre, pero durante la invasión napoleónica se inició su demolición, trasladándose la parroquia inicialmente al Hospital de los Venerables y en 1840 a su emplazamiento actual.

La iglesia se levantó entre 1665 y 1728 y sabemos que al menos durante un tiempo las obras estuvieron dirigidas por el maestro José Tirado. Presenta tres naves, con crucero y cabecera plana.

Su única fachada se abre a los pies y permaneció inconclusa hasta el siglo XX. Dentro del embellecimiento general del barrio de Santa cruz que se llevó a cabo en los años previos a la Exposición Iberoamericana, el gran arquitecto regionalista Juan Talavera y Heredia diseñó la fachada actual, que se llevó a cabo entre 1926 y 1929. 

Está hecha en un estilo neobarroco de gran clasicismo, siguiendo el modelo de algunas de las portadas manieristas sevillanas, como la del Convento de Santa María de Jesús o la lateral de la iglesia de San Pedro. Como elementos decorativos se incluyen además unas guirnaldas de flores y frutas en la parte superior de las pilastras y algunos óvalos enmarcados por las características rocallas del barroco. 

En la hornacina central sobre la entrada se ubica una cruz de forja que recuerda a la 'Cruz de las Sierpes' que hoy se encuentra en la cercana plaza de Santa Cruz. Sobre ella, un escudo reproduce de nuevo una cruz arbórea sobre Calvario de piedras y a ambos lados, dos escudos profusamente decorados con los símbolos de Jesús y María. 

Para rematar la fachada, el arquitecto ideó una estilizada espadaña de dos alturas y tres vanos para campanas. Tiene prácticamente la misma altura que la gran cúpula que se ubica sobre el crucero, lo que da a la iglesia un característico perfil.

En el interior, lo primero que llama la atención de la iglesia es su gran monumentalidad y aire neoclásico, características remarcadas por su color blanco y escasa decoración, un rasgo muy poco común en las iglesias sevillanas. 

La nave central es de mayor altura que las laterales y se haya cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos. Se accede a las laterales por unos profundos arcos de medio punto sobre gruesas pilastras. Sobre las naves laterales discurre un triforio, que se abre a la iglesia con balcones de forja. Esta es una características bastante común en las iglesias conventuales, ya que permitía a los religiosos asistir a las ceremonias preservando la privacidad. Sobre la entrada al templo, encontramos un coro alto sostenido por un gran arco de medio punto rebajado.

El amplio crucero de la iglesia se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas. Se da la circunstancia que la cúpula cuenta con un tambor que se encuentra muy disimulado desde el interior, dando incluso la sensación de que es una cúpula sin tambor, mientras que se halla muy marcado visto desde el exterior. En él se abren cuatro amplias ventanas, que sumadas a las ubicadas en la linterna, le dan al conjunto una gran luminosidad. 

La cabecera del templo es plana y se haya cubierta por bóveda de cañón. En su extremo un arco escarzano sostiene el espacio en el que se ubica el órgano de la iglesia, en una ubicación muy poco común en los templos sevillanos. Se trata de un magnífico órgano neoclásico diseñado por Antonio Otín Calvete hacia 1810. En su parte superior, se dispone un hermoso grupo de angeles esculpidos en piedra sosteniendo distintos instrumentos musicales. Bajo el órgano, se dispone la sillería del coro, realizada a finales del XVIII también en estilo neoclásico.

A finales del siglo XVIII, dentro de una atmósfera academicista de rechazo a lo que se consideraban excesos del barroco, se decidió la sustitución del retablo original de la iglesia, que al parecer destacaba por su profusa decoración y teatralidad. Algunos autores, como Santiago montoto en su colección de artículos sobre las “Parroquias de Sevilla”, señalan que el retablo anterior fue pasto de las llamas en un incendio. En cualquier caso, fue sustituido por el templete neoclásico que podemos ver en la actualidad, realizado en 1792 por Blas Molner. 

Se trata de una cúpula sostenida por columnas corintias, formando un conjunto policromado para imitar al mármol. Sobre la cúpula se ubica una imagen alegórica de la Fe y el templete alberga la imagen de la Virgen de la Paz, una magnífica imagen renacentista atribuida a Jerónimo Hernández y datada hacia 1579. Proviene del antiguo Convento de San Pablo, actual iglesia de la Magdalena, y representa la clásica iconografía de la Virgen con el Niño entronizada al modo de las matronas romanas. Parece que originalmente fue concebida como una Virgen del Rosario y que adquirió la actual advocación de la Paz al ser trasladada a esta parroquia en 1835.

A lo largo de los muros de la iglesia se disponen una serie de retablos, en su mayor parte de los siglos XVII y XVIII, que albergan algunas piezas de notable valor artísticos.

Se puede empezar mencionando el retablo del Cristo de las Misericordias, que se encuentra en el lado izquierdo, en el testero del crucero. La imagen es una hermosa talla anónima del siglo XVII, que representa a Cristo aún vivo con la mirada dirigida hacia el cielo. Se la ha ubicado tradicionalmente en el círculo de Pedro Roldán y por su composición se relaciona con el Cristo de la Expiración de Triana. Es titular de la Hermandad de Santa Cruz, que procesiona el Martes Santo por las calles de la ciudad.

En ese mismo lado de la iglesia, se pueden destacar dos retablos del siglo XVII realizados por Bernardo Simón de Pineda, uno dedicado a Santa Ana y otro a la Inmaculada Concepción (aunque la Inmaculada que actualmente centra el retablo es posterior, del siglo XVIII). Junto a ellos, se puede mencionar el retablo dedicado a San Francisco Caracciolo, fundador de los Clérigos Menores. Tanto el retablo como la imagen del santo se atribuyen a Pedro Duque Cornejo, uno de los escultores más destacados del siglo XVIII sevillano.

En el lado derecho, se puede destacar el retablo de la Virgen del Mayor Dolor, diseñado en el siglo XVII por Bernardo Simón de Pineda y policromado por Juan Valdés Leal, aunque fue reformado en el siglo XVIII añadiéndole elementos decorativos de estilo rococó. La imagen de la Virgen que preside el retablo es una Soledad arrodillada datada también en el siglo XVIII, mientras que en el banco se sitúa una interesante pintura con la representación de Cristo Yacente.

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CAPILLA DE SAN JOSÉ

Esta pequeña iglesia se construyó por iniciativa del gremio de carpinteros de la ciudad, y de ahí su advocación a San José, patrón de los trabajadores de la madera. Se conoce que los carpinteros tenían ya un templo en esta zona en el siglo XVI, pero su estado ruinoso hizo que tuviera que ser demolido. El templo actual fue construido en dos fases durante el siglo XVIII.

CC BY-SA 4.0

La primera de ellas fue dirigida por Pedro Romero y concluyó en 1717 con la construcción de la única nave de la capilla. La segunda se completó en 1766 bajo la dirección de Esteban Paredes, completándose la capilla mayor y el exterior del templo. La iglesia llegó al siglo XX en estado de práctica ruina y en 1931 sufrió un incendio en el que perdió la techumbre y parte de sus pinturas murales. Afortunadamente, pudo ser rehabilitada y devuelta al culto.

Como decíamos, se trata de una iglesia de reducidas dimensiones, con una sola nave y crucero ligeramente marcado en planta. Cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado del Evangelio.

La portada principal está hecha en ladrillo con un vistoso estilo barroco que logra transmitir la sensación de monumentalidad a pesar de las reducidas dimensiones. Dos pilastras soportan un frontón curvo partido, en el centro del cual se abre una hornacina con la imagen de San José, diseñado por Lucas Valdés en 1716. A ambos lados, dos medallones ricamente enmarcados con los bustos de San Fernando y San Hermenegildo, y sobre la hornacina central, un tercer medallón con una representación de San Juan Bautista en edad juvenil.

A ambos lados de la puerta, dos hornacinas albergaban las imágenes de San Joaquín y otro santo, identificado como San Jasón o San Teodoro de Amasea. Para evitar daños, ambas se conservan en la actualidad en la sacristía de la iglesia, siendo sustituidas por dos imágenes realizadas en resina del escultor contemporáneo Jesús Curquejo Murillo. Una de ellas es copia del anterior San Joaquín, mientras que la otra es una tierna representación de Santa Ana con la Virgen niña.

La portada lateral puede datarse en la misma época que la principal y su elemento central es un hermoso relieve que representa los Desposorios de la Virgen y San José, atribuido al gran escultor dieciochesco Cristóbal Ramos. Sobre la moldura que enmarca esta escena, se posan graciosamente cuatro imágenes de gran calidad a pesar de su profundo deterioro. En un primer nivel, San Pedro (hoy sin cabeza) y San Pablo, y sobre la escena principal, dos figuras alegóricas que representan virtudes atribuidas a San José: la Mansedumbre, que sujeta un corderito, y la Castidad.

En el interior, la única nave del templo se cubre con bóveda de cañón que descansa sobre arcos fajones, y sobre el crucero se levanta una cúpula elíptica con linterna ciega. La profusa decoración escultórica y pictórica del templo hacen de la Capilla de San José una exquisita pequeña joya del barroco sevillano.

El retablo mayor fue diseñado por el escultor de origen portugués Cayetano de Acosta, una de las figuras artísticas más destacadas del siglo XVIII en la ciudad. Sobre el banco, el cuerpo principal se divide en tres calles mediante estípites, aunque la profusa decoración que recubre prácticamente cada centímetro hace difícil distinguir esta estructura. En la hornacina central se ubica el titular del templo, San José, en una escultura del círculo de Pedro Roldán. En las estípites que enmarcan esta hornacina se ubican las figuras de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, atribuidos a Pedro Duque Cornejo, otro de los grandes escultores del siglo XVIII sevillano.

Sobre el Sagrario, se ubica una imagen de la Inmaculada, y a ambos lados, en las calles laterales del retablo, encontramos a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, bajo dos medallones con alto relieves de San Sebastián y San Roque.

En la parte superior del retablo, una serie de ángeles niños y jóvenes completan la composición, y en el centro del ático se sitúa la imagen de Dios Padre en actitud de bendecir.

A ambos lados del crucero se sitúan dos retablos, con la misma cronología que el principal y también con una profusa decoración. El de la derecha da acceso a la sacristía y el de la izquierda se haya presidido por un grupo escultórico con la Coronación de la Virgen.

En los lados de la nave, enmarcados bajo arcos de medio punto se sitúan otros dos retablos. Ambos se han datado en el siglo XVIII. El de la derecha tiene en su centro un hermoso conjunto con Los Desposorios de la Virgen sobre un interesante y clásico fondo arquitectónico, mientras que el de la izquierda está presidido por una imagen de Santa Ana.

Las pinturas que decoran las bóvedas y arcos se han datado en el último tercio del siglo XVIII, siglo al que pertenecen también los diversos lienzos sobre los muros del lienzo. Como excepción, encontramos una hermosa pintura del siglo XVII que representa el Descanso en la huída a Egipto. Es de un autor anónimo que parece seguir en el estilo la obra del italiano Paolo Veronese.

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IGLESIA DEL ANTIGUO HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

El hospital de Nuestra Señora de la Paz es una fundación asistencial perteneciente a la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, asentados en Sevilla desde 1543 y en el emplazamiento que ocupan actualmente desde 1574. Se fundó como un centro para la atención de los enfermos con pocos recursos y más tarde pasó a ocuparse también de antiguos militares convalecientes. Con la Desamortización, el Hospital fue expropiado en 1836 pero los hermanos hospitalarios volvieron a su antigua casa en 1880. Desde entonces, la orden se sigue encargando del Hospital, que en la actualidad funciona como una residencia de ancianos.

La parte artísticamente más interesante, y la única abierta al público general, es la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, que da a la plaza del Salvador. Se trata de un templo edificado inicialmente en la primera mitad del siglo XVII, aunque profundamente reformado durante el XVIII.

Se trata de una iglesia de tres naves, con crucero no marcado en planta y una cabecera plana. 

Al exterior, su única fachada a los pies cuenta con un diseño que se ha atribuido en sus orígenes al arquitecto tardorenacentista Vedmondo Resta. Se divide en tres niveles 

En el primero, cuatro columnas dóricas sustentan un friso de metopas y triglifos. Entre las laterales se abren dos óculos y entre las centrales, el arco de medio punto rebajado que da acceso al templo.

En el centro del segundo nivel, de nuevo cuatro columnas, pero esta vez rodeadas de profusa decoración con motivos vegetales, rocallas y ángeles niños, elementos añadidos probablemente en el siglo XVIII. Enmarcan tres hornacinas que albergan las imágenes de San Agustín, la Virgen con el Niño y San Juan de Dios. Las hornacinas laterales se hallan profusamente decoradas, mientras que la central es de una gran sencillez. Además, los rasgos estilísticos de la imagen central de la Virgen son claramente distintos a los de las imágenes laterales, lo que indica que este espacio central fue reformulado con posterioridad al resto de la portada. Enmarcan todo el conjunto dos pilastras, también con abundante ornamento

En el tercer nivel, la portada se completa con una hornacina enmarcando una vidriera moderna, flanqueada por una abundante y minuciosa decoración escultórica. Sobre la vidriera, dos ángeles sostienen una corona sobre el símbolo de los hermanos de San Juan de Dios, una granada, que recuerda la fundación de esta orden en la ciudad andaluza del mismo nombre en 1572.

Sobre el conjunto, se eleva un frontón curvo y partido en el centro del que se abre un óculo. A ambos lados de la fachada, encontramos dos torres campanarios rematadas por unos estilizados chapiteles revestidos de azulejo.

Al interior, encontramos las tres naves de la iglesia divididas por arcos de medio punto sobre columnas de mármol, con la central notablemente más alta que las laterales. Las naves laterales se cubren con bóvedas de cañón, al igual que la central, que además incluye lunetos. A los pies del templo, se ubica un coro alto ornado con abundante decoración de yeserías de estilo rococó. Sobre el crucero, se levanta una cúpula con linterna, decorada con yeserías de motivos geométricos, originales dle siglo XVII.

Es especialmente interesante por su originalidad en Sevilla el zócalo de azulejo que recorre los muros del templo. Se ha datado en 1771 y presenta una hermosa decoración ‘a candelieri’ en azul y blanco, con algunos motivos en amarillo en las zonas destacadas.

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado hacia 1800, cuando sustituyó a uno anterior de estilo barroco. En la hornacina central se venera una imagen de vestir de la Virgen de la Paz, titular del templo, flanqueada por San Juan de Dios y San Juan Grande, esculturas todas de la misma época que el retablo.

En las cabeceras de ambas naves laterales se ubican dos de las imágenes de mayor interés artístico en el templo. Se trata de las representaciones de San Rafael y San Juan de Dios, atribuidas ambas por su gran calidad al gran Martínez Montañés.

En los muros de la iglesia se distribuyen una serie de ocho retablos barrocos, datados en los siglos XVII y XVIII, que albergan un interesante conjunto escultórico. Entre las imágenes religiosas, podríamos destacar por su interés las siguientes:

- Una imagen de San Andrés del siglo XVII atribuida a Francisco de Ocampo, proveniente del anterior retablo mayor de la iglesia, hoy desaparecido.

- San Carlos Borromeo, tallado por Juan de Mesa en 1618.

- Una imagen del Cristo de la Humildad, datado hacia el 1600, que reproduce la iconografía de Cristo apenado en los momentos previos a la Crucifixión. Esta representación tiene su origen en un grabado de Durero y está muy extendida en las iglesias sevillanas.

- Una Inmaculada del escultor valenciano Blas Molner, de finales del XVIII o principios del XIX. Por su gran dinamismo y originalidad, podría ser identificada también como una Asunción de la Virgen.

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IGLESIA DEL DIVINO SALVADOR

La iglesia del Divino Salvador de Sevilla es el segundo templo más grande de la ciudad, sólo después de la Catedral. Es una de las grandes joyas arquitectónicas de la ciudad y en su interior alberga una magnífica colección escultórica, con obras de los más destacados autores del barroco sevillano.  Como resultado de su larga y compleja historia, se ha configurado un enorme y majestuoso templo con tres naves. El crucero sobresale notablemente en altura sobre el resto, aunque no es perceptible en la planta del edificio, que es de las llamadas de salón. 

Historia

Sabemos que en el espacio que hoy ocupa estuvo la llamada mezquita de Ibn Adabbas, creada hacia el 830 como mezquita aljama o principal de la ciudad. Ostentó este rango hasta que en el siglo XII se construyó la nueva gran mezquita, en el lugar que hoy ocupa la Catedral.

De la mezquita que se ubicaba en el Salvador se han conservado algunos elementos, como parte de su patio y el arranque de su alminar, que se corresponde con la parte baja de la torre que encontramos en el extremo norte, en la calle Córdoba.

Una vez conquistada la ciudad por los cristianos en 1248, la mezquita pasó a utilizarse como iglesia, aunque manteniendo lo esencial de su estructura. Así permaneció durante siglos, con las características arquitectónicas de un templo islámico pero sirviendo para el culto cristiano, como sigue ocurriendo hoy, por ejemplo, con la Mezquita-Catedral de Córdoba. 

Sin embargo, ya llegado el siglo XVII, parece que su estado era bastante ruinoso y se decidió la construcción de un nuevo templo. Las obras comenzaron hacia 1674, pero cuando se estaba acometiendo el cierre de las bóvedas, se produjo un estrepitoso derrumbe que obligó a replantearse buena parte del proyecto. 

De la dirección de las obras se acabó por encargar Leonardo de Figueroa, el mejor arquitecto del barroco sevillano, que intervino también en otros proyectos como San Luis de los Franceses o La Magdalena. En este caso, Figueroa se encargó de cerrar las bóvedas, construir la gran cúpula y terminar el interior del edificio. Las obras no concluyeron hasta 1712.

Exterior

Patio y torre

Se pueden observar hoy algunos restos de la antigua mezquita en el actual Patio de los Naranjos, en el que se conservan in situ algunas de las columnas que rodearon el primitivo patio de abluciones. Algunas de ellas tienen un origen romano y visigodo, y su profundidad deja claro que la cota de la mezquita era mucho más baja que la de la actual iglesia.

La base de la torre campanario, entre el patio y la calle Córdoba, fue también el minarete original de la mezquita, completamente alterado en sus pisos superiores por sucesivas reformas. La parte superior que podemos observar en la actualidad fue añadida por Leonardo de Figueroa a finales del siglo XVII.

Capilla de los Desamparados

En el extremo occidental del patio se ubica la Capilla del Cristo de los Desamparados, un pequeño templo de planta rectangular que fue levantado a mediados del siglo XVIII, bajo la dirección de uno de los hijos de Leonardo Figueroa, Matías o Ambrosio. Las fuentes difieren a este respecto.

El interior se cubre por dos bóvedas elípticas, estando la más cercana al altar mayor coronada por una linterna. Sus muros se decoran profusamente con pinturas murales barrocas y a los lados se abren una serie de hornacinas a modo de altares laterales. En una de ellas se ubica la Virgen del Prado, una imagen de vestir realizada por el imaginero Sebastián Santos en 1949 que es titular de su propia hermandad de gloria.

El retablo mayor lo ocupa la imagen del Cristo de los Desamparados, titular de la capilla, un crucificado de autor anónimo que se ha venido datando en el siglo XVI.

Fachada de la iglesia

En cuanto a la iglesia propiamente dicha, la fachada principal tiene unas líneas barrocas muy clásicas y de influencia italiana, cercanas a las formas renacentistas. La sucesión de pilastras de piedra y paños de ladrillo rojizo consiguen la clásica bicromía que es tan característica de muchos edificios sevillanos desde que en el siglo XVI se construyera la Lonja, hoy Archivo de Indias. 

A pesar de su monumentalidad, la fachada del Salvador destaca por su escasa decoración, que contrasta sobremanera con el interior. 

Se organiza en tres calles separadas por pares de pilastras, que se corresponden con las tres naves del templo. En el primer cuerpo se abren tres portadas, con la central de mayores dimensiones que las laterales. Están enmarcadas de una forma muy clásica, con pilastras sosteniendo un dintel sobre el que se abre un segundo cuerpo, mucho menor. Dos ángeles en cada dintel sostienen un escudo con la representación del "Agnus Dei". Sobre la portada principal, un globo terráqueo coronado por una cruz simboliza al "Salvador", mientras que las portadas laterales están coronadas por las efigies de San Pedro y San Pablo.

La decoración de aire plateresco que recorre las pilastras y algunas de las molduras es relativamente reciente, de finales del siglo XIX. Sobre las portadas laterales se abren dos óculos enmarcados por moldura cuadrada.

En el segundo cuerpo, encontramos sólo la prolongación de la calle central, enmarcada de nuevo por pilastras, y con un gran óculo central como única decoración. A cada uno de los lados, se ubican dos aletones decorados por roleos, elementos muy frecuentes en la arquitectura religiosa europea desde el Renacimiento. Tienen la función de dulcificar la transición entre la gran anchura del primer cuerpo y la mucho menor del segundo. 

Tras estos espacios avolutados se esconden dos arbotantes que parecen servir para sostener el peso de los muros de la nave central. Cabe resaltar que estos elementos se vinculan tradicionalmente a la arquitectura gótica y no a la barroca. En el caso de El Salvador son especialmente interesantes ya que al parecer no cumplen función estructural alguna debido a su posición. Se ha señalado por varios autores que la inclusión de los arbotantes se debería simplemente a un interés simbólico, el de resaltar la importancia de la iglesia como templo colegial introduciendo este tipo de elementos tradicionalmente vinculados a un tipo de arquitectura "catedralicia". Así lo explica José María Medianero Hernández en un artículo dedicado a la pervivencia de los arbotantes en la arquitectura bajo andaluza:

“El papel compositivo general no se desvela afortunado dada su composición de retranqueo respecto a los mencionados aditamentos laterales terminados en volutas y su única funcionalidad parece establecerse en la misión de conducción de la vertida de aguas. Desde luego este problema nimio se hubiese podido resolver de otra manera más simple. Quizás la explicación más plausible sea la recurrencia a un motivo emblemático de un templo colegial con aspiraciones catedralicias, ansias y pretensiones que trascienden arquitectónicamente al empaque y prestancia del edificio”.

Cúpula

La cúpula es el elemento más reconocible de la iglesia de El Salvador, sobre todo cuando se observa el templo desde una cierta distancia. Se levantó en 1709-1710 siguiendo el diseño y la dirección de Leonardo de Figueroa, arquitecto que realizó otras cúpulas magistrales en Sevilla, entre las que destacan las de la Magdalena y San Luis de los Franceses.

En el caso de El Salvador, se trata de una cúpula semiesférica sobre tambor octogonal. Tiene una altura de más de 40 metros y un ancho de más de 10 metros. El elevado tambor sirve para destacar la cúpula por encima del resto de cubiertas de la iglesia y en sus lados se abren ocho ventanales, coronados por frontones alternos, curvos y rectos. 

Se han señalado como antecedentes las cúpulas de la iglesia de El Escorial y de la Clerecía de Salamanca, ambas deudoras de la cúpula diseñada por Bernini para la iglesia de Castelgandolfo.

Interior

La iglesia presenta una planta rectangular o de salón, al no formar la clásica forma de cruz latina tan habitual en las iglesias cristianas. Se divide en tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. Aunque la iglesia no cuenta con capillas laterales, sino con altares, al cuerpo principal de la planta se adosan algunos espacios, como la antigua capilla bautismal, la capilla sacramental y la sacristía. 

Las bóvedas se sostienen a través de colosales pilares cuadrados a los que se adosan columnas de orden compuesto y fustes ricamente esculpidos. La cubrición se hace con bóveda de cañón en la nave central y el crucero, y bóveda de arista en las naves laterales. 

La decoración escultórica recorre las partes en piedra del interior del templo, como en los fustes de las columnas o en las enjutas de los arcos. Se trata en su mayoría de decoración vegetal, roleos y otros motivos barrocos. Vemos también con frecuencia el escudo real, sobre todo en las claves de los arcos fajones, elemento que tenía la finalidad de enfatizar ante el cabildo de la Catedral el hecho de que la iglesia era una colegial de fundación real. También encontramos decoración en las pechinas que sostienen la cúpula, en las que se ubican los bustos de los cuatro evangelistas en unos medallones rodeados de profusa ornamentación.

Retablo mayor 

La iglesia se halla presidida por un imponente retablo barroco, realizado entre 1770 y 1779 por el escultor portugués Cayetano de Acosta. Se trata de una obra cumbre de la retablística sevillana al que a veces se ha denominado "el último gran retablo del Barroco español". La profusión decorativa hace difícil distinguir la estructura arquitectónica del retablo. En su centro se representa la escena de la Transfiguración del Señor, el momento en el que Cristo se hace presente después de la Resurrección en el monte Tabor. Lo acompañan Moisés y Elías, como representantes del Antiguo Testamento y, en un nivel inferior, se postran admirados los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. La figura central de Cristo adopta una postura que se ha relacionado con el colosal Longinos que Bernini esculpió para San Pedro del Vaticano y está enmarcado por una gran venera. El resto del retablo se presenta abigarrado con incontables figuras de querubines, ángeles y arcángeles. En el banco se disponen relieves con representaciones de los Padres de la Iglesia y en el centro encontramos un Sagrario-Manifestador, coronado por una Inmaculada. En el ático, la figura de Dios Padre preside todo el conjunto, enfatizada por unos grandes destellos dorados a su espalda.

La bóveda semiesférica sobre el presbiterio se encuentra decorada por las pinturas al temple que Juan de Espinal realizó a finales del siglo XVIII. Representa la gloria celestial, con el Espíritu Santo en el centro, y a través de efectos ópticos como una balaustrada fingida consigue dar la sensación de que se trata de una bóveda más alta de lo que es en realidad.

Órgano

Sobre la entrada principal a la iglesia, se ubica hoy un imponente órgano en madera, realizado por Juan de Bono y Manuel Barrera a finales del siglo XVIII. Este órgano estuvo ubicado en el centro del templo, en el área del coro que se abría frente al Altar Mayor. Las iglesias colegiales tenían obligación de poseer su propio coro, como ocurre con las catedrales. En este templo se desarrolló una brillante trayectoria musical desde el siglo XVI, con figuras tan destacadas como el organista Correa de Arauxo, llamado "el Bach español". En 1861 se suprimió el carácter colegial de la iglesia, se eliminó la zona del coro y el órgano se trasladó a su ubicación actual. Aún hoy, está considerado uno de los mejores órganos de Andalucía y se encuentra inmerso en un proceso de restauración.

También magnífico es el retablo de la Virgen de las Aguas, en el lado derecho del crucero, una obra de José Maestre de 1731 presidida por esta imagen mariana de las llamadas “fernandinas”, datada hacia en el siglo XIII pero muy remodelada posteriormente. Son sólo dos ejemplos de la gran colección de retablos que alberga esta iglesia. 

Y es que la representación en el templo de grandes maestros de la escultura es excepcional. Con toda probabilidad, las dos grandes figuras del barroco sevillano son Juan Martínez Montañés y su discípulo Juan de Mesa. 

Del primero, conserva El Salvador una colosal escultura de San Cristóbal, con reminiscencias de Miguel Ángel por su monumentalidad y belleza. Pero la obra más destacada de este autor en El Salvador es con seguridad Nuestro Padre Jesús de la Pasión, una conmovedora imagen del Señor con la cruz a cuestas, que muestra de forma maravillosa el clasicismo del barroco de Montañés, al lograr transmitir todo el sentimiento y la emoción del momento, pero de una forma contenida, elegante y solemne. Preside el retablo de plata de la Capilla Sacramental y sale en procesión cada Jueves Santo. No exageramos al decir que es una de las representaciones de Jesús Nazareno más logradas del barroco español. 

Del otro gran maestro del barroco sevillano, Juan de Mesa, encontramos al Cristo del Amor, que también procesiona desde este templo en Semana Santa, en esta ocasión durante el Domingo de Ramos. Se trata de una excepcional talla de crucificado, ya muerto, con un magistral tratamiento en la anatomía, los cabellos y los paño. Una obra excepcional dentro de la producción de su autor, que parece que tuvo en cuenta para su realización el modelo que su maestro Montañés realizó unos años antes con el Cristo de la Clemencia que encontramos en la Catedral.

Junto a estos maestros, es casi innumerable la nómina de grandes artistas con obras en esta iglesia del Salvador. Podríamos citar, por ejemplo, a Duque Cornejo, José Montes de Oca o Antonio Quirós. Pero por ahora terminamos aquí este pequeño esbozo sobre el auténtico museo vivo del barroco sevillano que es la antigua colegial del Salvador. Contaremos más en próximas entregas.

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