IGLESIA DE LA CONSOLACIÓN – LOS TERCEROS

La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, conocida generalmente como "los Terceros", es un templo barroco del siglo XVII que se levanta en la calle Sol, en el barrio sevillano de Santa Catalina. Originalmente fue la iglesia del convento de la Orden Tercera de San Francisco que se levantaba en esta zona y de ahí procede su denominación popular. Cuenta con planta de cruz latina, con una sola nave y capillas laterales. Tiene una sola fachada al exterior, la de los pies, en la que destaca una exuberante portada barroca. Desde 1973 la iglesia es la sede de la Hermandad de la Cena, que procesiona el Domingo de Ramos.

Historia

Un grupo de monjes franciscanos pertenecientes a la Orden Tercera se trasladaron a Sevilla provenientes del desaparecido convento de San Juan de Morañina, en Bollullos Par del Condado. Tras llegar a la ciudad se asentaron en esta zona, en las proximidades de una antigua ermita dedicada a los santos Cosme y Damián. De su anterior convento en Bollullos, los monjes trajeron una imagen de la Virgen de la Consolación que ya contaba con gran devoción en su lugar de origen. La popularidad de la imagen continuó tras la llegada a Sevilla, siendo objeto de una creciente veneración entre los vecinos. Parece que ese fue el germen para que en 1648 se iniciara la construcción del convento y de su iglesia, dedicada lógicamente a la Virgen de la Consolación. 

La construcción del convento y su iglesia se prolongó hasta el siglo XVIII y los franciscanos lo estuvieron regentando hasta la ocupación francesa en 1810, cuando las tropas napoleónicas lo utilizaron como cuartel y procedieron al expolio de buena parte de su patrimonio. Al año siguiente fue entregado a las monjas Agustinas y en 1819 volvieron los franciscanos. Sin embargo, no sería por mucho tiempo, ya que en 1835 lo abandonaron definitivamente como consecuencia de la célebre desamortización de Mendizábal. Se inició entonces un periodo de abandono que tuvo como su peor consecuencia el derrumbe de las bóvedas de la iglesia en 1845. 

 

 

Imagen de la Virgen de la Consolación, antigua Virgen de Morañina. Imagen del artículo de Adrián Bizcocho Olarte sobre “Religiosidad popular..."

Un nuevo episodio de la historia de este convento se inicia en 1888 cuando se hacen cargo de él los Padres Escolapios, que desarrollaron una importante labor educativa en la ciudad. Lo estuvieron gestionando hasta 1973, año en el que se trasladan a Montequinto. Ese mismo año, el cardenal Bueno Monreal cedió el uso de la iglesia conventual a la Hermandad de la Cena, que desde entonces se ha encargado de su mantenimiento y ha afrontado las diversas restauraciones que han sido necesarias, como la renovación de las cubiertas en 1988.

El resto del convento sirve en la actualidad como sede de EMASESA, la empresa pública para la gestión del agua en la ciudad. Se conservan los dos claustros, el principal y uno secundario, además de una majestuosa escalera monumental diseñada por Fray Manuel Ramos a finales del siglo XVII.

Antiguo convento de los Terceros, hoy sede de EMASESA. Claustros y cúpula sobre la escalera. Imágenes del blog Siglos de Sevilla.

Exterior

La iglesia cuenta con una sola fachada, que se ubica a los pies del templo, en la calle Sol. Cuenta con una interesantísima portada realizada a principios del siglo XVIII en un estilo barroco que recuerda mucho al que se desarrolló por las mismas fechas en la América hispana. Se desconoce la autoría del diseño, aunque tradicionalmente se ha venido atribuyendo a fray Manuel Ramos, el artífice de la monumental escalera de la que hablamos al referirnos al área del convento.

La portada se dispone al modo de un retablo de tres calles, teniendo la calle central ocupada por el vano adintelado que es la entrada al templo en sí. La decoración se hizo a base de barro cocido y ladrillo visto, con determinadas características que, como decíamos, aluden directamente al barroco hispanoamericano: los elementos arquitectónicos adquieren formas curiosas e imaginativas y están repletos de una minuciosa decoración que recoge multitud de elementos simbólicos.

En las calles laterales se sitúan dos hornacinas con las tallas en barro cocido de San José de Calasanz a la izquierda y San Francisco a la derecha. Los dos santos aluden a las dos principales órdenes religiosas que se han sucedido en la gestión de este templo desde su creación: San Francisco a los religiosos de la Orden Tercera, fundadores del convento, y San José de Calasanz a los Escolapios, quienes lo gestionaron desde finales del siglo XIX. Esto nos indica que las esculturas no son las originales de la portada, sino que fueron añadidas muy posteriormente, con toda probabilidad ya en el siglo XX. Además, su tamaño es algo menor al que les correspondería de acuerdo con las hornacinas que ocupan.

En la parte superior de las calles laterales encontramos dos medallones con los bustos de dos santas vinculadas a los franciscanos, Santa Clara a la izquierda y Santa Rosa de Viterbo a la derecha. Sobre la puerta se sitúa un espacio a modo de frontón mixtilíneo en el centro del cual se coloca un escudo con símbolos franciscanos. En la parte superior izquierda aparecen las Cinco Llagas, símbolo principal de la orden, y a la derecha tres flores de lis. En la parte inferior, una mano señala un sol en el que puede leerse "FIDEI" (Fe). Sobre el escudo, una corona real abierta en cuya base se puede leer "POENITENTIA CORONAT". No poseemos más información sobre el escudo, aunque debió ser el que adoptó este convento como propio. En 2007 el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico acometió la restauración de un estandarte procesional hallado en San Telmo con el mismo escudo, por lo que con toda probabilidad era un estandarte de representación del convento en actos oficiales.

Sobre las cuatro pilastras que delimitan las calles de la portada se sitúan cuatro santos franciscanos: a la izquierda san Antonio de Padua y santa Isabel de Hungría, y a la derecha Santa Isabel de Portugal y San Ivo de Kermartin, patrón de los abogados.  Coronando la portada en su parte central, una hornacina acoge una imagen de la Virgen de la Consolación, reproduciendo la talla original que se encuentra en el interior. Sobre la Virgen aparece una paloma blanca con las alas abiertas, representando al Espíritu Santo, y coronando todo el conjunto se sitúa una talla de San Miguel. 

A la derecha de la portada se encuentra un retablo cerámico con la imagen de la Virgen del Subterráneo, titular mariana de la Hermandad de la Cena. Fue elaborado en 1959 en la fábrica de Nuestra Señora de la Piedad por Antonio Morilla Galea y Manuel García Ramírez.

La fachada cuenta con una torre a la derecha, rematada por una espadaña de dos cuerpos con dos vanos para campanas en el inferior y un solo cuerpo en el superior, rematado por un frontón curvo. 

Interior

Lo primero que llama la atención al entrar en la iglesia de la Consolación son sus grandes dimensiones y monumentalidad, constituyendo uno de los ejemplos más interesantes entre las iglesias conventuales del Barroco sevillano. Consta de una sola nave de gran anchura y forma de cruz latina. A los lados de la nave se sitúan una serie de capillas laterales a las que se accede a través de arcos de medio punto cerrados por rejas. A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, asentado sobre una bóveda escarzana con profusa decoración. En un lateral del coro se sitúa un órgano, original de la primera mitad del siglo XVIII, que según Álvaro Cabezas García puede ser atribuido al retablista José Fernando de Medinilla. La cubrición original de la iglesia se hizo mediante una gran bóveda de cañón que se prolongaba durante toda la nave. Sin embargo, esta bóveda se vino abajo a mediados del siglo XIX y en la actualidad encontramos una techumbre plana. La bóveda de cañón se conserva solo sobre el coro, a los pies de la iglesia, y sobre el área del presbiterio, en la cabecera. Sobre el crucero se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con yeserías que reproducen elementos arquitectónicos, decoración vegetal, roleos, cabezas de ángeles y otros motivos característicos del barroco. 

Este tipo de decoración a base de yeserías debió extenderse originalmente por toda la bóveda de la iglesia. Es especialmente rica la que decora la bóveda que sostiene el coro y en ella destacan los curiosos racimos de frutas diversas, en una composición articulada mediante lacería y motivos vegetales, en la que se entremezclan angelitos y símbolos marianos. Recuerda claramente a las yeserías que encontramos en Santa María la Blanca, realizadas también en el siglo XVIII.

Presbiterio

En el presbiterio, el retablo mayor es un espléndido conjunto barroco realizado por Francisco Dionisio de Ribas en 1669, reformado con posterioridad en varias ocasiones. Se le puede considerar uno de los mejores ejemplos de la retablística sevillana del siglo XVII. Consta de dos cuerpos y tres calles, delimitadas por unas hermosas columnas salomónicas con fustes delicadamente esculpidos con motivos vegetales. La disposición del espacio central del retablo se modificó para acoger el grupo escultórico de la Última Cena tras establecerse la hermandad en este templo. En el centro aparece la figura de Jesús en el momento de la celebración eucarística. Fue tallado por Sebastián Santos Rojas en 1955 y su rostro es de tal belleza que hay autores que lo señalan como la imagen de Cristo más hermosa de entre las realizadas para la Semana Santa de Sevilla en el siglo XX. Los apóstoles son obra del escultor gaditano Luis Ortega Bru, una de las figuras más originales y destacadas de la imaginería española contemporánea. Fueron su última obra, ya que se estrenaron en la Semana Santa de 1983, un año después de la muerte del escultor. Cuando el conjunto se halla en el retablo, solo once apóstoles acompañan al Señor, ya que se excluye a Judas Iscariote, que sí forma parte del paso el día de la procesión.

Sobre el grupo de la Sagrada Cena, se sitúa una hornacina de formas ondulantes añadida al retablo en 1700 para acoger a la Virgen de la Consolación, titular de este templo. Se trata de una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, que originalmente tenía la advocación de Nuestra Señora de Morañina cuando recibía culto en el convento que la Orden Tercera regentaba en Bollullos Par del Condado antes de su traslado a Sevilla. La imagen tiene su origen en el siglo XIV, pero fue profundamente renovada para adaptarla a la estética barroca, probablemente ya en el siglo XVIII.

Siguiendo en el primer cuerpo, en la calle de la izquierda encontramos a san Ivo de Bretaña y a san Elizario, mientras que en la de la derecha se ubican san Conrado y san Luis de Francia. Ya en el segundo cuerpo, en el centro se ubica un relieve con "San Francisco aprobando las reglas de la Orden Tercera". El relieve aparece flanqueado por santa Isabel de Portugal a la izquierda y santa Isabel de Hungría a la derecha.

Crucero

El presbiterio se halla flanqueado por otros dos retablos de menor tamaño que se ubican en los brazos del crucero. Ambos son del primer tercio del siglo XVIII y acogen una imagen de la Virgen con el Niño el de la izquierda y un Jesús Nazareno el de la derecha. Originalmente los retablos estaban dedicados a dos imágenes de buena calidad de san Miguel y san Rafael que en la actualidad suelen ubicarse en la capilla sacramental.

En la cabecera izquierda del crucero se encuentra un retablo de principios del siglo XVIII que acoge la imagen de Nuestra Señora del Subterráneo, Reina de Cielos y Tierra, titular de la Hermandad de la Cena. La imagen es una dolorosa de vestir que tradicionalmente se ha atribuido al escultor decimonónico Juan de Astorga, aunque debido a sus rasgos estilísticos no se puede descartar que sea una imagen de mayor antigüedad, probablemente del siglo XVII. El retablo en el que se encuentra perteneció en su día a la Hermandad del Amor, que tuvo su sede en esta iglesia. De hecho, tras la Virgen es visible la forma de cruz que acogió en su día al Cristo del Amor. Cabe recordar que en esta iglesia se fundó también la Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén y que fue aquí donde se fusionaron ambas para dar paso a la Hermandad del Amor que conocemos hoy con sede en la iglesia de El Salvador. De hecho, en el ático del retablo se ubica un relieve en el que se representa precisamente la escena de la Entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de la célebre "borriquita".

Frente al retablo de la Virgen del Subterráneo, en la cabecera derecha del crucero, se sitúa un retablo de formas muy dinámicas tallado por Fernando de Medinilla en 1727. Lo preside la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia, que es también titular de la Hermandad de la Cena, participando también en la procesión sobre su paso. La imagen fue realizada en el siglo XVI, por lo que es una de las más antiguas de la Semana Santa de Sevilla, y tiene la particularidad de estar realizado no en madera sino a base de telas encoladas. Representa a Cristo sentado sobre una roca junto en el momento previo a la crucifixión, apoyando su cabeza sobre su mano derecha en actitud reflexiva. Esta iconografía tiene unas profundas raíces en la religiosidad sevillana desde que se realizaran las primeras tallas a partir de un grabado de Durero de 1511. 

Capillas

En el lado del Evangelio (izquierda) de la iglesia se sitúa la Capilla Sacramental, de planta rectangular y cubierta por bóveda de cañón con lunetos. Tanto los muros como las bóvedas se hallan profusamente decorados con ornamentación barroca de comienzos del siglo XVIII. Se encuentra presidida por un retablo neoclásico del siglo XIX presidido por una Inmaculada. La flanquean las tallas de santa María Egipciaca y san Antonio de Padua, y en el ático se ubica un Crucificado. Todas las tallas son aproximadamente de principios del XIX, salvo la Inmaculada que es del siglo XVII. A ambos lados de la capilla se sitúan sendos retablos, también neoclásicos, que albergan las imágenes de principios del siglo XVIII de san Miguel y san Rafael. También en esta capilla se encuentra una imagen de vestir de san Francisco del siglo XVII que al parecer llegó a salir en procesión por las calles del barrio. También hay un crucificado con la advocación de Cristo de la Buena Muerte, con una calidad notable, que ha sido datado a principios del XVIII.

Frente a la capilla sacramental, en el lado de la Epístola (derecha) se ubica la capilla de Nuestra Señora de la Encarnación. Está presidida por un retablo neoclásico que acoge la imagen de la Virgen que es titular de gloria de la Hermandad de la Cena. Se trata de una talla del siglo XVII atribuida a Juan de Mesa, aunque profundamente reformada con posterioridad. La capilla permaneció cerrada durante mucho tiempo tras sufrir un derrumbe pero puede ser devuelta al culto tras su restauración en 2019.

IGLESIA DE SAN ESTEBAN

La iglesia de San Esteban se ubica en el barrio de la Alfalfa, junto a que ha sido históricamente el principal eje de acceso a la ciudad desde el Este. Se trata de un templo gótico mudéjar construido en la segunda mitad del siglo XIV, aunque sus portadas exteriores son algo posteriores. Con el paso del tiempo, vinieron otras reformas y ampliaciones, como la construcción de la torre, que es ya del siglo XVII.

DESCRIPCIÓN

Se trata de un templo de tres naves de tamaño irregular, ya que la central es más grande que las laterales y entre las laterales, la de la derecha es más estrecha que la de la izquierda. Tiene planta rectangular de la que sobresale el profundo testero irregular que alberga el presbiterio. También sobresalen de la planta, la capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, en el testero del lado derecho, y la capilla sacramental, junto a la nave izquierda.  

 

Exterior

Al exterior, la iglesia con dos portadas. La principal se abre a los pies de la iglesia hacia la calle Medinaceli y es un hermoso ejemplo de las portadas gótico mudéjares sevillanas. Está datada a principios del siglo XV y se la considera una de las de más calidad en este grupo. El vano es un arco ojival abocinado, con una arquivolta formada por ocho arquillos de tamaño decreciente. En las impostas se puede admirar una delicada decoración vegetal, en la que parecen distinguirse hojas de higuera y parra. El límite exterior de la arquivolta se decora con las clásicas puntas de diamante, elemento también muy característico del gótico sevillano.

Sobre la puerta se ubica un hermoso friso formado por una serie de columnas que sostienen una arquería decorada con la tradicional sebka, de tan profunda tradición en la ciudad al menos desde época almohade. Algo más arriba, dieciséis canecillos con forma de cabeza de león sostienen la cornisa superior. 

A ambos lados de la portada, sobre la línea de imposta, se ubican dos columnillas con capiteles decorados nuevamente con cabezas de león. Sobre la de la derecha encontramos a San Lorenzo, sosteniendo la parrilla símbolo de su martirio. A la izquierda se ubica San Esteban, el santo titular del templo, vestido con su dalmática de diácono. Por último, sobre la cúspide del arco se ubica una representación de Cristo como Salvador. Las tres pequeñas esculturas se disponen bajo doseletes, elemento enormemente habitual en la arquitectura gótica.

En el lado izquierdo, hacia la calle San Esteban, se abre una segunda portada, muy similar en su estructura a la anterior, pero más sencilla en su decoración. Sobre la cúspide de la arquivolta se abre una hornacina en la que encontramos de nuevo al santo al que se dedica la iglesia, esta vez en una escultura datada por una inscripción en 1618, siendo, por lo tanto, mucho posterior a la portada misma.

Una característica de esta portada muy conocida en el mundo cofrade sevillano es que las puntas de diamante decoran la arquivolta no solo en su parte exterior sino también en la interior. Esta circunstancia dificulta y añade emoción a la salida del paso de palio de la Virgen de los Desamparados cada Martes Santo.

También al exterior, destaca el robusto ábside en la cabecera del templo. Lo sujetan seis enormes contrafuertes entre las que se abren alargadas ventanas góticas. En la parte superior está coronado por almenas escalonadas, muy comunes en Sevilla desde la Edad Media.

Junto al ábside se ubica la torre campanario, una sencilla estructura de planta cuadrada añadida en el siglo XVIII. En el último cuerpo presenta decoración neoclásica, con pilastras enmarcando los vanos de medio punto que albergan las campanas. Remata el conjunto un chapitel hexagonal decorado con azulejería en azul y blanco. 

Interior

Ya en el interior del templo, lo primero que llama la atención es que los muros carecen de cualquier tipo de enfoscado o revestimiento, por lo que el ladrillo, que fue el material básico en la construcción de la iglesia, es visible por doquier. 

Las naves se dividen mediante airosos arcos ojivales sostenidos por pilares cruciformes. En la nave central sostienen un interesante artesonado mudéjar de tres paños, probablemente del siglo XV. En cambio, las naves laterales se cubren con bóvedas de colgadizo.

El área del presbiterio está singularizada al cubrirse con una bóveda pétrea de nervadura gótica. Esta diferenciación de sistemas de cubrición fue muy habitual en las iglesias de la época y aún en las de los siglos posteriores.

A los pies de la iglesia, sobre el cancel de entrada, se sitúa un coro alto conformado por una estructura realizada completamente en madera.

Retablo mayor

Se trata de un retablo barroco encargado a Luis de Figueroa en 1629. Cuenta con dos cuerpos y ático, divididos en tres calles. Tiene la particularidad de que está decorado completamente con pinturas y no con esculturas, como suele ser habitual en Sevilla. 

Las pinturas de la calle central están atribuidas a los hermanos Miguel y Francisco Polanco. De abajo a arriba encontramos: “La lapidación del protomártir San Esteban”, “La adoración de los pastores” y un “Cristo crucificado”. 

Las pinturas de las calles laterales son de Francisco de Zurbarán, pintor extremeño que desarrolló su carrera en Sevilla y que es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca en España. En la calle izquierda, de abajo a arriba, se sitúan San Pedro, San Hermenegildo y la Dolorosa. En la calle de la derecha, San Pablo, San Fernando y San Juan Evangelista.

En el banco se ubican otras dos pinturas, de menor tamaño, cuya autoría no está clara. A la izquierda se sitúa “La visión de los animales impuros de San Pedro” y a la derecha “La conversión de San Pablo”.

En el área del presbiterio, se puede destacar también el altar, ya que en su parte frontal se encuentra decorado por un alicatado mudéjar que fue hallado en la iglesia. Presenta decoración geométrica con la clásica “sebka” como motivo.

Haciendo un recorrido por el resto de la iglesia, desde un punto de vista artístico, se pueden destacar los siguientes elementos:

En el muro derecho o de la Epístola:

- A los pies se sitúa un pequeño retablo dedicado a “Santa Ana enseñando a leer a la Virgen”, conjunto anónimo del siglo XIX. En el ático se encuentra una pequeña imagen de vestir de la Virgen del Carmen. 

- Muy cerca se ubica un cuadro del siglo XVII reproduciendo a la Virgen de la Antigua, original del siglo XIV que se conserva en la Catedral. Este tipo de cuadros, hechos en distintas épocas, se encuentran con frecuencia en las iglesias sevillanas, reflejo de la gran devoción popular que despertó siempre la Virgen de la Antigua en la ciudad.

- Retablo de la Virgen de los Desamparados, hermosa dolorosa de vestir realizada en 1923 por Manuel Galiano, que es titular de la Hermandad de San Esteban. El retablo es de estilo neobarroco y fue estrenado en 2022, tallado por Pedro Benítez Carrión y dorado por Enrique Castellanos. 

- Capilla del Cristo de la Salud y Buen Viaje, ubicada en el testero de la nave de la Epístola. Se trata de una pequeña capilla de planta cuadrada, cubierta por bóveda de arista. Un pequeño retablo acoge la imagen del Cristo, que recibe culto en este lugar al menos desde el siglo XVIII. El Señor aparece sentado con los atributos característicos de un Ecce Homo: corona de espinas, manto púrpura y caña como cetro real. La obra está compuesta por un busto original en barro cocido del siglo XVI, al que se añadió el cuerpo en madera policromada en el siglo XVIII. 

En el lado exterior de la capilla se abre una pequeña ventana, por lo que el Cristo se ve desde la calle, circunstancia que está relacionada con la advocación del Cristo. Hay que tener en cuenta que la iglesia se encuentra junto al eje de las calles Águilas y San Esteban, que era la vía más directa para dejar la ciudad en dirección al Este, a Andalucía oriental. Por lo visto, era común que los viajeros se pararan unos instantes a rezar ante el Cristo solicitando su protección en sus desplazamientos. Es por esto por lo que se pensó en “Salud y Buen Viaje” cuando se decidió sobre la advocación de la imagen, al fundarse la hermandad de San Esteban en torno a ella en 1926. 

En la nave del Evangelio (izquierda):

- En el testero de la nave izquierda se sitúa el retablo neobarroco con la imagen de Nuestra Señora de la Luz, una talla de vestir anónima, del siglo XVIII, que es titular de su propia hermandad. En las calles laterales se sitúan San Lorenzo y San Esteban, mientras que en el ático encontramos a “San Miguel matando al dragón”.

- Capilla sacramental, ubicada junto a la nave izquierda o del Evangelio. Se accede a ella a través de una puerta custodiada por una reja de madera de la segunda mitad del XVII. Este tipo de rejas fueron bastante comunes, pero su conservación es obviamente mucho más problemática que en el caso de las metálicas. La entrada está enmarcada por una portada neobarroca, con una hornacina sobre el vano en la que se ubica un lienzo que representa a San Pedro de Ribera, nacido en la feligresía de esta parroquia. Lo realizó el pintor sevillano Alfonso Grosso hacia 1960.

Al interior, la capilla presenta planta cuadrada y está cubierta por una cúpula rebajada, asentada sobre pechinas. Destaca la exuberante decoración pictórica y de yeserías, de estilo similar a las que se pueden encontrar en Santa María la Blanca, por lo que ha relacionado su autoría con los hermanos Borja. También es muy llamativo el espléndido zócalo de azulejos, datado en el siglo XVIII y en el que se disponen unos curiosos motivos geométricos. Se trata de un ejemplar bastante notable en el contexto de la azulejería sevillana.

El retablo de la capilla alberga una Inmaculada en su hornacina central, mientras que podemos encontrar a San José y a San Juan Bautista en las laterales. El retablo y tallas son también del siglo XVII.

En un lateral de la capilla se ubica una pequeña escultura en madera policromada del Sagrado Corazón de Jesús. Al parecer se trata de una obra de juventud de Sebastián Santos Rojas, uno de los más notables imagineros del siglo XX en Sevilla.

- En el muro junto al acceso a la capilla se puede contemplar un lienzo con “La decapitación de San Juan Bautista”, es del siglo XVII y de autor anónimo, aunque se ha señalado su posible procedencia italiana.

- Por último, a los pies de la nave, se encuentra un retablo rococó de hacia 1780 dedicado a San José, que es representado con el Niño en la hornacina central. Lo acompañan San Antonio de Padua y San Bartolomé en las calles laterales, y San Blas en el ático.

CONVENTO DE SAN LEANDRO

El convento de San Leandro es un convento de religiosas agustinas que ocupa un amplio sector del barrio de la Alfalfa, lugar en el que se asientan desde el siglo XIV. Es célebre entre los sevillanos por la labor repostera de sus monjas, que preparan las codiciadas yemas de San Leandro. El conjunto conventual posee un gran número de dependencias, con varios claustros y una estructura muy compleja. Sin embargo, su magnífica iglesia es el único elemento visitable de forma habitual, por lo que nos centraremos en su análisis.

Historia

La orden de los agustinos llegó a Sevilla a finales del siglo XIII e inicialmente se asentaron en unos terrenos extramuros de la ciudad, cercanos a la Puerta de Córdoba. Al parecer, se trataba de una zona bastante insalubre y de gran inseguridad, llegando a ser citada como “Degolladero de Cristianos”. 

Un siglo más tarde, el rey Pedro I facilitó el traslado de la orden a unas dependencias en la actual calle Melgarejos (1367). Pero el nuevo emplazamiento tampoco reunía las condiciones necesarias y desde ahí se trasladaron al lugar que hoy ocupan tan solo unos años más tarde.

El convento contó inicialmente con una iglesia, probablemente un templo gótico mudéjar, pero a finales del siglo XVI se decidió su sustitución y se empezó a construir la actual. Francisco Pacheco, el insigne suegro de Velázquez, afirmaba que el diseño del nuevo edificio correspondió a Juan de Oviedo. Sin embargo, documentalmente solo se ha podido constatar la participación en el proyecto de Asensio de Maeda como arquitecto y de Juan de los Reyes y Juan Miguel, como maestros albañiles.

 

DESCRIPCIÓN

El templo es una clásica “iglesia de cajón”, el tipo más habitual en los conventos sevillanos. Consta de planta rectangular, con una sola nave y coro alto y bajo a los pies. 

 

Exterior

El convento tiene dos portadas al exterior. La primera se ubica en la plaza de San Ildefonso y da acceso a la clausura. Tiene una sencilla forma manierista, con una entrada adintelada enmarcada por pilastras. Estas sostienen un frontón partido con una hornacina en el centro que alberga una pequeña escultura en terracota de San Agustín. Esta es la entrada por la que generalmente se despachan las famosas yemas de San Leandro.

Junto a la portada se ubica desde 2002 una pequeña placa de mármol en la que se lee el fragmento de un poema en prosa de Luis Cernuda. Está extraído de su libro “Ocnos” y parece hacer alusión a este convento: "Por la Galería tras de llamar discretamente al torno del convento, sonaba una voz femenina cascada como una esquila vieja: ‘Deo gratias’ decía. ‘A Dios sean dadas’, respondíamos. Y las yemas de huevo hilado..."

En la cercana Plaza de San Leandro se abre la portada que da acceso a la iglesia a través de su muro izquierdo. Es muy similar a la anterior, pero en este caso el vano es un arco de medio punto y la hornacina superior alberga un corazón en llamas, símbolo de la orden de los agustinos.

Unos metros a la derecha se ubica un retablo cerámico en el que se presenta a Santa Rita de Casia. Esta santa fue en vida una monja italiana de la orden de los agustinos que vivió a finales de la Edad Media. Se la suele representar con una pequeña herida en la frente, ya que según la tradición tenía un estigma que rememoraba la corona de espinas de Cristo y que se le volvía a abrir milagrosamente cada noche. Hoy es una de las santas más populares en el mundo católico y es conocida como intercesora en las causas imposibles.

El azulejo que encontramos en nuestro convento se realizó en la década de 1950 en la fábrica de Santa Ana de Triana, aunque se desconoce su autor.

Interior

Se accede a la iglesia a través de un espléndido cancel ricamente decorado con decoración escultórica del gusto barroco. Al entrar, encontramos que la nave está dividida en cuatro tramos a través de pilastras adosadas a los muros. Entre ellas se ubican los distintos retablos laterales de la iglesia. Un gran arco toral sirve para separar el área del presbiterio en la cabecera, mientras que a los pies, un muro en el que se abre un gran vano enrejado, sirve para separar la zona del coro, reservada a la clausura.

La cubrición de la nave se hace mediante bóveda de cañón con lunetos, divididas en tramos por arcos fajones. El área del presbiterio se cubre por una cúpula semiesférica que es solo visible desde el interior. 

Nave principal dividida en cuatro tramos por arcos fajones y cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Crucero cubierto por una cúpula semiesférica decorada con pinturas geométricas y solo visible desde el interior.

La decoración pictórica en los muros no es muy abundante. La encontramos sobre todo en los muros del presbiterio y en la cúpula, donde se aprecian motivos geométricos muy propios del manierismo. En el centro de cada uno de los tramos de la bóveda se disponen una especie de rosetones a modo de estalactitas. Están enmarcados por unas molduras que también forman curiosos motivos geométricos.

Retablo mayor

El retablo barroco actual se construyó a mediados del siglo XVIII en sustitución de uno anterior realizado en el siglo XVI en estilo manierista. El anterior poseía decoración escultórica de Jerónimo Hernández y, de hecho, se conservan algunos de los antiguos relieves en el actual.

Este se ha atribuido generalmente a Pedro Duque Cornejo y a Felipe Hernández y posee algunas características que lo particularizan. Por ejemplo, es bastante alto en comparación con la mayor parte de retablos sevillanos y está muy compartimentado, hecho que tampoco suele ser común en retablos mayores. Quizás el rasgo más original sea que no está dorado, sino que se halla revestido en tonos claros.

Está dividido horizontalmente en dos cuerpos y ático, que se dividen a su vez verticalmente en tres calles. Para separarlas se utilizan diversos tipos de columnas, como las estípites o las columnas compuestas, todas ellas con los fustes profusamente decorados.

En el primer cuerpo, la hornacina alberga una imagen contemporánea del Sagrado Corazón de Jesús, que al parecer es la primera de este tipo que recibió culto en Sevilla. A ambos lados, dos bellas esculturas representan a Santa Bárbara y a Santa Teresa, que aparece como Doctora de la Iglesia.

La hornacina central del segundo cuerpo alberga al titular del templo, San Leandro. Fue obispo de Sevilla a finales del siglo VI, en tiempos de los visigodos. De hecho, jugó un papel importante en la conversión de estos del arrianismo al catolicismo. Fue hermano del también obispo sevillano San Isidoro, probablemente la personalidad más destacada de este período histórico en la península. 

Dos escenas representadas en relieve ocupan las calles laterales, probablemente obras de Jerónimo Hernández provenientes del retablo anterior. A la izquierda tenemos “La adoración de los Magos” y el “Bautismo de Cristo”, y a la derecha vemos a San Agustín y “La flagelación”.

En el centro del ático se ubica un interesante conjunto escultórico conjunto escultórico,  con San Agustín arrodillado en el centro y, tras él, Cristo, la Virgen y el Espíritu Santo lo observan desde el Cielo. Corona el conjunto, sobre el retablo, una representación de Dios Padre en actitud de bendecir, rodeado de ángeles. En las calles laterales encontramos dos relieves también provenientes del anterior: “La Asunción de la Virgen” y “La Oración en el Huerto”.

Además del retablo mayor, la iglesia posee una serie de retablos que se adosan a los muros laterales, algunos de ellos con un enorme interés artístico.

Retablos del lado derecho:

- Junto al presbiterio, una pequeña capilla alberga un sencillo retablo neoclásico del siglo XIX. Alberga una pequeña imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente de la misma época que el retablo.

- A continuación encontramos el retablo de San Agustín, realizado por Felipe de Ribas hacia 1650. Tiene una estructura muy clásica, similar a la habitual en los retablos de Martínez Montañés, con dos cuerpos, ático y tres calles. En centro del primer cuerpo se ubica San Agustín, con atributos episcopales, ya que fue obispo de Hipona, y sosteniendo la maqueta de una iglesia, que alude a su consideración como uno de los cuatro padres de la Iglesia. A sus lados aparecen Santo Tomás de Villanueva y San Nicolás de Tolentino. En el centro del segundo cuerpo, un relieve representa a San Agustín y Santa Mónica en el puerto de Ostia. En las calles laterales aparecen Santa Clara de Montefalco y Santa Rita de Casia. Finalmente, en el ático encontramos a la Virgen con el Niño flanqueada por las alegorías de la Fe y la Esperanza.

- Retablo de San Juan Evangelista. Se ubica justo enfrente del dedicado a San Juan Bautista, siguiendo una tradición muy habitual en los conventos sevillanos, que solían ubicar enfrentados a ambos lados de la nave los retablos dedicados a los “santos juanes”. Este retablo del Evangelista es una obra de Martínez Montañés y su taller, concluida en 1632. En el centro del primer cuerpo encontramos un magnífico relieve con la representación de San Juan en Patmos, donde el apóstol redactó el Apocalipsis según la tradición. Se considera que este relieve es la única obra personal de Martínez Montañés, siendo el resto del retablo obra de su taller. Sobre él, una pequeña hornacina alberga otro relieve con la representación del martirio de Juan, siguiendo el relato de Tertuliano en su “De praescriptione haereticorum XXXVI”, según el cual el santo fue arrojado a una caldera de aceite hirviendo pero resultó milagrosamente ileso. El relieve es obra de Francisco de Ocampo, que estuvo de aprendiz en el taller de Martínez Montañés. En el centro del segundo cuerpo se sitúa una Virgen con el Niño que tiene la advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo. En las calles laterales la flanquean Santiago el Menor y Santa María Cleofás.

- Retablo de la Virgen de la Consolación y Correa. Se trata de un sencillo retablo neoclásico que alberga en su hornacina central una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Sebastián Santos Rojas en 1932. Esta curiosa advocación, “Consolación y Correa”, está ligada de forma legendaria a la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín. Al parecer, la santa estaba atravesando momentos de gran desconsuelo debido a la vida pecaminosa de su hijo Agustín, a lo que se unió la muerte de su marido. Cierto día estaba absorta en una meditación cuando se la apareció la Virgen, ceñida con una correa, y le dijo: “Mónica, hija mía, este es el traje que vestí cuando estaba con los hombres, después de la muerte de mi hijo. El mismo vestido llevarás tú en señal de tu devoción hacia mí”. La Virgen con esta advocación es considerada hoy la patrona de los agustinos. En dos pequeñas peanas laterales se ubican dos tallas contemporáneas de San Francisco de Paula y San Juan de Sahagún.

Retablos del muro del Evangelio:

- Retablo de Santa Rita de Casia. Se trata de un sencillo retablo neoclásico con una imagen de vestir del siglo XIX como titular. Santa Rita cuenta con una gran popularidad entre los feligreses, vinculada a su consideración popular como abogada en las causas imposibles. En el banco del retablo se ubica una pintura, también del siglo XIX, que representa de nuevo el pasaje de “La Virgen entregando el cíngulo a Santa Mónica”.

- Retablo de San Juan Bautista, contratado a Martínez Montañés en 1621, aunque la mayor parte de las esculturas son obra de su taller y no del maestro personalmente. De nuevo encontramos la clásica estructura de los retablos montañesinos. En la hornacina central del primer cuerpo vemos un espléndido relieve que muestra al Bautista arrodillado y señalando al Cordero de Dios que aparece en la esquina superior derecha sobre una nube. Hace alusión a la célebre frase pronunciada por Juan al ver a Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. De acuerdo con su calidad y características, esta parte del retablo es considerada obra personal de Martínez Montañés. A ambos lados encontramos a la Virgen María y a San José.

Sobre el relieve del Bautista, dos ángeles sostienen la magistral representación de la cabeza del santo, considerada también salida de la gubia del maestro. En el centro del segundo cuerpo encontramos un Bautismo de Cristo, con una composición muy similar a la que podemos encontrar en el retablo con el mismo tema y taller que se encuentra en la iglesia de la Anunciación. A la izquierda se sitúa Santa Isabel y a la derecha su marido Zacarías. En el ático, la cruz de Malta o de la Orden de San Juan de Jerusalén hace referencia a la advocación del retablo.

- Ya junto al presbiterio se sitúa un interesante retablo barroco realizado por José Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII. Acogió durante mucho tiempo la imagen de Santa Rita, pero hoy alberga en su hornacina central una imagen de vestir de la Virgen con el Niño, probablemente también del XVIII. En las calles laterales encontramos a San Antonio de Padua y a San Fernando. Destaca un expresivo y hermoso Jesús Nazareno en el ático, que parece a punto de caer exhausto por el peso de la cruz.

📷   * : Wikimedia Commons  │   º : Leyendas de Sevilla

IGLESIA DE SAN ALBERTO

La iglesia de San Alberto es el templo del convento del mismo nombre, que en la actualidad acoge a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (padres filipenses). Se trata de una iglesia de una sola nave levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero con profundas reformas en los siglos posteriores.

Historia

El convento perteneció originalmente a la orden de los Carmelitas, que fundaron el convento de San Alberto en 1602 como centro de estudios superiores. La iglesia no se consagró hasta 1626 y las obras continuaron algunos años más, con la finalización de la capilla mayor en 1640.

El convento y la iglesia sufrieron considerablemente durante la ocupación francesa (1810-1812), cuando el conjunto fue transformado en un cuartel para las tropas napoleónicas. Se perdió entonces buena parte de su patrimonio artístico.

Tras la guerra, los carmelitas volverían al convento, aunque no sería por mucho tiempo. Tras la Desamortización de Mendizábal (1636) fueron obligados a abandonarlo. Desde ese momento pasó por diversos usos, como sede de la Real Academia de Buenas Letras o colegio de segundas enseñanzas. Finalmente, fue adquirido por los padres filipenses a finales del siglo XIX.

Se inició entonces una disputa con los carmelitas, antiguos titulares del inmueble, que defendían su derecho a volver al mismo. Finalmente, por intermediación del Cardenal Spínola, los carmelitas se asentaron en el antiguo hospital del Buen Suceso, donde permanecen en la actualidad. Para sellar la paz, los filipenses tuvieron que entregarles algunas obras artísticas de especial relevancia que se encontraban originalmente en esta iglesia y que hoy se encuentran en el Buen Suceso. Podemos citar la magnífica “Santa Ana presentando a la Virgen en el Templo”, de Martínez Montañés, o las tallas de “San Alberto” y “Santa Teresa”, de Alonso Cano.

Descripción

La iglesia responde a un modelo tardo-manierista que encontramos en otras ocasiones en Sevilla. Cuenta con planta rectangular y una sola nave, de gran amplitud. Se divide en cinco tramos mediante grandes contrafuertes. Entre ellos se abren una serie de capillas-hornacinas laterales, sobre las que corre una tribuna.

La cubrición se hace mediante bóvedas rebajadas con lunetos y arcos fajones. Especialmente interesante es la cúpula elíptica que cubre el crucero. Se asienta sobre pechinas y en ella se abren ocho óculos que le aportan luminosidad.

El presbiterio se encuentra ligeramente elevado con respecto al resto de la iglesia y a los pies del templo se ubica el coro alto, asentado también sobre una bóveda rebajada con lunetos.

Exterior

El acceso a la iglesia se hace por una sencilla manierista abierta a los pies del muro derecho. Se trata de una obra de líneas muy sencillas que se ha relacionado con el arquitecto Diego López Bueno. Sobre la puerta se ubica un frontón partido con una hornacina en el centro. La escultura representa a San Alberto y fue tallada en 1626 por Alonso Álvares de Albarrán, discípulo de Martínez Montañés. Presenta algún resto de policromía, pero probablemente procede de alguna restauración en el siglo XIX.

En un curioso chaflán al lado izquierdo de la portada se encuentra una capilla abierta con dos cuerpos. El primero y más grande está dedicado a la Virgen del Carmen, mientras que el superior alberga un azulejo de la Virgen del Perpetuo Socorro. A la derecha de la portada encontramos otro retablo cerámico, esta vez reproduciendo la talla de San Felipe Neri que se encuentra en el interior de la iglesia. Lo pintó Fernando Orce para la trianera fábrica de Pedro Navia hacia 1955.

Aunque es difícil de ver desde la fachada, la iglesia cuenta con una torre campanario visible desde las calles aledañas. Presenta la habitual decoración de azulejería de las torres campanario sevillanas y está datada en 1739. Es muy probable que la torre sea anterior y que esta fecha se corresponda a una gran reforma que se tuvo que acometer después de que en 1736 quedara muy dañada al caerle un rayo.

Interior

El retablo mayor es de estilo neoclásico y se hizo en sustitución de uno anterior de estilo barroco destruido durante la ocupación francesa. En su gran hornacina central, se ubica un Crucificado que reproduce al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés. Fue realizado en 1791 por un escultor llamado Ángel Iglesias del que no se conocen otras obras.

A los pies de la Cruz se ubica una Dolorosa de vestir, anónima del siglo XVIII. Es de una calidad notable y se ha señalado que podría ser la primitiva dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, “Iglesias de Sevilla”). 

En las calles laterales se sitúan Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca, interesantes obras de Duque Cornejo (XVIII). En el ático encontramos esculturas anónimas datadas en la misma época que el retablo. En el centro, un conjunto representa “La Apoteosis de San Alberto”, y a los lados se sitúan San Elías y Santa Teresa.

En el área del presbiterio, son también interesantes los ángeles lampareros, realizados en el siglo XVIII por Cayetano de Acosta, uno de los escultores más destacados de esta centuria en Sevilla.

El resto de retablos son neoclásicos, del siglo XIX, y no son de una calidad considerable. Se pueden mencionar algunos de ellos por poseer algún aspecto de interés:

- Retablo de la Virgen de Valvanera. En su hornacina central alberga una interesante imagen de principios del XIX que reproduce a la Virgen de Valvanera, patrona de la Rioja. La flanquean en las calles laterales los beatos Antonio Gassi y Juan de Ávila. En el ático se ubica una pintura con “La Lactación de San Bernardo”, anónimo del XVIII, que refleja la tradición medieval según la cual la Virgen María se apareció al santo para otorgarle el don de la elocuencia dándole de beber su propia leche materna. A ambos lados se ubican dos santos, presumiblemente carmelitas, pero no identificados.

- Retablo de San José. Situado junto al anterior en el lado izquierdo de la iglesia. Lo único reseñable es la talla central que representa a San José con el niño Jesús en los brazos. San José ha sido tradicionalmente una de las devociones predilectas de los carmelitas. Aquí lo encontramos en una talla realizada por el escultor sevillano Cristóbal Ramos hacia 1782. Es de destacar la conmovedora delicadeza con la que San José apoya la mejilla sobre la cabeza del Niño. 

- Retablo de San Antonio. Se ubica en una de las hornacinas del lado del Evangelio (izquierdo). El retablo y la talla central no presentan demasiado interés desde el punto de vista artístico, pero sí que cabe destacar las cinco pinturas que lo decoran. Representan a los Cuatro Evangelistas en las calles laterales y “La Coronación de la Virgen” en el ático.  Históricamente se atribuyeron a Francisco Pacheco, pero hoy se consideran obras de Juan del Castillo de hacia 1632.

- Retablo de San Felipe Neri. Situado en el lado derecho del crucero, enfrente del retablo de la Virgen de Valvanera. Su interés radica en la talla del santo que ocupa la hornacina central. Se trata de una obra de gran calidad que en ocasiones se vinculó a la producción de Pedro Roldán. Hoy en día se la considera más bien una obra de Duque Cornejo, a partir de una atribución hecha por Manuel García Luque, que sitúa su datación a principios del siglo XVIII. 

- Retablo de la Natividad. Se sitúa junto al de San Felipe Neri, en el lado de la Epístola. Destaca sobre todo el conjunto escultórico de la Natividad que se ubica en la hornacina central, datado en el siglo XVIII. A los lados se sitúan San Joaquín y Santa Ana. Ambos parecen del siglo XVII, aunque al parecer no se realizaron de manera conjunta, ya que la figura de san Joaquín es algo menor.

El resto de retablos son interesantes por el valor devocional más que por el artístico. Están dedicados a advocaciones tan populares como el Sagrado Corazón, la Virgen del Perpetuo Socorro o San José.

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS

La iglesia del convento de Santa María de Jesús es la única parte visitable en la actualidad de un conjunto monástico de hermanas clarisas que se encuentra en la calle Águilas desde el siglo XVI. Se trata de una clásica “iglesia de cajón”, tan frecuente en los conventos sevillanos, por lo que cuenta con planta rectangular y una sola nave. 

Historia

El convento de monjas franciscanas de Santa María de Jesús fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal y su mujer, Filipa de Melo, que con el tiempo se convertirían en los primeros condes de Gelves por concesión de Carlos V. Desde su origen ha sido un convento de monjas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara (franciscanas). La construcción de la iglesia actual se acometió a finales del siglo XVI y fue reformada considerablemente a finales del siglo XVII y a mediados del XIX. 

Otro hito importante en la historia de esta iglesia sería la desaparición en 1996 del sevillano Convento de Santa Clara, en la calle Becas. Las pocas monjas que quedaban en la clausura se trasladaron a este convento de Santa María de Jesús, trayendo con ellas algunos de los bienes muebles pertenecientes al antiguo convento.

Exterior

El acceso desde el exterior se hace a través una portada manierista abierta en el muro de la izquierda, en cuyo diseño se sabe que participaron los arquitectos Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira. Se trata de una portada adintelada, enmarcada por pilastras clásicas de estilo jónico y rematada por un frontón partido y curvo. Sobre el centro se abre una hornacina, rematada esta vez por frontón triangular, que acoge una bellísima escultura sedente de la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. En el dintel sobre la puerta, dos ángeles sostienen una inscripción en la que se lee "Sancta María ora pro nobis", en la que "María" se ha sustituido por el símbolo del Ave María (AM). Justo abajo aparece "SE REN. AÑO DE 1695", haciendo referencia a la fecha de una de las reformas más importantes acometidas en el templo.

Unos metros a la derecha de esta portada, se advierte otra que se encuentra hoy cegada y que fue en su día el primitivo acceso a la clausura. En el centro de esta antigua entrada se encuentra en la actualidad un retablo cerámico de San Pancracio que cuenta con gran popularidad entre los sevillanos. Fue realizado en los años 40 del siglo XX por Alfonso Chaves Tejada en la trianera Fábrica de Ramos Rejano.

Interior

En el interior, la nave se cubre por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Unas intrincadas yeserías decoran la base de los arcos fajones, el centro de las bóvedas y el espacio semicircular bajo los lunetos. En esta zona las yeserías enmarcan las ventanas que se abren hacia la calle en el lado del Evangelio y una serie de lienzos provenientes del antiguo convento de Santa Clara en el lado de la Epístola.

A los pies de la iglesia, se encuentran los coros alto y bajo, reservados a la clausura y separados del resto del templo por un muro en el que se abren grandes rejas y dos puertas laterales. 

Un gran arco toral sobre columnas de mármol separa la nave del presbiterio a modo de arco triunfal. En su parte inferior, una pequeña reja hace del presbiterio una zona exclusiva para los oficiantes y las monjas. Se halla cubierto por un espléndido artesonado de ocho paños de estilo mudéjar, datado a finales del siglo XVI. Esta característica es bastante particular de esta iglesia, ya que en general en las iglesias conventuales sevillanas suele ser común cubrir esta área con bóvedas pétreas de estilo gótico. Cuenta con un zócalo de azulejos datados en 1589 y atribuidos al ceramista Alonso García. Los muros se encuentran profusamente decorados con motivos barrocos y angelitos que enmarcan representaciones de arcángeles y alegorías de la vida monástica. Se han datado a finales del siglo XVII y su estado de conservación es bastante deficiente.

El retablo mayor se realizó también a finales del XVII y es de una extraordinaria calidad. Cristóbal de Guadix fue su ensamblador y Pedro Roldán el imaginero, realizando todas las esculturas, con la excepción de la Virgen que ocupa la hornacina central que es posterior. El cuerpo central se divide en tres calles a través de cuatro espléndidas columnas salomónicas. A la izquierda encontramos a San Francisco y, sobre él, un busto de San Miguel. De forma paralela, a la derecha se sitúa Santa Clara y un busto de Santa Catalina. Cabe recordar que San Francisco es obviamente el fundador de la orden que lleva su nombre y Santa Clara la artífice de su rama femenina.

La calle central la ocupa casi en su totalidad una amplia hornacina que alberga una preciosa imagen sedente de la Virgen cambiándole los pañales al Niño Jesús. Aunque carece de documentación fehaciente, esta imagen se ha venido atribuyendo a Luisa Roldán, la Roldana, atendiendo a sus características estilísticas. Sobre la hornacina, un pequeño templete alberga una representación de la Eucaristía.

En el centro del ático, un alto relieve representa la Natividad de la Virgen, enmarcado en unas curiosas formas arquitectónicas que enfatizan la sensación de profundidad de la composición. A ambos lados, las figuras de los "Santos Juanes", San Juan Bautista y San Juan Evangelista, siempre presentes en las iglesias conventuales sevillanas.

También dentro del presbiterio, a la derecha, se encuentra un pequeño retablo, enmarcado por columnas salomónicas, dedicado al Jesús del Perdón. Se trata de una representación de Jesús con la Cruz a cuestas, del siglo XVII y de talla completa, algo bastante inusual en los nazarenos sevillanos. No está documentada su autoría pero se ha atribuido en ocasiones al propio Juan de Mesa, autor del Gran Poder. En el ático del retablo encontramos un relieve en el que se representa al papa Honorio III entregando a San Francisco las Reglas de la Orden.

A pesar de que el templo no cuenta con capillas laterales, varios retablos se adosan a sus muros a modo de pequeños altares. En el lado del Evangelio, encontramos dos datados a finales del siglo XVII y también atribuidos a Cristóbal de Guadix. Están dedicados respectivamente a Santa Ana, que aparece en la tradicional actitud de enseñar a leer a la Virgen, y a San Andrés, sosteniendo la cruz en forma de aspa en la que fue martirizado. 

En el muro de enfrente, el primer retablo está dedicado a San Antonio y es de similar cronología y características a los anteriores. Algo más tardío parece ser el siguiente retablo, dedicado a la Inmaculada, que se halla presidido por una preciosa talla del siglo XVIII que ha sido atribuida tanto a Duque Cornejo como a Luisa Roldán.

El siguiente retablo, justo frente a la entrada, es del siglo XX y alberga una imagen también moderna de San Pancracio. Probablemente sea la imagen de menor valor artístico de la iglesia pero una de las que más fervor popular despierta, ya que la religiosidad popular le ha venido atribuyendo a San Pancracio la capacidad de mediar efectivamente sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral y económico.

Finalmente, junto al coro bajo, se ubica el retablo más antiguo del templo. De estilo renacentista, se ha datado en 1587 y es obra de Asensio de Maeda y Juan de Oviedo. En el cuerpo central, enmarcado por dos columnas jónicas, se encuentra el relieve de Jesús camino del Calvario, que presenta la particularidad de que la Cruz es sostenida de una forma distinta a la habitual, abrazando Cristo el tramo más largo, al igual que lo hace Nuestro Padre Jesús de la Hermandad del Silencio. En el ático se ubica otro relieve representando a Dios Padre, probablemente también de finales del siglo XVI, y en el banco encontramos una pintura con las "Ánimas del Purgatorio", ya del siglo XVIII. 

En el centro del muro que separa la nave de los coros alto y bajo, se encuentra un Cristo Crucificado del siglo XVII proveniente del exclaustrado Convento de Santa Clara. Se haya en el centro de un curioso dosel en el que se distinguen los emblemas de San Francisco y Santa Clara (franciscanos). A ambos lados se ubican dos lienzos también del siglo XVII con "Los mártires franciscanos de Japón" y "La Fundación de la Orden Tercera por San Francisco". En ambos se observan cartelas con descripciones en su parte inferior, con lo que queda claro su finalidad didáctica.

* Repositorio Gráfico del IAPH : https://repositorio.iaph.es/

IGLESIA DE SAN ISIDORO

La iglesia de San Isidoro es una de las parroquias medievales de Sevilla. Varios autores muy posteriores a su fundación hablan de que se edificó sobre el lugar que habría ocupado la casa de la familia de San Isidoro durante el período visigodo. Como es natural, no se ha podido constatar absolutamente nada sobre estas afirmaciones.

Historia

Sí que sabemos que su construcción debió iniciarse ya en el primer tercio del siglo XIV, ya que la portada del lado de la Epístola está estrechamente ligada a la del lado del Evangelio de Santa Ana de Triana, de la que sí está documentada la cronología. De esta forma, ambas se encontrarían entre las más antiguas iglesias de la ciudad. Además, la zona urbana en la que se encuentra es la más elevada con respecto al río y, por lo tanto, la de más antiguo poblamiento. En sus cercanías se ha querido localizar tradicionalmente el foro de la Híspalis romana, aunque es cierto que sin base arqueológica alguna.

Desde la conquista cristiana, en esta zona se asentarán familias acaudaladas de la ciudad y en ella se acomodarán comerciantes de los más diversos orígenes a partir del siglo XVI. De esta forma, San Isidoro será una parroquia "rica" y esto tiene un reflejo inevitable en la arquitectura y ornamento del templo.

El edificio original del siglo XIV se vio notablemente alterado entre los siglos XVI y XVII, principalmente en la zona del presbiterio. También en el siglo XVIII se abordarían reformas, como la construcción de las capillas del lado izquierdo.

Tal y como ha llegado hasta nosotros, San  Isidoro es una iglesia de planta rectangular con tres naves, crucero, coro a los pies y capillas laterales, que son dispares en su tamaño, estilo y disposición.

Exterior

Al exterior, el templo presenta tres portadas. La situada a los pies es muy sencilla, de estilo mudéjar. Consta de un arco levemente apuntado enmarcado por alfiz. Al parecer, el arco fue inicialmente de herradura y se "simplificó" adoptando la fisonomía actual en algún momento entre el siglo XVI y el XVIII.

La puerta que se abre hacia el lado izquierdo es la más reciente, añadida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Es adintelada, con dos pilastras sosteniendo un sencillo entablamento. Junto a ella, encontramos el fragmento de fachada de más riqueza ornamental en esta iglesia. Se trata de la parte exterior de la capilla sacramental, añadida como decíamos en el siglo XVIII, que de alguna manera funciona como una fachada separada. Está hecha en ladrillo visto, con un estilo barroco de líneas muy clásicas, y destaca por su color rojizo distinto al resto del templo. Se encuentra rematada por un frontón triangular y en el centro del muro se sitúa un medallón lobulado con una escena alegórica de la “Adoración del Santo Sacramento”.

Justo en el otro extremo, en el lado de la Epístola, se abre la otra portada, fechada en el siglo XIV. Presenta las formas clásicas de las portadas gótico-mudéjares sevillanas. Consta de un arco apuntado con arquivoltas, estando decoradas con motivos geométricos las dos más exteriores de la parte superior: una con dientes de sierra y otra con puntas de diamante. Se halla enmarcada por un doble alfiz, el primero triangular y uno más amplio cuadrado. 

En el vértice del alfiz triangular encontramos esculpida una estrella de David o de Salomón, vinculada históricamente a la religión hebraica. Es la única iglesia sevillana en la que podemos ver este elemento, que ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. Sin embargo, lo cierto es que esta estrella de seis puntas es un símbolo que aparece con bastante frecuencia en edificios religiosos medievales, al parecer como un elemento de protección. En un artículo sobre esta portada, Rafael Cómez nos dice que "con sentido talismánico y de conjuro a las fuerzas del mal debió realizarse la estrella de seis puntas, inscrita en un circulo, que se nos muestra sobre la portada de la nave de la Epístola".

Sobre esta puerta se dispuso mucho más tarde, y ya en estilo barroco, una torre campanario, que conserva los azulejos del siglo XVIII en los que se representa a San Isidoro y San Leandro.

Interior

Al interior, las naves se dividen por arcos apuntados de ladrillo que apoyan sobre pilares cruciformes. Las cubiertas son artesonados de madera de estilo mudéjar, con forma de artesa la central y de colgadizo las laterales. Como excepción, el crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas en su centro y con bóvedas de cañón en cada uno de sus lados.

El retablo mayor está formado principalmente por un excelente lienzo que representa el "Tránsito de San Isidoro", obra de Juan de Roelas de 1613. El marco-retablo que lo acoge es posterior; fue realizado hacia 1752 por Felipe del Castillo. Las pinturas de las bóvedas son de mediados del XVIII y se han relacionado con la obra de Juan de Espinal. Representan arquitecturas fingidas en las que se enmarcan San Fernando y San Hermenegildo.

A la izquierda de la capilla mayor, en la cabecera de la nave del Evangelio, se sitúa la capilla de los Maestres, que posee un interesante zócalo de azulejos original del siglo XVII. Un retablo neoclásico del siglo XIX alberga la imagen del Cristo de la Sangre, una conmovedora talla gótica de mediados del siglo XIV. Se trata del Crucificado más antiguo de los conservados en Sevilla, comparable solo al Cristo del Millón de la Catedral.

Justo al otro lado del altar mayor, en la cabecera de la nave de la Epístola, se ubica la capilla de los Villampando, de principios del siglo XVII, fecha en la que se elaboran los zócalos de azulejo y la reja que la cierra. Está presidida por un retablo barroco dedicado a San Alberto.

En el muro de esta misma nave se ubica otro retablo barroco, esta vez de mediados del siglo XVIII. En su centro, una imagen de San José de la misma época, obra de José Montes de Oca.

En este lado derecho la iglesia cuenta con una sola capilla, dedicada a la Virgen de la Salud. Es la de estilo más claramente mudéjar. Presenta una bóveda semiesférica, decorada con motivos geométricos y asentada sobre trompas. La imagen de la Virgen se ha datado a principios del siglo XVI, con un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. Es de talla completa, aunque generalmente se la presenta vestida al modo barroco.

Al otro lado de la iglesia, en la nave del Evangelio, junto a la entrada se ubica la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, imagen titular de la hermandad con sede en esta iglesia que procesiona cada Viernes Santo. El Cristo es una talla de Alonso Martínez de hacia 1667. La Virgen de Loreto es la imagen que lo acompaña en esta capilla y en su salida procesional. Se trata de una dolorosa de vestir anónima del siglo XVIII, aunque profundamente reformada por Sebastián Santos a mediados del XX. Aunque no se encuentra en esta capilla, la hermandad posee otra imagen de gran valor. Se trata del Cirineo que ayuda a Jesús con la cruz sobre su paso. Se trata de una magnífica talla de 1687 de Francisco Antonio  Gijón, nombre ilustre en la historia del arte sevillano, ligado para siempre al sobrecogedor "Cachorro" de Triana. El Cirineo de San Isidoro está considerado una de las mejores tallas "secundarias" de la Semana Santa en la ciudad y generalmente se ubica en la nave de la Epístola, cercano a la entrada.

La capilla más destacada de la iglesia, y una de las más señeras en el barroco sevillano, es la capilla sacramental. Tiene su origen en el siglo XVI, fecha en la que se data la reja que la cierra, aunque tal y como ha llegado hasta nosotros es una obra del siglo XVIII. 

Sobre el acceso a la capilla se ubica un lienzo con la "Alegoría de la Eucaristía", una interesante obr atribuida a Lucas Valdés. Ya en el interior, los muros se visten con una serie de lienzos, principalmente de temática relacionada con la Eucaristía, como "El Traslado del Arca de la Alianza" o "La Entrega de los Panes de la Propiciación", obras vinculadas también al estilo de Lucas Valdés.

Las cornisas y parte superior de los muros presentan una profusa decoración de yeserías, que reproducen motivos vegetales y arquitectónicos, como columnas salomónicas. 

Pero el elemento que más llama la atención en la capilla es su espectacular retablo, una de las muestras más exhuberantes de la retablística sevillana. Es una obra de Jerónimo Balbás y Pedro Duque Cornejo, realizada a principios del siglo XVIII por encargo de Juan Bautista Melcampo, un comerciante de origen flamenco enterrado en la misma capilla. La profusión decorativa es tal, que es difícil distinguir la estructura arquitectónica. Innumerables ángeles niños y jóvenes se entremezclan con motivos vegetales, guirnaldas, estípites y columnas salomónicas en un abigarrado y deslumbrante conjunto.

En la hornacina central se venera a la Virgen de las Nieves, una imagen sedente que reproduce el esquema de las Vírgenes "fernandinas", como la de los Reyes de la Catedral o la de las Aguas de El Salvador. Sin embargo, parece que la de San Isidoro es más tardía, al menos ya del siglo XVI. A ambos lados se encuentran San Sebastián y San Roque.

En el centro del segundo cuerpo del retablo se ubica un Niño Jesús de estilo "montañesino". A sus lados, Santo Tomás de Aquino y San Ignacio de Loyola, y sobre él se asoma desde un medallón la figura de Dios Padre en actitud de bendecir.

HOSPITAL DE LA CARIDAD

El Hospital de la Caridad es la sede de la hermandad de la Santa Caridad, que tiene como finalidad la asistencia de personas enfermas y con pocos recursos. Fue fundada en el siglo XV y aún hoy realizan una valiosa labor asistencial en Sevilla. El conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nosotros está datado en su mayor parte en el siglo XVII.

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HISTORIA

En sus orígenes, la hermandad se dedicó principalmente a costear el enterramiento de ajusticiados y ahogados en el río, funciones que se fueron ampliando con el paso del tiempo, cada vez más enfocadas a la asistencia de enfermos sin recursos. En el siglo XVI se sabe que tenían su sede en una pequeña capilla dedicada a San Jorge, que se encontraba en el mismo emplazamiento que el templo actual.

Se trata de un espacio que era parte de las antiguas Atarazanas Reales de Sevilla, una inmensa superficie de diecisiete naves dedicada desde el siglo XIII a la construcción, reparación y almacenamiento de navíos. 

A mediados del siglo XVII se decide la sustitución de la primitiva capilla por una nueva iglesia y la construcción anexa de un gran hospital para la asistencia de los enfermos. Para ello se les cedió el espacio de tres de las naves de las antiguas atarazanas.

Las obras se iniciaron en 1645 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete y recibieron un impulso notable al entrar en la hermandad Miguel de Mañara, que sería elegido hermano mayor en 1663. 

Mañara era un acaudalado comerciante sevillano que encontró en la Santa Caridad un sentido para su vida tras la muerte de su esposa. Diversos testimonios de la época, incluyendo alguna referencia de él mismo, hablan de que habría llevado una vida muy desordenada en su juventud, por lo que desde el siglo XIX se le ha vinculado con la figura de Don Juan Tenorio, el arquetipo literario más universal de entre los surgidos en Sevilla. La tradición ha querido ver en Miguel de Mañara el personaje en el que se basa el Tenorio, aunque en la actualidad sabemos que ni los hechos de su biografía ni la cronología permiten sustentar esta afirmación.

Lo que sí es cierto, es que su llegada a la dirección de la hermandad supuso un gran impulso para esta, logrando atraer grandes sumas de dinero donadas por las familias mejor situadas de la ciudad, entre las que Mañara estaba acostumbrado a moverse. 

El conjunto del Hospital consta de dos enormes salas alargadas para la asistencia a los enfermos, de más de 40 metros de largo, que discurren perpendiculares a la calle Temprado. Ante ellas, se abre un patio rectangular porticado, dividido en dos por una galería en el centro. A la izquierda, y también perpendicular a la calle, se ubica la iglesia, de una sola nave. Tiene su fachada principal a los pies y un acceso lateral desde el patio.

HOSPITAL

Al exterior, la única parte que presenta decoración es la que se corresponde con la iglesia. El resto de la fachada es de una gran austeridad, sin apenas decoración, con la excepción de las dos pilastras que flanquean la puerta principal y que sostienen el saliente de un pequeño balcón.

Tras un pequeño vestíbulo, se accede al primero de los dos patios, separados solo por el pasaje sostenido por galería de columnas que hemos mencionado. Con toda probabilidad fueron diseñados por el gran arquitecto del barroco sevillano, Leonardo de Figueroa, del que consta que fue maestro de obras de la Caridad desde 1679.

Ambos se encuentran porticados en tres de sus lados, con la excepción del que da a las grandes naves del hospital. Lo hacen mediante arcos de medio punto sostenidos por columnas toscanas de mármol en el primero piso. El segundo piso está cerrado, aunque unos grandes ventanales protegidos con un pequeño balcón se abren al patio coincidiendo en su ubicación con los arcos de la planta baja.

En el centro de cada patio encontramos dos fuentes monumentales con representaciones alegóricas de la Fe y de la Caridad. Fueron realizadas en Génova y está documentado su encargo para este hospital en 1682. 

En los muros del patio se puede admirar un conjunto de siete paneles de azulejos en tonos azules sobre blanco que representan diversas escenas del antiguo y nuevo testamento. Fueron realizados en Holanda, probablemente en Delft, a finales del siglo XVII y llegaron al hospital como una donación del convento de los Descalzos de Cádiz.

IGLESIA DE SAN JORGE

Fachada

El templo del hospital mantuvo la advocación de San Jorge, a la que estaba dedicada la primitiva capilla en torno a la que se fundó la hermandad. Su fachada destaca de la del resto del hospital por su altura y riqueza decorativa, a pesar de su relativa sencillez, sobre todo en comparación con la exhuberancia decorativa que veremos en el interior.

Se dispone siguiendo la lógica de un retablo, articulada en dos niveles y los elementos arquitectónicos, como las pilastras y los frontones, constituyen el elemento decorativo principal. A pesar de sus líneas clásicas, es una fachada de gran originalidad, conseguida mediante la combinación de las superficies blancas y ocres, entre las que se disponen cinco paneles cerámicos en tonos azules y blancos.

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En el primer cuerpo, la puerta de acceso se enmarca por dos pares de columnas adosadas que sostienen un entablamento con frontón curvo partido. Entre cada par de columnas se ubican las figuras en barro cocido de San Fernando y San Hermenegildo, los dos santos tradicionalmente considerados "patronos" de la Corona española.

En el segundo nivel, un balcón enmarcado por pilastras corintias se abre en el centro del frontón partido del primer piso. Sobre él, una hornacina acoge el panel cerámico central, con una representación alegórica de la Caridad.

A cada uno de los lados se sitúan otros dos paneles cerámicos, rematados con frontón curvo los inferiores y con frontón recto los superiores. En el primer nivel se representan "San Miguel contra el dragón" y "Santiago abatiendo sarracenos". San Jorge es el patrón del hospital en recuerdo de la capilla en torno a la que se fundó y Santiago es el patrón de España. Se disponen aquí simbolizando a santos que "luchan ante las fuerzas del mal para imponer la fe cristiana". Sobre ellos, los paneles cerámicos de la Fe y la Esperanza, que con el de la Caridad que mencionábamos antes completan las tres virtudes teologales. Tradicionalmente se ha atribuido a Murillo el diseño de los cinco paneles cerámicos, aunque por sus características formales no parece que esta afirmación tenga fundamento histórico.

La fachada se remata por un ático central con frontón recto y dos pináculos de ladrillo laterales. Estas formas son bastante comunes en el barroco sevillano y su similitud con realizaciones de Leonardo de Figueroa ha hecho atribuirle al menos la culminación de la fachada.

Anexa a la cabecera del lado izquierdo de la iglesia existe una pequeña torre campanario, poco visible dada su ubicación. Se construyó en 1721 bajo la dirección de Leonardo de Figueroa. En ella se repiten, a menor escala, los elementos arquitectónicos descritos en la fachada del templo. Llama la atención el original chapitel, abundante en decoración escultórica y cerámica a pesar de sus reducidas dimensiones. 

Interior

La iglesia tiene una planta muy sencilla, rectangular, con una sola nave y cabecera plana. Se halla cubierta por bóveda de cañón, excepto en el espacio central anterior al presbiterio, que se cubre con una bóveda semiesférica sobre pechinas, tan ancha como la propia nave. A los pies se sitúa un coro alto, sustentado por tres arcos sobre columnas de mármol toscanas, de medio punto los laterales y rebajado y más amplio el central.

El acceso principal se ubica a los pies y al entrar en la iglesia nos percatamos de que estamos ante uno de los conjuntos más excepcionales de la historia del arte en la ciudad. No se trata solo de una colección de obras singulares de gran mérito, sino que entre todas forman un discurso homogéneo y perfectamente coherente con el mundo del Barroco en el que fue creado. 

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Programa iconográfico: las obras de misericordia como camino a la salvación

El programa iconográfico fue diseñado por Miguel de Mañara, con el objetivo de transmitir la idea de la fugacidad de la vida y lo irrelevante de los logros y posesiones materiales llegado el último momento. Nos viene a decir que todos estamos abocados al mismo final y solo la práctica de las virtudes cristianas, entre ellas la caridad, garantiza la salvación del alma. Se buscaba así remover la conciencia de cualquiera que se adentrara en la iglesia y promover las donaciones a través del temor a la condenación eterna.

El discurso empieza con los dos lienzos que se encuentran a ambos lados nada más entrar en el templo, sobre sendas puertas de acceso a dependencias laterales. Se trata de dos obras de Juan Valdés Leal de 1672 que tienen por tema central la muerte. Son de una calidad tal, que no es descabellado definirlas como las mejores obras con este tema en toda la historia del arte universal.

La primera se titula "In ictu oculi", que se podría traducir como "en un abrir y cerrar de ojos". Muestra un esqueleto que sostiene una guadaña en una mano mientras que con la otra apaga la llama de una vela, simbolizando que es necesario solo un instante para pasar de la vida a la muerte. Junto a él, se amontonan una serie de símbolos de la gloria terrenal: lujosas vestimentas, una corona real, una tiara papal, vistosos libros, cetros, armaduras... Nada de todo eso importa llegado el momento final, la muerte se lleva sin miramientos tanto a un sumo pontífice como a un humilde campesino.

El segundo cuadro, ubicado justo enfrente, tiene por título "Finis Gloriae Mundi" ("El final de la gloria del mundo"), tal y como puede leerse en una cartela de tela que aparece en primer plano. Se ambienta en el interior de un sepulcro y vemos los cadáveres descompuestos de un obispo y de un caballero de la Orden de Calatrava. A pesar del deterioro, ambos ostentan sus más ricas vestiduras. Desde la parte superior, emerge el brazo de Cristo, reconocible por el estigma en la palma de la mano, sosteniendo una balanza con dos platos. En uno de ellos se lee "NI MAS" y sobre él se posan los símbolos de los pecados capitales. En el otro se lee "NI MENOS" y sostiene los símbolos de las virtudes cristianas. El mensaje es claro, llegado el momento final de nada sirven los títulos, honores o posesiones materiales, solo las buenas y malas acciones serán tenidas en cuenta. Se incentiva así a hacer todo lo posible para que, llegado ese momento, el plato de las virtudes pese más que el de los pecados.

El siguiente hito de esta narración consiste en mostrar el camino a la salvación a través de las obras de misericordia, que nos permiten ejercer la caridad ayudando al prójimo. La doctrina católica define siete obras de misericordia “corporales” y se encargó a Murillo la realización de seis lienzos para representar las seis primeras. Esto es debido a que la séptima, “enterrar a los difuntos”, quedaría representada por el retablo mayor del que hablaremos más tarde.

Hoy las podemos contemplar a ambos lados, en la parte superior de los muros de la nave y del ante-presbiterio. Sin embargo, las cuatro obras originales que se encontraban más cercanas a la entrada fueron sustraídas en 1810 durante la ocupación napoleónica de la ciudad y en la actualidad se hallan repartidas por diversos museos del mundo. De hecho, la talla de los museos en los que se encuentran es un buen indicativo de la calidad artística del conjunto original. Hoy se encuentran dispersas entre la National Gallery de Londres, el Museo de Ottawa, la National Gallery de Washington y el Museo del Ermitage en San Petersburgo.

Desde 2007 se pueden contemplar en la iglesia una serie de copias fidedignas realizadas a mano. En el muro de la derecha se sitúan "La curación del paralítico", que alude a la práctica de atender a los enfermos, y "San Pedro liberado por el ángel", que hace referencia a la obligación de redimir al cautivo. Justo enfrente, en el muro de la izquierda, encontramos "El regreso del hijo pródigo", en referencia al mandato de vestir al desnudo, y "Abraham y los tres ángeles", que alude a la obligación de dar posada al peregrino.

El ciclo dedicado a las obras de misericordia continúa con los dos grandes lienzos situados en la parte superior de los muros del ante-presbiterio. Afortunadamente, en este caso sí que estamos ante los originales de Murillo. A la izquierda vemos a "Moisés haciendo brotar el agua de la Roca", que hace alusión a la obligación de dar de beber al sediento. Justo enfrente, se representa "La multiplicación de los panes y los peces", en referencia al mandato de dar de comer al hambriento.

Retablo mayor

Como decíamos, la séptima obra de misericordia, "enterrar a los difuntos", está representada en la iglesia por la escena central del retablo mayor. Se trata de un conjunto realizado por Bernardo Simón de Pineda entre 1670 y 1674, conformando uno de los retablos más sobresalientes de todo el Barroco español. 

Se articula en tres calles delimitadas por cuatro hermosas columnas salomónicas. Toda la central está ocupada por la escena del "Santo Entierro de Cristo", realizada por Pedro Roldán, que ejecuta aquí una de las obras más logradas de su dilatada carrera. Logra transmitir a través de los gestos y posturas de los personajes una gran armonía compositiva que no resta dramatismo a la escena representada. En segundo plano, y en bajo relieve, dispone un tenebroso monte Calvario, que de forma muy efectista transmite la sensación de profundidad y unidad compositiva de todo el conjunto.

En las calles laterales se sitúan San Jorge y San Roque y en el ático aparecen las alegorías de las tres virtudes teologales, de izquierda a derecha: fe, caridad y esperanza. Todo el retablo aparece salpicado por una gran número de querubines, ángeles niños y jóvenes, algunas veces actuando como cariátides, que contribuyen a enfatizar las sensaciones de dinamismo y exuberancia decorativa. Coronando todo el conjunto, un grupo de cuatro ángeles sostienen una cartela con el nombre de Dios en hebreo.

Otros retablos y lienzos

Como decíamos, la iglesia del Hospital de la Caridad se distingue por la alta calidad de sus retablos y pinturas. Los cuatro retablos laterales de la iglesia, al igual que el retablo mayor, son obra de Bernardo Simón de Pineda, escultor antequerano que está entre los mejores retablistas del siglo XVII en Sevilla. Los lienzos más destacados son, al igual que los ya mencionados sobre las obras de misericordia, obra del genial Murillo, que realizó para esta iglesia uno de sus conjuntos pictóricos más sobresalientes.

En el muro izquierdo, empezando desde la entrada, se sitúa el lienzo de "San Juan de Dios transportando un enfermo", obra de Murillo de hacia 1662. Se trata de un bellísimo lienzo que muestra a un ángel ayudando al santo en su labor de asistencia a los enfermos, en un tema íntimamente ligado a la función del hospital.

A continuación se ubica un retablo que enmarca el lienzo de "La Anunciación", obra también magistral de Murillo fechada hacia 1670.

Entre la nave y el ante-presbiterio se ubica un púlpito de hierro y madera que destaca por su bello diseño. Culminándolo aparece una alegoría de la Caridad de Pedro Roldán y sujetando la escalera se representa un curioso animal monstruoso. Se trata de una representación del mal vencido esculpida por Bernardo Simón de Pineda.

A continuación, ya en el ante-presbiterio, se ubica el retablo de la Virgen de la Caridad, presidido por una imagen anónima de la Virgen con el Niño datada a principios del siglo XVI, en la que todavía son apreciables ciertos rasgos del gótico final. En el ático, se ubica un pequeño lienzo de Murillo con el "Salvador Niño", de hacia 1671, que ha sido calificado como uno de los más bellos prototipos infantiles de su producción.

En el muro derecho, empezando de nuevo desde los pies de la iglesia, encontramos una bella composición de Murillo que representa a "Santa Isabel de Hungría cuidando a los tiñosos". Está fechado en 1672 y hace alusión a la segunda obligación de la hermandad, después de la de enterrar a los muertos, que era la de atender a los enfermos.

A continuación encontramos el pequeño relieve del Ecce Homo, realizado en barro cocido por los granadinos hermanos García a principios del siglo XVII.

El siguiente retablo es el del Cristo de la Caridad, presidido por una obra de Pedro Roldán que muestra a Cristo arrodillado, con la mirada hacia el cielo, orando en los momentos previos a la Crucifixión. Destaca por el conmovedor rostro, uno de los más logrados en la carrera del escultor.

Ya en el ante-presbiterio, se sitúa el retablo de San José, con una imagen del santo tallada por Cristóbal Ramos en 1782. La diferencia cronológica con el retablo, que es un siglo anterior, y el pequeño tamaño de la escultura con respecto a la hornacina, evidencian que no es la obra originalmente pensada para este lugar. Históricamente ocupó este retablo una hermosa talla de San José del siglo XVII del círculo de Pedro Roldán, que en la actualidad se encuentra en una de las dependencias del Hospital, la llamada Sala de San José. 

En el ático se puede admirar otra de las joyas que Murillo dejó en est iglesia, un pequeño lienzo de "San Juan Bautista Niño", de una extraordinaria y tierna belleza.

Pinturas al temple en la cúpula y los muros

Juan Valdés Leal se encargó entre 1678 y 1682 de la decoración pictórica de la parte alta de los muros y la cúpula del antepresbiterio. 

Bajo los arcos que sostienen la cúpula, flanqueando las ventanas, se encuentran representados cuatro santos "limosneros", cuya santidad se deriva de su asistencia a los pobres: San Martín, Santo Tomás de Villanueva, San Julián y San Juan Limosnero. En las pechinas se representan los cuatro Evangelistas y en los gallones de la cúpula se reparten ocho hermosos ángeles portando símbolos de la Pasión de Cristo.

Si elevamos la mirada al salir de la iglesia podemos admirar una última obra maestra de esta iglesia. Se trata de la pintura al temple con "La exaltación de la Cruz" que realizó Valdés Leal en 1685 en el muro semicircular bajo la bóveda, justo sobre el coro alto. Su mensaje viene a completar el discurso iconográfico que hemos ido observando en la iglesia. La idea central es la afirmación derivada del Evangelio de que ningún rico entrará por la puerta del reino de los cielos. La explicación del episodio representado es bastante compleja. Se basa en un pasaje de la Leyenda Dorada que Enrique Valdivieso describe así en la "Guía de la Santa Caridad":

...narra el momento en el que el emperador de Bizancio, Heraclio, después de haber rescatado la Cruz de Cristo que el monarca persa Cosroes había robado de Jerusalén, se presenta delante de las puertas de esta ciudad con la intención de entrar triunfalmente en ella. En ese instante se produjeron varios prodigios advirtiéndose primero que de la muralla y de las puertas de la ciudad comenzaron a desprenderse gruesos bloques de piedra, interrumpiendo el paso del cortejo. También en ese momento un ángel se apareció al emperador Heraclio y a su séquito, indicándole que por aquella puerta había entrado Cristo a Jerusalén montando en una borriquilla y acompañado de su humilde cortejo de Apóstoles, y que él no podía hacer ostentación entrando con su corte imperial revestida de lujosas galas.

El mensaje claro y directo del ángel fue inmediatamente entendido por el emperador Heraclio y por ello procedió a despojarse de sus vestiduras, gesto que imitó todo su cortejo, que se dispuso a entrar en la ciudad con modestia en su atavío y recogimiento interior; de esta manera lograron entrar en Jerusalén y devolver la Cruz de Cristo. El argumento de esta historia, reflejado en la pintura, viene a señalar que de la misma manera que Heraclio no puedo entrar en la ciudad revestido de su pompa y boato, tampoco nadie entrará con sus riquezas en el Paraíso.

SANTA MARÍA LA BLANCA

La iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio de San Bartolomé, es una preciosa joya del barroco sevillano. Se sabe que en este mismo lugar se asentó una mezquita durante el período islámico y algunos autores han señalado que esta mezquita pudo construirse a su vez sobre una iglesia cristiana previa de época visigoda. De este primitivo templo visigodo provendrían las columnas que hoy enmarcan la pequeña portada lateral de la iglesia hace la calle Archeros, aunque esta posibilidad no ha podido ser constatada arqueológicamente.

Lo que sí se sabe con certeza es que la mezquita fue transformada en sinagoga tras la conquista cristiana de la ciudad. Por orden de Alfonso X se constituyó una judería en esta zona de la ciudad, que ocupaba aproximadamente el área de los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. En Santa María Blanca se encontraría una de las tres o cuatro sinagogas principales de la judería.

Durante mucho tiempo se pensó que el templo actual fue levantado por completo en el siglo XVII, sin que se conservara nada de la fábrica anterior. Sin embargo, diversos trabajos arqueológicos y de restauración en el edificio en las últimas décadas han desmentido esta afirmación. Al parecer, aunque la reforma barroca de la que hemos hablado enmascaró por completo cualquier aspecto decorativo del primitivo templo, lo cierto es que la planta de la actual iglesia y la de la sinagoga sobre la que se asienta coinciden en lo esencial. Y al parecer también corresponden a la obra primitiva buena parte de los muros y los arcos de la actual iglesia, aunque intensamente alterados en su estética por la reforma barroca. Así lo explica el arquitecto Óscar Gil Delgado en “Una sinagoga desvelada en Sevilla: estudio arquitectónico” (2011):

“Estas prescripciones implican claramente que no se demolieron los muros de las naves de la iglesia y que, por ese motivo, se encuentran hoy los arcos ciegos mudéjares en la coronación de dichos muros. Sobre las nuevas columnas de «jaspe colorado» no se voltearon nuevos arcos, simplemente se apearon los arcos de la nave central, se retiraron las columnas antiguas, que no tenían relación estilística con la obra nueva, y se colocaron las nuevas. Con toda seguridad los arcos de la nave son los mismos antiguos de la sinagoga «mudéjar», recortados, redondeados y revestidos con molduras de yeso, según el nuevo gusto”.

La sinagoga se transformaría en iglesia cristiana a finales del siglo XIV, tras el violento asalto a la judería de 1391. Sería en esta época cuando se añadiría la portada gótica por la que aún se accede en la actualidad. Sin embargo, la iglesia que ha llegado hasta nosotros responde en su mayor parte al proyecto para su remodelación impulsado por el canónigo Justino de Neve. Las obras se iniciaron en 1662 bajo la dirección de Pedro Sánchez Falconete, que que abordó la remodelación completa de la que resultó el templo barroco que podemos contemplar hoy. 

Se trata de una iglesia de tres naves divididas por diez columnas toscanas que soportan arcos formeros de medio punto. A ella se accede por una entrada torre que se abre a los pies de la nave central y cuenta con una planta rectangular. Esta se ve alterada por un testero sobresaliente, en el que se sitúa el altar mayor, y por tres capillas laterales: la bautismal a los pies del templo, la sacramental en el lado de la epístola, y la de San Juan Nepomuceno en el lado del evangelio de la cabecera.

La fachada principal de la iglesia está ocupada en su primer nivel por una portada gótica, con las características clásicas que este tipo presenta en las iglesias sevillanas: arquivoltas y decoración de puntas de diamante. Sobre este cuerpo, se puede leer la inscripción latina "HAC EST DOMUS DEI ET PORTA COELI 1741" (Esta es la Casa de Dios y la Puerta del Cielo). El año 1741 hace referencia a la fecha de ciertas reformas menores acometidas en la iglesia, cuando se embelleció también la fachada y se añadió la inscripción.

Sobre este primer nivel, en un segundo cuerpo se abren dos ventanales alargados rematados por arcos de medio punto. Sobre ellos se ubica una clásica espadaña de dos niveles y tras vanos para las campanas.

La iglesia cuenta con una portada mucho más sencilla hacia la calle Archeros. Se trata de un sencillo arco de medio punto sostenido por dos columnas pétreas con capiteles tardoantiguos, claramente de acarreo y probablemente utilizados sucesivamente en la mezquita y en la sinagoga precedentes.

En el interior, lo que más nos llama la atención es su intenso programa decorativo, en el que se cubre hasta el último rincón con una combinación de yeserías, pintura y escultura, hasta configurar un espacio que en su conjunto se muestra como la más clara definición del célebre "horror vacui" del barroco. 

Justino de Neve encargó la decoración pictórica al propio Murillo y la elaboración de las yeserías a los hermanos Pedro y Borja Roldán. La obra se inicia muy poco después de que se promulgara el Breve Pontificio de Alejandro VII de 1661, en el que se reafirmaba la devoción y el culto a la Inmaculada Concepción. 

De esta forma, el programa iconográfico es en su conjunto una exaltación a la Eucaristía y a la Virgen Inmaculada, tal y como puede verse nada más entrar en el arco que sostiene el coro, donde se lee Sin pecado original en el primer instante de su ser. Murillo intervino con la realización de cinco lienzos, de los cuales solo se conserva en la iglesia el más antiguo, "La Santa Cena". Los otros venían a completar el programa iconográfico del que venimos hablando, con la "Inmaculada", "El Triunfo de la Fe" y dos lienzos que narraban la historia de la fundación en Roma de la basílica de Santa María de las Nieves, advocación a la que está dedicada también nuestra iglesia.

Hoy en día se pueden contemplar in situ magníficas copias de los originales, que desgraciadamente fueron objeto del salvaje expolio sufrido por la ciudad con la llegada de las tropas napoleónicas en 1810. Entre las obras sustraídas se encontraban las cuatro que sustrajo de Santa María la Blanca. La mayor parte de lo expoliado nunca regresó a la ciudad y se encuentra hoy disperso por museos de todo el mundo.

El retablo mayor de la iglesia es barroco y se ha datado hacia 1690. Su elemento arquitectónico principal son dos grandes columnas salomónicas, tan características de los retablos sevillanos del XVII. En la hornacina central se ubica la imagen titular del templo, Nuestra Señora de las Nieves, una imagen de vestir realizada por Juan de Astorga a principios del XIX. 

En los extremos laterales se ubican sobre ménsulas las tallas dieciochescas de las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad. En el centro del ático se abre otra hornacina que en la actualidad alberga una rica cruz dorada, en cuyo pie se puede apreciar una representación de la Giralda.

En la cabecera del lado de la derecha encontramos un retablo barroco de mediados del siglo XVIII presidido por la imagen de "San Pedro en la Cátedra". Vemos al santo con todos los atributos que lo identifican como primer pontífice de la Iglesia, enmarcado por dos ángeles niños que sostienen dos de sus atributos: la cruz patriarcal de los papas y las llaves de la Iglesia.

En el muro de este mismo lado derecho se ubica un retablo neoclásico del siglo XIX, presidido por un imponente conjunto de la Trinidad. Es obra del escultor de origen valenciano Blas Molner. En el banco se ubica una interesante Piedad de pequeño formato datada en el siglo XVIII.

También a la derecha se abre la capilla sacramental, presidida por un retablo del siglo XVIII que generalmente tiene en su hornacina central una imagen de San José anterior, del siglo XVII. Am ambos lados y a una escala menor, encontramos las imágenes de Santa Ana y San Joaquín. El banco del retablo acoge un enternecedor "Nacimiento" elaborado en terracota, atribuido a Cristóbal Ramos. 

En la misma capilla se ubica un retablo formado por piezas de un retablo anterior readaptado. Alberga las imágenes que pertenecieron originalmente a la antigua hermandad del Sagrado Lavatorio, que desapareció en 1672 al fusionarse con la Sacramental de esta iglesia. En el centro, el Cristo del Mandato, una obra en pasta de madera, realizada por Diego García de Santa Ana a finales del siglo XVI. A ambos lados, Nuestra Señora del Pópulo y San Juan, ambas imágenes anónimas del siglo XVII.

En el centro del muro de la nave izquierda (o del Evangelio) encontramos un valioso retablo original del siglo XVI, aunque bastante reformado en el XVIII. Enmarca un gran lienzo con la representación de "La Piedad", aunque también se ha identificado a veces como un "Descendimiento". Se trata de una de las piezas artísticas más destacadas de la iglesia, la última obra conocida de Luis de Vargas, uno de los pintores más destacados del Renacimiento en Sevilla. Está fechado en 1564 y en el retablo lo enmarcan las pinturas de San Juan Bautista y San Francisco, obras también de Luis de Vargas. A los pies del retablo se puede observar la lápida de la familia que lo financió.

En el mismo muro se encuentra la única obra de Murillo que se ha conservado en la iglesia: "La Santa Cena", fechada en 1650. Es posible que los franceses no se la llevaran porque lo cierto es que la obra se aleja bastante del tradicional estilo del pintor. Murillo utiliza aquí un potente claroscuro, que hacen del lienzo una pintura tenebrista, con la luz de las velas como única iluminación sobre los rostros.

En el mismo muro encontramos otro retablo con un Sagrado Corazón moderno y al fondo de esta nave del Evangelio se abre una pequeña capilla tras una reja. En ella se ubica un retablo barroco del siglo XVII, con una imagen central de San Juan Nepomuceno de la misma época. En los muros de la capilla se ubica un interesante "Ecce Homo" del siglo XVI, realizado por seguidor anónimo de Luis de Morales. Frente a él, una "Anunciación" de Domingo Martínez del primer tercio del XVIII.

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HOSPITAL DE LOS VENERABLES SACERDOTES

El Hospital de los Venerables Sacerdotes fue edificado a finales del siglo XVII a instancias del canónigo Justino de Neve, como lugar de cuidados y acogida para clérigos ancianos y desvalidos. Sus obras se iniciaron en 1675 bajo la dirección de Juan Domínguez, pero en 1687 se hace cargo del proyecto Leonardo de Figueroa, el arquitecto más destacado del barroco sevillano. Dirigiría las obras hasta la conclusión del Hospital hacia 1697.

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En la actualidad, el Hospital es la sede la Fundación Focus y en sus estancias se ubica el Centro Velázquez, dedicado a la difusión del pintor sevillano, exponiéndose algunas obras de su autoría junto con algunas magníficas piezas de autores coetáneos, como Murillo, Valdés Leal, Juan Martínez Montañés y Pedro Roldán, entre otros.

Claustro

El edificio se articula en torno a un patio principal rodeado por una galería porticada con columnas de mármol que sostienen arcos de medio punto en el primer piso. Las galerías superiores están cerradas y se abren al patio mediante mediante ventanales con balcones de forja, enmarcados entre pilastras de ladrillo de color rojizo.

En el centro del patio, destaca su original fuente que se encuentra a u nivel inferior con respecto al resto del patio. A ella se accede a través de gradas concéntricas decrecientes. La explicación de su emplazamiento se debe a la dificultad en el abastecimiento de agua existente en Sevilla en tiempos pasados. Esta ubicación permitía la entrada de agua en el interior de forma directa y segura. Los azulejos de la fuente son originales de la época, formando multitud de formas geométricas en tonos azules y amarillos, muy característicos del arte cerámico de herencia andalusí.

 

Iglesia

El diseño de la iglesia fue trazado por Leonardo de Figueroa, el gran arquitecto del barroco sevillano, al que se deben en la ciudad obras tan notables como la iglesia de la Magdalena, el Salvador o San Luis de los Franceses. 

En el caso de Los Venerables, el templo responde a la forma tradicional de las iglesias sevillanas de la segunda mitad del siglo XVII, con una sola nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. En el presbiterio se sitúa un crucero, levemente marcado en la planta del edificio, cubierto en el centro por una bóveda de media naranja, gallonada y sin tambor. Esta cúpula no es visible desde el exterior, ya que se halla cubierta por un tejado a cuatro aguas.

Aunque la estructura de la iglesia es bastante sencilla, su profusa decoración pictórica a base de frescos, así como la riqueza de las obras de arte que atesora, hacen de ella una de los conjuntos más importantes del Barroco sevillano.

Las pinturas de la iglesia responden al diseño del gran pintor sevillano Valdés Leal, aunque su avanzada edad hizo que gran parte de ellas fueran ejecutadas por su hijo, Lucas Valdés. En general, se considera que responden a la ejecución directa de Valdés Leal las situadas en el presbiterio, en el área más próxima al altar mayor, mientras que las del resto de la iglesia habrían sido acometidas por su hijo Lucas Valdés, aunque siguiendo el diseño creado por su padre.

La técnica utilizada para la ejecución de todas ellas es la de la pintura al temple, que ya había sido empleada por Valdés Leal en el Hospital de la Caridad, con retoques al óleo.

El programa iconográfico se centra en la exaltación del sacerdocio, en relación con la finalidad para la que fue construido el Hospital de los Venerables, como residencia para sacerdotes ancianos. Encontramos además numerosas referencias a San Pedro y a San Fernando, como santos titulares del templo. Vemos que se utiliza profusamente un efecto pictórico muy característico del arte barroco: el trampantojo.  Se trata de recrear escenas en espacios ilusorios extendidos más allá del espacio arquitectónico que las recoge. Se crea así una realidad plena de luz y movimiento, a través de guirnaldas, conjuntos frutales, jarrones, jaspes y óvalos. A través de la pintura se simulan otros materiales, como tapices, medallones metálicos o esculturas pétreas.

Sería necesaria una monografía para describir el conjunto de pinturas de la iglesia de los Venerables. A modo de ejemplo, podemos citar las ubicadas en la bóveda del presbiterio, sobre el altar mayor. Allí ubicó Valdés Leal un ‘Cristo Salvador, triunfante de su Pasión y Muerte’, representado con gran acierto en el tratamiento de la perspectiva. Se halla enmarcado por un triángulo, símbolo de la Trinidad y coronado por el nombre de Cristo en hebreo. El vértice inferior del triángulo incide en el centro de un círculo, que simboliza la eternidad. Situado a los pies de Cristo, abierto, el Libro de los siete sellos, en imagen que se asemeja a la del Cordero apocalíptico. A los lados de Cristo, dos ancianos sacerdotes revestidos de pontifical adoran e inciensan su cuerpo. Por los elementos de martirio situados a los pies de estos personajes, una cruz invertida y un ancla, se desprende que se trata de San Pedro y San Clemente Papa, lo que se confirma por los símbolos iconográficos papales situados en los ángulos. Las alegorías de la Caridad y la Humildad cierran este conjunto. Se tratan de dos virtudes que han de adornar el sacerdocio. 

El actual retablo mayor nada tiene que ver con el primero que se levantó en la iglesia; aunque si conserva algunas obras que lo conformaron. El retablo que contemplamos en la actualidad fue terminado en 1889, siendo obra de Vicente Ruiz. No estamos ante un retablo especialmente afortunado en su composición, aprovechándose en su estructura abundante material de acarreo, especialmente del anterior retablo.

En el cuerpo principal se encuentra el gran lienzo de la ‘Última Cena’, que como el sagrario perteneció al antiguo retablo. Esta obra, considerada con anterioridad como del primer tercio del siglo XVII, pertenece a la producción de Lucas Valdés. Tiene un estilo bastante alejado de la pintura tradicional sevillana, con una composición bastante arcaica y una atmósfera tenebrista.

El cuerpo alto del retablo se ubican tres hornacinas con representaciones pictóricas. En la central se ubica un lienzo con ‘La Apoteosis de San Fernando’, una obra también de Lucas Valdés, aunque en este caso de una gran calidad.  Fernando III aparece sobre un pedestal junto a las armas y vestimentas de los musulmanes derrotados. Flanquean a San Fernando dos jóvenes matronas que pueden identificarse con Sevilla liberada y la Paz. A los lados, en las hornacinas menores, se sitúan dos lienzos de San Clemente y San Isidoro, realizados por el pintor sevillano Virgilio Mattoni en 1891.

En los muros de la iglesia, entre su rica decoración al temple, se distribuyen una serie de retablos realizados entre los siglos XVII y XIX, que destacan más que por su calidad intrínseca por albergar una serie de interesantes obras escultóricas y pictóricas.

Por mencionar solo algunas, podemos hablar de dos de los retablos del lado derecho. Uno dedicado a la Inmaculada, presidido por lienzo de José María Ruiz y García, de principios del siglo XVII o el dedicado a San José, con una hermosa escultura de finales del mismo siglo y de autor anónimo.

A ambos lados de l puerta principal, a los pies del templo, se ubican dos magníficas obras sedentes que representan a San Clemente y San Fernando. Son obras de Pedro Roldán de 1698 y ambas fueron policromadas por Lucas Valdés.

Sacristía

Desde el lado derecho del crucero se accede a una pequeña sacristía que alberga una de las joyas de este Hospital. Se trata las pinturas de la bóveda, una de las obras maestras de Valdés Leal. El pintor crea aquí un arquitectura imaginaria, en la que unos ángeles descienden bajo la balaustrada portando la Santa Cruz. A pesar de las reducidas dimensiones del espacio, el autor logra transmitir la sensación de tridimensionalidad, a la que se une la enorme habilidad en la representación de las distintas texturas.

Centro Velázquez

El Centro Velázquez, propiciado por la Fundación Focus, expone en algunas de las estancias del Hospital prácticamente las únicas obras del gran pintor sevillano que se pueden contemplar en su ciudad natal.

Entre ellas, encontramos una Inmaculada que constituye una de las primeras obras conocidas de Velázquez, que mostró ya aquí sus enormes capacidades a pesar de su corta edad. La Virgen aparece representada siguiendo los patrones dictados por su suegro Francisco Pacheco y destaca por el gran naturalismo de la imagen. Junto a ella, del mismo autor se muestran una ‘Imposición de la casulla a San Ildefonso’ y una bellísima y magistral ‘Santa Rufina’, que es quizás la obra más emblemática del Hospital de los Venerables.

A las obras de Velázquez se suman una selección de pinturas de autores coetáneos de gran calidad. Se encuentran representados autores como Francisco Pacheco, Zurbarán o Murillo, del que podemos admirar un magnífico ‘San Pedro penitente’, pintado originalmente para la iglesia de este hospital. La obra fue sustraída por los franceses durante la invasión napoleónica y volvió a Sevilla en 2014 gracias a su adquisición por parte de la Fundación Focus.

En la misma sala se expone también una Vista de Sevilla de autor anónimo y fechada hacia 1660. Se trata de una de las panorámicas históricas más hermosas de la ciudad de entre las que han llegado hasta nuestros días.

A las obras pictóricas se suman dos esculturas de Martínez Montañés, uno de los grandes maestros del barroco sevillano, del que se exponen una Inmaculada y un juvenil San Juan Bautista. Ambas vienen a completar la extraordinaria colección artística del siglo XVII expuesta en el Hospital. 

 

Galería superior del Claustro

En la galería superior del claustro se exponen una serie de obras pictóricas, principalmente también del siglo XVII, centradas en temas bíblicos y paisajísticas. Por su valor histórico, se pueden destacar las ubicadas saliendo de la escalera hacia la derecha. Son dos obras de Lucas Valdés, relacionadas con la historia del Hospital de los Venerables. Se representan escenas de la asistencia a pobres sacerdotes por valiosos caballeros, que humildemente prestan este servicio asistencial. Contrasta, como se puede observar, la presencia de los vestidos de alto linaje con los sayales raídos de los ancianos sacerdotes que buscan hospedaje y atención entre los muros del hospital. 

 

Antigua Enfermería

En las estancias de la primitiva enfermería del hospital se ha ubicado una interesante colección de pintura contemporánea de los siglos XX y XXI.

En ella destacan en primer lugar las obras de la artista sevillana Carmen Laffón, con sus bocetos para el cartel oficial de Semana Santa, ilustrando un detalle del paso de la popular Virgen de la Candelaria. Además, podemos ver su obra Mujer sentada de espaldas

Entre otros autores, se pueden destacar también las acuarelas del pintor murciano Ramón Gaya.

En general, se puede trata de una colección que permite apreciar la nueva concepción del arte en nuestros días, muy alejado de los temas barrocos que expuestos en el resto de dependencias del Hospital.

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IGLESIA DE SANTA CRUZ

El templo actual de la calle Mateos Gago fue originalmente la iglesia del convento del Espíritu Santo, de la congregación de Clérigos Menores. La primitiva iglesia de Santa Cruz se asentaba en la actual plaza del mismo nombre, pero durante la invasión napoleónica se inició su demolición, trasladándose la parroquia inicialmente al Hospital de los Venerables y en 1840 a su emplazamiento actual.

La iglesia se levantó entre 1665 y 1728 y sabemos que al menos durante un tiempo las obras estuvieron dirigidas por el maestro José Tirado. Presenta tres naves, con crucero y cabecera plana.

Su única fachada se abre a los pies y permaneció inconclusa hasta el siglo XX. Dentro del embellecimiento general del barrio de Santa cruz que se llevó a cabo en los años previos a la Exposición Iberoamericana, el gran arquitecto regionalista Juan Talavera y Heredia diseñó la fachada actual, que se llevó a cabo entre 1926 y 1929. 

Está hecha en un estilo neobarroco de gran clasicismo, siguiendo el modelo de algunas de las portadas manieristas sevillanas, como la del Convento de Santa María de Jesús o la lateral de la iglesia de San Pedro. Como elementos decorativos se incluyen además unas guirnaldas de flores y frutas en la parte superior de las pilastras y algunos óvalos enmarcados por las características rocallas del barroco. 

En la hornacina central sobre la entrada se ubica una cruz de forja que recuerda a la 'Cruz de las Sierpes' que hoy se encuentra en la cercana plaza de Santa Cruz. Sobre ella, un escudo reproduce de nuevo una cruz arbórea sobre Calvario de piedras y a ambos lados, dos escudos profusamente decorados con los símbolos de Jesús y María. 

Para rematar la fachada, el arquitecto ideó una estilizada espadaña de dos alturas y tres vanos para campanas. Tiene prácticamente la misma altura que la gran cúpula que se ubica sobre el crucero, lo que da a la iglesia un característico perfil.

En el interior, lo primero que llama la atención de la iglesia es su gran monumentalidad y aire neoclásico, características remarcadas por su color blanco y escasa decoración, un rasgo muy poco común en las iglesias sevillanas. 

La nave central es de mayor altura que las laterales y se haya cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos. Se accede a las laterales por unos profundos arcos de medio punto sobre gruesas pilastras. Sobre las naves laterales discurre un triforio, que se abre a la iglesia con balcones de forja. Esta es una características bastante común en las iglesias conventuales, ya que permitía a los religiosos asistir a las ceremonias preservando la privacidad. Sobre la entrada al templo, encontramos un coro alto sostenido por un gran arco de medio punto rebajado.

El amplio crucero de la iglesia se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas. Se da la circunstancia que la cúpula cuenta con un tambor que se encuentra muy disimulado desde el interior, dando incluso la sensación de que es una cúpula sin tambor, mientras que se halla muy marcado visto desde el exterior. En él se abren cuatro amplias ventanas, que sumadas a las ubicadas en la linterna, le dan al conjunto una gran luminosidad. 

La cabecera del templo es plana y se haya cubierta por bóveda de cañón. En su extremo un arco escarzano sostiene el espacio en el que se ubica el órgano de la iglesia, en una ubicación muy poco común en los templos sevillanos. Se trata de un magnífico órgano neoclásico diseñado por Antonio Otín Calvete hacia 1810. En su parte superior, se dispone un hermoso grupo de angeles esculpidos en piedra sosteniendo distintos instrumentos musicales. Bajo el órgano, se dispone la sillería del coro, realizada a finales del XVIII también en estilo neoclásico.

A finales del siglo XVIII, dentro de una atmósfera academicista de rechazo a lo que se consideraban excesos del barroco, se decidió la sustitución del retablo original de la iglesia, que al parecer destacaba por su profusa decoración y teatralidad. Algunos autores, como Santiago montoto en su colección de artículos sobre las “Parroquias de Sevilla”, señalan que el retablo anterior fue pasto de las llamas en un incendio. En cualquier caso, fue sustituido por el templete neoclásico que podemos ver en la actualidad, realizado en 1792 por Blas Molner. 

Se trata de una cúpula sostenida por columnas corintias, formando un conjunto policromado para imitar al mármol. Sobre la cúpula se ubica una imagen alegórica de la Fe y el templete alberga la imagen de la Virgen de la Paz, una magnífica imagen renacentista atribuida a Jerónimo Hernández y datada hacia 1579. Proviene del antiguo Convento de San Pablo, actual iglesia de la Magdalena, y representa la clásica iconografía de la Virgen con el Niño entronizada al modo de las matronas romanas. Parece que originalmente fue concebida como una Virgen del Rosario y que adquirió la actual advocación de la Paz al ser trasladada a esta parroquia en 1835.

A lo largo de los muros de la iglesia se disponen una serie de retablos, en su mayor parte de los siglos XVII y XVIII, que albergan algunas piezas de notable valor artísticos.

Se puede empezar mencionando el retablo del Cristo de las Misericordias, que se encuentra en el lado izquierdo, en el testero del crucero. La imagen es una hermosa talla anónima del siglo XVII, que representa a Cristo aún vivo con la mirada dirigida hacia el cielo. Se la ha ubicado tradicionalmente en el círculo de Pedro Roldán y por su composición se relaciona con el Cristo de la Expiración de Triana. Es titular de la Hermandad de Santa Cruz, que procesiona el Martes Santo por las calles de la ciudad.

En ese mismo lado de la iglesia, se pueden destacar dos retablos del siglo XVII realizados por Bernardo Simón de Pineda, uno dedicado a Santa Ana y otro a la Inmaculada Concepción (aunque la Inmaculada que actualmente centra el retablo es posterior, del siglo XVIII). Junto a ellos, se puede mencionar el retablo dedicado a San Francisco Caracciolo, fundador de los Clérigos Menores. Tanto el retablo como la imagen del santo se atribuyen a Pedro Duque Cornejo, uno de los escultores más destacados del siglo XVIII sevillano.

En el lado derecho, se puede destacar el retablo de la Virgen del Mayor Dolor, diseñado en el siglo XVII por Bernardo Simón de Pineda y policromado por Juan Valdés Leal, aunque fue reformado en el siglo XVIII añadiéndole elementos decorativos de estilo rococó. La imagen de la Virgen que preside el retablo es una Soledad arrodillada datada también en el siglo XVIII, mientras que en el banco se sitúa una interesante pintura con la representación de Cristo Yacente.

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