IGLESIA DE SAN ILDEFONSO

La iglesia de San Ildefonso es un imponente templo neoclásico que se levanta justo frente al convento de San Leandro, en el barrio de la Alfalfa. Su construcción se inició a finales del siglo XVIII y, desde el exterior, es una de las iglesias más llamativas de Sevilla por diversas razones. En primer lugar, son muy escasas las iglesias neoclásicas en la ciudad. Además, posee dos altas torres gemelas que flanquean su entrada y está cubierta completamente por los colores por antonomasia de Sevilla: el albero y la almagra.

Historia

El templo actual comenzó a construirse a finales del siglo XVIII, en sustitución de uno anterior que quedó maltrecho tras el Terremoto de Lisboa en 1755. Nos consta que San Ildefonso fue una de las 24 parroquias en las que quedó dividida la ciudad tras la conquista cristiana, por lo que es muy probable que el templo anterior fuera una construcción medieval, probablemente del estilo gótico mudéjar tan característico en Sevilla.

Sin embargo, existe una tradición que trata de remontar los orígenes de la parroquia a tiempos visigodos. Se basa en una supuesta lápida sepulcral que se conservaba en la antigua iglesia y que hacía alusión a un presbítero llamado Saturnino que habría sido enterrado en este lugar en el 657. Diego Ortiz de Zúñiga, célebre historiador sevillano del siglo XVII, lo describe así en el Libro II de sus famosos “Anales eclesiásticos y seculares”:

"...aun de primitiva Iglesia de Cristianos tiene singulares señas la Parroquia de San Ildefonso, atestiguadas con la piedra del sepulcro de San Saturnino, que dentro de ella se hallaba hasta el año 1649, que en la peste que padeció esta ciudad con la fuga de abrir sepulturas, se perdió o soterró. Viola allí Ambrosio de Morales, Don Pablo de Espinosa y otros, cuyo epitafio decía: (…) Saturnino, Presbítero, siervo de Dios, vivió, poco más o menos, 53 años. Partió de esta vida en paz en el día 2 de los Idus de Noviembre (es el día 12) en la Era de 657, que es año de Cristo de 619. Llámalo la piedad San Saturnino; pero el epitafio solo lo advierte sacerdote cristiano, contemporáneo de nuestro Arzobispo y Patrón San Isidoro. Estaba esta sepultura delante de un altar de nuestra Señora, cuya efigie en pintura muestra grande antigüedad, intitulada del Coral, y venerada con profunda devoción." 

Es de destacar la mención a la Virgen del Coral, una pintura mural que afortunadamente se conserva aún hoy en la iglesia. Fueron también frecuentes los intentos por remontar el origen de esta venerada imagen a tiempos preislámicos, aunque en la actualidad se tiene por segura su datación hacia el siglo XIV, más o menos coetánea a la Virgen de la Antigua.

En cualquier caso, las obras para la construcción del templo del que tratamos hoy se iniciaron en 1794 bajo la dirección de José de Echamorro y de acuerdo con el proyecto neoclásico de Julián Barcenilla. La monumentalidad del edificio hizo que las obras se prolongaran durante casi cincuenta años. La iglesia se inauguró en 1816, pero solo con la nave izquierda concluida, por lo que se oficiaba en un altar presidido por la Virgen del Coral. La terminación completa de la iglesia no tendría lugar hasta 1841.

 

DESCRIPCIÓN

Como hemos apuntado en la introducción, la iglesia de San Ildefonso es un templo neoclásico que se ajusta perfectamente a la tendencia estética academicista imperante en el país desde el siglo XVIII y durante el XIX. Cuenta con planta rectangular, dividida en tres naves, con la central y el crucero más anchos. De la planta sobresale un profundo presbiterio semicircular en la cabecera y dos grandes torres de planta cuadrada a los pies.

 

Exterior

Posiblemente lo primero que llama la atención desde el exterior son los brillantes colores albero y almagra con los que está pintada la iglesia. En la fachada principal destacan las dos torres que se adelantan con respecto a la línea de la portada, creando un pequeño atrio frente a la entrada principal. 

Las torres son de una gran altura y cuentan con cuatro cuerpos de tamaño decreciente. Los dos primeros son de planta cuadrada, el tercero de planta octogonal y el último es circular. Están decoradas con elementos de piedra blanca que destacan sobre el fondo albero y almagra, como las columnas, las balaustradas y los jarrones. 

La portada cuenta con dos cuerpos y una estructura muy clásica. El primero, enmarcado por pares columnas jónicas, acoge el arco escarzano que constituye la entrada principal. Sobre ella, una hornacina acoge una pequeña escultura pétrea de San Ildefonso, enmarcada también por columnas a los lados, en este caso de estilo compuesto. Remata la hornacina un frontón curvo en el centro del cual se representa el escudo episcopal del santo titular.

En el lado izquierdo, en la calle Rodríguez Marín, se abre una segunda portada de acceso al templo, de características similares a la anterior pero más sencilla. En este caso, dos pares de sencillas columnas toscanas enmarcan la entrada. Sirven también para sostener el entablamento sobre el que se ubica una sencilla hornacina rematada por frontón triangular. 

En esta hornacina vemos a dos angelitos sosteniendo una inscripción en mármol en la que se lee: “O ILDEPHONSE PER TE VIVIT DOMINA MEA QUE COELI CULMINA TENET”. Se trata de una frase que la tradición atribuye a Santa Leocadia. Al parecer, cierto día se encontraba el obispo Ildefonso rezando ante el sepulcro de la santa, cuando está se le apareció y pronunció la frase que se puede traducir como “Oh Ildefonso, mi Señora, quien sostiene las cumbres del cielo, vive a través de ti”. De esta forma, la aparición reconocía la importante labor de San Ildefonso como defensor de la Virgen María y promotor de la devoción hacia ella.

A la derecha de esta portada lateral, una moldura de estructura clásica pero de decoración barroca alberga el retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli. Se trata de una imagen de gran devoción que se venera en el interior del templo y de la que hablaremos más adelante. El azulejo lo realizó el gran pintor ceramista Antonio Kierman Flores en la trianera fábrica de Santa Ana (1955).

Interior

Al interior, la iglesia se encuentra dividida en tres naves por ocho pilares cruciformes. En la nave central y en la del crucero, las bóvedas son de cañón con lunetos y cuentan con arcos fajones. En las naves laterales, algo más estrechas, están cubiertas por bóveda de arista, excepto en las capillas que se encuentran a la cabecera de cada nave, que están cubiertas por bóvedas semiesféricas. Sobre el crucero se dispone una gran cúpula, levantada sobre un elevado tambor circular y rematada por una linterna. Tanto el tambor como la linterna cuentan con vanos semicirculares que le aportan luminosidad al interior.

El área del presbiterio es bastante singular en el contexto de las iglesias sevillanas, ya que no cuenta con retablo, siguiendo los dictados de la estética academicista a la que se ciñe el templo. En su lugar, encontramos un templete de estilo clásico realizado por José Barrado en 1841. Seis columnas de jaspe negro sostienen una cúpula semiesférica sobre la que se ubica una pequeña alegoría pétrea de la Fe. El templete alberga una clásica Inmaculada del siglo XVIII de autor desconocido.

Sobre el arco toral que enmarca el presbiterio, se encuentran tres hornacinas entre columnas corintias que albergan las esculturas de San Ildefonso, en el medio, flanqueado a los lados por San Pedro y San Pablo. Se trata de unas tallas realizadas por Felipe de Ribas hacia 1637 que pertenecían al retablo de la iglesia anterior a la actual. Juan de Astorga las intervino en el siglo XIX para adaptarlas al nuevo templo, con lo que alteró por completo su policromía barroca original.

Los retablos de la iglesia son todos del siglo XIX, acordes con la estética neoclásica imperante en la época y sin demasiado interés artístico. Sin embargo, la iglesia posee una serie que sería necesario destacar por su interés artístico e histórico.

En el lado de la Epístola (a la derecha):

- Relieve de las “Dos Trinidades”, realizado por Martínez Montañés hacia 1609. Se encuentra en la Capilla Bautismal, a los pies de la nave de la Epístola (derecha). Se trata de un precioso relieve en el que el maestro aúna la representación de la Trinidad formada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con esa otra trinidad que formarían el propio Jesús, junto con San José y la Virgen María. La Sagrada Familia se ubica en un plano inferior, y sobre ellos el Espíritu Santo y Dios Padre. En el centro, la figura de Jesús, todavía niño y delante de una Cruz, sirve de unión y nexo entre los dos planos.

- Conjunto escultórico de “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”, en una de las capillas del lado derecho. Se ha datado en el siglo XVIII y probablemente sea de Cristóbal Ramos.

- La Virgen de la Soledad preside otro de los retablos del lado derecho. Se trata de una magnífica dolorosa de vestir realizada hacia 1844 por Juan de Astorga, probablemente el escultor más destacado del siglo XIX en Sevilla.

- Conjunto escultórico de “La entrega de la casulla a San Ildefonso”, que se ubica en un retablo marmóreo en la cabecera de la nave. Se trata de un grupo bastante interesante datado a finales del XVIII o en el XIX, pero del que se desconoce la autoría.

En la nave del Evangelio (lado izquierdo):

- A los pies de la nave, junto a la entrada, una vitrina a modo de templete acoge una hermosa Piedad de pequeño formato. Se trata de una imagen del siglo XVIII, con toda probabilidad obra del escultor Cristóbal Ramos.

- También en el lado del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen de los Reyes, también llamada “de los Sastres”, por ser este gremio el que encargó originalmente la imagen. Tradicionalmente se ha considerado a la imagen como de las llamadas “fernandinas”, es decir, original de los primeros tiempos tras la conquista cristiana (siglo XIII). Hoy se tiende a pensar que la imagen es obra del siglo XVI, con notables transformaciones barrocas, como el propio Niño, que se añadió en el XVII. 

La imagen es titular de la Hermandad de los Sastres, que tiene su origen en el antiguo hospital de San Marcos, que se ubicaba en la zona de la Alfalfa. Esta es la razón por la que encontramos una pequeña talla de San Marcos en el ático del retablo. En las calles laterales, encontramos a San Fernando y San Hermenegildo, patrones de la monarquía española. Son tallas de Pedro Roldán datadas hacia 1674.

- En el extremo izquierdo del crucero se ubica el retablo del Cautivo, que alberga la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, llamado también de Medinaceli por reproducir la iconografía de la imagen que se encuentra en Madrid con la misma advocación. Se trata de una imagen anónima del siglo XVIII que representa a Jesús justo en el momento anterior a iniciar el camino del Calvario. Se trata de una talla de vestir que hace uso del pelo natural, recurso que fue muy común durante el barroco como forma de dotar a las imágenes de mayor realismo y dramatismo.

Esta iconografía fue muy promovida por la orden de los Trinitarios, que se dedicaban a recoger limosnas para el rescate de cautivos cristianos en territorio musulmán. Fueron los monjes de esta orden los que trajeron la devoción a Sevilla. La imagen estuvo originalmente en la iglesia de su convento, que se encontraba junto a la plaza del Cristo de Burgos. Al desaparecer el convento durante la desamortización, la talla pasó a la iglesia de San Hermenegildo y desde allí fue trasladada a su emplazamiento actual a principios del siglo XX. En la actualidad cuenta con una gran devoción en la ciudad, acercándose numerosos devotos cada viernes ante su altar, especialmente durante los viernes de cuaresma.

- En la cabecera de la nave del Evangelio se ubica el retablo de la Virgen del Coral. La imagen central es una interesantísima representación de la Virgen con el Niño, de autor anónimo, pero perteneciente al llamado estilo internacional de finales del siglo XIV. Sería, por lo tanto, contemporánea a la Virgen de la Antigua que se venera en la Catedral. José Francisco Haldón Reina hace una interesante descripción de la imagen en la web de la parroquia:

“Se trata de una pintura mural que sigue el denominado estilo internacional, fechable en el último cuarto del siglo XIV. La advocación del Coral se debe al fragmento que pende del collar que adorna el cuello del Niño. El color rojo del coral aparece aquí como prefiguración de la Eucaristía y de la Pasión de Cristo. La Virgen aparece representada como «Hodegetria» (Portadora o Conductora). Va ataviada con túnica y manto de color púrpura, decorados con losanges, bandas y motivos vegetales dorados. La Virgen orla su cabeza con un nimbo dorado con estrellas. La cabeza del Niño también presenta nimbo dorado. Ambas efigies están rodeadas por resplandores de oro. María porta al Niño sobre el brazo derecho, mostrando en su mano izquierda una granada, símbolo de la Iglesia”.

* : Leyendas de Sevilla   │   º : Wikimedia Commons

IGLESIA DE SAN ALBERTO

La iglesia de San Alberto es el templo del convento del mismo nombre, que en la actualidad acoge a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (padres filipenses). Se trata de una iglesia de una sola nave levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero con profundas reformas en los siglos posteriores.

Historia

El convento perteneció originalmente a la orden de los Carmelitas, que fundaron el convento de San Alberto en 1602 como centro de estudios superiores. La iglesia no se consagró hasta 1626 y las obras continuaron algunos años más, con la finalización de la capilla mayor en 1640.

El convento y la iglesia sufrieron considerablemente durante la ocupación francesa (1810-1812), cuando el conjunto fue transformado en un cuartel para las tropas napoleónicas. Se perdió entonces buena parte de su patrimonio artístico.

Tras la guerra, los carmelitas volverían al convento, aunque no sería por mucho tiempo. Tras la Desamortización de Mendizábal (1636) fueron obligados a abandonarlo. Desde ese momento pasó por diversos usos, como sede de la Real Academia de Buenas Letras o colegio de segundas enseñanzas. Finalmente, fue adquirido por los padres filipenses a finales del siglo XIX.

Se inició entonces una disputa con los carmelitas, antiguos titulares del inmueble, que defendían su derecho a volver al mismo. Finalmente, por intermediación del Cardenal Spínola, los carmelitas se asentaron en el antiguo hospital del Buen Suceso, donde permanecen en la actualidad. Para sellar la paz, los filipenses tuvieron que entregarles algunas obras artísticas de especial relevancia que se encontraban originalmente en esta iglesia y que hoy se encuentran en el Buen Suceso. Podemos citar la magnífica “Santa Ana presentando a la Virgen en el Templo”, de Martínez Montañés, o las tallas de “San Alberto” y “Santa Teresa”, de Alonso Cano.

Descripción

La iglesia responde a un modelo tardo-manierista que encontramos en otras ocasiones en Sevilla. Cuenta con planta rectangular y una sola nave, de gran amplitud. Se divide en cinco tramos mediante grandes contrafuertes. Entre ellos se abren una serie de capillas-hornacinas laterales, sobre las que corre una tribuna.

La cubrición se hace mediante bóvedas rebajadas con lunetos y arcos fajones. Especialmente interesante es la cúpula elíptica que cubre el crucero. Se asienta sobre pechinas y en ella se abren ocho óculos que le aportan luminosidad.

El presbiterio se encuentra ligeramente elevado con respecto al resto de la iglesia y a los pies del templo se ubica el coro alto, asentado también sobre una bóveda rebajada con lunetos.

Exterior

El acceso a la iglesia se hace por una sencilla manierista abierta a los pies del muro derecho. Se trata de una obra de líneas muy sencillas que se ha relacionado con el arquitecto Diego López Bueno. Sobre la puerta se ubica un frontón partido con una hornacina en el centro. La escultura representa a San Alberto y fue tallada en 1626 por Alonso Álvares de Albarrán, discípulo de Martínez Montañés. Presenta algún resto de policromía, pero probablemente procede de alguna restauración en el siglo XIX.

En un curioso chaflán al lado izquierdo de la portada se encuentra una capilla abierta con dos cuerpos. El primero y más grande está dedicado a la Virgen del Carmen, mientras que el superior alberga un azulejo de la Virgen del Perpetuo Socorro. A la derecha de la portada encontramos otro retablo cerámico, esta vez reproduciendo la talla de San Felipe Neri que se encuentra en el interior de la iglesia. Lo pintó Fernando Orce para la trianera fábrica de Pedro Navia hacia 1955.

Aunque es difícil de ver desde la fachada, la iglesia cuenta con una torre campanario visible desde las calles aledañas. Presenta la habitual decoración de azulejería de las torres campanario sevillanas y está datada en 1739. Es muy probable que la torre sea anterior y que esta fecha se corresponda a una gran reforma que se tuvo que acometer después de que en 1736 quedara muy dañada al caerle un rayo.

Interior

El retablo mayor es de estilo neoclásico y se hizo en sustitución de uno anterior de estilo barroco destruido durante la ocupación francesa. En su gran hornacina central, se ubica un Crucificado que reproduce al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Fue realizado en 1791 por un escultor llamado Ángel Iglesias del que no se conocen otras obras.

A los pies de la Cruz se ubica una Dolorosa de vestir, anónima del siglo XVIII. Es de una calidad notable y se ha señalado que podría ser la primitiva dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, “Iglesias de Sevilla”). 

En las calles laterales se sitúan Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca, interesantes obras de Duque Cornejo (XVIII). En el ático encontramos esculturas anónimas datadas en la misma época que el retablo. En el centro, un conjunto representa “La Apoteosis de San Alberto”, y a los lados se sitúan San Elías y Santa Teresa.

En el área del presbiterio, son también interesantes los ángeles lampareros, realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, uno de los escultores más destacados de esta centuria en Sevilla.

El resto de retablos son neoclásicos, del siglo XIX, y no son de una calidad considerable. Se pueden mencionar algunos de ellos por poseer algún aspecto de interés:

- Retablo de la Virgen de Valvanera. En su hornacina central alberga una interesante imagen de principios del XIX que reproduce a la Virgen de Valvanera, patrona de la Rioja. La flanquean en las calles laterales los beatos Antonio Gassi y Juan de Ávila. En el ático se ubica una pintura con “La Lactación de San Bernardo”, anónimo del XVIII, que refleja la tradición medieval según la cual la Virgen María se apareció al santo para otorgarle el don de la elocuencia dándole de beber su propia leche materna. A ambos lados se ubican dos santos, presumiblemente carmelitas, pero no identificados.

- Retablo de San José. Situado junto al anterior en el lado izquierdo de la iglesia. Lo único reseñable es la talla central que representa a San José con el niño Jesús en los brazos. San José ha sido tradicionalmente una de las devociones predilectas de los carmelitas. Aquí lo encontramos en una talla realizada por el escultor sevillano Cristóbal Ramos hacia 1782. Es de destacar la conmovedora delicadeza con la que San José apoya la mejilla sobre la cabeza del Niño. 

- Retablo de San Antonio. Se ubica en una de las hornacinas del lado del Evangelio (izquierdo). El retablo y la talla central no presentan demasiado interés desde el punto de vista artístico, pero sí que cabe destacar las cinco pinturas que lo decoran. Representan a los Cuatro Evangelistas en las calles laterales y “La Coronación de la Virgen” en el ático.  Históricamente se atribuyeron a Francisco Pacheco, pero hoy se consideran obras de Juan del Castillo de hacia 1632.

- Retablo de San Felipe Neri. Situado en el lado derecho del crucero, enfrente del retablo de la Virgen de Valvanera. Su interés radica en la talla del santo que ocupa la hornacina central. Se trata de una obra de gran calidad que en ocasiones se vinculó a la producción de Pedro Roldán. Hoy en día se la considera más bien una obra de Duque Cornejo, a partir de una atribución hecha por Manuel García Luque, que sitúa su datación a principios del siglo XVIII. 

- Retablo de la Natividad. Se sitúa junto al de San Felipe Neri, en el lado de la Epístola. Destaca sobre todo el conjunto escultórico de la Natividad que se ubica en la hornacina central, datado en el siglo XVIII. A los lados se sitúan San Joaquín y Santa Ana. Ambos parecen del siglo XVII, aunque al parecer no se realizaron de manera conjunta, ya que la figura de san Joaquín es algo menor.

El resto de retablos son interesantes por el valor devocional más que por el artístico. Están dedicados a advocaciones tan populares como el Sagrado Corazón, la Virgen del Perpetuo Socorro o San José.

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

SAN LUIS DE LOS FRANCESES

La iglesia de San Luis de los Franceses constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano, con una clara influencia de las grandes obras de la arquitectura religiosa en Roma del siglo XVII. 

Presenta una planta de central con forma de cruz griega, precedida junto a la entrada por un atrio en el que se ubica el coro. Los brazos de la cruz de la planta se rematan en forma de exedra y en el centro del conjunto se levanta una imponente cúpula sobre tambor circular.

Historia

Es la iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Sus obras se iniciaron en 1699 y se prolongaron hasta su consagración en 1731. Leonardo de Figueroa fue el arquitecto encargado, aunque parece que la planta del proyecto, de marcado carácter italiano, vino impuesta por la Compañía. Se ha señalado su similitud con la planta de Santa Agnese de Roma, obra de los arquitectos Girolamo y Carlo Raimaldi unos cincuenta años anterior. También intervinieron en su construcción otros arquitectos, como Matías de Figueroa, hijo de Leonardo, o Diego Antonio Díaz, al que se atribuye el remate de las torres.

 

Exterior

La fachada exterior cuenta con dos cuerpos horizontales divididos por cinco módulos verticales, con el central acentuado por su mayor profusión decorativa. Además, se remata por un frontón trilobulado sobre el que aparecen las figuras de los tres arcángeles. El conjunto de la fachada muestra la tradicional bicromía del barroco sevillano, con los paramentos en ladrillo avitolado y las pilastras en piedra y elementos decorativos en piedra.

En los extremos de la fachada se sitúan dos robustas torres campanario de sección octogonal, decoradas con esculturas de los Evangelistas. Ambas flaquean la monumental cúpula semiesférica, asentada sobre tambor, cubierta con tejas vidriadas y coronada por linterna.

 

Interior

El interior del templo transmite de forma inigualable la sensación de exuberancia y profusión decorativa del barroco, con una perfecta simbiosis entre arquitectura, escultura y pintura. A los machones que sostienen la cúpula se adosan una monumentales columnas salomónicas con dorados capiteles compuestos que acentúan la sensación de dinamismo del espacio.

El retablo mayor es obra de Pedro Duque Cornejo y está fechado hacia 1730. Es un verdadero compendio de elementos barrocos, con pinturas, esculturas, reliquias y elementos arquitectónicos dispuestos formando un abigarrado conjunto, sin ninguna estructura ordenada. En la parte superior, se cubre por un gran dosel que cobija el conjunto como un baldaquino, coronado por una gran corona real. 

También se deben a Duque Cornejo los dos retablos de los brazos laterales, dedicados a San Francisco de Borja y San Estanislao de Kostka. Ambos constan de idéntica estructura, con banco, cuerpo central dividido en tres calles, y ático. En las hornacinas centrales se ubican las esculturas de los titulares y a los lados una serie de lienzos que les hace alusión, obra de Domingo Martínez.

En los cuatro machones que sostienen la cúpula se abren cuatro retablos de menor tamaño, pero de estructura y exuberancia decorativa semejantes. Están dedicados San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola, San Juan Francisco de Regis y San Luis Gonzaga.

 

Capilla doméstica

Además de la iglesia, dentro de las dependencias de San Luis de los Franceses se encuentra otro espacio de enorme valor artístico denominado "capilla doméstica". Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que el área del presbítero se haya cubierta por una bóveda elíptica. El retablo es obra también de Duque Cornejo, de hacia 1730, e incluye una profusión de santos jesuitas. Entre las numerosas esculturas, cabe destacar una Inmaculada que se erige sobre el Sagrario con un estilo muy cercano al de Gregorio Fernández.

Toda la capilla se halla profusamente decorada. Sobre los muros se disponen una serie de pinturas de los apóstoles, intercaladas con relicarios y un conjunto de bronces flamencos sobre la vida de la Virgen. Igualmente rica es la decoración pictórica del presbiterio y las bóvedas, obras de Domingo Martínez y su taller.

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

CAPILLA DE SANTA MARÍA DE JESÚS (MAESE RODRIGO)

Esta capilla de Puerta de Jerez es el único vestigio que nos queda de la primitiva Universidad de Sevilla, que fue fundada por Maese Rodrigo de Santaella en 1506. 

El resto de las dependencias de esta primera universidad fueron demolidas a principios del siglo XX para trazar la actual Avenida de la Constitución, dentro del proceso de remodelación urbanística que experimentó la ciudad en los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929. La portada original del edificio fue desmontada y en la actualidad se conserva en el compás del convento de Santa Clara. En el retablo mayor de esta capilla puede contemplarse una representación del desaparecido edificio.

La capilla que ha llegado hasta nosotros es de una sola nave y se adscribe estilísticamente al gótico-mudéjar tardío. Fue consagrada en 1506, aún sin terminar. 

Al exterior, cuenta con tres fachadas. La trasera fue reformada en el siglo XX y muestra una pequeña ventana mudéjar, hecha en ladrillo y con un arco polilobulado. En la fachada lateral destaca una hermosa ventana gótica con arquivoltas, decoración vegetal y tracerías en la parte superior, formando tres óculos. En esta misma fachada se ubica una lápida de mármol que hace alusión a la fundación en caracteres góticos.

A los pies se ubica la fachada principal, que originalmente no daba a la calle sino a un patio interior de la universidad. Cuenta con una sencilla portada en forma de arco conopial compuesto por ladrillos bicromos y enmarcado por alfiz. A pesar de la sencillez es de una gran armonía y destaca por lo inhabitual de este tipo de arcos en la arquitectura gótica sevillana. En el lado derecho de la capilla, justo entre la nave y el presbiterio, se ubica una sencilla espadaña, también a base de ladrillos bicromos y rematada por almenas escalonadas.

En el interior, la única nave de la iglesia se divide claramente en dos ámbitos, diferenciados por su cubrición. El cuerpo de la nave se cubre por un alfarje de madera, mientras que el presbiterio se cubre por bóveda de crucería gótica de treceletes. Como transición entre ambos espacios se dispone un gran arco toral, apuntado y decorado con cardinas. 

Aunque la solería original del templo se sustituyó en el siglo XX por la actual de mármol, sí que se han conservado los zócalos de azulejo en las paredes, realizados con una bella policromía utilizando la técnica de cuerda seca. Con la misma técnica se realizó el frontal del altar, pero en este caso incluyendo reflejos dorados, elemento muy poco frecuente en la decoración cerámica de este tipo en Sevilla.

El retablo mayor es una pieza de enorme interés artístico, realizada por el pintor de origen alemán Alejo Fernández hacia 1520. Su estructura es claramente gótica, aunque sus pinturas muestran ya cierta influencia renacentista. La temática está vinculada a la exaltación de la sabiduría, en relación con la finalidad original del templo como capilla del Colegio.

Se estructura de abajo a arriba en banco y dos cuerpos. En el centro del banco se ubica el sagrario, a cuyos lados se disponen seis tablas, tres con representaciones de obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño de estilo bizantino. De ella se afirma que fue traída desde Italia por el propio Maese Rodrigo.

El primer cuerpo se halla presidido por una reproducción de la Virgen de la Antigua, cuyo original se encuentra en una de las capillas de la Catedral de Sevilla. A sus pies, aparece en escala menor Maese Rodrigo, que hace entrega a la Virgen de una maqueta que representa el Colegio fundado por él. A ambos lados, los cuatro doctores de la iglesia: San Agustín de Hipona, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Jerónimo.

En el centro del segundo cuerpo se ubica la representación de "Pentecostés". Es en esta pintura donde más se puede apreciar la influencia renacentista de la que hemos hablado en la obra de Alejo Fernández. Flanqueándola, de izquierda a derecha, vemos a San Pedro, San Gabriel, San Miguel y San Pablo.

HOSPITAL DE LA CARIDAD

El Hospital de la Caridad es la sede de la hermandad de la Santa Caridad, que tiene como finalidad la asistencia de personas enfermas y con pocos recursos. Fue fundada en el siglo XV y aún hoy realizan una valiosa labor asistencial en Sevilla. El conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nosotros está datado en su mayor parte en el siglo XVII.

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HISTORIA

En sus orígenes, la hermandad se dedicó principalmente a costear el enterramiento de ajusticiados y ahogados en el río, funciones que se fueron ampliando con el paso del tiempo, cada vez más enfocadas a la asistencia de enfermos sin recursos. En el siglo XVI se sabe que tenían su sede en una pequeña capilla dedicada a San Jorge, que se encontraba en el mismo emplazamiento que el templo actual.

Se trata de un espacio que era parte de las antiguas Atarazanas Reales de Sevilla, una inmensa superficie de diecisiete naves dedicada desde el siglo XIII a la construcción, reparación y almacenamiento de navíos. 

A mediados del siglo XVII se decide la sustitución de la primitiva capilla por una nueva iglesia y la construcción anexa de un gran hospital para la asistencia de los enfermos. Para ello se les cedió el espacio de tres de las naves de las antiguas atarazanas.

Las obras se iniciaron en 1645 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete y recibieron un impulso notable al entrar en la hermandad Miguel de Mañara, que sería elegido hermano mayor en 1663. 

Mañara era un acaudalado comerciante sevillano que encontró en la Santa Caridad un sentido para su vida tras la muerte de su esposa. Diversos testimonios de la época, incluyendo alguna referencia de él mismo, hablan de que habría llevado una vida muy desordenada en su juventud, por lo que desde el siglo XIX se le ha vinculado con la figura de Don Juan Tenorio, el arquetipo literario más universal de entre los surgidos en Sevilla. La tradición ha querido ver en Miguel de Mañara el personaje en el que se basa el Tenorio, aunque en la actualidad sabemos que ni los hechos de su biografía ni la cronología permiten sustentar esta afirmación.

Lo que sí es cierto, es que su llegada a la dirección de la hermandad supuso un gran impulso para esta, logrando atraer grandes sumas de dinero donadas por las familias mejor situadas de la ciudad, entre las que Mañara estaba acostumbrado a moverse. 

El conjunto del Hospital consta de dos enormes salas alargadas para la asistencia a los enfermos, de más de 40 metros de largo, que discurren perpendiculares a la calle Temprado. Ante ellas, se abre un patio rectangular porticado, dividido en dos por una galería en el centro. A la izquierda, y también perpendicular a la calle, se ubica la iglesia, de una sola nave. Tiene su fachada principal a los pies y un acceso lateral desde el patio.

HOSPITAL

Al exterior, la única parte que presenta decoración es la que se corresponde con la iglesia. El resto de la fachada es de una gran austeridad, sin apenas decoración, con la excepción de las dos pilastras que flanquean la puerta principal y que sostienen el saliente de un pequeño balcón.

Tras un pequeño vestíbulo, se accede al primero de los dos patios, separados solo por el pasaje sostenido por galería de columnas que hemos mencionado. Con toda probabilidad fueron diseñados por el gran arquitecto del barroco sevillano, Leonardo de Figueroa, del que consta que fue maestro de obras de la Caridad desde 1679.

Ambos se encuentran porticados en tres de sus lados, con la excepción del que da a las grandes naves del hospital. Lo hacen mediante arcos de medio punto sostenidos por columnas toscanas de mármol en el primero piso. El segundo piso está cerrado, aunque unos grandes ventanales protegidos con un pequeño balcón se abren al patio coincidiendo en su ubicación con los arcos de la planta baja.

En el centro de cada patio encontramos dos fuentes monumentales con representaciones alegóricas de la Fe y de la Caridad. Fueron realizadas en Génova y está documentado su encargo para este hospital en 1682. 

En los muros del patio se puede admirar un conjunto de siete paneles de azulejos en tonos azules sobre blanco que representan diversas escenas del antiguo y nuevo testamento. Fueron realizados en Holanda, probablemente en Delft, a finales del siglo XVII y llegaron al hospital como una donación del convento de los Descalzos de Cádiz.

IGLESIA DE SAN JORGE

Fachada

El templo del hospital mantuvo la advocación de San Jorge, a la que estaba dedicada la primitiva capilla en torno a la que se fundó la hermandad. Su fachada destaca de la del resto del hospital por su altura y riqueza decorativa, a pesar de su relativa sencillez, sobre todo en comparación con la exhuberancia decorativa que veremos en el interior.

Se dispone siguiendo la lógica de un retablo, articulada en dos niveles y los elementos arquitectónicos, como las pilastras y los frontones, constituyen el elemento decorativo principal. A pesar de sus líneas clásicas, es una fachada de gran originalidad, conseguida mediante la combinación de las superficies blancas y ocres, entre las que se disponen cinco paneles cerámicos en tonos azules y blancos.

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En el primer cuerpo, la puerta de acceso se enmarca por dos pares de columnas adosadas que sostienen un entablamento con frontón curvo partido. Entre cada par de columnas se ubican las figuras en barro cocido de San Fernando y San Hermenegildo, los dos santos tradicionalmente considerados "patronos" de la Corona española.

En el segundo nivel, un balcón enmarcado por pilastras corintias se abre en el centro del frontón partido del primer piso. Sobre él, una hornacina acoge el panel cerámico central, con una representación alegórica de la Caridad.

A cada uno de los lados se sitúan otros dos paneles cerámicos, rematados con frontón curvo los inferiores y con frontón recto los superiores. En el primer nivel se representan "San Miguel contra el dragón" y "Santiago abatiendo sarracenos". San Jorge es el patrón del hospital en recuerdo de la capilla en torno a la que se fundó y Santiago es el patrón de España. Se disponen aquí simbolizando a santos que "luchan ante las fuerzas del mal para imponer la fe cristiana". Sobre ellos, los paneles cerámicos de la Fe y la Esperanza, que con el de la Caridad que mencionábamos antes completan las tres virtudes teologales. Tradicionalmente se ha atribuido a Murillo el diseño de los cinco paneles cerámicos, aunque por sus características formales no parece que esta afirmación tenga fundamento histórico.

La fachada se remata por un ático central con frontón recto y dos pináculos de ladrillo laterales. Estas formas son bastante comunes en el barroco sevillano y su similitud con realizaciones de Leonardo de Figueroa ha hecho atribuirle al menos la culminación de la fachada.

Anexa a la cabecera del lado izquierdo de la iglesia existe una pequeña torre campanario, poco visible dada su ubicación. Se construyó en 1721 bajo la dirección de Leonardo de Figueroa. En ella se repiten, a menor escala, los elementos arquitectónicos descritos en la fachada del templo. Llama la atención el original chapitel, abundante en decoración escultórica y cerámica a pesar de sus reducidas dimensiones. 

Interior

La iglesia tiene una planta muy sencilla, rectangular, con una sola nave y cabecera plana. Se halla cubierta por bóveda de cañón, excepto en el espacio central anterior al presbiterio, que se cubre con una bóveda semiesférica sobre pechinas, tan ancha como la propia nave. A los pies se sitúa un coro alto, sustentado por tres arcos sobre columnas de mármol toscanas, de medio punto los laterales y rebajado y más amplio el central.

El acceso principal se ubica a los pies y al entrar en la iglesia nos percatamos de que estamos ante uno de los conjuntos más excepcionales de la historia del arte en la ciudad. No se trata solo de una colección de obras singulares de gran mérito, sino que entre todas forman un discurso homogéneo y perfectamente coherente con el mundo del Barroco en el que fue creado. 

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Programa iconográfico: las obras de misericordia como camino a la salvación

El programa iconográfico fue diseñado por Miguel de Mañara, con el objetivo de transmitir la idea de la fugacidad de la vida y lo irrelevante de los logros y posesiones materiales llegado el último momento. Nos viene a decir que todos estamos abocados al mismo final y solo la práctica de las virtudes cristianas, entre ellas la caridad, garantiza la salvación del alma. Se buscaba así remover la conciencia de cualquiera que se adentrara en la iglesia y promover las donaciones a través del temor a la condenación eterna.

El discurso empieza con los dos lienzos que se encuentran a ambos lados nada más entrar en el templo, sobre sendas puertas de acceso a dependencias laterales. Se trata de dos obras de Juan Valdés Leal de 1672 que tienen por tema central la muerte. Son de una calidad tal, que no es descabellado definirlas como las mejores obras con este tema en toda la historia del arte universal.

La primera se titula "In ictu oculi", que se podría traducir como "en un abrir y cerrar de ojos". Muestra un esqueleto que sostiene una guadaña en una mano mientras que con la otra apaga la llama de una vela, simbolizando que es necesario solo un instante para pasar de la vida a la muerte. Junto a él, se amontonan una serie de símbolos de la gloria terrenal: lujosas vestimentas, una corona real, una tiara papal, vistosos libros, cetros, armaduras... Nada de todo eso importa llegado el momento final, la muerte se lleva sin miramientos tanto a un sumo pontífice como a un humilde campesino.

El segundo cuadro, ubicado justo enfrente, tiene por título "Finis Gloriae Mundi" ("El final de la gloria del mundo"), tal y como puede leerse en una cartela de tela que aparece en primer plano. Se ambienta en el interior de un sepulcro y vemos los cadáveres descompuestos de un obispo y de un caballero de la Orden de Calatrava. A pesar del deterioro, ambos ostentan sus más ricas vestiduras. Desde la parte superior, emerge el brazo de Cristo, reconocible por el estigma en la palma de la mano, sosteniendo una balanza con dos platos. En uno de ellos se lee "NI MAS" y sobre él se posan los símbolos de los pecados capitales. En el otro se lee "NI MENOS" y sostiene los símbolos de las virtudes cristianas. El mensaje es claro, llegado el momento final de nada sirven los títulos, honores o posesiones materiales, solo las buenas y malas acciones serán tenidas en cuenta. Se incentiva así a hacer todo lo posible para que, llegado ese momento, el plato de las virtudes pese más que el de los pecados.

El siguiente hito de esta narración consiste en mostrar el camino a la salvación a través de las obras de misericordia, que nos permiten ejercer la caridad ayudando al prójimo. La doctrina católica define siete obras de misericordia “corporales” y se encargó a Murillo la realización de seis lienzos para representar las seis primeras. Esto es debido a que la séptima, “enterrar a los difuntos”, quedaría representada por el retablo mayor del que hablaremos más tarde.

Hoy las podemos contemplar a ambos lados, en la parte superior de los muros de la nave y del ante-presbiterio. Sin embargo, las cuatro obras originales que se encontraban más cercanas a la entrada fueron sustraídas en 1810 durante la ocupación napoleónica de la ciudad y en la actualidad se hallan repartidas por diversos museos del mundo. De hecho, la talla de los museos en los que se encuentran es un buen indicativo de la calidad artística del conjunto original. Hoy se encuentran dispersas entre la National Gallery de Londres, el Museo de Ottawa, la National Gallery de Washington y el Museo del Ermitage en San Petersburgo.

Desde 2007 se pueden contemplar en la iglesia una serie de copias fidedignas realizadas a mano. En el muro de la derecha se sitúan "La curación del paralítico", que alude a la práctica de atender a los enfermos, y "San Pedro liberado por el ángel", que hace referencia a la obligación de redimir al cautivo. Justo enfrente, en el muro de la izquierda, encontramos "El regreso del hijo pródigo", en referencia al mandato de vestir al desnudo, y "Abraham y los tres ángeles", que alude a la obligación de dar posada al peregrino.

El ciclo dedicado a las obras de misericordia continúa con los dos grandes lienzos situados en la parte superior de los muros del ante-presbiterio. Afortunadamente, en este caso sí que estamos ante los originales de Murillo. A la izquierda vemos a "Moisés haciendo brotar el agua de la Roca", que hace alusión a la obligación de dar de beber al sediento. Justo enfrente, se representa "La multiplicación de los panes y los peces", en referencia al mandato de dar de comer al hambriento.

Retablo mayor

Como decíamos, la séptima obra de misericordia, "enterrar a los difuntos", está representada en la iglesia por la escena central del retablo mayor. Se trata de un conjunto realizado por Bernardo Simón de Pineda entre 1670 y 1674, conformando uno de los retablos más sobresalientes de todo el Barroco español. 

Se articula en tres calles delimitadas por cuatro hermosas columnas salomónicas. Toda la central está ocupada por la escena del "Santo Entierro de Cristo", realizada por Pedro Roldán, que ejecuta aquí una de las obras más logradas de su dilatada carrera. Logra transmitir a través de los gestos y posturas de los personajes una gran armonía compositiva que no resta dramatismo a la escena representada. En segundo plano, y en bajo relieve, dispone un tenebroso monte Calvario, que de forma muy efectista transmite la sensación de profundidad y unidad compositiva de todo el conjunto.

En las calles laterales se sitúan San Jorge y San Roque y en el ático aparecen las alegorías de las tres virtudes teologales, de izquierda a derecha: fe, caridad y esperanza. Todo el retablo aparece salpicado por una gran número de querubines, ángeles niños y jóvenes, algunas veces actuando como cariátides, que contribuyen a enfatizar las sensaciones de dinamismo y exuberancia decorativa. Coronando todo el conjunto, un grupo de cuatro ángeles sostienen una cartela con el nombre de Dios en hebreo.

Otros retablos y lienzos

Como decíamos, la iglesia del Hospital de la Caridad se distingue por la alta calidad de sus retablos y pinturas. Los cuatro retablos laterales de la iglesia, al igual que el retablo mayor, son obra de Bernardo Simón de Pineda, escultor antequerano que está entre los mejores retablistas del siglo XVII en Sevilla. Los lienzos más destacados son, al igual que los ya mencionados sobre las obras de misericordia, obra del genial Murillo, que realizó para esta iglesia uno de sus conjuntos pictóricos más sobresalientes.

En el muro izquierdo, empezando desde la entrada, se sitúa el lienzo de "San Juan de Dios transportando un enfermo", obra de Murillo de hacia 1662. Se trata de un bellísimo lienzo que muestra a un ángel ayudando al santo en su labor de asistencia a los enfermos, en un tema íntimamente ligado a la función del hospital.

A continuación se ubica un retablo que enmarca el lienzo de "La Anunciación", obra también magistral de Murillo fechada hacia 1670.

Entre la nave y el ante-presbiterio se ubica un púlpito de hierro y madera que destaca por su bello diseño. Culminándolo aparece una alegoría de la Caridad de Pedro Roldán y sujetando la escalera se representa un curioso animal monstruoso. Se trata de una representación del mal vencido esculpida por Bernardo Simón de Pineda.

A continuación, ya en el ante-presbiterio, se ubica el retablo de la Virgen de la Caridad, presidido por una imagen anónima de la Virgen con el Niño datada a principios del siglo XVI, en la que todavía son apreciables ciertos rasgos del gótico final. En el ático, se ubica un pequeño lienzo de Murillo con el "Salvador Niño", de hacia 1671, que ha sido calificado como uno de los más bellos prototipos infantiles de su producción.

En el muro derecho, empezando de nuevo desde los pies de la iglesia, encontramos una bella composición de Murillo que representa a "Santa Isabel de Hungría cuidando a los tiñosos". Está fechado en 1672 y hace alusión a la segunda obligación de la hermandad, después de la de enterrar a los muertos, que era la de atender a los enfermos.

A continuación encontramos el pequeño relieve del Ecce Homo, realizado en barro cocido por los granadinos hermanos García a principios del siglo XVII.

El siguiente retablo es el del Cristo de la Caridad, presidido por una obra de Pedro Roldán que muestra a Cristo arrodillado, con la mirada hacia el cielo, orando en los momentos previos a la Crucifixión. Destaca por el conmovedor rostro, uno de los más logrados en la carrera del escultor.

Ya en el ante-presbiterio, se sitúa el retablo de San José, con una imagen del santo tallada por Cristóbal Ramos en 1782. La diferencia cronológica con el retablo, que es un siglo anterior, y el pequeño tamaño de la escultura con respecto a la hornacina, evidencian que no es la obra originalmente pensada para este lugar. Históricamente ocupó este retablo una hermosa talla de San José del siglo XVII del círculo de Pedro Roldán, que en la actualidad se encuentra en una de las dependencias del Hospital, la llamada Sala de San José. 

En el ático se puede admirar otra de las joyas que Murillo dejó en est iglesia, un pequeño lienzo de "San Juan Bautista Niño", de una extraordinaria y tierna belleza.

Pinturas al temple en la cúpula y los muros

Juan Valdés Leal se encargó entre 1678 y 1682 de la decoración pictórica de la parte alta de los muros y la cúpula del antepresbiterio. 

Bajo los arcos que sostienen la cúpula, flanqueando las ventanas, se encuentran representados cuatro santos "limosneros", cuya santidad se deriva de su asistencia a los pobres: San Martín, Santo Tomás de Villanueva, San Julián y San Juan Limosnero. En las pechinas se representan los cuatro Evangelistas y en los gallones de la cúpula se reparten ocho hermosos ángeles portando símbolos de la Pasión de Cristo.

Si elevamos la mirada al salir de la iglesia podemos admirar una última obra maestra de esta iglesia. Se trata de la pintura al temple con "La exaltación de la Cruz" que realizó Valdés Leal en 1685 en el muro semicircular bajo la bóveda, justo sobre el coro alto. Su mensaje viene a completar el discurso iconográfico que hemos ido observando en la iglesia. La idea central es la afirmación derivada del Evangelio de que ningún rico entrará por la puerta del reino de los cielos. La explicación del episodio representado es bastante compleja. Se basa en un pasaje de la Leyenda Dorada que Enrique Valdivieso describe así en la "Guía de la Santa Caridad":

...narra el momento en el que el emperador de Bizancio, Heraclio, después de haber rescatado la Cruz de Cristo que el monarca persa Cosroes había robado de Jerusalén, se presenta delante de las puertas de esta ciudad con la intención de entrar triunfalmente en ella. En ese instante se produjeron varios prodigios advirtiéndose primero que de la muralla y de las puertas de la ciudad comenzaron a desprenderse gruesos bloques de piedra, interrumpiendo el paso del cortejo. También en ese momento un ángel se apareció al emperador Heraclio y a su séquito, indicándole que por aquella puerta había entrado Cristo a Jerusalén montando en una borriquilla y acompañado de su humilde cortejo de Apóstoles, y que él no podía hacer ostentación entrando con su corte imperial revestida de lujosas galas.

El mensaje claro y directo del ángel fue inmediatamente entendido por el emperador Heraclio y por ello procedió a despojarse de sus vestiduras, gesto que imitó todo su cortejo, que se dispuso a entrar en la ciudad con modestia en su atavío y recogimiento interior; de esta manera lograron entrar en Jerusalén y devolver la Cruz de Cristo. El argumento de esta historia, reflejado en la pintura, viene a señalar que de la misma manera que Heraclio no puedo entrar en la ciudad revestido de su pompa y boato, tampoco nadie entrará con sus riquezas en el Paraíso.

Iglesia de San Bartolomé Sevilla

IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ

La iglesia de San Bartolomé se asienta sobre uno de los lugares de la ciudad en los que está constatado el culto sucesivo como mezquita, sinagoga y templo cristiano a lo largo de la historia. Allí se asentó  originalmente una mezquita, que fue reconvertida en sinagoga cuando se creó la judería de Sevilla por orden de Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII. 

 

Tras el pogromo de 1391, la sinagoga aquí ubicada fue la única que subsistió, ya que las que se ubicaban en Santa María la Blanca y en la actual plaza de Santa Cruz pasaron a ser iglesias cristianas.

Al decretarse la expulsión de los judíos en 1492, esta sinagoga corrió la misma suerte y aquí se trasladó la parroquia de San Bartolomé desde un emplazamiento cercano que no conocemos con exactitud. 

El primitivo edificio estuvo utilizándose como templo cristiano durante varios siglos, hasta que en 1779, ante su estado ruinoso, se decidió su demolición y la construcción del templo que ha llegado hasta nuestros días. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre en Santa María la Blanca, nada queda en la actual iglesia de San Bartolomé de la sinagoga que ocupó este mismo lugar.

Las obras se extendieron hasta los primeros años del siglo XIX y estuvieron dirigidas por José Echamorro, arquitecto municipal del ayuntamiento de Sevilla. Se trata de un templo de estilo neoclásico, con planta de cruz latina, tres naves y capillas y dependencias laterales.

El acceso principal a la iglesia se hace mediante el lateral izquierdo, a través de una sencilla portada neoclásica, con pilastras toscanas sosteniendo un entablamento, con friso de metopas y triglifos y frontón triangular recto. Justo al otro lado del templo, en el lado de la epístola, se encuentra otra portada muy similar a la principal en la estructura pero hecha de ladrillo.

A los pies de lado izquierdo se sitúa la esbelta torre campanario. Dividida en dos cuerpos, sus elementos denotan también su carácter neoclásico, quizás enmascarado por sus colores albero y almagra, tan característicos de la arquitectura sevillana. El cuerpo de campanas lo cierran cuatro columnas jónicas en las esquinas. Se da la circunstancia de que este nivel de la torre es exactamente igual en el diseño a los que podemos encontrar en las torres de San Ildefonso, templo que se levantó por la misma época que el de San Bartolomé y bajo la dirección del mismo arquitecto.

Al contemplar la torre, salta a la vista que falta algún tipo de remate en su parte superior. Efectivamente, estuvo originalmente cubierta por una pequeña cúpula de perfil contracurvo, que sufrió derrumbamientos en dos ocasiones. En la última restauración de la torre se barajó su restitución pero finalmente se descartó por razones técnicas.

Ya en el interior del templo, el aire neoclásico se ve enfatizado por la ausencia de decoración y el color blanco de los muros y bóvedas. Las amplias naves se separan por arcos sobre pilares. La nave central, notablemente más alta, se cubre con bóveda de cañón con lunetos, que permiten la iluminación del templo mediante los ventanales que se abren a su altura. Por su parte, las naves laterales están cubiertas por bóvedas de arista.

A los pies del templo se encuentra el coro alto con su órgano, dispuesto sobre un gran arco de medio punto rebajado. 

Sobre el crucero, destaca la amplia cúpula gallonada, con un tambor octogonal en el que se abren cuatro ventanales que contribuyen a la sensación de claridad del templo. La cúpula se asienta sobre pechinas, en las que aparecen representados cuatro Doctores de la Iglesia: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. 

El retablo mayor es de estilo neoclásico y está datado a principios del siglo XIX. Lo preside una imagen de San Bartolomé, titular del templo, acompañado a ambos lados por San Juan Nepomuceno y San Cayetano. Se trata de tallas barrocas de autor anónimo, datadas en el siglo XVII y por tanto anteriores al retablo. De la misma época es la imagen de la Virgen con el Niño que se ubica en el pequeño templete sobre el Sagrario. En el ático se ubica una teatral representación de la Trinidad flanqueada por ángeles.

A la izquierda del presbiterio, en la cabecera de la nave del evangelio, se ubica la Capilla de la Virgen de la Alegría, con un vistoso altar en plata de estilo neoclásico. La imagen de la Virgen que lo preside cuenta con una leyenda que hace remontar sus orígenes nada menos que al siglo II, aunque lo cierto es que ha sido atribuida al escultor del siglo XVI Roque Balduque. Fue profundamente remodelada en el siglo XVIII y en la actualidad cuenta con una gran devoción entre los vecinos del barrio. La flanquean en el altar las esculturas decimonónicas de sus padres, San Joaquín y Santa Ana. 

Al otro lado del presbiterio, en la cabecera de la nave de la epístola, se ubica la Capilla Sacramental, cerrada por una interesante reja de forja en la que resaltan las figuras en dorado. Es del siglo XVII y, por lo tanto, anterior a la iglesia. La capilla cuenta con un retablo de hacia 1650 que, de forma muy poco común en Sevilla, se encuentra sin dorar, por lo que muestra el oscuro color de su madera. También es poco común en Sevilla el estilo de la "Piedad" que encontramos en el centro. Es de autor anónimo y se ha datado en el siglo XVI, aunque claramente está influenciada en el estilo por modelos góticos del norte de Europa. La acompañan en el retablo las esculturas del siglo XVII que representan a San Franciso de Asís, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y San Antonio de Padua.

Entre los restantes retablos de la iglesia, se puede destacar el del Cristo de las Ánimas, en el lado derecho. Se trata de un retablo datado hacia 1740 estructurado mediante estípites, elemento muy característico de los retablos sevillanos del XVIII. El Crucificado que lo preside es una obra conmovedora y de gran calidad que representa a Cristo ya muerto en la Cruz. Fue realizado a finales del siglo XVI por Fernando de Uceda. 

A sus pies encontramos una Dolorosa realizada por Cristóbal Ramos en 1772. Al parecer, fue concebida originalmente para estar de rodillas, hasta que en el siglo XIX Juan de Astorga la reformó a su posición actual. Tradicionalmente se ha resaltado el parecido de esta imagen con la Virgen de la Estrella, a pesar de que la imagen de Triana es un siglo anterior. Esta circunstancia ha provocado que en ocasiones se la llame cariñosamente la "Estrellita" de San Bartolomé.

IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE BARI

El actual templo de San Nicolás de Bari se levantó en el siglo XVIII en el lugar que ocupaba una iglesia anterior del siglo XVI, que a su vez sustituyó a una anterior medieval. La iglesia se ubica junto a lo que fue una de las entradas a la judería durante los siglos XIII y XIV. Se trata de un emplazamiento vinculado a numerosas tradiciones sin confirmación arqueológica. Se cuenta, por ejemplo, que en este mismo lugar se ubicó ya una iglesia visigoda y que incluso pudo pervivir como templo mozárabe durante el período islámico.

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En cualquier caso, sabemos que la iglesia actual fue bendecida en 1758 y que buena parte de sus obras fueron costeadas por un mecenas del barrio, Juan de Castañeda.

Se trata de un templo de cinco naves, el único que encontramos en Sevilla con esta distribución con la excepción de la catedral. 

Al exterior, cuenta con dos accesos. El principal, a los pies, está enmarcado por una sencilla portada en un estilo barroco de aire muy clásico. Dos pilastras de estilo toscano sostienen un frontón partido, en cuyo centro se ubica una hornacina con la imagen de San Nicolás , titular del templo. A ambos lados, los retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad de la Candelaria son prácticamente los únicos motivos decorativos de la fachada.

En cuanto a la portada lateral, en el lado izquierdo, presente características muy similares a la principal pero a menor escala. En este caso, en la hornacina central podemos contemplar una imagen pétrea de la Virgen del Subterráneo, que se venera en el interior de la iglesia.

En el interior, las cinco naves se separan por arcos de medio punto que descansan sobre 18 columnas de mármol rojizo de origen genovés. Las naves se cubren con bóvedas de medio punto con arcos fajones y a los pies de la iglesia se ubica un coro alto, que conserva la sillería y dos órganos originales del siglo XVIII. 

El retablo mayor es de estilo barroco, de mediados del siglo XVIII, atribuido a Felipe Fernández del Castillo. En él se venera, sobre el manifestador, la Virgen del Subterráneo. Se trata de una pequeña talla de autor anónimo y datada en el siglo XV, aunque reformada en diversas ocasiones, como durante el siglo XVIII, cuando se le añadieron la corona y la ráfaga de plata.

La tradición cuenta que esta imagen se encontró en una cueva bajo la iglesia al realizarse obras en ella hacia 1492. De esta circunstancia provendría su advocación como Virgen del Subterráneo. Comparte este apelativo con la Dolorosa de la Hermandad de la Cena, actualmente en la iglesia de los Terceros, ya que al parecer esta hermandad tuvo sede en esta parroquia durante el siglo XVI.

Siguiendo con el retablo mayor, en la hornacina central se ubica la imagen de San Nicolás de Bari, titular del templo, con San Pedro y San Pablo en las calles laterales. En el ático se abre otra hornacina, menor que la principal, con un Cristo en la Cruz. Remata el conjunto una gran corona real sobre un telón encolado, un elemento utilizado en el barroco tardío enfatizando la teatralidad. Las pinturas murales en el presbiterio son originales del XVIII y reproducen escenas de la vida del San Nicolás.

En el lado izquierdo de la iglesia se abre la Capilla Sacramental, que en un retablo neobarroco del siglo XX alberga las imágenes titulares de la Hermandad de la Candelaria. En el centro, nuestro Padre Jesús de la Salud, una obra de talla completa y tamaño algo menor al natural, atribuida a Francisco de Ocampo hacia 1615. A su derecha, la Virgen de la Candelaria, una imagen de vestir realizada por Manuel Galiano Delgado en 1924 y remodelada en 1967 por Antonio Dubé de Luque. A la izquierda, se ubica un San Juan de José Ruíz Escamilla de 1926.

En los muros de la Capilla se ubican algunos lienzos interesantes, como el que representa a la Virgen de Guadalupe, obra del pintor mexicano Juan Correa de 1704, o el de "San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán", obra de Juan de Espinal de 1750.

Volviendo a la nave, podemos observar como la práctica totalidad de los muros de la iglesia se halla cubierta por una serie de retablos, en su mayoría barrocos del siglo XVIII, que dan al templo una atmósfera de gran monumentalidad y exhuberancia decorativa. 

En la cabecera de las naves de la izquierda se sitúan dos retablos del siglo XVIII dedicados a la Virgen del Patrocinio y a la Virgen de los Dolores o "del Camino", imagen que probablemente proviene de la antigua cofradía del "Ecce Homo", desaparecida en el siglo XVIII.

Al otro lado del presbiterio, en la cabecera de las naves de la derecha, se sitúan dos retablos datados también a mediados del XVIII. El primero de ellos está dedicado a San José, y lo preside una hermosa talla del santo realizada en 1678 por Francisco Ruiz Gijón, célebre por ser autor del Cristo de la Expiración, el "Cachorro" de Triana. En las pinturas murales junto al retablo encontramos dos pasajes de la vida de San José realizados por Pedro Tortorelo en 1760.

El otro retablo está dedicado a San Carlos Borromeo y en sus muros aledaños se pueden contemplar escenas con la vida del santo, realizadas por Vicente Alanís en 1760. El mismo autor pintó la bóveda con una representación de la Trinidad entre ángeles.

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SANTA MARÍA LA BLANCA

La iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio de San Bartolomé, es una preciosa joya del barroco sevillano. Se sabe que en este mismo lugar se asentó una mezquita durante el período islámico y algunos autores han señalado que esta mezquita pudo construirse a su vez sobre una iglesia cristiana previa de época visigoda. De este primitivo templo visigodo provendrían las columnas que hoy enmarcan la pequeña portada lateral de la iglesia hace la calle Archeros, aunque esta posibilidad no ha podido ser constatada arqueológicamente.

Lo que sí se sabe con certeza es que la mezquita fue transformada en sinagoga tras la conquista cristiana de la ciudad. Por orden de Alfonso X se constituyó una judería en esta zona de la ciudad, que ocupaba aproximadamente el área de los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. En Santa María Blanca se encontraría una de las tres o cuatro sinagogas principales de la judería.

Durante mucho tiempo se pensó que el templo actual fue levantado por completo en el siglo XVII, sin que se conservara nada de la fábrica anterior. Sin embargo, diversos trabajos arqueológicos y de restauración en el edificio en las últimas décadas han desmentido esta afirmación. Al parecer, aunque la reforma barroca de la que hemos hablado enmascaró por completo cualquier aspecto decorativo del primitivo templo, lo cierto es que la planta de la actual iglesia y la de la sinagoga sobre la que se asienta coinciden en lo esencial. Y al parecer también corresponden a la obra primitiva buena parte de los muros y los arcos de la actual iglesia, aunque intensamente alterados en su estética por la reforma barroca. Así lo explica el arquitecto Óscar Gil Delgado en “Una sinagoga desvelada en Sevilla: estudio arquitectónico” (2011):

“Estas prescripciones implican claramente que no se demolieron los muros de las naves de la iglesia y que, por ese motivo, se encuentran hoy los arcos ciegos mudéjares en la coronación de dichos muros. Sobre las nuevas columnas de «jaspe colorado» no se voltearon nuevos arcos, simplemente se apearon los arcos de la nave central, se retiraron las columnas antiguas, que no tenían relación estilística con la obra nueva, y se colocaron las nuevas. Con toda seguridad los arcos de la nave son los mismos antiguos de la sinagoga «mudéjar», recortados, redondeados y revestidos con molduras de yeso, según el nuevo gusto”.

La sinagoga se transformaría en iglesia cristiana a finales del siglo XIV, tras el violento asalto a la judería de 1391. Sería en esta época cuando se añadiría la portada gótica por la que aún se accede en la actualidad. Sin embargo, la iglesia que ha llegado hasta nosotros responde en su mayor parte al proyecto para su remodelación impulsado por el canónigo Justino de Neve. Las obras se iniciaron en 1662 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete, que que abordó la remodelación completa de la que resultó el templo barroco que podemos contemplar hoy. 

Se trata de una iglesia de tres naves divididas por diez columnas toscanas que soportan arcos formeros de medio punto. A ella se accede por una entrada torre que se abre a los pies de la nave central y cuenta con una planta rectangular. Esta se ve alterada por un testero sobresaliente, en el que se sitúa el altar mayor, y por tres capillas laterales: la bautismal a los pies del templo, la sacramental en el lado de la epístola, y la de San Juan Nepomuceno en el lado del evangelio de la cabecera.

La fachada principal de la iglesia está ocupada en su primer nivel por una portada gótica, con las características clásicas que este tipo presenta en las iglesias sevillanas: arquivoltas y decoración de puntas de diamante. Sobre este cuerpo, se puede leer la inscripción latina "HAC EST DOMUS DEI ET PORTA COELI 1741" (Esta es la Casa de Dios y la Puerta del Cielo). El año 1741 hace referencia a la fecha de ciertas reformas menores acometidas en la iglesia, cuando se embelleció también la fachada y se añadió la inscripción.

Sobre este primer nivel, en un segundo cuerpo se abren dos ventanales alargados rematados por arcos de medio punto. Sobre ellos se ubica una clásica espadaña de dos niveles y tras vanos para las campanas.

La iglesia cuenta con una portada mucho más sencilla hacia la calle Archeros. Se trata de un sencillo arco de medio punto sostenido por dos columnas pétreas con capiteles tardoantiguos, claramente de acarreo y probablemente utilizados sucesivamente en la mezquita y en la sinagoga precedentes.

En el interior, lo que más nos llama la atención es su intenso programa decorativo, en el que se cubre hasta el último rincón con una combinación de yeserías, pintura y escultura, hasta configurar un espacio que en su conjunto se muestra como la más clara definición del célebre "horror vacui" del barroco. 

Justino de Neve encargó la decoración pictórica al propio Murillo y la elaboración de las yeserías a los hermanos Pedro y Borja Roldán. La obra se inicia muy poco después de que se promulgara el Breve Pontificio de Alejandro VII de 1661, en el que se reafirmaba la devoción y el culto a la Inmaculada Concepción. 

De esta forma, el programa iconográfico es en su conjunto una exaltación a la Eucaristía y a la Virgen Inmaculada, tal y como puede verse nada más entrar en el arco que sostiene el coro, donde se lee Sin pecado original en el primer instante de su ser. Murillo intervino con la realización de cinco lienzos, de los cuales solo se conserva en la iglesia el más antiguo, "La Santa Cena". Los otros venían a completar el programa iconográfico del que venimos hablando, con la "Inmaculada", "El Triunfo de la Fe" y dos lienzos que narraban la historia de la fundación en Roma de la basílica de Santa María de las Nieves, advocación a la que está dedicada también nuestra iglesia.

Hoy en día se pueden contemplar in situ magníficas copias de los originales, que desgraciadamente fueron objeto del salvaje expolio sufrido por la ciudad con la llegada de las tropas napoleónicas en 1810. Entre las obras sustraídas se encontraban las cuatro que sustrajo de Santa María la Blanca. La mayor parte de lo expoliado nunca regresó a la ciudad y se encuentra hoy disperso por museos de todo el mundo.

El retablo mayor de la iglesia es barroco y se ha datado hacia 1690. Su elemento arquitectónico principal son dos grandes columnas salomónicas, tan características de los retablos sevillanos del XVII. En la hornacina central se ubica la imagen titular del templo, Nuestra Señora de las Nieves, una imagen de vestir realizada por Juan de Astorga a principios del XIX. 

En los extremos laterales se ubican sobre ménsulas las tallas dieciochescas de las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad. En el centro del ático se abre otra hornacina que en la actualidad alberga una rica cruz dorada, en cuyo pie se puede apreciar una representación de la Giralda.

En la cabecera del lado de la derecha encontramos un retablo barroco de mediados del siglo XVIII presidido por la imagen de "San Pedro en la Cátedra". Vemos al santo con todos los atributos que lo identifican como primer pontífice de la Iglesia, enmarcado por dos ángeles niños que sostienen dos de sus atributos: la cruz patriarcal de los papas y las llaves de la Iglesia.

En el muro de este mismo lado derecho se ubica un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por un imponente conjunto de la Trinidad. Es obra del escultor de origen valenciano Blas Molner. En el banco se ubica una interesante Piedad de pequeño formato datada en el siglo XVIII.

También a la derecha se abre la capilla sacramental, presidida por un retablo del siglo XVIII que generalmente tiene en su hornacina central una imagen de San José anterior, del siglo XVII. Am ambos lados y a una escala menor, encontramos las imágenes de Santa Ana y San Joaquín. El banco del retablo acoge un enternecedor "Nacimiento" elaborado en terracota, atribuido a Cristóbal Ramos. 

En la misma capilla se ubica un retablo formado por piezas de un retablo anterior readaptado. Alberga las imágenes que pertenecieron originalmente a la antigua hermandad del Sagrado Lavatorio, que desapareció en 1672 al fusionarse con la Sacramental de esta iglesia. En el centro, el Cristo del Mandato, una obra en pasta de madera, realizada por Diego García de Santa Ana a finales del siglo XVI. A ambos lados, Nuestra Señora del Pópulo y San Juan, ambas imágenes anónimas del siglo XVII.

En el centro del muro de la nave izquierda (o del Evangelio) encontramos un valioso retablo original del siglo XVI, aunque bastante reformado en el XVIII. Enmarca un gran lienzo con la representación de "La Piedad", aunque también se ha identificado a veces como un "Descendimiento". Se trata de una de las piezas artísticas más destacadas de la iglesia, la última obra conocida de Luis de Vargas, uno de los pintores más destacados del Renacimiento en Sevilla. Está fechado en 1564 y en el retablo lo enmarcan las pinturas de San Juan Bautista y San Francisco, obras también de Luis de Vargas. A los pies del retablo se puede observar la lápida de la familia que lo financió.

En el mismo muro se encuentra la única obra de Murillo que se ha conservado en la iglesia: "La Santa Cena", fechada en 1650. Es posible que los franceses no se la llevaran porque lo cierto es que la obra se aleja bastante del tradicional estilo del pintor. Murillo utiliza aquí un potente claroscuro, que hacen del lienzo una pintura tenebrista, con la luz de las velas como única iluminación sobre los rostros.

En el mismo muro encontramos otro retablo con un Sagrado Corazón moderno y al fondo de esta nave del Evangelio se abre una pequeña capilla tras una reja. En ella se ubica un retablo barroco del siglo XVII, con una imagen central de San Juan Nepomuceno de la misma época. En los muros de la capilla se ubica un interesante "Ecce Homo" del siglo XVI, realizado por seguidor anónimo de Luis de Morales. Frente a él, una "Anunciación" de Domingo Martínez del primer tercio del XVIII.

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