MERCADO DEL POSTIGO

El Mercado del Postigo es un interesante edificio de estilo regionalista diseñado por Juan Talavera y Heredia hacia 1926. En la actualidad acoge el Mercado de Artesanía El Postigo, en el que una veintena de talleres artesanos locales ponen a la venta sus productos. 

El edificio ocupa una pequeña manzana entre calles, por lo que adopta una forma triangular con los vértices achaflanados. Cuenta con dos plantas, además del semisótano, que se disponen alrededor de un espacio central cubierto por lucernarios que permiten el paso de la luz. 

 

Al exterior, encontramos ladrillo visto prensado y sobre su segundo piso se dispone una balaustrada de hormigón que rodea la terraza. Su fachada principal es la que da hacia el Norte (calle Arfe). Al ser la de menor longitud, el arquitecto enfatiza su importancia levantando sobre ella una sencilla torre mirador de planta cuadrada, rematada también por balaustrada.  

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REALES ATARAZANAS – MAESTRANZA DE ARTILLERÍA

Las Atarazanas Reales fueron un gran astillero que se construyó en el área del puerto de Sevilla por orden de Alfonso X el Sabio (1252), llegando a conformar la base naval más importante en la historia de la Corona de Castilla. En la actualidad, solo se conservan algunas de sus naves originales, inmersas en un proceso integral de rehabilitación para destinarlas a un uso cultural y museístico. El autor del proyecto es el arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra.

El edificio original ocupaba una gran superficie que rondaba las dos hectáreas y estaba formado por diecisiete naves, separadas por líneas de monumentales arcos sobre pilares, todo de ladrillo. Estos servían no solo para sostener la cubierta sino también para canalizar el agua que recogían los techos, al modo de acueductos. 

“Los arcos son ligeramente apuntados y las pilastras son de sección rectangular de 2,50 m. por 1,80 m., salvando una luz de 8,5 m., con una altura hasta el arranque de los arcos de 5 m. Cada hilera de estas pilastras descansa sobre una cimentación de zapata corrida, cuyo firme se alcanza a 2 m. bajo la cota del suelo originario.”

En su parte Este, la construcción se apoyaba sobre la muralla exterior de Sevilla, mientras que en el lado sur se apoyaba sobre una parte del tramo de muralla que unía el Alcázar y la Torre del Oro. Este tipo de muralla, construida para unir una fortificación principal con un punto exterior, se conoce como coracha. 

Las naves se disponían de forma perpendicular al río, para facilitar la entrada y salida de barcos desde el mismo. 

A lo largo de la historia, a medida que los astilleros de Sevilla fueron perdiendo relevancia, un buen número de sus naves fueron destinadas a otros usos:

- Hacia 1580 se instaló la Aduana en las naves 13, 14 y 15, empezando desde la calle Dos de Mayo hacia la calle Santander.

- A mediados del siglo XVII se derribaron las naves de la 8 a la 12 para construir el Hospital de la Caridad, siguiendo las trazas de Sánchez Falconete y Leonardo de Figueroa.

- Durante varias fases a lo largo del siglo XVIII, lo que restaba del edificio experimentó una profunda reforma para albergar la Maestranza de Artillería, destinada a la fabricación y reparación de piezas de armamento y munición. En 1762 se inicia una gran reforma que incluye la construcción de la fachada actual hacia la calle Temprado, siguiendo una composición academicista.

- En 1945 se demolieron las cinco naves que restaban al sur, incluyendo aquellas que se habían transformado en aduana en el siglo XVI, para construir el actual edificio de la Delegación de Hacienda.

COLUMNAS ROMANAS DE LA CALLE MÁRMOLES

En una parcela al comienzo de la calle Mármoles se conservan tres columnas romanas alineadas en dirección Noroeste - Sureste. Se encuentran en su cota original, lo que supone que están a unos 4.50 metros de profundidad con respecto al nivel actual de la ciudad. Tradicionalmente se las identificó con las míticas columnas que Hércules erigió para señalar el lugar en el que habría de ubicarse Sevilla. En la actualidad, se las suele datar en el siglo II d.C. y se cree que pudieron formar parte del pórtico de un templo.

Sus fustes, de granito, miden unos 8 metros de altura y dos de sus basas son de estilo ático, mientras que la tercera es jónica.

Durante mucho tiempo hubo en el mismo lugar tres columnas más. Una de ellas se rompió cuando estaba siendo trasladada al Alcázar en tiempos de Pedro I. El paradero de sus restos se desconoce en la actualidad. Las otras dos fueron trasladadas a la Alameda en el siglo XVI para servir de soporte a las estatuas de Hércules y Julio César, en lo que fue uno de los primeros proyectos de ajardinamiento de un espacio público en Europa. Allí siguen en la actualidad.

No se sabe a ciencia cierta a qué edificio pertenecieron las columnas originalmente, aunque desde el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico se señala:

"Admitiendo que las seis columnas fueran de la fachada, podemos pensar que se trataría de un templo hexástilo y próstilo, con unos 20 metros de frente y unos 40 metros de fondo, lo que parece delatarnos el parcelario actual. En éste observamos cómo el costado sur en dirección a San Nicolás, ha quedado perpetuado por la calle Mármoles, mientras el norte lo dibuja el fondo del callejón de Gandesa y otro callejón más, hoy inexistente, que estaba situado en la calle Abades, penetrando justo hasta el supuesto lateral del templo. (…)

En cuanto a su cronología, el material cerámico aparecido apunta hacia fines del siglo I o inicios del II d. C. El nivel romano  republicano bajo el pavimento fue de escasa potencia, quizá debido a la construcción del templo que originaría la desaparición del mismo."

 

PILA DEL PATO

Ubicada en la plaza de San Leandro, esta fuente es conocida como pila del Pato por el surtidor de bronce con la forma de esta ave que la corona. Está formada por tres vasos de tamaño decreciente, todos ellos de sección circular. El segundo y el tercer plato están sostenidos por fustes con forma de balaustres. En el vaso central se ubican cuatro máscaras zoomorfas que sirven para verter el agua.

La fuente se encuentra en su actual ubicación desde mediados del siglo XX, pero no es el lugar para el que fue concebida. De hecho, ha ocupado diversas localizaciones en varios puntos de la ciudad. 

En 1850 se ubicó en la plaza de San Francisco, en el lugar en el que hoy se encuentra la fuente de Mercurio. Allí permaneció solo unos años, ya que en 1855 se trasladó al extremo norte de la Alameda de Hércules, cerca de donde se encuentra el monumento a la Niña de los Peines. Desde allí se trasladó a las cercanías del Prado de San Sebastián, próxima al edificio de los Juzgados. Su siguiente emplazamiento sería la Plaza de las Mercedarias, en el barrio de San Bartolomé, desde donde se trasladó a su actual ubicación en 1965.

Es probable que para la realización de la fuente en 1850 se utilizaran algunos elementos provenientes de la anterior fuente de Mercurio a la que sustituyó. Esta fue diseñada por Juan Fernández Iglesias a principios del siglo XVIII.

 

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Pintura de hacia 1850 donde se puede ver la Pila del Pato en su ubicación original, en uno de los extremos de la plaza de San Francisco

FUENTE DE CALÍOPE

En el centro de la plaza de la Magdalena se ubica una fuente de mármol desde 1844, coronada por una escultura del siglo XVIII que representa a la musa Calíope. La fuente está formada por un gran vaso poligonal, en cuyo centro se ubica un vástago-fuste dividido en dos cuerpos por un segundo vaso, esta vez circular.

El primer cuerpo del fuste aparece decorado en su base con veneras, coronas reales, el símbolo de la ciudad (NO8DO) y la mencionada fecha de creación de la fuente. En su parte cilíndrica se disponen varias figuras mitológicas masculinas vinculadas con el mundo acuático (tritones). El vaso circular que sostiene este primer cuerpo se halla gallonado y rodeado por cuatro máscaras surtidores por las que cae el agua hasta el mar de la fuente.

Coronando el conjunto, encontramos una escultura femenina que sostiene una corona de laurel en su mano derecha. Podría tratarse de la musa Calíope, protectora de la poesía épica y la elocuencia.

La plaza en la que se ubica la fuente estuvo ocupada por la primitiva parroquia de la Magdalena, que hoy se encuentra unos metros más al oeste. Esta iglesia fue derribada en 1810, durante la ocupación francesa de la ciudad. Tras la expulsión de los franceses, se intentó la reconstrucción del templo, pero finalmente se optó por abrir una plaza en su lugar, momento en el que se instaló la fuente.

Para su realización se utilizaron elementos provenientes de fuentes anteriores. El vaso principal proviene de una fuente que se encontraba frente al Hospital de la Misericordia, en la actual plaza Zurbarán.  Probablemente es de origen italiano y se remonta al Renacimiento.

Por su parte, el primer cuerpo del fuste central y el vaso circular proceden de una fuente manierista que se ubicó en la Alameda en el siglo XVI. Por último, la escultura femenina que culmina el conjunto proviene de la colección de escultura del siglo XVIII que atesoraba el Palacio Arzobispal de Umbrete. Buena parte de las esculturas de esta colección se encuentran hoy decorando el Jardín de las Delicias, al sur de la ciudad.

Esta conjunción de orígenes le da a la fuente un carácter bastante ecléctico, mezclando el clasicismo del Renacimiento y del siglo XVIII con el romanticismo decimonónico del momento en el que fue recompuesta.

“Según la Teogonía de Hesíodo, era la primera de las nueve musas; más tarde se la llamó patrona de la poesía épica. Por orden de Zeus, el rey de los dioses, juzgó la disputa entre las diosas Afrodita y Perséfone por Adonis. En la mayoría de los relatos, ella y el rey Eagro de Tracia eran los padres de Orfeo, el héroe que tocaba la lira. También era amada por el dios Apolo, con quien tuvo dos hijos, Himeneo y Jalemo. Otras versiones la presentan como la madre de Reso, rey de Tracia y víctima de la guerra de Troya; o como la madre de Lino el músico, inventor de la melodía y el ritmo. Su imagen aparece en el Vaso François, realizado por el alfarero Ergotimos alrededor del 570 a. C.”

Britannica, The Editors of Encyclopaedia. "Calliope". Encyclopedia Britannica, 1 Dec. 2023, https://www.britannica.com/topic/Calliope-Greek-Muse

 

* Wikimedia Commons

FUENTE DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN

En la Plaza de la Encarnación se encuentra una fuente de mármol original del siglo XVIII, considerada la más antigua de entre las conservadas en Sevilla. Está formada por un gran vaso de sección circular, en cuyo centro se alza un fuste-surtidor de formas barrocas. A su mitad se sitúan una especie de máscaras zoomórficas que vierten el agua, representando probablemente los cuatro ríos míticos que regaban el Paraíso original. Coronando la fuente, cuatro angelitos sostienen un escudo con cuatro caras en el que se ubican inscripciones narrando los diversos avatares en la historia del monumento.

En la plaza donde se encuentra hoy, se ubicaba el antiguo Convento de las Agustinas de la Encarnación desde finales del siglo XVI. La fuente se situó hacia 1720 en una pequeña plazoleta a la entrada de este convento. Tenía una función práctica, ya que era uno de los puntos por los que se dispensaba el agua que llegaba a la ciudad a través de los Caños de Carmona.

En 1811, durante la ocupación francesa, el convento se derriba y, años más tarde, se decide la construcción de un Mercado de Abastos en el mismo lugar. La fuente pasa entonces a ocupar un espacio junto al nuevo mercado. Un siglo más tarde, hacia 1948, se produce una remodelación urbanística de la zona y la fuente se traslada al lugar que ocupa en la actualidad.

La fuente fue realizada en estilo barroco, pero, tal y como ha llegado hasta nosotros, incluye algunos elementos de carácter neoclásico, probablemente añadidos en una restauración en 1861.

 

* Diario de Sevilla

FUENTE DE MERCURIO

Situada en un extremo de la Plaza de San Francisco, frente a la fachada principal del Banco de España, encontramos una fuente dedicada al dios Mercurio. Cuenta con un pilón circular elevado sobre cuatro gradas, en cuyo centro se ubica un pilar con decoración neobarroca. En cada uno de sus lados se sitúan "máscaras" que vierten chorros de agua sobre el mar de la fuente. 

La estatua de bronce que corona la fuente representa a Mercurio, el dios romano del comercio, heredero del griego Hermes. En concreto, por su iconografía, se puede decir que es un "Hermes Argifonte", ya que sostiene en una mano la espada u en otra el caduceo, recordando el encargo que recibió de Zeus de matar al gigante de múltiples ojos Argos Panoptes, que estaba vigilando a la ninfa Ío en el santuario de Hera.

La fuente que encontramos en la actualidad es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo por el arquitecto Rafael Manzano en 1974. Para su diseño siguió el modelo de una fuente previa que se encontraba en el mismo lugar, obra de Juan Fernández Iglesias. A esta fuente del siglo XVIII perteneció la estatua de Mercurio que podemos contemplar aún hoy.

Hubo incluso una fuente anterior en el mismo lugar y con el mismo tema, construida hacia 1576 y en cuyo diseño participaron Asensio de Maeda como arquitecto y Diego de Pesquera como autor de Mercurio. La escultura sería fundida en bronce por Bartolomé Morel, que fue también el fundidor del "Giraldillo", la monumental veleta que corona la Giralda. Esta primitiva fuente fue destruida durante unos altercados en 1712. 

Al parecer, en esta zona hubo una fuente al menos desde tiempos medievales. Con toda probabilidad no era una fuente monumental sino que estaba destinada al abastecimiento de agua de los vecinos.

La elección de Mercurio como tema de la fuente está relacionado con el esplendor comercial en el que vivía Sevilla, principalmente tras el Descubrimiento de América, cuando la ciudad se convirtió en "puerta y puerto de América", al ser su puerto el único autorizado para los intercambios comerciales entre España y los territorios americanos.

De hecho, no es la única fuente dedicada a Mercurio en la ciudad. Existe otra en los Jardines del Alcázar. Fue realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel hacia 1576.

 

* Wikimedia Commons

JARDINES DE MURILLO

Los jardines de Murillo y el paseo Catalina de Ribera conforman una de las zonas ajardinadas de mayor interés histórico, artístico, paisajístico y medioambiental de las existentes en la ciudad de Sevilla. Participando plenamente en la vida de la urbe, conservan interesantes especies botánicas así como muestras arquitectónicas, escultóricas y de elementos de mobiliario urbano originales del momento de su formalización en el primer cuarto del siglo XX.

Juan Talavera y Heredia, notorio representante del historicismo regionalista, diseñó los Jardines de Murillo en 1911 sobre unos terrenos cedidos por la Corona, ya que anteriormente habían formado parte de la Huerta del Retiro del Alcázar.  Tienen una disposición más recogida y un aire más recoleto, en contraposición con la disposición longitudinal del paseo de Catalina de Ribera.

La composición de este espacio está basada en caminos en retícula formados mediante setos y pavimentos que, en sus encuentros, crean glorietas de planta octogonal en las que se disponen fuentes centrales y bancos de fábrica recubiertos de azulejería. Los parterres resultantes están ocupados por densas masas de vegetación que otorgan al recinto un ambiente íntimo. 

Entre los espacios abiertos destaca la glorieta dedicada al pintor José García Ramos que queda delimitada por arcos de entrada y muretes en los que existen paños de azulejos que recrean obras famosas de dicho artista, ejecutados por otros pintores del entorno del maestro como Miguel del Pino, Santiago Martínez, Alfonso Grosso, Manuel Vigil, y Diego López. 

En sus proximidades se encuentra una construcción de estilo regionalista dedicada a vivienda. En estos jardines puede hallarse una gran variedad de especies vegetales, sobresaliendo, por su edad y desarrollo, ejemplares de Magnolia Grandiflora, Cupresus Sempervivens Estricta, Ficus Magnoloides Religiosa, Platanus Hibrida, etc.

Texto de la declaración BIC, 12-03-2002.

! Los Jardines de Murillo aparecen por error como "Jardín de las Tres Fuentes" en Google Maps, mientras que donde se puede leer "Jardines de Murillo" es en realidad el Paseo Catalina de Ribera.

PASEO DE CATALINA DE RIBERA

El paseo de Catalina de Ribera y los jardines de Murillo conforman una de las zonas ajardinadas de mayor interés histórico, artístico, paisajístico y medioambiental de las existentes en la ciudad de Sevilla. Participando plenamente en la vida de la urbe, conservan interesantes especies botánicas así como muestras arquitectónicas, escultóricas y de elementos de mobiliario urbano originales del momento de su formalización en el primer cuarto del siglo XX.

El actual paseo de Catalina de Ribera tiene su origen remoto en la cesión, en 1862, de parte de la Huerta del Retiro del Alcázar. Ese nuevo espacio público, que venía a atenuar la estrechez de la trama urbana de los barrios colindantes, no contaba aún con una ordenación especial. A fines del siglo XIX se acometió un primer proyecto de ajardinamiento y amueblamiento del denominado en esos momentos «Paseo de los Lutos» y, en 1920, con motivo de las intervenciones realizadas con vistas a la Exposición Iberoamericana, el arquitecto Juan Talavera y Heredia, formaliza las trazas conservadas en la actualidad. 

Este mismo arquitecto, notorio representante del historicismo regionalista, había diseñado pocos años antes los contiguos jardines de Murillo, fruto también de una cesión (1911) de otra porción, situada al noroeste, de la Huerta del Retiro del Alcázar.  El trazado en planta del paseo de Catalina de Ribera presenta una clara disposición longitudinal, concebida para el tránsito, mientras que el de los jardines de Murillo responde, por su ubicación y diseño, a un recinto más recoleto. 

El paseo se estructura mediante un eje central y dos ejes secundarios, paralelos a aquél y dispuestos a ambos lados, que se configuran por parterres delimitados por pretiles de fábrica y azulejería. El eje central es interrumpido en su punto medio por un amplio espacio circular centrado por una fuente, también circular, sobre la que se alzan, encima de un pedestal con bustos de Colón y los Reyes Católicos, dos columnas que soportan un entablamento coronado por la figura de un león y, a medio fuste, las proas de las carabelas. 

El monumento, que aporta el elemento vertical de compensación compositiva al paseo, fue diseñado por el arquitecto Talavera y ejecutado por el escultor Lorenzo Coullaut-Varela, y está dedicado a Cristóbal Colón, en consonancia con los eventos de la Exposición Iberoamericana de 1929, momento en que se realizó. 

Muy cercana a la fuente monumental está la fuente parietal, adosada al muro de cerramiento de los jardines del Alcázar, dedicada a Catalina de Ribera, benefactora de la ciudad con la fundación del Hospital de las Cinco Llagas. Cuenta con una estructura arquitectónica de estilo neomanierista diseñada por el mismo Talavera y Heredia con pinturas alusivas a la dama, más los restos de otra fuente del siglo XVI. 

Texto de la declaración BIC, 12-03-2002.

IGLESIA DE LA MAGDALENA

La iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla es un imponente templo barroco construido en la transición entre los siglos XVII y XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo de Figueroa. Se trata de una de las iglesias más destacadas de la ciudad por sus dimensiones, monumentalidad, riqueza decorativa y calidad de las obras de arte que atesora. No en vano, es posible encontrar en su interior obras de algunos de los más destacados autores de la historia del arte en la ciudad, como Jerónimo Hernández, Valdés Leal, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

HISTORIA

El edificio que acoge actualmente a la parroquia de la Magdalena fue originalmente la iglesia del convento de San Pablo el Real. Este centro monástico pertenecía a la orden de los dominicos y fue fundado en este lugar, cercano a la Puerta de Triana, poco después de la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Los terrenos fueron cedidos por el rey Fernando III y el convento contó desde sus inicios con el apoyo de la Corona. De ahí el apelativo de real y las numerosas referencias a la monarquía que se encuentran en su decoración.

El convento de San Pablo fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como la fundación de la Inquisición española. El 6 de febrero de 1481 se celebró en sus dependencias el primer auto de Fe de nuestra historia, en el que fueron condenadas a muerte seis personas. 

Más tarde, el convento tendría un importante papel en el proceso de evangelización de la América hispana, ya que de aquí partirían muchos de los religiosos encargados de esta tarea. Un ejemplo lo encontramos en una placa de mármol cercana a la entrada en la que puede leerse la siguiente inscripción:

"En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo.”

El templo actual no es el primitivo del convento. En el mismo lugar existía anteriormente una iglesia mudéjar de la que persisten algunos elementos en el actual edificio. Esta se encontraba en estado de ruina a finales del siglo XVII y hubo de ser demolida en 1691.

Fue entonces cuando Leonardo de Figueroa se encargó del proyecto para levantar la iglesia actual. Las obras se prolongaron hasta 1724 y en la ornamentación del templo trabajaron algunos de los mejores artistas de la ciudad en ese momento. Las pinturas al fresco son principalmente de Lucas Valdés, que trabajó junto con un numeroso grupo de pintores. Los retablos son prácticamente todos del siglo XVIII, de los mejores retablistas del momento. En su decoración escultórica intervienen nombres de la talla de Jerónimo Hernández, Francisco de Ocampo, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

Las turbulencias políticas y sociales del siglo XIX hicieron que la iglesia conventual acabara como parroquia de la Magdalena. Con las desamortizaciones de la década de 1830, el convento es expropiado y los monjes tienen que marcharse. Por otro lado, la anterior iglesia de la Magdalena fue demolida por orden de los franceses durante la ocupación napoleónica de la ciudad. Se encontraba justo en la actual plaza de la Magdalena y en ella fue enterrado el genial Juan Martínez Montañés. Es posible que los restos del escultor descansen aún hoy bajo la plaza, tal y como conmemora una placa que se puede leer en el lugar.

Tras la expulsión de los franceses, se inició la reconstrucción de la iglesia en el lugar original. Sin embargo, cuando las obras se encontraban bastante avanzadas, se decidió abandonar el proyecto y demoler lo construido para dejar la plaza. La solución para la parroquia fue el traslado en 1842 a la iglesia conventual de San Pablo, que se encontraba vacía tras el abandono forzoso de sus monjes. El templo cambió así de advocación y pasó a ser la iglesia de la Magdalena, aunque persisten numerosas referencias simbólicas aludiendo a su anterior titular.

Tal y como señala Santiago Montoto en “Parroquias de Sevilla”, «en este templo, entre otros sevillanos ilustres, están enterrados el presidente de la Junta de Defensa contra los franceses, don Francisco Arias de Saavedra, luego Regente de la nación, varón insigne que bien merece una extensa y completa monografía, y el desventurado conde del Águila. 

En la pila bautismal de la parroquia recibieron las aguas regeneradoras el inmortal pintor Bartolomé Esteban Murillo y el insigne poeta don Juan de Jáuregui. En el Archivo se conserva la partida de casamiento de Juan Martínez Montañés y la de su entierro».

En la actualidad, tienen su sede en esta iglesia un total de cuatro hermandades:

- Hermandad Sacramental de la Magdalena, fundada en 1575. Procesiona el día del Corpus con una magnífica custodia del siglo XVIII, una Inmaculada de Benito de Hita y Castillo y un Niño Jesús de Jerónimo Hernández.

- Hermandad de Nuestra Señora del Amparo, fundada en el siglo XVI y refundada en el XVIII. Tiene como titular una talla de la Virgen con el Niño realizada por Roque Balduque en 1535. La imagen está considerada la patrona del barrio de la Magdalena y procesiona cada segundo domingo de noviembre, día del Patrocinio de la Virgen.

- Hermandad de la Quinta Angustia, resultado de la fusión de dos hermandades fundadas en el siglo XVI, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Descendimiento. Hace estación de penitencia el Jueves Santo.

- Hermandad del Calvario, fundada en el siglo XIX en la iglesia de San Ildefonso y trasladada a esta parroquia en 1916. Procesiona la madrugada del Viernes Santo con un imponente Cristo realizado por Francisco de Ocampo en el siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

La iglesia presenta planta de cruz latina con tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. En la cabecera del templo se sitúa un profundo presbiterio poligonal, además de otras cuatro capillas de planta rectangular, dos a cada lado. Además, la planta se ve alterada por otras cuatro capillas: dos a los pies y dos en el lado de la derecha, la capilla sacramental y la de la Quinta Angustia.

Cuenta con cuatro accesos desde el exterior, uno a los pies y tres en el muro derecho. El que se encuentra a los pies sería por lógica el principal, pero lo cierto es que en la actualidad se encuentra en desuso, ya que esa zona se acabó configurando como el coro alto y bajo. 

La cubrición se hace mediante bóveda de cañón con lunetos en la nave central y las naves del crucero, y con bóveda de arista en las laterales. El centro del crucero se cubre por una gran cúpula semiesférica sobre tambor, una de las más espectaculares de la ciudad.

Exterior

La iglesia cuenta con varias portadas al exterior para enmarcar sus accesos, todas ellas de comienzos del siglo XVIII. A los pies se sitúa la principal, en la calle Cristo del Calvario, aunque como comentábamos está prácticamente en desuso en la actualidad. Se trata de una sencilla entrada adintelada rematada por un frontón partido. En el centro del frontón, una ornamentada hornacina acoge un relieve con la representación en medio cuerpo de Santo Tomás de Aquino sosteniendo un ostensorio con la Eucaristía. El santo dominico que vivió en el siglo XIII es una de las figuras más destacadas de la filosofía y teología cristiana durante la Edad Media.

A gran distancia sobre la portada se ubica un gran óvulo enmarcado por una recargada moldura barroca. En ella se distinguen una serie de pequeñas esferas que simbolizan las cuentas del Rosario. A ambos lados, encontramos dos relojes de sol.

En la parte superior, la fachada está coronada triple espadaña. A ambos lados, se ubican dos cuerpos que albergan tres vanos con campanas cada uno, mientras que en el del centro se abre una pequeña portada a modo de balcón. En este cuerpo central se ubican dos pequeños bustos con San Pedro y San Pablo y probablemente esté inconcluso en su parte superior. La ornamentación se focaliza en esta zona de la fachada, donde encontramos columnas salomónicas y decoración geométrica a base de cerámica vidriada azul.

En el lateral derecho del templo, encontramos otras tres entradas. La más cercana a los pies carece de decoración y es la que sirve de acceso autónomo a la capilla de la Quinta Angustia, que cuenta además con conexión directa al resto de la iglesia.

La portada central es la de mayor tamaño y la utilizada normalmente para acceder a la iglesia. Tiene una estructura muy clásica, con un arco de medio punto flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular decorado con rocalla barroca. En la parte superior, se ubica una cornisa sostenida por ménsulas y sobre ellas una hornacina con el emblema de la orden dominica. Rematando el conjunto, encontramos el busto de San Fernando, con orbe y espada, recordando la fundación regia del convento.

A la derecha se sitúa otra portada, de menor tamaño, por la que se accede directamente al extremo del brazo derecho del crucero. Al igual que ocurre con la portada de los pies, permanece habitualmente cerrada. Se trata de una portada adintelada, con frontón curvo partido en el centro del que se abre una hornacina con Santo Domingo. Sobre los lados del frontón, encontramos recostados dos perros que sostienen antorchas con la boca, símbolos del santo y de la orden:

«La Leyenda (primera biografía de Santo Domingo) narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa "del Señor". De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando "el perro del Señor" o el vigilante de la viña del Señor».

Además, en la decoración aparecen también otros símbolos relacionados con la orden dominica, como las estrellas o las azucenas.

A pesar de la dificultad para contemplarla desde las proximidades, el elemento más característico del templo desde el exterior es su magnífica cúpula. Fue la primera levantada en Sevilla sobre tambor, siendo seguida en esta característica por las de El Salvador y San Luis de los Franceses, proyectadas también por Leonardo de Figueroa. En concreto, se trata de un tambor octogonal, sobre el que se levanta la semiesfera rematada por una gran linterna, también de planta octogonal. Como remate se coloca una enorme corona real de hierro forjado, recordando la fundación del convento por la iniciativa regia de Fernando III y su fuerte vinculación histórica con la Corona.

Es la primera cúpula levantada por Leonardo de Figueroa y en ella deja ya claros algunos de los elementos definitorios de su estilo, como la rotundidad de la linterna o la riqueza de elementos decorativos, que además muestran una notable variedad cromática. Estos elementos decorativos tienen una clara lectura iconográfica vinculada con la labor evangelizadora de la orden en América. Para hacer alusión a ello, se incluyen una serie de elementos escultóricos inspirados en representaciones artísticas de algunas de las culturas prehispánicas, reinterpretados de una forma pintoresca.

Así, por ejemplo, la linterna se halla rodeada por una serie de amerindios que ejercen como telamones, es decir, que sostienen sobre sus cabezas la cornisa. Además, en las antefijas aparecen máscaras de rasgos negroides muy enfatizados, que portan unos curiosos tocados de plumas en varios colores. Otros personajes semi-fantásticos aparecen en otras partes de la fachada como en las pilastras, inspirados en el arte prehispánico pero de una manera muy deformada.

En la fachada exterior, la iglesia cuenta con dos retablos cerámicos. A los pies, en la fachada de la calle Cristo del Calvario, encontramos uno dedicado a la Virgen del Amparo, patrona de la parroquia. Fue realizado en la década de 1940 por Antonio Muñoz Ruiz para la fábrica de Mensaque y está protegido por un pequeño tejaroz iluminado por dos hermosos faroles de forja.

Hacia la calle San Pablo se ubica otro retablo cerámico, dedicado en este caso al Cristo del Calvario. Fue pintado en 1942 por Alfonso Córdoba en la trianera fábrica de Pedro Navía. También se halla protegido por un tejaroz, en este caso de grandes dimensiones. Se halla cubierto por tejas vidriadas y sostenido por dos ménsulas de forja que imitan formas vegetales.

Además, encontramos al exterior diversas placas conmemorativas, como la que mencionamos anteriormente en referencia a Bartolomé de las Casas. La más hermosa es una pieza de mármol elíptica rodeada por una impresionante moldura barroca de formas curvas. Procede del antiguo convento de San Francisco, que se encontraba en la actual Plaza Nueva, y fue trasladada a esta parroquia tras su demolición en el siglo XIX. Probablemente fuera originalmente una lápida sepulcral, tal y como se desprende de la emotiva inscripción, extraída de una texto de San Bernardo de Claraval:

«NIHIL DULCIUS MIHI QUAM TECUM MURI, ET NIHIL AMARIUS QUAM VIVERE PORT MORTEM TUAM, JESU FILI MI. TU MIHI PATER, TU MIHI SPONSUS, TU MIHI FIUIUS, TU MIHI IMNIA ERAS. NUNO ORROR PATRE VIDUOR SPONSO DESOLOR PROLE, OMNIA PEDRO FILI MI, QUID ULTRA PACIAM?» 

«Nada más dulce para mí que morir contigo y nada más amargo que vivir después de tu muerte. Jesús, hijo mío. Tú eres para mí, padre. Tú eras para mí, esposo. Tú para mí, hijo. Tú para mí lo eras todo. Ahora sin mi padre estoy huérfana. Sin mi esposo, viuda. Sin mi hijo, sola. Todo lo pierdo, hijo mío. ¿Qué haré en adelante?»

Otra placa alude a la fundación regia del convento de la mano del mismo San Fernando:

«San Fernando III Rey de Castilla  y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla»

Una última placa se refiere a la concesión de indulgencias extraordinarias con motivo de la consagración del templo en 1724:

«N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren».

Interior

 

Decoración pictórica

La primera sensación al acceder a la iglesia es la de grandiosidad, debido a sus elevadas dimensiones y a su profusión decorativa. Los muros se hallan intensamente ornamentados, con decoración escultórica que se concentra sobre todo en las cornisas y el perfil de los arcos, reproduciendo formas vegetales y rocalla barroca. 

Estos mismos elementos se repiten en la decoración pictórica, que cubre los muros prácticamente por completo, en un complejo programa iconográfico dirigido por Lucas Valdés. En los pilares que separan las naves laterales de la central se dispone la representación de los apóstoles (con la excepción de Judas Iscariote) y San Pablo. La mayor parte fueron ejecutados por Clemente Torres, aunque también intervinieron otros artistas como Alonso Miguel de Tovar, Germán Lorente y el propio Lucas Valdés. 

En los machones que delimitan el espacio del crucero, se representan así mismo una serie de dieciséis santos y beatos dominicos: Benedicto XI, Gonzalo de Amarante, Pedro Mártir, Antonino, Juan Martín de Coloma, Agustín Gaz Otto, Pío V, Alberto Magno, Jacinto, Jacobo de Meranía, Raimundo de Peñafort, Pedro González Telmo, Luis Beltrán, Enrique Susón, Vicente Ferrer y Ambrosio Sacedonio. Según el profesor Enrique Valdivieso, “todos ellos muestran las características del estilo de Lucas Valdés”. 

A Lucas Valdés se deben también las grandes composiciones que se disponen en torno al presbiterio:

- “El Triunfo de la Fe”, en la bóveda sobre el altar mayor. La figura alegórica de la fe aparece enmarcada por un aparatoso marco de arquitectura fingida que imita la sensación de profundidad. Aparece escoltada por San Miguel, San Rafael y toda una corte de ángeles que revolotean y tocan instrumentos musicales.

- “La Entrada triunfal de san Fernando en Sevilla”, en la parte superior del extremo izquierdo del crucero. El rey aparece acompañado de figuras de la orden, como el propio santo Domingo. Participan en una procesión de la Virgen de los Reyes junto con numerosos prelados. A ambos lados, se representan las figuras alegóricas de la fortaleza y la templanza. Se muestran sobre escudos reales y las acompañan representaciones de musulmanes maniatados que simbolizan a los vencidos en la conquista. En la parte superior de este mismo muro, dos hornacinas acogen a dos de los padres de la Iglesia: san Ambrosio de Milán y san Gregorio Magno.

- “Auto de fe”, situado justo enfrente del anterior, en el extremo derecho del crucero. Se ha querido identificar con el proceso celebrado en 1703 en el que fue condenado el mercader de Osuna, Diego Duro. Enrique Valdivieso nos dice que “esta pintura fue en fechas posteriores destruida parcialmente, en la figura del condenado para evitar su identificación, en torno a 1750, quizás a instancias de los descendientes del reo. En esta pintura de la orden dominica se vuelve a hacer apología de sus méritos como defensora de la fe y de la ortodoxia, pues son precisamente religiosos dominicos los que acompañan al reo que va a lomos de un asno hacia el cadalso”. A ambos lados se sitúan dos nuevas figuras alegóricas, esta vez representando a la Religión y a la Justicia aplastando la herejía, ambas respaldadas por escudos de la orden dominica. De nuevo, en la parte superior del muro, encontramos a los otros dos padres de la Iglesia: San Agustín de Hipona y San Jerónimo de Estridón.

- La decoración pictórica del interior de la cúpula es también obra de Lucas Valdés y está centrada en la exaltación de la Virgen María. El interior de la cúpula está decorado por pinturas al fresco de Lucas Valdés. En cada uno de los gajos, una pareja de ángeles sostienen una letra dorada profusamente ornamentada. En conjunto forman la inscripción AVE MARÍA.

En el interior de la linterna, en el punto más elevado de todo el espacio, aparece un esplendoroso sol dorado sobre un fondo azul oscuro, en torno al que puede leerse la inscripción latina ET CAEPISSE EST ALQUID, SED FINIS FACTA. Es decir, haber empezado es algo, pero el final debe alcanzarse. 

- En los muros laterales del presbiterio se ubican dos grandes lienzos  que tienen como tema “David ante el Arca de la Alianza” y la “Ofrenda del Sumo Sacerdote Melquisedec”, ambos con escenas de connotaciones eucarísticas. 

Por último, en el muro derecho de la iglesia, junto al acceso principal, encontramos una de las pinturas más interesantes de la iglesia. Fue realizada por Lucas Valdés hacia 1710 y representa la Batalla de Lepanto. Más concretamente, "La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la batalla de Lepanto". Según la tradición la Virgen del Rosario intercedió en favor de las tropas cristianas el 7 de octubre de 1571 tras la oración del papa Pío V, que más tarde establecería este día como el día del Santo Rosario.

Capilla de la Quinta Angustia 

Tras acceder a la iglesia por la puerta principal, se encuentra a la derecha una gran capilla que es en la actualidad la sede de la Hermandad de la Quinta Angustia. Es el resultado de la unión de tres capillas funerarias anteriores, que pertenecieron a las familias de los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. De ellas se conservan algunos elementos, como las tres preciosas bóvedas ochavadas con decoración de lacería mudéjar que cubren los distintos tramos de la capilla. Se construyeron alrededor del 1400, por lo que son parte sobreviviente del primitivo templo gótico mudéjar anterior al actual. 

El altar de la capilla se halla presidido por el misterio del Señor del Descendimiento, titular de la hermandad. Se trata de un grupo con obras de diversos autores y cronología. El Cristo es obra de Pedro Roldán de hacia 1660 y el resto de las figuras fueron talladas en su taller por alguno de sus discípulos. La excepción es la Virgen de la Quinta Angustia, obra contemporánea de Vicente Rodríguez Caso (1934).

Delante del misterio del Descendimiento, encontramos un magistral Niño Jesús realizado por el escultor renacentista Jerónimo Hernández hacia 1580. Podría considerarse un antecedente del famoso Niño Jesús que Martínez Montañés haría para la iglesia del Sagrario en 1606. 

Del mismo autor, conserva la hermandad un Cristo Resucitado con unas proporciones, calidad y serenidad en su anatomía que lo hacen una de las esculturas más señeras del Renacimiento sevillano. Se conoce la fecha exacta de su encargo, 1582.

Posee también la capilla una excepcional colección pictórica. Se trata de una serie de lienzos pintados por Valdés Leal hacia 1660 y que originalmente formaban parte del retablo mayor y dos retablos laterales de la iglesia de San Benito de Calatrava, que se encontraba en un desaparecido convento que esta orden tenía muy cerca de la antigua puerta de la Barqueta. Los retablos laterales estaban compuestos por una sola pintura cada uno, con el “Calvario” y la “Inmaculada”. El retablo mayor constaba de dos cuerpos y ático. En el centro del primer cuerpo había una representación de “La Virgen con san Bernardo y san Benito” que no se ha conservado. A los lados se ubicaban "San Juan Bautista", "San Andrés", "Santa Catalina" y "San Sebastián". En el centro del segundo cuerpo se situaba el “San Miguel”, flanqueado por "San Antonio de Padua" y "San Antonio Abad". En el ático se situaba una representación de “Dios Padre”, que se ha perdido también. 

Todas las obras estuvieron en el Museo del Prado en 1991 participando en la exposición monográfica sobre su autor.

Presbiterio

El presbiterio se halla presidido por un magnífico retablo diseñado por Pedro Duque Cornejo a principios del siglo XVIII. Con dieciséis metros de altura, es el segundo mayor de la ciudad, tras el de la catedral. Está dividido en tres calles separadas por columnas salomónicas, que se articulan a su vez horizontalmente en banco, dos cuerpos y ático. Las esculturas son todas obras del propio Duque Cornejo, con excepción de las que representan a la Magdalena y a San Pablo en las hornacinas centrales.

En la hornacina central del primer cuerpo se sitúa la titular del templo, Santa María Magdalena, con una notable talla realizada por Felipe Malo de Molina en 1704. Está flanqueada por Santo Domingo y San Francisco de Asís en las calles laterales. En el centro del segundo cuerpo encontramos una talla anónima del siglo XVII representando a San Pablo, que, cabe recordar, era el primitivo titular de esta iglesia. Tiene a ambos lados a los papas dominicos Benedicto XI y Pío V.

En el ático volvemos a encontrar a San Pablo, esta vez en un relieve que reproduce la escena de su Conversión. A los lados, se sitúan dos santas dominicas, Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima.

A ambos lados del presbiterio, bajo los dos grandes lienzos de Lucas Valdés ya mencionados, se ubican sendas portadas de mármol, enmarcadas por columnas salomónicas y rematadas por las esculturas alegóricas de la Fe y la Caridad. 

Coro 

Se ubica a los pies del templo, separado del resto de la iglesia por una pequeña verja. El soto coro se halla cubierto por bóveda de cañón rebajada con lunetos que sujeta el coro alto. Está ricamente decorada con ocho frescos de Lucas Valdés con escenas del Antiguo Testamento. 

Sobre los arcos formeros contiguos al coro alto, se sitúan dos espacios a modo de balcón sobre los que se sitúan dos órganos. El del lado del Evangelio es de caja barroca y “de autor desconocido, solo queda la caja y tubos exteriores, no está en uso. El órgano situado en el lado de la epístola fue construido por Juan Debono en 1795, este si funciona”. (Ayarra Jarne, J., Órganos en la provincia de Sevilla, Consejería de Cultura, Centro de Documentación Musical de Andalucía, [Granada], 1998, fecha de consulta 13 marzo 2019)

 

 

Capillas y retablos del lado del Evangelio (izquierda)

Hagamos un recorrido por la iglesia empezando por los pies de la nave del Evangelio en el sentido de las agujas del reloj.

 

· Capilla de la Virgen del Rosario, situada a los pies de la nave del Evangelio, junto al coro. Posee un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por una talla de vestir, obra de Cristóbal Ramos en el siglo XVIII. La flanquean dos pequeñas tallas barrocas, con toda probabilidad provenientes de un retablo anterior, que representan a san Francisco de Paula y a santa Catalina de Siena.

 

· Junto a la Capilla del Rosario, a los pies del lado de la derecha, se ubica un retablo barroco del siglo XVIII que en la actualidad se halla presidido por una imagen moderna de la Virgen de la Medalla Milagrosa. En los lados se ubican dos tallas de santos monjes que han perdido alguno de los atributos que los identificaban. Por su vinculación con los dominicos, podría tratarse de santo Tomás y santo Domingo. En el centro del ático, un relieve representa “La Aparición de la Virgen a Santo Domingo”. El retablo se articula mediante una serie de hermosas columnas salomónicas fajadas, muy características del momento en el que fue construido. 

· Siguiendo por el muro de la izquierda, nos encontramos con un retablo marco que alberga un lienzo que representa “Las Ánimas del Purgatorio”. En él, un grupo de ángeles interceden por las almas que arden en el Purgatorio, en presencia de la Santísima Trinidad, que preside el lienzo en la parte superior. Fue realizado hacia 1775 por Vicente Alanís Espinosa.

 

· El siguiente retablo es también del siglo XVIII y en la actualidad se halla presidido por una imagen de la Virgen del Buen Consejo, tallada por Sebastián Santos Rojas hacia 1950. En las calles laterales, encontramos dos hermosas esculturas de Santa Catalina y Santa Bárbara. En el ático, un relieve parece representar el sueño de la beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo. La escena tiene como contexto un curioso marco arquitectónico en el que se finge la profundidad. A ambos lados se ubican dos santas dominicas, probablemente Santa Catalina de Ricci y Santa Inés de Montepulciano.

 

· Junto al retablo de la Virgen del Buen Consejo se encuentra una curiosa pintura sobre la pared que constituye un trampantojo o ilusión óptica. Fue pintada en 1996 y reproduce el acceso al antiguo claustro del convento, que se encontraba justo en esa dirección, en el lugar que hoy ocupa el Hotel Colón. El convento estaba siendo utilizado como sede del Gobierno Civil en Sevilla cuando fue destruido por un incendio en 1906.

· En los brazos del crucero encontramos varios retablos. El primero de ellos data de principios del siglo XVIII y está atribuido a Cristóbal de Guadix. Lo preside el llamado Nazareno de las Fatigas, una imagen de Jesús sujetando la cruz tallada por el escultor Gaspar del Águila y policromado por el pintor Antonio de Arfián en 1587. Fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila en 2009. La cruz es la original y está hecha de carey ribeteado en plata. En las calles laterales, entre hermosas columnas salomónicas policromadas en verde y dorado, se ubican San Antón Abad y San Alberto. En el centro del ático se sitúa San Miguel matando al dragón, flanqueado por dos santos dominicos.

· Junto a la entrada a la sacristía, en el extremo izquierdo del crucero, se ubica un altar barroco con la magnífica talla renacentista de la Virgen de las Fiebres. Es una imagen de la Virgen con el Niño, obra del escultor salmantino Juan Bautista Vázquez "el Viejo" de hacia 1565, considerada una de las más destacadas muestras de la escultura de este período en la ciudad. El apelativo "de las Fiebres" viene porque a ella se encomendaban las mujeres que habían dado a luz recientemente para evitar las temibles "calenturas", causa histórica de una gran mortandad. La imagen sustituyó a una anterior con la misma advocación que se perdió durante un derrumbe. 

Según la tradición, la madre del rey Pedro I rezó fervorosamente ante la imagen anterior pidiendo la salvación de su hijo, por entonces gravemente enfermo. Al sanar el rey, la madre entregó a la iglesia como agradecimiento una talla en plata del monarca orando ante la Virgen. Al parecer, la efigie del rey fue retirada al perder este el trono en la guerra con su hermanastro Enrique de Trastámara.

 

· Al otro lado de la entrada a la sacristía, un retablo alberga un conjunto escultórico con San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña. La composición original contaba solo con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y su autor es probablemente Francisco Antonio Ruiz Gijón hacia 1675. La imagen de San Joaquín que aparece al fondo es obra del siglo XVIII de Cristóbal Ramos y procede de otro retablo, como atestigua la diferencia en el tamaño.

· La siguiente capilla, ya paralela al presbiterio, está dedicada a Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores. Se trata de una obra temprana de Pedro Roldán (h. 1650) que se acerca más a los modelos castellanos que a los habituales en Sevilla: María aparece arrodillada al pie de la cruz y con la mirada dirigida al cielo. Además, es una talla completa y no de vestir, como suele ser habitual en la ciudad. La imagen era titular de una hermandad que llegó a ser enormemente popular. Tenía su sede en la actual Capilla de Montserrat y a ella pertenecía también como titular el actual Cristo de la Salud de la hermandad de la Candelaria.

El retablo en el que se ubica es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a San Pablo, como muestran los dos relieves de las calles laterales, que muestran su “Decapitación” y una “Apoteosis” del santo, en la que unos ángeles lo elevan hacia el Cielo.

 

· En el pilar que separa la capilla de la Antigua de la siguiente, encontramos un retablillo con una imagen de vestir de Santa Rosa de Lima, religiosa dominica nacida en el Virreinato del Perú que fue la primera americana canonizada en la historia de la iglesia.

· La siguiente capilla, ya junto al presbiterio, es la dedicada a la Virgen del Amparo, una magnífica talla renacentista realizada por el escultor flamenco Roque Balduque en 1555. Es una de las imágenes más hermosas de la iglesia y está considerada la patrona del barrio, por cuyas calles procesiona cada segundo domingo de noviembre.

El retablo es una obra de principios del siglo XVIII y parece que acogió originalmente al Cristo del Gonfalón, del que hablaremos más tarde. En las calles laterales se ubican San José con el Niño y San Hermenegildo, mientras que en el centro del ático se representa la Anunciación, flanqueada por San Joaquín y Santa Ana.

Capillas y retablos del lado de la Epístola (derecha):

 

· Junto al presbiterio, a la derecha, la primera capilla es la del Santísimo Cristo del Calvario, sede de la hermandad que lo tiene como titular. El Cristo es una magnífica obra de Francisco de Ocampo, realizada en 1611 siguiendo el modelo del Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. A ambos lados, las imágenes de la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista, ambas de Juan de Astorga del siglo XIX. El retablo es del siglo XVIII y posee en el centro del ático una escena con la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo y Santa Catalina de Siena.

· En el pilar que separa esta capilla de la siguiente, se ubica un retablillo con una imagen de Santa Mónica del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldán.

 

· La siguiente capilla está dedicada a San Antonio de Padua, con una imagen del santo anónima del siglo XVII. El retablo es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a Santa Catalina de Siena, tal y como se puede leer en la reja que cierra la capilla. De hecho, en el ático conserva un relieve con "La Estigmatización de Santa Catalina".

· En el extremo derecho del crucero se ubican dos retablos, a cada uno de los lados de un cajón de acceso a la iglesia que permanece siempre cerrado. El primero está dedicado a la Virgen del Carmen, con una hermosa imagen de vestir anónima del siglo XVIII. El de la derecha está dedicado a San José, con una espléndida talla atribuida a Juan Martínez Montañés y datada hacia 1610. Tradicionalmente han existido dudas sobre su autoría, pero tras la última gran exposición sobre el maestro, se estableció su autoría debido a su similitud con otro San José que se conserva en el convento de las Teresas y por lo parecido que es el Niño al que porta el San Cristóbal de la iglesia del Salvador.

· Haciendo esquina junto al retablo de San José, encontramos un retablo del siglo XVIII que se halla presidido en la actualidad por una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. Lo acompañan en las naves laterales San Francisco y Santo Domingo, originales del retablo. En el ático encontramos un Santo Tomás orando de rodillas.

 

· Siguiendo por el muro derecho, junto a la Capilla Sacramental, se ubica un retablo presidido por el relieve de la Asunción de la Virgen, obra de Juan de Mesa de 1619. A pesar de algunas dudas expresadas sobre su autoría, se ha conservado el contrato en el que se le encarga al artista, donde se especifica que cuatro ángeles “la van subiendo a los cielos, con un trono de serafines a sus pies y sus nubes alrededor (…) con más dos niños por remate; más de medio relieve y los niños redondos”. En el ático, otro relieve muestra la Coronación de la Virgen.

· A la mitad del muro de la Epístola se abre la capilla sacramental, un espacio de planta rectangular ubicado junto al acceso principal a la iglesia. Justo frente a la entrada, una vitrina acoge una espléndida custodia procesional de plata con más de dos metros de altura. Se realizó en distintas fases entre finales del siglo XVII. “Es la obra realizada por tres artistas plateros del siglo XVII, pero siguiendo el diseño del que la inició, Diego de León, en 1678. La continuó en 1679 el platero Cristóbal Sánchez de la Rosa, y la finalizó Juan Laureano de Pina en 1692”. (Arzobispado de Sevilla)

El retablo es de estilo neoclásico, realizado en 1817. Alberga en su hornacina central una Inmaculada del siglo XVIII atribuida a Benito Hita del Castillo, que procesiona el día del Corpus acompañando a la Custodia junto con el Niño Jesús de Jerónimo Hernández. En las calles laterales del retablo encontramos las tallas de San Miguel y San Rafael, realizadas por Duque Cornejo también en el siglo XVIII. En el ático, una pintura de la época del retablo representa a la Santísima Trinidad. 

La Capilla alberga el sepulcro de Francisco Arias de Saavedra, ministro de Carlos III y dos lienzos de Zurbarán de hacia 1626. El primero  muestra la "Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans" y el segundo "Santo Domingo en Soriano". Odile Delenda, en su catálogo de la obra de Zurbarán, lo describe así: 

«La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el Monasterio de Soriano es un tema grato de la Contrarreforma, que tuvo un éxito considerable en toda la Europa católica del siglo XVII. Cada Orden religiosa quería representar a sus santos con su ‘vera effigies’. Un fraile dominico del Convento de Soriano en Calabria, muy devoto al fundador, deseaba saber cómo serían sus verdaderos rasgos. En el año 1530, haciendo oración, se le apareció la Virgen, junto con las santas Catalina y Magdalena quienes le ofrecieron un retrato de Santo Domingo. Dicho milagroso retrato lo representa de pie, frontalmente, llevando el lirio y un libro de su regla. El supuesto retrato está conservado en la Iglesia de San Romano de Lucca y muchas copias y grabados circularon por los conventos de la Orden».

· En el mismo muro derecho, al otro lado del acceso principal a la iglesia, encontramos un marco-dosel barroco que alberga un relieve del siglo XVIII con “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”.

 

· A continuación, siguiendo hacia los pies, se ubica un retablo también del XVIII presidido en la actualidad por la imagen de Santa Rita de Casia, de gran devoción en el mundo católico como intercesora en causas difíciles. En las calles laterales se ubican San Juan Nepomuceno y San Alberto, mientras que en el ático, un relieve representa la “Liberación de San Pedro”, flanqueado por dos santos dominicos. 

· A los pies de la nave de la Epístola se ubica la Capilla Bautismal, que conserva la pila en la que fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618, tal y como recuerda una placa de mármol en uno de los muros. La capilla se halla presidida hoy por un interesante crucificado del siglo XVI conocido como Cristo de Confalón o Gonfalón. Presenta rasgos bastante arcaizantes que lo acercan a la escultura gótica y transmiten un conmovedor patetismo. 

Originalmente fue titular de una cofradía que se dedicaba a las obras de misericordia, siguiendo el ejemplo de una hermandad con la misma advocación asentada en Roma. Se ha atribuido la imagen a Nicolás de León, ya que en la iglesia de la Victoria en Écija existe un crucificado muy similar de este autor que además tiene la misma advocación, siendo en la actualidad una de las imágenes más destacadas de la Semana Santa astigitana.

El crucificado se encuentra acompañado por una Dolorosa y un San Juan, formando un Calvario. Son de una cronología similar al Cristo y podría tratarse de obras del mismo autor.