IGLESIA DE SAN ESTEBAN

La iglesia de San Esteban se ubica en el barrio de la Alfalfa, junto a que ha sido históricamente el principal eje de acceso a la ciudad desde el Este. Se trata de un templo gótico mudéjar construido en la segunda mitad del siglo XIV, aunque sus portadas exteriores son algo posteriores. Con el paso del tiempo, vinieron otras reformas y ampliaciones, como la construcción de la torre, que es ya del siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

Se trata de un templo de tres naves de tamaño irregular, ya que la central es más grande que las laterales y entre las laterales, la de la derecha es más estrecha que la de la izquierda. Tiene planta rectangular de la que sobresale el profundo testero irregular que alberga el presbiterio. También sobresalen de la planta, la capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, en el testero del lado derecho, y la capilla sacramental, junto a la nave izquierda.  

 

Exterior

Al exterior, la iglesia con dos portadas. La principal se abre a los pies de la iglesia hacia la calle Medinaceli y es un hermoso ejemplo de las portadas gótico mudéjares sevillanas. Está datada a principios del siglo XV y se la considera una de las de más calidad en este grupo. El vano es un arco ojival abocinado, con una arquivolta formada por ocho arquillos de tamaño decreciente. En las impostas se puede admirar una delicada decoración vegetal, en la que parecen distinguirse hojas de higuera y parra. El límite exterior de la arquivolta se decora con las clásicas puntas de diamante, elemento también muy característico del gótico sevillano.

Sobre la puerta se ubica un hermoso friso formado por una serie de columnas que sostienen una arquería decorada con la tradicional sebka, de tan profunda tradición en la ciudad al menos desde época almohade. Algo más arriba, dieciséis canecillos con forma de cabeza de león sostienen la cornisa superior. 

A ambos lados de la portada, sobre la línea de imposta, se ubican dos columnillas con capiteles decorados nuevamente con cabezas de león. Sobre la de la derecha encontramos a San Lorenzo, sosteniendo la parrilla símbolo de su martirio. A la izquierda se ubica San Esteban, el santo titular del templo, vestido con su dalmática de diácono. Por último, sobre la cúspide del arco se ubica una representación de Cristo como Salvador. Las tres pequeñas esculturas se disponen bajo doseletes, elemento enormemente habitual en la arquitectura gótica.

En el lado izquierdo, hacia la calle San Esteban, se abre una segunda portada, muy similar en su estructura a la anterior, pero más sencilla en su decoración. Sobre la cúspide de la arquivolta se abre una hornacina en la que encontramos de nuevo al santo al que se dedica la iglesia, esta vez en una escultura datada por una inscripción en 1618, siendo, por lo tanto, mucho posterior a la portada misma.

Una característica de esta portada muy conocida en el mundo cofrade sevillano es que las puntas de diamante decoran la arquivolta no solo en su parte exterior sino también en la interior. Esta circunstancia dificulta y añade emoción a la salida del paso de palio de la Virgen de los Desamparados cada Martes Santo.

También al exterior, destaca el robusto ábside en la cabecera del templo. Lo sujetan seis enormes contrafuertes entre las que se abren alargadas ventanas góticas. En la parte superior está coronado por almenas escalonadas, muy comunes en Sevilla desde la Edad Media.

Junto al ábside se ubica la torre campanario, una sencilla estructura de planta cuadrada añadida en el siglo XVIII. En el último cuerpo presenta decoración neoclásica, con pilastras enmarcando los vanos de medio punto que albergan las campanas. Remata el conjunto un chapitel hexagonal decorado con azulejería en azul y blanco. 

Interior

Ya en el interior del templo, lo primero que llama la atención es que los muros carecen de cualquier tipo de enfoscado o revestimiento, por lo que el ladrillo, que fue el material básico en la construcción de la iglesia, es visible por doquier. 

Las naves se dividen mediante airosos arcos ojivales sostenidos por pilares cruciformes. En la nave central sostienen un interesante artesonado mudéjar de tres paños, probablemente del siglo XV. En cambio, las naves laterales se cubren con bóvedas de colgadizo.

El área del presbiterio está singularizada al cubrirse con una bóveda pétrea de nervadura gótica. Esta diferenciación de sistemas de cubrición fue muy habitual en las iglesias de la época y aún en las de los siglos posteriores.

A los pies de la iglesia, sobre el cancel de entrada, se sitúa un coro alto conformado por una estructura realizada completamente en madera.

Retablo mayor

Se trata de un retablo barroco encargado a Luis de Figueroa en 1629. Cuenta con dos cuerpos y ático, divididos en tres calles. Tiene la particularidad de que está decorado completamente con pinturas y no con esculturas, como suele ser habitual en Sevilla. 

Las pinturas de la calle central están atribuidas a los hermanos Miguel y Francisco Polanco. De abajo a arriba encontramos: “La lapidación del protomártir San Esteban”, “La adoración de los pastores” y un “Cristo crucificado”. 

Las pinturas de las calles laterales son de Francisco de Zurbarán, pintor extremeño que desarrolló su carrera en Sevilla y que es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca en España. En la calle izquierda, de abajo a arriba, se sitúan San Pedro, San Hermenegildo y la Dolorosa. En la calle de la derecha, San Pablo, San Fernando y San Juan Evangelista.

En el banco se ubican otras dos pinturas, de menor tamaño, cuya autoría no está clara. A la izquierda se sitúa “La visión de los animales impuros de San Pedro” y a la derecha “La conversión de San Pablo”.

En el área del presbiterio, se puede destacar también el altar, ya que en su parte frontal se encuentra decorado por un alicatado mudéjar que fue hallado en la iglesia. Presenta decoración geométrica con la clásica “sebka” como motivo.

Haciendo un recorrido por el resto de la iglesia, desde un punto de vista artístico, se pueden destacar los siguientes elementos:

En el muro derecho o de la Epístola:

- A los pies se sitúa un pequeño retablo dedicado a “Santa Ana enseñando a leer a la Virgen”, conjunto anónimo del siglo XIX. En el ático se encuentra una pequeña imagen de vestir de la Virgen del Carmen. 

- Muy cerca se ubica un cuadro del siglo XVII reproduciendo a la Virgen de la Antigua, original del siglo XIV que se conserva en la Catedral. Este tipo de cuadros, hechos en distintas épocas, se encuentran con frecuencia en las iglesias sevillanas, reflejo de la gran devoción popular que despertó siempre la Virgen de la Antigua en la ciudad.

- Retablo de la Virgen de los Desamparados, hermosa dolorosa de vestir realizada en 1923 por Manuel Galiano, que es titular de la Hermandad de San Esteban. El retablo es de estilo neobarroco y fue estrenado en 2022, tallado por Pedro Benítez Carrión y dorado por Enrique Castellanos. 

- Capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, ubicada en el testero de la nave de la Epístola. Se trata de una pequeña capilla de planta cuadrada, cubierta por bóveda de arista. Un pequeño retablo acoge la imagen del Cristo, que recibe culto en este lugar al menos desde el siglo XVIII. El Señor aparece sentado con los atributos característicos de un Ecce Homo: corona de espinas, manto púrpura y caña como cetro real. La obra está compuesta por un busto original en barro cocido del siglo XVI, al que se añadió el cuerpo en madera policromada en el siglo XVIII. 

En el lado exterior de la capilla se abre una pequeña ventana, por lo que el Cristo se ve desde la calle, circunstancia que está relacionada con la advocación del Cristo. Hay que tener en cuenta que la iglesia se encuentra junto al eje de las calles Águilas y San Esteban, que era la vía más directa para dejar la ciudad en dirección al Este, a Andalucía oriental. Por lo visto, era común que los viajeros se pararan unos instantes a rezar ante el Cristo solicitando su protección en sus desplazamientos. Es por esto por lo que se pensó en “Salud y Buen Viaje” cuando se decidió sobre la advocación de la imagen, al fundarse la hermandad de San Esteban en torno a ella en 1926. 

En la nave del Evangelio (izquierda):

- En el testero de la nave izquierda se sitúa el retablo neobarroco con la imagen de Nuestra Señora de la Luz, una talla de vestir anónima, del siglo XVIII, que es titular de su propia hermandad. En las calles laterales se sitúan San Lorenzo y San Esteban, mientras que en el ático encontramos a “San Miguel matando al dragón”.

- Capilla sacramental, ubicada junto a la nave izquierda o del Evangelio. Se accede a ella a través de una puerta custodiada por una reja de madera de la segunda mitad del XVII. Este tipo de rejas fueron bastante comunes, pero su conservación es obviamente mucho más problemática que en el caso de las metálicas. La entrada está enmarcada por una portada neobarroca, con una hornacina sobre el vano en la que se ubica un lienzo que representa a San Pedro de Ribera, nacido en la feligresía de esta parroquia. Lo realizó el pintor sevillano Alfonso Grosso hacia 1960.

Al interior, la capilla presenta planta cuadrada y está cubierta por una cúpula rebajada, asentada sobre pechinas. Destaca la exuberante decoración pictórica y de yeserías, de estilo similar a las que se pueden encontrar en Santa María la Blanca, por lo que ha relacionado su autoría con los hermanos Borja. También es muy llamativo el espléndido zócalo de azulejos, datado en el siglo XVIII y en el que se disponen unos curiosos motivos geométricos. Se trata de un ejemplar bastante notable en el contexto de la azulejería sevillana.

El retablo de la capilla alberga una Inmaculada en su hornacina central, mientras que podemos encontrar a San José y a San Juan Bautista en las laterales. El retablo y tallas son también del siglo XVII.

En un lateral de la capilla se ubica una pequeña escultura en madera policromada del Sagrado Corazón de Jesús. Al parecer se trata de una obra de juventud de Sebastián Santos Rojas, uno de los más notables imagineros del siglo XX en Sevilla.

- En el muro junto al acceso a la capilla se puede contemplar un lienzo con “La decapitación de San Juan Bautista”, es del siglo XVII y de autor anónimo, aunque se ha señalado su posible procedencia italiana.

- Por último, a los pies de la nave, se encuentra un retablo rococó de hacia 1780 dedicado a San José, que es representado con el Niño en la hornacina central. Lo acompañan San Antonio de Padua y San Bartolomé en las calles laterales, y San Blas en el ático.

FUENTE DE LA GLORIETA DE SAN DIEGO

En la glorieta de San Diego, en el extremo norte del Parque de María Luisa, se conserva una estructura en forma de arco de triunfo con tres vanos que albergan las figuras alegóricas de España, en el centro, y de la ciudad de Sevilla en su dimensión material y espiritual, a ambos lados. Las esculturas fueron realizadas por Enrique Pérez Comendador y Manuel Delgado Brackenbury. En la parte central del zócalo se ubica una fuente, cuyo surtidor, bajo el pedestal de la escultura central, es un personaje barbado que arroja el agua por la boca.

Era el eje central de la principal entrada al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929 y fue diseñado por el arquitecto Vicente Través. La entrada contaba en realidad con cuatro puertas, que daban a las avenidas de Portugal y de Isabel la Católica a la izquierda, y a la avenida de María Luisa y hacia el Pabellón de Sevilla a la derecha.

Este arco triunfal se concibió como el centro de la entrada monumental al recinto de la exposición. De esta manera, se colocaron las mencionadas alegorías de España y de Sevilla, simbolizando de alguna manera la bienvenida ofrecida por la ciudad y la nación en su conjunto. 

Para la realización de las esculturas laterales se eligió Enrique Pérez Comendador, un joven escultor cacereño que por entonces apenas contaba con 28 años. La obra de este escultor fue bastante prolífica durante toda su vida, especializado sobre todo en monumentos públicos, ya que su estilo encajaba muy bien con la finalidad de ensalzar a los personajes representados, al conjugar un realismo de formas muy clásicas con la simplificación de los volúmenes y una renuncia al detalle, que se consideraba que eran propios del estilo “moderno”. Fue siempre bastante fiel a los dictámenes académicos del momento en la ejecución de sus obras y mostró una especial habilidad para desarrollar temas alegóricos y de engrandecimiento de personajes heroicos, tan del gusto del arte oficial durante el franquismo. 

El artista llamó a las dos esculturas “La riqueza espiritual y material de Sevilla”, aunque fueron rebautizadas en un artículo escrito por el poeta Alejandro Collantes de Terán como “El cielo y la tierra de Sevilla”. Se trata de dos figuras femeninas de claras reminiscencias clásicas, vestidas con unas túnicas que muestran de manera muy clara el efecto de paños mojados, por lo que las rotundas formas de los cuerpos son perfectamente visibles.

La figura situada a la izquierda del espectador es la riqueza material de Sevilla. Sus formas son más redondeadas y tiene más soltura en su postura. Sostiene elevada una naranja en su mano derecha y en la izquierda sujeta un racimo de uvas y un manojo de espigas de trigo, como símbolos de la fertilidad de la tierra. Su rostro tiene una expresión entre pícara y amable, enmarcado por una cabellera semirecogida con un cierto aire andaluz, como muestran los mechones sueltos que forman caracolillos en torno a la cara.

La otra figura es la que representa la riqueza espiritual de Sevilla. Su principal atributo es una pequeña Inmaculada de rasgos montañesinos que sujeta en su mano derecha. Con ella se hace referencia a la férrea defensa que la ciudad hizo siempre del dogma de la Inmaculada Concepción y en general a su su profundo carácter mariano. En este caso, la figura alegórica muestra una postura algo forzada, con rasgos más rígidos y menos naturalismo, probablemente buscando una mayor solemnidad. En el rostro recuerda a las esculturas del período arcaico del arte griego, por la falta de expresividad y por esa característica media sonrisa congelada. Aunque también deja ver algunos caracolillos de pelo en torno a la frente, la mayor parte de la cabellera aparece cubierta, seguramente como signo de respeto ante la imagen que porta y lo que simboliza.

Ambas imágenes flanquean una majestuosa alegoría de España, obra del escultor sevillano Manuel Delgado Brackenbury. Sus rasgos son más naturalistas y clásicos que en las de Pérez Comendador, aunque ambos coinciden en el uso de algunos recursos estilísticos, como el uso de la técnica de los paños mojados para dejar entrever las formas del cuerpo. La figura aparece de pie, con una pierna levemente adelantada, en una postura que le aporta gran solemnidad. Viste una túnica ceñida bajo el pecho y sobre su cabellera recogida porta una corona real abierta, símbolo de la monarquía española. Apoya su brazo derecho sobre un gran escudo de España y el derecho sobre un león, que posa a su vez su pata sobre un globo terráqueo, símbolo de la soberanía española. Hay que recordar que el león y no el toro ha sido el animal que más ha simbolizado a nuestro país a lo largo de su historia, apareciendo profusamente desde la Edad Media en multitud de soportes, como monedas, representaciones pictóricas o elementos arquitectónicos. 

 

En detalle: El Cielo y la Tierra de Sevilla

CONVENTO DE SAN LEANDRO

El convento de San Leandro es un convento de religiosas agustinas que ocupa un amplio sector del barrio de la Alfalfa, lugar en el que se asientan desde el siglo XIV. Es célebre entre los sevillanos por la labor repostera de sus monjas, que preparan las codiciadas yemas de San Leandro. El conjunto conventual posee un gran número de dependencias, con varios claustros y una estructura muy compleja. Sin embargo, su magnífica iglesia es el único elemento visitable de forma habitual, por lo que nos centraremos en su análisis.

Historia

La orden de los agustinos llegó a Sevilla a finales del siglo XIII e inicialmente se asentaron en unos terrenos extramuros de la ciudad, cercanos a la Puerta de Córdoba. Al parecer, se trataba de una zona bastante insalubre y de gran inseguridad, llegando a ser citada como “Degolladero de Cristianos”. 

Un siglo más tarde, el rey Pedro I facilitó el traslado de la orden a unas dependencias en la actual calle Melgarejos (1367). Pero el nuevo emplazamiento tampoco reunía las condiciones necesarias y desde ahí se trasladaron al lugar que hoy ocupan tan solo unos años más tarde.

El convento contó inicialmente con una iglesia, probablemente un templo gótico mudéjar, pero a finales del siglo XVI se decidió su sustitución y se empezó a construir la actual. Francisco Pacheco, el insigne suegro de Velázquez, afirmaba que el diseño del nuevo edificio correspondió a Juan de Oviedo. Sin embargo, documentalmente solo se ha podido constatar la participación en el proyecto de Asensio de Maeda como arquitecto y de Juan de los Reyes y Juan Miguel, como maestros albañiles.

 

DESCRIPCIÓN

El templo es una clásica “iglesia de cajón”, el tipo más habitual en los conventos sevillanos. Consta de planta rectangular, con una sola nave y coro alto y bajo a los pies. 

 

Exterior

El convento tiene dos portadas al exterior. La primera se ubica en la plaza de San Ildefonso y da acceso a la clausura. Tiene una sencilla forma manierista, con una entrada adintelada enmarcada por pilastras. Estas sostienen un frontón partido con una hornacina en el centro que alberga una pequeña escultura en terracota de San Agustín. Esta es la entrada por la que generalmente se despachan las famosas yemas de San Leandro.

Junto a la portada se ubica desde 2002 una pequeña placa de mármol en la que se lee el fragmento de un poema en prosa de Luis Cernuda. Está extraído de su libro “Ocnos” y parece hacer alusión a este convento: "Por la Galería tras de llamar discretamente al torno del convento, sonaba una voz femenina cascada como una esquila vieja: ‘Deo gratias’ decía. ‘A Dios sean dadas’, respondíamos. Y las yemas de huevo hilado..."

En la cercana Plaza de San Leandro se abre la portada que da acceso a la iglesia a través de su muro izquierdo. Es muy similar a la anterior, pero en este caso el vano es un arco de medio punto y la hornacina superior alberga un corazón en llamas, símbolo de la orden de los agustinos.

Unos metros a la derecha se ubica un retablo cerámico en el que se presenta a Santa Rita de Casia. Esta santa fue en vida una monja italiana de la orden de los agustinos que vivió a finales de la Edad Media. Se la suele representar con una pequeña herida en la frente, ya que según la tradición tenía un estigma que rememoraba la corona de espinas de Cristo y que se le volvía a abrir milagrosamente cada noche. Hoy es una de las santas más populares en el mundo católico y es conocida como intercesora en las causas imposibles.

El azulejo que encontramos en nuestro convento se realizó en la década de 1950 en la fábrica de Santa Ana de Triana, aunque se desconoce su autor.

Interior

Se accede a la iglesia a través de un espléndido cancel ricamente decorado con decoración escultórica del gusto barroco. Al entrar, encontramos que la nave está dividida en cuatro tramos a través de pilastras adosadas a los muros. Entre ellas se ubican los distintos retablos laterales de la iglesia. Un gran arco toral sirve para separar el área del presbiterio en la cabecera, mientras que a los pies, un muro en el que se abre un gran vano enrejado, sirve para separar la zona del coro, reservada a la clausura.

La cubrición de la nave se hace mediante bóveda de cañón con lunetos, divididas en tramos por arcos fajones. El área del presbiterio se cubre por una cúpula semiesférica que es solo visible desde el interior. 

Nave principal dividida en cuatro tramos por arcos fajones y cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Crucero cubierto por una cúpula semiesférica decorada con pinturas geométricas y solo visible desde el interior.

La decoración pictórica en los muros no es muy abundante. La encontramos sobre todo en los muros del presbiterio y en la cúpula, donde se aprecian motivos geométricos muy propios del manierismo. En el centro de cada uno de los tramos de la bóveda se disponen una especie de rosetones a modo de estalactitas. Están enmarcados por unas molduras que también forman curiosos motivos geométricos.

Retablo mayor

El retablo barroco actual se construyó a mediados del siglo XVIII en sustitución de uno anterior realizado en el siglo XVI en estilo manierista. El anterior poseía decoración escultórica de Jerónimo Hernández y, de hecho, se conservan algunos de los antiguos relieves en el actual.

Este se ha atribuido generalmente a Pedro Duque Cornejo y a Felipe Hernández y posee algunas características que lo particularizan. Por ejemplo, es bastante alto en comparación con la mayor parte de retablos sevillanos y está muy compartimentado, hecho que tampoco suele ser común en retablos mayores. Quizás el rasgo más original sea que no está dorado, sino que se halla revestido en tonos claros.

Está dividido horizontalmente en dos cuerpos y ático, que se dividen a su vez verticalmente en tres calles. Para separarlas se utilizan diversos tipos de columnas, como las estípites o las columnas compuestas, todas ellas con los fustes profusamente decorados.

En el primer cuerpo, la hornacina alberga una imagen contemporánea del Sagrado Corazón de Jesús, que al parecer es la primera de este tipo que recibió culto en Sevilla. A ambos lados, dos bellas esculturas representan a Santa Bárbara y a Santa Teresa, que aparece como Doctora de la Iglesia.

La hornacina central del segundo cuerpo alberga al titular del templo, San Leandro. Fue obispo de Sevilla a finales del siglo VI, en tiempos de los visigodos. De hecho, jugó un papel importante en la conversión de estos del arrianismo al catolicismo. Fue hermano del también obispo sevillano San Isidoro, probablemente la personalidad más destacada de este período histórico en la península. 

Dos escenas representadas en relieve ocupan las calles laterales, probablemente obras de Jerónimo Hernández provenientes del retablo anterior. A la izquierda tenemos “La adoración de los Magos” y el “Bautismo de Cristo”, y a la derecha vemos a San Agustín y “La flagelación”.

En el centro del ático se ubica un interesante conjunto escultórico conjunto escultórico,  con San Agustín arrodillado en el centro y, tras él, Cristo, la Virgen y el Espíritu Santo lo observan desde el Cielo. Corona el conjunto, sobre el retablo, una representación de Dios Padre en actitud de bendecir, rodeado de ángeles. En las calles laterales encontramos dos relieves también provenientes del anterior: “La Asunción de la Virgen” y “La Oración en el Huerto”.

Además del retablo mayor, la iglesia posee una serie de retablos que se adosan a los muros laterales, algunos de ellos con un enorme interés artístico.

Retablos del lado derecho:

- Junto al presbiterio, una pequeña capilla alberga un sencillo retablo neoclásico del siglo XIX. Alberga una pequeña imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente de la misma época que el retablo.

- A continuación encontramos el retablo de San Agustín, realizado por Felipe de Ribas hacia 1650. Tiene una estructura muy clásica, similar a la habitual en los retablos de Martínez Montañés, con dos cuerpos, ático y tres calles. En centro del primer cuerpo se ubica San Agustín, con atributos episcopales, ya que fue obispo de Hipona, y sosteniendo la maqueta de una iglesia, que alude a su consideración como uno de los cuatro padres de la Iglesia. A sus lados aparecen Santo Tomás de Villanueva y San Nicolás de Tolentino. En el centro del segundo cuerpo, un relieve representa a San Agustín y Santa Mónica en el puerto de Ostia. En las calles laterales aparecen Santa Clara de Montefalco y Santa Rita de Casia. Finalmente, en el ático encontramos a la Virgen con el Niño flanqueada por las alegorías de la Fe y la Esperanza.

- Retablo de San Juan Evangelista. Se ubica justo enfrente del dedicado a San Juan Bautista, siguiendo una tradición muy habitual en los conventos sevillanos, que solían ubicar enfrentados a ambos lados de la nave los retablos dedicados a los “santos juanes”. Este retablo del Evangelista es una obra de Martínez Montañés y su taller, concluida en 1632. En el centro del primer cuerpo encontramos un magnífico relieve con la representación de San Juan en Patmos, donde el apóstol redactó el Apocalipsis según la tradición. Se considera que este relieve es la única obra personal de Martínez Montañés, siendo el resto del retablo obra de su taller. Sobre él, una pequeña hornacina alberga otro relieve con la representación del martirio de Juan, siguiendo el relato de Tertuliano en su “De praescriptione haereticorum XXXVI”, según el cual el santo fue arrojado a una caldera de aceite hirviendo pero resultó milagrosamente ileso. El relieve es obra de Francisco de Ocampo, que estuvo de aprendiz en el taller de Martínez Montañés. En el centro del segundo cuerpo se sitúa una Virgen con el Niño que tiene la advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo. En las calles laterales la flanquean Santiago el Menor y Santa María Cleofás.

- Retablo de la Virgen de la Consolación y Correa. Se trata de un sencillo retablo neoclásico que alberga en su hornacina central una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Sebastián Santos Rojas en 1932. Esta curiosa advocación, “Consolación y Correa”, está ligada de forma legendaria a la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín. Al parecer, la santa estaba atravesando momentos de gran desconsuelo debido a la vida pecaminosa de su hijo Agustín, a lo que se unió la muerte de su marido. Cierto día estaba absorta en una meditación cuando se la apareció la Virgen, ceñida con una correa, y le dijo: “Mónica, hija mía, este es el traje que vestí cuando estaba con los hombres, después de la muerte de mi hijo. El mismo vestido llevarás tú en señal de tu devoción hacia mí”. La Virgen con esta advocación es considerada hoy la patrona de los agustinos. En dos pequeñas peanas laterales se ubican dos tallas contemporáneas de San Francisco de Paula y San Juan de Sahagún.

Retablos del muro del Evangelio:

- Retablo de Santa Rita de Casia. Se trata de un sencillo retablo neoclásico con una imagen de vestir del siglo XIX como titular. Santa Rita cuenta con una gran popularidad entre los feligreses, vinculada a su consideración popular como abogada en las causas imposibles. En el banco del retablo se ubica una pintura, también del siglo XIX, que representa de nuevo el pasaje de “La Virgen entregando el cíngulo a Santa Mónica”.

- Retablo de San Juan Bautista, contratado a Martínez Montañés en 1621, aunque la mayor parte de las esculturas son obra de su taller y no del maestro personalmente. De nuevo encontramos la clásica estructura de los retablos montañesinos. En la hornacina central del primer cuerpo vemos un espléndido relieve que muestra al Bautista arrodillado y señalando al Cordero de Dios que aparece en la esquina superior derecha sobre una nube. Hace alusión a la célebre frase pronunciada por Juan al ver a Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. De acuerdo con su calidad y características, esta parte del retablo es considerada obra personal de Martínez Montañés. A ambos lados encontramos a la Virgen María y a San José.

Sobre el relieve del Bautista, dos ángeles sostienen la magistral representación de la cabeza del santo, considerada también salida de la gubia del maestro. En el centro del segundo cuerpo encontramos un Bautismo de Cristo, con una composición muy similar a la que podemos encontrar en el retablo con el mismo tema y taller que se encuentra en la iglesia de la Anunciación. A la izquierda se sitúa Santa Isabel y a la derecha su marido Zacarías. En el ático, la cruz de Malta o de la Orden de San Juan de Jerusalén hace referencia a la advocación del retablo.

- Ya junto al presbiterio se sitúa un interesante retablo barroco realizado por José Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII. Acogió durante mucho tiempo la imagen de Santa Rita, pero hoy alberga en su hornacina central una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente también del XVIII. En las calles laterales encontramos a San Antonio de Padua y a San Fernando. Destaca un expresivo y hermoso Jesús Nazareno en el ático, que parece a punto de caer exhausto por el peso de la cruz.

📷   * : Wikimedia Commons  │   º : Leyendas de Sevilla

MONUMENTO AL CID CAMPEADOR

Situado en el centro de la Avenida del Cid, se trata de una estatua ecuestre obra de la artista americana Anne Hyatt Vaugh. Fue un regalo de la Hispanic Society neoyorquina a la ciudad de Sevilla con motivo de la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. De hecho, se decidió colocarla justo enfrente a lo que fue la entrada principal del recinto, entre el Pabellón de Portugal y la antigua Fábrica de Tabacos.

Su autora se destacó sobre todo por la escultura monumental en bronce, representando con frecuencia a personajes históricos y especializándose sobre todo en la recreación de animales. En este terreno alcanzó una gran maestría, sobre todo con la figura del caballo, de la que Huntington era una auténtica enamorada.

Estas cualidades quedan claras en el ejemplar de su estatua para Sevilla. El caballo del Cid es representado con un gran realismo anatómico y transmitiendo una fuerte sensación de movimiento, que dota a toda la obra de un gran dinamismo que no le resta solemnidad. 

A este dinamismo contribuye la postura de la figura de Rodrigo, girada hacia un lado con respecto al eje del caballo. Viste malla de guerrero y alza un brazo sosteniendo una lanza, en actitud de arengar a las tropas. En el otro brazo porta un escudo y su espada.

Se trata de un magnífico ejemplo de la escultura ecuestre del siglo XX, que contó desde el principio con el reconocimiento y la admiración tanto de los sevillanos como de los círculos artísticos de la época. El boceto original de la obra se realizó el mismo año de 1927 y se encuentra hoy en los Brookgreen Gardens en Carolina del Sur. El éxito del monumento sevillano hizo que se realizaran diversas copias que se hallan repartidas por varios puntos de la geografía española y americana, como Nueva York, Buenos Aires, San Francisco o Valencia.

El Cid es el apelativo con el que se conoció a Rodrigo Díaz de Vivar, un caballero castellano que vivió durante el siglo XI y que acabó siendo uno de los personajes más célebres de la Edad Media española. Fue primero vasallo del rey Sancho II y, tras la muerte de éste, de su hermano, Alfonso VI. 

Por orden de este rey, el Cid viajó a Sevilla en 1079 para cobrar las parias al rey Al Mutamid. Durante la estancia de Rodrigo en Sevilla, el reino sufrió un ataque por orden del rey granadino Abdalá ibn Buluggin. El Campeador colaboró con Al Mutamid en su lucha contra los granadinos, que fueron derrotados en la batalla de Cabra. A este hecho se hace alusión en la inscripción que se encuentra en el pedestal del monumento: “Sevilla, morada y corte del Rey poeta Motamid, hospedó a Mio Cid, embajador de Alfonso VI, y le vio volver victorioso del Rey de Granada”. Al  otro lado del pedestal puede leerse: “El Campeador, firme calamidad para el Islam, fue por la viril firmeza de su carácter y por su heroica energía, uno de los grandes milagros del Creador. Ben Bassam.”

En detalle : El Cid en Sevilla

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO

La iglesia de San Ildefonso es un imponente templo neoclásico que se levanta justo frente al convento de San Leandro, en el barrio de la Alfalfa. Su construcción se inició a finales del siglo XVIII y, desde el exterior, es una de las iglesias más llamativas de Sevilla por diversas razones. En primer lugar, son muy escasas las iglesias neoclásicas en la ciudad. Además, posee dos altas torres gemelas que flanquean su entrada y está cubierta completamente por los colores por antonomasia de Sevilla: el albero y la almagra.

Historia

El templo actual comenzó a construirse a finales del siglo XVIII, en sustitución de uno anterior que quedó maltrecho tras el Terremoto de Lisboa en 1755. Nos consta que San Ildefonso fue una de las 24 parroquias en las que quedó dividida la ciudad tras la conquista cristiana, por lo que es muy probable que el templo anterior fuera una construcción medieval, probablemente del estilo gótico mudéjar tan característico en Sevilla.

Sin embargo, existe una tradición que trata de remontar los orígenes de la parroquia a tiempos visigodos. Se basa en una supuesta lápida sepulcral que se conservaba en la antigua iglesia y que hacía alusión a un presbítero llamado Saturnino que habría sido enterrado en este lugar en el 657. Diego Ortiz de Zúñiga, célebre historiador sevillano del siglo XVII, lo describe así en el Libro II de sus famosos “Anales eclesiásticos y seculares”:

"...aun de primitiva Iglesia de Cristianos tiene singulares señas la Parroquia de San Ildefonso, atestiguadas con la piedra del sepulcro de San Saturnino, que dentro de ella se hallaba hasta el año 1649, que en la peste que padeció esta ciudad con la fuga de abrir sepulturas, se perdió o soterró. Viola allí Ambrosio de Morales, Don Pablo de Espinosa y otros, cuyo epitafio decía: (…) Saturnino, Presbítero, siervo de Dios, vivió, poco más o menos, 53 años. Partió de esta vida en paz en el día 2 de los Idus de Noviembre (es el día 12) en la Era de 657, que es año de Cristo de 619. Llámalo la piedad San Saturnino; pero el epitafio solo lo advierte sacerdote cristiano, contemporáneo de nuestro Arzobispo y Patrón San Isidoro. Estaba esta sepultura delante de un altar de nuestra Señora, cuya efigie en pintura muestra grande antigüedad, intitulada del Coral, y venerada con profunda devoción." 

Es de destacar la mención a la Virgen del Coral, una pintura mural que afortunadamente se conserva aún hoy en la iglesia. Fueron también frecuentes los intentos por remontar el origen de esta venerada imagen a tiempos preislámicos, aunque en la actualidad se tiene por segura su datación hacia el siglo XIV, más o menos coetánea a la Virgen de la Antigua.

En cualquier caso, las obras para la construcción del templo del que tratamos hoy se iniciaron en 1794 bajo la dirección de José de Echamorro y de acuerdo con el proyecto neoclásico de Julián Barcenilla. La monumentalidad del edificio hizo que las obras se prolongaran durante casi cincuenta años. La iglesia se inauguró en 1816, pero solo con la nave izquierda concluida, por lo que se oficiaba en un altar presidido por la Virgen del Coral. La terminación completa de la iglesia no tendría lugar hasta 1841.

 

DESCRIPCIÓN

Como hemos apuntado en la introducción, la iglesia de San Ildefonso es un templo neoclásico que se ajusta perfectamente a la tendencia estética academicista imperante en el país desde el siglo XVIII y durante el XIX. Cuenta con planta rectangular, dividida en tres naves, con la central y el crucero más anchos. De la planta sobresale un profundo presbiterio semicircular en la cabecera y dos grandes torres de planta cuadrada a los pies.

 

Exterior

Posiblemente lo primero que llama la atención desde el exterior son los brillantes colores albero y almagra con los que está pintada la iglesia. En la fachada principal destacan las dos torres que se adelantan con respecto a la línea de la portada, creando un pequeño atrio frente a la entrada principal. 

Las torres son de una gran altura y cuentan con cuatro cuerpos de tamaño decreciente. Los dos primeros son de planta cuadrada, el tercero de planta octogonal y el último es circular. Están decoradas con elementos de piedra blanca que destacan sobre el fondo albero y almagra, como las columnas, las balaustradas y los jarrones. 

La portada cuenta con dos cuerpos y una estructura muy clásica. El primero, enmarcado por pares columnas jónicas, acoge el arco escarzano que constituye la entrada principal. Sobre ella, una hornacina acoge una pequeña escultura pétrea de San Ildefonso, enmarcada también por columnas a los lados, en este caso de estilo compuesto. Remata la hornacina un frontón curvo en el centro del cual se representa el escudo episcopal del santo titular.

En el lado izquierdo, en la calle Rodríguez Marín, se abre una segunda portada de acceso al templo, de características similares a la anterior pero más sencilla. En este caso, dos pares de sencillas columnas toscanas enmarcan la entrada. Sirven también para sostener el entablamento sobre el que se ubica una sencilla hornacina rematada por frontón triangular. 

En esta hornacina vemos a dos angelitos sosteniendo una inscripción en mármol en la que se lee: “O ILDEPHONSE PER TE VIVIT DOMINA MEA QUE COELI CULMINA TENET”. Se trata de una frase que la tradición atribuye a Santa Leocadia. Al parecer, cierto día se encontraba el obispo Ildefonso rezando ante el sepulcro de la santa, cuando está se le apareció y pronunció la frase que se puede traducir como “Oh Ildefonso, mi Señora, quien sostiene las cumbres del cielo, vive a través de ti”. De esta forma, la aparición reconocía la importante labor de San Ildefonso como defensor de la Virgen María y promotor de la devoción hacia ella.

A la derecha de esta portada lateral, una moldura de estructura clásica pero de decoración barroca alberga el retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli. Se trata de una imagen de gran devoción que se venera en el interior del templo y de la que hablaremos más adelante. El azulejo lo realizó el gran pintor ceramista Antonio Kierman Flores en la trianera fábrica de Santa Ana (1955).

Interior

Al interior, la iglesia se encuentra dividida en tres naves por ocho pilares cruciformes. En la nave central y en la del crucero, las bóvedas son de cañón con lunetos y cuentan con arcos fajones. En las naves laterales, algo más estrechas, están cubiertas por bóveda de arista, excepto en las capillas que se encuentran a la cabecera de cada nave, que están cubiertas por bóvedas semiesféricas. Sobre el crucero se dispone una gran cúpula, levantada sobre un elevado tambor circular y rematada por una linterna. Tanto el tambor como la linterna cuentan con vanos semicirculares que le aportan luminosidad al interior.

El área del presbiterio es bastante singular en el contexto de las iglesias sevillanas, ya que no cuenta con retablo, siguiendo los dictados de la estética academicista a la que se ciñe el templo. En su lugar, encontramos un templete de estilo clásico realizado por José Barrado en 1841. Seis columnas de jaspe negro sostienen una cúpula semiesférica sobre la que se ubica una pequeña alegoría pétrea de la Fe. El templete alberga una clásica Inmaculada del siglo XVIII de autor desconocido.

Sobre el arco toral que enmarca el presbiterio, se encuentran tres hornacinas entre columnas corintias que albergan las esculturas de San Ildefonso, en el medio, flanqueado a los lados por San Pedro y San Pablo. Se trata de unas tallas realizadas por Felipe de Ribas hacia 1637 que pertenecían al retablo de la iglesia anterior a la actual. Juan de Astorga las intervino en el siglo XIX para adaptarlas al nuevo templo, con lo que alteró por completo su policromía barroca original.

Los retablos de la iglesia son todos del siglo XIX, acordes con la estética neoclásica imperante en la época y sin demasiado interés artístico. Sin embargo, la iglesia posee una serie que sería necesario destacar por su interés artístico e histórico.

En el lado de la Epístola (a la derecha):

- Relieve de las “Dos Trinidades”, realizado por Martínez Montañés hacia 1609. Se encuentra en la Capilla Bautismal, a los pies de la nave de la Epístola (derecha). Se trata de un precioso relieve en el que el maestro aúna la representación de la Trinidad formada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con esa otra trinidad que formarían el propio Jesús, junto con San José y la Virgen María. La Sagrada Familia se ubica en un plano inferior, y sobre ellos el Espíritu Santo y Dios Padre. En el centro, la figura de Jesús, todavía niño y delante de una Cruz, sirve de unión y nexo entre los dos planos.

- Conjunto escultórico de “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”, en una de las capillas del lado derecho. Se ha datado en el siglo XVIII y probablemente sea de Cristóbal Ramos.

- La Virgen de la Soledad preside otro de los retablos del lado derecho. Se trata de una magnífica dolorosa de vestir realizada hacia 1844 por Juan de Astorga, probablemente el escultor más destacado del siglo XIX en Sevilla.

- Conjunto escultórico de “La entrega de la casulla a San Ildefonso”, que se ubica en un retablo marmóreo en la cabecera de la nave. Se trata de un grupo bastante interesante datado a finales del XVIII o en el XIX, pero del que se desconoce la autoría.

En la nave del Evangelio (lado izquierdo):

- A los pies de la nave, junto a la entrada, una vitrina a modo de templete acoge una hermosa Piedad de pequeño formato. Se trata de una imagen del siglo XVIII, con toda probabilidad obra del escultor Cristóbal Ramos.

- También en el lado del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen de los Reyes, también llamada “de los Sastres”, por ser este gremio el que encargó originalmente la imagen. Tradicionalmente se ha considerado a la imagen como de las llamadas “fernandinas”, es decir, original de los primeros tiempos tras la conquista cristiana (siglo XIII). Hoy se tiende a pensar que la imagen es obra del siglo XVI, con notables transformaciones barrocas, como el propio Niño, que se añadió en el XVII. 

La imagen es titular de la Hermandad de los Sastres, que tiene su origen en el antiguo hospital de San Marcos, que se ubicaba en la zona de la Alfalfa. Esta es la razón por la que encontramos una pequeña talla de San Marcos en el ático del retablo. En las calles laterales, encontramos a San Fernando y San Hermenegildo, patrones de la monarquía española. Son tallas de Pedro Roldán datadas hacia 1674.

- En el extremo izquierdo del crucero se ubica el retablo del Cautivo, que alberga la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, llamado también de Medinaceli por reproducir la iconografía de la imagen que se encuentra en Madrid con la misma advocación. Se trata de una imagen anónima del siglo XVIII que representa a Jesús justo en el momento anterior a iniciar el camino del Calvario. Se trata de una talla de vestir que hace uso del pelo natural, recurso que fue muy común durante el barroco como forma de dotar a las imágenes de mayor realismo y dramatismo.

Esta iconografía fue muy promovida por la orden de los Trinitarios, que se dedicaban a recoger limosnas para el rescate de cautivos cristianos en territorio musulmán. Fueron los monjes de esta orden los que trajeron la devoción a Sevilla. La imagen estuvo originalmente en la iglesia de su convento, que se encontraba junto a la plaza del Cristo de Burgos. Al desaparecer el convento durante la desamortización, la talla pasó a la iglesia de San Hermenegildo y desde allí fue trasladada a su emplazamiento actual a principios del siglo XX. En la actualidad cuenta con una gran devoción en la ciudad, acercándose numerosos devotos cada viernes ante su altar, especialmente durante los viernes de cuaresma.

- En la cabecera de la nave del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen del Coral. La imagen central es una interesantísima representación de la Virgen con el Niño, de autor anónimo, pero perteneciente al llamado estilo internacional de finales del siglo XIV. Sería, por lo tanto, contemporánea a la Virgen de la Antigua que se venera en la Catedral. José Francisco Haldón Reina hace una interesante descripción de la imagen en la web de la parroquia:

“Se trata de una pintura mural que sigue el denominado estilo internacional, fechable en el último cuarto del siglo XIV. La advocación del Coral se debe al fragmento que pende del collar que adorna el cuello del Niño. El color rojo del coral aparece aquí como prefiguración de la Eucaristía y de la Pasión de Cristo. La Virgen aparece representada como «Hodegetria» (Portadora o Conductora). Va ataviada con túnica y manto de color púrpura, decorados con losanges, bandas y motivos vegetales dorados. La Virgen orla su cabeza con un nimbo dorado con estrellas. La cabeza del Niño también presenta nimbo dorado. Ambas efigies están rodeadas por resplandores de oro. María porta al Niño sobre el brazo derecho, mostrando en su mano izquierda una granada, símbolo de la Iglesia”.

* : Leyendas de Sevilla   │   º : Wikimedia Commons

IGLESIA DE SAN ALBERTO

La iglesia de San Alberto es el templo del convento del mismo nombre, que en la actualidad acoge a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (padres filipenses). Se trata de una iglesia de una sola nave levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero con profundas reformas en los siglos posteriores.

Historia

El convento perteneció originalmente a la orden de los Carmelitas, que fundaron el convento de San Alberto en 1602 como centro de estudios superiores. La iglesia no se consagró hasta 1626 y las obras continuaron algunos años más, con la finalización de la capilla mayor en 1640.

El convento y la iglesia sufrieron considerablemente durante la ocupación francesa (1810-1812), cuando el conjunto fue transformado en un cuartel para las tropas napoleónicas. Se perdió entonces buena parte de su patrimonio artístico.

Tras la guerra, los carmelitas volverían al convento, aunque no sería por mucho tiempo. Tras la Desamortización de Mendizábal (1636) fueron obligados a abandonarlo. Desde ese momento pasó por diversos usos, como sede de la Real Academia de Buenas Letras o colegio de segundas enseñanzas. Finalmente, fue adquirido por los padres filipenses a finales del siglo XIX.

Se inició entonces una disputa con los carmelitas, antiguos titulares del inmueble, que defendían su derecho a volver al mismo. Finalmente, por intermediación del Cardenal Spínola, los carmelitas se asentaron en el antiguo hospital del Buen Suceso, donde permanecen en la actualidad. Para sellar la paz, los filipenses tuvieron que entregarles algunas obras artísticas de especial relevancia que se encontraban originalmente en esta iglesia y que hoy se encuentran en el Buen Suceso. Podemos citar la magnífica “Santa Ana presentando a la Virgen en el Templo”, de Martínez Montañés, o las tallas de “San Alberto” y “Santa Teresa”, de Alonso Cano.

Descripción

La iglesia responde a un modelo tardo-manierista que encontramos en otras ocasiones en Sevilla. Cuenta con planta rectangular y una sola nave, de gran amplitud. Se divide en cinco tramos mediante grandes contrafuertes. Entre ellos se abren una serie de capillas-hornacinas laterales, sobre las que corre una tribuna.

La cubrición se hace mediante bóvedas rebajadas con lunetos y arcos fajones. Especialmente interesante es la cúpula elíptica que cubre el crucero. Se asienta sobre pechinas y en ella se abren ocho óculos que le aportan luminosidad.

El presbiterio se encuentra ligeramente elevado con respecto al resto de la iglesia y a los pies del templo se ubica el coro alto, asentado también sobre una bóveda rebajada con lunetos.

Exterior

El acceso a la iglesia se hace por una sencilla manierista abierta a los pies del muro derecho. Se trata de una obra de líneas muy sencillas que se ha relacionado con el arquitecto Diego López Bueno. Sobre la puerta se ubica un frontón partido con una hornacina en el centro. La escultura representa a San Alberto y fue tallada en 1626 por Alonso Álvares de Albarrán, discípulo de Martínez Montañés. Presenta algún resto de policromía, pero probablemente procede de alguna restauración en el siglo XIX.

En un curioso chaflán al lado izquierdo de la portada se encuentra una capilla abierta con dos cuerpos. El primero y más grande está dedicado a la Virgen del Carmen, mientras que el superior alberga un azulejo de la Virgen del Perpetuo Socorro. A la derecha de la portada encontramos otro retablo cerámico, esta vez reproduciendo la talla de San Felipe Neri que se encuentra en el interior de la iglesia. Lo pintó Fernando Orce para la trianera fábrica de Pedro Navia hacia 1955.

Aunque es difícil de ver desde la fachada, la iglesia cuenta con una torre campanario visible desde las calles aledañas. Presenta la habitual decoración de azulejería de las torres campanario sevillanas y está datada en 1739. Es muy probable que la torre sea anterior y que esta fecha se corresponda a una gran reforma que se tuvo que acometer después de que en 1736 quedara muy dañada al caerle un rayo.

Interior

El retablo mayor es de estilo neoclásico y se hizo en sustitución de uno anterior de estilo barroco destruido durante la ocupación francesa. En su gran hornacina central, se ubica un Crucificado que reproduce al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Fue realizado en 1791 por un escultor llamado Ángel Iglesias del que no se conocen otras obras.

A los pies de la Cruz se ubica una Dolorosa de vestir, anónima del siglo XVIII. Es de una calidad notable y se ha señalado que podría ser la primitiva dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, “Iglesias de Sevilla”). 

En las calles laterales se sitúan Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca, interesantes obras de Duque Cornejo (XVIII). En el ático encontramos esculturas anónimas datadas en la misma época que el retablo. En el centro, un conjunto representa “La Apoteosis de San Alberto”, y a los lados se sitúan San Elías y Santa Teresa.

En el área del presbiterio, son también interesantes los ángeles lampareros, realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, uno de los escultores más destacados de esta centuria en Sevilla.

El resto de retablos son neoclásicos, del siglo XIX, y no son de una calidad considerable. Se pueden mencionar algunos de ellos por poseer algún aspecto de interés:

- Retablo de la Virgen de Valvanera. En su hornacina central alberga una interesante imagen de principios del XIX que reproduce a la Virgen de Valvanera, patrona de la Rioja. La flanquean en las calles laterales los beatos Antonio Gassi y Juan de Ávila. En el ático se ubica una pintura con “La Lactación de San Bernardo”, anónimo del XVIII, que refleja la tradición medieval según la cual la Virgen María se apareció al santo para otorgarle el don de la elocuencia dándole de beber su propia leche materna. A ambos lados se ubican dos santos, presumiblemente carmelitas, pero no identificados.

- Retablo de San José. Situado junto al anterior en el lado izquierdo de la iglesia. Lo único reseñable es la talla central que representa a San José con el niño Jesús en los brazos. San José ha sido tradicionalmente una de las devociones predilectas de los carmelitas. Aquí lo encontramos en una talla realizada por el escultor sevillano Cristóbal Ramos hacia 1782. Es de destacar la conmovedora delicadeza con la que San José apoya la mejilla sobre la cabeza del Niño. 

- Retablo de San Antonio. Se ubica en una de las hornacinas del lado del Evangelio (izquierdo). El retablo y la talla central no presentan demasiado interés desde el punto de vista artístico, pero sí que cabe destacar las cinco pinturas que lo decoran. Representan a los Cuatro Evangelistas en las calles laterales y “La Coronación de la Virgen” en el ático.  Históricamente se atribuyeron a Francisco Pacheco, pero hoy se consideran obras de Juan del Castillo de hacia 1632.

- Retablo de San Felipe Neri. Situado en el lado derecho del crucero, enfrente del retablo de la Virgen de Valvanera. Su interés radica en la talla del santo que ocupa la hornacina central. Se trata de una obra de gran calidad que en ocasiones se vinculó a la producción de Pedro Roldán. Hoy en día se la considera más bien una obra de Duque Cornejo, a partir de una atribución hecha por Manuel García Luque, que sitúa su datación a principios del siglo XVIII. 

- Retablo de la Natividad. Se sitúa junto al de San Felipe Neri, en el lado de la Epístola. Destaca sobre todo el conjunto escultórico de la Natividad que se ubica en la hornacina central, datado en el siglo XVIII. A los lados se sitúan San Joaquín y Santa Ana. Ambos parecen del siglo XVII, aunque al parecer no se realizaron de manera conjunta, ya que la figura de san Joaquín es algo menor.

El resto de retablos son interesantes por el valor devocional más que por el artístico. Están dedicados a advocaciones tan populares como el Sagrado Corazón, la Virgen del Perpetuo Socorro o San José.

ANTIGUA CILLA DEL CABILDO

La Antigua Cilla del Cabildo Eclesiástico es un edificio del siglo XVIII que se levanta en la calle Santo Tomás de Sevilla. A lo largo de su historia ha sufrido diversas remodelaciones en relación con los distintos usos que ha acogido. En la actualidad es  la sede del Archivo General de Indias, condición que comparte con la Antigua Lonja de Mercaderes, que se levanta justo al otro lado de la calle.

Su construcción tuvo lugar en 1770 para servir como almacén de grano del Cabildo de la Catedral. Al parecer, el lugar que venían utilizando con este propósito quedó gravemente dañado en el Terremoto de 1755, por lo que fue necesario acometer este proyecto. No existe certeza sobre el arquitecto que dirigió la obra. Algunos autores apuntan a Pedro de Silva, que era el arquitecto mayor del Arzobispado. Sin embargo, también se apunta al navarro Lucas Cintora, que sería más tarde el responsable principal de las transformaciones en el edificio de la Lonja para adaptarlo al nuevo uso como Archivo.

Para la construcción de la fachada se aprovechó un fragmento del lienzo de la muralla que unía el Alcázar con la Torre del Oro. De hecho, aún en la actualidad encontramos una de las torres adosadas a la fachada del edificio. Se trata de una sencilla torre de planta cuadrada, datada a finales del siglo XII o principios del XIII.

La Cilla perdió su uso como almacén en el siglo XX y durante un corto período fue la sede de la Real Compañía Asturiana de Minas. En 1972 se decidió reformar completamente el inmueble para hacerlo sede del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. El arquitecto gaditano Rafael Manzano Martos fue el encargado de dirigir las obras en esta ocasión.

Una nueva etapa en la historia de la antigua cilla se iniciaría hacia el año 2000, cuando se inició el proceso para incorporarla como sede complementaria para el Archivo General de Indias. Las obras finalizaron en 2005 y el edificio quedó configurado entonces con sus características actuales.

La Cilla fue diseñada en origen como un edificio de planta rectangular con dos plantas. La cubrición de las naves se realiza mediante bóvedas vaídas sostenidas por pilares rectangulares y columnas de mármol. En la actualidad cuenta con dos plantas más, una en el sótano y otra bajo la cubierta, añadidas en las sucesivas transformaciones para adaptar el inmueble a museo y, más tarde, a archivo.

La fachada repite el esquema compositivo del edificio de la Lonja que se encuentra justo enfrente. La Lonja responde al diseño del gran arquitecto renacentista Juan de Herrera e introdujo en su fachada una bicromía que fue enormemente exitosa en Sevilla. 

Vemos esa bicromía repetida en la fachada de la cilla, con las áreas de piedra en tonos más claros y las paramentos en ladrillo con un color más rojizo. Las dos plantas del edificio quedan divididas en siete módulos iguales divididos por pilastras. En el módulo central de la primera planta se abre una sencilla portada adintelada. Justo sobre ella, ya en la segunda planta, se encuentra esculpido el emblema del Cabildo catedralicio, la Giralda entre dos jarras de azucenas. Sobre el emblema se ubica un sencillo óculo que sirve para singularizar este módulo central, ya que en todos los demás se abren ventanales rectangulares enmarcados por sencillas molduras en piedra.

La antigua Cilla del Cabildo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985 y en la actualidad es sede del Departamento de Referencias, la Biblioteca, una sala de conferencia, la sala de investigación y otros servicios del Archivo General de Indias.

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

SAN LUIS DE LOS FRANCESES

La iglesia de San Luis de los Franceses constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano, con una clara influencia de las grandes obras de la arquitectura religiosa en Roma del siglo XVII. 

Presenta una planta de central con forma de cruz griega, precedida junto a la entrada por un atrio en el que se ubica el coro. Los brazos de la cruz de la planta se rematan en forma de exedra y en el centro del conjunto se levanta una imponente cúpula sobre tambor circular.

Historia

Es la iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Sus obras se iniciaron en 1699 y se prolongaron hasta su consagración en 1731. Leonardo de Figueroa fue el arquitecto encargado, aunque parece que la planta del proyecto, de marcado carácter italiano, vino impuesta por la Compañía. Se ha señalado su similitud con la planta de Santa Agnese de Roma, obra de los arquitectos Girolamo y Carlo Raimaldi unos cincuenta años anterior. También intervinieron en su construcción otros arquitectos, como Matías de Figueroa, hijo de Leonardo, o Diego Antonio Díaz, al que se atribuye el remate de las torres.

 

Exterior

La fachada exterior cuenta con dos cuerpos horizontales divididos por cinco módulos verticales, con el central acentuado por su mayor profusión decorativa. Además, se remata por un frontón trilobulado sobre el que aparecen las figuras de los tres arcángeles. El conjunto de la fachada muestra la tradicional bicromía del barroco sevillano, con los paramentos en ladrillo avitolado y las pilastras en piedra y elementos decorativos en piedra.

En los extremos de la fachada se sitúan dos robustas torres campanario de sección octogonal, decoradas con esculturas de los Evangelistas. Ambas flaquean la monumental cúpula semiesférica, asentada sobre tambor, cubierta con tejas vidriadas y coronada por linterna.

 

Interior

El interior del templo transmite de forma inigualable la sensación de exuberancia y profusión decorativa del barroco, con una perfecta simbiosis entre arquitectura, escultura y pintura. A los machones que sostienen la cúpula se adosan una monumentales columnas salomónicas con dorados capiteles compuestos que acentúan la sensación de dinamismo del espacio.

El retablo mayor es obra de Pedro Duque Cornejo y está fechado hacia 1730. Es un verdadero compendio de elementos barrocos, con pinturas, esculturas, reliquias y elementos arquitectónicos dispuestos formando un abigarrado conjunto, sin ninguna estructura ordenada. En la parte superior, se cubre por un gran dosel que cobija el conjunto como un baldaquino, coronado por una gran corona real. 

También se deben a Duque Cornejo los dos retablos de los brazos laterales, dedicados a San Francisco de Borja y San Estanislao de Kostka. Ambos constan de idéntica estructura, con banco, cuerpo central dividido en tres calles, y ático. En las hornacinas centrales se ubican las esculturas de los titulares y a los lados una serie de lienzos que les hace alusión, obra de Domingo Martínez.

En los cuatro machones que sostienen la cúpula se abren cuatro retablos de menor tamaño, pero de estructura y exuberancia decorativa semejantes. Están dedicados San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola, San Juan Francisco de Regis y San Luis Gonzaga.

 

Capilla doméstica

Además de la iglesia, dentro de las dependencias de San Luis de los Franceses se encuentra otro espacio de enorme valor artístico denominado "capilla doméstica". Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que el área del presbítero se haya cubierta por una bóveda elíptica. El retablo es obra también de Duque Cornejo, de hacia 1730, e incluye una profusión de santos jesuitas. Entre las numerosas esculturas, cabe destacar una Inmaculada que se erige sobre el Sagrario con un estilo muy cercano al de Gregorio Fernández.

Toda la capilla se halla profusamente decorada. Sobre los muros se disponen una serie de pinturas de los apóstoles, intercaladas con relicarios y un conjunto de bronces flamencos sobre la vida de la Virgen. Igualmente rica es la decoración pictórica del presbiterio y las bóvedas, obras de Domingo Martínez y su taller.

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.