CONVENTO DE SAN LEANDRO

El convento de San Leandro es un convento de religiosas agustinas que ocupa un amplio sector del barrio de la Alfalfa, lugar en el que se asientan desde el siglo XIV. Es célebre entre los sevillanos por la labor repostera de sus monjas, que preparan las codiciadas yemas de San Leandro. El conjunto conventual posee un gran número de dependencias, con varios claustros y una estructura muy compleja. Sin embargo, su magnífica iglesia es el único elemento visitable de forma habitual, por lo que nos centraremos en su análisis.

Historia

La orden de los agustinos llegó a Sevilla a finales del siglo XIII e inicialmente se asentaron en unos terrenos extramuros de la ciudad, cercanos a la Puerta de Córdoba. Al parecer, se trataba de una zona bastante insalubre y de gran inseguridad, llegando a ser citada como “Degolladero de Cristianos”. 

Un siglo más tarde, el rey Pedro I facilitó el traslado de la orden a unas dependencias en la actual calle Melgarejos (1367). Pero el nuevo emplazamiento tampoco reunía las condiciones necesarias y desde ahí se trasladaron al lugar que hoy ocupan tan solo unos años más tarde.

El convento contó inicialmente con una iglesia, probablemente un templo gótico mudéjar, pero a finales del siglo XVI se decidió su sustitución y se empezó a construir la actual. Francisco Pacheco, el insigne suegro de Velázquez, afirmaba que el diseño del nuevo edificio correspondió a Juan de Oviedo. Sin embargo, documentalmente solo se ha podido constatar la participación en el proyecto de Asensio de Maeda como arquitecto y de Juan de los Reyes y Juan Miguel, como maestros albañiles.

 

DESCRIPCIÓN

El templo es una clásica “iglesia de cajón”, el tipo más habitual en los conventos sevillanos. Consta de planta rectangular, con una sola nave y coro alto y bajo a los pies. 

 

Exterior

El convento tiene dos portadas al exterior. La primera se ubica en la plaza de San Ildefonso y da acceso a la clausura. Tiene una sencilla forma manierista, con una entrada adintelada enmarcada por pilastras. Estas sostienen un frontón partido con una hornacina en el centro que alberga una pequeña escultura en terracota de San Agustín. Esta es la entrada por la que generalmente se despachan las famosas yemas de San Leandro.

Junto a la portada se ubica desde 2002 una pequeña placa de mármol en la que se lee el fragmento de un poema en prosa de Luis Cernuda. Está extraído de su libro “Ocnos” y parece hacer alusión a este convento: "Por la Galería tras de llamar discretamente al torno del convento, sonaba una voz femenina cascada como una esquila vieja: ‘Deo gratias’ decía. ‘A Dios sean dadas’, respondíamos. Y las yemas de huevo hilado..."

En la cercana Plaza de San Leandro se abre la portada que da acceso a la iglesia a través de su muro izquierdo. Es muy similar a la anterior, pero en este caso el vano es un arco de medio punto y la hornacina superior alberga un corazón en llamas, símbolo de la orden de los agustinos.

Unos metros a la derecha se ubica un retablo cerámico en el que se presenta a Santa Rita de Casia. Esta santa fue en vida una monja italiana de la orden de los agustinos que vivió a finales de la Edad Media. Se la suele representar con una pequeña herida en la frente, ya que según la tradición tenía un estigma que rememoraba la corona de espinas de Cristo y que se le volvía a abrir milagrosamente cada noche. Hoy es una de las santas más populares en el mundo católico y es conocida como intercesora en las causas imposibles.

El azulejo que encontramos en nuestro convento se realizó en la década de 1950 en la fábrica de Santa Ana de Triana, aunque se desconoce su autor.

Interior

Se accede a la iglesia a través de un espléndido cancel ricamente decorado con decoración escultórica del gusto barroco. Al entrar, encontramos que la nave está dividida en cuatro tramos a través de pilastras adosadas a los muros. Entre ellas se ubican los distintos retablos laterales de la iglesia. Un gran arco toral sirve para separar el área del presbiterio en la cabecera, mientras que a los pies, un muro en el que se abre un gran vano enrejado, sirve para separar la zona del coro, reservada a la clausura.

La cubrición de la nave se hace mediante bóveda de cañón con lunetos, divididas en tramos por arcos fajones. El área del presbiterio se cubre por una cúpula semiesférica que es solo visible desde el interior. 

Nave principal dividida en cuatro tramos por arcos fajones y cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Crucero cubierto por una cúpula semiesférica decorada con pinturas geométricas y solo visible desde el interior.

La decoración pictórica en los muros no es muy abundante. La encontramos sobre todo en los muros del presbiterio y en la cúpula, donde se aprecian motivos geométricos muy propios del manierismo. En el centro de cada uno de los tramos de la bóveda se disponen una especie de rosetones a modo de estalactitas. Están enmarcados por unas molduras que también forman curiosos motivos geométricos.

Retablo mayor

El retablo barroco actual se construyó a mediados del siglo XVIII en sustitución de uno anterior realizado en el siglo XVI en estilo manierista. El anterior poseía decoración escultórica de Jerónimo Hernández y, de hecho, se conservan algunos de los antiguos relieves en el actual.

Este se ha atribuido generalmente a Pedro Duque Cornejo y a Felipe Hernández y posee algunas características que lo particularizan. Por ejemplo, es bastante alto en comparación con la mayor parte de retablos sevillanos y está muy compartimentado, hecho que tampoco suele ser común en retablos mayores. Quizás el rasgo más original sea que no está dorado, sino que se halla revestido en tonos claros.

Está dividido horizontalmente en dos cuerpos y ático, que se dividen a su vez verticalmente en tres calles. Para separarlas se utilizan diversos tipos de columnas, como las estípites o las columnas compuestas, todas ellas con los fustes profusamente decorados.

En el primer cuerpo, la hornacina alberga una imagen contemporánea del Sagrado Corazón de Jesús, que al parecer es la primera de este tipo que recibió culto en Sevilla. A ambos lados, dos bellas esculturas representan a Santa Bárbara y a Santa Teresa, que aparece como Doctora de la Iglesia.

La hornacina central del segundo cuerpo alberga al titular del templo, San Leandro. Fue obispo de Sevilla a finales del siglo VI, en tiempos de los visigodos. De hecho, jugó un papel importante en la conversión de estos del arrianismo al catolicismo. Fue hermano del también obispo sevillano San Isidoro, probablemente la personalidad más destacada de este período histórico en la península. 

Dos escenas representadas en relieve ocupan las calles laterales, probablemente obras de Jerónimo Hernández provenientes del retablo anterior. A la izquierda tenemos “La adoración de los Magos” y el “Bautismo de Cristo”, y a la derecha vemos a San Agustín y “La flagelación”.

En el centro del ático se ubica un interesante conjunto escultórico conjunto escultórico,  con San Agustín arrodillado en el centro y, tras él, Cristo, la Virgen y el Espíritu Santo lo observan desde el Cielo. Corona el conjunto, sobre el retablo, una representación de Dios Padre en actitud de bendecir, rodeado de ángeles. En las calles laterales encontramos dos relieves también provenientes del anterior: “La Asunción de la Virgen” y “La Oración en el Huerto”.

Además del retablo mayor, la iglesia posee una serie de retablos que se adosan a los muros laterales, algunos de ellos con un enorme interés artístico.

Retablos del lado derecho:

- Junto al presbiterio, una pequeña capilla alberga un sencillo retablo neoclásico del siglo XIX. Alberga una pequeña imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente de la misma época que el retablo.

- A continuación encontramos el retablo de San Agustín, realizado por Felipe de Ribas hacia 1650. Tiene una estructura muy clásica, similar a la habitual en los retablos de Martínez Montañés, con dos cuerpos, ático y tres calles. En centro del primer cuerpo se ubica San Agustín, con atributos episcopales, ya que fue obispo de Hipona, y sosteniendo la maqueta de una iglesia, que alude a su consideración como uno de los cuatro padres de la Iglesia. A sus lados aparecen Santo Tomás de Villanueva y San Nicolás de Tolentino. En el centro del segundo cuerpo, un relieve representa a San Agustín y Santa Mónica en el puerto de Ostia. En las calles laterales aparecen Santa Clara de Montefalco y Santa Rita de Casia. Finalmente, en el ático encontramos a la Virgen con el Niño flanqueada por las alegorías de la Fe y la Esperanza.

- Retablo de San Juan Evangelista. Se ubica justo enfrente del dedicado a San Juan Bautista, siguiendo una tradición muy habitual en los conventos sevillanos, que solían ubicar enfrentados a ambos lados de la nave los retablos dedicados a los “santos juanes”. Este retablo del Evangelista es una obra de Martínez Montañés y su taller, concluida en 1632. En el centro del primer cuerpo encontramos un magnífico relieve con la representación de San Juan en Patmos, donde el apóstol redactó el Apocalipsis según la tradición. Se considera que este relieve es la única obra personal de Martínez Montañés, siendo el resto del retablo obra de su taller. Sobre él, una pequeña hornacina alberga otro relieve con la representación del martirio de Juan, siguiendo el relato de Tertuliano en su “De praescriptione haereticorum XXXVI”, según el cual el santo fue arrojado a una caldera de aceite hirviendo pero resultó milagrosamente ileso. El relieve es obra de Francisco de Ocampo, que estuvo de aprendiz en el taller de Martínez Montañés. En el centro del segundo cuerpo se sitúa una Virgen con el Niño que tiene la advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo. En las calles laterales la flanquean Santiago el Menor y Santa María Cleofás.

- Retablo de la Virgen de la Consolación y Correa. Se trata de un sencillo retablo neoclásico que alberga en su hornacina central una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Sebastián Santos Rojas en 1932. Esta curiosa advocación, “Consolación y Correa”, está ligada de forma legendaria a la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín. Al parecer, la santa estaba atravesando momentos de gran desconsuelo debido a la vida pecaminosa de su hijo Agustín, a lo que se unió la muerte de su marido. Cierto día estaba absorta en una meditación cuando se la apareció la Virgen, ceñida con una correa, y le dijo: “Mónica, hija mía, este es el traje que vestí cuando estaba con los hombres, después de la muerte de mi hijo. El mismo vestido llevarás tú en señal de tu devoción hacia mí”. La Virgen con esta advocación es considerada hoy la patrona de los agustinos. En dos pequeñas peanas laterales se ubican dos tallas contemporáneas de San Francisco de Paula y San Juan de Sahagún.

Retablos del muro del Evangelio:

- Retablo de Santa Rita de Casia. Se trata de un sencillo retablo neoclásico con una imagen de vestir del siglo XIX como titular. Santa Rita cuenta con una gran popularidad entre los feligreses, vinculada a su consideración popular como abogada en las causas imposibles. En el banco del retablo se ubica una pintura, también del siglo XIX, que representa de nuevo el pasaje de “La Virgen entregando el cíngulo a Santa Mónica”.

- Retablo de San Juan Bautista, contratado a Martínez Montañés en 1621, aunque la mayor parte de las esculturas son obra de su taller y no del maestro personalmente. De nuevo encontramos la clásica estructura de los retablos montañesinos. En la hornacina central del primer cuerpo vemos un espléndido relieve que muestra al Bautista arrodillado y señalando al Cordero de Dios que aparece en la esquina superior derecha sobre una nube. Hace alusión a la célebre frase pronunciada por Juan al ver a Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. De acuerdo con su calidad y características, esta parte del retablo es considerada obra personal de Martínez Montañés. A ambos lados encontramos a la Virgen María y a San José.

Sobre el relieve del Bautista, dos ángeles sostienen la magistral representación de la cabeza del santo, considerada también salida de la gubia del maestro. En el centro del segundo cuerpo encontramos un Bautismo de Cristo, con una composición muy similar a la que podemos encontrar en el retablo con el mismo tema y taller que se encuentra en la iglesia de la Anunciación. A la izquierda se sitúa Santa Isabel y a la derecha su marido Zacarías. En el ático, la cruz de Malta o de la Orden de San Juan de Jerusalén hace referencia a la advocación del retablo.

- Ya junto al presbiterio se sitúa un interesante retablo barroco realizado por José Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII. Acogió durante mucho tiempo la imagen de Santa Rita, pero hoy alberga en su hornacina central una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente también del XVIII. En las calles laterales encontramos a San Antonio de Padua y a San Fernando. Destaca un expresivo y hermoso Jesús Nazareno en el ático, que parece a punto de caer exhausto por el peso de la cruz.

📷   * : Wikimedia Commons  │   º : Leyendas de Sevilla

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