IGLESIA DEL ANTIGUO HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

El hospital de Nuestra Señora de la Paz es una fundación asistencial perteneciente a la Orden de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, asentados en Sevilla desde 1543 y en el emplazamiento que ocupan actualmente desde 1574. Se fundó como un centro para la atención de los enfermos con pocos recursos y más tarde pasó a ocuparse también de antiguos militares convalecientes. Con la Desamortización, el Hospital fue expropiado en 1836 pero los hermanos hospitalarios volvieron a su antigua casa en 1880. Desde entonces, la orden se sigue encargando del Hospital, que en la actualidad funciona como una residencia de ancianos.

La parte artísticamente más interesante, y la única abierta al público general, es la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, que da a la plaza del Salvador. Se trata de un templo edificado inicialmente en la primera mitad del siglo XVII, aunque profundamente reformado durante el XVIII.

Se trata de una iglesia de tres naves, con crucero no marcado en planta y una cabecera plana. 

Al exterior, su única fachada a los pies cuenta con un diseño que se ha atribuido en sus orígenes al arquitecto tardorenacentista Vedmondo Resta. Se divide en tres niveles 

En el primero, cuatro columnas dóricas sustentan un friso de metopas y triglifos. Entre las laterales se abren dos óculos y entre las centrales, el arco de medio punto rebajado que da acceso al templo.

En el centro del segundo nivel, de nuevo cuatro columnas, pero esta vez rodeadas de profusa decoración con motivos vegetales, rocallas y ángeles niños, elementos añadidos probablemente en el siglo XVIII. Enmarcan tres hornacinas que albergan las imágenes de San Agustín, la Virgen con el Niño y San Juan de Dios. Las hornacinas laterales se hallan profusamente decoradas, mientras que la central es de una gran sencillez. Además, los rasgos estilísticos de la imagen central de la Virgen son claramente distintos a los de las imágenes laterales, lo que indica que este espacio central fue reformulado con posterioridad al resto de la portada. Enmarcan todo el conjunto dos pilastras, también con abundante ornamento

En el tercer nivel, la portada se completa con una hornacina enmarcando una vidriera moderna, flanqueada por una abundante y minuciosa decoración escultórica. Sobre la vidriera, dos ángeles sostienen una corona sobre el símbolo de los hermanos de San Juan de Dios, una granada, que recuerda la fundación de esta orden en la ciudad andaluza del mismo nombre en 1572.

Sobre el conjunto, se eleva un frontón curvo y partido en el centro del que se abre un óculo. A ambos lados de la fachada, encontramos dos torres campanarios rematadas por unos estilizados chapiteles revestidos de azulejo.

Al interior, encontramos las tres naves de la iglesia divididas por arcos de medio punto sobre columnas de mármol, con la central notablemente más alta que las laterales. Las naves laterales se cubren con bóvedas de cañón, al igual que la central, que además incluye lunetos. A los pies del templo, se ubica un coro alto ornado con abundante decoración de yeserías de estilo rococó. Sobre el crucero, se levanta una cúpula con linterna, decorada con yeserías de motivos geométricos, originales dle siglo XVII.

Es especialmente interesante por su originalidad en Sevilla el zócalo de azulejo que recorre los muros del templo. Se ha datado en 1771 y presenta una hermosa decoración ‘a candelieri’ en azul y blanco, con algunos motivos en amarillo en las zonas destacadas.

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado hacia 1800, cuando sustituyó a uno anterior de estilo barroco. En la hornacina central se venera una imagen de vestir de la Virgen de la Paz, titular del templo, flanqueada por San Juan de Dios y San Juan Grande, esculturas todas de la misma época que el retablo.

En las cabeceras de ambas naves laterales se ubican dos de las imágenes de mayor interés artístico en el templo. Se trata de las representaciones de San Rafael y San Juan de Dios, atribuidas ambas por su gran calidad al gran Martínez Montañés.

En los muros de la iglesia se distribuyen una serie de ocho retablos barrocos, datados en los siglos XVII y XVIII, que albergan un interesante conjunto escultórico. Entre las imágenes religiosas, podríamos destacar por su interés las siguientes:

- Una imagen de San Andrés del siglo XVII atribuida a Francisco de Ocampo, proveniente del anterior retablo mayor de la iglesia, hoy desaparecido.

- San Carlos Borromeo, tallado por Juan de Mesa en 1618.

- Una imagen del Cristo de la Humildad, datado hacia el 1600, que reproduce la iconografía de Cristo apenado en los momentos previos a la Crucifixión. Esta representación tiene su origen en un grabado de Durero y está muy extendida en las iglesias sevillanas.

- Una Inmaculada del escultor valenciano Blas Molner, de finales del XVIII o principios del XIX. Por su gran dinamismo y originalidad, podría ser identificada también como una Asunción de la Virgen.

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IGLESIA DEL DIVINO SALVADOR

La iglesia del Divino Salvador de Sevilla es el segundo templo más grande de la ciudad, sólo después de la Catedral. Es una de las grandes joyas arquitectónicas de la ciudad y en su interior alberga una magnífica colección escultórica, con obras de los más destacados autores del barroco sevillano.  Como resultado de su larga y compleja historia, se ha configurado un enorme y majestuoso templo con tres naves. El crucero sobresale notablemente en altura sobre el resto, aunque no es perceptible en la planta del edificio, que es de las llamadas de salón. 

Historia

Sabemos que en el espacio que hoy ocupa estuvo la llamada mezquita de Ibn Adabbas, creada hacia el 830 como mezquita aljama o principal de la ciudad. Ostentó este rango hasta que en el siglo XII se construyó la nueva gran mezquita, en el lugar que hoy ocupa la Catedral.

De la mezquita que se ubicaba en el Salvador se han conservado algunos elementos, como parte de su patio y el arranque de su alminar, que se corresponde con la parte baja de la torre que encontramos en el extremo norte, en la calle Córdoba.

Una vez conquistada la ciudad por los cristianos en 1248, la mezquita pasó a utilizarse como iglesia, aunque manteniendo lo esencial de su estructura. Así permaneció durante siglos, con las características arquitectónicas de un templo islámico pero sirviendo para el culto cristiano, como sigue ocurriendo hoy, por ejemplo, con la Mezquita-Catedral de Córdoba. 

Sin embargo, ya llegado el siglo XVII, parece que su estado era bastante ruinoso y se decidió la construcción de un nuevo templo. Las obras comenzaron hacia 1674, pero cuando se estaba acometiendo el cierre de las bóvedas, se produjo un estrepitoso derrumbe que obligó a replantearse buena parte del proyecto. 

De la dirección de las obras se acabó por encargar Leonardo de Figueroa, el mejor arquitecto del barroco sevillano, que intervino también en otros proyectos como San Luis de los Franceses o La Magdalena. En este caso, Figueroa se encargó de cerrar las bóvedas, construir la gran cúpula y terminar el interior del edificio. Las obras no concluyeron hasta 1712.

Exterior

Patio y torre

Se pueden observar hoy algunos restos de la antigua mezquita en el actual Patio de los Naranjos, en el que se conservan in situ algunas de las columnas que rodearon el primitivo patio de abluciones. Algunas de ellas tienen un origen romano y visigodo, y su profundidad deja claro que la cota de la mezquita era mucho más baja que la de la actual iglesia.

La base de la torre campanario, entre el patio y la calle Córdoba, fue también el minarete original de la mezquita, completamente alterado en sus pisos superiores por sucesivas reformas. La parte superior que podemos observar en la actualidad fue añadida por Leonardo de Figueroa a finales del siglo XVII.

Capilla de los Desamparados

En el extremo occidental del patio se ubica la Capilla del Cristo de los Desamparados, un pequeño templo de planta rectangular que fue levantado a mediados del siglo XVIII, bajo la dirección de uno de los hijos de Leonardo Figueroa, Matías o Ambrosio. Las fuentes difieren a este respecto.

El interior se cubre por dos bóvedas elípticas, estando la más cercana al altar mayor coronada por una linterna. Sus muros se decoran profusamente con pinturas murales barrocas y a los lados se abren una serie de hornacinas a modo de altares laterales. En una de ellas se ubica la Virgen del Prado, una imagen de vestir realizada por el imaginero Sebastián Santos en 1949 que es titular de su propia hermandad de gloria.

El retablo mayor lo ocupa la imagen del Cristo de los Desamparados, titular de la capilla, un crucificado de autor anónimo que se ha venido datando en el siglo XVI.

Fachada de la iglesia

En cuanto a la iglesia propiamente dicha, la fachada principal tiene unas líneas barrocas muy clásicas y de influencia italiana, cercanas a las formas renacentistas. La sucesión de pilastras de piedra y paños de ladrillo rojizo consiguen la clásica bicromía que es tan característica de muchos edificios sevillanos desde que en el siglo XVI se construyera la Lonja, hoy Archivo de Indias. 

A pesar de su monumentalidad, la fachada del Salvador destaca por su escasa decoración, que contrasta sobremanera con el interior. 

Se organiza en tres calles separadas por pares de pilastras, que se corresponden con las tres naves del templo. En el primer cuerpo se abren tres portadas, con la central de mayores dimensiones que las laterales. Están enmarcadas de una forma muy clásica, con pilastras sosteniendo un dintel sobre el que se abre un segundo cuerpo, mucho menor. Dos ángeles en cada dintel sostienen un escudo con la representación del "Agnus Dei". Sobre la portada principal, un globo terráqueo coronado por una cruz simboliza al "Salvador", mientras que las portadas laterales están coronadas por las efigies de San Pedro y San Pablo.

La decoración de aire plateresco que recorre las pilastras y algunas de las molduras es relativamente reciente, de finales del siglo XIX. Sobre las portadas laterales se abren dos óculos enmarcados por moldura cuadrada.

En el segundo cuerpo, encontramos sólo la prolongación de la calle central, enmarcada de nuevo por pilastras, y con un gran óculo central como única decoración. A cada uno de los lados, se ubican dos aletones decorados por roleos, elementos muy frecuentes en la arquitectura religiosa europea desde el Renacimiento. Tienen la función de dulcificar la transición entre la gran anchura del primer cuerpo y la mucho menor del segundo. 

Tras estos espacios avolutados se esconden dos arbotantes que parecen servir para sostener el peso de los muros de la nave central. Cabe resaltar que estos elementos se vinculan tradicionalmente a la arquitectura gótica y no a la barroca. En el caso de El Salvador son especialmente interesantes ya que al parecer no cumplen función estructural alguna debido a su posición. Se ha señalado por varios autores que la inclusión de los arbotantes se debería simplemente a un interés simbólico, el de resaltar la importancia de la iglesia como templo colegial introduciendo este tipo de elementos tradicionalmente vinculados a un tipo de arquitectura "catedralicia". Así lo explica José María Medianero Hernández en un artículo dedicado a la pervivencia de los arbotantes en la arquitectura bajo andaluza:

“El papel compositivo general no se desvela afortunado dada su composición de retranqueo respecto a los mencionados aditamentos laterales terminados en volutas y su única funcionalidad parece establecerse en la misión de conducción de la vertida de aguas. Desde luego este problema nimio se hubiese podido resolver de otra manera más simple. Quizás la explicación más plausible sea la recurrencia a un motivo emblemático de un templo colegial con aspiraciones catedralicias, ansias y pretensiones que trascienden arquitectónicamente al empaque y prestancia del edificio”.

Cúpula

La cúpula es el elemento más reconocible de la iglesia de El Salvador, sobre todo cuando se observa el templo desde una cierta distancia. Se levantó en 1709-1710 siguiendo el diseño y la dirección de Leonardo de Figueroa, arquitecto que realizó otras cúpulas magistrales en Sevilla, entre las que destacan las de la Magdalena y San Luis de los Franceses.

En el caso de El Salvador, se trata de una cúpula semiesférica sobre tambor octogonal. Tiene una altura de más de 40 metros y un ancho de más de 10 metros. El elevado tambor sirve para destacar la cúpula por encima del resto de cubiertas de la iglesia y en sus lados se abren ocho ventanales, coronados por frontones alternos, curvos y rectos. 

Se han señalado como antecedentes las cúpulas de la iglesia de El Escorial y de la Clerecía de Salamanca, ambas deudoras de la cúpula diseñada por Bernini para la iglesia de Castelgandolfo.

Interior

La iglesia presenta una planta rectangular o de salón, al no formar la clásica forma de cruz latina tan habitual en las iglesias cristianas. Se divide en tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. Aunque la iglesia no cuenta con capillas laterales, sino con altares, al cuerpo principal de la planta se adosan algunos espacios, como la antigua capilla bautismal, la capilla sacramental y la sacristía. 

Las bóvedas se sostienen a través de colosales pilares cuadrados a los que se adosan columnas de orden compuesto y fustes ricamente esculpidos. La cubrición se hace con bóveda de cañón en la nave central y el crucero, y bóveda de arista en las naves laterales. 

La decoración escultórica recorre las partes en piedra del interior del templo, como en los fustes de las columnas o en las enjutas de los arcos. Se trata en su mayoría de decoración vegetal, roleos y otros motivos barrocos. Vemos también con frecuencia el escudo real, sobre todo en las claves de los arcos fajones, elemento que tenía la finalidad de enfatizar ante el cabildo de la Catedral el hecho de que la iglesia era una colegial de fundación real. También encontramos decoración en las pechinas que sostienen la cúpula, en las que se ubican los bustos de los cuatro evangelistas en unos medallones rodeados de profusa ornamentación.

Retablo mayor 

La iglesia se halla presidida por un imponente retablo barroco, realizado entre 1770 y 1779 por el escultor portugués Cayetano de Acosta. Se trata de una obra cumbre de la retablística sevillana al que a veces se ha denominado "el último gran retablo del Barroco español". La profusión decorativa hace difícil distinguir la estructura arquitectónica del retablo. En su centro se representa la escena de la Transfiguración del Señor, el momento en el que Cristo se hace presente después de la Resurrección en el monte Tabor. Lo acompañan Moisés y Elías, como representantes del Antiguo Testamento y, en un nivel inferior, se postran admirados los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. La figura central de Cristo adopta una postura que se ha relacionado con el colosal Longinos que Bernini esculpió para San Pedro del Vaticano y está enmarcado por una gran venera. El resto del retablo se presenta abigarrado con incontables figuras de querubines, ángeles y arcángeles. En el banco se disponen relieves con representaciones de los Padres de la Iglesia y en el centro encontramos un Sagrario-Manifestador, coronado por una Inmaculada. En el ático, la figura de Dios Padre preside todo el conjunto, enfatizada por unos grandes destellos dorados a su espalda.

La bóveda semiesférica sobre el presbiterio se encuentra decorada por las pinturas al temple que Juan de Espinal realizó a finales del siglo XVIII. Representa la gloria celestial, con el Espíritu Santo en el centro, y a través de efectos ópticos como una balaustrada fingida consigue dar la sensación de que se trata de una bóveda más alta de lo que es en realidad.

Órgano

Sobre la entrada principal a la iglesia, se ubica hoy un imponente órgano en madera, realizado por Juan de Bono y Manuel Barrera a finales del siglo XVIII. Este órgano estuvo ubicado en el centro del templo, en el área del coro que se abría frente al Altar Mayor. Las iglesias colegiales tenían obligación de poseer su propio coro, como ocurre con las catedrales. En este templo se desarrolló una brillante trayectoria musical desde el siglo XVI, con figuras tan destacadas como el organista Correa de Arauxo, llamado "el Bach español". En 1861 se suprimió el carácter colegial de la iglesia, se eliminó la zona del coro y el órgano se trasladó a su ubicación actual. Aún hoy, está considerado uno de los mejores órganos de Andalucía y se encuentra inmerso en un proceso de restauración.

También magnífico es el retablo de la Virgen de las Aguas, en el lado derecho del crucero, una obra de José Maestre de 1731 presidida por esta imagen mariana de las llamadas “fernandinas”, datada hacia en el siglo XIII pero muy remodelada posteriormente. Son sólo dos ejemplos de la gran colección de retablos que alberga esta iglesia. 

Y es que la representación en el templo de grandes maestros de la escultura es excepcional. Con toda probabilidad, las dos grandes figuras del barroco sevillano son Juan Martínez Montañés y su discípulo Juan de Mesa. 

Del primero, conserva El Salvador una colosal escultura de San Cristóbal, con reminiscencias de Miguel Ángel por su monumentalidad y belleza. Pero la obra más destacada de este autor en El Salvador es con seguridad Nuestro Padre Jesús de la Pasión, una conmovedora imagen del Señor con la cruz a cuestas, que muestra de forma maravillosa el clasicismo del barroco de Montañés, al lograr transmitir todo el sentimiento y la emoción del momento, pero de una forma contenida, elegante y solemne. Preside el retablo de plata de la Capilla Sacramental y sale en procesión cada Jueves Santo. No exageramos al decir que es una de las representaciones de Jesús Nazareno más logradas del barroco español. 

Del otro gran maestro del barroco sevillano, Juan de Mesa, encontramos al Cristo del Amor, que también procesiona desde este templo en Semana Santa, en esta ocasión durante el Domingo de Ramos. Se trata de una excepcional talla de crucificado, ya muerto, con un magistral tratamiento en la anatomía, los cabellos y los paño. Una obra excepcional dentro de la producción de su autor, que parece que tuvo en cuenta para su realización el modelo que su maestro Montañés realizó unos años antes con el Cristo de la Clemencia que encontramos en la Catedral.

Junto a estos maestros, es casi innumerable la nómina de grandes artistas con obras en esta iglesia del Salvador. Podríamos citar, por ejemplo, a Duque Cornejo, José Montes de Oca o Antonio Quirós. Pero por ahora terminamos aquí este pequeño esbozo sobre el auténtico museo vivo del barroco sevillano que es la antigua colegial del Salvador. Contaremos más en próximas entregas.

Y recuerda que si estás interesado en realizar una visita guiada para no perderte ninguno de los detalles, puedes ponerte en contacto por la vía que prefieras desde esta misma web.

PALACIO ARZOBISPAL

El Palacio Arzobispal de Sevilla se levanta sobre los terrenos que ha ocupado la residencia del obispo desde la conquista cristiana de la ciudad en el siglo XIII. Sin embargo, del primitivo palacio no ha llegado nada hasta la actualidad y los restos más antiguos conservados son del siglo XVI. 

De la primera mitad de este siglo se conservan elementos de la capilla, como la techumbre de madera y el friso de azulejos, además de una galería con columnas de mármol datada hacia 1530.

Sin embargo, se puede considerar que la configuración del palacio tal y como ha llegado hasta nosotros se corresponde con la reedificación acometida bajo la dirección de Vedmondo Resta entre finales del siglo XVI y el siglo XVII. Fue entonces cuando se configuró la distribución de las distintas salas y estancias en torno a dos patios principales.

La magnífica portada barroca que da hacia la Plaza Virgen de los Reyes fue labrada por Lorenzo Fernández de Iglesias en torno a 1704. Destaca por su gran dinamismo y riqueza decorativa, constituyendo uno de los mejores ejemplos de este estilo en Sevilla. 

En el patio principal se ubica una fuente presidida por una escultura representando a ‘Hércules con el León de Nemea’. En el mismo patio, una hermosa portada barroca datada en 1666 da acceso al Archivo Arzobispal, que alberga unos valiosos fondos documentales.

Desde el punto de vista artístico, las estancias más interesantes se ubican en la planta alta en torno al segundo patio. A ellas se accede por una escalera monumental, de un solo tiro y con tres tramos, que se halla coronada por una cúpula con el escudo del arzobispo Antonio Paino. La decoración pictórica de la escalera corrió a cargo de Juan de Espinal, con la excepción de las pinturas de las pechinas y las áreas semicirculares, que fueron elaboradas ya en el siglo XX.

El salón principal del palacio se cubre con un techo compartimentado en sesenta recuadros con una serie de pinturas del Antiguo Testamento entremezcladas con emblemas y escudos. Fueron realizadas a principios del siglo XVII por dos autores que no han sido identificados. En su conjunto, conforman un mensaje moralizante, sobre los valores y virtudes que deben poseer los prelados.

Además de las pinturas del techo, en el salón se expone una interesantísima colección de pinturas de diversos autores. Encontramos, por ejemplo, un apostolado atribuido a Sebastián Llanos Valdés, una serie de dieciséis pinturas de tema bíblico de Juan de Zamora y otras diez sobre la Pasión de Cristo de Juan de Espinal. A ellas hay que sumar una serie de pinturas de santos del taller de Zurbarán, una obra de Murillo representando a ‘La Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo’ y un ‘San Juan Bautista degollado’ de Mattia Pretti.

También de gran valor son las obras de la llamada Galería del Prelado, presidida por una de las obras más antiguas del Palacio, una Inmaculada de finales del XVI de Cristóbal Gómez. Junto a ella, se exponen una serie de pinturas de talleres venecianos y copias de varios autores italianos fechadas en torno a 1600. Representan alegorías de los elementos y las estaciones, además de episodios de la historia de Noé.

Merece también mención por su valor histórico la colección de retratos de arzobispos sevillanos, con la representación de más de setenta arzobispos desde el siglo XVII hasta la actualidad.

En otras dependencias menores se distribuye una larga colección de pintura sevillana, con obras de autores como Herrera el Viejo, Juan de Espinal, Francisco Pacheco o Murillo. Se entremezclan con obras de varios autores extranjeros, como los holandeses Abraham Willaert o Carel Van Savoy, que realizaron una serie sobre la vida de David. 

La capilla mayor del palacio esta presidida por un retablo mayor del siglo XVIII realizado por el gran escultor de origen portugués Cayetano de Acosta. Lo preside una bellísima imagen de la Inmaculada realizada por el mismo autor, que llevó a cabo también los cuatro retablos laterales de la capilla, dedicados a San Pedro, San Pablo, San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Además de la capilla mayor, el palacio cuenta con un oratorio diseñado por Pedro Sánchez Falconete a mediados del XVII. En él destacan sobre todo la bóveda, decorada con yeserías atribuidas a Pedro de Borja.

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IGLESIA DEL SAGRARIO

La iglesia del Sagrario se levantó anexa a la Catedral entre 1618 y 1662, siguiendo las trazas de los arquitectos Miguel de Zumárraga, Alonso de Vandelvira y Cristóbal de Rojas. Es un imponente templo barroco de una sola nave con capillas laterales, sobre las que se sitúan tribunas entre contrafuertes. En ellas se sitúan una serie de ocho colosales esculturas pétreas de evangelistas y doctores de la iglesia, realizadas por José de Arce. Cuenta con un ancho crucero que no es perceptible desde el exterior, cubierto por una gran cúpula con linterna. El resto de la nave se cubre con bóvedas vaídas, tan características del Barroco.

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En el exterior, la fachada se articula en tres pisos decorados con pilastras adosadas en los tres órdenes clásicos: dóricas en el primer piso, jónicas en el segundo y corintias en el tercero. La decoración, al margen de estas pilastras, es prácticamente inexistente, con excepción del antepecho que remata todo el edificio, sobre el que se disponen una serie de llamativos flameros. Cuenta con tres accesos principales, uno desde el Patio de los Naranjos, otro desde la Catedral a los pies y otro desde la avenida de la Constitución, en el lado del Evangelio, que es el usado generalmente para acceder en la iglesia. Esta última cuenta con una portada clásica muy sencilla, con dos pares de columnas toscanas sosteniendo un frontón. En su centro se sitúa el escudo del Cabildo Catedralicio, con la Giralda entre jarrones de azucenas. Sobre él, aparecen recostadas las alegorías de la Fe y la Caridad.

También muy clásica pero más monumental es la portada por la que se accede desde la catedral. La diseñó Pedro Sánchez Falconete y en su hornacina central vemos a San Fernando, enmarcado por las Santas Justa y Rufina y los hermanos obispos San Isidoro y San Leandro.

En el interior, la decoración escultórica de las bóvedas fue realizada en torno a 1655 por los hermanos Miguel y Pedro de Borja, quien realizó también el relieve con la Alegoría de la Fe que se ubica sobre la entrada de los pies.

El retablo mayor procede de la Capilla de los Vizcaínos del desaparecido Convento Casa Grande de San Francisco, que se ubicaba en la actual Plaza Nueva. La estructura fue realizada por Dionisio de Ribas y las esculturas por Pedro Roldán, que consiguió aquí una de sus obras maestras. En el centro, dispone la escena del Descendimiento, con el cuerpo de Jesús posado ya en el regazo de su Madre. A ambos lados, se sitúan dos hermosos ángeles jóvenes, llenos de dinamismo, y en el ático una Verónica muestra el paño con la Santa Faz, acompañada también por ángeles. Remata el conjunto una representación de San Clemente, que es el titular oficial del templo. Esta imagen de San Clemente procede del retablo original que precedió al actual. Al parecer se trataba de un espectacular conjunto realizado a principios del siglo XVIII. Con la expansión del gusto neoclasicista en el siglo XIX y una cierta fobia a lo que se consideraba la ornamentación excesiva, se decidió su destrucción en 1824. El retablo actual se ubicaría en este emplazamiento en 1840.

A ambos lados del crucero se ubican dos grandes retablos de mármoles rojizos realizados a mediados del siglo XVIII. El del lado izquierdo lo preside un Cristo en la Cruz de principios del siglo XVII, realizado por el escultor de escuela madrileña Manuel Pereira. La Dolorosa que se encuentra a sus pies es obra del genial escultor del siglo XVIII Cayetano de Acosta, que realizó también las esculturas que decoran el retablo del otro lado del crucero. En este caso, vemos en la hornacina central una bellísima Virgen con el Niño.

En cuanto a las capillas laterales, desde el presbiterio hacia los pies y en el lado del Evangelio, encontramos las siguientes:

- Capilla del Cristo de la Corona, con un retablo neoclásico del siglo XVIII, presidido por un Nazareno con la advocación de Cristo de la Corona. Se trata de una emotiva imagen del siglo XVI que es titular de su propia Hermandad, procesionando el Viernes de Dolores por el entorno de la parroquia.

- Capilla de San Millán, con un retablo del XVIII, en el que aparecen, además de San Millán, Santa Catalina, la Inmaculada, San Roque y Santa Gertrudis.

- Capilla de San José. Cuenta con un retablo de finales del siglo XVII, presidido por una imagen de San José de Pedro Roldán o su círculo.

- Capilla de las Santas Justa y Rufina, con un retablo del siglo XVIII presidido por una imagen del Sagrado Corazón de 1948, flanqueado por las imágenes de las Santas, de la misma época que el retablo.

También desde el presbiterio a los pies, pero en el lado de la Epístola, encontramos:

- Capilla de la Virgen del Rosario, presidida por una imagen realizada por Manuel Pereira a principios del siglo XVII, aunque re-policromada en el XVIII.

- Capilla de San Antonio, con un retablo fechado en 1667 y realizado por Bernardo Simón de Pineda, uno de los retablistas más destacados del Barroco sevillano. Sobre el altar se ubica un Crucificado de marfil del siglo XVII procedente de Filipinas.

- Capilla de la Inmaculada. En ella se ubica una bellísima imagen de la Inmaculada, anónima de principios del siglo XVIII. La capilla es sede también de la Hermandad Sacramental y en ella encontramos el magnífico niño Jesús realizado por Martínez Montañés hacia 1606. Esta escultura sentaría el patrón para la representación más extendida del Niño Jesús durante el Barroco. Son innumerables las representaciones que se han producido en la ciudad desde el siglo XVII y que hoy se encuentran repartidas por las iglesias, conventos y colecciones particulares de la ciudad, teniendo todas ellas como punto de partida esta magistral obra de Martínez Montañés para el Sagrario. La imagen desfila cada año en la procesión del Corpus que sale desde la Catedral.

- Capilla de Santa Bárbara, con retablo barroco de hacia 1680 presidido por la titular de la capilla, flanqueada por Santa Teresa y Santa Elena.

En la parte superior de los muros se dispone una buena colección de lienzos barrocos, entre los que resaltan los nueve realizados por Matías de Arteaga hacia 1690. El pintor era miembro de la Hermandad Sacramental y los cuadros representan temas del Antiguo Testamento relacionados de una manera simbólica con la Eucaristía, como 'La parábola de los invitados a la boda' o 'La adoración del Cordero Místico'.

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REAL AUDIENCIA DE SEVILLA

La Real Audiencia fue la máxima institución judicial en la ciudad y se asentó en este espacio desde principios del siglo XVI, cuando se trasladó desde su anterior sede en la Casa de Pilatos. El edificio actual se construiría en estilo renacentista a finales del mismo siglo por orden de Felipe II.

Sin embargo, el inmueble que podemos ver hoy en día dista mucho del original, debido a las numerosas vicisitudes históricas por las que ha atravesado.

En 1918 se produjo un gran incendio que lo destruyó en gran parte y obligo al traslado de los juzgado a la calle Almirante Apocada, al lugar en el que hoy se encuentra el Archivo General de Andalucía.

Tras el incendio, Aníbal González se encargó de la remodelación del inmueble, dotándolo de su aspecto actual. En los años 70 experimentó otra importante transformación con el objetivo de hacerlo sede de la antigua Caja de San Fernando. Hoy alberga la sede de la Fundación CajaSol.

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