TRIANA

Triana es probablemente el barrio más emblemático de Sevilla. Al otro lado del río con respecto al resto de la ciudad, ha sabido conservar ciertos rasgos que le han dado una idiosincrasia e identidad propia dentro de un carácter profundamente sevillano. 

No se puede decir que se conoce bien Sevilla si no se ha estado en Triana. De hecho, a pesar de quedar fuera de lo que fue el recinto amurallado de la ciudad, buena parte del barrio pertenece al Conjunto Histórico de esta, en reconocimiento de sus valores patrimoniales y monumentales. Pero lo que hace más indispensable la visita es que aquí se han mantenido con más claridad las formas de vida de un barrio sevillano. 

En el día a día de sus gentes se entremezcla la pertenencia a Sevilla con el desenvolvimiento en un entorno que funciona en gran medida de forma autónoma. Es como vivir en una gran ciudad y en otra más pequeña, más pueblo, al mismo tiempo.

Los orígenes del barrio

Como base de esta idiosincrasia propia, se ha querido buscar un origen remoto, incluso legendario, al barrio de Triana. De esta forma, si Sevilla fue fundada por Hércules al remontar el Guadalquivir en uno de sus viajes, se cuenta que lo que andaba buscando el héroe era a la diosa Astarté, de la que había caído profundamente enamorado. Esta, huyendo de él, se refugió en la otra orilla del río, fundando allí Triana.

Con esta leyenda popular, Triana se igualaba a la propia Sevilla en antigüedad y fundación ilustre. Ha habido otros intentos algo más ortodoxos de remontar el pasado del barrio hasta la Antigüedad. El más difundido es la explicación etimológica de su nombre como una derivación de Traiana, en referencia a Trajano, el emperador romano del siglo II nacido en la cercana Itálica. Esto podría hacer referencia a un primer asentamiento en esta zona durante este reinado.

LA PUERTA DEL EVANGELIO DE SANTA ANA

Otras teorías apuntan a que el nombre había resultado de la fusión del elemento latino tri (tres) con el celtíbero amna (río), haciendo alusión a que el río se dividía en esta zona en tres brazos. De remontarse hasta tan antiguo la toponimia dle barrio, parece más probable que provenga más bien de trans amnem, que significaría “al otro lado del río”. Sería un origen parecido al del barrio romano del Trastévere, proveniente del latín trans Tiberis, “al otro lado del Tíber”.

Hay autores que han planteado hipótesis que incluso remontan el origen del barrio más allá de Trajano, hasta época de Augusto. Estrabón menciona que este hizo un reparto de tierras entre los legionarios que le habían acompañado en sus guerras en el norte de la Península y que los asentó hacia el 19 a.C. en Baitis, una ciudad junto a Híspalis. Se ha querido ver ahí un posible origen de Triana, como fundación romana diferenciada de Sevilla.

Sin embargo, lo cierto es que hasta ahora las excavaciones arqueológicas sólo han podido remontar el origen del barrio hasta la Edad Media, concretamente a época musulmana, con los testimonios más antiguos en torno al siglo XII.

Antes puede que hubiera por la zona viviendas dispersas y pequeños centros de producción artesanal, vinculados al cultivo de las tierras de la fértil vega trianera o las actividades pesqueras en el Guadalquivir. Sin embargo, la aparición de un núcleo poblacional como tal parece que se produjo ya en época islámica y que estuvo vinculada principalmente a dos hechos. 

El primero de ellos fue la construcción en 1171 del llamado Puente de Barcas, por orden del califa almohade Yusuf I. Fue el primer puente con el que contó la ciudad y el único hasta que en 1852 se inauguró en el mismo sitio el actual puente de Isabel II, siete siglos después. Era lo que se conoce como un puente flotante, consistente en diez barcas unidas con cadenas sobre las que se disponían dos plataformas de madera que unían ambas plataformas. Se trataba de una estructura funcional, aunque lógicamente bastante inestable y sujeta a las crecidas del río. En cualquier caso, sirvió para asegurar el abastecimiento de la ciudad desde el Aljarafe y con seguridad supuso un acicate para el crecimiento de la población en Triana.

Poco después, y probablemente para permitir la defensa de la nueva infraestructura, se mandó construir el castillo que en época cristiana sería conocido como castillo de San Jorge, en el lugar que hoy ocupa el mercado de Triana. En torno al Altozano se desarrolló entonces el primer núcleo del barrio. La mejora en las comunicaciones y en la seguridad que supuso las nuevas construcciones, provocarían pronto un crecimiento demográfico en la zona, con el asentimiento de otras industrias que aquí disponían un espacio más amplio y barato que al otro lado del río. 

De esta forma, sabemos que desde época muy temprana fueron numerosos los hornos alfareros. Durante los primeros siglos de la Isbiliya musulmana, los alfareros se asentaron sobre todo en torno al sur de la avenida de la Constitución y Puerta de Jerez. Con la ampliación de la zona palaciega del Alcázar y sus fortificaciones anexas, se fomentó el traslado de estas actividades a un lugar más alejado del centro y fue entonces cuando muchas se asentaron en Triana. Hay que pensar que la alfarería era por entonces una industria bastante contaminante. Eran necesarios hornos en constante actividad con el consiguiente humo, que los gobernantes de la ciudad no querían cerca de sus residencias.

LA CALLE PUREZA

LA CASA MONTALVÁN Y LA CERÁMICA EN TRIANA

Parece que se asentaron sobre todo entre las actuales calles Pureza y Rodrigo de Triana, tal y como ha quedado constatado arqueológico en varios puntos. Por ejemplo, en el número 98 de esta segunda calle, muy cerca de la iglesia de Santa Ana, se documentó mediante una excavación en 2004 la existencia de un taller alfarero de época almorávide (siglo XII), con varios hornos de cocción. La actividad alfarera y su consiguiente derivación cerámica están de esta forma ligadas al barrio desde sus orígenes. 

También por esta época se excavó la llamada cava, que coincidía con el trazado de la actual Pagés del Corro. Consistía en una especie de canal u hondonada que bordeaba el barrio en su parte oriental, tratando de protegerlo ante las constantes crecidas del Guadalquivir. Con este trazado, que probablemente se hizo aprovechando el cauce anterior de un brazo del río, se trataba de que el agua se encauzara evitando inundaciones, objetivo que sabemos que no siempre se consiguió.

Triana fue escenario fundamental de la conquista cristiana de Sevilla. Al sur, en Tablada, se situó uno de los principales campamentos de asedio. Además, el golpe definitivo en favor de los castellanos fue la destrucción del puente de Barcas en 1248. De esta forma, se interrumpía la principal vía de comunicación y abastecimiento de la ciudad, ya que por aquí entraban todos los víveres y productos provenientes del Aljarafe. Isbiliya hubo de rendirse al poco tiempo. 

Ya en época cristiana, el puente de Barcas es reconstruido y se mantiene el núcleo poblacional en torno al castillo de San Jorge. Sabemos que vivían familias incluso en su interior y que algunas de ellas eran judías. Dentro se levantó la capilla de San Jorge, que puede ser considerada la primera parroquia que hubo en Triana. 

RECREACIÓN DEL CASTILLO DE SAN JORGE Y DEL PUENTE DE BARCAS

Al mismo tiempo, Alfonso X ordenó la construcción de la iglesia de Santa Ana, la llamada catedral de Triana, en agradecimiento por la milagrosa curación de una grave enfermedad ocular que padecía. El rey Sabio prometió a la Virgen levantarle un templo a su santa madre si sanaba. Y así lo hizo, emprendiendo a finales del siglo XIII una majestuosa obra gótico mudéjar, una de las referencias de este estilo en Andalucía.

En torno a ella, se asentaría un núcleo poblacional creciente, que además de a la alfarería que hemos mencionado, se dedicaría intensamente a labores relacionadas con la pesca y el transporte en embarcaciones. De hecho, se llegó a configurar un barrio con personalidad propia conocido como San Sebastián, el el tramo de la calle Betis más cercano a la plaza de Cuba. Daba hacia el río en una zona con aire portuario entre los muelles de los Camaroneros y de las Mulas. Con el tiempo, la identidad de este antiguo barrio de San Sebastián quedó diluida en el conjunto de Triana.

Ya a finales del siglo XV, se establece en el castillo de San Jorge la sede del tribunal de la Inquisición española en Sevilla, por lo que es seguro que se enmarcaron entre sus murallas numerosísimos relatos de prisión y tortura. Esta sede se mantuvo en Triana durante más de tres siglos, hasta ser finalmente derruido a principios del XIX para ubicar en su solar el Mercado, que con numerosas reformas ha llegado hasta la actualidad.