IGLESIA DE LA CONSOLACIÓN – LOS TERCEROS

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, conocida generalmente como "los Terceros", es un templo barroco del siglo XVII que se levanta en la calle Sol, en el barrio sevillano de Santa Catalina. Originalmente fue la iglesia del convento de la Orden Tercera de San Francisco que se levantaba en esta zona y de ahí procede su denominación popular. Cuenta con planta de cruz latina, con una sola nave y capillas laterales. Tiene una sola fachada al exterior, la de los pies, en la que destaca una exuberante portada barroca. Desde 1973 la iglesia es la sede de la Hermandad de la Cena, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia

Un grupo de monjes franciscanos pertenecientes a la Orden Tercera se trasladaron a Sevilla provenientes del desaparecido convento de San Juan de Morañina, en Bollullos Par del Condado. Tras llegar a la ciudad se asentaron en esta zona, en las proximidades de una antigua ermita dedicada a los santos Cosme y Damián. De su anterior convento en Bollullos, los monjes trajeron una imagen de la Virgen de la Consolación que ya contaba con gran devoción en su lugar de origen. La popularidad de la imagen continuó tras la llegada a Sevilla, siendo objeto de una creciente veneración entre los vecinos. Parece que ese fue el germen para que en 1648 se iniciara la construcción del convento y de su iglesia, dedicada lógicamente a la Virgen de la Consolación. 

La construcción del convento y su iglesia se prolongó hasta el siglo XVIII y los franciscanos lo estuvieron regentando hasta la ocupación francesa en 1810, cuando las tropas napoleónicas lo utilizaron como cuartel y procedieron al expolio de buena parte de su patrimonio. Al año siguiente fue entregado a las monjas Agustinas y en 1819 volvieron los franciscanos. Sin embargo, no sería por mucho tiempo, ya que en 1835 lo abandonaron definitivamente como consecuencia de la célebre desamortización de Mendizábal. Se inició entonces un periodo de abandono que tuvo como su peor consecuencia el derrumbe de las bóvedas de la iglesia en 1845. 

 

 

Imagen de la Virgen de la Consolación, antigua Virgen de Morañina. Imagen del artículo de Adrián Bizcocho Olarte sobre “Religiosidad popular..."

Un nuevo episodio de la historia de este convento se inicia en 1888 cuando se hacen cargo de él los Padres Escolapios, que desarrollaron una importante labor educativa en la ciudad. Lo estuvieron gestionando hasta 1973, año en el que se trasladan a Montequinto. Ese mismo año, el cardenal Bueno Monreal cedió el uso de la iglesia conventual a la Hermandad de la Cena, que desde entonces se ha encargado de su mantenimiento y ha afrontado las diversas restauraciones que han sido necesarias, como la renovación de las cubiertas en 1988.

El resto del convento sirve en la actualidad como sede de EMASESA, la empresa pública para la gestión del agua en la ciudad. Se conservan los dos claustros, el principal y uno secundario, además de una majestuosa escalera monumental diseñada por Fray Manuel Ramos a finales del siglo XVII.

Antiguo convento de los Terceros, hoy sede de EMASESA. Claustros y cúpula sobre la escalera. Imágenes del blog Siglos de Sevilla.

Exterior

La iglesia cuenta con una sola fachada, que se ubica a los pies del templo, en la calle Sol. Cuenta con una interesantísima portada realizada a principios del siglo XVIII en un estilo barroco que recuerda mucho al que se desarrolló por las mismas fechas en la América hispana. Se desconoce la autoría del diseño, aunque tradicionalmente se ha venido atribuyendo a fray Manuel Ramos, el artífice de la monumental escalera de la que hablamos al referirnos al área del convento.

La portada se dispone al modo de un retablo de tres calles, teniendo la calle central ocupada por el vano adintelado que es la entrada al templo en sí. La decoración se hizo a base de barro cocido y ladrillo visto, con determinadas características que, como decíamos, aluden directamente al barroco hispanoamericano: los elementos arquitectónicos adquieren formas curiosas e imaginativas y están repletos de una minuciosa decoración que recoge multitud de elementos simbólicos.

En las calles laterales se sitúan dos hornacinas con las tallas en barro cocido de San José de Calasanz a la izquierda y San Francisco a la derecha. Los dos santos aluden a las dos principales órdenes religiosas que se han sucedido en la gestión de este templo desde su creación: San Francisco a los religiosos de la Orden Tercera, fundadores del convento, y San José de Calasanz a los Escolapios, quienes lo gestionaron desde finales del siglo XIX. Esto nos indica que las esculturas no son las originales de la portada, sino que fueron añadidas muy posteriormente, con toda probabilidad ya en el siglo XX. Además, su tamaño es algo menor al que les correspondería de acuerdo con las hornacinas que ocupan.

En la parte superior de las calles laterales encontramos dos medallones con los bustos de dos santas vinculadas a los franciscanos, Santa Clara a la izquierda y Santa Rosa de Viterbo a la derecha. Sobre la puerta se sitúa un espacio a modo de frontón mixtilíneo en el centro del cual se coloca un escudo con símbolos franciscanos. En la parte superior izquierda aparecen las Cinco Llagas, símbolo principal de la orden, y a la derecha tres flores de lis. En la parte inferior, una mano señala un sol en el que puede leerse "FIDEI" (Fe). Sobre el escudo, una corona real abierta en cuya base se puede leer "POENITENTIA CORONAT". No poseemos más información sobre el escudo, aunque debió ser el que adoptó este convento como propio. En 2007 el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico acometió la restauración de un estandarte procesional hallado en San Telmo con el mismo escudo, por lo que con toda probabilidad era un estandarte de representación del convento en actos oficiales.

Sobre las cuatro pilastras que delimitan las calles de la portada se sitúan cuatro santos franciscanos: a la izquierda san Antonio de Padua y santa Isabel de Hungría, y a la derecha Santa Isabel de Portugal y San Ivo de Kermartin, patrón de los abogados.  Coronando la portada en su parte central, una hornacina acoge una imagen de la Virgen de la Consolación, reproduciendo la talla original que se encuentra en el interior. Sobre la Virgen aparece una paloma blanca con las alas abiertas, representando al Espíritu Santo, y coronando todo el conjunto se sitúa una talla de San Miguel. 

A la derecha de la portada se encuentra un retablo cerámico con la imagen de la Virgen del Subterráneo, titular mariana de la Hermandad de la Cena. Fue elaborado en 1959 en la fábrica de Nuestra Señora de la Piedad por Antonio Morilla Galea y Manuel García Ramírez.

La fachada cuenta con una torre a la derecha, rematada por una espadaña de dos cuerpos con dos vanos para campanas en el inferior y un solo cuerpo en el superior, rematado por un frontón curvo. 

Interior

Lo primero que llama la atención al entrar en la iglesia de la Consolación son sus grandes dimensiones y monumentalidad, constituyendo uno de los ejemplos más interesantes entre las iglesias conventuales del Barroco sevillano. Consta de una sola nave de gran anchura y forma de cruz latina. A los lados de la nave se sitúan una serie de capillas laterales a las que se accede a través de arcos de medio punto cerrados por rejas. A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, asentado sobre una bóveda escarzana con profusa decoración. En un lateral del coro se sitúa un órgano, original de la primera mitad del siglo XVIII, que según Álvaro Cabezas García puede ser atribuido al retablista José Fernando de Medinilla. La cubrición original de la iglesia se hizo mediante una gran bóveda de cañón que se prolongaba durante toda la nave. Sin embargo, esta bóveda se vino abajo a mediados del siglo XIX y en la actualidad encontramos una techumbre plana. La bóveda de cañón se conserva solo sobre el coro, a los pies de la iglesia, y sobre el área del presbiterio, en la cabecera. Sobre el crucero se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con yeserías que reproducen elementos arquitectónicos, decoración vegetal, roleos, cabezas de ángeles y otros motivos característicos del barroco. 

Este tipo de decoración a base de yeserías debió extenderse originalmente por toda la bóveda de la iglesia. Es especialmente rica la que decora la bóveda que sostiene el coro y en ella destacan los curiosos racimos de frutas diversas, en una composición articulada mediante lacería y motivos vegetales, en la que se entremezclan angelitos y símbolos marianos. Recuerda claramente a las yeserías que encontramos en Santa María la Blanca, realizadas también en el siglo XVIII.

Presbiterio

En el presbiterio, el retablo mayor es un espléndido conjunto barroco realizado por Francisco Dionisio de Ribas en 1669, reformado con posterioridad en varias ocasiones. Se le puede considerar uno de los mejores ejemplos de la retablística sevillana del siglo XVII. Consta de dos cuerpos y tres calles, delimitadas por unas hermosas columnas salomónicas con fustes delicadamente esculpidos con motivos vegetales. La disposición del espacio central del retablo se modificó para acoger el grupo escultórico de la Última Cena tras establecerse la hermandad en este templo. En el centro aparece la figura de Jesús en el momento de la celebración eucarística. Fue tallado por Sebastián Santos Rojas en 1955 y su rostro es de tal belleza que hay autores que lo señalan como la imagen de Cristo más hermosa de entre las realizadas para la Semana Santa de Sevilla en el siglo XX. Los apóstoles son obra del escultor gaditano Luis Ortega Bru, una de las figuras más originales y destacadas de la imaginería española contemporánea. Fueron su última obra, ya que se estrenaron en la Semana Santa de 1983, un año después de la muerte del escultor. Cuando el conjunto se halla en el retablo, solo once apóstoles acompañan al Señor, ya que se excluye a Judas Iscariote, que sí forma parte del paso el día de la procesión.

Sobre el grupo de la Sagrada Cena, se sitúa una hornacina de formas ondulantes añadida al retablo en 1700 para acoger a la Virgen de la Consolación, titular de este templo. Se trata de una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, que originalmente tenía la advocación de Nuestra Señora de Morañina cuando recibía culto en el convento que la Orden Tercera regentaba en Bollullos Par del Condado antes de su traslado a Sevilla. La imagen tiene su origen en el siglo XIV, pero fue profundamente renovada para adaptarla a la estética barroca, probablemente ya en el siglo XVIII.

Siguiendo en el primer cuerpo, en la calle de la izquierda encontramos a san Ivo de Bretaña y a san Elizario, mientras que en la de la derecha se ubican san Conrado y san Luis de Francia. Ya en el segundo cuerpo, en el centro se ubica un relieve con "San Francisco aprobando las reglas de la Orden Tercera". El relieve aparece flanqueado por santa Isabel de Portugal a la izquierda y santa Isabel de Hungría a la derecha.

Crucero

El presbiterio se halla flanqueado por otros dos retablos de menor tamaño que se ubican en los brazos del crucero. Ambos son del primer tercio del siglo XVIII y acogen una imagen de la Virgen con el Niño el de la izquierda y un Jesús Nazareno el de la derecha. Originalmente los retablos estaban dedicados a dos imágenes de buena calidad de san Miguel y san Rafael que en la actualidad suelen ubicarse en la capilla sacramental.

En la cabecera izquierda del crucero se encuentra un retablo de principios del siglo XVIII que acoge la imagen de Nuestra Señora del Subterráneo, Reina de Cielos y Tierra, titular de la Hermandad de la Cena. La imagen es una dolorosa de vestir que tradicionalmente se ha atribuido al escultor decimonónico Juan de Astorga, aunque debido a sus rasgos estilísticos no se puede descartar que sea una imagen de mayor antigüedad, probablemente del siglo XVII. El retablo en el que se encuentra perteneció en su día a la Hermandad del Amor, que tuvo su sede en esta iglesia. De hecho, tras la Virgen es visible la forma de cruz que acogió en su día al Cristo del Amor. Cabe recordar que en esta iglesia se fundó también la Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén y que fue aquí donde se fusionaron ambas para dar paso a la Hermandad del Amor que conocemos hoy con sede en la iglesia de El Salvador. De hecho, en el ático del retablo se ubica un relieve en el que se representa precisamente la escena de la Entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de la célebre "borriquita".

Frente al retablo de la Virgen del Subterráneo, en la cabecera derecha del crucero, se sitúa un retablo de formas muy dinámicas tallado por Fernando de Medinilla en 1727. Lo preside la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia, que es también titular de la Hermandad de la Cena, participando también en la procesión sobre su paso. La imagen fue realizada en el siglo XVI, por lo que es una de las más antiguas de la Semana Santa de Sevilla, y tiene la particularidad de estar realizado no en madera sino a base de telas encoladas. Representa a Cristo sentado sobre una roca junto en el momento previo a la crucifixión, apoyando su cabeza sobre su mano derecha en actitud reflexiva. Esta iconografía tiene unas profundas raíces en la religiosidad sevillana desde que se realizaran las primeras tallas a partir de un grabado de Durero de 1511. 

Capillas

En el lado del Evangelio (izquierda) de la iglesia se sitúa la Capilla Sacramental, de planta rectangular y cubierta por bóveda de cañón con lunetos. Tanto los muros como las bóvedas se hallan profusamente decorados con ornamentación barroca de comienzos del siglo XVIII. Se encuentra presidida por un retablo neoclásico del siglo XIX presidido por una Inmaculada. La flanquean las tallas de santa María Egipciaca y san Antonio de Padua, y en el ático se ubica un Crucificado. Todas las tallas son aproximadamente de principios del XIX, salvo la Inmaculada que es del siglo XVII. A ambos lados de la capilla se sitúan sendos retablos, también neoclásicos, que albergan las imágenes de principios del siglo XVIII de san Miguel y san Rafael. También en esta capilla se encuentra una imagen de vestir de san Francisco del siglo XVII que al parecer llegó a salir en procesión por las calles del barrio. También hay un crucificado con la advocación de Cristo de la Buena Muerte, con una calidad notable, que ha sido datado a principios del XVIII.

Frente a la capilla sacramental, en el lado de la Epístola (derecha) se ubica la capilla de Nuestra Señora de la Encarnación. Está presidida por un retablo neoclásico que acoge la imagen de la Virgen que es titular de gloria de la Hermandad de la Cena. Se trata de una talla del siglo XVII atribuida a Juan de Mesa, aunque profundamente reformada con posterioridad. La capilla permaneció cerrada durante mucho tiempo tras sufrir un derrumbe pero puede ser devuelta al culto tras su restauración en 2019.

IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

La iglesia de San Sebastián es un templo gótico mudéjar levantado originalmente entre los siglos XV y XVI como una ermita a las afueras de la ciudad. Ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de su historia, sobre todo durante los siglos XIX y XX, en relación con la aparición del barrio del Porvenir a su alrededor. Cuenta con planta rectangular dividida en tres naves mediante arcos apuntados. De la planta sobresalen el área del presbiterio y la capilla sacramental, en la cabecera de la nave de la Epístola. La iglesia es la sede de la Hermandad de la Paz, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia 

El origen de la iglesia es una ermita que se levantó en este lugar a finales de la Edad Media en honor de San Sebastián, santo al que se pedía intercesión en caso de epidemias. En el siglo XIX se construyó en las inmediaciones de la ermita el primer cementerio extramuros de la ciudad. Hay que recordar que durante la mayor parte de nuestra historia, los enterramientos se producían en las iglesias o en sus áreas aledañas, con los consiguientes problemas de salubridad que esta práctica acarreaba. Existen dos dibujos del viajero inglés Richard Ford realizados en 1831 en los que aparece el cementerio y la primitiva ermita. El cementerio de San Sebastián fue perdiendo importancia tras la construcción del municipal de San Fernando en 1852 y diez años más tarde se iniciaría su demolición, tras y como recuerda una inscripción a los pies de una cruz que se ubica en la actualidad frente a la iglesia como monumento conmemorativo. Tras la desaparición del cementerio se acometió una reforma de la antigua ermita. Fue probablemente en esta época, a mediados del XIX, cuando se añadió al actual presbiterio, ya que se sabe que originalmente existía uno de estilo gótico y el actual está cubierto por cúpula semiesférica al estilo barroco.

Desde comienzos del siglo XX, de la mano de los preparativos para la Exposición Iberoamericana de 1929, se aceleró la creación del barrio del Porvenir en el entorno de la antigua ermita, con lo que el templo fue varias veces reformado, a medida que cobraba importancia como auxiliar de la parroquia de San Bernardo. 

En 1939 se funda la Hermandad de la Paz con sede en esta iglesia, lo que conlleva nuevas reformas, como la apertura de la portada sur para la salida de los pasos o la construcción de la casa-hermandad, levantada bajo la dirección de Rafael Arévalo y Carrasco en 1941. En 1956 la iglesia se constituye definitivamente como parroquia y ha llegado hasta nuestros días consolidada como el centro de la religiosidad del barrio.

Exterior

Al exterior, la iglesia se halla rodeada de construcciones anexas, permaneciendo exentas únicamente las fachadas sur y este. En la que da al sur se observan los contrafuertes de sujeción de los muros y cuenta con una sencilla portada en el área más cercana a la cabecera. Se abrió en 1940 para permitir la salida de los pasos y está compuesta por un sencillo arco de medio punto enmarcado por una moldura de ladrillo visto. A la derecha de la puerta se encuentra un hermoso retablo cerámico con el Cristo de la Victoria, realizado por Alfonso Magüesín de la Rosa en 1989. Al fondo aparece un paisaje en el que se distingue la silueta de la plaza de España. El retablo cerámico dedicado a la Virgen se encuentra muy cercano, junto a la entrada al área cercada en torno a la iglesia. Fue realizado por Antonio Morilla Galea en 1977 y en él destaca el hermoso contraste entre la blancura de la figura de la Virgen y el fondo negro.

La fachada principal es la que da al este, en los pies de la iglesia. En su centro encontramos una magnífica portada mudéjar realizada probablemente en el siglo XV. Está formada por un arco ojival, enmarcado por una estructura que sobresale del resto de la fachada, construida a base de hileras de ladrillos que alternan dos tonos. Es de una gran belleza a pesar de su sencillez y está claramente emparentada con otras portadas similares que encontramos en Sevilla, como la de la iglesia del convento de Santa Paula o la de la capilla de Santa María de Jesús. Sobre la portada encontramos el escudo de la Catedral, la Giralda entre dos jarras de azucenas, símbolo del patronazgo del cabildo catedralicio. Este emblema no aparece en el dibujo de Richard Ford de 1831, por lo que debió añadirse con posterioridad.

En la parte superior de la fachada se sitúan tres óculos, uno en el centro y dos a los lados, que sirven de iluminación a cada una de las naves. A la izquierda se levanta una sencilla espadaña, con una sola campana y rematada por frontón curvo.

Interior

En el interior encontramos el espacio dividido en tres naves, con la central más amplia y alta que las laterales. Separando las naves aparecen grandes arcos apuntados que descansan sobre pilares cruciformes. Otro gran arco apuntado separa la nave central del presbiterio a modo de arco triunfal. La mayor parte de los muros se hallan enfoscados en blanco, con la zona de los pilares imitando sillería y dejando en los arcos el ladrillo visto. Un  zócalo de azulejos del siglo XX con formas geométricas recorre todo el interior. La cubrición se hace mediante artesonados de madera de estilo neomudéjar, de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. 

Del espacio rectangular que forman las naves sobresalen tres espacios en la cabecera. En el centro se ubica el presbiterio, la sacristía en la cabecera de la nave derecha y la capilla que ocupa la Hermandad de la Paz en la cabecera de la nave del Evangelio. 

El presbiterio es un espacio cuadrangular cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas que no es visible desde el exterior del templo. Con toda probabilidad, originalmente estuvo cubierto por una bóveda ojival, como ocurre en la mayoría de las iglesias gótico mudéjares de la ciudad. La actual cúpula se debió construir durante las reformas acometidas en el siglo XIX. Los muros se hallan decorados con pinturas contemporáneas con motivos geométricos, vegetales, arquitecturas fingidas y ángeles. Las pechinas siguen la tradición de servir como soporte para acoger a los Evangelistas, que aparecen representados por sus símbolos. 

El retablo es de estilo neobarroco, realizado en el siglo XX. Está dividido en tres calles y dos cuerpos horizontales. En la hornacina principal encontramos una magnífica talla de la Virgen con el Niño conocida como la Virgen del Prado. Fue realizada por Jerónimo Hernández hacia 1577 y es una destacada muestra de la escultura renacentista en la ciudad. El Niño Jesús aparece bendiciendo con un dulce gesto mientras que la Virgen sostiene una pera en su mano derecha. Hay que recordar que esta imagen ejercía como patrona y protectora de los hortelanos y gentes del campo en esta zona de Sevilla.

En las calles laterales se sitúan las esculturas de San Pedro y San Roque. En el centro del segundo cuerpo se sitúa San Sebastián, santo titular del templo, flanqueado por San Jacinto y Santo Domingo de Guzmán. Todas las tallas parecen originales del siglo XVIII, aunque probablemente se volvieron a policromar con posterioridad.

En los muros de las naves se disponen otras esculturas y lienzos. Se puede destacar una talla de la Inmaculada del siglo XVIII que preside un retablo de estuco y estilo neoclásico. También nos podemos encontrar con algunas tallas del siglo XX, como el Sagrado Corazón que preside un retablo de estilo neobarroco. Entre los lienzos, encontramos varias copias de originales de Murillo y algunos otros barrocos, como el "Martirio de Santa Lucía" (Francisco Varela, c. 1637), la "Anunciación" o los "Desposorios de la Virgen". De la misma época se encuentran representaciones de varios santos, como San Lorenzo, Santa Inés o San Sebastián, y una interesante "Virgen de Guadalupe", copia del original mexicano realizada por Antonio Torres en 1740.

Como decíamos, en la cabecera de la nave izquierda se ubica la capilla sacramental, en la que reciben culto las imágenes titulares de la Hermandad de la Paz. La capilla se halla cubierta por una bóveda de arista con linterna en el centro y presidida por un retablo neobarroco. En el centro encontramos a Nuestro Padre Jesús de la Victoria, una talla realizada por Antonio Illanes Rodríguez en 1940. Forma parte de un paso en el que se ve a Jesús tomando la cruz para cargar con ella camino del Calvario, aunque cuando está en su capilla la imagen se muestra lógicamente sin la cruz. A la izquierda se sitúa la imagen de María Santísima de la Paz, realizada en 1939 también por Antonio Illanes, de quien se dice que se inspiró para el rostro de la imagen en los rasgos faciales de su esposa, Isabel Salcedo. A la hora de procesionar, la imagen destaca por los tonos blancos y plateados de su paso, tanto en el palio como en la figura de la Virgen en sí. Esta blancura es un claro signo de la advocación de la Paz y configura una estampa muy singular e icónica en la Semana Santa de Sevilla. El mismo autor realizó también la talla de San Juan que ocupa la hornacina de la derecha en el retablo.

IGLESIA DE SAN JULIÁN

La iglesia de San Julián es un templo gótico mudéjar, edificado en su mayor parte en el siglo XIV, aunque con importantes modificaciones posteriores. Es la sede de la Hermandad de la Hiniesta, que procesiona el Domingo de Ramos.

Cuenta con planta rectangular y tres naves, separadas por arcos apuntados que descansan sobre pilares. De la planta sobresale la cabecera poligonal en la que se encuentra el presbiterio. 

Tal y como ha llegado hasta nuestros días, la iglesia es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo a mediados del siglo XX, ya que fue destruida casi por completo en un incendio intencionado en 1932. A finales de ese mismo siglo el templo fue intervenido por completo para sustituir sus cubiertas que se encontraban en estado ruinoso.

Historia

La iglesia es una de las parroquias del grupo de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas, erigidas principalmente en el área norte del casco histórico entre los siglos XIII y XV. Todas comparten una estructura y estilo muy similares y conforman un conjunto tipológico de extraordinario interés y belleza.

En el caso de San Julián, se sabe que se edificó en la primera mitad del siglo XIV, dedicada a este santo que sufrió el martirio a principios del siglo IV junto con su esposa Basilisca, probablemente en Antinóopolis (Egipto).

El templo ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de su historia. En el siglo XVII se añadió la torre campanario y la capilla del lado izquierdo que ocupa la Hermandad de la Hiniesta. Los momentos más complicados acontecieron en abril de 1932, cuando la iglesia sufrió un incendió intencionado que la destruyó casi por completo. Se perdieron todas sus cubiertas y la mayor parte de su patrimonio mueble, incluyendo las imágenes titulares de la Hermandad. En 1989 hubo de ser cerrada de nuevo hasta 1994, dado el mal estado en el que se encontraban sus cubiertas.

 

Exterior

San Julián cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado izquierdo, si bien esta segunda está inconclusa y ha llegado hasta nuestros días flanqueada por una estructura de ladrillo que habría de servir de soporte a una portada que nunca se hizo. La portada principal es la de los pies y muestra la clásica forma ojival, abocinada, enmarcada por un alfiz que resalta con respecto al resto de la fachada. Presenta una decoración escultórica muy sencilla y algo tosca, aunque el alto grado de erosión de la piedra hace difícil valorar su apariencia original. El arco se halla decorado en su exterior por una moldura con motivos zigzagueantes y otra con puntas de diamante. Los capiteles de las columnillas de ambos lados cuentan con decoración vegetal de hojas de parra, que continúa hacia el exterior bajo la línea de imposta. Alrededor del arco de entrada se ubican tres pequeñas esculturas bajo doseletes góticos. Según el historiador del arte Rafael Cómez, la que se encuentra en la cúspide representa a Cristo como juez, la de la izquierda a San Julián obispo y la de la derecha a San Julián el hospitalario. Las confusiones entre santos han sido comunes a lo largo de la historia y a menudo se han atribuido elementos de santos distintos a otros con el mismo nombre o sus características han sido distintas dependiendo del territorio (Rafael Cómez Ramos, "Iconología de la arquitectura religiosa bajomedieval en Sevilla: la iglesia de San Julián").

En la parte superior aparecen una serie de modillones decorados con cabezas de león, entre los que se disponen una serie de arcos de herradura grabados en la piedra. Los leones simbolizaban, entre otras cosas, la autoridad real, y los encontramos en otras portadas sevillanas de la misma época, como en San Esteban o en Santa Ana de Triana.

Sobre la portada se disponen tres óculos con moldura de punta de diamante, uno más grande en la parte superior y dos, algo menores, uno a cada lado. 

Completan la decoración de esta fachada dos retablos cerámicos dedicados a los titulares de la Hermandad de la Hiniesta, que se ubican a ambos lados de la portada. A la izquierda se encuentra el de la Virgen, realizado por Antonio Kierman Flores en la fábrica de Santa Ana en 1962. En el de la derecha encontramos al Cristo de la Buena Muerte y fue realizado en 1994 por Emilio Sánchez Palacios en su taller familiar, Cerámica Macarena.

En la fachada de la derecha, hacia la calle Duque Cornejo, encontramos otro retablo cerámico con la misma autoría y datación que el del Cristo. En esta ocasión está dedicado a la Virgen del Rosario, titular de su propia hermandad, también con sede en este templo.

Desde este mismo lado es visible la torre campanario que se erige junto a la cabecera de la iglesia. Es de planta cuadrada, con el cuerpo de campanas decorado por sencillas pilastras, y se encuentra rematada por un chapitel hexagonal con decoración cerámica en blanco y azul.

Interior

La imagen interior del templo en la actualidad es el resultado de las reconstrucciones que tuvieron que llevarse a cabo durante el siglo XX, si bien se procuró recrear en lo posible la apariencia original. Las naves están cubiertas por artesonados de madera del siglo XX, en estilo neomudéjar, mientras que sobre la cabecera la cubrición es mediante una bóveda de nervadura que sigue el modelo gótico. Esta diferencia en el tipo de cubrición entre las naves y el presbiterio es muy habitual en las iglesias gótico mudéjares sevillanas. Los muros están recorridos por zócalos de azulejos de motivos geométricos, siguiendo también modelos que vienen desde la Edad Media. 

En el área del presbiterio, el retablo actual es el resultado de una reconstrucción a partir de fragmentos de retablos del siglo XVII y XVIII. Esto se debe a que el anterior se perdió en el incendio de 1932. En la hornacina central recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Gloriosa, una imagen realizada en 1945 por Antonio Castillo Lastrucci en sustitución de la original gótica, destruida también en el incendio. Esta advocación de la Hiniesta tiene un interesantísimo origen y está profundamente arraigada en la ciudad, hasta el punto de que es oficialmente la patrona del Ayuntamiento de Sevilla. El profesor Francisco S. Ros González cuenta la leyenda así:

…el caballero catalán mosén Per de Tous se encontraba cazando en los montes de su tierra un día de finales del siglo XIV cuando su azor quedó paralizado ante las retamas en las que se habían refugiado las perdices que perseguía. Extrañado por el comportamiento del ave, el caballero se apeó de su caballo, miró dentro del matorral y descubrió una imagen de la Virgen con el Niño en brazos con una inscripción a sus pies que, en la versión latina de Ortiz de Zúñiga, decía: «Sum Hispalis de sacello ad portam quæ ducit ad Corduvam» («Soy de Sevilla, de una capilla junto a la puerta que encamina a Córdoba»). Del texto se deducía que la imagen era una de aquéllas que en tiempos de la invasión musulmana habían sido escondidas para evitar su profanación y que milagrosamente se había conservado intacta a través de los siglos a pesar de encontrarse a la intemperie. Per de Tous condujo la imagen a Sevilla y la depositó en la iglesia parroquial de San Julián, por ser el templo en aquel entonces más próximo a la puerta abierta en las murallas de la ciudad que conducía a Córdoba. El hecho de haberse encontrado la imagen de la Virgen oculta en unas retamas o hiniestas motivó que se titulara Santa María de la Hiniesta.

(Francisco S. Ros Gonzáles, “La Virgen de la Hiniesta de Sevilla y el movimiento concepcionista”. Universidad de Sevilla, 2005)

A ambos lados encontramos dos lienzos anónimos del siglo XVIII, el de la izquierda con la Inmaculada Concepción y el de la derecha con Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción. Sobre los lienzos, dos hornacinas acogen tallas de pequeño tamaño. La de la izquierda representa a San Bernardo de Claraval, mientras que la de la derecha podría ser Santa Teresa de Lisieux. Sobre la hornacina central, en la parte superior del retablo, encontramos otro lienzo anónimo del XVIII con San Francisco Solano. Sobre él, un pequeño relieve con la Inmaculada (siglo XVII).

También en el área del presbiterio, destacan dos curiosos lampareros de hacia 1672. Afortunadamente se salvaron del incendio de 1932 y de ellos cuelga una espléndida colección de ocho lámparas de plata de los siglos XVI y XVII.

 

Nave del Evangelio

Si empezamos a describir los muros de la iglesia por los pies de la nave izquierda, lo primero que encontramos es una talla de San José con el Niño, obra anónima del siglo XVIII. Muy cerca se ubica un panel cerámico en tonos azules con la representación del Bautismo de Cristo. Es una recreación del excepcional lienzo con el mismo tema que Murillo pintó para la capilla de San Antonio de la catedral de Sevilla. El retablo cerámico fue realizado por Rafael Cantanero Mesón en la Fábrica de Mensaque de Triana hacia 1920.

Continuando hacia la cabecera encontramos un curioso retablo - peana de estilo neobarroco, formado por motivos vegetales. Alberga una hermosa talla de Santa Ángela de la Cruz, obra contemporánea de Ricardo Rivera. 

El siguiente retablo es también contemporáneo y está realizado en escayola dorada. Alberga una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, realizada por Castillo Lastrucci hacia 1945.

Continuando hacia la cabecera, el siguiente retablo es también moderno y muy sobrio, pero alberga una de las grandes joyas artísticas de este templo. Se trata de una talla de la Inmaculada Concepción, realizada en el primer tercio del siglo XVII y atribuida a Alonso Cano. Presenta notables similitudes con obras de Martínez Montañés y, de hecho, en ocasiones se le ha atribuido, dado su parecido con esculturas como la famosa "Cieguita" de la catedral de Sevilla. Hay que Alonso Cano estuvo formándose junto con el maestro Montañés y es normal que reprodujera sus modelos.

Finalmente, en la cabecera de la nave del Evangelio encontramos un retablo neogótico con la imagen de vestir de la Virgen del Rosario. La imagen es titular de su propia hermandad de gloria y fue realizada en 1937 por José Rodríguez Fernández-Andes. 

Nave de la Epístola

En la cabecera de la nave derecha se ubica la capilla sacramental, en la que recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Dolorosa, titular de la Hermandad de la Hiniesta. Es la tercera imagen con esta finalidad que posee la Hermandad. La primera era una dolorosa barroca del siglo XVII, atribuida a Martínez Montañés, que se perdió en el incendio de 1932. Para sustituirla, Castillo Lastrucci realizó una nueva Virgen de la Hiniesta, que fue destruida en el incendio de San Marcos de 1936, ya que por entonces la Hermandad estaba asentada en esta parroquia. La actual fue realizada también por Castillo en 1937 para sustituir a la desaparecida talla que él mismo había realizado.

Junto a la capilla sacramental, en el muro de la epístola, un sencillo arcosolio acoge al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, también titular de la Hiniesta. Es un imponente crucificado de 1.76 m. realizado también por Castillo Lastrucci en 1938 en sustitución del original de Felipe de Ribas desaparecido en el incendio.

Continuando un poco hacia los pies, sobre un pedestal se ubica la talla de la Magdalena que Castillo realizó en 1944 y que acompaña al Cristo en su paso cuando procesiona.

Este escultor tan estrechamente ligado a la Hermandad se halla precisamente enterrado en esta iglesia. Encontramos su monumento funerario en esta misma nave de la epístola. Sobre él se ubica el conjunto escultórico de la Piedad, que el escultor realizó en 1949. En la placa a los pies del túmulo se puede leer “Aquí bajo sus más queridísimas imágenes descansa el ilustrísimo señor don Antonio Castillo Lastrucci 1882-1967”.

CAPILLA DEL MAYOR DOLOR

La capilla del Mayor Dolor es un pequeño templo del siglo XVIII que se ubica en la plaza de Molviedro, por lo que en ocasiones es conocida como capilla de Molviedro. En la actualidad es la sede de la Hermandad de Jesús Despojado, que procesiona el Domingo de Ramos.

El área en la que se encuentra la capilla era conocida desde la Edad Media como la Laguna o Compás de la Laguna, ya que era un área no edificada dentro del recinto amurallado en la que se formaba una extensión de agua de este tipo. Era también la zona en la que históricamente se ubicaba la mancebía, muy cerca del puerto, como es habitual. Esta mancebía estaba separada del resto de la ciudad por una tapia, por lo que la zona del Compás quedaba encajada entre la muralla de la ciudad y esta tapia.

Muy cerca de la actual capilla se ubicaba una ermita, más modesta, donde radicaba una hermandad dedicada a la Santísima Cruz y a Nuestra Señora del Mayor Dolor. La cruz de forja sobre columna de mármol que hoy se encuentra en la plaza recuerda el emplazamiento de esta primitiva ermita. 

La capilla que ha llegado hasta nuestros días se construyó en la segunda mitad del siglo XVIII, en el marco de la urbanización general que se produjo en este área de la ciudad. Manuel Prudencio de Molviedro, un comerciante de Viana asentado en Sevilla, se hizo con gran parte del barrio e inició su reurbanización durante el mandato de Pablo de Olavide (1767-1776). Dentro de esta transformación, Manuel Prudencio promovió y financió la construcción de la capilla, que sería consagrada en 1779. Desde 1856 la antigua plaza del Compás de la Laguna se renombró como Plaza de Molviedro en honor de este benefactor navarro.

En 1956, la capilla fue cedida a la Congregación de los Claretianos, quienes a su vez la cedieron a la Hermandad de Jesús Despojado en 1982.

 

Exterior

La capilla presenta planta rectangular con una sola nave. Solo cuenta con una fachada al exterior, la de los pies, que se abre a la plaza. Es de una composición muy sencilla. Un gran vano adintelado, enmarcado por pilastras y cubierto por frontón triangular partido. En el centro del frontón se dispone un segundo cuerpo, esta vez rematado por frontón curvo, enmarcando una ventana. En la parte superior de la fachada se ubica una sencilla pero elegante espadaña, de una sola campana y rematada también por frontón curvo. A ambos lados de la portada se ubican los retablos cerámicos dedicados a Jesús Despojado y a la Virgen de los Dolores y Misericordia, titulares de la hermandad que tiene su sede en la capilla. Fueron realizados en 2007 en el taller cerámico de José Jaén de Mairena del Alcor.

 

Interior

El interior se halla dividido en dos tramos mediante pilastras: el presbiterio y la nave propiamente dicha, cada uno cubierto por bóvedas vaídas. El retablo es el original barroco de la segunda mitad del siglo XVIII. En la actualidad se halla presidido por la imagen de Jesús Despojado de sus vestiduras, tallada por Antonio Perea Sánchez en 1939. 

Se da la circunstancia de que fue realizada en la prisión provincial de Sevilla, ya que el escultor se hallaba preso, acusado de haber auxiliado a la resistencia cuando las tropas franquistas tomaron Sevilla en 1936. La talla fue intervenida en 1974 por Antonio Eslava Rubio, quien rehizo por completo el cuerpo, manteniendo la cabeza.

En la hornacina de la izquierda recibe culto la imagen de la Virgen de los Dolores y Misericordia, realizada en 1962 también por Eslava Rubio. A la derecha se ubica la imagen de San Juan Evangelista realizada por Juan González Ventura en 1981. Esta talla acompaña a la de la Virgen en su paso de palio durante su salida procesional cada Domingo de Ramos.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se dispone un grupo escultórico con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen niña. A la derecha se ubica Santa Basilisca (identificada por José Gestoso como Santa Gertrudis) y a la izquierda encontramos a San Miguel. Todas ellas son tallas anónimas realizadas en el siglo XVIII, formando parte de la decoración escultórica original del retablo.

Del mismo siglo es la imagen que preside el pequeño retablo que se ubica en el muro derecho de la nave. Se trata de Nuestra Señora del Mayor Dolor, imagen titular del templo. Es una escultura también anónima que representa a la Virgen arrodillada a los pies de la Cruz.

En los muros reciben culto las imágenes de San José con el Niño, San Fernando y Santa Genoveva Torres, además de dos lienzos con copias de Murillo, uno con la "Sagrada Familia" y otro con "San Antonio y el Niño".

CAPILLA DE LA CARRETERÍA

La capilla de la Carretería es un pequeño templo del siglo XVIII ubicado en el barrio del Arenal de Sevilla. Se trata de una de las capillas más pequeñas de Sevilla, con menos de 100 metros cuadrados. Tal y como indica su nombre, es la sede de la hermandad de la Carretería, que procesiona la tarde del Viernes Santo.

La ubicación del templo responde a un hecho milagroso que la tradición señala en este lugar. Al parecer, a mediados del siglo XVI, un miembro del gremio de toneleros encontró una imagen de la Virgen oculta tras un muro en esta zona. La imagen desprendía una luz brillantísima, por lo que recibió la advocación de Nuestra Señora de la Luz. Tras este acontecimiento, se decidió fundar la hermandad, cuyo germen sería el mencionado gremio de toneleros (1550).

La capilla actual fue construida entre 1753 y 1761 a partir de los planos de Juan Núñez. Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de arista, salvo en el presbiterio, donde la bóveda es vaída. A finales del siglo XX se añadió a la derecha una nueva capilla para albergar la imagen de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad.

La fachada es de estilo neoclásico y muy sencilla. Dos pilastras enmarcan la entrada y sostienen un frontón partido, en cuyo centro se abre una hornacina, rematada por frontón triangular. En el centro de la parte superior se ubica una espadaña de un solo vano con la campana.

En el interior de la capilla reciben culto los titulares de la hermandad de la Carretería. El Cristo de la Salud es una extraordinaria talla de autor anónimo que se ha datado a principios del siglo XVII. Aunque no se conserva documentación, atendiendo a su estilo, se ha señalado a Francisco de Ocampo como su posible autor. Lo acompañan la Virgen de la Luz y San Juan, obras del taller de Pedro Roldán de hacia 1677. 

En la capilla lateral se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Originalmente, era la imagen de María que acompañaba al Crucificado en el paso de misterio, aunque desde 1885 procesiona en su propio paso de palio. Está atribuida a  Alonso Álvarez Albarrán y se ha datado en 1629.

También encontramos una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, con la advocación de Nuestra Señora de la Luz (de gloria), que comparte con la ya mencionada. Tradicionalmente se la ha identificado con la imagen aparecida milagrosamente en este lugar hacia 1550. Sin embargo, un análisis estilístico deja claro que la imagen fue realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. Cabe la posibilidad de que la imagen actual se hiciera a partir de los restos de la original o que, por algún motivo y en algún momento que desconocemos, se decidiera su sustitución.