ANTIGUA CILLA DEL CABILDO

La Antigua Cilla del Cabildo Eclesiástico es un edificio del siglo XVIII que se levanta en la calle Santo Tomás de Sevilla. A lo largo de su historia ha sufrido diversas remodelaciones en relación con los distintos usos que ha acogido. En la actualidad es  la sede del Archivo General de Indias, condición que comparte con la Antigua Lonja de Mercaderes, que se levanta justo al otro lado de la calle.

Su construcción tuvo lugar en 1770 para servir como almacén de grano del Cabildo de la Catedral. Al parecer, el lugar que venían utilizando con este propósito quedó gravemente dañado en el Terremoto de 1755, por lo que fue necesario acometer este proyecto. No existe certeza sobre el arquitecto que dirigió la obra. Algunos autores apuntan a Pedro de Silva, que era el arquitecto mayor del Arzobispado. Sin embargo, también se apunta al navarro Lucas Cintora, que sería más tarde el responsable principal de las transformaciones en el edificio de la Lonja para adaptarlo al nuevo uso como Archivo.

Para la construcción de la fachada se aprovechó un fragmento del lienzo de la muralla que unía el Alcázar con la Torre del Oro. De hecho, aún en la actualidad encontramos una de las torres adosadas a la fachada del edificio. Se trata de una sencilla torre de planta cuadrada, datada a finales del siglo XII o principios del XIII.

La Cilla perdió su uso como almacén en el siglo XX y durante un corto período fue la sede de la Real Compañía Asturiana de Minas. En 1972 se decidió reformar completamente el inmueble para hacerlo sede del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. El arquitecto gaditano Rafael Manzano Martos fue el encargado de dirigir las obras en esta ocasión.

Una nueva etapa en la historia de la antigua cilla se iniciaría hacia el año 2000, cuando se inició el proceso para incorporarla como sede complementaria para el Archivo General de Indias. Las obras finalizaron en 2005 y el edificio quedó configurado entonces con sus características actuales.

La Cilla fue diseñada en origen como un edificio de planta rectangular con dos plantas. La cubrición de las naves se realiza mediante bóvedas vaídas sostenidas por pilares rectangulares y columnas de mármol. En la actualidad cuenta con dos plantas más, una en el sótano y otra bajo la cubierta, añadidas en las sucesivas transformaciones para adaptar el inmueble a museo y, más tarde, a archivo.

La fachada repite el esquema compositivo del edificio de la Lonja que se encuentra justo enfrente. La Lonja responde al diseño del gran arquitecto renacentista Juan de Herrera e introdujo en su fachada una bicromía que fue enormemente exitosa en Sevilla. 

Vemos esa bicromía repetida en la fachada de la cilla, con las áreas de piedra en tonos más claros y las paramentos en ladrillo con un color más rojizo. Las dos plantas del edificio quedan divididas en siete módulos iguales divididos por pilastras. En el módulo central de la primera planta se abre una sencilla portada adintelada. Justo sobre ella, ya en la segunda planta, se encuentra esculpido el emblema del Cabildo catedralicio, la Giralda entre dos jarras de azucenas. Sobre el emblema se ubica un sencillo óculo que sirve para singularizar este módulo central, ya que en todos los demás se abren ventanales rectangulares enmarcados por sencillas molduras en piedra.

La antigua Cilla del Cabildo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985 y en la actualidad es sede del Departamento de Referencias, la Biblioteca, una sala de conferencia, la sala de investigación y otros servicios del Archivo General de Indias.

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

SAN LUIS DE LOS FRANCESES

La iglesia de San Luis de los Franceses constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano, con una clara influencia de las grandes obras de la arquitectura religiosa en Roma del siglo XVII. 

Presenta una planta de central con forma de cruz griega, precedida junto a la entrada por un atrio en el que se ubica el coro. Los brazos de la cruz de la planta se rematan en forma de exedra y en el centro del conjunto se levanta una imponente cúpula sobre tambor circular.

Historia

Es la iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Sus obras se iniciaron en 1699 y se prolongaron hasta su consagración en 1731. Leonardo de Figueroa fue el arquitecto encargado, aunque parece que la planta del proyecto, de marcado carácter italiano, vino impuesta por la Compañía. Se ha señalado su similitud con la planta de Santa Agnese de Roma, obra de los arquitectos Girolamo y Carlo Raimaldi unos cincuenta años anterior. También intervinieron en su construcción otros arquitectos, como Matías de Figueroa, hijo de Leonardo, o Diego Antonio Díaz, al que se atribuye el remate de las torres.

 

Exterior

La fachada exterior cuenta con dos cuerpos horizontales divididos por cinco módulos verticales, con el central acentuado por su mayor profusión decorativa. Además, se remata por un frontón trilobulado sobre el que aparecen las figuras de los tres arcángeles. El conjunto de la fachada muestra la tradicional bicromía del barroco sevillano, con los paramentos en ladrillo avitolado y las pilastras en piedra y elementos decorativos en piedra.

En los extremos de la fachada se sitúan dos robustas torres campanario de sección octogonal, decoradas con esculturas de los Evangelistas. Ambas flaquean la monumental cúpula semiesférica, asentada sobre tambor, cubierta con tejas vidriadas y coronada por linterna.

 

Interior

El interior del templo transmite de forma inigualable la sensación de exuberancia y profusión decorativa del barroco, con una perfecta simbiosis entre arquitectura, escultura y pintura. A los machones que sostienen la cúpula se adosan una monumentales columnas salomónicas con dorados capiteles compuestos que acentúan la sensación de dinamismo del espacio.

El retablo mayor es obra de Pedro Duque Cornejo y está fechado hacia 1730. Es un verdadero compendio de elementos barrocos, con pinturas, esculturas, reliquias y elementos arquitectónicos dispuestos formando un abigarrado conjunto, sin ninguna estructura ordenada. En la parte superior, se cubre por un gran dosel que cobija el conjunto como un baldaquino, coronado por una gran corona real. 

También se deben a Duque Cornejo los dos retablos de los brazos laterales, dedicados a San Francisco de Borja y San Estanislao de Kostka. Ambos constan de idéntica estructura, con banco, cuerpo central dividido en tres calles, y ático. En las hornacinas centrales se ubican las esculturas de los titulares y a los lados una serie de lienzos que les hace alusión, obra de Domingo Martínez.

En los cuatro machones que sostienen la cúpula se abren cuatro retablos de menor tamaño, pero de estructura y exuberancia decorativa semejantes. Están dedicados San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola, San Juan Francisco de Regis y San Luis Gonzaga.

 

Capilla doméstica

Además de la iglesia, dentro de las dependencias de San Luis de los Franceses se encuentra otro espacio de enorme valor artístico denominado "capilla doméstica". Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que el área del presbítero se haya cubierta por una bóveda elíptica. El retablo es obra también de Duque Cornejo, de hacia 1730, e incluye una profusión de santos jesuitas. Entre las numerosas esculturas, cabe destacar una Inmaculada que se erige sobre el Sagrario con un estilo muy cercano al de Gregorio Fernández.

Toda la capilla se halla profusamente decorada. Sobre los muros se disponen una serie de pinturas de los apóstoles, intercaladas con relicarios y un conjunto de bronces flamencos sobre la vida de la Virgen. Igualmente rica es la decoración pictórica del presbiterio y las bóvedas, obras de Domingo Martínez y su taller.

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

CAPILLA DE SANTA MARÍA DE JESÚS (MAESE RODRIGO)

Esta capilla de Puerta de Jerez es el único vestigio que nos queda de la primitiva Universidad de Sevilla, que fue fundada por Maese Rodrigo de Santaella en 1506. 

El resto de las dependencias de esta primera universidad fueron demolidas a principios del siglo XX para trazar la actual Avenida de la Constitución, dentro del proceso de remodelación urbanística que experimentó la ciudad en los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929. La portada original del edificio fue desmontada y en la actualidad se conserva en el compás del convento de Santa Clara. En el retablo mayor de esta capilla puede contemplarse una representación del desaparecido edificio.

La capilla que ha llegado hasta nosotros es de una sola nave y se adscribe estilísticamente al gótico-mudéjar tardío. Fue consagrada en 1506, aún sin terminar. 

Al exterior, cuenta con tres fachadas. La trasera fue reformada en el siglo XX y muestra una pequeña ventana mudéjar, hecha en ladrillo y con un arco polilobulado. En la fachada lateral destaca una hermosa ventana gótica con arquivoltas, decoración vegetal y tracerías en la parte superior, formando tres óculos. En esta misma fachada se ubica una lápida de mármol que hace alusión a la fundación en caracteres góticos.

A los pies se ubica la fachada principal, que originalmente no daba a la calle sino a un patio interior de la universidad. Cuenta con una sencilla portada en forma de arco conopial compuesto por ladrillos bicromos y enmarcado por alfiz. A pesar de la sencillez es de una gran armonía y destaca por lo inhabitual de este tipo de arcos en la arquitectura gótica sevillana. En el lado derecho de la capilla, justo entre la nave y el presbiterio, se ubica una sencilla espadaña, también a base de ladrillos bicromos y rematada por almenas escalonadas.

En el interior, la única nave de la iglesia se divide claramente en dos ámbitos, diferenciados por su cubrición. El cuerpo de la nave se cubre por un alfarje de madera, mientras que el presbiterio se cubre por bóveda de crucería gótica de treceletes. Como transición entre ambos espacios se dispone un gran arco toral, apuntado y decorado con cardinas. 

Aunque la solería original del templo se sustituyó en el siglo XX por la actual de mármol, sí que se han conservado los zócalos de azulejo en las paredes, realizados con una bella policromía utilizando la técnica de cuerda seca. Con la misma técnica se realizó el frontal del altar, pero en este caso incluyendo reflejos dorados, elemento muy poco frecuente en la decoración cerámica de este tipo en Sevilla.

El retablo mayor es una pieza de enorme interés artístico, realizada por el pintor de origen alemán Alejo Fernández hacia 1520. Su estructura es claramente gótica, aunque sus pinturas muestran ya cierta influencia renacentista. La temática está vinculada a la exaltación de la sabiduría, en relación con la finalidad original del templo como capilla del Colegio.

Se estructura de abajo a arriba en banco y dos cuerpos. En el centro del banco se ubica el sagrario, a cuyos lados se disponen seis tablas, tres con representaciones de obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño de estilo bizantino. De ella se afirma que fue traída desde Italia por el propio Maese Rodrigo.

El primer cuerpo se halla presidido por una reproducción de la Virgen de la Antigua, cuyo original se encuentra en una de las capillas de la Catedral de Sevilla. A sus pies, aparece en escala menor Maese Rodrigo, que hace entrega a la Virgen de una maqueta que representa el Colegio fundado por él. A ambos lados, los cuatro doctores de la iglesia: San Agustín de Hipona, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Jerónimo.

En el centro del segundo cuerpo se ubica la representación de "Pentecostés". Es en esta pintura donde más se puede apreciar la influencia renacentista de la que hemos hablado en la obra de Alejo Fernández. Flanqueándola, de izquierda a derecha, vemos a San Pedro, San Gabriel, San Miguel y San Pablo.

PLAZA DE TOROS DE LA MAESTRANZA

La Plaza de la Maestranza de Sevilla se encuentra entre las más antiguas de España y es la de mayor importancia para el mundo del toro, junto con Las Ventas en Madrid. Tiene una capacidad para 12.000 personas y su construcción se prolongó en distintas fases durante más de un siglo, entre 1761 y 1880, fecha de la terminación definitiva de las obras.

Se sabe que en este mismo barrio de Arenal se levantó ya una plaza de toros anterior, principalmente en madera y cuadrada, que fue demolida para la construcción de la actual. El proyecto inicial es obra del arquitecto Vicente San Martín, y el resultado fue un hermoso conjunto en un estilo barroco tardío con un aire muy clásico. 

Una de las características más curiosas de la Maestranza es que su planta no es completamente circular, sino que se encuentra "achatada" en uno de sus lados. Esta circunstancia se debe al desarrollo de las obras en distintas fases que ya mencionamos y a que el espacio entre el caserío del Arenal se fue abriendo paulatinamente, a medida que estas avanzaban.

La fachada principal se construyó en la primera fase y ya estaba concluida en 1787. La célebre Puerta del Príncipe es un arco de medio punto flanqueado por columnas de mármol, que sostienen un balcón central. El vano del balcón se halla a su vez enmarcado por pilastras y bajo un frontón triangular.

A ambos lados, la fachada se extiende dando la sensación de contar con dos anchas torres como marco a la entrada principal. En la parte baja, dos puertas menores flanquean a la principal, coronadas por dos frontones mixtilíneos de curiosa forma. Sobre ellos se abren dos grandes óculos. Rematando cada lado de la fachada, se disponen cubiertas de teja a cuatro aguas.

También a la primera fase constructiva del edificio se corresponde el Palco Real o del Príncipe. Consta de dos cuerpos. En el primero encontramos un arco de medio punto rebajado enmarcado por dos columnas jónicas que sostienen el palco en sí. En el nivel superior, el arco central es escarzano y posee un curioso perfil ondulante. Está flanqueado por dos columnas corintias, que sostienen un frontón curvo partido. 

En su centro se ubica el escudo real, realizado por Cayetano de Acosta, que esculpió también las dos figuras alegóricas que se encuentran a ambos lados. Se trata de las alegorías de los ríos Po y Guadalquivir, que aparecen representados como hombres barbados y recostados. No está clara la alusión al río italiano, pero probablemente sea una referencia al pueblo celta-ligur de los taurinos, que se asentaban en el valle superior del Po. Su capital se llamaba Tauro, nombre del que deriva el de la actual Turín, que aún hoy tiene un toro como símbolo.

Los tendidos de la plaza se dividen en dos niveles, bajo y alto. Las gradas del alto e cubren por un tejado de teja a dos aguas que rodea toda la plaza y que se sostiene por arcos de medio punto posados sobre columnas de mármol toscanas.

Los niveles inferiores fueron objeto de una profunda restauración en 1977, dirigida por Barquín Barón, que acondicionó también diversos espacios auxiliares para la instalación del museo taurino.

HOSPITAL DE LA CARIDAD

El Hospital de la Caridad es la sede de la hermandad de la Santa Caridad, que tiene como finalidad la asistencia de personas enfermas y con pocos recursos. Fue fundada en el siglo XV y aún hoy realizan una valiosa labor asistencial en Sevilla. El conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nosotros está datado en su mayor parte en el siglo XVII.

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HISTORIA

En sus orígenes, la hermandad se dedicó principalmente a costear el enterramiento de ajusticiados y ahogados en el río, funciones que se fueron ampliando con el paso del tiempo, cada vez más enfocadas a la asistencia de enfermos sin recursos. En el siglo XVI se sabe que tenían su sede en una pequeña capilla dedicada a San Jorge, que se encontraba en el mismo emplazamiento que el templo actual.

Se trata de un espacio que era parte de las antiguas Atarazanas Reales de Sevilla, una inmensa superficie de diecisiete naves dedicada desde el siglo XIII a la construcción, reparación y almacenamiento de navíos. 

A mediados del siglo XVII se decide la sustitución de la primitiva capilla por una nueva iglesia y la construcción anexa de un gran hospital para la asistencia de los enfermos. Para ello se les cedió el espacio de tres de las naves de las antiguas atarazanas.

Las obras se iniciaron en 1645 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete y recibieron un impulso notable al entrar en la hermandad Miguel de Mañara, que sería elegido hermano mayor en 1663. 

Mañara era un acaudalado comerciante sevillano que encontró en la Santa Caridad un sentido para su vida tras la muerte de su esposa. Diversos testimonios de la época, incluyendo alguna referencia de él mismo, hablan de que habría llevado una vida muy desordenada en su juventud, por lo que desde el siglo XIX se le ha vinculado con la figura de Don Juan Tenorio, el arquetipo literario más universal de entre los surgidos en Sevilla. La tradición ha querido ver en Miguel de Mañara el personaje en el que se basa el Tenorio, aunque en la actualidad sabemos que ni los hechos de su biografía ni la cronología permiten sustentar esta afirmación.

Lo que sí es cierto, es que su llegada a la dirección de la hermandad supuso un gran impulso para esta, logrando atraer grandes sumas de dinero donadas por las familias mejor situadas de la ciudad, entre las que Mañara estaba acostumbrado a moverse. 

El conjunto del Hospital consta de dos enormes salas alargadas para la asistencia a los enfermos, de más de 40 metros de largo, que discurren perpendiculares a la calle Temprado. Ante ellas, se abre un patio rectangular porticado, dividido en dos por una galería en el centro. A la izquierda, y también perpendicular a la calle, se ubica la iglesia, de una sola nave. Tiene su fachada principal a los pies y un acceso lateral desde el patio.

HOSPITAL

Al exterior, la única parte que presenta decoración es la que se corresponde con la iglesia. El resto de la fachada es de una gran austeridad, sin apenas decoración, con la excepción de las dos pilastras que flanquean la puerta principal y que sostienen el saliente de un pequeño balcón.

Tras un pequeño vestíbulo, se accede al primero de los dos patios, separados solo por el pasaje sostenido por galería de columnas que hemos mencionado. Con toda probabilidad fueron diseñados por el gran arquitecto del barroco sevillano, Leonardo de Figueroa, del que consta que fue maestro de obras de la Caridad desde 1679.

Ambos se encuentran porticados en tres de sus lados, con la excepción del que da a las grandes naves del hospital. Lo hacen mediante arcos de medio punto sostenidos por columnas toscanas de mármol en el primero piso. El segundo piso está cerrado, aunque unos grandes ventanales protegidos con un pequeño balcón se abren al patio coincidiendo en su ubicación con los arcos de la planta baja.

En el centro de cada patio encontramos dos fuentes monumentales con representaciones alegóricas de la Fe y de la Caridad. Fueron realizadas en Génova y está documentado su encargo para este hospital en 1682. 

En los muros del patio se puede admirar un conjunto de siete paneles de azulejos en tonos azules sobre blanco que representan diversas escenas del antiguo y nuevo testamento. Fueron realizados en Holanda, probablemente en Delft, a finales del siglo XVII y llegaron al hospital como una donación del convento de los Descalzos de Cádiz.

IGLESIA DE SAN JORGE

Fachada

El templo del hospital mantuvo la advocación de San Jorge, a la que estaba dedicada la primitiva capilla en torno a la que se fundó la hermandad. Su fachada destaca de la del resto del hospital por su altura y riqueza decorativa, a pesar de su relativa sencillez, sobre todo en comparación con la exhuberancia decorativa que veremos en el interior.

Se dispone siguiendo la lógica de un retablo, articulada en dos niveles y los elementos arquitectónicos, como las pilastras y los frontones, constituyen el elemento decorativo principal. A pesar de sus líneas clásicas, es una fachada de gran originalidad, conseguida mediante la combinación de las superficies blancas y ocres, entre las que se disponen cinco paneles cerámicos en tonos azules y blancos.

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En el primer cuerpo, la puerta de acceso se enmarca por dos pares de columnas adosadas que sostienen un entablamento con frontón curvo partido. Entre cada par de columnas se ubican las figuras en barro cocido de San Fernando y San Hermenegildo, los dos santos tradicionalmente considerados "patronos" de la Corona española.

En el segundo nivel, un balcón enmarcado por pilastras corintias se abre en el centro del frontón partido del primer piso. Sobre él, una hornacina acoge el panel cerámico central, con una representación alegórica de la Caridad.

A cada uno de los lados se sitúan otros dos paneles cerámicos, rematados con frontón curvo los inferiores y con frontón recto los superiores. En el primer nivel se representan "San Miguel contra el dragón" y "Santiago abatiendo sarracenos". San Jorge es el patrón del hospital en recuerdo de la capilla en torno a la que se fundó y Santiago es el patrón de España. Se disponen aquí simbolizando a santos que "luchan ante las fuerzas del mal para imponer la fe cristiana". Sobre ellos, los paneles cerámicos de la Fe y la Esperanza, que con el de la Caridad que mencionábamos antes completan las tres virtudes teologales. Tradicionalmente se ha atribuido a Murillo el diseño de los cinco paneles cerámicos, aunque por sus características formales no parece que esta afirmación tenga fundamento histórico.

La fachada se remata por un ático central con frontón recto y dos pináculos de ladrillo laterales. Estas formas son bastante comunes en el barroco sevillano y su similitud con realizaciones de Leonardo de Figueroa ha hecho atribuirle al menos la culminación de la fachada.

Anexa a la cabecera del lado izquierdo de la iglesia existe una pequeña torre campanario, poco visible dada su ubicación. Se construyó en 1721 bajo la dirección de Leonardo de Figueroa. En ella se repiten, a menor escala, los elementos arquitectónicos descritos en la fachada del templo. Llama la atención el original chapitel, abundante en decoración escultórica y cerámica a pesar de sus reducidas dimensiones. 

Interior

La iglesia tiene una planta muy sencilla, rectangular, con una sola nave y cabecera plana. Se halla cubierta por bóveda de cañón, excepto en el espacio central anterior al presbiterio, que se cubre con una bóveda semiesférica sobre pechinas, tan ancha como la propia nave. A los pies se sitúa un coro alto, sustentado por tres arcos sobre columnas de mármol toscanas, de medio punto los laterales y rebajado y más amplio el central.

El acceso principal se ubica a los pies y al entrar en la iglesia nos percatamos de que estamos ante uno de los conjuntos más excepcionales de la historia del arte en la ciudad. No se trata solo de una colección de obras singulares de gran mérito, sino que entre todas forman un discurso homogéneo y perfectamente coherente con el mundo del Barroco en el que fue creado. 

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Programa iconográfico: las obras de misericordia como camino a la salvación

El programa iconográfico fue diseñado por Miguel de Mañara, con el objetivo de transmitir la idea de la fugacidad de la vida y lo irrelevante de los logros y posesiones materiales llegado el último momento. Nos viene a decir que todos estamos abocados al mismo final y solo la práctica de las virtudes cristianas, entre ellas la caridad, garantiza la salvación del alma. Se buscaba así remover la conciencia de cualquiera que se adentrara en la iglesia y promover las donaciones a través del temor a la condenación eterna.

El discurso empieza con los dos lienzos que se encuentran a ambos lados nada más entrar en el templo, sobre sendas puertas de acceso a dependencias laterales. Se trata de dos obras de Juan Valdés Leal de 1672 que tienen por tema central la muerte. Son de una calidad tal, que no es descabellado definirlas como las mejores obras con este tema en toda la historia del arte universal.

La primera se titula "In ictu oculi", que se podría traducir como "en un abrir y cerrar de ojos". Muestra un esqueleto que sostiene una guadaña en una mano mientras que con la otra apaga la llama de una vela, simbolizando que es necesario solo un instante para pasar de la vida a la muerte. Junto a él, se amontonan una serie de símbolos de la gloria terrenal: lujosas vestimentas, una corona real, una tiara papal, vistosos libros, cetros, armaduras... Nada de todo eso importa llegado el momento final, la muerte se lleva sin miramientos tanto a un sumo pontífice como a un humilde campesino.

El segundo cuadro, ubicado justo enfrente, tiene por título "Finis Gloriae Mundi" ("El final de la gloria del mundo"), tal y como puede leerse en una cartela de tela que aparece en primer plano. Se ambienta en el interior de un sepulcro y vemos los cadáveres descompuestos de un obispo y de un caballero de la Orden de Calatrava. A pesar del deterioro, ambos ostentan sus más ricas vestiduras. Desde la parte superior, emerge el brazo de Cristo, reconocible por el estigma en la palma de la mano, sosteniendo una balanza con dos platos. En uno de ellos se lee "NI MAS" y sobre él se posan los símbolos de los pecados capitales. En el otro se lee "NI MENOS" y sostiene los símbolos de las virtudes cristianas. El mensaje es claro, llegado el momento final de nada sirven los títulos, honores o posesiones materiales, solo las buenas y malas acciones serán tenidas en cuenta. Se incentiva así a hacer todo lo posible para que, llegado ese momento, el plato de las virtudes pese más que el de los pecados.

El siguiente hito de esta narración consiste en mostrar el camino a la salvación a través de las obras de misericordia, que nos permiten ejercer la caridad ayudando al prójimo. La doctrina católica define siete obras de misericordia “corporales” y se encargó a Murillo la realización de seis lienzos para representar las seis primeras. Esto es debido a que la séptima, “enterrar a los difuntos”, quedaría representada por el retablo mayor del que hablaremos más tarde.

Hoy las podemos contemplar a ambos lados, en la parte superior de los muros de la nave y del ante-presbiterio. Sin embargo, las cuatro obras originales que se encontraban más cercanas a la entrada fueron sustraídas en 1810 durante la ocupación napoleónica de la ciudad y en la actualidad se hallan repartidas por diversos museos del mundo. De hecho, la talla de los museos en los que se encuentran es un buen indicativo de la calidad artística del conjunto original. Hoy se encuentran dispersas entre la National Gallery de Londres, el Museo de Ottawa, la National Gallery de Washington y el Museo del Ermitage en San Petersburgo.

Desde 2007 se pueden contemplar en la iglesia una serie de copias fidedignas realizadas a mano. En el muro de la derecha se sitúan "La curación del paralítico", que alude a la práctica de atender a los enfermos, y "San Pedro liberado por el ángel", que hace referencia a la obligación de redimir al cautivo. Justo enfrente, en el muro de la izquierda, encontramos "El regreso del hijo pródigo", en referencia al mandato de vestir al desnudo, y "Abraham y los tres ángeles", que alude a la obligación de dar posada al peregrino.

El ciclo dedicado a las obras de misericordia continúa con los dos grandes lienzos situados en la parte superior de los muros del ante-presbiterio. Afortunadamente, en este caso sí que estamos ante los originales de Murillo. A la izquierda vemos a "Moisés haciendo brotar el agua de la Roca", que hace alusión a la obligación de dar de beber al sediento. Justo enfrente, se representa "La multiplicación de los panes y los peces", en referencia al mandato de dar de comer al hambriento.

Retablo mayor

Como decíamos, la séptima obra de misericordia, "enterrar a los difuntos", está representada en la iglesia por la escena central del retablo mayor. Se trata de un conjunto realizado por Bernardo Simón de Pineda entre 1670 y 1674, conformando uno de los retablos más sobresalientes de todo el Barroco español. 

Se articula en tres calles delimitadas por cuatro hermosas columnas salomónicas. Toda la central está ocupada por la escena del "Santo Entierro de Cristo", realizada por Pedro Roldán, que ejecuta aquí una de las obras más logradas de su dilatada carrera. Logra transmitir a través de los gestos y posturas de los personajes una gran armonía compositiva que no resta dramatismo a la escena representada. En segundo plano, y en bajo relieve, dispone un tenebroso monte Calvario, que de forma muy efectista transmite la sensación de profundidad y unidad compositiva de todo el conjunto.

En las calles laterales se sitúan San Jorge y San Roque y en el ático aparecen las alegorías de las tres virtudes teologales, de izquierda a derecha: fe, caridad y esperanza. Todo el retablo aparece salpicado por una gran número de querubines, ángeles niños y jóvenes, algunas veces actuando como cariátides, que contribuyen a enfatizar las sensaciones de dinamismo y exuberancia decorativa. Coronando todo el conjunto, un grupo de cuatro ángeles sostienen una cartela con el nombre de Dios en hebreo.

Otros retablos y lienzos

Como decíamos, la iglesia del Hospital de la Caridad se distingue por la alta calidad de sus retablos y pinturas. Los cuatro retablos laterales de la iglesia, al igual que el retablo mayor, son obra de Bernardo Simón de Pineda, escultor antequerano que está entre los mejores retablistas del siglo XVII en Sevilla. Los lienzos más destacados son, al igual que los ya mencionados sobre las obras de misericordia, obra del genial Murillo, que realizó para esta iglesia uno de sus conjuntos pictóricos más sobresalientes.

En el muro izquierdo, empezando desde la entrada, se sitúa el lienzo de "San Juan de Dios transportando un enfermo", obra de Murillo de hacia 1662. Se trata de un bellísimo lienzo que muestra a un ángel ayudando al santo en su labor de asistencia a los enfermos, en un tema íntimamente ligado a la función del hospital.

A continuación se ubica un retablo que enmarca el lienzo de "La Anunciación", obra también magistral de Murillo fechada hacia 1670.

Entre la nave y el ante-presbiterio se ubica un púlpito de hierro y madera que destaca por su bello diseño. Culminándolo aparece una alegoría de la Caridad de Pedro Roldán y sujetando la escalera se representa un curioso animal monstruoso. Se trata de una representación del mal vencido esculpida por Bernardo Simón de Pineda.

A continuación, ya en el ante-presbiterio, se ubica el retablo de la Virgen de la Caridad, presidido por una imagen anónima de la Virgen con el Niño datada a principios del siglo XVI, en la que todavía son apreciables ciertos rasgos del gótico final. En el ático, se ubica un pequeño lienzo de Murillo con el "Salvador Niño", de hacia 1671, que ha sido calificado como uno de los más bellos prototipos infantiles de su producción.

En el muro derecho, empezando de nuevo desde los pies de la iglesia, encontramos una bella composición de Murillo que representa a "Santa Isabel de Hungría cuidando a los tiñosos". Está fechado en 1672 y hace alusión a la segunda obligación de la hermandad, después de la de enterrar a los muertos, que era la de atender a los enfermos.

A continuación encontramos el pequeño relieve del Ecce Homo, realizado en barro cocido por los granadinos hermanos García a principios del siglo XVII.

El siguiente retablo es el del Cristo de la Caridad, presidido por una obra de Pedro Roldán que muestra a Cristo arrodillado, con la mirada hacia el cielo, orando en los momentos previos a la Crucifixión. Destaca por el conmovedor rostro, uno de los más logrados en la carrera del escultor.

Ya en el ante-presbiterio, se sitúa el retablo de San José, con una imagen del santo tallada por Cristóbal Ramos en 1782. La diferencia cronológica con el retablo, que es un siglo anterior, y el pequeño tamaño de la escultura con respecto a la hornacina, evidencian que no es la obra originalmente pensada para este lugar. Históricamente ocupó este retablo una hermosa talla de San José del siglo XVII del círculo de Pedro Roldán, que en la actualidad se encuentra en una de las dependencias del Hospital, la llamada Sala de San José. 

En el ático se puede admirar otra de las joyas que Murillo dejó en est iglesia, un pequeño lienzo de "San Juan Bautista Niño", de una extraordinaria y tierna belleza.

Pinturas al temple en la cúpula y los muros

Juan Valdés Leal se encargó entre 1678 y 1682 de la decoración pictórica de la parte alta de los muros y la cúpula del antepresbiterio. 

Bajo los arcos que sostienen la cúpula, flanqueando las ventanas, se encuentran representados cuatro santos "limosneros", cuya santidad se deriva de su asistencia a los pobres: San Martín, Santo Tomás de Villanueva, San Julián y San Juan Limosnero. En las pechinas se representan los cuatro Evangelistas y en los gallones de la cúpula se reparten ocho hermosos ángeles portando símbolos de la Pasión de Cristo.

Si elevamos la mirada al salir de la iglesia podemos admirar una última obra maestra de esta iglesia. Se trata de la pintura al temple con "La exaltación de la Cruz" que realizó Valdés Leal en 1685 en el muro semicircular bajo la bóveda, justo sobre el coro alto. Su mensaje viene a completar el discurso iconográfico que hemos ido observando en la iglesia. La idea central es la afirmación derivada del Evangelio de que ningún rico entrará por la puerta del reino de los cielos. La explicación del episodio representado es bastante compleja. Se basa en un pasaje de la Leyenda Dorada que Enrique Valdivieso describe así en la "Guía de la Santa Caridad":

...narra el momento en el que el emperador de Bizancio, Heraclio, después de haber rescatado la Cruz de Cristo que el monarca persa Cosroes había robado de Jerusalén, se presenta delante de las puertas de esta ciudad con la intención de entrar triunfalmente en ella. En ese instante se produjeron varios prodigios advirtiéndose primero que de la muralla y de las puertas de la ciudad comenzaron a desprenderse gruesos bloques de piedra, interrumpiendo el paso del cortejo. También en ese momento un ángel se apareció al emperador Heraclio y a su séquito, indicándole que por aquella puerta había entrado Cristo a Jerusalén montando en una borriquilla y acompañado de su humilde cortejo de Apóstoles, y que él no podía hacer ostentación entrando con su corte imperial revestida de lujosas galas.

El mensaje claro y directo del ángel fue inmediatamente entendido por el emperador Heraclio y por ello procedió a despojarse de sus vestiduras, gesto que imitó todo su cortejo, que se dispuso a entrar en la ciudad con modestia en su atavío y recogimiento interior; de esta manera lograron entrar en Jerusalén y devolver la Cruz de Cristo. El argumento de esta historia, reflejado en la pintura, viene a señalar que de la misma manera que Heraclio no puedo entrar en la ciudad revestido de su pompa y boato, tampoco nadie entrará con sus riquezas en el Paraíso.

SANTA MARÍA LA BLANCA

La iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio de San Bartolomé, es una preciosa joya del barroco sevillano. Se sabe que en este mismo lugar se asentó una mezquita durante el período islámico y algunos autores han señalado que esta mezquita pudo construirse a su vez sobre una iglesia cristiana previa de época visigoda. De este primitivo templo visigodo provendrían las columnas que hoy enmarcan la pequeña portada lateral de la iglesia hace la calle Archeros, aunque esta posibilidad no ha podido ser constatada arqueológicamente.

Lo que sí se sabe con certeza es que la mezquita fue transformada en sinagoga tras la conquista cristiana de la ciudad. Por orden de Alfonso X se constituyó una judería en esta zona de la ciudad, que ocupaba aproximadamente el área de los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. En Santa María Blanca se encontraría una de las tres o cuatro sinagogas principales de la judería.

Durante mucho tiempo se pensó que el templo actual fue levantado por completo en el siglo XVII, sin que se conservara nada de la fábrica anterior. Sin embargo, diversos trabajos arqueológicos y de restauración en el edificio en las últimas décadas han desmentido esta afirmación. Al parecer, aunque la reforma barroca de la que hemos hablado enmascaró por completo cualquier aspecto decorativo del primitivo templo, lo cierto es que la planta de la actual iglesia y la de la sinagoga sobre la que se asienta coinciden en lo esencial. Y al parecer también corresponden a la obra primitiva buena parte de los muros y los arcos de la actual iglesia, aunque intensamente alterados en su estética por la reforma barroca. Así lo explica el arquitecto Óscar Gil Delgado en “Una sinagoga desvelada en Sevilla: estudio arquitectónico” (2011):

“Estas prescripciones implican claramente que no se demolieron los muros de las naves de la iglesia y que, por ese motivo, se encuentran hoy los arcos ciegos mudéjares en la coronación de dichos muros. Sobre las nuevas columnas de «jaspe colorado» no se voltearon nuevos arcos, simplemente se apearon los arcos de la nave central, se retiraron las columnas antiguas, que no tenían relación estilística con la obra nueva, y se colocaron las nuevas. Con toda seguridad los arcos de la nave son los mismos antiguos de la sinagoga «mudéjar», recortados, redondeados y revestidos con molduras de yeso, según el nuevo gusto”.

La sinagoga se transformaría en iglesia cristiana a finales del siglo XIV, tras el violento asalto a la judería de 1391. Sería en esta época cuando se añadiría la portada gótica por la que aún se accede en la actualidad. Sin embargo, la iglesia que ha llegado hasta nosotros responde en su mayor parte al proyecto para su remodelación impulsado por el canónigo Justino de Neve. Las obras se iniciaron en 1662 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete, que que abordó la remodelación completa de la que resultó el templo barroco que podemos contemplar hoy. 

Se trata de una iglesia de tres naves divididas por diez columnas toscanas que soportan arcos formeros de medio punto. A ella se accede por una entrada torre que se abre a los pies de la nave central y cuenta con una planta rectangular. Esta se ve alterada por un testero sobresaliente, en el que se sitúa el altar mayor, y por tres capillas laterales: la bautismal a los pies del templo, la sacramental en el lado de la epístola, y la de San Juan Nepomuceno en el lado del evangelio de la cabecera.

La fachada principal de la iglesia está ocupada en su primer nivel por una portada gótica, con las características clásicas que este tipo presenta en las iglesias sevillanas: arquivoltas y decoración de puntas de diamante. Sobre este cuerpo, se puede leer la inscripción latina "HAC EST DOMUS DEI ET PORTA COELI 1741" (Esta es la Casa de Dios y la Puerta del Cielo). El año 1741 hace referencia a la fecha de ciertas reformas menores acometidas en la iglesia, cuando se embelleció también la fachada y se añadió la inscripción.

Sobre este primer nivel, en un segundo cuerpo se abren dos ventanales alargados rematados por arcos de medio punto. Sobre ellos se ubica una clásica espadaña de dos niveles y tras vanos para las campanas.

La iglesia cuenta con una portada mucho más sencilla hacia la calle Archeros. Se trata de un sencillo arco de medio punto sostenido por dos columnas pétreas con capiteles tardoantiguos, claramente de acarreo y probablemente utilizados sucesivamente en la mezquita y en la sinagoga precedentes.

En el interior, lo que más nos llama la atención es su intenso programa decorativo, en el que se cubre hasta el último rincón con una combinación de yeserías, pintura y escultura, hasta configurar un espacio que en su conjunto se muestra como la más clara definición del célebre "horror vacui" del barroco. 

Justino de Neve encargó la decoración pictórica al propio Murillo y la elaboración de las yeserías a los hermanos Pedro y Borja Roldán. La obra se inicia muy poco después de que se promulgara el Breve Pontificio de Alejandro VII de 1661, en el que se reafirmaba la devoción y el culto a la Inmaculada Concepción. 

De esta forma, el programa iconográfico es en su conjunto una exaltación a la Eucaristía y a la Virgen Inmaculada, tal y como puede verse nada más entrar en el arco que sostiene el coro, donde se lee Sin pecado original en el primer instante de su ser. Murillo intervino con la realización de cinco lienzos, de los cuales solo se conserva en la iglesia el más antiguo, "La Santa Cena". Los otros venían a completar el programa iconográfico del que venimos hablando, con la "Inmaculada", "El Triunfo de la Fe" y dos lienzos que narraban la historia de la fundación en Roma de la basílica de Santa María de las Nieves, advocación a la que está dedicada también nuestra iglesia.

Hoy en día se pueden contemplar in situ magníficas copias de los originales, que desgraciadamente fueron objeto del salvaje expolio sufrido por la ciudad con la llegada de las tropas napoleónicas en 1810. Entre las obras sustraídas se encontraban las cuatro que sustrajo de Santa María la Blanca. La mayor parte de lo expoliado nunca regresó a la ciudad y se encuentra hoy disperso por museos de todo el mundo.

El retablo mayor de la iglesia es barroco y se ha datado hacia 1690. Su elemento arquitectónico principal son dos grandes columnas salomónicas, tan características de los retablos sevillanos del XVII. En la hornacina central se ubica la imagen titular del templo, Nuestra Señora de las Nieves, una imagen de vestir realizada por Juan de Astorga a principios del XIX. 

En los extremos laterales se ubican sobre ménsulas las tallas dieciochescas de las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad. En el centro del ático se abre otra hornacina que en la actualidad alberga una rica cruz dorada, en cuyo pie se puede apreciar una representación de la Giralda.

En la cabecera del lado de la derecha encontramos un retablo barroco de mediados del siglo XVIII presidido por la imagen de "San Pedro en la Cátedra". Vemos al santo con todos los atributos que lo identifican como primer pontífice de la Iglesia, enmarcado por dos ángeles niños que sostienen dos de sus atributos: la cruz patriarcal de los papas y las llaves de la Iglesia.

En el muro de este mismo lado derecho se ubica un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por un imponente conjunto de la Trinidad. Es obra del escultor de origen valenciano Blas Molner. En el banco se ubica una interesante Piedad de pequeño formato datada en el siglo XVIII.

También a la derecha se abre la capilla sacramental, presidida por un retablo del siglo XVIII que generalmente tiene en su hornacina central una imagen de San José anterior, del siglo XVII. Am ambos lados y a una escala menor, encontramos las imágenes de Santa Ana y San Joaquín. El banco del retablo acoge un enternecedor "Nacimiento" elaborado en terracota, atribuido a Cristóbal Ramos. 

En la misma capilla se ubica un retablo formado por piezas de un retablo anterior readaptado. Alberga las imágenes que pertenecieron originalmente a la antigua hermandad del Sagrado Lavatorio, que desapareció en 1672 al fusionarse con la Sacramental de esta iglesia. En el centro, el Cristo del Mandato, una obra en pasta de madera, realizada por Diego García de Santa Ana a finales del siglo XVI. A ambos lados, Nuestra Señora del Pópulo y San Juan, ambas imágenes anónimas del siglo XVII.

En el centro del muro de la nave izquierda (o del Evangelio) encontramos un valioso retablo original del siglo XVI, aunque bastante reformado en el XVIII. Enmarca un gran lienzo con la representación de "La Piedad", aunque también se ha identificado a veces como un "Descendimiento". Se trata de una de las piezas artísticas más destacadas de la iglesia, la última obra conocida de Luis de Vargas, uno de los pintores más destacados del Renacimiento en Sevilla. Está fechado en 1564 y en el retablo lo enmarcan las pinturas de San Juan Bautista y San Francisco, obras también de Luis de Vargas. A los pies del retablo se puede observar la lápida de la familia que lo financió.

En el mismo muro se encuentra la única obra de Murillo que se ha conservado en la iglesia: "La Santa Cena", fechada en 1650. Es posible que los franceses no se la llevaran porque lo cierto es que la obra se aleja bastante del tradicional estilo del pintor. Murillo utiliza aquí un potente claroscuro, que hacen del lienzo una pintura tenebrista, con la luz de las velas como única iluminación sobre los rostros.

En el mismo muro encontramos otro retablo con un Sagrado Corazón moderno y al fondo de esta nave del Evangelio se abre una pequeña capilla tras una reja. En ella se ubica un retablo barroco del siglo XVII, con una imagen central de San Juan Nepomuceno de la misma época. En los muros de la capilla se ubica un interesante "Ecce Homo" del siglo XVI, realizado por seguidor anónimo de Luis de Morales. Frente a él, una "Anunciación" de Domingo Martínez del primer tercio del XVIII.

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IGLESIA DE SAN BUENAVENTURA

La iglesia de San Buenaventura es un templo construido en el siglo XVII como parte del desaparecido Colegio de San Buenaventura y actualmente es la iglesia de la Fraternidad Franciscana que tiene anexa en su lado oeste. 

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Este artículo es un extracto de la amplia descripción del templo realizada para la página web de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura.

Está constatado documentalmente que las obras del templo actual se iniciaron en 1622, siguiendo el proyecto del arquitecto Diego López Bueno. Sin embargo, la iglesia experimentaría numerosas modificaciones a lo largo de su historia, sobre todo durante el tumultuoso siglo XIX. Tal y como ha llegado hasta nosotros, presenta una planta rectangular, con una gran nave central y otra nave, de mucha menor altura y anchura, en el lado de la epístola. 

El exterior es muy sencillo, sin apenas decoración. La entrada se halla enmarcada por una serie de franjas en hueco relieve, probablemente concebidas inicialmente como soporte para una portada pétrea que nunca llegó a construirse. Sobre la cornisa de la fachada principal se ubica un espacio abuhardillado, a modo de espadaña, rematada por un frontón curvo. 

El hermoso retablo cerámico de la Virgen de la Soledad ubicado a la derecha de la entrada es prácticamente el único elemento decorativo en el exterior del templo. Fue colocado en 1952 y es una obra del pintor, ceramista y escultor Enrique Orce Mármol, constituyendo uno de los ejemplos más hermosos dentro de este arte, destacando por su magnífica moldura, esculpida por el mismo autor.

En el interior, nos encontramos con una amplia nave principal, cubierta por una bóveda de cañón con lunetos, reforzada por cinco arcos fajones de medio punto. Estos descansan sobre cornisas muy marcadas, que se asientan a su vez en unas robustas pilastras clásicas que recorren los muros de esta nave central. Entre ellas, se ubican una serie de arcos de medio punto que albergan cinco altares en el lado del evangelio y que comunican con la nave menor en el lado de la epístola. 

La zona del presbiterio presenta un leve ensanche a modo de crucero y se cubre por una cúpula semiesférica sobre pechinas, con 24 metros en su punto más alto y solo visible desde el interior. En el otro extremo, sobre la entrada del templo, se alza un amplio y luminoso coro alto, sustentado sobre arcos rebajados de gran anchura.

Esta nave ha conservado su rica decoración original a base de yeserías y frescos, ideada por Francisco Herrera el Viejo. El conjunto fue llevado a cabo entre 1626 y 1627, constituyendo uno de los mejores ejemplos de decoración interior del barroco sevillano. Las yeserías fueron ejecutadas por los maestros alarifes Juan Bernardo de Velasco y Juan de Segarra, que materializaron los diseños de Herrera a base de motivos vegetales y geométricos, intercalados por cabezas de querubines, cartelas y guirnaldas de flores y frutas. Estos relieves se enriquecieron parcialmente con trazos de pintura dorada, que contribuyen a enriquecer y hacer más vistoso el interior del templo.

El propio Herrera el Viejo ejecutó las pinturas al fresco que, aunque muy deterioradas, han llegado hasta nuestros días. En la cúpula, en torno a un medallón central con una representación en relieve del Espíritu Santo, dispuso a los principales santos de la orden franciscana: San Buenaventura, San Antonio de Padua, San Juan de Capistrano, San Luis de Tolosa, San Pedro de Alcántara, San Jacobo de la Marca, San Bernardino de Siena y el propio San Francisco de Asís. En las pechinas que sustentan la cúpula, Herrera dispone cuatro cartelas con los escudos de los Mañara, familia que ejerció un importante patronazgo para la construcción de la iglesia.

En el centro de cada uno de los cinco tramos en los que se divide la bóveda que cubre la nave principal, podemos ver óvalos con motivos alegóricos que hacen alusión al camino hacia la comunión con Dios propuesto por San Buenaventura en su obra filosófica, basado en una conjunción entre conocimiento y santidad.

A ambos lados de cada uno de estos motivos simbólicos, se ubican una serie de diez retratos de teólogos y filósofos franciscanos, como Alejandro de Sales o Juan Duns Escoto.

El programa iconográfico original lo completaban una serie de ocho lienzos, cuatro de Herrera el Viejo y cuatro de Zurbarán, alusivos a la vida de San Buenaventura y ubicados originalmente sobre los arcos laterales de esta nave principal. Fueron expoliados por los franceses durante la invasión napoleónica y hoy se encuentran dispersos por varios museos del mundo. Los lienzos que podemos ver hoy en su lugar son obras de varios autores, de los siglos XVIII y XIX. Representan en general escenas relacionadas con la orden franciscana y, al igual que las pinturas al fresco, se encuentran en un estado de conservación bastante mejorable.

El retablo principal que preside hoy la iglesia no es el original, que fue destruido también durante la invasión francesa. El que podemos ver hoy es un magnífico retablo barroco del último tercio del siglo XVIII, proveniente del convento de San Francisco de Osuna. Fue traído aquí a mediados del siglo XX y hubo de ser adaptado a su nuevo emplazamiento, más reducido que el original, dándole un cierto aire cóncavo al conjunto.

Destaca por su predominio de las líneas curvas y por la profusión de esculturas de ángeles y santos, que llegan a sustituir a las columnas como elementos arquitectónicos para articular el retablo. Vemos, por ejemplo, a San Roque, San Pascual Bailón, San Miguel, además de otros santos vinculados a la orden, como los propios San Buenaventura y San Francisco.

En el centro de la base se ubica un gran templete manifestador en plata, enmarcado por las figuras de San Juan Nepomuceno y San Lorenzo. En la hornacina central se venera una imagen de la Inmaculada conocida como La Sevillana, una valiosa obra de Juan de Mesa proveniente de la desaparecida iglesia conventual de San Francisco en Sevilla. En el ático, podemos ver altorrelieves con la Asunción y la Coronación de la Virgen. 

Como ya hemos mencionado, en el lado del evangelio, entre las pilastras y encajados en arcos de medio punto, se ubican una serie de cinco retablos, realizados entre los siglos XIX y XX en sustitución de los que ocupaban las capillas originales, destruidos también durante la ocupación francesa.

El primero de ellos, el más cercano al Altar Mayor, acoge la imagen titular de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, una obra de Gabriel de Astorga de 1851. Tras ella podemos ver la Santa Cruz en el Monte Calvario o Cruz de Caño Quebrado, una valiosa obra en forja del siglo XVII, en torno a la cual se fundó la Hermandad en 1656.

El siguiente retablo alberga una imagen de vestir de la Virgen del Carmen, del siglo XVIII, conocida popularmente como “de la Batata”. Originalmente, esta imagen recibía culto en una pequeña capilla hoy desaparecida que había cerca del Postigo del Aceite. Al parecer, la cofradía que se encargaba de su culto era tan humilde que para obtener ingresos subastaban batatas y otros productos del campo. Ese sería el origen del curioso apelativo de esta imagen.

También del siglo XVIII son el magnífico altorrelieve de la Coronación de la Virgen y la Inmaculada que ocupan dos de los altares restantes. Ambas obras son de una extraordinaria calidad, especialmente la Inmaculada, que ocupó la hornacina central del retablo mayor hasta que fue sustituida por “la Sevillana”. Es una preciosa imagen que algunos autores han ubicado en el círculo del escultor Cayetano de Acosta, aunque por su fisonomía parece más probable el origen italiano que señalan otros relatos.

En cuanto a la pequeña nave del lado de la epístola, muestra unas características arquitectónicas claramente diferenciadas al resto del templo y se encuentra cubierta por bóvedas de arista muy rebajadas. Su aspecto actual corresponde a las reformas acometidas en la iglesia a finales del siglo XIX, coincidiendo con la construcción de la actual sede de la Fraternidad Franciscana de San Buenaventura.

Tradicionalmente se ha afirmado que la iglesia contaba originalmente con tres naves y que en la actualidad le falta la del lado del evangelio, desaparecida con motivo de las reformas acometidas durante el siglo XIX para crear la actual calle Bilbao.

Así lo afirmó Antonio Martínez Ripoll en su obra “La Iglesia del Colegio de San Buenaventura” (1976) y desde entonces se viene recogiendo en diversas publicaciones, incluyendo en la “Guía Artística de Sevilla y su Provincia”, editada por la Diputación.

Sin embargo, un análisis detenido del templo desde el punto de vista formal, combinado con los testimonios documentales con los que contamos desde el mismo siglo XVII, nos permite afirmar que la iglesia original contó con una sola gran nave con capillas laterales, fisonomía muy frecuente en las iglesias conventuales durante el Barroco. 

Sería ya a finales del siglo XIX, al volver la comunidad franciscana a hacerse cargo del templo, cuando se construiría la pequeña nave del lado de la epístola que ha llegado hasta nuestros días.

En ella se sitúa, en el primer tramo junto a la entrada, el Santísimo Cristo de la Salvación, cotitular de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura. Es una imagen de Manuel Cerquera Becerra de 1935 que bebe claramente de la tradición y el estilo de los magistrales crucificados del Barroco sevillano.

En el otro extremo de la nave, en la cabecera del templo, se ubica la actual capilla sacramental. Cuenta con dos retablos de estilo neoclásico fechables en el siglo XIX, a los que María José del Castillo atribuye una posible autoría de José Fernández. En el central se venera una Virgen de Guadalupe realizada por Juan Abascal Fuentes en 1960, réplica de la patrona de Extremadura y titular de su propia hermandad, también con sede en esta iglesia. La flanquean una imagen anónima de San José del siglo XVIII y un San Francisco del siglo XVII, que Matilde Fernández Rojas identifica como proveniente de la desaparecida iglesia conventual de San Francisco, donde recibiría culto en uno de los altares laterales que se ubicaban en la base del arco toral que enmarcaba el presbiterio.

El retablo lateral de esta capilla se halla presidido por una hermosa talla barroca de la Virgen del Patrocinio, datada en el siglo XVII y proveniente también del desaparecido convento de San Francisco. 

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CAPILLA DE SAN JOSÉ

Esta pequeña iglesia se construyó por iniciativa del gremio de carpinteros de la ciudad, y de ahí su advocación a San José, patrón de los trabajadores de la madera. Se conoce que los carpinteros tenían ya un templo en esta zona en el siglo XVI, pero su estado ruinoso hizo que tuviera que ser demolido. El templo actual fue construido en dos fases durante el siglo XVIII.

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La primera de ellas fue dirigida por Pedro Romero y concluyó en 1717 con la construcción de la única nave de la capilla. La segunda se completó en 1766 bajo la dirección de Esteban Paredes, completándose la capilla mayor y el exterior del templo. La iglesia llegó al siglo XX en estado de práctica ruina y en 1931 sufrió un incendio en el que perdió la techumbre y parte de sus pinturas murales. Afortunadamente, pudo ser rehabilitada y devuelta al culto.

Como decíamos, se trata de una iglesia de reducidas dimensiones, con una sola nave y crucero ligeramente marcado en planta. Cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado del Evangelio.

La portada principal está hecha en ladrillo con un vistoso estilo barroco que logra transmitir la sensación de monumentalidad a pesar de las reducidas dimensiones. Dos pilastras soportan un frontón curvo partido, en el centro del cual se abre una hornacina con la imagen de San José, diseñado por Lucas Valdés en 1716. A ambos lados, dos medallones ricamente enmarcados con los bustos de San Fernando y San Hermenegildo, y sobre la hornacina central, un tercer medallón con una representación de San Juan Bautista en edad juvenil.

A ambos lados de la puerta, dos hornacinas albergaban las imágenes de San Joaquín y otro santo, identificado como San Jasón o San Teodoro de Amasea. Para evitar daños, ambas se conservan en la actualidad en la sacristía de la iglesia, siendo sustituidas por dos imágenes realizadas en resina del escultor contemporáneo Jesús Curquejo Murillo. Una de ellas es copia del anterior San Joaquín, mientras que la otra es una tierna representación de Santa Ana con la Virgen niña.

La portada lateral puede datarse en la misma época que la principal y su elemento central es un hermoso relieve que representa los Desposorios de la Virgen y San José, atribuido al gran escultor dieciochesco Cristóbal Ramos. Sobre la moldura que enmarca esta escena, se posan graciosamente cuatro imágenes de gran calidad a pesar de su profundo deterioro. En un primer nivel, San Pedro (hoy sin cabeza) y San Pablo, y sobre la escena principal, dos figuras alegóricas que representan virtudes atribuidas a San José: la Mansedumbre, que sujeta un corderito, y la Castidad.

En el interior, la única nave del templo se cubre con bóveda de cañón que descansa sobre arcos fajones, y sobre el crucero se levanta una cúpula elíptica con linterna ciega. La profusa decoración escultórica y pictórica del templo hacen de la Capilla de San José una exquisita pequeña joya del barroco sevillano.

El retablo mayor fue diseñado por el escultor de origen portugués Cayetano de Acosta, una de las figuras artísticas más destacadas del siglo XVIII en la ciudad. Sobre el banco, el cuerpo principal se divide en tres calles mediante estípites, aunque la profusa decoración que recubre prácticamente cada centímetro hace difícil distinguir esta estructura. En la hornacina central se ubica el titular del templo, San José, en una escultura del círculo de Pedro Roldán. En las estípites que enmarcan esta hornacina se ubican las figuras de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, atribuidos a Pedro Duque Cornejo, otro de los grandes escultores del siglo XVIII sevillano.

Sobre el Sagrario, se ubica una imagen de la Inmaculada, y a ambos lados, en las calles laterales del retablo, encontramos a San Juan Bautista y San Juan Evangelista, bajo dos medallones con alto relieves de San Sebastián y San Roque.

En la parte superior del retablo, una serie de ángeles niños y jóvenes completan la composición, y en el centro del ático se sitúa la imagen de Dios Padre en actitud de bendecir.

A ambos lados del crucero se sitúan dos retablos, con la misma cronología que el principal y también con una profusa decoración. El de la derecha da acceso a la sacristía y el de la izquierda se haya presidido por un grupo escultórico con la Coronación de la Virgen.

En los lados de la nave, enmarcados bajo arcos de medio punto se sitúan otros dos retablos. Ambos se han datado en el siglo XVIII. El de la derecha tiene en su centro un hermoso conjunto con Los Desposorios de la Virgen sobre un interesante y clásico fondo arquitectónico, mientras que el de la izquierda está presidido por una imagen de Santa Ana.

Las pinturas que decoran las bóvedas y arcos se han datado en el último tercio del siglo XVIII, siglo al que pertenecen también los diversos lienzos sobre los muros del lienzo. Como excepción, encontramos una hermosa pintura del siglo XVII que representa el Descanso en la huída a Egipto. Es de un autor anónimo que parece seguir en el estilo la obra del italiano Paolo Veronese.

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