COLUMNAS ROMANAS DE LA CALLE MÁRMOLES

En una parcela al comienzo de la calle Mármoles se conservan tres columnas romanas alineadas en dirección Noroeste - Sureste. Se encuentran en su cota original, lo que supone que están a unos 4.50 metros de profundidad con respecto al nivel actual de la ciudad. Tradicionalmente se las identificó con las míticas columnas que Hércules erigió para señalar el lugar en el que habría de ubicarse Sevilla. En la actualidad, se las suele datar en el siglo II d.C. y se cree que pudieron formar parte del pórtico de un templo.

Sus fustes, de granito, miden unos 8 metros de altura y dos de sus basas son de estilo ático, mientras que la tercera es jónica.

Durante mucho tiempo hubo en el mismo lugar tres columnas más. Una de ellas se rompió cuando estaba siendo trasladada al Alcázar en tiempos de Pedro I. El paradero de sus restos se desconoce en la actualidad. Las otras dos fueron trasladadas a la Alameda en el siglo XVI para servir de soporte a las estatuas de Hércules y Julio César, en lo que fue uno de los primeros proyectos de ajardinamiento de un espacio público en Europa. Allí siguen en la actualidad.

No se sabe a ciencia cierta a qué edificio pertenecieron las columnas originalmente, aunque desde el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico se señala:

"Admitiendo que las seis columnas fueran de la fachada, podemos pensar que se trataría de un templo hexástilo y próstilo, con unos 20 metros de frente y unos 40 metros de fondo, lo que parece delatarnos el parcelario actual. En éste observamos cómo el costado sur en dirección a San Nicolás, ha quedado perpetuado por la calle Mármoles, mientras el norte lo dibuja el fondo del callejón de Gandesa y otro callejón más, hoy inexistente, que estaba situado en la calle Abades, penetrando justo hasta el supuesto lateral del templo. (…)

En cuanto a su cronología, el material cerámico aparecido apunta hacia fines del siglo I o inicios del II d. C. El nivel romano  republicano bajo el pavimento fue de escasa potencia, quizá debido a la construcción del templo que originaría la desaparición del mismo."

 

PILA DEL PATO

Ubicada en la plaza de San Leandro, esta fuente es conocida como pila del Pato por el surtidor de bronce con la forma de esta ave que la corona. Está formada por tres vasos de tamaño decreciente, todos ellos de sección circular. El segundo y el tercer plato están sostenidos por fustes con forma de balaustres. En el vaso central se ubican cuatro máscaras zoomorfas que sirven para verter el agua.

La fuente se encuentra en su actual ubicación desde mediados del siglo XX, pero no es el lugar para el que fue concebida. De hecho, ha ocupado diversas localizaciones en varios puntos de la ciudad. 

En 1850 se ubicó en la plaza de San Francisco, en el lugar en el que hoy se encuentra la fuente de Mercurio. Allí permaneció solo unos años, ya que en 1855 se trasladó al extremo norte de la Alameda de Hércules, cerca de donde se encuentra el monumento a la Niña de los Peines. Desde allí se trasladó a las cercanías del Prado de San Sebastián, próxima al edificio de los Juzgados. Su siguiente emplazamiento sería la Plaza de las Mercedarias, en el barrio de San Bartolomé, desde donde se trasladó a su actual ubicación en 1965.

Es probable que para la realización de la fuente en 1850 se utilizaran algunos elementos provenientes de la anterior fuente de Mercurio a la que sustituyó. Esta fue diseñada por Juan Fernández Iglesias a principios del siglo XVIII.

 

* Wikimedia Commons

Pintura de hacia 1850 donde se puede ver la Pila del Pato en su ubicación original, en uno de los extremos de la plaza de San Francisco

FUENTE DE CALÍOPE

En el centro de la plaza de la Magdalena se ubica una fuente de mármol desde 1844, coronada por una escultura del siglo XVIII que representa a la musa Calíope. La fuente está formada por un gran vaso poligonal, en cuyo centro se ubica un vástago-fuste dividido en dos cuerpos por un segundo vaso, esta vez circular.

El primer cuerpo del fuste aparece decorado en su base con veneras, coronas reales, el símbolo de la ciudad (NO8DO) y la mencionada fecha de creación de la fuente. En su parte cilíndrica se disponen varias figuras mitológicas masculinas vinculadas con el mundo acuático (tritones). El vaso circular que sostiene este primer cuerpo se halla gallonado y rodeado por cuatro máscaras surtidores por las que cae el agua hasta el mar de la fuente.

Coronando el conjunto, encontramos una escultura femenina que sostiene una corona de laurel en su mano derecha. Podría tratarse de la musa Calíope, protectora de la poesía épica y la elocuencia.

La plaza en la que se ubica la fuente estuvo ocupada por la primitiva parroquia de la Magdalena, que hoy se encuentra unos metros más al oeste. Esta iglesia fue derribada en 1810, durante la ocupación francesa de la ciudad. Tras la expulsión de los franceses, se intentó la reconstrucción del templo, pero finalmente se optó por abrir una plaza en su lugar, momento en el que se instaló la fuente.

Para su realización se utilizaron elementos provenientes de fuentes anteriores. El vaso principal proviene de una fuente que se encontraba frente al Hospital de la Misericordia, en la actual plaza Zurbarán.  Probablemente es de origen italiano y se remonta al Renacimiento.

Por su parte, el primer cuerpo del fuste central y el vaso circular proceden de una fuente manierista que se ubicó en la Alameda en el siglo XVI. Por último, la escultura femenina que culmina el conjunto proviene de la colección de escultura del siglo XVIII que atesoraba el Palacio Arzobispal de Umbrete. Buena parte de las esculturas de esta colección se encuentran hoy decorando el Jardín de las Delicias, al sur de la ciudad.

Esta conjunción de orígenes le da a la fuente un carácter bastante ecléctico, mezclando el clasicismo del Renacimiento y del siglo XVIII con el romanticismo decimonónico del momento en el que fue recompuesta.

“Según la Teogonía de Hesíodo, era la primera de las nueve musas; más tarde se la llamó patrona de la poesía épica. Por orden de Zeus, el rey de los dioses, juzgó la disputa entre las diosas Afrodita y Perséfone por Adonis. En la mayoría de los relatos, ella y el rey Eagro de Tracia eran los padres de Orfeo, el héroe que tocaba la lira. También era amada por el dios Apolo, con quien tuvo dos hijos, Himeneo y Jalemo. Otras versiones la presentan como la madre de Reso, rey de Tracia y víctima de la guerra de Troya; o como la madre de Lino el músico, inventor de la melodía y el ritmo. Su imagen aparece en el Vaso François, realizado por el alfarero Ergotimos alrededor del 570 a. C.”

Britannica, The Editors of Encyclopaedia. "Calliope". Encyclopedia Britannica, 1 Dec. 2023, https://www.britannica.com/topic/Calliope-Greek-Muse

 

* Wikimedia Commons

FUENTE DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN

En la Plaza de la Encarnación se encuentra una fuente de mármol original del siglo XVIII, considerada la más antigua de entre las conservadas en Sevilla. Está formada por un gran vaso de sección circular, en cuyo centro se alza un fuste-surtidor de formas barrocas. A su mitad se sitúan una especie de máscaras zoomórficas que vierten el agua, representando probablemente los cuatro ríos míticos que regaban el Paraíso original. Coronando la fuente, cuatro angelitos sostienen un escudo con cuatro caras en el que se ubican inscripciones narrando los diversos avatares en la historia del monumento.

En la plaza donde se encuentra hoy, se ubicaba el antiguo Convento de las Agustinas de la Encarnación desde finales del siglo XVI. La fuente se situó hacia 1720 en una pequeña plazoleta a la entrada de este convento. Tenía una función práctica, ya que era uno de los puntos por los que se dispensaba el agua que llegaba a la ciudad a través de los Caños de Carmona.

En 1811, durante la ocupación francesa, el convento se derriba y, años más tarde, se decide la construcción de un Mercado de Abastos en el mismo lugar. La fuente pasa entonces a ocupar un espacio junto al nuevo mercado. Un siglo más tarde, hacia 1948, se produce una remodelación urbanística de la zona y la fuente se traslada al lugar que ocupa en la actualidad.

La fuente fue realizada en estilo barroco, pero, tal y como ha llegado hasta nosotros, incluye algunos elementos de carácter neoclásico, probablemente añadidos en una restauración en 1861.

 

* Diario de Sevilla

FUENTE DE MERCURIO

Situada en un extremo de la Plaza de San Francisco, frente a la fachada principal del Banco de España, encontramos una fuente dedicada al dios Mercurio. Cuenta con un pilón circular elevado sobre cuatro gradas, en cuyo centro se ubica un pilar con decoración neobarroca. En cada uno de sus lados se sitúan "máscaras" que vierten chorros de agua sobre el mar de la fuente. 

La estatua de bronce que corona la fuente representa a Mercurio, el dios romano del comercio, heredero del griego Hermes. En concreto, por su iconografía, se puede decir que es un "Hermes Argifonte", ya que sostiene en una mano la espada u en otra el caduceo, recordando el encargo que recibió de Zeus de matar al gigante de múltiples ojos Argos Panoptes, que estaba vigilando a la ninfa Ío en el santuario de Hera.

La fuente que encontramos en la actualidad es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo por el arquitecto Rafael Manzano en 1974. Para su diseño siguió el modelo de una fuente previa que se encontraba en el mismo lugar, obra de Juan Fernández Iglesias. A esta fuente del siglo XVIII perteneció la estatua de Mercurio que podemos contemplar aún hoy.

Hubo incluso una fuente anterior en el mismo lugar y con el mismo tema, construida hacia 1576 y en cuyo diseño participaron Asensio de Maeda como arquitecto y Diego de Pesquera como autor de Mercurio. La escultura sería fundida en bronce por Bartolomé Morel, que fue también el fundidor del "Giraldillo", la monumental veleta que corona la Giralda. Esta primitiva fuente fue destruida durante unos altercados en 1712. 

Al parecer, en esta zona hubo una fuente al menos desde tiempos medievales. Con toda probabilidad no era una fuente monumental sino que estaba destinada al abastecimiento de agua de los vecinos.

La elección de Mercurio como tema de la fuente está relacionado con el esplendor comercial en el que vivía Sevilla, principalmente tras el Descubrimiento de América, cuando la ciudad se convirtió en "puerta y puerto de América", al ser su puerto el único autorizado para los intercambios comerciales entre España y los territorios americanos.

De hecho, no es la única fuente dedicada a Mercurio en la ciudad. Existe otra en los Jardines del Alcázar. Fue realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel hacia 1576.

 

* Wikimedia Commons

FUENTE DE LA GLORIETA DE SAN DIEGO

En la glorieta de San Diego, en el extremo norte del Parque de María Luisa, se conserva una estructura en forma de arco de triunfo con tres vanos que albergan las figuras alegóricas de España, en el centro, y de la ciudad de Sevilla en su dimensión material y espiritual, a ambos lados. Las esculturas fueron realizadas por Enrique Pérez Comendador y Manuel Delgado Brackenbury. En la parte central del zócalo se ubica una fuente, cuyo surtidor, bajo el pedestal de la escultura central, es un personaje barbado que arroja el agua por la boca.

Era el eje central de la principal entrada al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929 y fue diseñado por el arquitecto Vicente Través. La entrada contaba en realidad con cuatro puertas, que daban a las avenidas de Portugal y de Isabel la Católica a la izquierda, y a la avenida de María Luisa y hacia el Pabellón de Sevilla a la derecha.

Este arco triunfal se concibió como el centro de la entrada monumental al recinto de la exposición. De esta manera, se colocaron las mencionadas alegorías de España y de Sevilla, simbolizando de alguna manera la bienvenida ofrecida por la ciudad y la nación en su conjunto. 

Para la realización de las esculturas laterales se eligió Enrique Pérez Comendador, un joven escultor cacereño que por entonces apenas contaba con 28 años. La obra de este escultor fue bastante prolífica durante toda su vida, especializado sobre todo en monumentos públicos, ya que su estilo encajaba muy bien con la finalidad de ensalzar a los personajes representados, al conjugar un realismo de formas muy clásicas con la simplificación de los volúmenes y una renuncia al detalle, que se consideraba que eran propios del estilo “moderno”. Fue siempre bastante fiel a los dictámenes académicos del momento en la ejecución de sus obras y mostró una especial habilidad para desarrollar temas alegóricos y de engrandecimiento de personajes heroicos, tan del gusto del arte oficial durante el franquismo. 

El artista llamó a las dos esculturas “La riqueza espiritual y material de Sevilla”, aunque fueron rebautizadas en un artículo escrito por el poeta Alejandro Collantes de Terán como “El cielo y la tierra de Sevilla”. Se trata de dos figuras femeninas de claras reminiscencias clásicas, vestidas con unas túnicas que muestran de manera muy clara el efecto de paños mojados, por lo que las rotundas formas de los cuerpos son perfectamente visibles.

La figura situada a la izquierda del espectador es la riqueza material de Sevilla. Sus formas son más redondeadas y tiene más soltura en su postura. Sostiene elevada una naranja en su mano derecha y en la izquierda sujeta un racimo de uvas y un manojo de espigas de trigo, como símbolos de la fertilidad de la tierra. Su rostro tiene una expresión entre pícara y amable, enmarcado por una cabellera semirecogida con un cierto aire andaluz, como muestran los mechones sueltos que forman caracolillos en torno a la cara.

La otra figura es la que representa la riqueza espiritual de Sevilla. Su principal atributo es una pequeña Inmaculada de rasgos montañesinos que sujeta en su mano derecha. Con ella se hace referencia a la férrea defensa que la ciudad hizo siempre del dogma de la Inmaculada Concepción y en general a su su profundo carácter mariano. En este caso, la figura alegórica muestra una postura algo forzada, con rasgos más rígidos y menos naturalismo, probablemente buscando una mayor solemnidad. En el rostro recuerda a las esculturas del período arcaico del arte griego, por la falta de expresividad y por esa característica media sonrisa congelada. Aunque también deja ver algunos caracolillos de pelo en torno a la frente, la mayor parte de la cabellera aparece cubierta, seguramente como signo de respeto ante la imagen que porta y lo que simboliza.

Ambas imágenes flanquean una majestuosa alegoría de España, obra del escultor sevillano Manuel Delgado Brackenbury. Sus rasgos son más naturalistas y clásicos que en las de Pérez Comendador, aunque ambos coinciden en el uso de algunos recursos estilísticos, como el uso de la técnica de los paños mojados para dejar entrever las formas del cuerpo. La figura aparece de pie, con una pierna levemente adelantada, en una postura que le aporta gran solemnidad. Viste una túnica ceñida bajo el pecho y sobre su cabellera recogida porta una corona real abierta, símbolo de la monarquía española. Apoya su brazo derecho sobre un gran escudo de España y el derecho sobre un león, que posa a su vez su pata sobre un globo terráqueo, símbolo de la soberanía española. Hay que recordar que el león y no el toro ha sido el animal que más ha simbolizado a nuestro país a lo largo de su historia, apareciendo profusamente desde la Edad Media en multitud de soportes, como monedas, representaciones pictóricas o elementos arquitectónicos. 

 

En detalle: El Cielo y la Tierra de Sevilla

MONUMENTO AL CID CAMPEADOR

Situado en el centro de la Avenida del Cid, se trata de una estatua ecuestre obra de la artista americana Anne Hyatt Vaugh. Fue un regalo de la Hispanic Society neoyorquina a la ciudad de Sevilla con motivo de la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. De hecho, se decidió colocarla justo enfrente a lo que fue la entrada principal del recinto, entre el Pabellón de Portugal y la antigua Fábrica de Tabacos.

Su autora se destacó sobre todo por la escultura monumental en bronce, representando con frecuencia a personajes históricos y especializándose sobre todo en la recreación de animales. En este terreno alcanzó una gran maestría, sobre todo con la figura del caballo, de la que Huntington era una auténtica enamorada.

Estas cualidades quedan claras en el ejemplar de su estatua para Sevilla. El caballo del Cid es representado con un gran realismo anatómico y transmitiendo una fuerte sensación de movimiento, que dota a toda la obra de un gran dinamismo que no le resta solemnidad. 

A este dinamismo contribuye la postura de la figura de Rodrigo, girada hacia un lado con respecto al eje del caballo. Viste malla de guerrero y alza un brazo sosteniendo una lanza, en actitud de arengar a las tropas. En el otro brazo porta un escudo y su espada.

Se trata de un magnífico ejemplo de la escultura ecuestre del siglo XX, que contó desde el principio con el reconocimiento y la admiración tanto de los sevillanos como de los círculos artísticos de la época. El boceto original de la obra se realizó el mismo año de 1927 y se encuentra hoy en los Brookgreen Gardens en Carolina del Sur. El éxito del monumento sevillano hizo que se realizaran diversas copias que se hallan repartidas por varios puntos de la geografía española y americana, como Nueva York, Buenos Aires, San Francisco o Valencia.

El Cid es el apelativo con el que se conoció a Rodrigo Díaz de Vivar, un caballero castellano que vivió durante el siglo XI y que acabó siendo uno de los personajes más célebres de la Edad Media española. Fue primero vasallo del rey Sancho II y, tras la muerte de éste, de su hermano, Alfonso VI. 

Por orden de este rey, el Cid viajó a Sevilla en 1079 para cobrar las parias al rey Al Mutamid. Durante la estancia de Rodrigo en Sevilla, el reino sufrió un ataque por orden del rey granadino Abdalá ibn Buluggin. El Campeador colaboró con Al Mutamid en su lucha contra los granadinos, que fueron derrotados en la batalla de Cabra. A este hecho se hace alusión en la inscripción que se encuentra en el pedestal del monumento: “Sevilla, morada y corte del Rey poeta Motamid, hospedó a Mio Cid, embajador de Alfonso VI, y le vio volver victorioso del Rey de Granada”. Al  otro lado del pedestal puede leerse: “El Campeador, firme calamidad para el Islam, fue por la viril firmeza de su carácter y por su heroica energía, uno de los grandes milagros del Creador. Ben Bassam.”

En detalle : El Cid en Sevilla

TONDOS RENACENTISTAS DE LOS JARDINDES DE LAS DELICIAS

Junto a una de las fuentes de los Jardines de las Delicias, se dispuso en la reforma de 2007 una serie de cuatro paramentos de ladrillo unidos formando una serie de tres bancos. Sobre ellos se colocaron cuatro tondos renacentistas, elaborados originalmente para la fachada plateresca del Ayuntamiento de Sevilla. Fueron retirados de su emplazamiento original en una restauración acometida en el siglo XIX y sustituidos por otros que imitan el estilo plateresco. 

Uno de los originales que vemos hoy en el parque representa a Julio César o a Aquiles, no se sabe con certeza. Otro representa a Hércules y los dos restantes a Carlos V e Isabel de Portugal, que celebraron su boda en Sevilla en la época de la construcción de la fachada del Ayuntamiento.

A pesar de su enorme deterioro, son piezas de un gran valor histórico para la ciudad. Desafortunadamente, su ubicación actual las hace objeto fácil para ataques vandálicos.

Los tondos se ubican hoy frente a una fuente marmórea de planta mixtilínea rodeada de un mosaico de enchinado. 

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ALEGORÍAS DE IBERIA, EL GUADALQUIVIR Y EL MAGDALENA

En una pequeña pradera dentro del Jardín de las Delicias encontramos estas tres esculturas alegóricas realizadas en torno a 1928. Se elaboraron originalmente como parte de una gran fuente monumental que se ubicaba en la que se llamó Plaza de los Conquistadores, en el sector sur de la Exposición Iberoamericana de 1929. Este espacio se reurbanizó tras la Exposición, desapareciendo la plaza y la fuente, y en la actualidad está ocupado por parte del campus universitario Reina Mercedes.

La alegoría de Iberia ocupaba el espacio central de la fuente. Fue realizada por el valenciano Francisco Marco Díaz-Pintado, que concibió Iberia como una figura femenina tallada en piedra de alrededor de 3,5 m de altura. Con una actitud entre hierática y solemne, aparece vestida con una amplia túnica y un tocado y unas joyas de clara inspiración ibérica. Parece inspirarse directamente en esculturas íberas, especialmente en las Damas de Elche y de Baza. Con el brazo izquierdo sostiene una gran guirnalda de flores y frutas, simbolizando la riqueza agraria de la Península.

A ambos lados de Iberia se encontraban las alegorías de los ríos Guadalquivir y Magdalena, que hoy se encuentran también en esta zona del Jardín de las Delicias. Ambos ríos están representados como dos hombres, que aparecen desnudos y recostados, mostrando cada uno algún elemento que permite identificarlos.

La Alegoría del Río Guadalquivir fue realizada por Agustín Sánchez Cid y junto a él vemos una cabeza de toro y un cuerno de la abundancia. Por su parte, la Alegoría del Río Magdalena es obra de José Lafita Díaz. Se apoya sobre un pequeño caimán, animal muy abundante en este río colombiano, y podemos ver además diversas frutas americanas, como la piña.

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GLORIETA DE HAITÍ

Esta glorieta ha conservado su aspecto original desde su disposición en el Jardín de las Delicias hacia 1864. Se formó con una serie de esculturas y pedestales del siglo XVIII provenientes del Palacio Arzobispal de Umbrete. Tiene una forma elíptica y delimitando su contorno se dispuso un banco corrido de mármol con respaldo metálico. Los pedestales son de estilo rococó y se realizaron por el escultor dieciochesco de origen portugués Cayetano de Acosta. Los bustos son réplica de los originales italianos que estuvieron aquí durante más de un siglo y que en el año 2006 se devolvieron a Umbrete. Representan a una serie de personajes romanos representados en un hermoso estilo barroco. En el centro de la glorieta se sitúa una fuente marmórea de vaso octogonal. El surtidor es réplica del original del siglo XVIII que hoy se encuentra en la Fuente del Estanque, en este mismo jardín.

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