IGLESIA DE LA CONSOLACIÓN – LOS TERCEROS

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, conocida generalmente como "los Terceros", es un templo barroco del siglo XVII que se levanta en la calle Sol, en el barrio sevillano de Santa Catalina. Originalmente fue la iglesia del convento de la Orden Tercera de San Francisco que se levantaba en esta zona y de ahí procede su denominación popular. Cuenta con planta de cruz latina, con una sola nave y capillas laterales. Tiene una sola fachada al exterior, la de los pies, en la que destaca una exuberante portada barroca. Desde 1973 la iglesia es la sede de la Hermandad de la Cena, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia

Un grupo de monjes franciscanos pertenecientes a la Orden Tercera se trasladaron a Sevilla provenientes del desaparecido convento de San Juan de Morañina, en Bollullos Par del Condado. Tras llegar a la ciudad se asentaron en esta zona, en las proximidades de una antigua ermita dedicada a los santos Cosme y Damián. De su anterior convento en Bollullos, los monjes trajeron una imagen de la Virgen de la Consolación que ya contaba con gran devoción en su lugar de origen. La popularidad de la imagen continuó tras la llegada a Sevilla, siendo objeto de una creciente veneración entre los vecinos. Parece que ese fue el germen para que en 1648 se iniciara la construcción del convento y de su iglesia, dedicada lógicamente a la Virgen de la Consolación. 

La construcción del convento y su iglesia se prolongó hasta el siglo XVIII y los franciscanos lo estuvieron regentando hasta la ocupación francesa en 1810, cuando las tropas napoleónicas lo utilizaron como cuartel y procedieron al expolio de buena parte de su patrimonio. Al año siguiente fue entregado a las monjas Agustinas y en 1819 volvieron los franciscanos. Sin embargo, no sería por mucho tiempo, ya que en 1835 lo abandonaron definitivamente como consecuencia de la célebre desamortización de Mendizábal. Se inició entonces un periodo de abandono que tuvo como su peor consecuencia el derrumbe de las bóvedas de la iglesia en 1845. 

 

 

Imagen de la Virgen de la Consolación, antigua Virgen de Morañina. Imagen del artículo de Adrián Bizcocho Olarte sobre “Religiosidad popular..."

Un nuevo episodio de la historia de este convento se inicia en 1888 cuando se hacen cargo de él los Padres Escolapios, que desarrollaron una importante labor educativa en la ciudad. Lo estuvieron gestionando hasta 1973, año en el que se trasladan a Montequinto. Ese mismo año, el cardenal Bueno Monreal cedió el uso de la iglesia conventual a la Hermandad de la Cena, que desde entonces se ha encargado de su mantenimiento y ha afrontado las diversas restauraciones que han sido necesarias, como la renovación de las cubiertas en 1988.

El resto del convento sirve en la actualidad como sede de EMASESA, la empresa pública para la gestión del agua en la ciudad. Se conservan los dos claustros, el principal y uno secundario, además de una majestuosa escalera monumental diseñada por Fray Manuel Ramos a finales del siglo XVII.

Antiguo convento de los Terceros, hoy sede de EMASESA. Claustros y cúpula sobre la escalera. Imágenes del blog Siglos de Sevilla.

Exterior

La iglesia cuenta con una sola fachada, que se ubica a los pies del templo, en la calle Sol. Cuenta con una interesantísima portada realizada a principios del siglo XVIII en un estilo barroco que recuerda mucho al que se desarrolló por las mismas fechas en la América hispana. Se desconoce la autoría del diseño, aunque tradicionalmente se ha venido atribuyendo a fray Manuel Ramos, el artífice de la monumental escalera de la que hablamos al referirnos al área del convento.

La portada se dispone al modo de un retablo de tres calles, teniendo la calle central ocupada por el vano adintelado que es la entrada al templo en sí. La decoración se hizo a base de barro cocido y ladrillo visto, con determinadas características que, como decíamos, aluden directamente al barroco hispanoamericano: los elementos arquitectónicos adquieren formas curiosas e imaginativas y están repletos de una minuciosa decoración que recoge multitud de elementos simbólicos.

En las calles laterales se sitúan dos hornacinas con las tallas en barro cocido de San José de Calasanz a la izquierda y San Francisco a la derecha. Los dos santos aluden a las dos principales órdenes religiosas que se han sucedido en la gestión de este templo desde su creación: San Francisco a los religiosos de la Orden Tercera, fundadores del convento, y San José de Calasanz a los Escolapios, quienes lo gestionaron desde finales del siglo XIX. Esto nos indica que las esculturas no son las originales de la portada, sino que fueron añadidas muy posteriormente, con toda probabilidad ya en el siglo XX. Además, su tamaño es algo menor al que les correspondería de acuerdo con las hornacinas que ocupan.

En la parte superior de las calles laterales encontramos dos medallones con los bustos de dos santas vinculadas a los franciscanos, Santa Clara a la izquierda y Santa Rosa de Viterbo a la derecha. Sobre la puerta se sitúa un espacio a modo de frontón mixtilíneo en el centro del cual se coloca un escudo con símbolos franciscanos. En la parte superior izquierda aparecen las Cinco Llagas, símbolo principal de la orden, y a la derecha tres flores de lis. En la parte inferior, una mano señala un sol en el que puede leerse "FIDEI" (Fe). Sobre el escudo, una corona real abierta en cuya base se puede leer "POENITENTIA CORONAT". No poseemos más información sobre el escudo, aunque debió ser el que adoptó este convento como propio. En 2007 el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico acometió la restauración de un estandarte procesional hallado en San Telmo con el mismo escudo, por lo que con toda probabilidad era un estandarte de representación del convento en actos oficiales.

Sobre las cuatro pilastras que delimitan las calles de la portada se sitúan cuatro santos franciscanos: a la izquierda san Antonio de Padua y santa Isabel de Hungría, y a la derecha Santa Isabel de Portugal y San Ivo de Kermartin, patrón de los abogados.  Coronando la portada en su parte central, una hornacina acoge una imagen de la Virgen de la Consolación, reproduciendo la talla original que se encuentra en el interior. Sobre la Virgen aparece una paloma blanca con las alas abiertas, representando al Espíritu Santo, y coronando todo el conjunto se sitúa una talla de San Miguel. 

A la derecha de la portada se encuentra un retablo cerámico con la imagen de la Virgen del Subterráneo, titular mariana de la Hermandad de la Cena. Fue elaborado en 1959 en la fábrica de Nuestra Señora de la Piedad por Antonio Morilla Galea y Manuel García Ramírez.

La fachada cuenta con una torre a la derecha, rematada por una espadaña de dos cuerpos con dos vanos para campanas en el inferior y un solo cuerpo en el superior, rematado por un frontón curvo. 

Interior

Lo primero que llama la atención al entrar en la iglesia de la Consolación son sus grandes dimensiones y monumentalidad, constituyendo uno de los ejemplos más interesantes entre las iglesias conventuales del Barroco sevillano. Consta de una sola nave de gran anchura y forma de cruz latina. A los lados de la nave se sitúan una serie de capillas laterales a las que se accede a través de arcos de medio punto cerrados por rejas. A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, asentado sobre una bóveda escarzana con profusa decoración. En un lateral del coro se sitúa un órgano, original de la primera mitad del siglo XVIII, que según Álvaro Cabezas García puede ser atribuido al retablista José Fernando de Medinilla. La cubrición original de la iglesia se hizo mediante una gran bóveda de cañón que se prolongaba durante toda la nave. Sin embargo, esta bóveda se vino abajo a mediados del siglo XIX y en la actualidad encontramos una techumbre plana. La bóveda de cañón se conserva solo sobre el coro, a los pies de la iglesia, y sobre el área del presbiterio, en la cabecera. Sobre el crucero se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con yeserías que reproducen elementos arquitectónicos, decoración vegetal, roleos, cabezas de ángeles y otros motivos característicos del barroco. 

Este tipo de decoración a base de yeserías debió extenderse originalmente por toda la bóveda de la iglesia. Es especialmente rica la que decora la bóveda que sostiene el coro y en ella destacan los curiosos racimos de frutas diversas, en una composición articulada mediante lacería y motivos vegetales, en la que se entremezclan angelitos y símbolos marianos. Recuerda claramente a las yeserías que encontramos en Santa María la Blanca, realizadas también en el siglo XVIII.

Presbiterio

En el presbiterio, el retablo mayor es un espléndido conjunto barroco realizado por Francisco Dionisio de Ribas en 1669, reformado con posterioridad en varias ocasiones. Se le puede considerar uno de los mejores ejemplos de la retablística sevillana del siglo XVII. Consta de dos cuerpos y tres calles, delimitadas por unas hermosas columnas salomónicas con fustes delicadamente esculpidos con motivos vegetales. La disposición del espacio central del retablo se modificó para acoger el grupo escultórico de la Última Cena tras establecerse la hermandad en este templo. En el centro aparece la figura de Jesús en el momento de la celebración eucarística. Fue tallado por Sebastián Santos Rojas en 1955 y su rostro es de tal belleza que hay autores que lo señalan como la imagen de Cristo más hermosa de entre las realizadas para la Semana Santa de Sevilla en el siglo XX. Los apóstoles son obra del escultor gaditano Luis Ortega Bru, una de las figuras más originales y destacadas de la imaginería española contemporánea. Fueron su última obra, ya que se estrenaron en la Semana Santa de 1983, un año después de la muerte del escultor. Cuando el conjunto se halla en el retablo, solo once apóstoles acompañan al Señor, ya que se excluye a Judas Iscariote, que sí forma parte del paso el día de la procesión.

Sobre el grupo de la Sagrada Cena, se sitúa una hornacina de formas ondulantes añadida al retablo en 1700 para acoger a la Virgen de la Consolación, titular de este templo. Se trata de una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, que originalmente tenía la advocación de Nuestra Señora de Morañina cuando recibía culto en el convento que la Orden Tercera regentaba en Bollullos Par del Condado antes de su traslado a Sevilla. La imagen tiene su origen en el siglo XIV, pero fue profundamente renovada para adaptarla a la estética barroca, probablemente ya en el siglo XVIII.

Siguiendo en el primer cuerpo, en la calle de la izquierda encontramos a san Ivo de Bretaña y a san Elizario, mientras que en la de la derecha se ubican san Conrado y san Luis de Francia. Ya en el segundo cuerpo, en el centro se ubica un relieve con "San Francisco aprobando las reglas de la Orden Tercera". El relieve aparece flanqueado por santa Isabel de Portugal a la izquierda y santa Isabel de Hungría a la derecha.

Crucero

El presbiterio se halla flanqueado por otros dos retablos de menor tamaño que se ubican en los brazos del crucero. Ambos son del primer tercio del siglo XVIII y acogen una imagen de la Virgen con el Niño el de la izquierda y un Jesús Nazareno el de la derecha. Originalmente los retablos estaban dedicados a dos imágenes de buena calidad de san Miguel y san Rafael que en la actualidad suelen ubicarse en la capilla sacramental.

En la cabecera izquierda del crucero se encuentra un retablo de principios del siglo XVIII que acoge la imagen de Nuestra Señora del Subterráneo, Reina de Cielos y Tierra, titular de la Hermandad de la Cena. La imagen es una dolorosa de vestir que tradicionalmente se ha atribuido al escultor decimonónico Juan de Astorga, aunque debido a sus rasgos estilísticos no se puede descartar que sea una imagen de mayor antigüedad, probablemente del siglo XVII. El retablo en el que se encuentra perteneció en su día a la Hermandad del Amor, que tuvo su sede en esta iglesia. De hecho, tras la Virgen es visible la forma de cruz que acogió en su día al Cristo del Amor. Cabe recordar que en esta iglesia se fundó también la Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén y que fue aquí donde se fusionaron ambas para dar paso a la Hermandad del Amor que conocemos hoy con sede en la iglesia de El Salvador. De hecho, en el ático del retablo se ubica un relieve en el que se representa precisamente la escena de la Entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de la célebre "borriquita".

Frente al retablo de la Virgen del Subterráneo, en la cabecera derecha del crucero, se sitúa un retablo de formas muy dinámicas tallado por Fernando de Medinilla en 1727. Lo preside la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia, que es también titular de la Hermandad de la Cena, participando también en la procesión sobre su paso. La imagen fue realizada en el siglo XVI, por lo que es una de las más antiguas de la Semana Santa de Sevilla, y tiene la particularidad de estar realizado no en madera sino a base de telas encoladas. Representa a Cristo sentado sobre una roca junto en el momento previo a la crucifixión, apoyando su cabeza sobre su mano derecha en actitud reflexiva. Esta iconografía tiene unas profundas raíces en la religiosidad sevillana desde que se realizaran las primeras tallas a partir de un grabado de Durero de 1511. 

Capillas

En el lado del Evangelio (izquierda) de la iglesia se sitúa la Capilla Sacramental, de planta rectangular y cubierta por bóveda de cañón con lunetos. Tanto los muros como las bóvedas se hallan profusamente decorados con ornamentación barroca de comienzos del siglo XVIII. Se encuentra presidida por un retablo neoclásico del siglo XIX presidido por una Inmaculada. La flanquean las tallas de santa María Egipciaca y san Antonio de Padua, y en el ático se ubica un Crucificado. Todas las tallas son aproximadamente de principios del XIX, salvo la Inmaculada que es del siglo XVII. A ambos lados de la capilla se sitúan sendos retablos, también neoclásicos, que albergan las imágenes de principios del siglo XVIII de san Miguel y san Rafael. También en esta capilla se encuentra una imagen de vestir de san Francisco del siglo XVII que al parecer llegó a salir en procesión por las calles del barrio. También hay un crucificado con la advocación de Cristo de la Buena Muerte, con una calidad notable, que ha sido datado a principios del XVIII.

Frente a la capilla sacramental, en el lado de la Epístola (derecha) se ubica la capilla de Nuestra Señora de la Encarnación. Está presidida por un retablo neoclásico que acoge la imagen de la Virgen que es titular de gloria de la Hermandad de la Cena. Se trata de una talla del siglo XVII atribuida a Juan de Mesa, aunque profundamente reformada con posterioridad. La capilla permaneció cerrada durante mucho tiempo tras sufrir un derrumbe pero puede ser devuelta al culto tras su restauración en 2019.

IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

La iglesia de San Sebastián es un templo gótico mudéjar levantado originalmente entre los siglos XV y XVI como una ermita a las afueras de la ciudad. Ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de su historia, sobre todo durante los siglos XIX y XX, en relación con la aparición del barrio del Porvenir a su alrededor. Cuenta con planta rectangular dividida en tres naves mediante arcos apuntados. De la planta sobresalen el área del presbiterio y la capilla sacramental, en la cabecera de la nave de la Epístola. La iglesia es la sede de la Hermandad de la Paz, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia 

El origen de la iglesia es una ermita que se levantó en este lugar a finales de la Edad Media en honor de San Sebastián, santo al que se pedía intercesión en caso de epidemias. En el siglo XIX se construyó en las inmediaciones de la ermita el primer cementerio extramuros de la ciudad. Hay que recordar que durante la mayor parte de nuestra historia, los enterramientos se producían en las iglesias o en sus áreas aledañas, con los consiguientes problemas de salubridad que esta práctica acarreaba. Existen dos dibujos del viajero inglés Richard Ford realizados en 1831 en los que aparece el cementerio y la primitiva ermita. El cementerio de San Sebastián fue perdiendo importancia tras la construcción del municipal de San Fernando en 1852 y diez años más tarde se iniciaría su demolición, tras y como recuerda una inscripción a los pies de una cruz que se ubica en la actualidad frente a la iglesia como monumento conmemorativo. Tras la desaparición del cementerio se acometió una reforma de la antigua ermita. Fue probablemente en esta época, a mediados del XIX, cuando se añadió al actual presbiterio, ya que se sabe que originalmente existía uno de estilo gótico y el actual está cubierto por cúpula semiesférica al estilo barroco.

Desde comienzos del siglo XX, de la mano de los preparativos para la Exposición Iberoamericana de 1929, se aceleró la creación del barrio del Porvenir en el entorno de la antigua ermita, con lo que el templo fue varias veces reformado, a medida que cobraba importancia como auxiliar de la parroquia de San Bernardo. 

En 1939 se funda la Hermandad de la Paz con sede en esta iglesia, lo que conlleva nuevas reformas, como la apertura de la portada sur para la salida de los pasos o la construcción de la casa-hermandad, levantada bajo la dirección de Rafael Arévalo y Carrasco en 1941. En 1956 la iglesia se constituye definitivamente como parroquia y ha llegado hasta nuestros días consolidada como el centro de la religiosidad del barrio.

Exterior

Al exterior, la iglesia se halla rodeada de construcciones anexas, permaneciendo exentas únicamente las fachadas sur y este. En la que da al sur se observan los contrafuertes de sujeción de los muros y cuenta con una sencilla portada en el área más cercana a la cabecera. Se abrió en 1940 para permitir la salida de los pasos y está compuesta por un sencillo arco de medio punto enmarcado por una moldura de ladrillo visto. A la derecha de la puerta se encuentra un hermoso retablo cerámico con el Cristo de la Victoria, realizado por Alfonso Magüesín de la Rosa en 1989. Al fondo aparece un paisaje en el que se distingue la silueta de la plaza de España. El retablo cerámico dedicado a la Virgen se encuentra muy cercano, junto a la entrada al área cercada en torno a la iglesia. Fue realizado por Antonio Morilla Galea en 1977 y en él destaca el hermoso contraste entre la blancura de la figura de la Virgen y el fondo negro.

La fachada principal es la que da al este, en los pies de la iglesia. En su centro encontramos una magnífica portada mudéjar realizada probablemente en el siglo XV. Está formada por un arco ojival, enmarcado por una estructura que sobresale del resto de la fachada, construida a base de hileras de ladrillos que alternan dos tonos. Es de una gran belleza a pesar de su sencillez y está claramente emparentada con otras portadas similares que encontramos en Sevilla, como la de la iglesia del convento de Santa Paula o la de la capilla de Santa María de Jesús. Sobre la portada encontramos el escudo de la Catedral, la Giralda entre dos jarras de azucenas, símbolo del patronazgo del cabildo catedralicio. Este emblema no aparece en el dibujo de Richard Ford de 1831, por lo que debió añadirse con posterioridad.

En la parte superior de la fachada se sitúan tres óculos, uno en el centro y dos a los lados, que sirven de iluminación a cada una de las naves. A la izquierda se levanta una sencilla espadaña, con una sola campana y rematada por frontón curvo.

Interior

En el interior encontramos el espacio dividido en tres naves, con la central más amplia y alta que las laterales. Separando las naves aparecen grandes arcos apuntados que descansan sobre pilares cruciformes. Otro gran arco apuntado separa la nave central del presbiterio a modo de arco triunfal. La mayor parte de los muros se hallan enfoscados en blanco, con la zona de los pilares imitando sillería y dejando en los arcos el ladrillo visto. Un  zócalo de azulejos del siglo XX con formas geométricas recorre todo el interior. La cubrición se hace mediante artesonados de madera de estilo neomudéjar, de par y nudillo en la nave central y de colgadizo en las laterales. 

Del espacio rectangular que forman las naves sobresalen tres espacios en la cabecera. En el centro se ubica el presbiterio, la sacristía en la cabecera de la nave derecha y la capilla que ocupa la Hermandad de la Paz en la cabecera de la nave del Evangelio. 

El presbiterio es un espacio cuadrangular cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas que no es visible desde el exterior del templo. Con toda probabilidad, originalmente estuvo cubierto por una bóveda ojival, como ocurre en la mayoría de las iglesias gótico mudéjares de la ciudad. La actual cúpula se debió construir durante las reformas acometidas en el siglo XIX. Los muros se hallan decorados con pinturas contemporáneas con motivos geométricos, vegetales, arquitecturas fingidas y ángeles. Las pechinas siguen la tradición de servir como soporte para acoger a los Evangelistas, que aparecen representados por sus símbolos. 

El retablo es de estilo neobarroco, realizado en el siglo XX. Está dividido en tres calles y dos cuerpos horizontales. En la hornacina principal encontramos una magnífica talla de la Virgen con el Niño conocida como la Virgen del Prado. Fue realizada por Jerónimo Hernández hacia 1577 y es una destacada muestra de la escultura renacentista en la ciudad. El Niño Jesús aparece bendiciendo con un dulce gesto mientras que la Virgen sostiene una pera en su mano derecha. Hay que recordar que esta imagen ejercía como patrona y protectora de los hortelanos y gentes del campo en esta zona de Sevilla.

En las calles laterales se sitúan las esculturas de San Pedro y San Roque. En el centro del segundo cuerpo se sitúa San Sebastián, santo titular del templo, flanqueado por San Jacinto y Santo Domingo de Guzmán. Todas las tallas parecen originales del siglo XVIII, aunque probablemente se volvieron a policromar con posterioridad.

En los muros de las naves se disponen otras esculturas y lienzos. Se puede destacar una talla de la Inmaculada del siglo XVIII que preside un retablo de estuco y estilo neoclásico. También nos podemos encontrar con algunas tallas del siglo XX, como el Sagrado Corazón que preside un retablo de estilo neobarroco. Entre los lienzos, encontramos varias copias de originales de Murillo y algunos otros barrocos, como el "Martirio de Santa Lucía" (Francisco Varela, c. 1637), la "Anunciación" o los "Desposorios de la Virgen". De la misma época se encuentran representaciones de varios santos, como San Lorenzo, Santa Inés o San Sebastián, y una interesante "Virgen de Guadalupe", copia del original mexicano realizada por Antonio Torres en 1740.

Como decíamos, en la cabecera de la nave izquierda se ubica la capilla sacramental, en la que reciben culto las imágenes titulares de la Hermandad de la Paz. La capilla se halla cubierta por una bóveda de arista con linterna en el centro y presidida por un retablo neobarroco. En el centro encontramos a Nuestro Padre Jesús de la Victoria, una talla realizada por Antonio Illanes Rodríguez en 1940. Forma parte de un paso en el que se ve a Jesús tomando la cruz para cargar con ella camino del Calvario, aunque cuando está en su capilla la imagen se muestra lógicamente sin la cruz. A la izquierda se sitúa la imagen de María Santísima de la Paz, realizada en 1939 también por Antonio Illanes, de quien se dice que se inspiró para el rostro de la imagen en los rasgos faciales de su esposa, Isabel Salcedo. A la hora de procesionar, la imagen destaca por los tonos blancos y plateados de su paso, tanto en el palio como en la figura de la Virgen en sí. Esta blancura es un claro signo de la advocación de la Paz y configura una estampa muy singular e icónica en la Semana Santa de Sevilla. El mismo autor realizó también la talla de San Juan que ocupa la hornacina de la derecha en el retablo.

IGLESIA DE SAN JULIÁN

La iglesia de San Julián es un templo gótico mudéjar, edificado en su mayor parte en el siglo XIV, aunque con importantes modificaciones posteriores. Es la sede de la Hermandad de la Hiniesta, que procesiona el Domingo de Ramos.

Cuenta con planta rectangular y tres naves, separadas por arcos apuntados que descansan sobre pilares. De la planta sobresale la cabecera poligonal en la que se encuentra el presbiterio. 

Tal y como ha llegado hasta nuestros días, la iglesia es el resultado de una reconstrucción llevada a cabo a mediados del siglo XX, ya que fue destruida casi por completo en un incendio intencionado en 1932. A finales de ese mismo siglo el templo fue intervenido por completo para sustituir sus cubiertas que se encontraban en estado ruinoso.

Historia

La iglesia es una de las parroquias del grupo de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas, erigidas principalmente en el área norte del casco histórico entre los siglos XIII y XV. Todas comparten una estructura y estilo muy similares y conforman un conjunto tipológico de extraordinario interés y belleza.

En el caso de San Julián, se sabe que se edificó en la primera mitad del siglo XIV, dedicada a este santo que sufrió el martirio a principios del siglo IV junto con su esposa Basilisca, probablemente en Antinóopolis (Egipto).

El templo ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de su historia. En el siglo XVII se añadió la torre campanario y la capilla del lado izquierdo que ocupa la Hermandad de la Hiniesta. Los momentos más complicados acontecieron en abril de 1932, cuando la iglesia sufrió un incendió intencionado que la destruyó casi por completo. Se perdieron todas sus cubiertas y la mayor parte de su patrimonio mueble, incluyendo las imágenes titulares de la Hermandad. En 1989 hubo de ser cerrada de nuevo hasta 1994, dado el mal estado en el que se encontraban sus cubiertas.

 

Exterior

San Julián cuenta con dos portadas al exterior, una a los pies y otra en el lado izquierdo, si bien esta segunda está inconclusa y ha llegado hasta nuestros días flanqueada por una estructura de ladrillo que habría de servir de soporte a una portada que nunca se hizo. La portada principal es la de los pies y muestra la clásica forma ojival, abocinada, enmarcada por un alfiz que resalta con respecto al resto de la fachada. Presenta una decoración escultórica muy sencilla y algo tosca, aunque el alto grado de erosión de la piedra hace difícil valorar su apariencia original. El arco se halla decorado en su exterior por una moldura con motivos zigzagueantes y otra con puntas de diamante. Los capiteles de las columnillas de ambos lados cuentan con decoración vegetal de hojas de parra, que continúa hacia el exterior bajo la línea de imposta. Alrededor del arco de entrada se ubican tres pequeñas esculturas bajo doseletes góticos. Según el historiador del arte Rafael Cómez, la que se encuentra en la cúspide representa a Cristo como juez, la de la izquierda a San Julián obispo y la de la derecha a San Julián el hospitalario. Las confusiones entre santos han sido comunes a lo largo de la historia y a menudo se han atribuido elementos de santos distintos a otros con el mismo nombre o sus características han sido distintas dependiendo del territorio (Rafael Cómez Ramos, "Iconología de la arquitectura religiosa bajomedieval en Sevilla: la iglesia de San Julián").

En la parte superior aparecen una serie de modillones decorados con cabezas de león, entre los que se disponen una serie de arcos de herradura grabados en la piedra. Los leones simbolizaban, entre otras cosas, la autoridad real, y los encontramos en otras portadas sevillanas de la misma época, como en San Esteban o en Santa Ana de Triana.

Sobre la portada se disponen tres óculos con moldura de punta de diamante, uno más grande en la parte superior y dos, algo menores, uno a cada lado. 

Completan la decoración de esta fachada dos retablos cerámicos dedicados a los titulares de la Hermandad de la Hiniesta, que se ubican a ambos lados de la portada. A la izquierda se encuentra el de la Virgen, realizado por Antonio Kierman Flores en la fábrica de Santa Ana en 1962. En el de la derecha encontramos al Cristo de la Buena Muerte y fue realizado en 1994 por Emilio Sánchez Palacios en su taller familiar, Cerámica Macarena.

En la fachada de la derecha, hacia la calle Duque Cornejo, encontramos otro retablo cerámico con la misma autoría y datación que el del Cristo. En esta ocasión está dedicado a la Virgen del Rosario, titular de su propia hermandad, también con sede en este templo.

Desde este mismo lado es visible la torre campanario que se erige junto a la cabecera de la iglesia. Es de planta cuadrada, con el cuerpo de campanas decorado por sencillas pilastras, y se encuentra rematada por un chapitel hexagonal con decoración cerámica en blanco y azul.

Interior

La imagen interior del templo en la actualidad es el resultado de las reconstrucciones que tuvieron que llevarse a cabo durante el siglo XX, si bien se procuró recrear en lo posible la apariencia original. Las naves están cubiertas por artesonados de madera del siglo XX, en estilo neomudéjar, mientras que sobre la cabecera la cubrición es mediante una bóveda de nervadura que sigue el modelo gótico. Esta diferencia en el tipo de cubrición entre las naves y el presbiterio es muy habitual en las iglesias gótico mudéjares sevillanas. Los muros están recorridos por zócalos de azulejos de motivos geométricos, siguiendo también modelos que vienen desde la Edad Media. 

En el área del presbiterio, el retablo actual es el resultado de una reconstrucción a partir de fragmentos de retablos del siglo XVII y XVIII. Esto se debe a que el anterior se perdió en el incendio de 1932. En la hornacina central recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Gloriosa, una imagen realizada en 1945 por Antonio Castillo Lastrucci en sustitución de la original gótica, destruida también en el incendio. Esta advocación de la Hiniesta tiene un interesantísimo origen y está profundamente arraigada en la ciudad, hasta el punto de que es oficialmente la patrona del Ayuntamiento de Sevilla. El profesor Francisco S. Ros González cuenta la leyenda así:

…el caballero catalán mosén Per de Tous se encontraba cazando en los montes de su tierra un día de finales del siglo XIV cuando su azor quedó paralizado ante las retamas en las que se habían refugiado las perdices que perseguía. Extrañado por el comportamiento del ave, el caballero se apeó de su caballo, miró dentro del matorral y descubrió una imagen de la Virgen con el Niño en brazos con una inscripción a sus pies que, en la versión latina de Ortiz de Zúñiga, decía: «Sum Hispalis de sacello ad portam quæ ducit ad Corduvam» («Soy de Sevilla, de una capilla junto a la puerta que encamina a Córdoba»). Del texto se deducía que la imagen era una de aquéllas que en tiempos de la invasión musulmana habían sido escondidas para evitar su profanación y que milagrosamente se había conservado intacta a través de los siglos a pesar de encontrarse a la intemperie. Per de Tous condujo la imagen a Sevilla y la depositó en la iglesia parroquial de San Julián, por ser el templo en aquel entonces más próximo a la puerta abierta en las murallas de la ciudad que conducía a Córdoba. El hecho de haberse encontrado la imagen de la Virgen oculta en unas retamas o hiniestas motivó que se titulara Santa María de la Hiniesta.

(Francisco S. Ros Gonzáles, “La Virgen de la Hiniesta de Sevilla y el movimiento concepcionista”. Universidad de Sevilla, 2005)

A ambos lados encontramos dos lienzos anónimos del siglo XVIII, el de la izquierda con la Inmaculada Concepción y el de la derecha con Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción. Sobre los lienzos, dos hornacinas acogen tallas de pequeño tamaño. La de la izquierda representa a San Bernardo de Claraval, mientras que la de la derecha podría ser Santa Teresa de Lisieux. Sobre la hornacina central, en la parte superior del retablo, encontramos otro lienzo anónimo del XVIII con San Francisco Solano. Sobre él, un pequeño relieve con la Inmaculada (siglo XVII).

También en el área del presbiterio, destacan dos curiosos lampareros de hacia 1672. Afortunadamente se salvaron del incendio de 1932 y de ellos cuelga una espléndida colección de ocho lámparas de plata de los siglos XVI y XVII.

 

Nave del Evangelio

Si empezamos a describir los muros de la iglesia por los pies de la nave izquierda, lo primero que encontramos es una talla de San José con el Niño, obra anónima del siglo XVIII. Muy cerca se ubica un panel cerámico en tonos azules con la representación del Bautismo de Cristo. Es una recreación del excepcional lienzo con el mismo tema que Murillo pintó para la capilla de San Antonio de la catedral de Sevilla. El retablo cerámico fue realizado por Rafael Cantanero Mesón en la Fábrica de Mensaque de Triana hacia 1920.

Continuando hacia la cabecera encontramos un curioso retablo - peana de estilo neobarroco, formado por motivos vegetales. Alberga una hermosa talla de Santa Ángela de la Cruz, obra contemporánea de Ricardo Rivera. 

El siguiente retablo es también contemporáneo y está realizado en escayola dorada. Alberga una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, realizada por Castillo Lastrucci hacia 1945.

Continuando hacia la cabecera, el siguiente retablo es también moderno y muy sobrio, pero alberga una de las grandes joyas artísticas de este templo. Se trata de una talla de la Inmaculada Concepción, realizada en el primer tercio del siglo XVII y atribuida a Alonso Cano. Presenta notables similitudes con obras de Martínez Montañés y, de hecho, en ocasiones se le ha atribuido, dado su parecido con esculturas como la famosa "Cieguita" de la catedral de Sevilla. Hay que Alonso Cano estuvo formándose junto con el maestro Montañés y es normal que reprodujera sus modelos.

Finalmente, en la cabecera de la nave del Evangelio encontramos un retablo neogótico con la imagen de vestir de la Virgen del Rosario. La imagen es titular de su propia hermandad de gloria y fue realizada en 1937 por José Rodríguez Fernández-Andes. 

Nave de la Epístola

En la cabecera de la nave derecha se ubica la capilla sacramental, en la que recibe culto la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta Dolorosa, titular de la Hermandad de la Hiniesta. Es la tercera imagen con esta finalidad que posee la Hermandad. La primera era una dolorosa barroca del siglo XVII, atribuida a Martínez Montañés, que se perdió en el incendio de 1932. Para sustituirla, Castillo Lastrucci realizó una nueva Virgen de la Hiniesta, que fue destruida en el incendio de San Marcos de 1936, ya que por entonces la Hermandad estaba asentada en esta parroquia. La actual fue realizada también por Castillo en 1937 para sustituir a la desaparecida talla que él mismo había realizado.

Junto a la capilla sacramental, en el muro de la epístola, un sencillo arcosolio acoge al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, también titular de la Hiniesta. Es un imponente crucificado de 1.76 m. realizado también por Castillo Lastrucci en 1938 en sustitución del original de Felipe de Ribas desaparecido en el incendio.

Continuando un poco hacia los pies, sobre un pedestal se ubica la talla de la Magdalena que Castillo realizó en 1944 y que acompaña al Cristo en su paso cuando procesiona.

Este escultor tan estrechamente ligado a la Hermandad se halla precisamente enterrado en esta iglesia. Encontramos su monumento funerario en esta misma nave de la epístola. Sobre él se ubica el conjunto escultórico de la Piedad, que el escultor realizó en 1949. En la placa a los pies del túmulo se puede leer “Aquí bajo sus más queridísimas imágenes descansa el ilustrísimo señor don Antonio Castillo Lastrucci 1882-1967”.

CAPILLA DEL MAYOR DOLOR

La capilla del Mayor Dolor es un pequeño templo del siglo XVIII que se ubica en la plaza de Molviedro, por lo que en ocasiones es conocida como capilla de Molviedro. En la actualidad es la sede de la Hermandad de Jesús Despojado, que procesiona el Domingo de Ramos.

El área en la que se encuentra la capilla era conocida desde la Edad Media como la Laguna o Compás de la Laguna, ya que era un área no edificada dentro del recinto amurallado en la que se formaba una extensión de agua de este tipo. Era también la zona en la que históricamente se ubicaba la mancebía, muy cerca del puerto, como es habitual. Esta mancebía estaba separada del resto de la ciudad por una tapia, por lo que la zona del Compás quedaba encajada entre la muralla de la ciudad y esta tapia.

Muy cerca de la actual capilla se ubicaba una ermita, más modesta, donde radicaba una hermandad dedicada a la Santísima Cruz y a Nuestra Señora del Mayor Dolor. La cruz de forja sobre columna de mármol que hoy se encuentra en la plaza recuerda el emplazamiento de esta primitiva ermita. 

La capilla que ha llegado hasta nuestros días se construyó en la segunda mitad del siglo XVIII, en el marco de la urbanización general que se produjo en este área de la ciudad. Manuel Prudencio de Molviedro, un comerciante de Viana asentado en Sevilla, se hizo con gran parte del barrio e inició su reurbanización durante el mandato de Pablo de Olavide (1767-1776). Dentro de esta transformación, Manuel Prudencio promovió y financió la construcción de la capilla, que sería consagrada en 1779. Desde 1856 la antigua plaza del Compás de la Laguna se renombró como Plaza de Molviedro en honor de este benefactor navarro.

En 1956, la capilla fue cedida a la Congregación de los Claretianos, quienes a su vez la cedieron a la Hermandad de Jesús Despojado en 1982.

 

Exterior

La capilla presenta planta rectangular con una sola nave. Solo cuenta con una fachada al exterior, la de los pies, que se abre a la plaza. Es de una composición muy sencilla. Un gran vano adintelado, enmarcado por pilastras y cubierto por frontón triangular partido. En el centro del frontón se dispone un segundo cuerpo, esta vez rematado por frontón curvo, enmarcando una ventana. En la parte superior de la fachada se ubica una sencilla pero elegante espadaña, de una sola campana y rematada también por frontón curvo. A ambos lados de la portada se ubican los retablos cerámicos dedicados a Jesús Despojado y a la Virgen de los Dolores y Misericordia, titulares de la hermandad que tiene su sede en la capilla. Fueron realizados en 2007 en el taller cerámico de José Jaén de Mairena del Alcor.

 

Interior

El interior se halla dividido en dos tramos mediante pilastras: el presbiterio y la nave propiamente dicha, cada uno cubierto por bóvedas vaídas. El retablo es el original barroco de la segunda mitad del siglo XVIII. En la actualidad se halla presidido por la imagen de Jesús Despojado de sus vestiduras, tallada por Antonio Perea Sánchez en 1939. 

Se da la circunstancia de que fue realizada en la prisión provincial de Sevilla, ya que el escultor se hallaba preso, acusado de haber auxiliado a la resistencia cuando las tropas franquistas tomaron Sevilla en 1936. La talla fue intervenida en 1974 por Antonio Eslava Rubio, quien rehizo por completo el cuerpo, manteniendo la cabeza.

En la hornacina de la izquierda recibe culto la imagen de la Virgen de los Dolores y Misericordia, realizada en 1962 también por Eslava Rubio. A la derecha se ubica la imagen de San Juan Evangelista realizada por Juan González Ventura en 1981. Esta talla acompaña a la de la Virgen en su paso de palio durante su salida procesional cada Domingo de Ramos.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se dispone un grupo escultórico con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen niña. A la derecha se ubica Santa Basilisca (identificada por José Gestoso como Santa Gertrudis) y a la izquierda encontramos a San Miguel. Todas ellas son tallas anónimas realizadas en el siglo XVIII, formando parte de la decoración escultórica original del retablo.

Del mismo siglo es la imagen que preside el pequeño retablo que se ubica en el muro derecho de la nave. Se trata de Nuestra Señora del Mayor Dolor, imagen titular del templo. Es una escultura también anónima que representa a la Virgen arrodillada a los pies de la Cruz.

En los muros reciben culto las imágenes de San José con el Niño, San Fernando y Santa Genoveva Torres, además de dos lienzos con copias de Murillo, uno con la "Sagrada Familia" y otro con "San Antonio y el Niño".

CAPILLA DE LA CARRETERÍA

La capilla de la Carretería es un pequeño templo del siglo XVIII ubicado en el barrio del Arenal de Sevilla. Se trata de una de las capillas más pequeñas de Sevilla, con menos de 100 metros cuadrados. Tal y como indica su nombre, es la sede de la hermandad de la Carretería, que procesiona la tarde del Viernes Santo.

La ubicación del templo responde a un hecho milagroso que la tradición señala en este lugar. Al parecer, a mediados del siglo XVI, un miembro del gremio de toneleros encontró una imagen de la Virgen oculta tras un muro en esta zona. La imagen desprendía una luz brillantísima, por lo que recibió la advocación de Nuestra Señora de la Luz. Tras este acontecimiento, se decidió fundar la hermandad, cuyo germen sería el mencionado gremio de toneleros (1550).

La capilla actual fue construida entre 1753 y 1761 a partir de los planos de Juan Núñez. Tiene una sola nave, cubierta por bóveda de arista, salvo en el presbiterio, donde la bóveda es vaída. A finales del siglo XX se añadió a la derecha una nueva capilla para albergar la imagen de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad.

La fachada es de estilo neoclásico y muy sencilla. Dos pilastras enmarcan la entrada y sostienen un frontón partido, en cuyo centro se abre una hornacina, rematada por frontón triangular. En el centro de la parte superior se ubica una espadaña de un solo vano con la campana.

En el interior de la capilla reciben culto los titulares de la hermandad de la Carretería. El Cristo de la Salud es una extraordinaria talla de autor anónimo que se ha datado a principios del siglo XVII. Aunque no se conserva documentación, atendiendo a su estilo, se ha señalado a Francisco de Ocampo como su posible autor. Lo acompañan la Virgen de la Luz y San Juan, obras del taller de Pedro Roldán de hacia 1677. 

En la capilla lateral se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Originalmente, era la imagen de María que acompañaba al Crucificado en el paso de misterio, aunque desde 1885 procesiona en su propio paso de palio. Está atribuida a  Alonso Álvarez Albarrán y se ha datado en 1629.

También encontramos una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, con la advocación de Nuestra Señora de la Luz (de gloria), que comparte con la ya mencionada. Tradicionalmente se la ha identificado con la imagen aparecida milagrosamente en este lugar hacia 1550. Sin embargo, un análisis estilístico deja claro que la imagen fue realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. Cabe la posibilidad de que la imagen actual se hiciera a partir de los restos de la original o que, por algún motivo y en algún momento que desconocemos, se decidiera su sustitución. 

CAPILLA DE LA PIEDAD DEL BARATILLO

La capilla de la Piedad del Baratillo es un pequeño templo de estilo barroco que se ubica en el barrio del Arenal de Sevilla. Es la sede de la Hermandad del Baratillo, que procesiona el Miércoles Santo por la tarde con dos pasos, la Piedad y la Virgen de la Caridad. 

Desde mediados del siglo XVII, en el lugar en el que hoy se encuentra la capilla se ubicaba un pequeño montículo sobre el que se alzaba una cruz de hierro. En ese mismo lugar habían sido enterradas algunas de las víctimas de la epidemia de 1649, que en Sevilla acabó con la vida de más de la mitad de la población. En torno a 60.000 personas murieron de "peste" en la ciudad ese año.

La Cruz de Baratillo fue despertando una devoción cada vez mayor y en 1693 se funda una hermandad en torno a ella y se decide la construcción de una capilla. 

Sus obras concluyeron en 1696 bajo la dirección de Bernardo Bustamante, aunque a mediados del siglo XVIII se produjo una ampliación dirigida por Marcos Sancho.

La capilla presenta planta de cruz latina, con el crucero levemente destacado, y una sola nave. Esta se cubre con bóveda de cañón y sobre el presbiterio se alza una cúpula ochavada sobre pechinas. Al exterior, la cúpula se halla coronada por una cruz metálica, que tradicionalmente se considera la primitiva que se alzó sobre el monte del Baratillo en el siglo XVII.

La fachada exterior es de una gran sencillez. Cuenta con una portada con dos cuerpos. En el inferior, el vano de entrada se enmarca bajo un frontón partido, en cuyo centro se ubica un segundo cuerpo, de menor tamaño. Está flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular y en su centro se abre una vidriera contemporánea, donada a la hermandad por el pabellón de Austria tras la Expo 92. Remata la fachada una espadaña bajo frontón curvo y con un solo vano que alberga la campana.

En el interior se encuentran las imágenes titulares de la Hermandad del Baratillo. En el retablo principal, original de finales del XVII, recibe culto la Virgen de la Piedad, obra de Manuel José Rodríguez Fernández-Andes de 1945. En su regazo acoge al Cristo de la Misericordia, realizado por el escultor de San Roque Luis Ortega Bru en 1951. En un retablo del lado derecho se encuentra la imagen de la Virgen de la Caridad en su Soledad, realizada por el mismo escultor que la Piedad, Rodríguez Fernández Andes, en 1931.

En un retablo del lado izquierdo se encuentra la talla de San José con el Niño, que también es titular de la hermandad. Se ha fechado en la segunda mitad del siglo XVIII y, aunque es de autor anónimo, algunos autores la atribuyen a José Montes de Oca. Fue donada en 1794 por el torero Pepe Hillo. La hermandad ha estado históricamente muy vinculada al mundo de la tauromaquia, con muchos toreros ligados a la misma, "ya sea como hermanos o por sentir una profunda devoción". Cabe recordar que el templo se encuentra a solo unos metros de la plaza de toros de la Maestranza.

CAPILLA DEL ROSARIO – HERMANDAD DE LAS AGUAS

Es un pequeño templo neobarroco situado en el barrio del Arenal, resultado de la reconstrucción en 1990 de una capilla anterior que se encontraba en un estado ruinoso. Desde 1977 es la sede de la Hermandad de las Aguas, que procesiona la tarde del Lunes Santo.

La capilla original se construyó a finales del siglo XVII. En el siglo siguiente, se fueron levantando en su entorno parte de las dependencias de la Maestranza de Artillería. Al demolerse estas construcciones para dar paso al actual teatro, la estructura de la capilla se vio comprometida, por lo que se hizo necesaria la mencionada reconstrucción, respetando su apariencia original. 

Este proyecto estuvo dirigido por los arquitectos Luis Marín y Aurelio del Pozo, los mismos que diseñaron el teatro de la Maestranza. Además de reconstruir el templo en sí, se edificaron anexas las dependencias de la casa hermandad y la torre.

La capilla está compuesta por una sola nave con planta de cruz latina, aunque con los brazos apenas destacados. El espacio central se cubre por una cúpula sobre pechinas, semiesférica en su interior y octogonal al exterior. 

Su fachada principal es muy sencilla, con una gran entrada bajo arco carpanel que permite la salida y recogida de los "pasos". Está protegida por un sencillo tejaroz. En la parte superior se levanta una espadaña de dos vanos que alberga las campanas.

El estilo de la torre añadida en 1990 difiere completamente. Es un sencillo prisma, en dos de cuyos lados se abren tres ventanas cuadradas. En su parte superior, la terraza se rodea de un almenado al modo de una torre defensiva.

IGLESIA DE LA MAGDALENA

La iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla es un imponente templo barroco construido en la transición entre los siglos XVII y XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo de Figueroa. Se trata de una de las iglesias más destacadas de la ciudad por sus dimensiones, monumentalidad, riqueza decorativa y calidad de las obras de arte que atesora. No en vano, es posible encontrar en su interior obras de algunos de los más destacados autores de la historia del arte en la ciudad, como Jerónimo Hernández, Valdés Leal, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

HISTORIA

El edificio que acoge actualmente a la parroquia de la Magdalena fue originalmente la iglesia del convento de San Pablo el Real. Este centro monástico pertenecía a la orden de los dominicos y fue fundado en este lugar, cercano a la Puerta de Triana, poco después de la conquista cristiana de la ciudad en 1248. Los terrenos fueron cedidos por el rey Fernando III y el convento contó desde sus inicios con el apoyo de la Corona. De ahí el apelativo de real y las numerosas referencias a la monarquía que se encuentran en su decoración.

El convento de San Pablo fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como la fundación de la Inquisición española. El 6 de febrero de 1481 se celebró en sus dependencias el primer auto de Fe de nuestra historia, en el que fueron condenadas a muerte seis personas. 

Más tarde, el convento tendría un importante papel en el proceso de evangelización de la América hispana, ya que de aquí partirían muchos de los religiosos encargados de esta tarea. Un ejemplo lo encontramos en una placa de mármol cercana a la entrada en la que puede leerse la siguiente inscripción:

"En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo.”

El templo actual no es el primitivo del convento. En el mismo lugar existía anteriormente una iglesia mudéjar de la que persisten algunos elementos en el actual edificio. Esta se encontraba en estado de ruina a finales del siglo XVII y hubo de ser demolida en 1691.

Fue entonces cuando Leonardo de Figueroa se encargó del proyecto para levantar la iglesia actual. Las obras se prolongaron hasta 1724 y en la ornamentación del templo trabajaron algunos de los mejores artistas de la ciudad en ese momento. Las pinturas al fresco son principalmente de Lucas Valdés, que trabajó junto con un numeroso grupo de pintores. Los retablos son prácticamente todos del siglo XVIII, de los mejores retablistas del momento. En su decoración escultórica intervienen nombres de la talla de Jerónimo Hernández, Francisco de Ocampo, Juan de Mesa o Pedro Roldán.

Las turbulencias políticas y sociales del siglo XIX hicieron que la iglesia conventual acabara como parroquia de la Magdalena. Con las desamortizaciones de la década de 1830, el convento es expropiado y los monjes tienen que marcharse. Por otro lado, la anterior iglesia de la Magdalena fue demolida por orden de los franceses durante la ocupación napoleónica de la ciudad. Se encontraba justo en la actual plaza de la Magdalena y en ella fue enterrado el genial Juan Martínez Montañés. Es posible que los restos del escultor descansen aún hoy bajo la plaza, tal y como conmemora una placa que se puede leer en el lugar.

Tras la expulsión de los franceses, se inició la reconstrucción de la iglesia en el lugar original. Sin embargo, cuando las obras se encontraban bastante avanzadas, se decidió abandonar el proyecto y demoler lo construido para dejar la plaza. La solución para la parroquia fue el traslado en 1842 a la iglesia conventual de San Pablo, que se encontraba vacía tras el abandono forzoso de sus monjes. El templo cambió así de advocación y pasó a ser la iglesia de la Magdalena, aunque persisten numerosas referencias simbólicas aludiendo a su anterior titular.

Tal y como señala Santiago Montoto en “Parroquias de Sevilla”, «en este templo, entre otros sevillanos ilustres, están enterrados el presidente de la Junta de Defensa contra los franceses, don Francisco Arias de Saavedra, luego Regente de la nación, varón insigne que bien merece una extensa y completa monografía, y el desventurado conde del Águila. 

En la pila bautismal de la parroquia recibieron las aguas regeneradoras el inmortal pintor Bartolomé Esteban Murillo y el insigne poeta don Juan de Jáuregui. En el Archivo se conserva la partida de casamiento de Juan Martínez Montañés y la de su entierro».

En la actualidad, tienen su sede en esta iglesia un total de cuatro hermandades:

- Hermandad Sacramental de la Magdalena, fundada en 1575. Procesiona el día del Corpus con una magnífica custodia del siglo XVIII, una Inmaculada de Benito de Hita y Castillo y un Niño Jesús de Jerónimo Hernández.

- Hermandad de Nuestra Señora del Amparo, fundada en el siglo XVI y refundada en el XVIII. Tiene como titular una talla de la Virgen con el Niño realizada por Roque Balduque en 1535. La imagen está considerada la patrona del barrio de la Magdalena y procesiona cada segundo domingo de noviembre, día del Patrocinio de la Virgen.

- Hermandad de la Quinta Angustia, resultado de la fusión de dos hermandades fundadas en el siglo XVI, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Descendimiento. Hace estación de penitencia el Jueves Santo.

- Hermandad del Calvario, fundada en el siglo XIX en la iglesia de San Ildefonso y trasladada a esta parroquia en 1916. Procesiona la madrugada del Viernes Santo con un imponente Cristo realizado por Francisco de Ocampo en el siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

La iglesia presenta planta de cruz latina con tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. En la cabecera del templo se sitúa un profundo presbiterio poligonal, además de otras cuatro capillas de planta rectangular, dos a cada lado. Además, la planta se ve alterada por otras cuatro capillas: dos a los pies y dos en el lado de la derecha, la capilla sacramental y la de la Quinta Angustia.

Cuenta con cuatro accesos desde el exterior, uno a los pies y tres en el muro derecho. El que se encuentra a los pies sería por lógica el principal, pero lo cierto es que en la actualidad se encuentra en desuso, ya que esa zona se acabó configurando como el coro alto y bajo. 

La cubrición se hace mediante bóveda de cañón con lunetos en la nave central y las naves del crucero, y con bóveda de arista en las laterales. El centro del crucero se cubre por una gran cúpula semiesférica sobre tambor, una de las más espectaculares de la ciudad.

Exterior

La iglesia cuenta con varias portadas al exterior para enmarcar sus accesos, todas ellas de comienzos del siglo XVIII. A los pies se sitúa la principal, en la calle Cristo del Calvario, aunque como comentábamos está prácticamente en desuso en la actualidad. Se trata de una sencilla entrada adintelada rematada por un frontón partido. En el centro del frontón, una ornamentada hornacina acoge un relieve con la representación en medio cuerpo de Santo Tomás de Aquino sosteniendo un ostensorio con la Eucaristía. El santo dominico que vivió en el siglo XIII es una de las figuras más destacadas de la filosofía y teología cristiana durante la Edad Media.

A gran distancia sobre la portada se ubica un gran óvulo enmarcado por una recargada moldura barroca. En ella se distinguen una serie de pequeñas esferas que simbolizan las cuentas del Rosario. A ambos lados, encontramos dos relojes de sol.

En la parte superior, la fachada está coronada triple espadaña. A ambos lados, se ubican dos cuerpos que albergan tres vanos con campanas cada uno, mientras que en el del centro se abre una pequeña portada a modo de balcón. En este cuerpo central se ubican dos pequeños bustos con San Pedro y San Pablo y probablemente esté inconcluso en su parte superior. La ornamentación se focaliza en esta zona de la fachada, donde encontramos columnas salomónicas y decoración geométrica a base de cerámica vidriada azul.

En el lateral derecho del templo, encontramos otras tres entradas. La más cercana a los pies carece de decoración y es la que sirve de acceso autónomo a la capilla de la Quinta Angustia, que cuenta además con conexión directa al resto de la iglesia.

La portada central es la de mayor tamaño y la utilizada normalmente para acceder a la iglesia. Tiene una estructura muy clásica, con un arco de medio punto flanqueado por pilastras que sostienen un frontón triangular decorado con rocalla barroca. En la parte superior, se ubica una cornisa sostenida por ménsulas y sobre ellas una hornacina con el emblema de la orden dominica. Rematando el conjunto, encontramos el busto de San Fernando, con orbe y espada, recordando la fundación regia del convento.

A la derecha se sitúa otra portada, de menor tamaño, por la que se accede directamente al extremo del brazo derecho del crucero. Al igual que ocurre con la portada de los pies, permanece habitualmente cerrada. Se trata de una portada adintelada, con frontón curvo partido en el centro del que se abre una hornacina con Santo Domingo. Sobre los lados del frontón, encontramos recostados dos perros que sostienen antorchas con la boca, símbolos del santo y de la orden:

«La Leyenda (primera biografía de Santo Domingo) narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos. Es un nombre muy apropiado, por cuanto Domingo viene del Latín Dominicus, que significa "del Señor". De Dominicus (Domingo) viene Dominicanus (Dominico, que es el nombre de la Orden de Santo Domingo). No obstante, utilizando un juego de palabras, se dice que Dominicanus es un compuesto de Dominus (Señor) y canis (perro), significando "el perro del Señor" o el vigilante de la viña del Señor».

Además, en la decoración aparecen también otros símbolos relacionados con la orden dominica, como las estrellas o las azucenas.

A pesar de la dificultad para contemplarla desde las proximidades, el elemento más característico del templo desde el exterior es su magnífica cúpula. Fue la primera levantada en Sevilla sobre tambor, siendo seguida en esta característica por las de El Salvador y San Luis de los Franceses, proyectadas también por Leonardo de Figueroa. En concreto, se trata de un tambor octogonal, sobre el que se levanta la semiesfera rematada por una gran linterna, también de planta octogonal. Como remate se coloca una enorme corona real de hierro forjado, recordando la fundación del convento por la iniciativa regia de Fernando III y su fuerte vinculación histórica con la Corona.

Es la primera cúpula levantada por Leonardo de Figueroa y en ella deja ya claros algunos de los elementos definitorios de su estilo, como la rotundidad de la linterna o la riqueza de elementos decorativos, que además muestran una notable variedad cromática. Estos elementos decorativos tienen una clara lectura iconográfica vinculada con la labor evangelizadora de la orden en América. Para hacer alusión a ello, se incluyen una serie de elementos escultóricos inspirados en representaciones artísticas de algunas de las culturas prehispánicas, reinterpretados de una forma pintoresca.

Así, por ejemplo, la linterna se halla rodeada por una serie de amerindios que ejercen como telamones, es decir, que sostienen sobre sus cabezas la cornisa. Además, en las antefijas aparecen máscaras de rasgos negroides muy enfatizados, que portan unos curiosos tocados de plumas en varios colores. Otros personajes semi-fantásticos aparecen en otras partes de la fachada como en las pilastras, inspirados en el arte prehispánico pero de una manera muy deformada.

En la fachada exterior, la iglesia cuenta con dos retablos cerámicos. A los pies, en la fachada de la calle Cristo del Calvario, encontramos uno dedicado a la Virgen del Amparo, patrona de la parroquia. Fue realizado en la década de 1940 por Antonio Muñoz Ruiz para la fábrica de Mensaque y está protegido por un pequeño tejaroz iluminado por dos hermosos faroles de forja.

Hacia la calle San Pablo se ubica otro retablo cerámico, dedicado en este caso al Cristo del Calvario. Fue pintado en 1942 por Alfonso Córdoba en la trianera fábrica de Pedro Navía. También se halla protegido por un tejaroz, en este caso de grandes dimensiones. Se halla cubierto por tejas vidriadas y sostenido por dos ménsulas de forja que imitan formas vegetales.

Además, encontramos al exterior diversas placas conmemorativas, como la que mencionamos anteriormente en referencia a Bartolomé de las Casas. La más hermosa es una pieza de mármol elíptica rodeada por una impresionante moldura barroca de formas curvas. Procede del antiguo convento de San Francisco, que se encontraba en la actual Plaza Nueva, y fue trasladada a esta parroquia tras su demolición en el siglo XIX. Probablemente fuera originalmente una lápida sepulcral, tal y como se desprende de la emotiva inscripción, extraída de una texto de San Bernardo de Claraval:

«NIHIL DULCIUS MIHI QUAM TECUM MURI, ET NIHIL AMARIUS QUAM VIVERE PORT MORTEM TUAM, JESU FILI MI. TU MIHI PATER, TU MIHI SPONSUS, TU MIHI FIUIUS, TU MIHI IMNIA ERAS. NUNO ORROR PATRE VIDUOR SPONSO DESOLOR PROLE, OMNIA PEDRO FILI MI, QUID ULTRA PACIAM?» 

«Nada más dulce para mí que morir contigo y nada más amargo que vivir después de tu muerte. Jesús, hijo mío. Tú eres para mí, padre. Tú eras para mí, esposo. Tú para mí, hijo. Tú para mí lo eras todo. Ahora sin mi padre estoy huérfana. Sin mi esposo, viuda. Sin mi hijo, sola. Todo lo pierdo, hijo mío. ¿Qué haré en adelante?»

Otra placa alude a la fundación regia del convento de la mano del mismo San Fernando:

«San Fernando III Rey de Castilla  y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla»

Una última placa se refiere a la concesión de indulgencias extraordinarias con motivo de la consagración del templo en 1724:

«N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren».

Interior

 

Decoración pictórica

La primera sensación al acceder a la iglesia es la de grandiosidad, debido a sus elevadas dimensiones y a su profusión decorativa. Los muros se hallan intensamente ornamentados, con decoración escultórica que se concentra sobre todo en las cornisas y el perfil de los arcos, reproduciendo formas vegetales y rocalla barroca. 

Estos mismos elementos se repiten en la decoración pictórica, que cubre los muros prácticamente por completo, en un complejo programa iconográfico dirigido por Lucas Valdés. En los pilares que separan las naves laterales de la central se dispone la representación de los apóstoles (con la excepción de Judas Iscariote) y San Pablo. La mayor parte fueron ejecutados por Clemente Torres, aunque también intervinieron otros artistas como Alonso Miguel de Tovar, Germán Lorente y el propio Lucas Valdés. 

En los machones que delimitan el espacio del crucero, se representan así mismo una serie de dieciséis santos y beatos dominicos: Benedicto XI, Gonzalo de Amarante, Pedro Mártir, Antonino, Juan Martín de Coloma, Agustín Gaz Otto, Pío V, Alberto Magno, Jacinto, Jacobo de Meranía, Raimundo de Peñafort, Pedro González Telmo, Luis Beltrán, Enrique Susón, Vicente Ferrer y Ambrosio Sacedonio. Según el profesor Enrique Valdivieso, “todos ellos muestran las características del estilo de Lucas Valdés”. 

A Lucas Valdés se deben también las grandes composiciones que se disponen en torno al presbiterio:

- “El Triunfo de la Fe”, en la bóveda sobre el altar mayor. La figura alegórica de la fe aparece enmarcada por un aparatoso marco de arquitectura fingida que imita la sensación de profundidad. Aparece escoltada por San Miguel, San Rafael y toda una corte de ángeles que revolotean y tocan instrumentos musicales.

- “La Entrada triunfal de san Fernando en Sevilla”, en la parte superior del extremo izquierdo del crucero. El rey aparece acompañado de figuras de la orden, como el propio santo Domingo. Participan en una procesión de la Virgen de los Reyes junto con numerosos prelados. A ambos lados, se representan las figuras alegóricas de la fortaleza y la templanza. Se muestran sobre escudos reales y las acompañan representaciones de musulmanes maniatados que simbolizan a los vencidos en la conquista. En la parte superior de este mismo muro, dos hornacinas acogen a dos de los padres de la Iglesia: san Ambrosio de Milán y san Gregorio Magno.

- “Auto de fe”, situado justo enfrente del anterior, en el extremo derecho del crucero. Se ha querido identificar con el proceso celebrado en 1703 en el que fue condenado el mercader de Osuna, Diego Duro. Enrique Valdivieso nos dice que “esta pintura fue en fechas posteriores destruida parcialmente, en la figura del condenado para evitar su identificación, en torno a 1750, quizás a instancias de los descendientes del reo. En esta pintura de la orden dominica se vuelve a hacer apología de sus méritos como defensora de la fe y de la ortodoxia, pues son precisamente religiosos dominicos los que acompañan al reo que va a lomos de un asno hacia el cadalso”. A ambos lados se sitúan dos nuevas figuras alegóricas, esta vez representando a la Religión y a la Justicia aplastando la herejía, ambas respaldadas por escudos de la orden dominica. De nuevo, en la parte superior del muro, encontramos a los otros dos padres de la Iglesia: San Agustín de Hipona y San Jerónimo de Estridón.

- La decoración pictórica del interior de la cúpula es también obra de Lucas Valdés y está centrada en la exaltación de la Virgen María. El interior de la cúpula está decorado por pinturas al fresco de Lucas Valdés. En cada uno de los gajos, una pareja de ángeles sostienen una letra dorada profusamente ornamentada. En conjunto forman la inscripción AVE MARÍA.

En el interior de la linterna, en el punto más elevado de todo el espacio, aparece un esplendoroso sol dorado sobre un fondo azul oscuro, en torno al que puede leerse la inscripción latina ET CAEPISSE EST ALQUID, SED FINIS FACTA. Es decir, haber empezado es algo, pero el final debe alcanzarse. 

- En los muros laterales del presbiterio se ubican dos grandes lienzos  que tienen como tema “David ante el Arca de la Alianza” y la “Ofrenda del Sumo Sacerdote Melquisedec”, ambos con escenas de connotaciones eucarísticas. 

Por último, en el muro derecho de la iglesia, junto al acceso principal, encontramos una de las pinturas más interesantes de la iglesia. Fue realizada por Lucas Valdés hacia 1710 y representa la Batalla de Lepanto. Más concretamente, "La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la batalla de Lepanto". Según la tradición la Virgen del Rosario intercedió en favor de las tropas cristianas el 7 de octubre de 1571 tras la oración del papa Pío V, que más tarde establecería este día como el día del Santo Rosario.

Capilla de la Quinta Angustia 

Tras acceder a la iglesia por la puerta principal, se encuentra a la derecha una gran capilla que es en la actualidad la sede de la Hermandad de la Quinta Angustia. Es el resultado de la unión de tres capillas funerarias anteriores, que pertenecieron a las familias de los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. De ellas se conservan algunos elementos, como las tres preciosas bóvedas ochavadas con decoración de lacería mudéjar que cubren los distintos tramos de la capilla. Se construyeron alrededor del 1400, por lo que son parte sobreviviente del primitivo templo gótico mudéjar anterior al actual. 

El altar de la capilla se halla presidido por el misterio del Señor del Descendimiento, titular de la hermandad. Se trata de un grupo con obras de diversos autores y cronología. El Cristo es obra de Pedro Roldán de hacia 1660 y el resto de las figuras fueron talladas en su taller por alguno de sus discípulos. La excepción es la Virgen de la Quinta Angustia, obra contemporánea de Vicente Rodríguez Caso (1934).

Delante del misterio del Descendimiento, encontramos un magistral Niño Jesús realizado por el escultor renacentista Jerónimo Hernández hacia 1580. Podría considerarse un antecedente del famoso Niño Jesús que Martínez Montañés haría para la iglesia del Sagrario en 1606. 

Del mismo autor, conserva la hermandad un Cristo Resucitado con unas proporciones, calidad y serenidad en su anatomía que lo hacen una de las esculturas más señeras del Renacimiento sevillano. Se conoce la fecha exacta de su encargo, 1582.

Posee también la capilla una excepcional colección pictórica. Se trata de una serie de lienzos pintados por Valdés Leal hacia 1660 y que originalmente formaban parte del retablo mayor y dos retablos laterales de la iglesia de San Benito de Calatrava, que se encontraba en un desaparecido convento que esta orden tenía muy cerca de la antigua puerta de la Barqueta. Los retablos laterales estaban compuestos por una sola pintura cada uno, con el “Calvario” y la “Inmaculada”. El retablo mayor constaba de dos cuerpos y ático. En el centro del primer cuerpo había una representación de “La Virgen con san Bernardo y san Benito” que no se ha conservado. A los lados se ubicaban "San Juan Bautista", "San Andrés", "Santa Catalina" y "San Sebastián". En el centro del segundo cuerpo se situaba el “San Miguel”, flanqueado por "San Antonio de Padua" y "San Antonio Abad". En el ático se situaba una representación de “Dios Padre”, que se ha perdido también. 

Todas las obras estuvieron en el Museo del Prado en 1991 participando en la exposición monográfica sobre su autor.

Presbiterio

El presbiterio se halla presidido por un magnífico retablo diseñado por Pedro Duque Cornejo a principios del siglo XVIII. Con dieciséis metros de altura, es el segundo mayor de la ciudad, tras el de la catedral. Está dividido en tres calles separadas por columnas salomónicas, que se articulan a su vez horizontalmente en banco, dos cuerpos y ático. Las esculturas son todas obras del propio Duque Cornejo, con excepción de las que representan a la Magdalena y a San Pablo en las hornacinas centrales.

En la hornacina central del primer cuerpo se sitúa la titular del templo, Santa María Magdalena, con una notable talla realizada por Felipe Malo de Molina en 1704. Está flanqueada por Santo Domingo y San Francisco de Asís en las calles laterales. En el centro del segundo cuerpo encontramos una talla anónima del siglo XVII representando a San Pablo, que, cabe recordar, era el primitivo titular de esta iglesia. Tiene a ambos lados a los papas dominicos Benedicto XI y Pío V.

En el ático volvemos a encontrar a San Pablo, esta vez en un relieve que reproduce la escena de su Conversión. A los lados, se sitúan dos santas dominicas, Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima.

A ambos lados del presbiterio, bajo los dos grandes lienzos de Lucas Valdés ya mencionados, se ubican sendas portadas de mármol, enmarcadas por columnas salomónicas y rematadas por las esculturas alegóricas de la Fe y la Caridad. 

Coro 

Se ubica a los pies del templo, separado del resto de la iglesia por una pequeña verja. El soto coro se halla cubierto por bóveda de cañón rebajada con lunetos que sujeta el coro alto. Está ricamente decorada con ocho frescos de Lucas Valdés con escenas del Antiguo Testamento. 

Sobre los arcos formeros contiguos al coro alto, se sitúan dos espacios a modo de balcón sobre los que se sitúan dos órganos. El del lado del Evangelio es de caja barroca y “de autor desconocido, solo queda la caja y tubos exteriores, no está en uso. El órgano situado en el lado de la epístola fue construido por Juan Debono en 1795, este si funciona”. (Ayarra Jarne, J., Órganos en la provincia de Sevilla, Consejería de Cultura, Centro de Documentación Musical de Andalucía, [Granada], 1998, fecha de consulta 13 marzo 2019)

 

 

Capillas y retablos del lado del Evangelio (izquierda)

Hagamos un recorrido por la iglesia empezando por los pies de la nave del Evangelio en el sentido de las agujas del reloj.

 

· Capilla de la Virgen del Rosario, situada a los pies de la nave del Evangelio, junto al coro. Posee un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por una talla de vestir, obra de Cristóbal Ramos en el siglo XVIII. La flanquean dos pequeñas tallas barrocas, con toda probabilidad provenientes de un retablo anterior, que representan a san Francisco de Paula y a santa Catalina de Siena.

 

· Junto a la Capilla del Rosario, a los pies del lado de la derecha, se ubica un retablo barroco del siglo XVIII que en la actualidad se halla presidido por una imagen moderna de la Virgen de la Medalla Milagrosa. En los lados se ubican dos tallas de santos monjes que han perdido alguno de los atributos que los identificaban. Por su vinculación con los dominicos, podría tratarse de santo Tomás y santo Domingo. En el centro del ático, un relieve representa “La Aparición de la Virgen a Santo Domingo”. El retablo se articula mediante una serie de hermosas columnas salomónicas fajadas, muy características del momento en el que fue construido. 

· Siguiendo por el muro de la izquierda, nos encontramos con un retablo marco que alberga un lienzo que representa “Las Ánimas del Purgatorio”. En él, un grupo de ángeles interceden por las almas que arden en el Purgatorio, en presencia de la Santísima Trinidad, que preside el lienzo en la parte superior. Fue realizado hacia 1775 por Vicente Alanís Espinosa.

 

· El siguiente retablo es también del siglo XVIII y en la actualidad se halla presidido por una imagen de la Virgen del Buen Consejo, tallada por Sebastián Santos Rojas hacia 1950. En las calles laterales, encontramos dos hermosas esculturas de Santa Catalina y Santa Bárbara. En el ático, un relieve parece representar el sueño de la beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo. La escena tiene como contexto un curioso marco arquitectónico en el que se finge la profundidad. A ambos lados se ubican dos santas dominicas, probablemente Santa Catalina de Ricci y Santa Inés de Montepulciano.

 

· Junto al retablo de la Virgen del Buen Consejo se encuentra una curiosa pintura sobre la pared que constituye un trampantojo o ilusión óptica. Fue pintada en 1996 y reproduce el acceso al antiguo claustro del convento, que se encontraba justo en esa dirección, en el lugar que hoy ocupa el Hotel Colón. El convento estaba siendo utilizado como sede del Gobierno Civil en Sevilla cuando fue destruido por un incendio en 1906.

· En los brazos del crucero encontramos varios retablos. El primero de ellos data de principios del siglo XVIII y está atribuido a Cristóbal de Guadix. Lo preside el llamado Nazareno de las Fatigas, una imagen de Jesús sujetando la cruz tallada por el escultor Gaspar del Águila y policromado por el pintor Antonio de Arfián en 1587. Fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila en 2009. La cruz es la original y está hecha de carey ribeteado en plata. En las calles laterales, entre hermosas columnas salomónicas policromadas en verde y dorado, se ubican San Antón Abad y San Alberto. En el centro del ático se sitúa San Miguel matando al dragón, flanqueado por dos santos dominicos.

· Junto a la entrada a la sacristía, en el extremo izquierdo del crucero, se ubica un altar barroco con la magnífica talla renacentista de la Virgen de las Fiebres. Es una imagen de la Virgen con el Niño, obra del escultor salmantino Juan Bautista Vázquez "el Viejo" de hacia 1565, considerada una de las más destacadas muestras de la escultura de este período en la ciudad. El apelativo "de las Fiebres" viene porque a ella se encomendaban las mujeres que habían dado a luz recientemente para evitar las temibles "calenturas", causa histórica de una gran mortandad. La imagen sustituyó a una anterior con la misma advocación que se perdió durante un derrumbe. 

Según la tradición, la madre del rey Pedro I rezó fervorosamente ante la imagen anterior pidiendo la salvación de su hijo, por entonces gravemente enfermo. Al sanar el rey, la madre entregó a la iglesia como agradecimiento una talla en plata del monarca orando ante la Virgen. Al parecer, la efigie del rey fue retirada al perder este el trono en la guerra con su hermanastro Enrique de Trastámara.

 

· Al otro lado de la entrada a la sacristía, un retablo alberga un conjunto escultórico con San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña. La composición original contaba solo con Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y su autor es probablemente Francisco Antonio Ruiz Gijón hacia 1675. La imagen de San Joaquín que aparece al fondo es obra del siglo XVIII de Cristóbal Ramos y procede de otro retablo, como atestigua la diferencia en el tamaño.

· La siguiente capilla, ya paralela al presbiterio, está dedicada a Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores. Se trata de una obra temprana de Pedro Roldán (h. 1650) que se acerca más a los modelos castellanos que a los habituales en Sevilla: María aparece arrodillada al pie de la cruz y con la mirada dirigida al cielo. Además, es una talla completa y no de vestir, como suele ser habitual en la ciudad. La imagen era titular de una hermandad que llegó a ser enormemente popular. Tenía su sede en la actual Capilla de Montserrat y a ella pertenecía también como titular el actual Cristo de la Salud de la hermandad de la Candelaria.

El retablo en el que se ubica es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a San Pablo, como muestran los dos relieves de las calles laterales, que muestran su “Decapitación” y una “Apoteosis” del santo, en la que unos ángeles lo elevan hacia el Cielo.

 

· En el pilar que separa la capilla de la Antigua de la siguiente, encontramos un retablillo con una imagen de vestir de Santa Rosa de Lima, religiosa dominica nacida en el Virreinato del Perú que fue la primera americana canonizada en la historia de la iglesia.

· La siguiente capilla, ya junto al presbiterio, es la dedicada a la Virgen del Amparo, una magnífica talla renacentista realizada por el escultor flamenco Roque Balduque en 1555. Es una de las imágenes más hermosas de la iglesia y está considerada la patrona del barrio, por cuyas calles procesiona cada segundo domingo de noviembre.

El retablo es una obra de principios del siglo XVIII y parece que acogió originalmente al Cristo del Gonfalón, del que hablaremos más tarde. En las calles laterales se ubican San José con el Niño y San Hermenegildo, mientras que en el centro del ático se representa la Anunciación, flanqueada por San Joaquín y Santa Ana.

Capillas y retablos del lado de la Epístola (derecha):

 

· Junto al presbiterio, a la derecha, la primera capilla es la del Santísimo Cristo del Calvario, sede de la hermandad que lo tiene como titular. El Cristo es una magnífica obra de Francisco de Ocampo, realizada en 1611 siguiendo el modelo del Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. A ambos lados, las imágenes de la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista, ambas de Juan de Astorga del siglo XIX. El retablo es del siglo XVIII y posee en el centro del ático una escena con la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo y Santa Catalina de Siena.

· En el pilar que separa esta capilla de la siguiente, se ubica un retablillo con una imagen de Santa Mónica del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldán.

 

· La siguiente capilla está dedicada a San Antonio de Padua, con una imagen del santo anónima del siglo XVII. El retablo es del siglo XVIII y estuvo dedicado originalmente a Santa Catalina de Siena, tal y como se puede leer en la reja que cierra la capilla. De hecho, en el ático conserva un relieve con "La Estigmatización de Santa Catalina".

· En el extremo derecho del crucero se ubican dos retablos, a cada uno de los lados de un cajón de acceso a la iglesia que permanece siempre cerrado. El primero está dedicado a la Virgen del Carmen, con una hermosa imagen de vestir anónima del siglo XVIII. El de la derecha está dedicado a San José, con una espléndida talla atribuida a Juan Martínez Montañés y datada hacia 1610. Tradicionalmente han existido dudas sobre su autoría, pero tras la última gran exposición sobre el maestro, se estableció su autoría debido a su similitud con otro San José que se conserva en el convento de las Teresas y por lo parecido que es el Niño al que porta el San Cristóbal de la iglesia del Salvador.

· Haciendo esquina junto al retablo de San José, encontramos un retablo del siglo XVIII que se halla presidido en la actualidad por una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. Lo acompañan en las naves laterales San Francisco y Santo Domingo, originales del retablo. En el ático encontramos un Santo Tomás orando de rodillas.

 

· Siguiendo por el muro derecho, junto a la Capilla Sacramental, se ubica un retablo presidido por el relieve de la Asunción de la Virgen, obra de Juan de Mesa de 1619. A pesar de algunas dudas expresadas sobre su autoría, se ha conservado el contrato en el que se le encarga al artista, donde se especifica que cuatro ángeles “la van subiendo a los cielos, con un trono de serafines a sus pies y sus nubes alrededor (…) con más dos niños por remate; más de medio relieve y los niños redondos”. En el ático, otro relieve muestra la Coronación de la Virgen.

· A la mitad del muro de la Epístola se abre la capilla sacramental, un espacio de planta rectangular ubicado junto al acceso principal a la iglesia. Justo frente a la entrada, una vitrina acoge una espléndida custodia procesional de plata con más de dos metros de altura. Se realizó en distintas fases entre finales del siglo XVII. “Es la obra realizada por tres artistas plateros del siglo XVII, pero siguiendo el diseño del que la inició, Diego de León, en 1678. La continuó en 1679 el platero Cristóbal Sánchez de la Rosa, y la finalizó Juan Laureano de Pina en 1692”. (Arzobispado de Sevilla)

El retablo es de estilo neoclásico, realizado en 1817. Alberga en su hornacina central una Inmaculada del siglo XVIII atribuida a Benito Hita del Castillo, que procesiona el día del Corpus acompañando a la Custodia junto con el Niño Jesús de Jerónimo Hernández. En las calles laterales del retablo encontramos las tallas de San Miguel y San Rafael, realizadas por Duque Cornejo también en el siglo XVIII. En el ático, una pintura de la época del retablo representa a la Santísima Trinidad. 

La Capilla alberga el sepulcro de Francisco Arias de Saavedra, ministro de Carlos III y dos lienzos de Zurbarán de hacia 1626. El primero  muestra la "Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans" y el segundo "Santo Domingo en Soriano". Odile Delenda, en su catálogo de la obra de Zurbarán, lo describe así: 

«La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el Monasterio de Soriano es un tema grato de la Contrarreforma, que tuvo un éxito considerable en toda la Europa católica del siglo XVII. Cada Orden religiosa quería representar a sus santos con su ‘vera effigies’. Un fraile dominico del Convento de Soriano en Calabria, muy devoto al fundador, deseaba saber cómo serían sus verdaderos rasgos. En el año 1530, haciendo oración, se le apareció la Virgen, junto con las santas Catalina y Magdalena quienes le ofrecieron un retrato de Santo Domingo. Dicho milagroso retrato lo representa de pie, frontalmente, llevando el lirio y un libro de su regla. El supuesto retrato está conservado en la Iglesia de San Romano de Lucca y muchas copias y grabados circularon por los conventos de la Orden».

· En el mismo muro derecho, al otro lado del acceso principal a la iglesia, encontramos un marco-dosel barroco que alberga un relieve del siglo XVIII con “La Aparición de la Virgen a San Cayetano”.

 

· A continuación, siguiendo hacia los pies, se ubica un retablo también del XVIII presidido en la actualidad por la imagen de Santa Rita de Casia, de gran devoción en el mundo católico como intercesora en causas difíciles. En las calles laterales se ubican San Juan Nepomuceno y San Alberto, mientras que en el ático, un relieve representa la “Liberación de San Pedro”, flanqueado por dos santos dominicos. 

· A los pies de la nave de la Epístola se ubica la Capilla Bautismal, que conserva la pila en la que fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618, tal y como recuerda una placa de mármol en uno de los muros. La capilla se halla presidida hoy por un interesante crucificado del siglo XVI conocido como Cristo de Confalón o Gonfalón. Presenta rasgos bastante arcaizantes que lo acercan a la escultura gótica y transmiten un conmovedor patetismo. 

Originalmente fue titular de una cofradía que se dedicaba a las obras de misericordia, siguiendo el ejemplo de una hermandad con la misma advocación asentada en Roma. Se ha atribuido la imagen a Nicolás de León, ya que en la iglesia de la Victoria en Écija existe un crucificado muy similar de este autor que además tiene la misma advocación, siendo en la actualidad una de las imágenes más destacadas de la Semana Santa astigitana.

El crucificado se encuentra acompañado por una Dolorosa y un San Juan, formando un Calvario. Son de una cronología similar al Cristo y podría tratarse de obras del mismo autor.

IGLESIA DE SAN ESTEBAN

La iglesia de San Esteban se ubica en el barrio de la Alfalfa, junto a que ha sido históricamente el principal eje de acceso a la ciudad desde el Este. Se trata de un templo gótico mudéjar construido en la segunda mitad del siglo XIV, aunque sus portadas exteriores son algo posteriores. Con el paso del tiempo, vinieron otras reformas y ampliaciones, como la construcción de la torre, que es ya del siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

Se trata de un templo de tres naves de tamaño irregular, ya que la central es más grande que las laterales y entre las laterales, la de la derecha es más estrecha que la de la izquierda. Tiene planta rectangular de la que sobresale el profundo testero irregular que alberga el presbiterio. También sobresalen de la planta, la capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, en el testero del lado derecho, y la capilla sacramental, junto a la nave izquierda.  

 

Exterior

Al exterior, la iglesia con dos portadas. La principal se abre a los pies de la iglesia hacia la calle Medinaceli y es un hermoso ejemplo de las portadas gótico mudéjares sevillanas. Está datada a principios del siglo XV y se la considera una de las de más calidad en este grupo. El vano es un arco ojival abocinado, con una arquivolta formada por ocho arquillos de tamaño decreciente. En las impostas se puede admirar una delicada decoración vegetal, en la que parecen distinguirse hojas de higuera y parra. El límite exterior de la arquivolta se decora con las clásicas puntas de diamante, elemento también muy característico del gótico sevillano.

Sobre la puerta se ubica un hermoso friso formado por una serie de columnas que sostienen una arquería decorada con la tradicional sebka, de tan profunda tradición en la ciudad al menos desde época almohade. Algo más arriba, dieciséis canecillos con forma de cabeza de león sostienen la cornisa superior. 

A ambos lados de la portada, sobre la línea de imposta, se ubican dos columnillas con capiteles decorados nuevamente con cabezas de león. Sobre la de la derecha encontramos a San Lorenzo, sosteniendo la parrilla símbolo de su martirio. A la izquierda se ubica San Esteban, el santo titular del templo, vestido con su dalmática de diácono. Por último, sobre la cúspide del arco se ubica una representación de Cristo como Salvador. Las tres pequeñas esculturas se disponen bajo doseletes, elemento enormemente habitual en la arquitectura gótica.

En el lado izquierdo, hacia la calle San Esteban, se abre una segunda portada, muy similar en su estructura a la anterior, pero más sencilla en su decoración. Sobre la cúspide de la arquivolta se abre una hornacina en la que encontramos de nuevo al santo al que se dedica la iglesia, esta vez en una escultura datada por una inscripción en 1618, siendo, por lo tanto, mucho posterior a la portada misma.

Una característica de esta portada muy conocida en el mundo cofrade sevillano es que las puntas de diamante decoran la arquivolta no solo en su parte exterior sino también en la interior. Esta circunstancia dificulta y añade emoción a la salida del paso de palio de la Virgen de los Desamparados cada Martes Santo.

También al exterior, destaca el robusto ábside en la cabecera del templo. Lo sujetan seis enormes contrafuertes entre las que se abren alargadas ventanas góticas. En la parte superior está coronado por almenas escalonadas, muy comunes en Sevilla desde la Edad Media.

Junto al ábside se ubica la torre campanario, una sencilla estructura de planta cuadrada añadida en el siglo XVIII. En el último cuerpo presenta decoración neoclásica, con pilastras enmarcando los vanos de medio punto que albergan las campanas. Remata el conjunto un chapitel hexagonal decorado con azulejería en azul y blanco. 

Interior

Ya en el interior del templo, lo primero que llama la atención es que los muros carecen de cualquier tipo de enfoscado o revestimiento, por lo que el ladrillo, que fue el material básico en la construcción de la iglesia, es visible por doquier. 

Las naves se dividen mediante airosos arcos ojivales sostenidos por pilares cruciformes. En la nave central sostienen un interesante artesonado mudéjar de tres paños, probablemente del siglo XV. En cambio, las naves laterales se cubren con bóvedas de colgadizo.

El área del presbiterio está singularizada al cubrirse con una bóveda pétrea de nervadura gótica. Esta diferenciación de sistemas de cubrición fue muy habitual en las iglesias de la época y aún en las de los siglos posteriores.

A los pies de la iglesia, sobre el cancel de entrada, se sitúa un coro alto conformado por una estructura realizada completamente en madera.

Retablo mayor

Se trata de un retablo barroco encargado a Luis de Figueroa en 1629. Cuenta con dos cuerpos y ático, divididos en tres calles. Tiene la particularidad de que está decorado completamente con pinturas y no con esculturas, como suele ser habitual en Sevilla. 

Las pinturas de la calle central están atribuidas a los hermanos Miguel y Francisco Polanco. De abajo a arriba encontramos: “La lapidación del protomártir San Esteban”, “La adoración de los pastores” y un “Cristo crucificado”. 

Las pinturas de las calles laterales son de Francisco de Zurbarán, pintor extremeño que desarrolló su carrera en Sevilla y que es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca en España. En la calle izquierda, de abajo a arriba, se sitúan San Pedro, San Hermenegildo y la Dolorosa. En la calle de la derecha, San Pablo, San Fernando y San Juan Evangelista.

En el banco se ubican otras dos pinturas, de menor tamaño, cuya autoría no está clara. A la izquierda se sitúa “La visión de los animales impuros de San Pedro” y a la derecha “La conversión de San Pablo”.

En el área del presbiterio, se puede destacar también el altar, ya que en su parte frontal se encuentra decorado por un alicatado mudéjar que fue hallado en la iglesia. Presenta decoración geométrica con la clásica “sebka” como motivo.

Haciendo un recorrido por el resto de la iglesia, desde un punto de vista artístico, se pueden destacar los siguientes elementos:

En el muro derecho o de la Epístola:

- A los pies se sitúa un pequeño retablo dedicado a “Santa Ana enseñando a leer a la Virgen”, conjunto anónimo del siglo XIX. En el ático se encuentra una pequeña imagen de vestir de la Virgen del Carmen. 

- Muy cerca se ubica un cuadro del siglo XVII reproduciendo a la Virgen de la Antigua, original del siglo XIV que se conserva en la Catedral. Este tipo de cuadros, hechos en distintas épocas, se encuentran con frecuencia en las iglesias sevillanas, reflejo de la gran devoción popular que despertó siempre la Virgen de la Antigua en la ciudad.

- Retablo de la Virgen de los Desamparados, hermosa dolorosa de vestir realizada en 1923 por Manuel Galiano, que es titular de la Hermandad de San Esteban. El retablo es de estilo neobarroco y fue estrenado en 2022, tallado por Pedro Benítez Carrión y dorado por Enrique Castellanos. 

- Capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, ubicada en el testero de la nave de la Epístola. Se trata de una pequeña capilla de planta cuadrada, cubierta por bóveda de arista. Un pequeño retablo acoge la imagen del Cristo, que recibe culto en este lugar al menos desde el siglo XVIII. El Señor aparece sentado con los atributos característicos de un Ecce Homo: corona de espinas, manto púrpura y caña como cetro real. La obra está compuesta por un busto original en barro cocido del siglo XVI, al que se añadió el cuerpo en madera policromada en el siglo XVIII. 

En el lado exterior de la capilla se abre una pequeña ventana, por lo que el Cristo se ve desde la calle, circunstancia que está relacionada con la advocación del Cristo. Hay que tener en cuenta que la iglesia se encuentra junto al eje de las calles Águilas y San Esteban, que era la vía más directa para dejar la ciudad en dirección al Este, a Andalucía oriental. Por lo visto, era común que los viajeros se pararan unos instantes a rezar ante el Cristo solicitando su protección en sus desplazamientos. Es por esto por lo que se pensó en “Salud y Buen Viaje” cuando se decidió sobre la advocación de la imagen, al fundarse la hermandad de San Esteban en torno a ella en 1926. 

En la nave del Evangelio (izquierda):

- En el testero de la nave izquierda se sitúa el retablo neobarroco con la imagen de Nuestra Señora de la Luz, una talla de vestir anónima, del siglo XVIII, que es titular de su propia hermandad. En las calles laterales se sitúan San Lorenzo y San Esteban, mientras que en el ático encontramos a “San Miguel matando al dragón”.

- Capilla sacramental, ubicada junto a la nave izquierda o del Evangelio. Se accede a ella a través de una puerta custodiada por una reja de madera de la segunda mitad del XVII. Este tipo de rejas fueron bastante comunes, pero su conservación es obviamente mucho más problemática que en el caso de las metálicas. La entrada está enmarcada por una portada neobarroca, con una hornacina sobre el vano en la que se ubica un lienzo que representa a San Pedro de Ribera, nacido en la feligresía de esta parroquia. Lo realizó el pintor sevillano Alfonso Grosso hacia 1960.

Al interior, la capilla presenta planta cuadrada y está cubierta por una cúpula rebajada, asentada sobre pechinas. Destaca la exuberante decoración pictórica y de yeserías, de estilo similar a las que se pueden encontrar en Santa María la Blanca, por lo que ha relacionado su autoría con los hermanos Borja. También es muy llamativo el espléndido zócalo de azulejos, datado en el siglo XVIII y en el que se disponen unos curiosos motivos geométricos. Se trata de un ejemplar bastante notable en el contexto de la azulejería sevillana.

El retablo de la capilla alberga una Inmaculada en su hornacina central, mientras que podemos encontrar a San José y a San Juan Bautista en las laterales. El retablo y tallas son también del siglo XVII.

En un lateral de la capilla se ubica una pequeña escultura en madera policromada del Sagrado Corazón de Jesús. Al parecer se trata de una obra de juventud de Sebastián Santos Rojas, uno de los más notables imagineros del siglo XX en Sevilla.

- En el muro junto al acceso a la capilla se puede contemplar un lienzo con “La decapitación de San Juan Bautista”, es del siglo XVII y de autor anónimo, aunque se ha señalado su posible procedencia italiana.

- Por último, a los pies de la nave, se encuentra un retablo rococó de hacia 1780 dedicado a San José, que es representado con el Niño en la hornacina central. Lo acompañan San Antonio de Padua y San Bartolomé en las calles laterales, y San Blas en el ático.

CONVENTO DE SAN LEANDRO

El convento de San Leandro es un convento de religiosas agustinas que ocupa un amplio sector del barrio de la Alfalfa, lugar en el que se asientan desde el siglo XIV. Es célebre entre los sevillanos por la labor repostera de sus monjas, que preparan las codiciadas yemas de San Leandro. El conjunto conventual posee un gran número de dependencias, con varios claustros y una estructura muy compleja. Sin embargo, su magnífica iglesia es el único elemento visitable de forma habitual, por lo que nos centraremos en su análisis.

Historia

La orden de los agustinos llegó a Sevilla a finales del siglo XIII e inicialmente se asentaron en unos terrenos extramuros de la ciudad, cercanos a la Puerta de Córdoba. Al parecer, se trataba de una zona bastante insalubre y de gran inseguridad, llegando a ser citada como “Degolladero de Cristianos”. 

Un siglo más tarde, el rey Pedro I facilitó el traslado de la orden a unas dependencias en la actual calle Melgarejos (1367). Pero el nuevo emplazamiento tampoco reunía las condiciones necesarias y desde ahí se trasladaron al lugar que hoy ocupan tan solo unos años más tarde.

El convento contó inicialmente con una iglesia, probablemente un templo gótico mudéjar, pero a finales del siglo XVI se decidió su sustitución y se empezó a construir la actual. Francisco Pacheco, el insigne suegro de Velázquez, afirmaba que el diseño del nuevo edificio correspondió a Juan de Oviedo. Sin embargo, documentalmente solo se ha podido constatar la participación en el proyecto de Asensio de Maeda como arquitecto y de Juan de los Reyes y Juan Miguel, como maestros albañiles.

 

DESCRIPCIÓN

El templo es una clásica “iglesia de cajón”, el tipo más habitual en los conventos sevillanos. Consta de planta rectangular, con una sola nave y coro alto y bajo a los pies. 

 

Exterior

El convento tiene dos portadas al exterior. La primera se ubica en la plaza de San Ildefonso y da acceso a la clausura. Tiene una sencilla forma manierista, con una entrada adintelada enmarcada por pilastras. Estas sostienen un frontón partido con una hornacina en el centro que alberga una pequeña escultura en terracota de San Agustín. Esta es la entrada por la que generalmente se despachan las famosas yemas de San Leandro.

Junto a la portada se ubica desde 2002 una pequeña placa de mármol en la que se lee el fragmento de un poema en prosa de Luis Cernuda. Está extraído de su libro “Ocnos” y parece hacer alusión a este convento: "Por la Galería tras de llamar discretamente al torno del convento, sonaba una voz femenina cascada como una esquila vieja: ‘Deo gratias’ decía. ‘A Dios sean dadas’, respondíamos. Y las yemas de huevo hilado..."

En la cercana Plaza de San Leandro se abre la portada que da acceso a la iglesia a través de su muro izquierdo. Es muy similar a la anterior, pero en este caso el vano es un arco de medio punto y la hornacina superior alberga un corazón en llamas, símbolo de la orden de los agustinos.

Unos metros a la derecha se ubica un retablo cerámico en el que se presenta a Santa Rita de Casia. Esta santa fue en vida una monja italiana de la orden de los agustinos que vivió a finales de la Edad Media. Se la suele representar con una pequeña herida en la frente, ya que según la tradición tenía un estigma que rememoraba la corona de espinas de Cristo y que se le volvía a abrir milagrosamente cada noche. Hoy es una de las santas más populares en el mundo católico y es conocida como intercesora en las causas imposibles.

El azulejo que encontramos en nuestro convento se realizó en la década de 1950 en la fábrica de Santa Ana de Triana, aunque se desconoce su autor.

Interior

Se accede a la iglesia a través de un espléndido cancel ricamente decorado con decoración escultórica del gusto barroco. Al entrar, encontramos que la nave está dividida en cuatro tramos a través de pilastras adosadas a los muros. Entre ellas se ubican los distintos retablos laterales de la iglesia. Un gran arco toral sirve para separar el área del presbiterio en la cabecera, mientras que a los pies, un muro en el que se abre un gran vano enrejado, sirve para separar la zona del coro, reservada a la clausura.

La cubrición de la nave se hace mediante bóveda de cañón con lunetos, divididas en tramos por arcos fajones. El área del presbiterio se cubre por una cúpula semiesférica que es solo visible desde el interior. 

Nave principal dividida en cuatro tramos por arcos fajones y cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Crucero cubierto por una cúpula semiesférica decorada con pinturas geométricas y solo visible desde el interior.

La decoración pictórica en los muros no es muy abundante. La encontramos sobre todo en los muros del presbiterio y en la cúpula, donde se aprecian motivos geométricos muy propios del manierismo. En el centro de cada uno de los tramos de la bóveda se disponen una especie de rosetones a modo de estalactitas. Están enmarcados por unas molduras que también forman curiosos motivos geométricos.

Retablo mayor

El retablo barroco actual se construyó a mediados del siglo XVIII en sustitución de uno anterior realizado en el siglo XVI en estilo manierista. El anterior poseía decoración escultórica de Jerónimo Hernández y, de hecho, se conservan algunos de los antiguos relieves en el actual.

Este se ha atribuido generalmente a Pedro Duque Cornejo y a Felipe Hernández y posee algunas características que lo particularizan. Por ejemplo, es bastante alto en comparación con la mayor parte de retablos sevillanos y está muy compartimentado, hecho que tampoco suele ser común en retablos mayores. Quizás el rasgo más original sea que no está dorado, sino que se halla revestido en tonos claros.

Está dividido horizontalmente en dos cuerpos y ático, que se dividen a su vez verticalmente en tres calles. Para separarlas se utilizan diversos tipos de columnas, como las estípites o las columnas compuestas, todas ellas con los fustes profusamente decorados.

En el primer cuerpo, la hornacina alberga una imagen contemporánea del Sagrado Corazón de Jesús, que al parecer es la primera de este tipo que recibió culto en Sevilla. A ambos lados, dos bellas esculturas representan a Santa Bárbara y a Santa Teresa, que aparece como Doctora de la Iglesia.

La hornacina central del segundo cuerpo alberga al titular del templo, San Leandro. Fue obispo de Sevilla a finales del siglo VI, en tiempos de los visigodos. De hecho, jugó un papel importante en la conversión de estos del arrianismo al catolicismo. Fue hermano del también obispo sevillano San Isidoro, probablemente la personalidad más destacada de este período histórico en la península. 

Dos escenas representadas en relieve ocupan las calles laterales, probablemente obras de Jerónimo Hernández provenientes del retablo anterior. A la izquierda tenemos “La adoración de los Magos” y el “Bautismo de Cristo”, y a la derecha vemos a San Agustín y “La flagelación”.

En el centro del ático se ubica un interesante conjunto escultórico conjunto escultórico,  con San Agustín arrodillado en el centro y, tras él, Cristo, la Virgen y el Espíritu Santo lo observan desde el Cielo. Corona el conjunto, sobre el retablo, una representación de Dios Padre en actitud de bendecir, rodeado de ángeles. En las calles laterales encontramos dos relieves también provenientes del anterior: “La Asunción de la Virgen” y “La Oración en el Huerto”.

Además del retablo mayor, la iglesia posee una serie de retablos que se adosan a los muros laterales, algunos de ellos con un enorme interés artístico.

Retablos del lado derecho:

- Junto al presbiterio, una pequeña capilla alberga un sencillo retablo neoclásico del siglo XIX. Alberga una pequeña imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente de la misma época que el retablo.

- A continuación encontramos el retablo de San Agustín, realizado por Felipe de Ribas hacia 1650. Tiene una estructura muy clásica, similar a la habitual en los retablos de Martínez Montañés, con dos cuerpos, ático y tres calles. En centro del primer cuerpo se ubica San Agustín, con atributos episcopales, ya que fue obispo de Hipona, y sosteniendo la maqueta de una iglesia, que alude a su consideración como uno de los cuatro padres de la Iglesia. A sus lados aparecen Santo Tomás de Villanueva y San Nicolás de Tolentino. En el centro del segundo cuerpo, un relieve representa a San Agustín y Santa Mónica en el puerto de Ostia. En las calles laterales aparecen Santa Clara de Montefalco y Santa Rita de Casia. Finalmente, en el ático encontramos a la Virgen con el Niño flanqueada por las alegorías de la Fe y la Esperanza.

- Retablo de San Juan Evangelista. Se ubica justo enfrente del dedicado a San Juan Bautista, siguiendo una tradición muy habitual en los conventos sevillanos, que solían ubicar enfrentados a ambos lados de la nave los retablos dedicados a los “santos juanes”. Este retablo del Evangelista es una obra de Martínez Montañés y su taller, concluida en 1632. En el centro del primer cuerpo encontramos un magnífico relieve con la representación de San Juan en Patmos, donde el apóstol redactó el Apocalipsis según la tradición. Se considera que este relieve es la única obra personal de Martínez Montañés, siendo el resto del retablo obra de su taller. Sobre él, una pequeña hornacina alberga otro relieve con la representación del martirio de Juan, siguiendo el relato de Tertuliano en su “De praescriptione haereticorum XXXVI”, según el cual el santo fue arrojado a una caldera de aceite hirviendo pero resultó milagrosamente ileso. El relieve es obra de Francisco de Ocampo, que estuvo de aprendiz en el taller de Martínez Montañés. En el centro del segundo cuerpo se sitúa una Virgen con el Niño que tiene la advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo. En las calles laterales la flanquean Santiago el Menor y Santa María Cleofás.

- Retablo de la Virgen de la Consolación y Correa. Se trata de un sencillo retablo neoclásico que alberga en su hornacina central una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Sebastián Santos Rojas en 1932. Esta curiosa advocación, “Consolación y Correa”, está ligada de forma legendaria a la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín. Al parecer, la santa estaba atravesando momentos de gran desconsuelo debido a la vida pecaminosa de su hijo Agustín, a lo que se unió la muerte de su marido. Cierto día estaba absorta en una meditación cuando se la apareció la Virgen, ceñida con una correa, y le dijo: “Mónica, hija mía, este es el traje que vestí cuando estaba con los hombres, después de la muerte de mi hijo. El mismo vestido llevarás tú en señal de tu devoción hacia mí”. La Virgen con esta advocación es considerada hoy la patrona de los agustinos. En dos pequeñas peanas laterales se ubican dos tallas contemporáneas de San Francisco de Paula y San Juan de Sahagún.

Retablos del muro del Evangelio:

- Retablo de Santa Rita de Casia. Se trata de un sencillo retablo neoclásico con una imagen de vestir del siglo XIX como titular. Santa Rita cuenta con una gran popularidad entre los feligreses, vinculada a su consideración popular como abogada en las causas imposibles. En el banco del retablo se ubica una pintura, también del siglo XIX, que representa de nuevo el pasaje de “La Virgen entregando el cíngulo a Santa Mónica”.

- Retablo de San Juan Bautista, contratado a Martínez Montañés en 1621, aunque la mayor parte de las esculturas son obra de su taller y no del maestro personalmente. De nuevo encontramos la clásica estructura de los retablos montañesinos. En la hornacina central del primer cuerpo vemos un espléndido relieve que muestra al Bautista arrodillado y señalando al Cordero de Dios que aparece en la esquina superior derecha sobre una nube. Hace alusión a la célebre frase pronunciada por Juan al ver a Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. De acuerdo con su calidad y características, esta parte del retablo es considerada obra personal de Martínez Montañés. A ambos lados encontramos a la Virgen María y a San José.

Sobre el relieve del Bautista, dos ángeles sostienen la magistral representación de la cabeza del santo, considerada también salida de la gubia del maestro. En el centro del segundo cuerpo encontramos un Bautismo de Cristo, con una composición muy similar a la que podemos encontrar en el retablo con el mismo tema y taller que se encuentra en la iglesia de la Anunciación. A la izquierda se sitúa Santa Isabel y a la derecha su marido Zacarías. En el ático, la cruz de Malta o de la Orden de San Juan de Jerusalén hace referencia a la advocación del retablo.

- Ya junto al presbiterio se sitúa un interesante retablo barroco realizado por José Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII. Acogió durante mucho tiempo la imagen de Santa Rita, pero hoy alberga en su hornacina central una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente también del XVIII. En las calles laterales encontramos a San Antonio de Padua y a San Fernando. Destaca un expresivo y hermoso Jesús Nazareno en el ático, que parece a punto de caer exhausto por el peso de la cruz.

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