Iglesia de San Bartolomé Sevilla

IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ

La iglesia de San Bartolomé se asienta sobre uno de los lugares de la ciudad en los que está constatado el culto sucesivo como mezquita, sinagoga y templo cristiano a lo largo de la historia. Allí se asentó  originalmente una mezquita, que fue reconvertida en sinagoga cuando se creó la judería de Sevilla por orden de Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII. 

 

Tras el pogromo de 1391, la sinagoga aquí ubicada fue la única que subsistió, ya que las que se ubicaban en Santa María la Blanca y en la actual plaza de Santa Cruz pasaron a ser iglesias cristianas.

Al decretarse la expulsión de los judíos en 1492, esta sinagoga corrió la misma suerte y aquí se trasladó la parroquia de San Bartolomé desde un emplazamiento cercano que no conocemos con exactitud. 

El primitivo edificio estuvo utilizándose como templo cristiano durante varios siglos, hasta que en 1779, ante su estado ruinoso, se decidió su demolición y la construcción del templo que ha llegado hasta nuestros días. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre en Santa María la Blanca, nada queda en la actual iglesia de San Bartolomé de la sinagoga que ocupó este mismo lugar.

Las obras se extendieron hasta los primeros años del siglo XIX y estuvieron dirigidas por José Echamorro, arquitecto municipal del ayuntamiento de Sevilla. Se trata de un templo de estilo neoclásico, con planta de cruz latina, tres naves y capillas y dependencias laterales.

El acceso principal a la iglesia se hace mediante el lateral izquierdo, a través de una sencilla portada neoclásica, con pilastras toscanas sosteniendo un entablamento, con friso de metopas y triglifos y frontón triangular recto. Justo al otro lado del templo, en el lado de la epístola, se encuentra otra portada muy similar a la principal en la estructura pero hecha de ladrillo.

A los pies de lado izquierdo se sitúa la esbelta torre campanario. Dividida en dos cuerpos, sus elementos denotan también su carácter neoclásico, quizás enmascarado por sus colores albero y almagra, tan característicos de la arquitectura sevillana. El cuerpo de campanas lo cierran cuatro columnas jónicas en las esquinas. Se da la circunstancia de que este nivel de la torre es exactamente igual en el diseño a los que podemos encontrar en las torres de San Ildefonso, templo que se levantó por la misma época que el de San Bartolomé y bajo la dirección del mismo arquitecto.

Al contemplar la torre, salta a la vista que falta algún tipo de remate en su parte superior. Efectivamente, estuvo originalmente cubierta por una pequeña cúpula de perfil contracurvo, que sufrió derrumbamientos en dos ocasiones. En la última restauración de la torre se barajó su restitución pero finalmente se descartó por razones técnicas.

Ya en el interior del templo, el aire neoclásico se ve enfatizado por la ausencia de decoración y el color blanco de los muros y bóvedas. Las amplias naves se separan por arcos sobre pilares. La nave central, notablemente más alta, se cubre con bóveda de cañón con lunetos, que permiten la iluminación del templo mediante los ventanales que se abren a su altura. Por su parte, las naves laterales están cubiertas por bóvedas de arista.

A los pies del templo se encuentra el coro alto con su órgano, dispuesto sobre un gran arco de medio punto rebajado. 

Sobre el crucero, destaca la amplia cúpula gallonada, con un tambor octogonal en el que se abren cuatro ventanales que contribuyen a la sensación de claridad del templo. La cúpula se asienta sobre pechinas, en las que aparecen representados cuatro Doctores de la Iglesia: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. 

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado a principios del siglo XIX. Lo preside una imagen de San Bartolomé, titular del templo, acompañado a ambos lados por San Juan Nepomuceno y San Cayetano. Se trata de tallas barrocas de autor anónimo, datadas en el siglo XVII y por tanto anteriores al retablo. De la misma época es la imagen de la Virgen con el Niño que se ubica en el pequeño templete sobre el Sagrario. En el ático se ubica una teatral representación de la Trinidad flanqueada por ángeles.

A la izquierda del presbiterio, en la cabecera de la nave del evangelio, se ubica la Capilla de la Virgen de la Alegría, con un vistoso altar en plata de estilo neoclásico. La imagen de la Virgen que lo preside cuenta con una leyenda que hace remontar sus orígenes nada menos que al siglo II, aunque lo cierto es que ha sido atribuida al escultor del siglo XVI Roque Balduque. Fue profundamente remodelada en el siglo XVIII y en la actualidad cuenta con una gran devoción entre los vecinos del barrio. La flanquean en el altar las esculturas decimonónicas de sus padres, San Joaquín y Santa Ana. 

Al otro lado del presbiterio, en la cabecera de la nave de la epístola, se ubica la Capilla Sacramental, cerrada por una interesante reja de forja en la que resaltan las figuras en dorado. Es del siglo XVII y, por lo tanto, anterior a la iglesia. La capilla cuenta con un retablo de hacia 1650 que, de forma muy poco común en Sevilla, se encuentra sin dorar, por lo que muestra el oscuro color de su madera. También es poco común en Sevilla el estilo de la "Piedad" que encontramos en el centro. Es de autor anónimo y se ha datado en el siglo XVI, aunque claramente está influenciada en el estilo por modelos góticos del norte de Europa. La acompañan en el retablo las esculturas del siglo XVII que representan a San Franciso de Asís, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y San Antonio de Padua.

Entre los restantes retablos de la iglesia, se puede destacar el del Cristo de las Ánimas, en el lado derecho. Se trata de un retablo datado hacia 1740 estructurado mediante estípites, elemento muy característico de los retablos sevillanos del XVIII. El Crucificado que lo preside es una obra conmovedora y de gran calidad que representa a Cristo ya muerto en la Cruz. Fue realizado a finales del siglo XVI por Fernando de Uceda. 

A sus pies encontramos una Dolorosa realizada por Cristóbal Ramos en 1772. Al parecer, fue concebida originalmente para estar de rodillas, hasta que en el siglo XIX Juan de Astorga la reformó a su posición actual. Tradicionalmente se ha resaltado el parecido de esta imagen con la Virgen de la Estrella, a pesar de que la imagen de Triana es un siglo anterior. Esta circunstancia ha provocado que en ocasiones se la llame cariñosamente la "Estrellita" de San Bartolomé.

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